Cambio de hora

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La próxima madrugada va a producirse un fenómeno que afectará no solo a los relojes convencionales, sino también a los relojes biológicos y cerebrales. Me he planteado muchas veces qué ocurriría si haciendo caso a Groucho Marx, se parase el mundo una hora y comenzara a funcionar la moviola personal, contemplándola desde algún sitio privilegiado al haberme bajado a tiempo de mirar hacia atrás en sesenta minutos privilegiados. Es una experiencia muy singular y que todos podemos intentar reproducir. Si en este momento, cuando está leyendo estas líneas, que puede ser el de cada uno en particular, parásemos la vida ordinaria y reconstruyéramos lo que ha pasado en los últimos sesenta minutos, es decir, atrasáramos los relojes vitales personales e intransferibles, nos asombraríamos de los comportamientos ejecutados y pondríamos en el circuito cinematográfico de la vida nuestra película corta jamás contada.

Quizá es el momento en el que el deseo de trasladar al mundo digital el comportamiento cerebral se puede hacer más visible. Veamos por qué. Hace una hora el cerebro grababa sin parar, en la función “rec” (en rojo) que traen todos los aparatos grabadores convencionales, lo que estaba ocurriendo fuera y dentro de nuestra masa corpórea y de la inconfundible corteza cerebral. Millones de conexiones mediante el cableado neuronal estaban transmitiendo captación de señales de todo tipo, guardando con mayor o menor calidad (según el comportamiento de los neurotransmisores)  lo que sucedía en los alrededores y en el centro de mi vida particular, con consciencia o sin ella, elaborando respuestas, atenazado por el principio de realidad de la experiencia. Algunas grabaciones pasaban todos los controles cerebrales y emocionales sin toma de conciencia real de lo que estaba pasando en la última hora fugaz. Así millones de veces. Las dendritas, esas ramas de árbol de las células cerebrales estaban trabajando sin parar cumpliendo múltiples funciones: distinguiendo imágenes, colores, siluetas, alertas de peligro, acudiendo a toda prisa a mi biblioteca particular (nooteca) para comparar comportamientos con situaciones anteriores y preparar las respuestas, cargando de glutamato y serotonina mi pensamiento y mis emociones hasta llegar a configurar sentimientos, esos estados placenteros de duración determinada pero constante que configuran mi manera de ser, especialmente cuando recuerdo.

Y así durante sesenta minutos. Y la memoria haciendo su trabajo para retener el corto plazo vivido, viajando hacia el hipocampo, ese pequeño caballo trotón encorvado, celoso cuidador de la existencia guardada y evocada, cuidando la consolidación de lo ocurrido, de lo que ya no tiene remedio, de lo que quedará guardado para siempre, para el largo plazo, para cuando se evoque lo vivido lejano. Aquí nace la paradoja del símil que planteaba al principio. Mientras que en mi aparato grabador particular, de música, de vídeo o de cualquier imagen, puedo reproducir lo que ha ocurrido en la última hora, tantas veces sea necesario, me guste o me lo permita la calidad de la grabación, de forma puramente mecánica porque siempre se tienen que dar las mismas condiciones técnicas para que se lleve a cabo la reproducción, en el cerebro no ocurre igual. Lo ocurrido en la última hora ha podido salir reforzado o destrozado por experiencias vitales remotas ó próximas, dependiendo de mi física y química temporal, pero tengo la patente de corso como ser humano de que la grabación no ha sido una experiencia en balde o de puro mercado, como la de mi grabador de marca comercial. Todo lo que ha ocurrido, mejor dicho casi todo, queda en lo más profundo del cerebro, para cuando haga falta recordarlo o sea estrictamente necesario o mi memoria esté disponible. El hipocampo de nuevo.

Cien mil millones de posibilidades, tantas como neuronas, existen de promedio en la corteza cerebral, alcanzando una cifra extraordinaria que da para muchas grabaciones en cada historia particular. Sin embargo, no se pueden borrar tan fácilmente. Esa es la gran tragedia o el gran éxito de la vida. Plasticidad y conectividad, dos llaves maestras para acceder al “cableado de la memoria”, a la caja negra de los recuerdos. Depende de lo que haya ocurrido en esta última hora, con millones de componentes interactuando, para que pueda recordarlo o borrarlo para siempre. Pero la función de borrado no se traduce en el cerebro a una tecla que desencadene esa función. Al creador del ser humano, cualquiera que fuera o fuese, se le olvidó esta pieza. Por eso, hacer este tipo de experiencias nos puede ayudar a separar lo que ha sido de lo que es y será. Aunque acaricio la idea de que algún día de retraso de hora, no muy lejano, pueda parar mi reloj cerebral y ordenar sus funciones. Con la libertad de grabar, reproducir y borrar, si la experiencia traumática de los últimos sesenta minutos no ha sido algo feliz o deseable en mi corta vida. O copiar lo mejor de mi vida para regalarlo sin nada a cambio. Todo llegará cuando sepamos mucho más de lo que ocurre en mi hipocampo particular, cuando cabalgando sobre él en los laboratorios de la neurociencia sepamos algún día por qué grabamos la vida a pesar de nosotros mismos y de los derechos adquiridos sobre nuestra asombrosa y paradójica “propiedad intelectual”.

Sevilla, 28 de octubre de 2006, unas horas antes de intentar retrasar una hora mi reloj cerebral…

Histeria humana

Es muy habitual hablar de la histeria en conversaciones cotidianas, pero hay que reconocer que el vocablo está muy enfermo de género. Su etimología delata una imputación machista a la mujer enferma de histeria, porque “los humos del útero se subían a la cabeza y la trastornaba”, en una visión muy libre del término griego “ύστέρα, matriz, víscera de la pelvis”, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, insistiendo en la frecuencia mayoritaria de esta “enfermedad” en la mujer (así), dándole brillo y esplendor, seguramente involuntarios. Mientras (¿ahora?), los hombres gozaban de libertad para enfermar de distinta manera, porque no era posible, ni se podía permitir, atribuirle esa subida de “humos femeninos de la matriz” a su cabeza masculina.

El avance científico sobre los trastornos de conversión, tal y como se denominan hoy las diversas manifestaciones que clásicamente se llamaban “histeria”, debido al cambio propiciado en 1980 con la publicación de la tercera edición del Diagnóstico y manual estadístico de desórdenes mentales, al aparecer el diagnóstico de “neurosis histérica, tipo conversión”, como “trastorno por conversión”, viene a demostrar una causalidad física, que afecta tanto a hombres como a mujeres, de acuerdo con los datos obtenidos por las ciencias de la imagen clínica funcional, a través de la tomografía computarizada mediante emisión de fotón único (SPECT) y la tomografía mediante emisión de positrones (PET). La actividad cerebral, en tiempo real, está dejando de ser un secreto. Y también se empieza a conocer qué ocurre en el cerebro de determinadas mujeres y de hombres que dicen tener paralizada una pierna o un brazo, sin que haya razones objetivas para ello. Se sabe ya que el secreto de esta enfermedad propietaria, personal e intransferible, se sitúa en el interior de la corteza cerebral, gran desconocida todavía y que la mente afectada por trastornos de conversión es el resultado de situaciones físicas conflictivas que se elaboran en la corteza orbitofrontal derecha y la cingulada anterior derecha, partes del cerebro asociadas con la acción y la emoción.

La gran pregunta surge en relación con el análisis de la razón última respecto de quién y cómo se da la orden, en la corteza cerebral, para que estas áreas no permitan un determinado movimiento a pesar de que los pacientes que lo sufren sí desean hacer las cosas normalmente. Hay que reconocer que se conoce lo que ocurre mientras que la situación está ocurriendo. También hay que reconocer que no se sabe el porqué ocurre. Pero sin lugar a dudas los avances son espectaculares en relación con el frente difuso común para interpretar la histeria, porque ya se sabe que es una falla de la corteza cerebral humana, sin adscripción de sexo de forma preconcebida y que determinados hombres pueden ser histéricos sin que la sociedad los proscriba por sufrir desesperadamente una enfermedad que siempre se relacionaba con las cosas propias de la mujer, porque le eran propicias para luchar contra la sociedad vigente.

A partir de ahora, hay que trabajar en el sistema límbico. Allí se fabrican las respuestas a los trastornos de conversión y el camino se despeja a velocidad de vértigo. Verdaderamente fascinante. Para la mujer es una nueva conquista porque ya se sabe con base científica que los humos del útero son meras licencias poéticas frente al sufrimiento compartido por la inhibición de las emociones y motivaciones. Conversión y cambio emocional: ahí está la cuestión a dilucidar por la inteligencia asistida por los sistemas y tecnologías de la información, comunicación y de la imagen. Digitales, por supuesto.

Sevilla, 21/X/2006

Rebeldes con causa

He leído atentamente todas las entrevistas que han publicado en Magazine a Premios Nobel de Literatura. Las he seguido con la pasión del niño que colecciona cosas queridas, en cajas que después se dejan en un trastero, por si algún día se pueden entregar al mundo, sin que se les falte el respeto. Las he conservado en mi memoria en sus mejores frases y experiencias. La entrevista a Naipaul (Magazine, 24/IX/2006), es sorprendente en fondo y forma. Las cartas a su padre no han sido revisadas por él tras la publicación autorizada en formato de libro. Para no sufrir. Son cosas que ocurren cuando guardamos la vida, las pequeñas cosas que has apreciado y que después han sido el futuro, en cajas de cartón piedra, en un trastero, como un símbolo, pero que no deben detener el tiempo de existir, en su caso, el tiempo de escribir. Además, para Naipaul es su religión, “lo más alto que puede existir”.

Las siete rebeldías hacen visible la persona de secreto que estas siete personas magníficas llevaban, llevan y llevarán dentro, explicando en primera persona qué les motiva para seguir viviendo a pesar de la literatura que las ha llenado de contrapuntos y por los cuales, un día, recibieron un premio.

Carta enviada a Magazine el 24/IX/2006

Zenobia Camprubí

ZENOBIA 

Puede ser una paradoja que muchas personas no entiendan. El próximo 25 de octubre se celebra la conmemoración del 50 aniversario de la concesión del Premio Nóbel a Juan Ramón Jiménez. Y es verdad que en este año se han preparado múltiples eventos para celebrar este gran acontecimiento. Pero me gustaría rescatar en este día a una persona que empecé a conocer por sus excelentes traducciones de Rabrindanath Tagore cuando era niño (Pájaros perdidos) y también en la adolescencia inquieta: Zenobia Camprubí, la excelente compañera de vida de Juan Ramón, la enamorada impenitente de una persona extraordinaria en su realidad existencial, difícil, desaforada, extraña, alejada de un siglo en el que estaban obligatoriamente obligados a vivir y entenderse.

Zenobia Camprubí Aymar, mujer ejemplar en etapas de la vida “nacional” que nunca se tendrían que haber escrito, ha representado a la inteligencia creadora y comprometida de las mujeres del segundo plano, de aquellas que han dejado todo, en el pleno sentido de la palabra, para acompañar el éxito de sus parejas masculinas, en el que la retroalimentación ha sido en el mayor número de ocasiones un auténtico calvario de vaciamiento existencial. Y creo que la conocí mucho mejor en mis múltiples visitas a la Casa Municipal de Cultura “Zenobia y Juan Ramón”, en Moguer (Huelva), pueblo en el que viví algunos años (1976-1978) por temporadas, en el Hotel Fuentepiña, edificio desaparecido hoy en su función hotelera y recuperado para el pueblo, afortunadamente. En aquella Casa de Zenobia y Juan Ramón, el guía que la atendía con dedicación y primor, Pepito, siempre repetía las mismas frases de ternura hacia Zenobia, cuando subíamos a la primera planta y entrábamos en su habitación dormitorio: “qué guapa, verdad, siempre se dedicó a atender a Juan Ramón, porque él creía que siempre estaba enfermo”. Allí había un cuadro, con una fotografía de esta excelente mujer y para ella eran las palabras más cálidas de la visita. Tengo que reconocer que allí empezó mi interés por conocer su apasionante vida. Gracias a Pepito, enamorado de la obra y vida del matrimonio Jiménez-Camprubí, que en una de mis últimas visitas a Moguer, me enseñó con gran orgullo el perejil de plata que le habían entregado en la excelente Fundación Juan Ramón Jiménez, y que muchas veces me había sellado los libros que compraba en ediciones que casi nadie quería, pero de un valor incalculable por ser primeras ediciones, con las firmas autógrafas de Zenobia Camprubí de Jiménez y Juan Ramón Jiménez.

Zenobia vivió con dedicación plena a Juan Ramón. Recientemente, se ha publicado el tercer tomo de su Diario, y tal como manifestaba Andrés Trapiello, en el suplemento Babelia de El País, de 7/X/2006: “estamos ante una obra donde no cabe mayor seriedad: han sido dictados por la consciencia y por la paciencia, es decir, por un pensar y un padecer únicos y muy hondos”. Es una gran desconocida para el gran público porque todos los honores se los llevó siempre Juan Ramón, pero la lectura de su obra diaria permitirá recuperar la autenticidad y grandiosidad de esta mujer culta, inteligente, sensible, compañera, amiga y enfermera sempiterna de “su único hijo, Juan Ramón”, en un amor correspondido a su manera y que se traduce con exactitud existencial en su dedicatoria a los diarios: “A Zenobia de mi alma, que la adoró como la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz”. Ahí está la clave de su éxito.

Sevilla, 13/X/2006

Violencia de género

La estadística sigue golpeando la realidad cotidiana. Es un contador implacable, que crea el desasosiego a la inteligencia creadora, la que caracteriza esencialmente al ser humano, la que lo dignifica. Los datos son estremecedores: al día de ayer ya se habían contabilizado 60 víctimas por violencia de género en lo que va de año. Cada día es más probable que seamos testigos de unos gritos desgarradores de una mujer pidiendo auxilio, muy cerca de nuestras viviendas, y quizá nos tiemble la mano para denunciarlo ante los servicios de emergencias correspondientes para su traslado a las fuerzas de seguridad del Estado. Y nos identificarán. Estaremos cerca del lugar de los hechos, nos preocuparemos por saber qué ha pasado con la presencia de la policía y es muy probable que el miedo colectivo influya para que todo quede en un mar de dudas. Desgraciadamente.

Todo parece una corta experiencia que determinadas personas, mujeres en su gran mayoría, viven en soledad acompañada. No suele haber nadie por los alrededores, cuando todos somos conscientes de que estas situaciones suelen ser conocidas por varias personas. Es lo habitual, la “lógica” del miedo que se educa en nuestros cerebros. Creemos que los anuncios del Instituto de la Mujer, sobre la “complicidad” del silencio próximo ante evidencias de violencia de género, son una propaganda más, pagada por la Administración correspondiente. Nos lavamos las manos. Pero las ocasiones de ayuda puede que estén más cerca de nosotros de lo que pensamos habitualmente. Para que no callemos y tomemos conciencia del poder liberador de la denuncia.

Y los actores de reparto de esta violencia de piso, suelen callar en silencios vergonzantes cuando los golpes hacia mujeres indefensas, paralizadas por el terror, suenan tan cerca que hasta nos molestan. Aunque 60 mujeres hayan perdido la vida a manos de los que juraron muchas veces quererlas hasta la muerte, triste paradoja, pero sin haber tomado conciencia de que determinadas enfermedades mentales pueden ser atendidas para vivir mejor y que las locuras de desamor solo se exhiben en las películas como guiones bien pagados para el enriquecimiento de pocos. Y con final infeliz. Como las vidas de estas 60 mujeres que, ¡desgraciadamente!, ya están solo en los cielos de los que de verdad las querían apasionadamente, porque su experiencia en cada tierra particular, segundo a segundo, ha sido un infierno inmerecido y persistente en un serio revés para la inteligencia colectiva y humana.

Sevilla, 12/X/2006

Género y vida

La biblia de IKEA

El domingo leí un artículo extraordinario de Juan Cueto sobre el catálogo de IKEA en El País Semanal. Está muy bien escrito, con lenguaje lleno de guiños a la sátira, pero lo que me llamó poderosamente la atención es el dato que facilitaba sobre la edición de 2007, con una tirada multimillonaria de ejemplares, que supera hoy día al libro que alcanza más ediciones en el mundo: la Biblia. Se editan 160 millones de catálogos, como manuales de ciudadanía para las “repúblicas independientes de nuestras casas” según el eslogan de este año. Y me entró curiosidad por hojear sus páginas, en un acto de rivalidad digital por excelencia: lo visualicé por Internet, en la página Web de la firma, en línea, para mayor toma de conciencia de que pasaba a engrosar la lista de los lectores digitales del nuevo sentir “político” como ciudadano e inquilino virtual de repúblicas amuebladas por IKEA.

Indudablemente es un fenómeno humano que me entusiasma analizarlo desde una esfera de inteligencia social. Para empezar, no es baladí la fecha de publicación anual en España: septiembre de cada año, en el comienzo del curso escolar, una nueva etapa en la vida de cada uno y familiar, porque toda aquella persona que se estime conocedora y usuaria de los muebles de IKEA y que se precie de estar a la última, sabe que en agosto finaliza la validez del catálogo anterior. Está programada la tensión y el estrés está asegurado: se fabrica la necesidad de consumir bienes muebles (nunca mejor dicho), para la vida horizontal, como su sempiterno embalaje, porque la verticalidad no es válida en la república independiente de la casa de cada uno. La distribución es cosa del boca a boca. En la calle no se habla durante días de otra cosa. Todo el mundo ha visto el catálogo en televisión, pero la angustia crece por momentos porque “a mi casa todavía no ha llegado”. Y un buen día de septiembre corre la voz: “está en el portal, en el jardín, hay montones, no te preocupes porque hay muchos, no faltará uno en cada casa”.

Y comienzas a hojear la biblia de IKEA. Son 362 páginas, llenas de mensajes subliminales, como veremos más adelante, escritas (corporativamente hablando) por el espíritu del fundador, Ingvar Kamprad, cuyas iniciales, IK, unidas a las de la granja (Elmtaryd) y la aldea donde nació (Agunnaryd), EA, conforma el acrónimo IKEA, en un juego de nombre/hombre hecho a sí mismo, que nace en un ámbito rural, de familia campesina, un gran desconocido, que estimula la plasticidad de los cerebros y corazones de millones de personas en los cinco continentes. Hasta agosto de 2007, puedo “conquistar mi vida”, porque muy preocupados por mi existencia se preguntan: “¿qué está pasando en tu vida?” El mensaje de bienvenida no tiene desperdicio, como una admonición del siglo XXI: “Estás tan ocupado, siempre trabajando, corriendo de un lado a otro sin parar, que te has olvidado de lo bien que sienta estar en casa. Tu hogar está dejando de ser tu refugio. El exterior reclama más y más tu atención. Muy a menudo dedicamos nuestra energía a cosas que, en realidad, no son tan importantes para nosotros, desperdiciando oportunidades de disfrutar de las cosas que nos hacen felices. ¿Cómo has llegado hasta aquí?. La vida en realidad es algo que está ocurriendo ahora, en este momento. La calidad de vida no depende de grandes cosas, sino de ese pequeño mundo que llamamos “mi casa”. Así que vamos a crear juntos un lugar donde puedes desconectar del exterior, ser tú mismo y disfrutar de las personas y las cosas que hacen que te sientas feliz. Ha llegado el momento de vivir en un mundo real: tu casa”.

A partir de la página 4 se resaltan los “valores” tradicionales de la familia: “Pelea por estar juntos”, “Coincidir es un milagro”, todo trufado de entornos de película por conseguir, pero que de la mano de IKEA están al alcance de tu mano y de tu bolsillo: la isla familiar (1.669 euros), la mesa sociable (299 euros) y las puertas/pizarra. Avanzamos en la lectura y llega el espíritu de la república independiente. “Pelea por tu espacio, … intenta encontrar un lugar que solo te pertenezca a ti”: con los pies en alto (299 euros), en un escritorio con vistas (119 euros) y con un balneario privado. Sin que le falte un detalle a tu nueva vida. Todo muy cercano y muy al alcance de la mano. “Pelea por un buen descanso”: decídete por el confort y las ventanas estarán siempre bajo tu control (24,95 euros). “Pelea por momentos de magia”: creatividad reposada y diversión instantánea: garantizado. Con su precio, porque es mercancía, porque todo es una pelea, como la vida misma.

Todo se puede reducir a un eslogan mágico, recogido en la página 15: “una forma de pensar diferente”. Y así, durante 347 páginas más, para que nos demos cuenta que desde hace cincuenta años los creadores y creativos de IKEA “perdieron todos los tornillos” para que el transporte, el montaje y la satisfacción personal del trabajo hecho por uno mismo nos llene de orgullo al conquistar los muebles de nuestra vida, a pesar de que lo más importante, la cabeza, siga sin amueblar. Es que el espíritu de IKEA está en todo, incluso en sus tiendas/templos y en mis devociones, pero con fecha de caducidad, 31 de agosto de 2007, en esta nueva experiencia de felicidad y libertad vigiladas. Todo, por un módico precio y con consejos de un dios desconocido. Aunque Anna, la asistente virtual por Internet, siempre estará dispuesta a sacarnos de cualquier apuro existencial y a sentarse conmigo en la mesa de la contraportada del catálogo, de pino macizo, envejecido y con barniz incoloro, eso sí, siempre que pase por caja y pague 89 euros en la península ibérica. Sabré entonces que gracias a IKEA “he vuelto a conquistar mi vida” en un mercado que no me gusta y en el que para mí ¡qué quieren que les diga! está ya, desgraciadamente, casi todo vendido…

Sevilla, 5/X/2006

UniCienBlog

Es, con seguridad, una buena noticia: el 16 de noviembre de 2006 se va a celebrar en Sevilla, un evento universitario sobre blogs, ciencia, tecnología y universidad, UniCienBlog, en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática, con el objetivo de “acercar al ámbito universitario, por una parte, todo lo que no tiene cabida, ya sea por falta de espacio o de temática, en otros eventos; y por otra, todo lo que realmente nos interesa como estudiantes y miembros de la comunidad educativa”. Me adelantó su contenido mi hijo Marcos, al que debo una gran parte de la ilusión para mantener vivo el motor inmóvil del blog, como cuaderno digital al que agrego hojas los días que son diferentes a los demás, en fondo y forma.

Y me han pedido que participe en una mesa. Pondré a disposición de todo aquél que lo quiera conocer, de mi parte, todo lo que he aprendido en una experiencia corta, de diez meses, como activista de la red inteligente, de la red alternativa al conocimiento programado e institucionalizado, mediante una herramienta digital que cuida la libertad creativa y de comunicación. Hablaré del hilo conductor de mi cuaderno digital, de la inteligencia humana aún por descubrir, del estado del arte de la esfera mundial de la inteligencia conectiva, revolucionaria, de la enseñanza universitaria en las aceras de Jacobs, como sistema emergente por practicar.

En este momento todo es agradecimiento y espera. Por la invitación a un anónimo blogger, a un escritor de páginas en blanco que en clave de Calvino (Ítalo, no el otro) sigue sintiendo mucho miedo por esas palabras (posts) y páginas retadoras, y porque como decía él mismo, lo importante es que digamos algo, de una manera especial, a los demás, cuando tenemos la oportunidad –y esta lo es- de decirlo y compartirlo, cara a cara en esta ocasión, como riqueza sobrevenida en una tarde de noviembre, en un edificio donde puede tener cabida el universo científico y respetado de cada uno que, al fin y al cabo, es lo que hace Universidad.

Sevilla, 2/X/2006

Cerebro humano y cerebro de ratón

Cuando era pequeño crecí cerca de Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy. Los dibujé mil veces. Me parecían muy humanos e inteligentes, porque vivían como yo, más o menos. Además, hablaban, lloraban y amaban. Pero nunca supe que no me separaba mucho de la forma de ser de Mickey en el mundo, porque la ciencia ha alcanzado resultados muy brillantes en esta etología cerebral: ya se sabe que el 99% de los 28.000 genes humanos tiene su homólogo en el genoma del ratón. Y poco a poco nos vamos adentrando en el conocimiento aplicado del cerebro humano. Los científicos se tienen que acercar también por caminos facilitadores de la biotecnología y de las neurociencias, como es el caso del anuncio efectuado el pasado martes por el Instituto Allen de Ciencias del Cerebro, donde se confirmó que se ha completado el estudio genético del cerebro del ratón, a través de un atlas tridimensional, de utilización gratuita en Internet, en el que se muestra qué genes se activan en las neuronas en cada área del cerebro.

Paul Allen, el célebre compañero de Bill Gates y cofundador de Microsoft: “sentía mucha curiosidad por el paralelismo entre el funcionamiento del cerebro y el de los ordenadores y preguntó a los mejores especialistas cuál sería el proyecto más interesante para financiarlo. Así surgió el atlas que ahora se ha presentado. En el estudio se detalla la actividad de 21.000 genes. Los datos indican que se activa en el cerebro un 80% del número total de genes, lo que significa una proporción mucho más elevada que el 60% estimado anteriormente” (El País, 30/9/2006).  Y Allen entregó 100 millones de dólares (unos 79 millones de euros) para la creación del citado instituto en 2003. La investigación avanza también con la visión de personas que pertenecen a la élite de la riqueza individual puesta al servicio de la colectividad humana. Les profeso respeto, porque nos beneficiamos todos los sectores implicados.

He entrado en la página web del proyecto del Instituto Allen y he podido conocer con detalle el alcance del mismo a través de un video didáctico que explica de forma pormenorizada la forma de proceder en la investigación desarrollada y entregada gratuitamente a la comunidad científica. Este proyecto, junto al desarrollado sobre el mapa cerebral en formato de atlas que ya está a disposición de estudiosos, para conocer mejor las similitudes de enfermedades y éxitos humanos, comparando más de siete mil muestras tomadas entre voluntarios que han cedido su forma de ser cerebral para el beneficio de la humanidad, en los últimos diez años y facilitando un fondo de 40 billones de datos, supone un acercamiento real al complejo mundo del funcionamiento de las neuronas, su plasticidad y sus mensajes humanos. El atlas se encuentra en la Universidad de California, en el Laboratorio de Neuroimagen, donde se están llevando a cabo los avances más espectaculares en el mapeado de las funciones y estructura del cerebro, a través de algoritmos computacionales y de imagen por ordenador. El atlas resultante se ha constituido a través de mapas informatizados que muestran los planos del cableado y los circuitos de las neuronas (valga el símil), la psicología, la bioquímica y la biología molecular de las estructuras y las funciones cerebrales. Es una maravillosa y potente herramienta para descifrar los misterios del cerebro, ayudar al tratamiento de las enfermedades mentales y potenciar la digitalización de algunas formas de actuar de la inteligencia humana y animal.

También he verificado el grado de avance en el conocimiento de la corteza cerebral. Según fuentes acreditadas en 2005, IBM y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne, “durante los próximos dos años, los científicos de ambas organizaciones trabajarán a la par utilizando la enorme capacidad de cómputo de la supercomputadora eServer Blue Gene de IBM a fin de crear un modelo detallado de los circuitos de la neocorteza, la parte más grande y más compleja del cerebro humano. Ampliando el proyecto para modelar otras áreas del cerebro, los científicos esperan con el tiempo poder construir un modelo exacto y basado en computación del cerebro completo. Relativamente poco es lo que en realidad se sabe sobre el funcionamiento del cerebro. Utilizando el modelo digital, los científicos realizarán simulaciones del cerebro basadas en computación a nivel molecular, para echar luz sobre procesos internos tales como el pensamiento, la percepción y la memoria.

Los científicos también esperan poder conocer cómo y por qué ciertos microcircuitos funcionan mal en el cerebro, como sucede en alteraciones psiquiátricas como el autismo, la esquizofrenia y la depresión”. Creo que se abren unas posibilidades que obligan a estar muy cerca de estas realidades auspiciadas por el Instituto Allen, el LONI, e IBM y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) bajo la denominación científica de Proyecto Blue Brain (Cerebro azul).

Somos, en definitiva, más libres, porque nos conocemos mejor, a través de la verdadera causa de la salud y la enfermedad, gracias a proyectos cuya base científica nace en un pequeño ratón de la factoría Allen, que siempre estará cerca, paradojas de la vida, de la humanidad y de la genética del que conocí hace muchos años, de nombre Mickey.

Sevilla, 1/X/2006