¿Tiene alma el agua?

Jaume Plensa, El alma del agua

Sevilla, 22/X/2021

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Rafael Alberti, primer verso de Si mi voz muriera en tierra, en Marinero en tierra, 1924

No es extraño que hoy escriba sobre el alma del agua, con motivo de la próxima inauguración en Nueva Jersey de una escultura, “Water’s soul” (El alma del agua), de 22 metros de altura, realizada por el artista catalán Jaume Plensa, que llama a la reflexión humana a través del silencio. En este cuaderno digital el agua tiene un sitio muy especial, sobre todo cuando nos situamos en la simbólica amura de babor, que no de estribor (al buen entendedor con pocas palabras basta), de la carabela imaginaria rotulada en blanco con un nombre sugerente, La isla desconocida, que me susurró un día ya lejano José Saramago, en la que viajo a través del papel en blanco o lleno de palabras, con alma también, desde hace ya casi dieciséis años, surcando mares procelosos en busca de islas desconocidas.

La escultura representa una cara de una joven con los ojos cerrados, el pelo recogido en un moño y un dedo llevado a los labios llamando, según explica el propio Plensa, obra de “30 toneladas de fibra de vidrio estructural con resina y polvo de mármol, óxido de calcio que logra «el blanco más puro». Está instalada en un muelle del barrio de Newport, en Jersey City, justo delante de Ellipse, uno de esos rascacielos que han redescubierto el agua como epítome del lujo y que disfrutan, como la escultura ahora, de vistas privilegiadas del oeste de Manhattan. Y fue un encargo de las familias LeFrak y Simon, los promotores que han desarrollado esta comunidad, pero ahora ya es patrimonio ciudadano” (1). En el artículo referenciado, he escuchado atentamente al artista para no reinterpretar su obra y el contenido que le da toda su fuerza y esplendor: “Es una pieza fascinante porque tiene este enigma de esta intimidad”, asegura. “Desde hace muchos años estoy buscando dar intimidad al espacio público, que cada uno que llegue aquí imagine su interior y piense y reflexione sobre este silencio que pide la escultura”. Explica también una “obsesión” que conserva en su persona de secreto, el agua del Mediterráneo. Es esta la razón de que esta escultura esté muy cerca del agua, recordando al pueblo Lenape, el pueblo originario de esta región, con el que dice identificarse. “Ellos creían que todas las cosas tenían alma y yo creo que el agua tiene un alma especial”. Agrega también que “Un río es tal vez la mejor descripción del concepto de agua de los clásicos, que decían que el mismo agua nunca puede ser vista dos veces porque es la idea o la imagen del movimiento perpetuo”, prosigue. “Creo que esto es interesantísimo, sobre todo en una época como la actual, en la que la naturaleza está un poquito tocada porque nos hemos excedido. Sé que hay otras cosas muy importantes en la vida, pero en mis obras intento hablar de preguntas muy profundas y eternas y yo creo que el agua es eterna, es una de las grandes preguntas”. Los tres elementos, la llamada a la reflexión, el espacio público y el agua, se combinan en la intención de Water’s Soul, según relata también Plensa. “En un momento en que hay tal cantidad de información, en que el ruido mediático es tan enorme que nos invade la mente, esta pieza también está pidiendo este silencio personal a todos nosotros para escuchar”, dice. “Y está este sonido poético del agua, esta voz profunda que nos llega de esta cosa que no podemos controlar, que no es nuestra, que nos pertenece a todos. Y yo siempre hablo del agua como un espacio público extraordinario. Nos une de verdad de todos. Ese es el gran vínculo con todas las cosas. Y pedir silencio creo que es fundamental porque es un silencio poético, no es un silencio autoritario”.

He escrito en bastantes ocasiones sobre el agua en este blog, decantándome siempre por su declaración como derecho fundamental en el acceso a la misma:  Agua y cerebroArqueología subacuática… del cerebro y El aquí y ahora del agua, como textos fundamentales. Destaco sobre todo el pronunciamiento de su vinculación con el cerebro y con las decisiones que puede tomar gracias al agua, que lo hace inteligente entre otras funciones. En tal sentido, fue una experiencia maravillosa el que incluyeran en 2008 una referencia mía al respecto en la exposición de motivos que sustentaba el articulado reformatorio de la constitución nacional de Colombia a fin de consagrar el derecho al agua potable como fundamental y otras normas concordantes con tal declaración para ser sometido a la consideración del pueblo colombiano mediante referendo constitucional: “Esta mágica sustancia es vida, simboliza vida. Sin ella no existiríamos y no podríamos estar en comunicación. Podemos afirmar que somos la inteligencia del agua. Como lo expresa el profesor español, José Antonio Cobeña, autor del libro La Inteligencia Digital: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”. Finalmente, el texto para la reforma de la Constitución de Colombia fue avalado por 2.039.812 firmas, reconocidas oficialmente por la Registraduría Nacional del Estado Civil, aunque finalmente no prosperó, después de un debate parlamentario en 2010.  Cuesta mucho trabajar en clave de dignidad humana compartida, firme, constante y frecuentando permanentemente el futuro más esperanzador para todos, como dueños del sol, la luz y el agua.

Junto con el agua hay una constante en este cuaderno digital sobre la magia del silencio, al que he elogiado siempre que me acerco a él, leyendo a diario un libro de cabecera, El arte de callar (2), que me ayuda a entenderlo cada día más y de la mejor forma para aplicarlo en mi vida diaria, cuando leo atentamente lo que expresaba en él el abad Joseph Antoine Toussaint Dinouart (1716-1786): “sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio” (Principio 1º, necesario para callar). Tampoco olvido el 14º principio y último: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. Como siempre, el maravilloso sentido de la medida debe estar presente en nuestras vidas.

David Foster Wallace pronunció en 2005 un discurso dirigido a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, comenzando con una pequeña parábola: “Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, “Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, “¿Qué demonios es el agua?” La respuesta la encontré en un artículo de Álvaro Marcos, que reflexionaba en un artículo publicado en El estado mental, sobre atención y dignidad en un mundo complejo, sobre “peces”, que me lleva de nuevo a prestar atención al agua y a su alma, que la tiene, porque “aprender a pensar y a vivir una vida compasiva (y, por extensión, “digna”) conlleva preservar “el grado de (auto)consciencia suficiente para elegir a qué prestamos atención y decidir cómo construimos significado a partir de la experiencia”, instando a no perder nunca de vista todo aquello que, si bien esencial, de puro ubicuo se torna transparente hasta hacerse invisible, de modo que hace falta recordarse, una y otra vez: “esto es agua, esto es agua”. Porque “la verdadera libertad requiere atención, y consciencia, y disciplina, y ser capaz de preocuparse por otras personas, y de cuidarlas y sacrificarse por ellas de mil maneras casi imperceptibles y muy poco atractivas, cada día”. ¿La alternativa a este esfuerzo?: “la inconsciencia, la configuración por defecto, la ‘carrera de ratas’, la sensación continua y punzante de haber tenido y haber perdido algo infinito” […] “Y es que preguntarse por la importancia de la atención viene a ser como preguntarse por la importancia de la importancia: algo que parece una perogrullada y, por eso mismo –como sucede con todas las aparentes perogrulladas-, un ejercicio extremadamente sano y revelador”.

Hoy he prestado una atención especial al agua, a su alma, que la tiene, que además se convierte ahora en un asunto relevante, nadando -como estamos- en la mediocridad de los olvidos para alimentar el espíritu. Porque hay que recordar que el agua es el secreto de la vida. Porque la Verdad, según Foster Wallace, “Tiene que ver con el verdadero valor de la verdadera educación, que no va de notas ni de obtener títulos y sí simplemente de estar atento, atento a lo que de verdad es muy real y fundamental, a lo que está tan escondido, incluso a la vista de todos, que tenemos que seguir recordándonos una y otra vez: “Esto es el agua, esto es el agua” […] La enseñanza más urgente de la historia de los peces es, simplemente, que los aspectos de la realidad que resultan más obvios, más ubicuos e importantes, a menudo son los más difíciles de ver y de los que más cuesta hablar”, […] “si a la hora de escoger los asuntos sobre los que pensáis, vuestra libertad de elección os parece demasiado evidente como para que merezca la pena perder el tiempo hablando de ello, yo os pediría que pensarais un poco en los peces y el agua y que aparcarais por un momento vuestro escepticismo con respecto al valor de las cosas que parecen muy evidentes”..

Tengo muy claro, al igual que Alberti, que el día que mi palabra se quede sola en la tierra, quiero que la lleven al mar que amo y que la dejen en la ribera, para que ese mar la recoja y la lleve hasta su alma secreta. Hoy, es mi mejor elogio del agua, aprendido de Rafael Alberti, a quien tanto debo:

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera
.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra
.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento una vela!

(1) El alma de Jaume Plensa emerge en las aguas del Hudson (epe.es)

(2) Dinouart, Joseph Antoine (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela, p. 53 (4ª ed.).

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://media.traveler.es/photos/61703f0f216a21da2b245d26/master/w_1920%2Cc_limit/IMG_9848.jpg

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.