La orquesta del viento

SILVERIO RIVAS TUI

Monumento a las víctimas de la represión de los “nacionales” en la Guerra Civil española, en la Alameda de Tui (Vigo), obra de Silverio Rivas, inaugurado en 1999.

Está el país revuelto con la memoria histórica, con varias “memorias históricas”. El historiador Santos Juliá ha manifestado recientemente que “la única lectura que una democracia puede hacer de su pasado debe hacerse desde la historia, no desde la memoria”. Me parece una aseveración muy acertada porque la verificación objetiva mediante instrumentos de la historia, de lo que sucedió en la Guerra Civil de este país, también sus antecedentes y consecuentes, República y Transición, es el único camino para comprender lo que a unos y a otros nos sigue helando el corazón.

El próximo 18 de julio será un día para volver a la historia de este país, más que a su memoria. Por este motivo quiero compartir un texto precioso escrito por Manuel Rivas, a quien tanto debo en mi aprendizaje literario e ideológico. Tiene un título programático, Oración fúnebre por la orquesta del viento (1), que encontré un día en un libro suyo, Galicia, Galicia, muy interesante, sobre la tierra que lo vio nacer y como un ejercicio entre lo local y lo universal. Es un texto que leyó el 22 de junio de 1999, en un acto de homenaje a los republicanos asesinados [sic, en el libro] en la villa de Tui en 1936, en el lugar donde los fusilaron y donde ese día se inauguró el monumento que figura al comienzo de este post. Lo leo con el respeto que me causa siempre cualquier referencia a lo sucedido en la guerra civil española, que no la comprendo, pero sobre la que busco interpretaciones históricas de gran valor y rigor científico. Todavía me siguen sobrecogiendo estas palabras de Rivas, que tecleo ahora con nerviosismo y cierto dolor íntimo, para entregarlas a la Noosfera digna. Desde el Sur, que también existió en esos días tan dolorosos y que todavía existe, con su historia, más que con su memoria.

Oración fúnebre por la orquesta del viento

“Benditos los muertos
sobre los que cae la lluvia.”

Scott Fitzgerald, El Gran Gastby

Éste es un acto de justicia, de reparación histórica y también de valerosa inteligencia.
No podemos recuperar el tiempo.
No podemos volver atrás con la flecha del tiempo y reconstruir lo destruido, la realidad aterradora y maravillosa de las vidas rotas por la más terrible maquinaria del odio que asoló estas tierras.
Pero a la manera de los remos del arca, podemos avanzar proyectándonos hacia atrás.
Podemos imaginar las vidas cuando vivían antes de la tragedia.
El paisaje, incluso la luz de aquellos días, está definido por el horror que vino.
Día sombríos, sórdidos, tenebrosos.
Pero en realidad eran días de verano.
Días luminosos del bajo Miño.
La bajada del río como un cine de color y hermosísimo.
Habría tensiones, conflictos, pero ellos y ellas conformaban una comunidad de esperanza, una república de sueños acumulados en años, siglos, de luchas y sacrificios.
Podemos imaginarlos construyendo el frágil sentido de la vida.
Levantándose, saludándose – ¡hola, buenos días! -, trabajando, enamorándose, haciéndose bromas o burlas, contándoles algún cuento a los hijos, acaso reflejando sus rostros felices de domingo en la orilla del río.
En esos momentos en los que la mirada humana, de la vida, es más hermosa que el mismísimo cielo.
Esa república de los sueños acumulados con luchas y sacrificios de siglos.
El frágil tejido de la vida.
Esa comunidad de esperanza.
Esa mirada.
Todo fue destruido.
Y hasta se destruyó el silencio que siguió porque en el silencio se escuchan los muertos y lo llenaron de calumnia, mentira, falsedad y miedo.
Hay una historia de una mujer que deja un instrumento de música en el ataúd de su hombre muerto, con un mensaje: Si quieres algo, llama.
Hoy podemos escuchar la orquesta de los muertos, de los asesinados, de los huidos, de los exiliados, de aquellos a los que secaron la vida por dentro aunque siguiesen vivos.
Esa tenaz orquesta, como viento que emana del corazón de la tierra, persistió así con la melodía de la libertad.
Si estamos aquí es porque la terrible maquinaria del odio y del miedo no pudo con la orquesta de viento de los muertos.
Y hoy, cuando se rehace laboriosamente la comunidad de la esperanza, debemos hacer un solemne llamamiento desde Tui: que desaparezcan de Galicia, de la nomenclatura de las calles, plazas e incluso colegios públicos los nombres de los verdugos de la historia. Y lo hacemos no por ninguna clase de revancha sino en nombre de la justicia y de la inteligencia.
Porque lo que debe honrar una democracia, una comunidad libre, es, en primer lugar, a aquellos que dieran su vida por la libertad.
Este monumento de Tui tiene el valor de los que los canteros llaman la piedra maestra.
Porque hay que cimentar la casa del futuro sobre el valor, sobre la decencia, sobre los mejores sueños de la humanidad, sobre la aristocracia del alma que fue lo que ellos representaban.
Hoy, delante de la escultura de Silverio, delante de esa piedra que hace vida, podemos decir que se cumplió la profecía: “Enterraron semilla”.
Sean mil veces benditos los muertos, bendita la tierra y bendita la lluvia y benditos vosotros que los hacéis florecer.

Sevilla, 16/VII/2017

(1) Rivas, Manuel (2002). Galicia, Galicia. Madrid: Suma de Letras, pág. 315-319.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s