La ventana discreta / 6. El futuro ya no será lo que era

ENCRUCIJADA

Sevilla, 4/IV/2020

Se ha atribuido durante mucho a tiempo a Groucho Marx la frase “el futuro ya no es lo que era”, cuando todo apunta a que su autor fue el poeta Paul Valéry, exactamente con esta expresión: “El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era”, junto a otra que me parece de un contenido similar y didáctico en este tiempo de confinamiento: “El futuro es preparar al hombre para lo que no ha sido nunca”. Cualquiera de las dos aborda de forma breve lo que verdaderamente nos está pasando, aunque también debo afirmar sin ambages que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa y, mucho menos, lo que nos pasará a partir de ahora. Sea de quien sea la autoría, estoy seguro de que Groucho lo pensó siempre por su devenir existencial.

Desde mi ventana discreta, recurro en primer lugar a la inteligencia digital porque necesito resolver este futuro incierto que ahora mismo es solo presente, con la ayuda del mundo digital, intentando analizar de la forma más rigurosa posible cómo podemos salir de esta situación cuando sea posible a tenor de los riesgos que estamos corriendo en la actualidad, analizando la información más ajustada a la verdad científica actual, porque huyo de la respuesta que sé que circula inmediatamente por los círculos mágicos que venden manuales de respuestas rápidas a precio muy barato: ¡es y será la economía, idiota!, emulando la respuestas del asesor de Richard Nixon, pronunciadas hace ya años en un lugar del mundo de cuyo nombre no quiero acordarme. Precisamente, ahora el problema no es de raíz económica, aunque al final lo será sin lugar a dudas.

Tengo que reconocer que existe un problema grave consistente en que no existen manuales para preparar el futuro, el día después o al menos yo no los conozco. El problema es de tal magnitud que será necesaria una Reconstrucción del Mundo con un alcance que no se ha conocido jamás. Casi todas las respuestas que teníamos en el mundo para todo lo que se movía en él hasta hace solo tres meses, desde la fecha del inicio de la pandemia, ya no sirven para casi nada y ahora, en medio de una incertidumbre mundial incalculable, tenemos que barajar el cambio masivo de todas las preguntas y respuestas para construir el nuevo futuro a tenor de lo ocurrido.

Los elementos de contexto de pesadumbre y desconcierto por lo que está ocurriendo no son privativos solo de este país, sino que estamos asistiendo a una ceremonia mundial de incertidumbre que ya presagiaba Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977, cuando defendía que estamos instalados en la inestabilidad, afirmación derivada de su actividad científica. Ya lo vaticinó también Heráclito de Éfeso, muchos siglos antes, en su clásico discurso sobre “todo fluye, nada permanece”, pero sin que todavía se hubiera impregnado del magma de la miseria social, cuando la ausencia de democracia tomó el control férreo del rumbo social de la humanidad. Por cierto, sin enterarse la Iglesia a lo largo de los siglos de lo que en realidad le pasaba al mundo inestable, al interpretar que aquello era la constatación más plena de que hay tiempo de todo en la existencia y que la fragilidad de fragilidades es solo fragilidad total. Bastaba solo comprender que todo era vanidad de vanidades, todo vanidad.

Vuelvo a leer a Gabriel García Márquez, mi querido Gabo, en el Prólogo de Doce cuentos peregrinos – obra que recomendaré siempre para las mesillas de noche de las personas que me acompañan en “La Isla Desconocida”-, porque quiero cumplir una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, cuando se navega en los mares procelosos de la turbación ignaciana: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”, las que ahora estamos sufriendo al prepararnos para el futuro próximo que ya sabemos que no será lo que antes era, para volver a ser o tener lo que quizá nunca hemos sido o tenido antes.

Es lo que me permite comprender ahora que somos peregrinos en un camino hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados, para asimilar lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas, fracasos humanos y sociales en torno a esta pandemia.

Lo que deseo ahora, siguiendo los consejos de Pablo Neruda, es agregar luz a la patria en tiempos revueltos, como ciudadano de a pie que solo camina a veces en la más profunda oscuridad e incertidumbre para encarar el futuro: “Otra vez, ya se sabe, y para siempre / sumo y agrego luz al patriotismo: / mis deberes son duramente diurnos: / debo entregar y abrir nuevas ventanas, / establecer la claridad invicta / y aunque no me comprendan, continuar / mi propaganda de cristalería” (El Sol). Navegando al desvío de aguja por las interferencias de la vida diaria, en el aquí de este momento y en el ahora de este confinamiento.

NOTA: la imagen se recuperó el 1 de diciembre de 2018 de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.