Llegó con tres heridas…

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

Hoy se aproxima la creencia del cristianismo a la muerte de Jesús de Nazareth. He recordado inmediatamente a Miguel Hernández, como por arte de dignidad laica, porque he vuelto a leer varias veces un poema precioso, en el que aprendemos qué significa caminar a diario con un sentimiento de tres heridas de ausencias: la de la vida, la del amor, la de la muerte (como las Suyas).

Sigo leyendo su cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), en el que logro comprender bien lo que significa dignificar la vida cada día, más allá de la semana santa, en semanas laicas llenas de sentimiento y pensamiento, donde el sentimiento se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento (Alberti, dixit). Porque todos los días convivimos con heridas de vida, muerte y amor…, en ese orden, porque así lo exige la dignidad de la existencia. La que vivió Miguel Hernández en días de ausencias.

Sevilla, 29/III/2018, un jueves laico (a pesar de todo)

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