Educación para la educación en ciudadanía y derechos humanos

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Fotograma de la película “Hoy comienza todo”, de Bertrand Tavernier, ejemplo de cómo la educación para la diversidad es una marca indeleble en un Gobierno concreto y en las funcionarias y funcionarios que tienen que ejecutar sus leyes.

“¿Por qué no le dais a la gente libros sobre Dios?”. Por la misma razón por la que no le damos Otelo; son viejos; tratan sobre el Dios de hace cien años, no sobre el Dios de hoy. “Pero Dios no cambia”. Los hombres, sin embargo, sí.”

Aldous Huxley, Un mundo feliz.

No es una tautología. Es la necesidad de escribir en este cuaderno unas reflexiones sobre el debate de los últimos días en relación con la implantación en el próximo curso escolar de la asignatura de “Educación para la ciudadanía y los derechos humanos”. La última declaración de la Conferencia episcopal al respecto, me lleva desde el suelo firme de mi existencia, es decir, desde mi ética personal (según la definía el profesor López Aranguren), a comprometerme desde la cubierta de esta nave (que va…), a manifestar a los cuatro vientos mi posición al respecto. Compromiso de un navegante digital, nada más.

Creo que desde una postura razonable, del día a día, todas y todos coincidimos en que este país ha avanzado mucho en todos los frentes y que los últimos treinta años vienen a dar la razón a aquellas personas que hicieron lo posible para que pudiéramos vivir para convivir, juntos, después de la muerte de Franco y que se enterrara su régimen. Contra facta non valent argumenta, en latín castizo (contra hechos, no valen argumentos). Pero lo que también constatamos a diario es que existe una crisis galopante de valores básicos, de educación para vivir y con-vivir con los demás, que se traduce en actitudes cotidianas de mala ó pésima educación –así, a palo seco-, de cada mañana, en cada trabajo, en las vivencias familiares, en las diversiones individuales y colectivas, siendo fiel exponente de ello la televisión feroz que se come la educación de las niñas y niños, de las adolescentes y jóvenes en general (por cierto cada vez está más alto el valor de joven: 30 años?…), de adultos, de personas mayores, como si fuera turrón. La mala educación, un secreto a voces que muchas personas ocultan, probablemente porque viven inmersos en ella.

La pregunta es obvia: ¿por qué? ¿No hemos avanzado tanto en treinta años, en democracia, en libertades? ¿Por qué, ahora, lo que recogemos es desaires, malas contestaciones, agresividad a flor de piel (si no, que nos lo cuenten las estadísticas de peleas resultantes del tráfico diario), en casa, en el trabajo, con las amigas y amigos, en la cola del cine, en la gasolinera, en la panadería, en el hipermercado? ¿Cómo es que votamos a partidos que desafían muchas veces la justicia y el derecho, con vocabulario insultante hacia el Estado de derecho, revalidando mayorías absolutas aparentemente imposibles desde una ética sensata, nada más? Y no pararíamos en el rosario de preguntas sobre el desconcierto al que estamos asistiendo por la mala educación como ciudadanas y ciudadanos, como peatones, como compradores de servicios sin IVA, por definición, como parejas que necesitan espacios de libertad personal y no se consienten (llevándose casi siempre la peor parte la mujer), como compañeras y compañeros de viaje con emigrantes que nos sirven, normalmente, que cuidan sistemáticamente de nuestros padres mayores porque ya no es trabajo digno para los nativos del lugar, que lavan nuestros coches del primer mundo, que cocinan hasta horas inadmisibles nuestras cenas de amistad y, por último, como votantes que nos permitimos -con mas frecuencia de lo habitual- exigir diariamente lo que luego no consolidamos con el acto más democrático, por excelencia: el voto. Como ciudadanía que se traduce en posturas tan extendidas por desgracia en el sentido de que “si no gano”, justifico la derrota solo con la teoría de la conspiración o volcando la tinta del calamar de “todos los políticos son corruptos, sin excepción alguna”. Mala educación por tener mal perder en todas las manifestaciones posibles. Mala educación al no comprender la diversidad plena para ser y estar en el mundo, para aquellas personas que su carné genético, que su cerebro, las preparó para ser de otra manera pero con los mismos derechos humanos, no los de la letra del libro de la declaración universal, sino la que hace posible vivir y convivir sin hacernos daño.

La paradoja surge entonces cuando tenemos la gran oportunidad de empezar a reforzar los traídos y llevados valores que tanto echamos de menos, y como reacción partidista (con perdón) se echan las campanas al vuelo en las iglesias y comunidades católicas de este país, en la iglesia oficial, en los coros de ángeles, arcángeles, serafines y querubines laicos, mediáticos, para alertar de las “trampas” de la Ley y de su asignatura maldita. Lamentable. He esperado escribir estas palabras –libertad sin ira, libertad- una vez leída la legislación que ampara los contenidos de “Educación para la ciudadanía” y las publicaciones a nivel europeo y mundial que avalan esta necesaria formación en valores ciudadanos. Y se podría comentar hasta la saciedad la “necesidad”, no azar, de introducir estos contenidos, básicos, elementales, éticos desde la acepción más pura del término (suelo firme, solería que permite vivir en comunidad y en paz consigo mismo), no neutrales en el progreso de una sociedad cambiante, imprescindibles, y “prudentes como serpientes y sencillos como palomas” en términos del evangelista Mateo.

Y desde la posición de un aprendiz de intelectual, con compromiso histórico por construir libertades en muchos espacios y territorios, incorporo a esta reflexión en alta voz, solo las palabras de la legislación que ampara la asignatura estigmatizada desde su origen, para que quien la quiera profundizar se dé cuenta de que es imprescindible tener siempre toda la información posible para tomar decisiones en libertad. Y lecturas recomendables. Sinceramente, no es tan fiero el león como lo pintan algunas y algunos. Entre otras cosas porque la Ley ha sido aprobada en un Parlamento, en una democracia consolidada y donde si pierdo un día un proyecto por la fuerza de los votos, solo hay que pensar que ese es el resultado que da sentido y enriquece la vida propia y asociada. Porque existe la diversidad universal, las personas cambian en la clave preconizada por Aldous Huxley, e incluso la posibilidad de que los demás, muchos, puedan pensar de forma diferente y triunfar en sociedad y en gobiernos legítimamente constituidos:

Educación para la ciudadanía y los derechos humanos

La incorporación de esta área por primera vez como materia independiente en el currículo, sitúa la preocupación por la ciudadanía en un lugar muy destacado del conjunto de las actividades educativas, en la misma línea en que lo hacen los organismos internacionales como las Naciones Unidas o el Consejo de Europa. También la Unión Europea insiste en la necesidad de fomentar la ciudadanía responsable en una sociedad democrática como fórmula para lograr la cohesión social y una identidad europea común.

El aprendizaje de la ciudadanía responsable, que engloba aspectos relacionados con el conocimiento y el ejercicio de los derechos y responsabilidades cívicas, exige un largo aprendizaje que se inicia cuando niños y niñas establecen relaciones afectivas, adquieren hábitos sociales y aprenden técnicas para desarrollar un pensamiento crítico. Este aprendizaje requiere que se inicien en la participación activa en el centro docente y en su comunidad y, en esa medida, adquieran los rudimentos de la participación democrática.

Desde la educación infantil y a lo largo de la educación primaria, en las diferentes áreas, y especialmente en Conocimiento del medio natural, social y cultural, se han venido trabajando muchos aspectos que son objeto específico de esta nueva área: la propia identidad y la del otro, aprender a escuchar, a guardar el turno, a compartir y cuidar los materiales, a expresarse solo o con los demás, a relacionarse con sus iguales y con los adultos. En definitiva, se han impulsado la autonomía personal, la autoestima, la asunción de hábitos sociales, la manifestación del criterio propio, el respeto a las opiniones ajenas y el respeto a los otros, el diálogo y la negociación en caso de conflicto en el ámbito escolar y familiar.

Por ello, en el último ciclo de la educación primaria, momento en el que se introduce el área, los niños y las niñas están en condiciones de adoptar una perspectiva más amplia para trascender los hábitos adquiridos en relación con el trabajo en grupo, la participación en el funcionamiento de reuniones o asambleas de clase y la práctica de hábitos sociales. Igualmente, los derechos humanos tienen carácter universal y a esta edad son capaces de entender este ámbito y pueden adquirir conciencia de su pertenencia a un país y de formar parte de una sociedad global.

El comienzo de la adolescencia es una etapa de transición en la que se modifican las relaciones afectivas. Los preadolescentes se inician en una socialización más amplia, de participación autónoma en grupos de iguales, asociaciones diversas, etc. Conviene preparar la transición a la enseñanza secundaria y al nuevo sistema de relaciones interpersonales e institucionales que suponen una participación basada en la representación o delegación y que requiere un entrenamiento, y esta área es un ámbito privilegiado para ello.

El aprendizaje de esta área va más allá de la adquisición de conocimientos, para centrarse en las prácticas escolares que estimulan el pensamiento crítico y la participación, que facilitan la asimilación de los valores en los que se fundamenta la sociedad democrática, con objeto de formar futuros ciudadanos responsables, participativos y solidarios. En este sentido, los planteamientos metodológicos deben ser atendidos con sumo cuidado porque serán decisivos a la hora de asegurar que el conocimiento de determinados principios y valores genere la adquisición de hábitos e influya en los comportamientos.

Los objetivos y contenidos del área, en sintonía con la Recomendación (2002)12 del Consejo de Ministros del Consejo de Europa, parten de lo personal y del entorno más próximo: la identidad, las emociones, el bienestar y la autonomía personales, los derechos y responsabilidades individuales, la igualdad de derechos y las diferencias. De la identidad y las relaciones personales se pasa a la convivencia, la participación, la vida en común en los grupos próximos. Finalmente, se abordan la convivencia social que establece la Constitución, y los derechos y las responsabilidades colectivas. Por tanto, el recorrido propuesto va de lo individual a lo social.

A partir de aquí, se enuncian los tres bloques que contemplan los contenidos, en los que los conceptos, los procedimientos y las actitudes se abordan desde una perspectiva integrada (Real Decreto 1513/2006, de 7 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas de la Educación primaria). Una lectura imprescindible para poder emitir juicios bien fundados, que es la quintaesencia de la evaluación, de la responsabilidad (¿recuerdas: respuestabilidad?) como integración de conocimiento y libertad. Nada más y nada menos. Para ser educadas y educados en valores ciudadanos y en el respeto a los derechos de las personas en diversidad. Fundamentalmente, porque me gusta vivir mi vida, guardándome mi miedo y mi ira, en libertad y con los demás. Sin más mentira, en paz.

Sevilla, 24/VI/2007

5 comentarios en “Educación para la educación en ciudadanía y derechos humanos

  1. Me encantó la película, la vi sin saber de quién era…llegué tarde ..pero me pareció increible…me ha traido muchos recuerdos el post.
    Como siempre tu posición, moderada y medida. Yo he tenido un post algo más agresivo.
    A propósito de la Conferencia Episcopal Española http://lacomunidad.elpais.com/vandalia2001/2007/6/
    Critícame si quieres, pero creo que estamos rozando la falta de educación de los dirigentes políticos, culturales, educativos, sociales, y sobre todo, religiosos en este país…la mala educación es general.
    He dejado el enlace arriba en el nombre eraser

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  2. Gracias, Eraser, por compartir territorios de ética digital en la Noosfera. Ya había leido tu post sobre la provocación última de la Conferencia Episcopal, en varias ocasiones, y me alegró saber que coincidíamos en no permanecer callados ante tanto desmán católico-jerárquico, para no confundir, porque también tengo amigas y amigos, gente muy cercana, que saben estar cerca del mensaje auténtico de Jesús de Nazareth, a palo seco. En mi post me acerco a este problema concreto de la “falsa buena educación en valores” como patrimonio reservado a una determinada creencia. Y a la farisaica actitud católica-romana que no sabe estar lejos del poder público y de la hucha (caja única) del Estado.

    Tengo la experiencia en casa de que nuestro hijo ha estudiado en un Colegio Público y, después, en un Instituto Público, de línea dura, por el contexto social en el está inserto, pero puedo asegurar que allí aprendió a saber que no todas y todos somos iguales y que ser ciudadana o ciudadano, creer en los derechos humanos, era un test diario entre sus experiencias desde los 12 años hasta los 17, con lo que vivía en casa y después experimentaba como “distracción” en una clase de “ética” ó estudio, sustitutoria de la de religión, en el recurso público. Realmente, desde que entraba a las 9 de la mañana y compartía las clases con “iguales”… Y hubo momentos en los que estábamos desconcertados, porque crecía según unos patrones de familia y sociedad que eran duros de seguir y comprender en la adolescencia. pero ese era el reto: demostrar que los recursos públicos son siempre una buena escuela de contrastes y de preguntas que quizá no se pueden responder. Aunque a Dios no lo viéramos tampoco por ningún sitio y el poder constituído “flirteara” permanentemente con aquellas y aquellos que sistemáticamente lo vapuleaba -en clave católica, apostólica y romana- por imponer legítimamente tímidas condiciones de igualdad ante la diversidad. A Dios gracias, por saber apreciar -en su auténtico valor, no en el precio- esto último.

    Lo expresé un día en un post en mi blog, Pepe el maestro, que he vuelto a leer con respeto a sus creencias y valores. Excepcional.

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  3. Soy gran amigo de su hijo y él me ha remitido a su blog.
    La intención de la asignatura es muy buena y plausible, si bien debería haber sido implantada tiempo atrás.
    Es cierto que la comunidad católica ha hiperbolizado su malestar por la inclusión de Educación para la Ciudadanía, pero es lógico que un libro que incluye la siguiente frase:

    “La palabra Dios no tiene significación real, es una voz sin sentido que no afecta para nada a la mayoría de los españoles en la sociedad actual”

    no sólo moleste a los católicos, sino a todos los que queremos que nuestros hijos sean educados en libertad, sin coacción de ningún tipo. Que sea ateo o creyente, pero que sea lo que él quiera, sin que ningún libro de texto pretenda adoctrinarle.

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  4. Luisfer: creo que la controversia, por sí misma, puede ser positiva para fijar posiciones que nos permitan dialogar, pero debo hacer una precisión: la frase a la que aludes no figura en ningún libro actual que se vaya a publicar como “de texto”, porque solo se recoge en una publicación del año 2005, promovida por la Fundación Cives, que llevaba por título “Educación para la Ciudadanía. Propuesta de Educación ético-cívica”, de 71 páginas, y que se encontraba como material de consulta en ls tareas preparatorias en el Ministerio, sobre el desarrollo curricular de la asignatura, junto a otros muchos documentos enviados y/ó solicitados a otras instancias plurales. Nada más. Yo, al menos, no quiero participar nunca de “pirámides contaminantes” que no se ajustan a lo que verdaderamente sucede. Me obliga a ello la ética científica que tanto defiendo y que puedes seguir de cerca en este blog.
    Gracias, en cualquier caso, por compartir conocimiento. Noosfera, en estado puro.

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