Ser es ser percibido (en Internet)

 

El mundo digital es inexorable. Solo somos en Internet si somos percibidos por los otros en cualquier soporte digital. He comprendido bien por qué Albert Manguel dice en una obra reciente, Mientras embalo mi biblioteca, que el obispo George Berkeley (1685-1753) es el autor del lema de la era electrónica: esse est percipi, es decir, soy alguien (desde la perspectiva estrictamente digital) si soy percibido. A él se debe la teoría inmaterialista, que explica muy bien en su obra Principios (I, 1-6): “Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles, tengan existencia real o natural distinta de la de ser percibidos por el entendimiento. […] Pues, ¿qué son los objetos mencionados sino las cosas que nosotros percibimos por nuestros sentidos, y qué otra cosa percibimos aparte de nuestras propias ideas o sensaciones? Examinando a fondo esta opinión que combatimos, tal vez hallaremos que su origen es, en definitiva, la doctrina de las ideas abstractas. Pues, ¿puede haber más flagrante abuso de la abstracción que el distinguir entre la existencia de los objetos sensibles y el que sean percibidos, concibiéndolos existentes sin ser percibidos? […] Todo el conjunto de los cielos y la innumerable muchedumbre de seres que pueblan la tierra, en una palabra, todos los cuerpos que componen la maravillosa estructura del Universo, sólo tienen substancia en una mente; su ser (esse) consiste en que sean percibidos (percipi) o conocidos».

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares escribieron un cuento con ese título tan críptico, Esse est percipi, pero tan evidente en los tiempos digitales. He vuelto a leer un fragmento del mismo, ahora que comienza el Campeonato Mundial de Fútbol, en el que siento que no verlo me sitúa fuera del mundo digital, porque solo cuento como espectador de consumo:

[…] -Señor, ¿quién inventó las cosas? -atiné a preguntar.

-Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quién se le ocurrieron primero las inauguraciones de escuelas y las visitas fastuosas de testas coronadas. Son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos.

– ¿Y la conquista del espacio? -gemí.

-Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientificista.

– Presidente, usted me mete miedo -mascullé, sin respetar la vía jerárquica-. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

– Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

– ¿Y si se rompe la ilusión? -dije con un hilo de voz.

-Qué se va a romper -me tranquilizó. Por si acaso, seré una tumba -le prometí-. Lo juro por mi adhesión personal, por mi lealtad al equipo, por usted, por Limardo, por Renovales.

-Diga lo que se le dé la gana, nadie le va a creer.  […]

EMOTICONES FACEBOOK

La verdad es que cuando acudimos a Facebook, Twitter o Instagram, entre otros recursos de identidad digital, buscamos apasionadamente emoticones sonrientes o con un dedo hacia arriba, cuando menos, para tomar conciencia de que no estamos solos. Porque necesitamos ser percibidos para ser alguien o alguno, que tanto da. En el próximo mundial de fútbol, sobrecogido porque si no lo veo no seré nadie, tomo conciencia de las palabras de Borges-Bioy: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Es verdad, con una diferencia: ser digital es ser percibido (en Internet) y tomar conciencia de ello.

Sevilla, 11/VI/2018

Debemos alzar las palabras, no la voz

Éramos científicos, filósofos, cuentacuentos. Las preguntas buscaban respuestas y más preguntas. Encontrábamos nuestro lugar en el universo, pero limitábamos con imperios en guerra […] Durante miles de años las fronteras no dejaron de redefinirse. Nos gobernaron poderosos hombres como Ciro el grande de Persia, Alejandro Magno de Macedonia, el Imperio Maurya, Gengis Khan… y así uno tras otro. Siempre se derramaba sangre, y siempre había supervivientes. Porque todo se repite una y otra vez. Todo cambia, Parvana, las historias nos recuerdan eso.

Nurullah, padre de Parvana

En un país que empieza a vivir estos días una experiencia de oportunidades y sueños por alcanzar, debemos alzar las palabras, no la voz, porque “es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos”. Salvando lo que haya que salvar, lo he leído en un artículo precioso (1) sobre una película de animación, El pan de la guerra, que no ha entrado en los circuitos comerciales, porque su argumento no desata -desgraciadamente- pasión alguna. Nos sacia el entretenimiento del mercado puro y duro y las multinacionales del sector saben que con eso muchos millones de personas tienen bastante.

Me refiero a una película dirigida por Nora Twomey, cofundadora del estudio irlandés Cartoon Saloon, basada en una novela de Deborah Ellis y nominada a los Oscar 2018, que describe las desventuras de Parvana, una joven que lucha por sobrevivir en un Kabul bajo control talibán. Nos pilla muy lejos esa historia, pero no comprendemos que la historia de lo que allí ocurrió hace millones de años nos afecta en la actualidad, porque sus ancestros modelaron una forma de ser y estar en el mundo, muy actual y cercana.

El artículo es hermoso en su fondo y forma. Al menos, se rescata una forma de contar relatos mediante el cine animado de siempre: “En los últimos años, Saloon Cartoon se ha confirmado como el estudio de animación tradicional de más prestigio del mercado europeo. Y, sin embargo, todas sus películas hablan en pasado porque tienen el mismo propósito: recuperar y renovar. Traducir al audiovisual contemporáneo la tradición oral olvidada de culturas pretéritas. Films con vocación de cuento”.

Creo que necesitamos rescatar las historias de nuestros antepasados en este país, con el encanto que lo hacen en la citada película, tal y como lo explica el padre de Parva en las primeras escenas: “Las historias perduran en el corazón incluso cuando todos nos hemos ido. Nuestra gente lleva contándolas toda la vida, desde que éramos Partia y Jorasán. Una tierra partida por la cordillera del Hindu Kush, abrasada por la mirada ardiente del desierto del norte. Escombros chamuscados y cumbres congeladas”.

Parvana

Recuperar y renovar. Apenas tenemos espacios para hablar y contarnos cosas cuando nuestro corazón anonadado gime. En tiempos tan modernos de usar y tirar todo, viene bien intentar explorar estas experiencias, debiéndose hacer operaciones rescate de lo que decían y contaban nuestros antepasados sentados en las aceras de sus barrios. Un ejemplo vale a veces más que mil palabras. Recuerdo cómo la urbanista americana Jane Jacobs contaba en “Muerte y vida en las grandes ciudades americanas” la posibilidad de estudiar la complejidad creciente de las ciudades y cómo la creación de los barrios, antes de que estallara el boom inmobiliario, traducía comportamientos sociales de marcado interés. Basta analizar el comportamiento social de cualquier ciudad, la mía propia, Sevilla, para comprender correctamente las tesis de Jacobs en toda su extensión. La gran paradoja actual es que las agrupaciones de viviendas o “muriendas”, como las llamaba uno de mis maestros de juventud, ya no se desarrollan como fenómeno social de la complejidad social de unos grupos sociales, sino que se diseñan en gabinetes de estudio, muchas veces de especulación pura y dura, que obedece a otros patrones alejados de las tesis de Jacobs. La nostalgia de las familias sevillanas que solo vuelven a sus barrios de origen con motivo de las procesiones de Semana Santa, traduce muy bien el desencanto que podría producir a esta investigadora natural, sin formación académica especializada, el desmantelamiento de este fenómeno social de la vida en las aceras, habiendo sido defensora a ultranza de esta forma de convivencia: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (2).

No digamos nada cuando esta realidad del silencio impuesto por las guerras y las bombas, como en Kabul o Siria, destroza cualquier capacidad de transmitir palabras a los demás, escucharlas y procurar conservarlas en lo más profundo del corazón. Necesitamos ver esta película, El pan de la guerra, para comprender que la historia merece un respeto reverencial por lo que han transmitido a través de los siglos nuestros antepasados. Con el compromiso social del cine, por ejemplo, con ejemplos tan maravillosos como la trayectoria profesional de este estudio irlandés, aunque seamos tan necios que, al no incluirla en los circuitos de distribución en todo el mundo, estemos confundiendo una vez más, como necios, que es lo mismo valor y precio.

Lo sintetiza muy bien el artículo citado: “Con la animación como herramienta, Cartoon Saloon vuelve a manifestarse como una alternativa de cada vez más calado al relato hegemónico estadounidense. Y, esta vez, transmite con una fuerza emocional irresistible el recado inaplazable que uno de sus personajes resume sucintamente: cuando todo vaya mal «alza las palabras, no la voz. Es la lluvia lo que hace crecer las flores, no los truenos». Impecable, porque la historia siempre nos recuerda el misterio silencioso de las palabras que se quedan con nosotros.

Sevilla, 10/VI/2018

(1) https://www.eldiario.es/cultura/cine/guerra-animada-temporada-estrenado-cines_0_779372389.html

(2) https://joseantoniocobena.com/2006/04/29/las-aceras-de-jane-jacobs-in-memoriam/

Los cumpledías de Mario Benedetti

mario-benedetti

Reinterpreto el poema Como siempre, de Mario Benedetti, el día que cumplo ochocientos cincuenta y dos meses, aplicando sus palabras en primera persona, porque así lo he leído siempre. Es verdad, porque esta matusalénica edad no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria.

Soy consciente de que los que me desean hoy un feliz cumpleaños es a veces injusto, porque he tenido la suerte de disfrutar de felices cumpledías, no olvidando tampoco que aunque nada me ha sido fácil en mi vida, eso mismo me ayuda hoy a afirmar mi bienaventuranza diaria.

Para mí no es novedad que mucha gente de este mundo me aprecie, pero sé distinguir muy bien quien me quiere de veras, aunque mi corazón sabe quién me quiere un poquito más que el mundo.

Son palabras que regalo a los que me felicitan por mi cumpledías diario, sintiéndome alguien especial el día que cumplo ochocientos cincuenta y dos meses, entrando a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias y desarbolando los nudosos rencores.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Sevilla, 7/VI/2018

Ha llegado el momento de declarar una Política Digital de Estado

NUEVO PRESIDENTE

Reconozco que tengo prisa digital. Pienso que el resultado de la moción de censura, con la toma de posesión del nuevo presidente, puede ser una oportunidad extraordinaria para impulsar la política digital de Estado. He escrito en numerosas ocasiones en este blog sobre la necesaria e imprescindible visión de Estado, desde la perspectiva digital, que debe tener un Gobierno progresista y moderno. Vuelvo a hacerlo al considerar que puede ser el momento de declarar las bases estratégicas que deben sustentar esta política.

En principio, creo que ha llegado el momento de proclamar la transformación urgente del Gobierno actual al uso en Gobierno Digital, para que se puedan aplicar políticas digitales de amplio espectro, tal y como he ido desarrollando a lo largo de los últimos años en este blog. Sería extraordinario comenzar a tejer tejido crítico en este momento digital porque hay razones suficientes de urgencia política en un mundo que cada día se mueve más en torno a la transformación digital de todos los ecosistemas en los que vivimos, estamos y, sobre todo, somos. Creo que se puede comprender mi obstinación, en el más correcto sentido de la palabra y tal como la aprendí hace ya muchos años en un libro precioso de Herman Hesse, Obstinación, en torno a esa excelente virtud, entendida como la obediencia a una sola ley, la que lleva al propio sentido (digital, por supuesto).

Esta iniciativa digital que propongo como iniciativa de carácter público, debe contemplar todos los medios y protagonistas de la transformación digital del Gobierno que nazca ya para la nueva legislatura, que planteo como de necesidad y no por azar, es decir, ciudadanos, profesionales del sector, empresas tecnológicas, autoridades públicas y privadas, representantes políticos, medios de comunicación, organizaciones de usuarios, etc., para que la participación sea de abajo a arriba y no al revés. Por una vez, la ciudadanía dejaría de ser “ignorante molesta” cuando se abordan asuntos de su “propio sentido” digital, en palabras de Hans Magnus Enszerberger, ante una realidad de empoderamiento imprescindible para una transformación digital urgente en la que estamos ya instalados. Podría ser una especie de estructura de Estado, obstinada, respetando la necesaria oportunidad política en este momento crucial del país, cuando hay que declarar una nueva estructura de Estado y el Gobierno correspondiente.

De forma concreta, propongo la creación de un Ministerio de Política Digital, con la estructura, dotación de recursos y planificación estratégica y administrativa correspondiente, que concentre los recursos económicos dispersos en la actualidad en diferentes capítulos y secciones del Presupuesto del Estado, así como de la relación coordinada con los Fondos Europeos destinados a tal fin, con una planificación estratégica detallada y con participación real y efectiva en la implantación de políticas digitales de amplio espectro. Existen antecedentes a nivel mundial y basta con conocer con detalle las últimas experiencias de Gobierno Digital tanto en Singapur como en Estonia, sin ir más lejos.

En mi publicación de 2016, Principios de política digital, detallé de forma didáctica y divulgativa los grandes principios de política digital aplicada con visión de Estado, desde diversas perspectivas: el respeto reverencial a un vocabulario digital propio (que hay que conocer en términos tan novedosos como empoderamiento digital, inteligencia digital o equidad digital, entre otros muchos, porque sin lenguaje digital propio es difícil articular diálogo digital al respecto) y su presencia en programas electorales; aclarar definitivamente la diferencia existente entre inversión y gasto digital, que tanto se ha confundido en tiempos de crisis, encubriendo la ineficacia e ineficiencia del Estado y de las diferentes Administraciones Públicas); declarar el empoderamiento digital rompiendo la cuarta pared, sabiendo que las tecnologías inteligentes son para las personas, no solo para las cosas, abrir el mundo de la investigación, desarrollo e innovación digital a supuestos como el grafeno, a título de ejemplo y que nos cambiará la vida, para abordar la revolución digital, pendiente, en España, siempre y cuando se lleve a cabo la misma desde la realidad tan próxima en estos días de la presentación en la sociedad española de un nuevo Gobierno progresista y de transformación digital.

Soy consciente de las prioridades políticas actuales centradas en la generación de empleo y en el blindaje constitucional de derechos y deberes sociales referidos a educación, salud y atención social, sobre todo de los que menos tienen, del envejecimiento y en la realidad inexorable de la dependencia. Pero la realidad digital está ahí, cada día más presente en nuestras vidas, siendo lo más íntimo de nuestra propia intimidad (según el aserto agustiniano) a través de instrumentos digitales tan útiles e imprescindibles ya como los teléfonos inteligentes, tabletas, portátiles y televisiones inteligentes e interactivas.

Vivimos en un mundo digital, tal y como lo aprendí hace casi veinte años de Nicholas Negroponte, que me abrió una perspectiva diferente de la vida, aunque siempre estuve de acuerdo con él en un aserto irreversible, para poner cada cosa en su sitio y no se nos suban las tecnologías de la información y comunicación a la cabeza: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.

Se trata de reconocer que somos ya digitales en un mundo digital por excelencia, que nos puede hacer la vida más amable en todas las perspectivas de la vida desde una perspectiva de nueva revolución digital que supere con creces a la industrial que tanto ha beneficiado ya a la humanidad. Por esta razón, creo que la política digital es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción. El marco de la política digital no es un asunto tecnológico sino constitucional. Esa es su gran fortaleza en el argumentarlo de elevarla a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales.

Las tecnologías de la información y comunicación no son inocentes, como no lo son las ideologías políticas subyacentes en su implantación, que no mera instalación tecnológica. Sabia distinción que se constituye en un elemento de gran interés público en la construcción de un nuevo paradigma público de carácter digital. Necesitamos definir los sistemas y aparatos políticos digitales que permitan la toma de decisiones públicas de gran relevancia social, preservando el interés general como raíz de la que deben nacer todos los actos digitales que nazcan en la sabia política digital del Gobierno digital correspondiente.

Por último, aprecio hablar de ética digital de carácter público, que también existe, como la que podría desarrollar un Ministerio de Política Digital, como lo explicaba en las palabras introductorias de este artículo. Su objeto principal es respetar el interés general digital de los ciudadanos, distinguiendo “mercancía” de “valores y derechos humanos” digitales, que se instrumenta por el Gobierno Digital y Abierto correspondiente, mediante la Administración, no al revés, con carácter unificado y no estrictamente disperso en los diferentes departamentos ministeriales e instituciones públicas instrumentales. Además, inteligencia y ética digital son indisolubles, porque son las bases humanas para ser y estar en el mundo de una forma diferente gracias a las tecnologías de la información y comunicación. ¿Por qué? Porque la inteligencia digital es la capacidad que tenemos los seres humanos para adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación; capacidad para recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de las TIC; capacidad para resolver problemas o para elaborar productos y servicios que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural y factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través todo ello de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

Sevilla, 4/VI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.rtve.es/fotogalerias/toma-posesion-pedro-sanchez-como-presidente-del-gobierno/198155/toma-posesion-pedro-sanchez-como-presidente-del-gobierno/6/

¡Quitad obstáculos para que triunfe (el nuevo presidente)!

CAFE MULLER

Lo contaba recientemente Alberto Manguel en una entrevista preciosa que justifica en sí misma el amor que profesa a la literatura, aludiendo al trabajo que supone sacar adelante todos los días, cada minuto, la Biblioteca Nacional de Argentina: “Yo he abandonado mi carrera de escritor y, hasta cierto punto, de lector, asumiendo este puesto de director de la Biblioteca Nacional a fines de 2015; y me he convertido en la persona encargada de eliminar obstáculos al trabajo de las otras ochocientas y pico personas que trabajan aquí. ¿Conoce usted un ballet de una gran coreógrafa alemana, Pina Bausch, que se llama Café Müller? ¿Recuerda que se trata de una mujer que baila y otro personaje le quita las sillas del camino para que no se tropiece? Pues yo soy esa persona”. Política en estado puro, conviviendo con el arte de lo posible.

Salvando lo que haya que salvar en democracia y en la situación a la que llegamos ayer con el triunfo de la moción de censura en nuestro país, me gustaría que fuéramos muchos los que quitáramos sillas en el camino del nuevo presidente para que pueda alcanzar los objetivos de su nueva política, en un país cansado y triste con lo ocurrido a consecuencia de la traída y llevada crisis y en la forma que se ha administrado en los últimos diez años. Todos hacemos política a diario, como ciudadanos, en la forma que somos de ser y estar en el mundo. Lo he manifestado recientemente en un artículo dedicado a la última obra de Michael Ignatieff, Las virtudes cotidianas, en el que he resaltado el papel que juega en la vida ordinaria la ética cotidiana: “Estamos viviendo momentos muy difíciles en nuestro país. Hemos iniciado una senda desconcertante como coda de una sinfonía de corrupción que no deberíamos haber tocado nunca y solo nos queda hacer camino juntos al andar de forma diferente, sin mirar atrás, donde la ética de lo cotidiano nos permita ser felices en cada momento de la vida” (1).

Lo dijo el nuevo presidente en el debate de moción de censura: “Defiendo esta moción de censura por coherencia, responsabilidad y democracia. Propongo un gobierno socialista, paritario y europeísta que cumplirá con la UE y la Constitución. Su hoja de ruta: estabilizar, atender las urgencias sociales y convocar elecciones”. El camino es difícil y corto, pero si contribuimos todos (cada Uno según le corresponda) a quitar las sillas que molestan en el andar político desconcertado, es probable que cumpla su compromiso, porque él también quiere quitarlas para que las ciudadanas y ciudadanos podamos vivir de forma más digna, cada una o cada uno con su cadaunada como persona. Pero no es solo “su problema” sino “nuestro problema”, para que este país abandone su tristeza y conformismo intrínseco para dar paso a nuevas alamedas de libertad que permitan recuperar otra forma de ser en el mundo, recordando a Salvador Allende. Teniendo fe en el destino de este país, porque seremos capaces de superar etapas grises anteriores y porque más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pasen personas libres para construir una sociedad española mejor.

Alberto Manguel “quita sillas” en su país para que los trabajadores de la Biblioteca Nacional, donde se deposita el conocimiento ordenado que se comparte con los demás, no tengan obstáculos para abrirla a diario a nuevas formas de comprender qué pasa en un mundo en que no sabemos lo que nos pasa. Para que cuando la ciudadanía entra en aquella casa de la cultura todo funcione a la perfección, solo con el compromiso a flor de piel de que cada uno actúe conforme a la ética cotidiana de cada cual. Como pasa en la vida misma.

Creo que he aprendido esta lección simbólica de Manguel, una forma honesta de quitar todas las sillas indignas que pueda de mi alrededor cotidiano, para que triunfe el nuevo presidente. Para que no tropiece con aquello que de mí depende.

Sevilla, 2/VI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://overthekneeproject.wordpress.com/2013/06/26/cafe-mullerle-sacre-du-printemps-teatro-san-carlo-napoles/

(1) https://joseantoniocobena.com/2018/05/26/elogio-de-la-etica-cotidiana/

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