Un nombre de vacuna del que quiero hoy acordarme

Sevilla, 13/IV/2021

Hoy me han vacunado contra la COVID-19, con un producto pionero en esta respuesta mundial a la pandemia, una vacuna que tiene nombre propio, tozinamerán, aunque es conocida a nivel mundial como la vacuna de Pfizer-BioNTech, que siempre se debería citar así, con un nombre en clave también, BNT162b2, que contempla las siglas de la empresa desarrolladora de la tecnología de este tipo de vacunas, BNT (BioNTech) , mientras que Pfizer ha sido el productor de la misma. Su característica fundamental es que es “una vacuna de ARN compuesta de ARNm con nucleósidos modificados que codifican la espícula viral del SARS-CoV-2, virus causal de la COVID-19. El ARN se encuentra encapsulado en nanopartículas lipídicas” (1). Pfizer venía trabajando desde 2018 junto a BioNTech con esta tecnología de ARN mensajero, pero aplicada a la vacuna de la gripe.

Creo que hoy me corresponde mostrar el agradecimiento en cadena hacia las personas, profesionales, investigadores e instituciones públicas y privadas nacionales e internacionales, Gobierno de España y a la Unión Europea, que han intervenido en esta cadena de valor público y de interés general circular para hacer posible esta vacuna y otras del mercado actual, llevando la protección preventiva y segura a millones de ciudadanos de este país y del mundo. En este sentido, quiero destacar respecto de la de Pfizer-BioNTech, la aportación científica mundial para contrarrestar la pandemia que ha hecho un matrimonio alemán, de origen turco, Uğur Şahin (1965, Alejandreta) y Özlem Türeci (1964, Lastrup​), fundadores de BioNTech, “hijos de inmigrantes turcos en Alemania. Şahin es hijo de un turco que trabajaba en una fábrica de Ford en Colonia. […] Sahin y Türeci son hijos de trabajadores de la primera generación de inmigrantes turcos invitados por Alemania, en un programa conocido como Gastarbeiter. Sahin se graduó en 1990 y trabajó en hospitales universitarios en Colonia y en el Hospital Universitario del Sarre (Universitätsklinikum des Saarlandes, en alemán) en la ciudad de Hamburgo donde conoció a Türeci durante el comienzo de su carrera académica. En 2001 crearon Ganymed Pharmaceuticals (GP) para desarrollar anticuerpos contra el cáncer pero Sahin nunca abandonó la investigación académica y la enseñanza. GP terminó siendo vendida a la empresa japonesa Astellas en 2016 por casi US$1,4 mil millones. Para entonces, el equipo de GP ya estaba ocupado construyendo BioNTech, fundada en 2008, en busca de una gama mucho más amplia de herramientas de inmunoterapia contra el cáncer” (2). Es una lección magistral de lo que aporta la migración, que no deberíamos olvidar.

Hemos comprobado que las ciencias adelantan que es una barbaridad, porque hace tan sólo un año, en el primer mes de la pandemia, escribía en este cuaderno digital que la ciencia resolvería el gravísimo problema que estábamos atravesando, recordando cómo el Sur, donde vivo, puede hacer preguntas a la ciencia a través de su expresión genuina del flamenco sabio y popular, poniendo como ejemplo una soleá preciosa cantada por Enrique Morente, Soleá de la ciencia, que publicó en una obra emblemática en su discografía bajo el título de “Morente sueña la Alhambra”, de la que transcribía la letra y su versión original, “como homenaje a un poeta de la vida corriente, cantor de los atardeceres y de la hora malva de Granada, una hora muy querida por Gabriel García Márquez, que amaba el flamenco y que llegó a decir que cuando El Lebrijano cantaba “se mojaba el agua”. La soleá cantada por Morente es un reflejo fiel de lo que supone la dialéctica del conocimiento de base y el de laboratorio, de la prisa existencial que teníamos en ese momento por solucionar la atención urgente al coronavirus, mirándole a la cara y pidiendo a la ciencia, tan presumida ella, que comprendiera desde el Sur cómo estábamos sufriendo sus efectos hasta que nos diera la mejor respuesta: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Porque siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Lo importante hoy, en el contexto que lo escribo, una vacunación entre millones en el mundo, es ilusionarnos con el saber compartido sobre la esencia de este palo y de estos avances científicos: interpretar los puntos cardinales de la existencia: la vida, el amor, el dolor y la muerte, desde la inteligencia del Sur, con la capacidad de hacer preguntas a la ciencia como solo Morente sabía cantarlo, con quejío en nombre de Andalucía. ​Hoy, también, porque desde esta tierra quiero dejar constancia del agradecimiento a la ciencia al haber comprendido con su investigación el dolor del mundo, no solo el mío, por esta trágica pandemia.

(1) Vacuna de Pfizer-BioNTech para la COVID-19 – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) BioNTech – Wikipedia, la enciclopedia libre

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.