Relatos de jefes y jefas

LOS JEFES

 

Esta mañana, casi sin darme cuenta, he tropezado con un libro de Mario Vargas Llosa. Estaba en una acera (cuántas veces recuerdo a Jane Jacobs), rodeado de otros libros de segunda o tercera mano (me encanta esta expresión) y no he dudado en comprarlo. Por un euro he recuperado al escritor peruano a través de seis cuentos, bajo el título de Los jefes (1957). Siempre me ha llamado la atención la palabra jefe, “superior o cabeza de una corporación, partido u oficio” (RAE), porque ha tenido un significante y significado muy especial en mi vida. He tenido jefes y jefas. He sido…, también, jefe.

Quizá he comprado el libro de Vargas Llosa para intentar comprender bien su significado real a través de seis relatos bien construidos y respetando el vocabulario peruano en su fondo y forma. Ser jefe es siempre un vestigio de poder que confiere una autoridad ética, estética y, en algunos casos, orgánica. Nuestro cerebro reptiliano conserva trazas de obediencia ciega a la autoridad, así como rebelión extrema ante ella, con un toque siempre de machismo exacerbado, que solo puede ser contrarrestado por el cerebro emocional que compartimos con los mamíferos (sistema límbico), y el neocórtex (corteza cerebral frontal). El cerebro reptiliano hace honor a su nombre de pila obedeciendo siempre su actuación a pautas básicas de conducta del hombre como “jefe” de la vida, como las relativas a la alimentación, caza, emparejamiento, competición, imitación, dominancia y agresión. Y por su base estrictamente animal, el problema básico es establecer la demarcación territorial donde entra lógicamente la “señalización” de sus hembras, con gran escarnio de quien no sabe ser jefe en su vida: “Este cerebro responde desde el presente a situaciones que se van planteando. No proporciona gran independencia del medio y no capacita para el aprendizaje complejo. Desde una perspectiva más simbólica supone un tipo de conducta no sujeta a reglas, amoral (como la inducida por la serpiente en el jardín del edén), vivida en el puro presente. Las llamadas conductas viscerales, impulsivas o primitivas en los seres humanos ponen de manifiesto singularmente estos tipos de actividad cognitiva básica. En este contexto, la imitación es muy importante para la supervivencia. El ataque a lo “no igual” se producirá por ser interpretado como peligroso. Por ejemplo, la indumentaria, tanto a nivel macrosocial como microsocial (tribus urbanas), puede inhibir o provocar agresiones” (1).

Me ha parecido especialmente entrañable el relato “Los jefes”, porque es autobiográfico y traduce el encanto del liderazgo en las pandillas y en momentos transcendentales de la juventud donde se refuerza la forma de ser y estar en el mundo, siendo a veces rebeldes sin causa. Aunque, al final, los jefes al uso, con música militar de fondo, como la intrahistoria de la propia palabra “jefe”, acaban cayendo, unos tras otros, porque la vida sigue y el pueblo es el que manda dando sentido a la auténtica democracia.

La contraportada del libro avanza resultados: “En cualquier época de la vida, y sea cual sea el ámbito en que se mueva, el ansia de poder seduce al hombre. Una rebeldía estudiantil, una apuesta parta probar hombría, un duelo a muerte, una doble traición: todas son buenas ocasiones para demostrar -demostrarse- la propia capacidad de mando, el ascendiente, el dominio que se logra por encima de los demás, amigos o enemigos, con la sola exhibición de un primario machismo”. El cerebro reptiliano de cuerpo presente. Impecable.

Sobre todo, porque cuando somos jefes o los demás lo son, la sabiduría popular dice que se nos puede conocer muy bien: “si quieres conocer a Fulanito, dale un carguito”. La autoridad que confiere un cargo por lo que se convierte a una persona en jefe o jefa como superior o cabeza de una corporación, partido u oficio (RAE), es verdad que viene dada por una orden o mandato. Pero la auténtica autoridad de jefes y jefas es la que está rodeada de ética (me gusta más que “moral”), porque es la que es capaz de justificar todos los actos humanos, porque ética es la raíz de la que brotan todos esos actos, la solería que compone, día a día, el suelo firme de la existencia que supera el cerebro reptiliano a través de la inteligencia, los sentimientos y las emociones.

Llego al final del artículo, pero advierto que a diferencia de lo que pasa en el cine, cualquier parecido con la realidad de lo que aquí he escrito, en esta ocasión, no es pura coincidencia. Aunque solo es una historia de relatos de jefes y jefas. Nada más.

Sevilla, 24/VII/2017

(1) https://joseantoniocobena.com/2007/07/25/estereotipo-machista-3-si-no-eres-para-mi-no-eres-para-nadie/

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