España, camisa joven y blanca de mi esperanza

Sevilla, 20/III/2021

El pasado 10 de marzo se presentó el Informe Juventud en España 2020, así como su Resumen Ejecutivo, publicados por el Instituto de la Juventud, en el que se tratan asuntos de gran interés social en nuestro país, teniendo en cuenta también la situación de los jóvenes durante la primera ola de la pandemia (el estudio se había iniciado en 2019), a través de trece capítulos: la juventud: una aproximación demográfica, la educación de la juventud española, el mercado de trabajo y los jóvenes: desempleo, precariedad y segregación ocupacional, movilidad de clase y expectativas de futuro de la población joven, vivienda y emancipación juvenil, ocio, nuevas tecnologías y juegos de azar, agenda joven: actitudes e intereses, la socialización política, la participación política de la juventud, el compromiso de la juventud con la igualdad de género, la sexualidad de la juventud: actitudes y hábitos, el cambio climático: una bandera generacional y los jóvenes frente a la covid-19.

Como se manifiesta en su presentación, “es importante contar con datos fiables y representativos que nos ayuden a hacer un correcto diagnóstico para poder plantear soluciones. El diseño de políticas públicas de juventud debe estar basado en la realidad juvenil y esa es la intención del Informe Juventud en España 2020, cuyo objetivo es presentar una radiografía general de la situación de las y los jóvenes españoles teniendo en cuenta su enorme heterogeneidad. Es por ello que hemos preguntado por la situación de la educación, del empleo, de la emancipación, por sus intereses y actitudes con respecto al ocio, a la sexualidad, a la igualdad de género y al cambio climático”.

El hecho de traerlo hoy a colación en este cuaderno digital se debe a dos razones de interés público en mi búsqueda de islas sociales desconocidas. En primer lugar, porque cuando hablamos de juventud hablamos necesariamente del futuro armado y sustentado hoy o no por un presente, donde la situación de los jóvenes es de especial relevancia para este país en los momentos actuales de la pandemia, casi instantes después de la mal llamada “generación perdida” por el desastre económico mundial y de este país a partir de 2008. En segundo lugar, porque este informe nos ayuda a dar sentido a la juventud de nuestro país, esté ilusionada o no con su futuro, quizás estando a punto de finalizar sus estudios y poder acceder o no al mercado laboral, siempre y cuando la sociedad, que somos nosotros en el yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos que nos corresponda, somos el viento que los empuje. También porque estudios como estos nos ofrecen ilusión suficiente para instalarnos en el progreso, en el nuevo futuro, aunque sepamos ya que no será lo que fue porque necesitamos no cambiarlo sino transformarlo en beneficio de todos, sobre todo de los que menos tienen.

Comenzando por la aproximación demográfica a la situación actual de los jóvenes, el estudio es rotundo: “Durante las últimas décadas, la demografía española se ha ido transformando de tal manera que las personas jóvenes han perdido paulatinamente peso dentro del conjunto de la población. Esto se ha debido esencialmente a dos factores: por un lado, un incremento en la longevidad hasta alcanzar una esperanza de vida de 83 años en 2019, entre las más altas de la Unión y, por otro lado, una caída en la tasa de fertilidad, que se ha reducido a los 1,31 hijos por mujer. El resultado ha sido un aumento en la edad media, que sitúa a España como uno de los países más envejecidos de Europa. En cualquier caso, estos cambios demográficos en la juventud se han producido en paralelo al incremento en la diversidad de sus orígenes y a una transformación de las estructuras familiares tradicionales”. Longevidad y descenso en caída libre de nacimientos, un camino en paralelo que hoy por hoy no tiene perspectivas de solución demográfica porque los datos son tozudos y reales.

Con un epígrafe alarmante y realista se aborda el papel actual que juegan los jóvenes en nuestro país, como fuerza motriz del mismo y su débil relevancia del peso cuantitativo en la participación social en todos los estamentos posibles: “En la actualidad España cuenta con 10.094.500 jóvenes de entre 15 y 29 años. Desde mediados de la década de los noventa hasta 2020 este número se ha reducido en casi tres millones siendo España el segundo país con menos población joven, porcentualmente, de toda la Unión Europea. La cohorte de edad comprendida entre los 15 y los 29 años alcanza el 10,8% de la población de hombres (5.098.616) y el 10,5% de las mujeres (4.995.884). Por su parte, los mayores de 50 años suponen el doble de personas que la juventud española, lo que se traduce en un escaso peso cuantitativo de estos últimos”. España es una sociedad de “hijo único” y con un envejecimiento progresivo.

El estudio es muy completo pero en este artículo sólo voy a resaltar, con criterio propio, los que considero de mayor relevancia, recomendando como siempre la consulta del documento completo para no alterar su contenido esencial y objetivo. Destaco por esta razón el capítulo dedicado a la educación, elemento para mí transcendental en el presente de este país y, obviamente, por su representación para el futuro. En nuestro país sufrimos el denominado “reloj de arena” en el que se da la paradoja de un mundo universitario muy fecundo y un abandono escolar alarmante, lo que ocasiona que tengamos una ausencia clamorosa de titulaciones intermedias, dando lugar a un enorme desequilibrio entre jóvenes desocupados u ocupados con trabajos precarios y jóvenes profesionales en el paro: “En 2010 la tasa de jóvenes españoles que salieron de manera precipitada de las escuelas fue del 28,2%, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Un dato positivo es que la tasa se ha ido reduciendo a un ritmo constante desde entonces, siendo del 17,3% en el año 2019 de acuerdo con la misma fuente. No obstante, a pesar de estos avances, España aún sigue situándose a la cola de los países de nuestro entorno”. Esta situación se ha agravado con la pandemia, teniendo en cuenta que el 10% de alumnos no ha podido seguir con una escolarización reglada por múltiples causas aunque casi siempre estaban muy vinculadas a las oportunidades o no de la escolarización digital en función de la pertenencia o no a determinadas clases sociales.

Tasa de abandono escolar temprano según género en la Unión Europea. Fuente: Eurostat 2019. UE27 y UE28 hacen referencia a la media de los países de la Unión Europea, con y sin Reino Unido respectivamente.

Otro capítulo, obvio, es la precariedad laboral en la juventud, obteniendo datos en el informe muy preocupantes, fundamentalmente con ocasión de la pandemia, donde trabajos cualificados de muchos jóvenes se han podido salvar por el teletrabajo, no así en los que la presencialidad era casi obligada, cuestión que los ha llevado masivamente al paro, como en el caso de los trabajos encuadrados en el sector servicios. Los jóvenes forman parte de una alianza preocupante de segregación laboral junto a mujeres, emigrantes y desempleados mayores de 50 años.

La situación laboral de los jóvenes en general es verdaderamente alarmante atendiendo a las cifras frías actuales: “La inserción en el mercado de trabajo es una etapa clave en el ciclo vital de la juventud que no solo afecta a su futuro laboral, sino a sus probabilidades de emanciparse e incluso de formar familia. El número de jóvenes desempleados aumentó de manera drástica durante la crisis precedente (2008-2014). En el año 2013, la tasa de paro de los jóvenes alcanzó un valor máximo de 42,4%. Entre los menores de 25 años esta cifra fue mayor, llegando al 58% en 2014. En adelante y coincidiendo con la recuperación económica el número de parados comenzó a disminuir, pero la crisis sanitaria y económica derivada del coronavirus ha supuesto un nuevo golpe para el empleo juvenil. En el último trimestre de 2020, el INE registraba un 40,1% de desempleo entre los menores de 25 años de ambos sexos; 9,6 puntos más que en el mismo trimestre del año anterior. Con estas cifras, España se sitúa a la cabeza de Europa en desempleo juvenil, seguida de Grecia (35%) e Italia (20,7%) y muy lejos del 6,1% de desempleo juvenil en Alemania”. Las cifras del cuarto trimestre de 2020 son esclarecedoras de estos desajustes en el empleo juvenil.

Para terminar esta breve aproximación, dedico también una reflexión a un apartado analizado en el estudio, que he querido analizar en profundidad por las vivencias desajustadas socialmente que estamos observando en muchos jóvenes en relación con la socialización política, porque de la política correctamente entendida provienen las soluciones legales y económicas en relación con el empleo. El primer resultado de interés es que el 37,36% de los jóvenes encuestados sigue manifestando que están interesados por la política, habiendo bajado 3 puntos y medio respecto del estudio de 2012 (40,72%) y con una caída representativa en el tramo de 15 a 19 años, de casi 8 puntos, cuestión no baladí en la situación actual, interesándose por la política más por Internet que por los medios tradicionales de comunicación social, lo que personaliza más este ámbito decisional. Sí me ha llamado la atención los tres acontecimientos que consideran más relevantes en los últimos 30 años: el 11 de septiembre (Torres Gemelas), dinámicas relacionadas con Cataluña y el cambio climático. Otro hecho relevante es que la discusión política en casa ha decaído de forma espectacular en relación con el estudio de 2012, el 27,32% frente al 50,73%. La educación para la ciudadanía que han recibido los estudiantes no acaba de compensar en la escuela el déficit de politización de los hogares, es decir, los hogares siguen teniendo muchísima importancia en que a los jóvenes les interese la política en edades tempranas y la escuela no es capaz de compensarlo. Interesante reflexión a la luz del informe.

Me atrevo a decir que más que una generación perdida de nuevo, el que está perdido a veces es nuestro país, como bien se resalta en el estudio: “De entrada, nuestro punto de partida es rechazar la etiqueta de generación perdida. Muy al contrario, una juventud sin oportunidades no constituye una generación perdida, sino que revela un país perdido en su conjunto. A nuestro juicio, la infancia y la juventud son un bien público y como tales deben ser concebidos; su bienestar es una condición sine qua non para tener un país próspero y cohesionado. Pero, además, continuamente matizaremos que no hablamos de una juventud, sino de muchas. Las diferencias de origen social, género, grupo étnico… son solo algunas de las que fracturan a los y las jóvenes en conjuntos muy diferentes. Por supuesto, las generaciones jóvenes tienen experiencias compartidas basadas en el momento temporal en el que se encuentran. Sin embargo, estas vivencias se ven tamizadas por el propio entorno y su condición individual. Imposible, por lo tanto, simplificar hablando del destino de toda una generación”.

Es muy importante analizar en profundidad el informe, es más, creo que es urgente para poder estar informado a la hora de evaluar qué es lo que está pasando con la juventud española, porque siento más que nunca la necesidad de que los jóvenes de este país tomen el relevo urgentemente para la construcción del mismo a tenor de las oportunidades que se abren con una nueva forma de comprender la vida, mucho más ante los retos de la reconstrucción obligada de casi todo por lo ocurrido con la pandemia. Como se observa en el estudio, los jóvenes han salido a la calle para reivindicar protestas de forma mayoritaria, frente al mero aplauso desde los balcones. Todo un símbolo de España, camisa joven y blanca de nuestra esperanza, cuando en mi banda sonora existencial, como persona mayor hoy, me atrevo a cantar de nuevo a los cuatro vientos el sueño de mi país cuando éramos jóvenes y aventureros, porque quiero ser una parte del viento que empuje a los jóvenes de hoy que tanto lo necesitan: “España, camisa [joven y] blanca de mi esperanza / reseca historia que nos abraza / por acercarse sólo a mirarla. / Paloma buscando cielos más estrellados donde entendernos sin destrozarnos / donde sentarnos y conversar. // España camisa [joven y] blanca de mi esperanza / aquí me tienes nadie me manda / quererte tanto me cuesta nada. / Nos haces siempre a tu imagen y semejanza / lo bueno y malo que hay en tu estampa / de peregrina a ningún lugar”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.