Refugiados y migrantes, viajeros de la desesperación humana

UNHCR

Como pequeño homenaje a los tripulantes del barco de Proactiva Open Arms retenido en Sicilia durante días y ya liberado, así como a los voluntarios de Andalucía que en su momento fueron detenidos por actuar solidariamente en Lesbos, con acusaciones graves de delitos de organización criminal a personas y ONG´s, a las que solo les ha preocupado recoger en el mar a las personas que buscan una vida digna que no pueden encontrar en sus países de origen. Para que no mueran en el Mediterráneo, en estos viajes desesperados, a veces, a ninguna parte.

El jueves pasado me impactó una imagen reveladora e íntima de un grafiti, Personas refugiadas, ¡Bienvenidas!, en una acera de la Sevilla vieja, recordando las de Jane Jacobs, que me devolvió al principio de realidad de migrantes y refugiados, por sus viajes desesperados a alguna parte: «Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1). Me pre-ocupó [sic] de nuevo, aunque es noticia diaria en los informativos del primer mundo. Hoy, he querido conocer a fondo la situación actual en nuestro entorno, obteniendo datos objetivos y contrastados como paso fundamental para emitir juicios bien informados.

REFUGIADOS

Sevilla, 12 Abril 2018 / Grafiti con plancha troquelada, junto a la muralla de la Macarena / JA COBEÑA

He localizado un informe magnífico elaborado por UNHCR, Desperate journeys, que recoge la situación actual más próxima a 31 de marzo de 2018, en la que podemos apreciar que España, junto a Italia y Grecia, es el país al que llegan un gran número de migrantes todavía, a través del Mediterráneo, con especial relevancia y por países de origen (por este orden), desde Marruecos, Argelia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Siria, Camerún, Mali, otras nacionalidades subsaharianas y Guinea- Bissau. Hacen un total, desde enero de 2018, de 5.000 personas, 3.385 por mar y 1.615 por tierra, con una distribución proyectada (según datos de 2017) del 14% de niños, 9% de mujeres y 77% de hombres, no disponiéndose en la actualidad de un dato estremecedor en referencia a niños no acompañados y separados de sus padres.

Son dos realidades sangrantes para nuestro país, la de los migrantes y la de los refugiados, con bases legales de atención diferentes, pero que confluyen en la capacidad de este país para atender situaciones inhumanas que claman al cielo. Creo que no somos conscientes del sufrimiento que generan estos viajes desesperados hacia una realidad humana y social diferente, donde se pueda compartir segundos de vida digna. Para tranquilizar sus almas. Vivimos muy ajenos a estas situaciones reales y muy próximas, que utilizan un mar que cantamos históricamente como hermoso y tranquilo, en una contradicción memorable, que llevó a Joan Manel Serrat a cantar “Mediterráneo”, desde la tragedia de Alepo en Siria, con sumo cuidado y respeto reverencial a los migrantes y refugiados que pierden con frecuencia su vida en él, porque ese mar maravilloso se ha convertido en la sepultura de miles y miles de refugiados que escapan también de sus países de origen, en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie, tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista.

Lo dije en 2016, en un artículo solidario con la tragedia de Alepo, que vuelvo a reivindicar hoy con la misma fuerza: “Quizá solo nos queden unas palabras, que nos permitan recordar una estrofa de la canción [Mediterráneo] que todavía me estremece pensando en Alepo, dejándonos solos con nosotros mismos y como asumiendo en el “yo” mayestático una cierta responsabilidad sobre lo que está pasando en esta guerra [en Siria] tan absurda: “Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul / para que pintes de azul sus largas noches de invierno. / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”. Como la de la madre e hija, eritreas, que figuran en la portada del informe de la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas, citado anteriormente y que encabeza este artículo, que miran con profunda tristeza su realidad tan cercana y tan viva. Para que no los olvidemos, ni siquiera un momento, en nuestra alma profunda y oscura, porque al conocer esta realidad tenemos en nuestra piel el sabor amargo del llanto eterno.

Sevilla, 19/IV/2018

(1) Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

Robert Capa, el fotógrafo del pensamiento en blanco y negro, en color…

ROBERT CAPA

Robert Capa, Collette Laurent, del proyecto GEN X, en las Carreras, Chantilly, Francia, 1952 © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

Sus fotografías no son accidentes y la emoción que reside en ellas no es azarosa. Capa podía fotografiar el movimiento, la felicidad, el desengaño. Podía fotografiar el pensamiento.

John Steinbeck

En la magnífica exposición abierta en la actualidad en Caixaforum Sevilla, bajo el título Robert Capa en color, se puede descubrir el mundo apasionado del color en un fotógrafo que conocíamos en este país como el maestro del blanco y negro en movimiento, por la célebre foto del soldado republicano, imagen tomada por pura casualidad porque estaba en una trinchera con la cámara alzada sin ver exactamente qué estaba fotografiando en ese momento. Le escuché ayer a él contando cómo tuvo lugar esa secuencia mágica y trágica al mismo tiempo, que ha pasado a la posteridad como una imagen representativa del sinsentido de las guerras.

Su azarosa vida tuvo un final trágico al pisar una mina cuando estaba haciendo un reportaje en la guerra de Indochina. Murió muy joven, con 41 años, pero el recorrido de la exposición me permitió vislumbrar una etapa de su vida abierta al color después de una experiencia crucial en retratarla en blanco y negro. Es como si hubiera superado la acromatopsia vital, para pasar a una interpretación bellísima del pensamiento de los que no nos miran, pero conviven con nosotros. Esta es la razón por la que siempre llevaba dos cámaras: una, para el blanco y negro, otra para el color, porque así es la vida.

La acromatopsia es una enfermedad real que provoca ceguera del color, porque no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris, a lo sumo en blanco y negro. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo siempre la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente por la transición fotográfica de Robert Capa, recupero de nuevo la lectura que en su momento me sobrecogió tanto, insertándola ahora en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Me impresionaron varias imágenes de la exposición, sobre todo una dedicada a la Generación X (la que nació antes de la segunda guerra mundial), la que recoge un momento mágico de Colette Laurent, en el hipódromo de Chantilly (1952). Fijándonos bien en ella, parece que podemos adivinar su pensamiento, respirando aires de libertad, fumando con boquilla, mirando de forma profunda a un horizonte imaginario. Es paradójico todo porque he leído recientemente que su biógrafo decía que aquella fotografía era contradictoria, porque esa chica francesa, con todo su glamur, era un autorretrato de aquel momento de la vida de Capa: “Su vida es superficial, artificial en la superficie, y no alcanza ninguna de las cosas buenas de la vida, excepto las materiales”. Grandes paradojas de la vida, de su vida. Es decir, la dialéctica viva del paso blanco y negro rutinario al color.

Era una época en la que las revistas americanas pagaban cantidades asombrosas por la obtención de fotografías deslumbrantes, llenas de vida, para contrarrestar los momentos tristes de guerras sempiternas, para contentar a sus lectores ávidos de noticias y fotografías llenas de glamur francés, sobre todo. Robert Capa conocía bien esta trastienda humana porque había estado en casi todas las guerras, pero siempre nos transmitió las secuencias de personas que siempre están detrás de cada acontecimiento vital en momentos penosos como los que nos entregó.

ROBERT CAPA MUERTE MILICIANO

Robert Capa, Muerte de un miliciano leal, Frente de Córdoba, 1936 © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás, como reflexionaba en un post que escribí en 2009, Nuevas sonrisas, nuevas lágrimas, dedicado al fotógrafo Erick Lessing: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo, en definitiva, en la filmación en color jamás contada.

Salí de la exposición con una sensación agridulce de lo que había visto. Todavía retengo en mi retina diversas imágenes que me conmovieron, tales como la del tripulante sueco que hacía señales a otro barco de un convoy aliado, la regata en las Islas Lofoten en Noruega, Ava Gadner en el rodaje de La condesa descalza; la de Capucine, modelo y actriz francesa, en un balcón, en Roma y, por último, la de Pablo Picasso jugando en el agua con su hijo Claude. Inolvidables en un día como hoy de homenaje a la República, que algo de color tiene, porque la imagen del miliciano leal, también presente en la exposición, recuperó ayer mi moviola de secreto en blanco y negro, guardada en la memoria de hipocampo que tanto cuido.

Sevilla, 14/IV/2018

NOTA: recomiendo el acceso a la información extraordinaria que ofrece el International Center of Photography, sobre un hallazgo que ha permitido conocer mejor la obra de Robert Capa: la maleta mejicana.

De fondo, siempre suena Mangas verdes

Corría 1962. Era la primera vez que veía una película en Madrid con la técnica de Cinerama, que te envolvía en una pantalla gigante curva y que reproducía las imágenes tomadas por tres cámaras en diferentes ángulos de tiro. Aquella película, La conquista del Oeste, con un reparto estelar (Carroll Baker, James Stewart, Debbie Reynolds, Gregory Peck, George Peppard, John Wayne, Henry Fonda, Richard Widmark, Eli Wallach, Lee J. Cobb, Karl Malden, Robert Preston, Walter Brennan, Agnes Moorehead y Spencer Tracy), la recuerdo sobre todo por una canción interpretada por Debbie Reynolds, La canción de la Pradera, adaptada de una canción popular inglesa, Mangas Verdes, que no he olvidado desde entonces. Hoy la he vuelto a escuchar en mi emisora de radio preferida, Radio Clásica. Forma parte de la banda sonora de mi vida, grabada en mi memoria de hipocampo con exactitud sonora, pero sin haber tomado conciencia en mi niñez de la cursilería que destilaba su letra. Tampoco sabía el origen de la canción ni su significado. Cleve Van Valen (Gregory Peck) abandona su partida de póker para escuchar atentamente a Lilly Prescott (Debbie Reynolds). Todo debe permanecer en el texto y contexto de la película y de la canción: Ven, ven / hay una tierra maravillosa / para el corazón lleno de esperanza / para la mano tendida / Ven, ven / hay una tierra maravillosa / donde te construiré un hogar en la pradera (traducción de la letra original de la película).

Yo era un niño que había mitificado años atrás a un actor de la época, Errol Flynn, porque siempre salía victorioso en las grandes batallas con los indios, en cualquier desfiladero de la vida, interpretando al general Custer, sin una mota de polvo, con la botonadura brillante, repeinado y con una sonrisa resplandeciente. Curiosamente, unos años antes había comenzado a escribir mi primer diario, fechado en Madrid, un lugar recurrente en mi vida y muy querido. Era domingo y otra vez era el cine el que adquiría protagonismo en mi vida como niño del Sur. Es probable que estuviera afectado aquel día por una de las dos películas que vi en el Cine “Oraá” en la sesión continua de tarde, con ambigú incluido: “El gran jefe” (1955) y “El diario de Ana Frank” (1959), de estreno riguroso. La experiencia de aquellas tardes, en una sesión continua, interminable, te predisponía a ser amante del arte cinematográfico o enemigo implacable. Afortunadamente, lo primero, en mi caso. Y aquellos actores, los protagonistas, Víctor Mature y Millie Perkins, tan distantes entre sí, caminando en vidas tan dispares, empezaban a dar forma a una forma de ser en el mundo. En el caso de Víctor Mature o “Caballo Loco”, porque ya sabía que tendría que luchar siempre con indios en el camino, los nuevos sioux, aunque después saliera de las peleas de la vida como el protagonista, sin que se me hubiera movido el “tupé” y sin una sola arruga en el traje (como le pasaba siempre a Errol Flynn). En el segundo caso, Millie Perkins o Ana Frank, porque la coherencia, el compromiso personal, hace que vivas como en otro mundo, equivocado de siglo, perseguido en aquellos años por la falta de libertad y buscando escribir algo que he vuelto a leer hoy con atención en aquel diario de mi niñez, con una letra cursiva perfecta escrita a pluma: “tendré que seguir soportando que me regañen hasta que encuentre un día mi libertad”. Es curioso, pero taché las cinco últimas palabras hasta hacerlas casi ilegibles.

Somos el niño que siempre llevamos dentro, como lo aprendí de Jose Saramago. Entre Debbie Reynolds y Errol Flynn estaba el juego. Debbie, porque esperaba la entrada de Gregory Peck en la sala de juegos contigua donde cantaba, para contemplarla encandilado. Errol Flynn, porque sabía que al final del desfiladero y de las grandes batallas estaba esperándolo Olivia de Havilland, su amor verdadero. Ambas ofrecían lo mejor que tenían, su corazón lleno de vida y su mano tendida. De fondo, siempre, mangas verdes o la canción de la pradera, da igual.

Sevilla, 10/IV/2018

La impecable dignidad de Antonio Machado

VISOR1000

Qué difícil la suerte / de los pueblos que viven protegidos / por la misericordia de un poema. / Qué difícil la última / soledad de Machado. / La luna llega al mar / el mar llega a Sevilla, / nosotros a un recuerdo / y a esta pálida / desarmada emoción / de compartir una derrota.

Luis García Montero, fragmento del poema Colliure

He ido a la librería con la ilusión de un niño sevillano cuya infancia son recuerdos de una casa de Sevilla y un balcón al que llegaba el sonido del Cine Ideal; mi juventud, doce años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero. Nada más entrar, he localizado el libro que deseaba comprar sin más demora, Estos días azules y este sol de la infancia, un libro de poemas para Antonio Machado, editado por Visor, porque había leído en su contraportada algo que me conmovió en el contexto actual del país: “La Editorial Visor considera que este libro es un homenaje a la memoria de uno de los más significativos escritores de nuestra lengua, pero también supone el reconocimiento a una persona que nunca abandonó su dignidad (la negrita y cursiva es mía)”.

¡Dignidad, qué palabra tan necesaria hoy en nuestras azarosas vidas! Su viejo abrigo, que le daba calor en el frío febrero de 1939 en Colliure, guardaba en uno de sus bolsillos un papel arrugado con tres anotaciones a lápiz: «Ser o no ser…», una cuarteta a Guiomar (de Otras canciones a Guiomar, a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena, corregida así: «Y te daré mi canción: / Se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu balcón») y un verso suelto: «Estos días azules y este sol de la infancia…». Lo descubrió su hermano José, unos días después del fallecimiento de su madre y de su hermano Antonio. Tres reflexiones rotas, inacabadas, por una vida compleja por razón de ideología y compromiso social, que simbolizan una forma de ser y estar en el mundo como persona digna.

La cuestión de dignidad en Machado era muy clara en clave shakesperiana: había que serlo hasta la muerte. El canto al amor permanente a Guiomar, en ese momento vital tan delicado, era una premonición también digna: se canta lo que se pierde. Y…, un recuerdo constante de Sevilla, con el color azul como el de esta mañana de búsqueda, tal y como él lo recordaba junto al sol de su infancia, porque siempre fue el niño que llevaba dentro, con sus recuerdos de un patio de Sevilla y de un huerto claro donde maduraba el limonero. Muriendo en soledad sonora, pero sin abandonar el precioso retrato de su dignidad: Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar.

Sevilla, 5/IV/2018

 

El sueño de Martin Luther King sigue vivo: más unidad, más igualdad, más democracia

A las seis de la tarde y un minuto de hoy, sonarán todas las campanas de Memphis, 39 veces, los años que tenía Luther King cuando fue asesinado tal día como hoy, a esa hora exacta, sin compasión alguna. Su sueño de libertad sigue vivo y sin cumplirse plenamente en Estados Unidos y en este mundo tan altivo. No quiero recordar hoy solo su muerte sino el legado que nos dejó en el discurso que se conoce por las palabras I have a dream (Tengo un sueño), que pronunció el 28 de agosto de 1963 en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C., que nos permite en 2018 seguir creyendo que los sueños y las utopías pueden ser una meta por alcanzar por millones de personas de bien que poblamos el planeta. Cada uno, cada una, en su pequeño mundo, porque no todos somos iguales desde nuestra forma de ser y estar en el mundo, como se puede demostrar por los desequilibrios sociales escandalosos que nos rodean de paro y corrupción, sin ir más lejos también en España, en nuestra Comunidad, siendo mínimamente sensibles con la realidad más próxima que nos sitia, a veces, de forma descarnada.

Con esta visión, quiero creer que es posible construir otro mundo más habitable «para ser», dando la vuelta a la realidad que se proyecta todos los días en la clave “para tener”. He repasado este cuaderno y he recuperado las palabras que dediqué a Martin Luther King en 2013 con motivo de la celebración del 50 aniversario del discurso anteriormente citado, recordando un artículo en el diario El País, Sueños y utopías, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí, que no he olvidado desde entonces. Sobre todo, porque me recordó que el compromiso personal con la ética personal y colectiva debe estar activo siempre para no hacernos partícipes de los silencios cómplices que tanto abundan en la actualidad. Decía su autor, en referencia al discurso de Luther King que: “Esas 1.666 palabras sacudieron a la sociedad mundial con tres principios: más unidad, más igualdad, más democracia. Los mismos que cien años antes, a mediados de junio de 1858, en la Convención Republicana de Springfield que le postularía como candidato a senador por el Estado de Illinois, Abraham Lincoln transmitió en su memorable discurso: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. La política como utopía necesaria y, en consecuencia, que debe ser posible y realizable. La utopía como proyecto”.

Es verdad que la clave de lo que leí aquél 21 de agosto de 2013 estaba en una frase concreta y con una carga de realidad que todavía me conmueve hoy: “Cincuenta años después, su discurso es parte de la cultura universal. Trasciende el contexto y la historia concreta, para situarse en un plano moral y se transforma en imperecedero e inagotable. Cincuenta años después, la política −en particular en nuestra realidad más próxima− se ha desgajado de la palabra que emociona, que interpreta y proyecta, que acoge y proclama. El descrédito de la política es triple: no tiene sueños que se conviertan en retos, no defiende utopías que comprometan a la acción y no encuentra las palabras que conmuevan y promuevan los cambios colectivos: aquellos que son mucho más que la suma de los individuales”.

Efectivamente, estamos instalados en una profunda crisis política y, aún peor, en una profunda crisis democrática. Nos falta emoción, para convertir los sueños en realidades confortables, muy sencillas, por otra parte, sin depender de entornos meramente materiales. Pero lo peor es que nos falta la palabra, aquella que conmueve y promueve los cambios personales y colectivos, revoloteando en nuestros alrededores una palabra terrible: la desafección. A la persona política, al cambio democrático con representación en Partidos, a casi todo.

Cinco años después de aquella reflexión sigo teniendo hoy un sueño: que la situación política de nuestro país sea realmente una oportunidad para cambiar primero y aunar, después, muchas voluntades, tal y como lo aprendí de la mano de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique, porque esta acción unitaria solo se hace posible a través del amor y el sufrimiento, cuando se hacen necesarios para tomar conciencia de que no podemos avanzar en un mundo como el actual, pendientes de que Mr. Trump tome decisiones de Estado en nuestro nombre. O que el Presidente actual en nuestro país interprete las necesidades de este Estado solo a su imagen y semejanza. Sueño también con recuperar alma. Además, como he escrito en otras ocasiones, nos falta alma y cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo para vivir dignamente.

Vuelvo otra vez a mi hombre de secreto, que no el de todos, a reflexionar la frase que regaló en una ocasión el escritor Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Hoy, gracias a Martin Luther King, sus palabras suenan mejor que nunca: necesitamos más unidad, más igualdad y más democracia, más alma en definitiva, porque parafraseando una frase de Lincoln muy querida para él, “Una casa [España, Cataluña, Andalucía] dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. Sería una forma de agradecer de forma expresa su compromiso activo, su legado maravilloso en un día de vida más que de muerte, de sueños, que merece la pena recordar con respeto y admiración.

¡Gracias por haber compartido aquél sueño, Martin Luther King! Con profundo respeto.

Sevilla, 4/IV/2018

Estos días azules y este sol de la infancia…

ESTOS DIAS AZULES

RTVE / Libro homenaje a Antonio Machado

Las editoriales Anagrama y Visor eran conocidas durante la Transición de este país, en el pasado siglo, por sus colores identitarios, recordando hoy el negro sempiterno de Visor que nos llevaba simbólicamente a salir del túnel de la dictadura leyendo poesía de aquí, allá y acullá para interpretarla y vivir en un mundo mejor. Tengo un respeto reverencial a esta colección dirigida por Chus Visor y ahora descubro que con motivo de la publicación de su número 1.000 este año, lo ha querido dedicar a un verso perdido, Estos días azules, este sol de la infancia, que José Machado encontró en un papel arrugado que estaba en un bolsillo de un viejo abrigo de su hermano Antonio, días después de su entierro en Collioure.

¿Un recuerdo de sus años en Sevilla o de su reciente estancia en Rocafort (Valencia), en pleno destierro interior? No lo sabemos, pero me parece una idea preciosa que Chus Visor haya invitado a ochenta y cinco poetas para que interpretaran, a su forma y manera, la continuidad o integración de este verso introductorio para un poema inacabado, con objeto de publicarlos en las páginas del libro número 1.000 de su editorial, dedicado íntegramente a Antonio Machado.

Preciosa idea, precioso mensaje, preciosa lectura para los que quieran seguir interpretando todos los días los mensajes de compromiso social activo de este poeta sevillano al que sus paisanos, como es mi caso, debemos tanto en la forma de interpretar lo que todos los días pasa en la rutina de vivir despiertos.

Sevilla, 3/IV/2018

Nuevo aspecto, nuevo compromiso

A lo largo de los doce años de vida de este blog he cambiado en varias ocasiones su aspecto (look) y forma de acceder a él en su planteamiento técnico (feel). Presento ahora un nuevo tema para ponerlo a disposición de quienes leen este cuaderno de inteligencia digital, de nombre muy simple, 20 17, con nuevas funcionalidades agregadas por elección personal: nuevo motor de búsqueda, nuevo tipo de letra más clara, traductor servido por la tecnología de Google y un reproductor de música que inauguro con una obra preciosa de Alessandro Marcello interpretada por un músico excepcional andaluz que nos hace soñar escuchando su forma de tocar el oboe, natural de Valverde del Camino (Huelva), sobre el que he escrito en varias ocasiones en este blog. Escucharlo es una delicia y es una forma de sentir la música como compañera en la felicidad de leer y en aquellos momentos en que necesitemos encontrar paz interior.

La imagen de cabecera, El Cuarto Estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901), no es una elección inocente. Ya lo había señalado en un post en el que utilicé esta imagen, En caminar juntos está el secreto, que reproduzco a continuación como nuevo hilo conductor de este cuaderno digital que busca siempre islas desconocidas. Espero que lo disfruten conmigo y con todas las personas que se acercan a hojear estas páginas especiales.

Sevilla, 2/IV/2018

En caminar juntos está el secreto

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde.

Rebecca Solnit, Wanderlust. Una historia del caminar.

Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos está el secreto de la vida.

Hoy, he leído un artículo precioso de presentación de un libro sugerente por su título: “Wanderlust. Una historia del caminar”, de Rebecca Solnit: “Desde las primeras páginas de Wanderlust, eché a andar y ya no paré. Atravesé paisajes salvajes, acompañando a los pioneros de la caminata dos siglos atrás, aquellos que inauguraron la idea romántica y todavía vigente del paseo como liberación y como experiencia estética, y que acabaron cuestionando la propiedad privada (las puertas al campo, para nada metafóricas). Párrafo tras párrafo incursioné con ellos en bosques y desiertos, ascendí montañas por primera vez pisadas, y acabé regresando a las ciudades, las grandes ciudades donde el caminar es una forma de resistencia frente al urbanismo sin escala humana y contra el “¿te gusta conducir?”; una oportunidad para provocar esos cruces imprevisibles que enriquecen la vida urbana contra quienes intentan regularla y vigilarla; una forma de ejercer ciudadanía y reapropiarnos del espacio público en la línea de lo que ya leímos antes en Mike Davis o Manuel Delgado” (1).

Antonio Machado también es un referente en mi vida, en un poema que nunca olvido, sobre todo cuando reconozco errores en mi vida de todos y en la secreto, así como cada vez que me levanto después de una caída: “Caminante, son tus huellas /el camino, y nada más / caminante, no hay camino: / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar”.

Vuelvo al Cuarto Estado. Me sobrecoge la fuerza de un camino de reivindicación pacífica que se traduce en las expresiones de la cabecera de esta marcha en la que hay una clara necesidad de hablar por parte de la mujer que lleva al niño en su brazo derecho y con la mano izquierda desea reforzar su pensamiento y sentimiento de clase en su marcha proletaria. Necesitaríamos hoy más que nunca estudiar a fondo este cuadro, que simboliza algo que es imprescindible en tiempos de regeneración ética. Al igual que nos recomendó hace siglos el Eclesiastés, lo mejor es caminar juntos para avanzar en progreso social cundo no entendemos nada de lo que está ocurriendo, porque si caemos o nos frustramos diariamente, entendiendo que la responsabilidad de la corrupción social no es solo del Estado, siempre tendremos alguien al lado que nos levante. La experiencia histórica así lo había entendido: el bienestar social, incluso los proyectos políticos compartidos, pueden llegar a ser como cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Incluso un cuarto poder, cuando el legislativo, el ejecutivo y el judicial, dejan de funcionar democráticamente.

Sevilla, 29/IV/2015

(1) Rosa, Isaac (2015, 27 de abril). Buena gente que camina. Babelia (El País).

Cuando la razón y la verdad caminan juntas

“Lo que está ocurriendo está dentro de esa misma tendencia pragmatoide, de obsesión con lo inmediato”, […] Eso significa la muerte de la riqueza más grande de un país, que es la cultura, porque ahí reside su libertad. La filosofía ocupa una función esencial, porque nos obliga a pensar sobre la lengua, sobre el bien, sobre la justicia, sobre lo que somos, sobre la verdad. Desde los griegos, los filósofos siempre han sido la conciencia crítica de una época”

Emilio Lledó 

Sé que con el título de este post doy en la línea de flotación del hilo conductor de una excelente película recién estrenada en nuestro país, Una razón brillante (El arte de convencer), con un mensaje subliminal muy importante: “La retórica, la oratoria, eso es lo que quiero que aprenda: a tener siempre la razón. Y la verdad da igual”. Esta frase la pronuncia el profesor Pierre Mazard, en un diálogo intrigante con Neïla Salah, una alumna de origen argelino y con un comportamiento especial y digno desde el primer día de clase de Derecho en una Universidad parisina, Panthéon-Assas, de gran renombre. La dialéctica permanente profesor-alumna, en aras de conocer bien la oratoria con una trama concursal universitaria, articula la necesaria búsqueda de la razón educada en la filosofía de Schopenhauer, su dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en treinta y ocho estratagemas. Aunque insisto, la verdad da igual.

Me ha gustado mucho la crítica que hizo Jordi Costa en El País, el día de su estreno, porque contextualiza de forma magnífica la quintaesencia de la película, el gusto francés por el triunfo de la razón, utilizando los títulos de crédito de la película como carta de presentación de la misma: “Es un gozo ver que (…) una novela pueda levantar unas polémicas profundas, animadversión, ira, rencores y amenazas (…) Creo que es el único país del mundo y, obviamente, es el país más bello precisamente por eso”, afirmaba Romain Gary en el espacio televisivo Lectures pour tous, a propósito de la controversia generada por su novela Las raíces del cielo, galardonada con el Goncourt en 1956. Sus declaraciones aparecen en el montaje de archivo que abre Una razón brillante. Junto a las palabras de Gary, una reflexión elegíaca de Claude Levi-Strauss, una insolencia de Serge Gainsbourg y la definición de Jacques Brel de la estupidez como el estado de conformidad de quien ya no siente curiosidad por nada. Todos los fragmentos sirven al mismo propósito: ofrecer una imagen de la cultura francesa como territorio ilustrado, donde toda disidencia y disensión puede ser razonada y argumentada. Una razón brillante no es la comedia francesa al uso para quien va a la sala de cine como quien va al salón de té. Con todo, algo traiciona la ambición de sus propósitos”.

Efectivamente, seguir atentamente el desarrollo argumental de la película no es lo que podemos encontrar en un salón de té, pero sí en rincones del pensar cuando el cine cumple con esa maravillosa función social de compromiso necesario. Como la trama está envuelta de celofán académico, no me importaría concederle un diez como nota final, porque en los tiempos que corren es un aviso precioso para navegantes políticos españoles cumplir a través del cine con una finalidad de Estado, tarea en la que Francia suele ser modélica siempre: la educación que crece de la mano de la cultura es lo que verdaderamente nos hace libres. Aunque solo discrepo del fondo que transmite la película, porque no todo vale ni todo fin justifica los medios: a pesar de que debemos defender la razón a capa y espada, es decir, tenerla, poseerla en estado puro, debe estar acompañada siempre de la verdad. Esa es la gran diferencia, con el espíritu y la letra que nos aconsejó Antonio Machado un día ya lejano: “¿Tu verdad? no, la verdad; y ven conmigo a buscarla. la tuya guárdatela”.

Los animo a que vean esta hermosa película. Después, si les apetece, podemos hablar de ella escribiendo notas en este cuaderno digital. Será una gran experiencia.

Sevilla, 31/III/2018

Llegó con tres heridas…

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

Hoy se aproxima la creencia del cristianismo a la muerte de Jesús de Nazareth. He recordado inmediatamente a Miguel Hernández, como por arte de dignidad laica, porque he vuelto a leer varias veces un poema precioso, en el que aprendemos qué significa caminar a diario con un sentimiento de tres heridas de ausencias: la de la vida, la del amor, la de la muerte (como las Suyas).

Sigo leyendo su cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), en el que logro comprender bien lo que significa dignificar la vida cada día, más allá de la semana santa, en semanas laicas llenas de sentimiento y pensamiento, donde el sentimiento se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento (Alberti, dixit). Porque todos los días convivimos con heridas de vida, muerte y amor…, en ese orden, porque así lo exige la dignidad de la existencia. La que vivió Miguel Hernández en días de ausencias.

Sevilla, 29/III/2018, un jueves laico (a pesar de todo)

Semana Laica en Sevilla y el cante digno del pueblo andaluz

Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas.

Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas

Dicen los profesionales de esta celebración que todo va muy bien este año en la Semana Santa de Sevilla, aunque sigo admirando a los que leyendo a Machado comprenden bien unos versos revolucionarios, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Soy consciente de lo que significa para esta ciudad una Semana como la que ya estamos viviendo en sus primeros días, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, afectos, olores, silencios, aceras laicas y lo que algunos llaman “sevillanía” en estado puro. Hace ya muchos años que escribo en este cuaderno digital sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolo en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En aquellos días de 2006, en los que escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miras puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la definitiva, la que propicia cartelería indicativa como la que conocí hace muchos años en un pueblo del Aljarafe, en una pizarra “dedicada”, que decía en su fecha exacta: “faltan 264 días para el Rocío”. Y cada día, con tiza y borrador, se dibujaba de forma humilde la cuenta atrás de la alegría…

SISTEMAS EMERGENTES

Vuelvo a constatar que el mundo solo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos «a la Sevilla de toda la vida». Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, organizan también esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. El azahar de Sevilla actúa como feromona atrayente para distribuir trabajos muy bien estandarizados. Sin tocar a quienes organizan el mayor espectáculo del mundo, los de toda la vida, porque los de abajo conocen su misión. Tienen oficio. La música sacra de las bandas que han estado preparando sus salidas en semanas laicas, para la Semana Santa, actúa de catalizador para conducir a las masas que se trasladan en clave de “bulla” hacia alguna parte, llevando en volandas a las Señoras o Señores de Sevilla.

Me acuerdo en estas fechas de las familias enteras procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido por otros “mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados que ni siquiera tienen parroquia al lado, blindados por la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que ha supuesto la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

En silencio y lejos de estas aceras atestadas de gente por doquier. Comprendiendo el valor de cada día laico y lo que cuesta vivir tranquilo con uno mismo, sabiendo que muchos pertenecen ya al Club de las Personas Dignas. El que permite que juntos, desde la base, sigamos construyendo una nueva forma de ser en el mundo, en cada segundo, minuto, hora, día, semana y acera, laicos por supuesto.

Continúo con la lectura del libro de Steven Johnson, recuperado e mi biblioteca de cabecera. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de esta cita puntual, deseo transformar este Lunes Santo (sic, según el calendario católico) en un día normal, laico, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante según cuenta el barómetro último de febrero de 2018 elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en referencia a la situación de Cataluña, las pensiones, el paro que nos asola en estos días en Andalucía y la corrupción omnipresente. Es que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: inteligencia digital como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo.

Sevilla, 26/III/2018, Lunes Laico