Nos “españamos” con las cosas que suceden en España

EL GRITO-MUNCH1
El grito

Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

La reacción contraria de un amplio sector de dirigentes políticos y de algún sector de la población en redes sociales, ante la acogida por razones humanitarias de los migrantes que viajan a bordo del Aquarius y de dos barcos de apoyo italianos, no es para quedarse impasibles como si no ocurriera nada en nuestro país, porque es para españarse. Sé que hoy entramos en un nirvana de ensueño con la inauguración del mundial de fútbol, que no se hablará durante un mes de otra cosa, pero la nave va en este país y tenemos que sacarlo adelante entre todos. También, lo ocurrido con el entrenador de la selección nacional es un ejemplo de cómo el mercado interfiere la sociedad y la controla a diario con su dinero y mercancías del todo vale. Y para terminar el día horribilis de ayer, la dimisión del ministro de cultura y deporte, que deja un poso de amargura ante la picaresca individual y coleciva que reflejó de forma extraordinaria Cervantes en su obra escrita y que perdura hasta nuestros días. Escaparse de las mal llamadas garras de Hacienda es un deporte nacional y el reconocimiento social del defraudador de impuestos, desde todas las escalas sociales imaginables, permeabiliza muchas capas también sociales. El que paga los impuestos es un tonto redomado y el que se escapa de ellos es un listo con todos los honores. Por si faltaba algo a esta desazón, sobrevuela también estos días la entrada inmediata en prisión de un exmiembro de la familia real, Iñaki Urdangarin, el consorte que no recordaba nada de lo que hizo mal, como si todo le fuera ajeno desde la ética personal y pública de la que debía haber hecho gala en todo momento.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones como las descritas anteriormente, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 14/VI/2018

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

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