Esta frase del título de las palabras de hoy, que todavía me quedan, la leí en una obra de Eduardo Galeano que suelo repasar con frecuencia: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Cuenta el escritor uruguayo que “alguien, quién sabe quién”, la escribió al pasar, en un muro de la ciudad de Bogotá. Como alumno matriculado en esa escuela, sé que esa frase está incrustada en un capítulo que ayuda a entender ese mundo al revés que tanto sorprende a diario, de cuyo nombre quiero hoy acordarme: La contraescuela. Traición y promesa del fin del milenio.
En este contexto, he recordado que hace cuarenta y cuatro años publiqué un artículo en la página de opinión de un periódico de Sevilla muy combativo en la Transición, El Correo de Andalucía (7/VIII/1977), que llevaba por título Un profeta para una pintada, que reproduzco a continuación, sobre la importancia de escribir grafitis en paredes desconocidas, a modo de páginas en blanco, sobre el desencanto existencial ante el mundo al revés, algo que traduce la expresión que encabeza hoy estas líneas.
“Padecemos un fenómeno alarmante: ausencia y fuga de profetas. Casi sin darnos cuenta, el mundo asiste a un espectáculo desenfrenado de comunicación de masas donde cualquier grito de denuncia es sofocado con insistencia machacona por aquellos «a quienes corresponde». Siempre queda en el aire un sector de los que tienen que callar por desgaste multisecular. He aquí la necesidad del profeta, de hombres y mujeres auténticos que hablen en lugar de otros, de los que no se erigen detentadores de todos los poderes a costa del propio ser humano, pero que conoce la vida en profundidad y grita en favor del que se siente sofocado.
Y su ausencia se nota. El grupo, el equipo, el partido, la confesión religiosa y así sucesivamente, sacrificando a menudo a los profetas, incluso a sus profetas, por un prurito de nombre, de clase, grupo o ideología compacta. Este ha sido el «milagro español» durante muchos años: fuga de cerebros, y por qué no, fuga de profetas, fuga de inteligencia y de voluntad, de corazón. Y el país lo nota.
No hace muchos días, vi una pintada en una calle céntrica de Sevilla que me recordó esta ausencia. Decía más o menos así: «A los de vida destrozada, ¿quién los reivindica?». Es verdad. Durante la última oleada electoral este grito hecho partido no se ha escuchado, porque los de «vida destrozada» comprenden un grupo amplísimo de mujeres y hombres que combaten diariamente a vida o muerte por la existencia. Es una neurosis de conflicto crónica y crítica, donde no hay tiempo para organizarse, porque la desconfianza en el propio ser humano es su mejor bandera.
Hubo ya un rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre que fuera convincente y tuviera fronteras. Al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Quizá sea ésta una razón metafórica inconsciente para no atender al interrogante de la pintada, porque indudablemente el parafraseado cuestiona la esencia humana y puede «amargar la existencia» a más de uno: «pensé un día reivindicar y decidí no hacerlo». Es el momento álgido: o profecía, o silencio culpable. Sin comentarios.
Afortunadamente, la ciudad va quedando más limpia. Pero, por favor, ésta pintada que no se borre. Puede ser que algún profeta se haga presente y se quede entre nosotros…”.
Al intentar buscar salidas a mi asombro actual ante la continua manifestación de acciones y palabras del mundo al revés, cuando casi todo está patas arriba, he recordado estas palabras escritas cuando era joven y pensaba y actuaba como joven, en una etapa crucial en nuestras vidas, porque comenzábamos en este país a reconstruirlo al derecho, no al revés, a la izquierda y menos a la derecha, con la ilusión paradójica de dejar el pesimismo para tiempos mejores. Les aseguro que es la palabra que me queda hoy en mi alma desconchada como la pared de la pintada, la de un pesimista que, según Benedetti, no es más que un optimista bien informado (1).
(1) Benedetti, Mario (2001). Haiku 123 en Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable:
–El Toto nunca tiene frío -decían.
Él no decía nada. Frío tenía: lo que no tenía era un abrigo.
Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Sevilla, 4/III/2021
A mi matusalénica edad, que diría Benedetti, he decidido matricularme en la escuela del mundo al revés, porque tal y como está la cosa me convenzo, cada día más, que no entiendo casi nada de lo que pasa, aunque muchos me adviertan que lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa y que me tengo que convencer de que “estoy obligatoriamente obligado a entenderlo”, como aprendí en mis años jóvenes del poeta malagueño Rafael Ballesteros. La verdad es que ese aserto no me soluciona nada, probablemente porque soy un inconformista de cuidado. En el acto de la matrícula (gratuita, por cierto) me han indicado un libro de texto muy interesante, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano, autor que siempre he admirado por sus lecciones de ética mundana. Me han dicho que es imprescindible llevarlo siempre encima para comprender bien el sentido de cada clase. ¿Se convertirá en un libro de cabecera?
Dicho y hecho. Abro el libro por su primer capítulo, para ir calentando motores, leyendo sin pestañear su primer apartado: Educando con el ejemplo: “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos”. La verdad es que para empezar no está mal el discurso, porque tengo que confesar que algo así me pasa casi todos los días, porque el mundo está trastocado y en permanente mudanza por tierra, mar y aire.
A continuación aborda varios epígrafes de marcado interés: los modelos de éxito, los alumnos y un curso básico de injusticia. Son tres maniobras de aproximación al mundo al revés, a título de ejemplo, que una vez leídas me han sobresaltado aún más, quizá sea por aquello del inconformismo crónico que padezco. Sobre los modelos de éxito arranca su análisis con una introducción contundente: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria”.
Cuando trata el epígrafe de los alumnos, otra vez vuelve a la carga para describir cómo es el mundo de muchos niños de hoy, es decir, su mundo al revés: “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. La verdad es que esta visión descarnada me sirve para darme cuenta de que hay personas en el mundo que siguen pre-ocupadas (así, con guion) con lo que pasa en el mundo o en mi barrio más próximo. Describe, uno tras otro, ejemplos de lo que pasa a los niños del mundo, que puede ser hoy lo que les ocurre a muchos niños y niñas aquí en Sevilla, en la barriada del Vacie o en las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur, en Amate y en Los Pajaritos: “Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden”.
El tercer epígrafe, dedicado al curso básico de injusticia, me ha conmovido en una de sus primeras líneas: “La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalitarismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la organización desigual del mundo. La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, que hemos ido descubriendo a lo largo de miles y miles de años”. Lo que más me ha sorprendido es la clamorosa diferencia que expone entre ser o tener, dialéctica que ya aprendí a identificar con Erich Fromm y que ahora rescato en las palabras de Galeano: Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino de la tilinguería [los tontos, bobos y simples], estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar. Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servicio del purapintismo [actitud de aparentar] de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía)“. Una anécdota que cuenta Galeano en este epígrafe me parece de un simbolismo práctico como la vida misma: “Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fútbol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerâo, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro en el norte”.
El mundo al revés que vivimos es que tenemos un problema económico muy grave en el país, que viene de antiguo, la irrupción brutal de la COVID-19, el paro galopante, el mal comportamiento de los políticos, del rey emérito y su cohorte, así como los problemas derivados de esta situación que son muchos; la sanidad pública cada vez más asfixiada en profesionales, la inversión y dotación económica insuficiente para casi todo lo que se mueve, problemas de pobreza severa y otros de variada índole social; la situación de los jóvenes cuya horquilla de fracaso social es cada vez más alarmante; también, la falta de conciencia ciudadana ante lo que está ocurriendo y, por último, la realidad alarmante de la eterna dialéctica entre educación pública y concertada, con gran menoscabo de la primera, cuando invertir en educación es la garantía de nuestro futuro.
Acabo por hoy, aunque reconozco que el Curso se está poniendo muy difícil de entender y asimilar, sobre todo porque estoy de acuerdo con la descripción del mundo al revés que hace Galeano, aunque no atisbo muchas salidas a esta situación. Ya lo comenté en este cuaderno digital el año pasado, porque él “nos invitó hace ya veintidós años a entrar en la escuela de ese mundo tan opresivo para personas que buscan otra forma de ser y estar en el mundo de todos y lo sintetizó en unas palabras, Si Alicia volviera, que no olvido: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies” (1).
Hoy, me he vuelto a asomar a la ventana de Alicia y me he dado cuenta de que lo que veo y siento es el mundo en su aquí y ahora en el que me ha tocado vivir. Reconozco que entenderlo, es harina de otro costal, porque casi todo está patas arriba.
(1) Eduardo Galeano (1998). Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Estamos viendo que una institución reverencial de la Constitución, la Corona, está en sus horas más bajas, porque no pasa un día sin que nos enteremos de noticias nada ejemplares de quienes detentan poderes fácticos en la monarquía, en un neoabsolutismo moderno y real (nunca mejor dicho) que deja bastante que desear. El pueblo, una vez más, espera siempre actitudes ejemplares de sus gobernantes, en este caso del rey emérito y asociados, también de la familia real actual, aunque las actitudes propias ejemplares sean muchas veces harina de otro costal (que por ahí deberíamos empezar a manejar la cosa).
¿Qué significa ser ejemplar? Llama la atención que en este país no se introdujo la palabra “ejemplar” hasta el siglo XVIII, como adjetivo, con una sola palabra para definirla: edificativo, según el diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […], tomo segundo (1767), de Esteban de Terreros y Pando, publicado en Madrid por la Viuda de Ibarra, en 1787. Ser edificativo quiere decir que una persona “conmueve y excita al seguimiento de una virtud”. Es verdad que en el lenguaje ordinario que pudieron recogerla “las autoridades académicas” del siglo XVIII, no lo hicieron en este afamado siglo y sí en un diccionario de la lengua española usual, no de autoridad en el siglo XIX, lo que nos lleva a deducir que no era algo que preocupara de verdad a la población en general, menos a las monarquías y a los poderes absolutos. Aparece por primera vez, como adjetivo, en el diccionario de la lengua castellana editado en Madrid por la Real Academia Española, (5ª edición), por la Imprenta Real (sin comentarios), en 1817. Se definía como “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros” (imitazione dignus, ad virtutem provocans), que en principio sonaba muy bien, quizá mejor como máxima de un taco de almanaque de la época.
También sorprende que el lema “ejemplaridad”, adjetivo que recogía “la calidad de ejemplar”, no apareciera hasta la edición del diccionario de la Real Academia publicado en 1925. Estas disquisiciones sólo pretender contextualizar un hecho claro: los adjetivos “ejemplar” y “ejemplaridad” no pertenecían al lenguaje común de este país y su clamorosa ausencia en el argot académico traducía algo muy claro: estas palabras no se suponían de los reyes y gobernantes, a diferencia del valor de los soldados que eran casi siempre ejemplares para los demás.
Entre “edificativo” y “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros”, anda la cosa de lo ejemplar y la ejemplaridad asociada. Así de sencillo y así de complejo a la vez, aunque de lo que sí estamos convencidos es que lo que ha pasado en la historia en reiteradas ocasiones, con muchas Coronas, es que todo el mundo sabía identificar qué personajes reales iban desnudos -de ahí el cuento de Andersen- ante los ojos pasmados de todos los que habían escuchado que el emperador llevaba un traje nuevo en su desfile ético por el mundo (el que quiera entender que entienda), también por este país y a lo largo de los siglos. Los silencios cómplices y los miedos reverenciales hicieron el resto, a lo largo de la historia, porque ya se sabía desde antiguo que “del Rey, abajo, ninguno”.
Voy a mi rincón de pensar y vuelvo a leer unas reflexiones sobre la ejemplaridad pública, escritas por el filósofo Javier Gomá, sabiendo que es un desiderátum de cualquier persona “la propuesta de perfección”, para sí mismos y a la hora de analizar la de los demás, porque “[…] la perfección no existe en nuestro mundo imperfecto en el modo que existe una cosa o una persona. Su modo de ser es ideal y su residencia habitual está domiciliada en la conciencia de los ciudadanos, desde donde sugiere orientaciones, ilumina la experiencia individual y moviliza el deseo” (palabras escritas por el autor en el décimo aniversario de la publicación de “Ejemplaridad pública” (2009-2019)».
Lo he manifestado ya en ocasiones anteriores al referirme en este cuaderno digital a la lamentable y nada ejemplar situación regia en este país: «Muchas veces, los “tejedores” más próximos [del Rey] son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean los reyes (al buen entendedor en este país con pocas palabras basta, porque de todo hay en en esa viña del Señor). Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño, el del cuento de Andersen citado anteriormente o el de cuatro años que Groucho Marx buscaba apasionadamente para resolverle un gran problema (“¡hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“) o cualquier persona digna, incluso un juez, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de que podamos ser otros, verdaderos ciudadanos ejemplares, porque son los que de verdad denuncian a personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, reyes o reinas, cosidos puntada a puntada por modistos o tejedores -supuestamente imparciales- que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de los silencios cómplices.
Hay que empezar como Diógenes a buscar a un Rey auténtico y a una familia real ejemplar. Ya sabemos que lo “normal” es buscar el Norte De La Ejemplaridad en un mapa ético, que nos lleve a identificar y denunciar la dialéctica “vicios privados, públicas virtudes”, un nicho que cada vez ocupa más gente de todo tipo. Lo demás consiste en tener cada día más claro que la ejemplaridad ética empieza por uno mismo para poder exigirla a los demás, aunque es verdad que lo que estamos viviendo en la actualidad, en relación con el rey emérito y asociados, no es edificativo, es decir, no nos “conmueve” ni “excita al seguimiento de una virtud”. Lo que tenemos claro por ahora es que la ejemplaridad pública y ética de los Reyes y de quienes nos gobiernan, tiene domiciliada su residencia habitual en la conciencia de los ciudadanos. Eso nos basta.
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Las artes siempre han sido fundamentales para la experiencia americana. Provocan el pensamiento, cambian nuestra forma de pensar y dan forma a cómo definimos nuestra narrativa como país.
Presidente Barack Obama, 2018
Recibo con frecuencia información de la Fundación Obama y en esta ocasión me he detenido en una referencia sobre el respeto al arte, en general, que siempre manifestó el expresidente durante su mandato en la Casa Blanca, porque me ha devuelto una esperanza viva sobre lo que podrá ocurrir ahora con la nueva presidencia en Estados Unidos. Ha sido una sensación especial al leer que el 15 de julio de 2011, la activista Ruby Bridges se reunió con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca y mientras veía la pintura de Norman Rockwell, titulada El problema con el que vivimos todos, en una exposición temporal de junio a octubre de 2011 en un pasillo próximo al ala oeste, junto al despacho oval, el presidente le dijo: «Creo que es justo decir que si no hubiera sido por ustedes, tal vez no estaría aquí y no estaríamos mirando este cuadro juntos».
El problema con el que vivimos todos (The Problem We All Live With, 1963) es una pintura de Norman Ropckwell que es considerada un icono del Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos. Representa a Ruby Bridges, una niña afroamericana de seis años, de camino a la Escuela Primaria William Frantz, un centro público para blancos, el 14 de noviembre de 1960, durante la crisis de segregación escolar de Nueva Orleans que, de forma sorprendente, fue publicada por primera vez en las páginas centrales de la revista Look, el 14 de enero de 1964. Debido a las amenazas de violencia en su contra, Ruby es escoltada por cuatro agentes federales, a los que no se les reconoce expresamente, distinguiéndose bien una pared con un insulto racial a modo de grafiti, “Negro” y las letras “KKK” (un grupo supremacista de infeliz memoria) y un tomate estrellado contra la pared. La pintura es un óleo sobre lienzo (91 cm. X 150 cm.), que se encuentra en la actualidad en el Museo Norman Rockwell, donde se puede analizar esta obra con detalle y conocer también la historia de la niña que sirvió de modelo para el cuadro, Lynda Jean Gunn, que falleció en 2019.
Observando detenidamente el cuadro, me ha parecido una experiencia que deberíamos compartir en su fondo y forma, por el significado y significante de la cultura, como es este caso, en el que una obra de arte puede mostrarnos el compromiso social de una generación como la de Ruby Bridges que durante su primer año en la escuela para blancos de Nueva Orleans, siempre estuvo sola porque los padres de sus compañeros y compañeras, blancos, nunca quisieron que compartieran espacio, tiempo y dinero, públicos, junto a ella. Una lección que el presidente Obama no olvidó durante su etapa presidencial. ¡Qué ejemplo ante lo que vino después en esa Casa Blanca, más bien Negra por todo lo ocurrido en la era Trump!, aunque el paso firme de Ruby, una niña negra vestida de blanco impoluto, nos alimente hoy el alma para seguir avanzando siempre hacia un futuro mejor para todos, como así fue en aquellos tiempos difíciles, porque está demostrado que el mundo sólo tiene interés hacia adelante. No hay que olvidar que la incomprensión ante la dignidad humana sigue siendo un problema con el que desgraciadamente seguimos viviendo a diario. Esa es la razón de por qué debemos frecuentar el futuro, como le recomendó un día el Dr. Cardoso a Pereira, el protagonista inolvidable y excelso que nos presentó hace ya bastantes años, a través de la literatura, el escritor Antonio Tabucchi, para provocarnos el pensamiento, cambiar nuestra forma de pensar y dar forma a la narrativa diaria de nuestra azarosa vida.
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Se ha presentado recientemente el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2020, elaborado por CONECTA para la Federación de Gremios de Editores de España, con el patrocinio de CEDRO y en colaboración con el Ministerio de Cultura y Deporte, que nos facilita información importante sobre la lectura en nuestro país en 2020, un año muy especial por la pandemia sufrida. En mi caso, que me considero un filobiblion, es decir, una persona que ama los libros, es fácil entender que me interese especialmente conocer estos datos y divulgarlos porque pienso que un país que lee avanza siempre hacia la libertad de pensamiento y conductas asociadas.
Decía Richard de Bury, el autor de un libro publicado en el siglo XIV, cuyo título descriptivo enuncia lo que recogen sus páginas escritas en latín, Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros, que “La verdad que triunfa sobre todas las cosas —que vence al rey, al vino y a las mujeres, que se considera sagrada y se honra antes que la amistad, que es camino sin retorno y vida sin fin, que el santo Boecio considera triple en pensamiento, discurso y escritura— parece seguir siendo más útil, fructífera y obtiene mayores ganancias en los libros. Porque el significado de la voz perece con el sonido. La verdad latente en la mente es la sabiduría que se esconde, el tesoro que no se ve, pero la verdad que brilla en los libros desea manifestarse con fuerza a través de cada sentido. Enaltece la vista cuando es leída, al oído cuando se escucha, y además al tacto cuando se somete a la transcripción, encuadernación, corrección y conservación. La verdad escrita de los libros, no transitoria, sino permanente, se ofrece a sí misma para ser observada, y por medio de las esférulas permeables de los ojos, que pasan por el vestíbulo de la percepción y las cortes de la imaginación, entra en la cámara del intelecto, tomando su lugar en el diván de la memoria, donde engendra la verdad eterna de la mente” (1).
El barómetro citado resalta las siguientes conclusiones, bajo un denominador común: el confinamiento tuvo un efecto positivo sobre los índices de lectura en nuestro país, que crecieron a lo largo de 2020 con el siguiente detalle:
El porcentaje de lectores de libros que leen al menos una vez a la semana alcanzó el 52,7%, en 2020 y llegó a un máximo histórico del 57% durante el confinamiento.
El tiempo dedicado a la lectura también se ha incrementado, pasa de 6 horas y 55 minutos antes del confinamiento a 7 horas y 25 minutos, a finales de 2020. Durante el confinamiento alcanzó las 8 horas y 25 minutos semanales.
Al 81% de los lectores, la lectura les ha ayudado a “llevar mejor la situación durante el confinamiento”.
El 68,8% de los españoles mayores de 14 años leyó libros a lo largo de 2020. Un 64% tiene la lectura como una actividad de ocio, en su tiempo libre. Un 23,1% lee por trabajo o estudios. El 36% de la población no lee nunca o casi nunca libros.
El incremento en el número de lectores por ocio en tiempo libre ha sido generalizado en todas las comunidades autónomas. Cataluña y Andalucía han sido las que mayor incremento han registrado: 2,3 puntos.
La lectura de libros en formato digital sigue creciendo, el 30,3% de los españoles mayores de catorce años leen en este formato, al menos una vez al trimestre.
Un 51,7% de los españoles compraron libros (no de texto) en 2020, un 1,3% más que en 2019. La librería tradicional se mantiene como principal canal para la compra y crece en 2020.
Se ha incrementado la proporción de quienes pagan por los libros electrónicos (39,8%), pero la mayoría sigue descargándoselos gratuitamente.
La lectura en niños es generalizada, pero se ha registrado una caída de casi 10% en los hogares donde se les lee a los menores de 6 años. A partir de los 15 años se reduce notablemente la proporción de lectores frecuentes en tiempo libre.
Por el confinamiento y las restricciones de movilidad desciende al 23,2% el porcentaje de población que fue a la biblioteca.
El informe en general es de enorme interés, pero he destacado cinco conclusiones por su impacto real en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país:
En primer lugar, porque aun destacándose el incremento de lectores frecuentes, que ascendió a un 52,7% de la población, con un ascenso leve sobre 2019, la realidad es -aaunque con tendencia a la baja- que un 36% de la población española continúa sin leer libros, cuestión bastante preocupante.
Es indudable que el confinamiento tuvo un efecto positivo sobre los índices de lectura en nuestro país. La nube de palabras jerarquizadas que se recogen en la imagen correspondiente a este punto, traduce muy bien la realidad de la verdadera aportación de la lectura durante este tiempo de confinamiento tan difícil y prolongado en el tiempo: entretenimiento (99%), desconexión (97%), relajación (93%), tranquilidad (90%), ánimo positivo (83%), alegría (67%), entusiasmo (66%), fuerza mental (63%) e ilusión (63%).
He señalado el incremento en el número de lectores por ocio en tiempo libre, generalizado en todas las comunidades autónomas, habiendo sido Cataluña y Andalucía las Comunidades que mayor incremento han registrado un incremento de 2,3 puntos sobre 2019, aunque siento el puesto que ocupa todavía mi Comunidad, Andalucía, el decimoquinto, con un 59,03% de lectores en la Comunidad, estando la media en España en un 64%, lo que se traduce a que el 40,97% de la población andaluza no lee por ocio en tiempo libre.
Me ha llamado la atención el dato de que un 51,7% de los españoles compraron libros (no de texto) en 2020, un 1,3% más que en 2019 y que la librería tradicional se mantiene como principal canal para la compra, creciendo de nuevo en 2020 a pesar del confinamiento en 3,6 puntos, alcanzando un 71,1% sobre el total de canales de compra, seguido por Internet con un 38,4%.
Por último, un dato esperanzador: la lectura infantil se mantiene en valores muy elevados, aunque desciende la lectura a los más pequeños, los menores de 6 años, cuestión que debería preocuparnos en estos momentos. Hay un ligero incremento de 1,6 puntos en la proporción de niños de 6 a 9 años que leen libros que no son de texto.
Lo he manifestado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: el arte de leer es bello. La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.
En un país de bares, como España, que no de librerías, la lectura no es una tarea habitual. La mercadotecnia se ha apropiado del aserto de Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, dando igual la calidad de lo breve. La mensajería instantánea, donde WhatsApp, Telegram, Facebook o Twitter se ha convertido en un claro exponente de la brevedad, así como los tuits, se han apropiado de la lectura por excelencia en los micromundos personales y de redes sociales. En un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria.
Con los datos expuestos anteriormente, se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2).
(1) De Bury, Richard. Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros. Madrid: Anaya, 1995.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro.
Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – Ciudad de México, 1963), en José Moreno Villa o los andaluces en España.
Este país es muy dado a entregar medallas, situación en la que salvando lo que haya que salvar, no suelen estar todos los que son ni probablemente, en determinadas ocasiones, son todos los que están. Tengo que reconocer que las medallas, al igual que la música militar, nunca me supieron levantar y todavía recuerdo como si fuera ayer, el grito unánime «Te damos una medalla con tal de que te vayas», que repetíamos sin cesar en una manifestación en los años finales de la dictadura franquista, prohibida por supuesto, contra un prócer de la sociedad sevillana. En este contexto, me he acordado especialmente de los nadies en Andalucía, tan lejos de medallas, a los que dedicó el poeta uruguayo Eduardo Galeano unas palabras hermosas en un poema profundo, Los nadies, como reconocimiento a su ausencia de todos los merecidos reconocimientos humanos y sencillos que tendrían que tener en el mundo actual:
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folclore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.
En este momento tan difícil de la pandemia, quiero hacer una mención especial a todas las personas que lo están pasando mal en Andalucía por la enfermedad, familiares y amigos incluidos; a todos los profesionales públicos en salud y enfermedad que prestan sus servicios esenciales, durante la pandemia, cuidando y protegiendo el interés general de la ciudadanía, que no recibirán «medalla» alguna, pero que se merecen todo nuestro reconocimiento en alta disponibilidad, las veinticuatro horas del día y, obviamente, a los que por su situación de pobreza extrema están afectados ahora doblemente por un doble virus, el del coronavirus y el de la desigualdad, como bien lo ha expresado el informe de Oxfam Internacional, de enero de 2021,El virus de la desigualdad. Cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible: “La actual crisis ha puesto al descubierto nuestra fragilidad colectiva, así como la incapacidad de nuestra economía, profundamente desigual, de beneficiar al conjunto de la sociedad. No obstante, también nos ha enseñado que la acción de los Gobiernos es vital para proteger nuestra salud y nuestros medios de vida. De repente, se ha demostrado que es posible poner en marcha políticas transformadoras que antes de la crisis eran impensables. No hay vuelta atrás. No podemos volver a donde estábamos. En lugar de ello, la ciudadanía y los Gobiernos deben responder a la urgente necesidad de construir un mundo más justo y sostenible”.
Los datos son escalofriantes: antes de la COVID-19 el porcentaje de pobreza relativa en Andalucía era del 31% del total de la población, exactamente afectaba a 2.643.858 personas, incrementándose en 271.467 personas después de la primera ola, sumando en la actualidad casi tres millones de personas, es decir, un total de 2.915.325. Estos datos tienen bastante que ver con los recogidos en el informe de la EAPN (European Anti Poverty Network), en su sección de España, publicado en julio de 2020 con un título sobrecogedor, El paisaje del abandono. La pobreza severa en España, contemplando unas conclusiones generalistas que son aplicables en su totalidad a la situación de Andalucía, con un matiz diferenciador, la pobreza severa, que agrava la situación actual en España y, obviamente, en nuestra Comunidad.
Entresaco de las citadas conclusiones las que considero de mayor interés, aunque referidas en el estudio a 2018 pero con el tratamiento de aproximación a la realidad actual por la pandemia al haber sido publicado en julio de 2020, recomendando -como hago siempre- la consulta directa del documento para salvar la objetividad y veracidad del dato que tratamos:
1. En 2018, el 9,2 % de la población total, es decir, unos 4,29 millones de personas, están en pobreza severa. Si en el año 2008 había un total de 3,41 millones de personas en pobreza severa, en la actualidad, entonces, hay unas 880.000 personas más [por la pandemia] que al inicio del período. El impacto negativo del coronavirus, sin precedentes en la economía española, obliga a considerarlos como un mínimo.
2. En términos territoriales, destacan las altas cifras de Canarias, Región de Murcia, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, con porcentajes que oscilan entre el 13 % y el 16 % del total de su población. En valores absolutos, Andalucía agrupa a algo más de 1,1 millones de personas en pobreza severa; le siguen la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana y Cataluña con cifras entre 420.000 y 510.000 personas.
3. No hay diferencias por sexo, y la pobreza severa es más elevada entre los niños, niñas y adolescentes (NNA), y los adultos jóvenes. Por una parte, el 12,4 % de las personas de 18 años o menos están en pobreza severa, cifra que contrasta con el 9,7 % entre las personas adultas y el 4,3 % entre aquellas de 65 o más años.
4. La tasa de pobreza severa para las personas españolas es del 7 %, del 25,4 % para las provenientes del resto de países de la UE, y del 28,2 % para aquellas cuyo origen son países exteriores a la Unión Europea. Estas cifras no significan que la mayoría de las personas que están en pobreza severa sean extranjeras; por el contrario, el 74,1 % son españolas.
5. El 5,4 % de las personas ocupadas está en pobreza severa —unas 100.000 personas—. . La mera existencia de este valor muestra la escasa calidad de algunos empleos. Por otra parte, una de cada cuatro personas en paro (24,5 %) también está en pobreza severa. Por otra parte, el 30,3 % de las personas en pobreza severa que tienen más de 15 años tienen un empleo. Cuando se trata de luchar contra la pobreza, es cierto que para no ser pobre hay que tener un trabajo, pero la inversa es falsa: se puede conseguir un trabajo y ser pobre e, incluso, trabajar y ser muy pobre.
6. Respecto a la calidad de la vivienda se analizan la disponibilidad de luz natural, la falta de espacio en la vivienda, la capacidad para sustituir los muebles viejos o estropeados, la capacidad para mantener la vivienda con una temperatura adecuada y la existencia de goteras, humedades o podredumbre. Todos estos problemas afectan a porcentajes de población en pobreza severa que pueden llegar a ser hasta siete veces más elevados que los medidos entre el resto de la población.
7. La pobreza severa tiene consecuencias enormes sobre la vida de las personas y limita seriamente su capacidad de integración social. Por otra parte, estas consecuencias se han incrementado notablemente en estos años.
8. El análisis de género muestra una gran igualdad para la mayoría de las variables estudiadas, y una tendencia clara a un mayor porcentaje de hombres que de mujeres en pobreza severa en el resto de las variables. Éstos datos contrastan con lo que muestran los datos sobre tasas de riesgo de pobreza, en los cuales la situación es la inversa y las tasas de mujeres tienden a ser más elevadas. En este sentido, cuando se trata de analizar la pobreza severa, las mujeres parecen resistir mejor su desplazamiento a las situaciones más extremas.
9. El último capítulo se dedica a definir a partir de los datos un perfil de las personas en pobreza severa, que resulta muy distinto al que se intenta imponer desde determinados centros de interés. De los datos objetivos se desprende que la gran mayoría de la población en pobreza severa está constituida por personas españolas, muchas de ellas con un nivel educativo medio o alto, en todo caso, más que suficiente para obtener un empleo digno, y, además, con trabajo. En otras palabras, son personas que han hecho los deberes pero que permanecen encerradas en una estructura social que no les permite desarrollarse.
Llegados a este punto es importante señalar qué ha supuesto una medida del Gobierno actual en relación con la pobreza relativa y severa de este país, entre otras de indudable repercusión social, ERTES, subsidios y demás. Me refiero en concreto al Ingreso Mínimo Vital (IMV), que viene a aliviar esta situación descrita anteriormente y que según el informe del Ministro de Inclusión y Seguridad Social, en su comparecencia en el Congreso en diciembre de 2020, su grado de ejecución era el siguiente: en los seis primeros meses desde su aprobación legal se habían recibido en el Ministerio más de un millón de solicitudes, de las cuales se han aprobado casi quinientas mil que afectaban a unos 160.000 hogares, resultado beneficiados menores hasta un 47% del total anterior. El gasto hasta final de año se había elevado a 508 millones de euros.
Siendo cierto y objetivo lo anteriormente expuesto, es importante resaltar una última reflexión recogida en el informe de Oxfam, Superar la pandemia, reducir la desigualdad. Cómo hacer frente a la crisis sin repetir errores, citado anteriormente y presentado en enero de este año: “Pese a su anuncio en primavera [de 2020], el Ingreso Mínimo Vital ha tenido un impacto limitado en la reducción de la desigualdad en España. A las dificultades de su implementación se añade el bajo porcentaje de potenciales beneficiarios que han podido acceder a este tipo de protección. Según estimaciones del ministro, a finales de 2020 sólo 160.000 hogares, de los 850.000 previstos, accedieron a esta ayuda. De haberse desarrollado en su totalidad durante el segundo semestre del año, el Ingreso Mínimo Vital habría reducido en 0,5 puntos el índice de Gini, salvando de la pobreza a 277.000 personas, y reduciendo la pobreza severa en 230.000 personas”. Es interesante, igualmente, repasar una a una las recomendaciones últimas del Informe, porque contribuyen a construir una sociedad mejor en nuestro país.
Mediante estas palabras he querido rendir un homenaje de denuncia activa ante los Gobiernos correspondientes del Estado y Comunidades Autónomas, sobre la dura realidad de los nadies de este país. de esta tierra, en el Día de Andalucía, que nos recordaba Galeano que existen en cualquier lugar del mundo actual: los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados y muriendo la vida:
Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folclore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
O en las estadísticas oficiales, sin valor alguno para muchas personas que deciden cómo, cuándo y por qué se puede ser feliz en esta tierra, aunque así lo creía Stefan Zweig la primera vez que puso su pie en Sevilla. O cuando nuestro querido poeta Luis Cernuda, escribía de forma prodigiosa una frase que no olvido nunca: “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Kuando muncho escurese es para amanecer (Cuando mucho oscurece es para amanecer)
Esta frase figura en la cabecera del suplemento del periódico Salom, Amaneser, en ladino (también conocido como djudezmo), que se publica en Turquía desde 2005 y que se puede leer cada día gracias a internet. Es de una comprensión fácil porque se utiliza el español tardío medieval que se hablaba en el siglo XV, momento histórico en que se decretó la expulsión de España, la Sefarad bíblica para los judíos, por parte de los Reyes Católicos, concretamente en 1492.
El ladino, según la Real Academia Española, deriva del latín latinus y en su acepción octava se asimila a una variedad del español, el judeo-español, como «perteneciente o relativo a las comunidades sefardíes; también, como perteneciente o relativo al judeo-español y como una variedad del español que hablan los sefardíes, principalmente en Israel, Asia Menor, el norte de África y los Balcanes, caracterizada por conservar muchos rasgos del castellano anterior del siglo XVI».
Recientemente, ha saltado a la Noosfera gracias a las redes sociales, concretamente en un twit de la Embajada de España en Turquía, en la conmemoración del Día Internacional del Ladino, que se celebró el pasado 21 de febrero y que decía lo siguiente:
Keridos amigos i amigas de la Komunidad Sefaradi. Para mi es una grande onor i un privilejio de pueder adresarme a vozotros en una data tan importante komo la de oy.
Devesh de saver ke muestra ambasada es la suya i estamos a sus dispozision para lo ke tienen de menester.
Ha sido una forma sorprendente de divulgar una lengua, el ladino, muy desconocida en todo el mundo pero que ya se habla por centenares de miles de personas. Ha despertado mucho interés, sobre todo en quienes hablamos el español, habiendo sido reconocido incluso por la Real Academia Española, mediante la aprobación el 3 de octubre de 2019, por unanimidad, de un proyecto que posibilitaba la constitución de una Academia de Judeoespañol en Israel.
Para conocer bien el texto y contexto de esta lengua ladina, también conocida como judeo-española (lingua djudeo-espanyola), recomiendo consultar un portal especializado, Sefardiweb, “una web académica, producto del proyecto de investigación Los sefardíes ante sí mismos y sus relaciones con España, que se desarrolla desde 2006 dentro del Grupo de Investigación de Patrimonio y Culturas Populares (GIAP) del Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. En Sefardiweb pueden encontrarse, además de información sobre el Proyecto y sus participantes, sus resultados y actividades, varios recursos útiles para los investigadores, para la docencia y para los interesados en la cultura sefardí en general. Entre los recursos disponibles están: Información general sobre los sefardíes, su lengua y su cultura un directorio de especialistas en estudios sefardíes y de grupos de investigación dedicados a este tema, un listado de tesis doctorales sobre cultura sefardí inéditas o en curso de realización, una base de datos de Bibliografía comentada de estudios sobre los sefardíes, en la cual se pueden realizar búsquedas por autor, título, año de publicación o tema (palabras-clave en español o en inglés), una base de datos Quién es quién en la literatura en ladino, con información bio-bibliográfica sobre los principales autores que han escrito en judeoespañol entre los siglos XVIII y XXI. En ella pueden hacerse búsquedas por nombres, lugares y palabras clave, una base de datos de Corresponsales de Ángel Pulido, con datos extraídos de sus dos libros Los israelitas españoles y el idioma castellano y Españoles sin patria y la raza sefardí. una base de datos de Informantes sefardíes en encuestas de campo, con nombres e información de los depositarios de la literatura sefardí de transmisión oral que transmitieron su rico patrimonio cultural a los estudiosos que les encuestaron, materiales: enlaces a repositorios con documentos sefardíes, tutoriales y materiales didácticos sobre temas sefardíes, una guía para aprender a transcribir textos aljamiados de los siglos XVIII al XX, una sección de audio y vídeo sefardíes y, por último, una sección con otros enlaces de interés.
En un momento histórico en el que el español se habla ya por parte de más de seiscientos millones de personas en todo el mundo, quiero hacer un pequeño homenaje de restauración histórica a un pueblo judeocristiano que fue injustamente maltratado por la historia de este país. Es importante constatar el auge de esta lengua y cómo se observa que es muy bien tratada en otras culturas. Hay que reconocer que España devolvió el estatus social a los sefardíes, con su lengua ladina, mediante la Ley 12/2015, de 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España.
Los objetivos del proyecto Los sefardíes ante sí mismos y sus relaciones con España, son los siguientes: la edición y estudio de textos sefardíes en judeoespañol de los siglos XVIII al XXI, tanto impresos como manuscritos, tanto aljamiados como en grafía latina, como una forma de recuperar el patrimonio cultural de una lengua en peligro de desaparición; el análisis, a través de los textos, de la cultura desarrollada en la diáspora sefardí, tanto en Turquía y los Balcanes como en el Norte de África y en los países de América y Europa que desde el siglo XIX recibieron migrantes sefardíes; el estudio de las relaciones culturales entre los sefardíes y España a partir del siglo XIX, las relaciones de las élites culturales sefardíes con España y la construcción de la imagen de los sefardíes en la literatura y la prensa españolas de los siglos XIX y XX; el estudio del proceso de memorialización y preservación del pasado histórico sefardí, a través de la creación literaria actual en judeoespañol, los libros de memorias, biografías, autobiografías y novelas autobiográficas; la pervivencia de la literatura tradicional sefardí de transmisión oral (cuentos tradicionales, romances, canciones, refranes, etc.), su preservación y reinterpretación en distintos contextos hasta la actualidad y contribuir al conocimiento y difusión de la cultura de la diáspora sefardí a través de publicaciones, congresos, exposiciones, conferencias, cursos de especialización y recursos en línea (páginas web, contribuciones a repositorios digitales)”.
También recomiendo el acceso a la revista científica Sefarad publicada por el CSIC, editada en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo del CCHS, que publica artículos originales y reseñas de filología y crítica textual de la Biblia Hebrea (y sus versiones antiguas y comentarios); filología y lingüística de las lenguas hebrea y aramea; historia y cultura de los judíos en España; y lengua y literatura, historia y producción cultural de los sefardíes.
Por último y desde el punto de vista de divulgación cultural veraz y objetiva, considero de interés general la lectura de un artículo reciente, El trezoro de la lingua djudeo-espanyola: qué es el ladino y por qué se parece tanto al español, publicado en Verne (El País), donde se puede conocer bastantes detalles de históricos y actuales de esta lengua tan cercana a nosotros. Por último, como botón de muestra de su existencia real en el mundo, adjunto algunos titulares que se publican hoy en la versión ladina del periódico turco Salom Gazetesi, tan lejos, tan cerca: Despues del Dia Internasyonal del Ladino-Estanbol, Los orijines de un sityo de vacansas o Saver es bueno. Leerlos es un placer para comprender todo lo que nos une como lengua común. Una maravilla. Compruébenlo como el mejor homenaje que podemos hacer hoy para salvar la memoria histórica de un pueblo judeo-cristiano español en permanente diáspora. Es verdad que hoy tiene un sentido especial su eslogan de cabecera en Amaneser y lo comprendemos bien en momentos tan delicados como los de la pandemia actual: kuando muncho escurese es para amanecer (cuando mucho oscurece es para amanecer). ¡Paz! (Salom) ¡Qué sabia es la historia de nuestras palabras!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Me atrevo a decir que un niño o una niña que leen las páginas de un libro son capaces de mover el mundo, atendiendo al símil del efecto mariposa. Me lo ha recordado un libro precioso, Una historia de la lectura, de Alberto Manguel, en la cuidada edición que regalé a mi hijo hace ya muchos años, de la editorial Lumen (Randon House Mondadori). Me acerco todos los días a su biblioteca y recuerdo todavía aquella página 44, en la que aparecía una pintura de Gauguin, con un detalle especial: un niño leyendo, Emilio, el hijo del pintor, junto al escultor Jean-Paul Aubé, su amigo y benefactor. Sobre la reseña del cuadro aparecía una frase mágica que es la que no he olvidado: todo lector se convierte en el único habitante de un mundo imaginario. En el ángulo inferior derecho del cuadro hay una dedicatoria en francés, de Gauguin a su amigo Jean Paul Aubé, escrita a mano, con plumilla y tinta negra: «Tu mano utiliza la herramienta, aunque el trabajo ardiente / modelando a su vez risas y llantos, / anima a voluntad mujeres y flores / y doblega a los condenados bajo el talón del Dante”. La firma junto a su mujer, Mette-Sophie Gad. Que su hijo leyera tampoco era inocente.
Aquellas primeras páginas me enseñaron, de la mano de Manguel la importancia de la lectura en los primeros años de la vida, donde llega a afirmar que “Tal vez podría vivir sin escribir. No creo que pudiera vivir sin leer. La lectura -descubrí- precede a la escritura. Una sociedad puede existir -muchas, de hecho, existen- sin escribir, pero ninguna sin leer” (1). De todo lo que escribe sobre la lectura se desprende su arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee, como lo transmite su hijo Emilio, pintado amorosamente y con gran delicadeza por Gauguin, probablemente como símbolo de agradecimiento a su amigo por haberlo acogido en su casa en momentos difíciles de su vida.
La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es personal e irrepetible. Nadie se baña dos veces en el mismo libro. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Tenía razón la escritora uruguaya Ida Vitale, Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2018, cuando nos enseñó el valor de la lectura: hay libros que nos tienen en cuenta; ven en nosotros lo que de nosotros ignoramos. Descubrirlos es un placer verdadero. Preciosas palabras, que aún nos quedan.
Contemplado el cuadro de Gauguin y escribiendo estas palabras, he recordado unas palabras de José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, cuando afirmaba que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, siguiendo fielmente a Ítalo Calvino en su arte de empezar y acabar al escribir sobre una página en blanco, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, que llevamos siempre un niño dentro tal y como me lo enseñó Pablo Neruda, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, contemplando hoy a un niño que lee, porque el libro que tiene en sus manos lo tiene a él en cuenta, como único habitante en su mundo imaginario, al que mueve en los sueños creadores de millones de niños felices e infelices del mundo, a pesar de todo.
(1) Manguel, Alberto. Una historia de la lectura. Barcelona: Randon House Mondadori, 2005, p. 35.
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Hace cuarenta años que tal día como hoy viví uno de los momentos más trágicos de mi existencia como ciudadano de este país, al conocer el golpe de estado en el Congreso de los Diputados. Cuarenta años después vivimos con el llamado principio de normalidad una sesión ordinaria en el Congreso, demostrando de la forma más ejemplar posible que la democracia en este país es una realidad que nos honra a todos los que amamos vivir en paz gracias a ella.
En un ejercicio de reconocimiento democrático a este aniversario tan especial, recojo a continuación la agenda completa del Parlamento para hoy, en la que figura también, a las 13:00 horas, la celebración de un acto oficial del 40 aniversario en el Salón de los Pasos Perdidos: “El Congreso de los Diputados ha organizado un acto con motivo del 40 aniversario del 23 de febrero de 1981, presidido por Su Majestad el Rey, Felipe VI, y que tendrá lugar a partir de las 13,00 horas en el Salón de Pasos Perdidos. La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, recibirá a S.M. el Rey en la Carrera de San Jerónimo junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la presidenta del Senado, Pilar Llop; el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas; y el presidente del Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes. S.M. el Rey, acompañado de los representantes de las altas instituciones del Estado, accederá al Palacio por la Puerta de los Leones y se dirigirá al Escritorio del Reloj para saludar a los invitados: los ponentes de la Constitución, los vicepresidentes del Gobierno, el líder del partido mayoritario de la oposición, los miembros de la Mesa del Congreso de los Diputados y portavoces de los grupos parlamentarios. Una vez en el Salón de Pasos Perdidos, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, abrirá el acto y, tras su intervención, tomará la palabra S.M. el Rey”.
Ponencia del Proyecto de Ley por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, y otras normas financieras, en lo que respecta al fomento de la implicación a largo plazo de los accionistas en las sociedades cotizadas. Sala Miquel Roca I Junyent
10:00
Comisión de Hacienda. Acuerdo sobre la celebración de la comparecencia de la Ministra de Hacienda. Comparecencia del Director General de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria (AEAT). Ver directo. Sala Prim
10:00
Mesa del Congreso. Sala Mariana Pineda
11:00
Ponencia del Proyecto de Ley Orgánica de protección integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia. Sala José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo
Ponencia de la Proposición de Ley Orgánica de derogación del artículo 315 apartado 3 del Código Penal. Sala Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
11:30
Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Comparecencias. 11:30 h. Andrés Rodríguez Amayuelas, Presidente de la Coordinadora de ONGD. 12:30 h. Marta Blanco, Presidenta de CEOE Internacional. 13:30 h. Jesús Gallego García, Secretario de Política Internacional de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT. Ver directo. Sala Cánovas
11:30
Junta de Portavoces. Sala Constitucional
11:30
Ponencia de la Proposición de Ley por la que se modifica la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil. Sala Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
12:00
Mesa y Portavoces de la Comisión de Educación y Formación Profesional. Sala Manuel Fraga Iribarne
12:00
Ponencia del Proyecto de Ley de cambio climático y transición energética. Sala Jordi Solé Tura
Sesión Plenaria. Toma en consideración de Proposiciones de Ley. Proposiciones no de Ley. Mociones consecuencia de interpelaciones urgentes. Más información. Ver directo. Hemiciclo
Sobran palabras y basta constatar la saludable actividad democrática en el Congreso para comprobar que este país necesita reforzar la creencia en la Constitución que nos une. Personalmente, la quiero como para seguir leyéndola cada noche, como mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio, comprendiendo así un poema de Benedetti, “Te quiero sin mirar atrás”: Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio… No la olvido hoy, abriendo el libro de mi vida por un marcapáginas muy especial y sin mirar atrás.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Al ir del timbo al tambo en nuestra vida, algo que frecuentaba García Márquez y que cita expresamente en sus Cuentos peregrinos, nos encontramos con una frecuencia desaforada a una legión de personas mediocres que lo inundan todo por tierra, mar y aire. He escrito en reiteradas ocasiones sobre esta perversidad social y vuelvo hoy a tratarlo porque el mundo camina por derroteros mediocres, a través de determinados políticos mediocres (no todos son iguales) que gobiernan creyendo que lo están haciendo muy bien, en un acusado efecto Dunning-Kruger que supone para ellos mismos creer que lo saben todo sin tener en muchas ocasiones idea de casi nada. Es un mal endémico que hace estragos en cualquier estamento social, no sólo en la política, que acaba afectando a todos los órdenes de la vida.
Este escalafón tan alto de la mediocridad hace que las personas que la practican en general crean que lo que hacen es siempre lo correcto, sobreestimando su conocimiento, sus habilidades y sus actitudes, en una tríada conductual que da pánico. También, tienen una incapacidad metafísica que les impide reconocer que los demás pueden hacer algo bien y, por último, son incapaces de reconocer de alguna manera que casi todo en su vida es una gran mentira y que son extremadamente insuficientes, es decir, mediocres en estado puro.
El efecto citado de Dunning-Kruger se denomina así en honor a sus descubridores, Dastin Dunning y Justin Kruger, investigadores de la Universidad de Cornell (EEUU), que publicaron un estudio al respecto en el Journal of Personality and Social Psychology, en diciembre de 1999, partiendo de una hipótesis que ya había anunciado Darwin varios siglos atrás: “la ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento”. Es verdad, porque las personas mediocres suelen ser ignorantes en casi todo lo que dicen y tocan. Los dos investigadores exponen en su trabajo científico que las personas tienden a tener puntos de vista excesivamente favorables de sus habilidades en muchos ámbitos sociales e intelectuales, porque las personas que no están calificadas en estos campos sufren una doble carga: no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia es tal que les roba la capacidad metacognitiva para darse cuenta de lo que les ocurre.
La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por “[…] la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia”.
Lo repito hoy hasta la saciedad: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.
Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosa, Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad no dan como resultado sino ciudadanos también mediocres”. Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.