¡Bienvenido, Black Friday! (III)


Americanos, vienen a España gordos y sanos
Viva el tronío y viva un pueblo con poderío
Olé Virginia y Michigan
Y viva Texas que no está mal, […] no está mal.

Bienvenido Mr. Marshall (1953)

Sevilla, 10/XI/2021

Como dije hace tres años…, vuelvo a exclamar con cierta desazón ¡Bienvenido Black Friday!, rememorando cómo este país acogió el siglo pasado, en plena dictadura, la influencia «salvadora», no inocente, de Estados Unidos, salvando lo que haya que salvar (valga la redundancia) en la llamada «nueva normalidad» y como símbolo del hiperconsumo desenfrenado. Al mismo tiempo, aplicando el principio de realidad a lo que está pasando y estamos viendo a diario, el Banco de Alimentos tiene que alimentar a más millones de personas en este país por haber alcanzado cifras insufribles de pobreza severa, la naturaleza sufre más que nunca por el cambio climático y el hiperconsumo de importación nos invade como justificación del funcionamiento ordinario del capital, asustándonos a diario además porque la escasez es un enemigo que acecha y es probable que de los productos deseados, no haya «para todos», teledirigidos eso sí por el Mercado como simple mercancía.

Lo he escrito recientemente: los agoreros mayores del Reino vienen anunciando desde hace unas semanas que estamos muy cerca de un gran apagón mundial (las linternas harán su Navidad) y de una escasez de productos galopante, incluidos los básicos de alimentación y de todo tipo. Dicen que los primeros avisos los podremos constatar en el próximo Viernes Negro (Black Friday), en el que faltarán productos electrónicos y de consumo por la escasez de semiconductores que les permitan funcionar, porque hay escasez de sus componentes básicos. Además, la electricidad está por las nubes, nunca mejor dicho, porque no llueve y la producción de este bien básico depende de este líquido elemento también, entre otras fuentes de generación más sofisticadas. En resumen, no salimos de una encrucijada mortal como ha sido la pandemia y ya nos tenemos que enfrentar a otras dos que son un órdago a la responsabilidad humana en relación con el consumo como determinante común, un hábito que se instaló con el capitalismo y que el desarrollo industrial y las ideologías practicadas en política universal no han logrado combatir en su justo sentido, inmersos en una espiral del mundo al revés, que demuestra que algo hay que hacer urgentemente para contener este loco mundo del que cada vez cuesta más bajarse, a pesar de las recomendaciones de Groucho Marx, hace ya muchos años, cuando lo intentó y no pudo hacerlo para desesperación de sus seguidores.

Así lo escribí también hace tres años y así lo reproduzco hoy, con una aparente normalidad que cada vez nos hace menos iguales ante los desafíos del capital. Eduardo Galeano tenía razón al describir el poder del consumo en el mundo al revés: «En esta civilización, donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve. Globalizaciónbobalización Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo». 

Mientras más de dos millones de personas esperaban el sábado pasado un día particular, sin ningún color especial, para poder alimentarse con dignidad durante varias semanas, sin americanismo alguno, gracias a la solidaridad ciudadana con el Banco de Alimentos en todo el país, otros millones importan una iniciativa, Black Friday, en una respuesta compulsiva para no perder la maratón particular del consumo.

Es curioso constatar cómo el Mercado [sic] crea su propio ecosistema a nivel mundial, para crear necesidad de consumo donde no existe la necesidad realmente. El síndrome de la última versión, en tecnología o en moda lista para llevar, porque nos convencemos que lo último de lo último nos estaba esperando en la estantería correspondiente un día como hoy y que lo más barato hay que comprarlo con urgencia para “no ser tontos”, según el eslogan de turno, acaba haciendo estragos en las maltrechas economías de muchas familias.

Sé que estas reflexiones se pueden interpretar como una salida de tono sobre el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo, pero sigo defendiendo que no es lo mismo valor que precio de lo que realmente necesitamos, como suele confundir todo necio. Además, la dignidad de la vida sencilla está por encima de las mercancías, que a toda costa intentan vendernos los nuevos Míster Marshall que merodean por nuestro país vestidos curiosamente de negro, el color del viernes que intentan justificar como necesario para ser felices. Con su tronío y poderío, porque España… ya sabemos que no es de librerías.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.