La educación, ese claro objeto de deseo público

El mes de septiembre es propicio para recordarnos, después del paréntesis del verano, el comienzo de la vida ordinaria en clave académica, porque todo tiene su comienzo de curso, metafóricamente hablando. El ciclo completo educativo echa a rodar en este mes en torno a la educación global y deseo expresar mi claro objeto de deseo público y social en este país, que tantas vueltas ha dado a un modelo integral e integrado de educación, de Estado, sin que hoy en día se haya consensuado por las fuerzas políticas de turno.

Este país necesita con carácter de urgencia un pacto por la educación, que se convierta en prioridad política en el Congreso de los Diputados. Pasan los días, pasa la vida y a pesar de que me consta que se están llevando a cabo tareas parlamentarias en este sentido, tengo la percepción que no hay conciencia social de esta necesidad a través de participación urgente y masiva de la sociedad al respecto. Comienza un nuevo Curso y casi todo sigue igual. Ha sido en este contexto oscuro de deseo cuando he leído hoy un artículo extraordinario sobre la importancia de la escuela rural en nuestros días, Así enseñamos los maestros rurales en aulas que juntan a niños de entre 3 y 12 años, como ejemplo clarividente de qué se trata cuando hablamos de educación integral e integrada.

Tres palabras escritas en carteles sobre la alfombra en la que los niños se sientan a primera hora de la clase, “no, ¿por qué? y elegir”, resumen bien las expectativas educativas en este país, porque son cuestiones no imposibles para los niños de la escuela unitaria de San Miguel de Valero (Salamanca), que aprenden a tratar y responder en el contexto necesario: “No”, para que los niños sepan que nadie les obliga a participar en aquello que no desean, dentro o fuera de la escuela. “¿Por qué?”, para que los niños se esfuercen en conocer el origen de las cosas. Y “elegir”, para que conozcan la importancia de sus decisiones”. Entristece conocer que el cierre de escuelas rurales es una realidad inexorable en este país: “El cierre de una escuela rural duele, porque se pierde un lugar de referencia. Pero no olvidemos que el fin de estas escuelas es solo una metáfora de un sistema de administración política que apenas cree en el entorno rural. Se trata de un sistema que ha perdido de vista nuestra relevancia para el equilibro de todas las cosas: de la biodiversidad, de las aguas, de los alimentos, del aire, de la vida en su conjunto…”.

Me ha emocionado siempre la realidad de las escuelas unitarias, donde conviven niños y niñas de diversas edades y necesidades educativas, emocionales y sentimentales, recordando como si fuera ayer una película francesa estrenada en 2002, Ser y tener, que me pareció ejemplarizante en este sentido. Es un símbolo de lo que deberíamos asumir en la compleja realidad de la educación completa y pública en este país. Esas palabras, No, ¿Por qué? y Elegir, podrían ayudarnos a comprender mejor el problema que se debe atender con urgencia en el Congreso de los Diputados, que no es simple, pero sí un claro objeto de deseo público y social. No, a continuar con las leyes actuales como si no pasara nada. ¿Por qué?, para preguntarnos sin complejos por qué no se aborda con carácter prioritario su revisión completa y sin paliativos. Elegir, porque estamos en la cuenta atrás política de la legislatura para que alcance el mejor consenso posible de todas las fuerzas políticas del arco parlamentario, sin olvidar nunca el carácter público y equitativo que debe presidir cualquier decisión al respecto.

Sevilla, 10/IX/2017

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