Van Gogh siempre es un vecino especial

Sevilla, 8/IV/2021

Esta mañana me he cruzado con la mirada inquietante de Van Gogh, en un retrato realizado sobre un cierre metálico de una cafetería y bar de copas en Sevilla, en un barrio próximo al mío. Inmediatamente, lo he recordado una vez más en este cuaderno digital porque su presencia siempre da un valor especial a estas páginas. Repaso algunas de las palabras que escribí en su momento y me reafirmo en todas ellas. Decía en 2015 que “siempre me ha sorprendido la pintura de Van Gogh, sus trazos finos y gruesos. En enero de 2005 finalicé la copia de un cuadro suyo, La cosecha (en La Crau), como primer trabajo del taller municipal de pintura en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor”.

La cosecha, Van Gogh, 1888 / copia realizada por JA COBEÑA (octubre 2004-enero 2005)

Aquellas palabras surgieron porque en ese día había arrancado la hoja del almanaque de Taschen (un regalo muy especial) dedicado ese año a su obra pictórica y porque aparecía el 15 de junio ese cuadro, horas antes de que finalizara un día muy especial de homenaje personal a un pintor excepcional, mi maestro en una etapa muy importante de mi vida. Por ese motivo consideré que “debía escribir algunas palabras sobre este “vecino raro”, tal y como lo denominaban los habitantes próximos de Nuenen (Holanda), donde trabajó y vivió durante dos años el pintor y donde se tomó en noviembre de 2014 la iniciativa más cálida en relación con la celebración del 125 aniversario de su muerte, acaecida el 25 de julio de 1890. El cuadro recibe una mirada mía todos los días y recreo en él lo que sentí al pintarlo, resonando en mi persona de secreto lo que él opinó en su día sobre su obra original, pintada en una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

El primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

Comprendí entonces y he comprendido hoy al ver el retrato de Van Gogh, el mensaje del pintor y su “rareza” en un mundo diseñado por el enemigo, a veces infinito y eterno, pero que él siempre intentó hacerlo más habitable y humano. Es lo que en el fondo y forma deseo pintar hoy y siempre, incluso con palabras. De nuevo, he pensado que sus vecinos “normales” han admitido su singularidad, invitándonos a recorrer en bicicleta un carril-bici en ese pueblo adoptivo, en un homenaje diario que simboliza el cielo estrellado al que tanto quiso.

Vincent Van Gogh, quien imaginaba sueños para después pintarlos para los demás en su mundo precioso de cielos estrellados, es recordado todos los días por sus paisanos y vecinos ocasionales de Nuenen (Holanda). También hoy, al pasear por un barrio de Sevilla, ciudad en la que Stefan Zweig afirmó que “se podía ser feliz”, el rostro de un vecino singular y especial , Vincent Van Gogh, me ha sugerido de nuevo que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, incluso en plena pandemia, sobre todo si es un camino iluminado por la dignidad de algunas estrellas, las que nos acompañan a diario como a él para pintar nuestros mejores sueños.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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