Luar na Galiza / y 7. Santiago, abre España

Iniciamos el viaje a Santiago de Compostela en tren, abandonando por un día el papel de “volantista” que aclaraba en el primer post de esta serie, para contemplar por la ventanilla de nuestras vidas, en un viaje plácido, la quintaesencia de esta tierra conservadora de su tradición, de su cultura, de su amplio conocimiento del mundo, de sus viajeros hacia muchas partes. En el trayecto pensé muchas veces en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas dependiendo de dónde se situaban las comas: Santiago, cierra, España, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en el Quijote o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia.

La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán.

Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que figura en el Quijote y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. El primero porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan» (1).

La segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón, Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: «Santiago y abre España, a la libertad y al progreso”.

En estas estábamos cuando llegó el tren a Santiago, ciudad asaltada por peregrinos de toda clase y color, que nos acompañaron en todo momento por la calle del Hórreo, hasta las calles Vilar y Franco que desembocan en la plaza del Obradoiro. Tremendo desencanto: el Pórtico de la Gloria no se puede ver por ningún sitio. Todo está en obras de restauración y limpieza. Andamios por allá y por acullá. Sólo se puede acceder a la catedral por dos sitios, con colas interminables: una para abrazar al santo y otra para visitar la catedral. Indescriptible las aglomeraciones, desconcierto y filas que me recordaban (con el debido respeto a los peregrinos de corazón y razón) a lo que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio». Desistimos de guardar las colas, porque nos gusta más bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto los pies en la Basílica de su nombre (según Alberti).

MUSEO POVO GALEGO

Decidimos adentrarnos en el caso urbano, pasear por sus calles, peregrinos por allá y acullá siempre, tiendas de azabaches y plata, vieiras pintadas por doquier, hasta llegar al Museo del pueblo gallego, porque teníamos interés en cumplir un objetivo del viaje: conocer Galicia en su origen. Está ubicado en el antiguo convento de San Domingos de Bonaval, cerca de la Puerta del Camino por la que los peregrinos del camino francés acceden a la ciudad. Hicimos el recorrido completo por sus salas, subiendo y bajando por la preciosa escalera helicoidal de Domingo de Andrade, leímos cualquier rótulo siempre en gallego, porque la institución privada que lo sostiene desea que con este símbolo de la lengua única se comprenda bien cómo el idioma construye también la realidad de un pueblo, así como la relación que tiene con el resto de las lenguas romances. Nos llamó la atención que fuera una institución privada la titular del Museo, que no fuera público, pero así se escribe la historia de la cultura tantas veces en este país. Si se tiene en cuenta su objeto fundacional, el beneficio de la duda es más amplio todavía: estudio, promoción y difusión del patrimonio histórico-antropológico y de la cultura gallega en todos sus ámbitos. Diversidad, elementos que definen al pueblo gallego y objetos que los caracterizan, fueron tres ejes a contemplar en lo que allí se exponía. El mar, el campo, los oficios, su vinculación con la imprenta y la encuadernación a través de libros y prensa, los oficios urbanos, los otros oficios: cesteros y alfareros), sus trajes regionales, la música, la conformación de la sociedad gallega, su memoria y tradición, su hábitat y arquitectura urbana y rural. Completaba la exposición, detalles de su pintura representativa y muestras del arte religioso gallego.

De allí, pasando por el túnel del tiempo, nos trasladamos al Centro Gallego de Arte Contemporáneo, que ocupa un solar adjunto al Museo do Povo Galego, construido con un proyecto del arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira, habiéndose recuperado también la huerta del convento para parque público de Santiago. Al entrar, nos encontramos con una grata sorpresa, porque era un artista andaluz, sevillano por más señas, Luis Gordillo, quien nos esperaba para mostrarnos su obra, bajo el título de Confesión General. Quisimos escucharlo en el audiovisual introductorio a la exposición y comprendimos bien el fondo y forma de su dilatada obra pictórica. Curiosamente, no la visité en Sevilla y ha sido Galicia la que me ha devuelto esta posibilidad.

LUIS GORDILLO

La confesión general de Gordillo es una retrospectiva, “comisariada por Juan Antonio Álvarez Reyes, director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla y Santiago Olmo, director del CGAC. Me pareció paradójico que la exposición es la primera muestra de Gordillo en Galicia y “permite realizar un recorrido por su trabajo desde las series de dibujos de raíz informalista de finales de los años cincuenta hasta las obras fotográficas y pictóricas en las que se emplea las lonas como soporte y las infografías como herramientas. Se trata de una retrospectiva clásica con numerosas obras inéditas o poco conocidas, especialmente dibujos, así como algunas obras en proceso que recrean el clima de su estudio”.

Recorrimos sus salas con detenimiento reverencial, intentando comprender la física y química de su obra, sus innumerables cabezas y caras, hilo conductor de su producción pictórica, su ciencia visual de las cosas, tal y como él las ve y las entrega, así como las anti-cosas, como el las denomina. Nos asombró su relación en las últimas décadas con la fotografía, a través de procesos que él denomina esquizofrenización del color, hasta la obra de nuestros días con utilización plena de base digital.

Volvimos a la Puerta del Camino, rodeados de peregrinos y peregrinas, pasamos de nuevo por colas interminables junto a la Catedral, nos abrimos paso a duras penas por la calle Vilar, llegamos a la Plaza de Galicia, donde el café Derby recordaba en sus sillas los rincones más sobrios los sueños de Valle-Inclán, enfilando finalmente la calle del Hórreo para tomar el tren de regreso a Cambados.

Regresamos unos días después a Sevilla no sin antes pasear unas horas por Pontevedra para conocer un espacio encantador como ciudad acogedora y cargada de historia reciente en la que la ciudad ha sufrido el proceso de industrialización de empresas contaminantes vinculadas con la madera y la celulosa, proceso reivindicativo que ha alcanzado logros importantes al lograr el desmantelamiento de la fábrica de maderas y el cese de actividad de la de celulosa programado para los primeros meses del año próximo.

En el camino de regreso, pasando por Tuy (Vigo), no he olvidado las últimas páginas del libro de Manuel Rivas que me ha servido de guía temporal para adentrarme en Galicia, dedicadas como símbolo de respeto a la memoria histórica de este pueblo. Lleva por título programático, Oración fúnebre por la orquesta del viento, que encontré un día en ese libro tan querido que me ha acompañado durante todo el viaje, muy interesante, sobre la tierra que vio nacer a Manuel Rivas y como un ejercicio entre lo local y lo universal. Es un texto que leyó el 22 de junio de 1999, en un acto de homenaje a los republicanos asesinados [sic, en el libro] en la villa de Tui en 1936, en el lugar donde los fusilaron y donde ese día se inauguró el monumento que figura al comienzo de este post. Lo leo con el respeto que me causa siempre cualquier referencia a lo sucedido en la guerra civil española, que no la comprendo, pero sobre la que busco interpretaciones históricas de gran valor y rigor científico. Todavía me siguen sobrecogiendo estas palabras de Rivas, que vuelvo a teclear ahora con nerviosismo y cierto dolor íntimo, para entregarlas a la Noosfera digna. Volviendo al Sur, que también existió en esos días tan dolorosos y que todavía existe hermanado mediante esta serie con Galicia, con su historia y con su memoria, deseando siempre que España se abra a la libertad, sin ira, libertad. Al progreso.

Oración fúnebre por la orquesta del viento

“Benditos los muertos
sobre los que cae la lluvia.”

Scott Fitzgerald, El Gran Gastby

Éste es un acto de justicia, de reparación histórica y también de valerosa inteligencia.
No podemos recuperar el tiempo.
No podemos volver atrás con la flecha del tiempo y reconstruir lo destruido, la realidad aterradora y maravillosa de las vidas rotas por la más terrible maquinaria del odio que asoló estas tierras.
Pero a la manera de los remos del arca, podemos avanzar proyectándonos hacia atrás.
Podemos imaginar las vidas cuando vivían antes de la tragedia.
El paisaje, incluso la luz de aquellos días está definido por el horror que vino.
Día sombríos, sórdidos, tenebrosos.
Pero en realidad eran días de verano.
Días luminosos del bajo Miño.
La bajada del río como un cine de color y hermosísimo.
Habría tensiones, conflictos, pero ellos y ellas conformaban una comunidad de esperanza, una república de sueños acumulados en años, siglos, de luchas y sacrificios.
Podemos imaginarlos construyendo el frágil sentido de la vida.
Levantándose, saludándose – ¡hola, buenos días! -, trabajando, enamorándose, haciéndose bromas o burlas, contándoles algún cuento a los hijos, acaso reflejando sus rostros felices de domingo en la orilla del río.
En esos momentos en los que la mirada humana, de la vida, es más hermosa que el mismísimo cielo.
Esa república de los sueños acumulados con luchas y sacrificios de siglos.
El frágil tejido de la vida.
Esa comunidad de esperanza.
Esa mirada.
Todo fue destruido.
Y hasta se destruyó el silencio que siguió porque en el silencio se escuchan los muertos y lo llenaron de calumnia, mentira, falsedad y miedo.
Hay una historia de una mujer que deja un instrumento de música en el ataúd de su hombre muerto, con un mensaje: Si quieres algo, llama.
Hoy podemos escuchar la orquesta de los muertos, de los asesinados, de los huidos, de los exiliados, de aquellos a los que secaron la vida por dentro aunque siguiesen vivos.
Esa tenaz orquesta, como viento que emana del corazón de la tierra, persistió así con la melodía de la libertad.
Si estamos aquí es porque la terrible maquinaria del odio y del miedo no pudo con la orquesta de viento de los muertos.
Y hoy, cuando se rehace laboriosamente la comunidad de la esperanza, debemos hacer un solemne llamamiento desde Tui: que desaparezcan de Galicia, de la nomenclatura de las calles, plazas e incluso colegios públicos los nombres de los verdugos de la historia. Y lo hacemos no por ninguna clase de revancha sino en nombre de la justicia y de la inteligencia.
Porque lo que debe honrar una democracia, una comunidad libre, es, en primer lugar, a aquellos que dieran su vida por la libertad.
Este monumento de Tui tiene el valor de los que los canteros llaman la piedra maestra.
Porque hay que cimentar la casa del futuro sobre el valor, sobre la decencia, sobre los mejores sueños de la humanidad, sobre la aristocracia del alma que fue lo que ellos representaban.
Hoy, delante de la escultura de Silverio, delante de esa piedra que hace vida, podemos decir que se cumplió la profecía: “Enterraron semilla”.
Sean mil veces benditos los muertos, bendita la tierra y bendita la lluvia y benditos vosotros que los hacéis florecer.

Sevilla, 3/IX/2017

(1) Cervantes, Miguel de (2004). Don Quijote de la Mancha. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

Luar na Galiza / 6. La última sonrisa del caos

FISTERRA

Fisterra / JA COBEÑA

Seguimos haciendo el “camino” por Galicia, en esta ocasión por la Costa da Morte. Tenía una razón de fondo: la expresión “nunca máis” perdura en el tiempo de las respuestas populares a situaciones incomprensibles. Es verdad, nunca máis debe resonar siempre ante las injusticias de este mundo diseñado a veces por el enemigo. Fisterra, Muxía y Camariñas eran tres puntos de interés en esta etapa. Eran bastantes kilómetros por recorrer en una sola etapa y solo quisimos aproximarnos a una expresión de la naturaleza que no nos defraudó ni en el fondo ni en sus formas. Las carreteras nos mostraron el verde “constancia” de Galicia, nunca mejor dicho en el año dedicado por Pantone a este color, su vegetación alterada por los eucaliptos, sus colores vivos en las casas azules, verdes y violetas de cada Concello, de cada parroquia, los sempiternos hórreos, los difíciles límites territoriales porque todo se une en una expresión de proximidad lejana entre parroquias.

Llegamos a Fisterra, el fin de la tierra española por Galicia, después de sentir el último abrazo de los pinos autóctonos. Es impresionante la aproximación al faro, presagiando que algo se oculta allí que se presentará ante nuestros ojos de forma descarnada, aunque no sean horas de luscofusco (crepúsculo). El camino estaba rodeado en sus arcenes por peregrinos de todo tiempo y lugar. Muchas preguntas me hago, con el debido respeto reverencial a quienes lo protagonizan, sin respuesta alguna. Cerca, en Serra, hay una placa dedicada a Camilo José Cela, con una frase programática: “Finisterre es la última sonrisa del caos del hombre asomándose al infinito”. Es verdad porque así lo sentí. Se sabe que en un chalé cercano recibió la noticia del Premio Nobel en 1989 mientras escribía páginas de Madera de boj, como una premonición existencial: «Ahora ya no es como antes, ahora la gente ha descubierto que la novela es un reflejo de la vida y la vida no tiene más desenlace que la muerte”.

Siguiendo la recomendación de Manuel Rivas, aparcamos el coche para hacer el camino del faro. Es un edificio que acoge, desde 1853, el faro que protege la Costa da Morte, donde se reconocen hoy en día centenares de naufragios, siendo recordado especialmente por el gravísimo incidente del Prestige que comenzó el 13 de noviembre de 2002. Se divisa desde 31 millas (57 kilómetros). He conocido posteriormente que existe un edificio anexo, llamado eufemísticamente La Vaca de Fisterra, que también entró en funcionamiento en el siglo XIX para los días en los que la niebla impedía ver la luz del faro, pero que ya no se utiliza. Emitía sonidos estridentes cada minuto. ¡Qué sugerente! ¡Estábamos en el Finis Terrae de los romanos, donde los fenicios ya habían estado! Paseamos de oriente a occidente y viceversa, asomándonos a los acantilados, para descubrir el Océano Atlántico en su dimensión más oculta. Silencio sepulcral, solo roto por las olas al romper en el acantilado.

No llegamos a un lugar emblemático de Fisterra próximo a Cabanas, un lugar aparentemente inacabado como la obra de Antonio López. Me refiero al cementerio marino del escultor pontevedrés César Portela, compuesto por 17 cubos de nichos en granito, desalineados, aprovechando los senderos existentes, sin alterar el paisaje. Es un homenaje explícito a cuantas personas han perdido la vida en esta Costa de agujas submarinas de piedra. Era importante recordarlo, porque todo no se puede ver en la vida.

NUNCA MAIS

Dirigimos posteriormente nuestros pasos a Muxía, porque tenía claro que le debía una presencia de respeto para repetir una y mil veces su “nunca máis” ante cualquier situación intolerable en la vida ordinaria. Accedimos al paseo marítimo, que nos recibió en una tarde de agosto muy plácida, con el mar calmo y aproximándose a su limpia playa con delicado oleaje, muy lejos de lo que supuso para este enclave marino el desastre del Prestige. En la página web del Concello había leído días antes que “Muxía es una de las primeras localidades que afrontó las consecuencias [de este desastre] en forma de chapapote primero y de marea blanca de voluntarios que vienen a ayudar, después”. En Muxía, triste recuerdo, se hacían encajes para el Titanic. Fatales coincidencias de la historia del mar.

Finalizamos el viaje en Camariñas, en busca del encaje perdido. Queríamos contemplar otra cara de la Costa da Morte, a través de una tradición que ha marcado épocas de gloria para este Concello. Contemplamos en directo cómo se trabaja el encaje de bolillos, con una demostración sencilla pero admirable. El puerto nos pareció especialmente bello y nos acompañó el viento que presagia siempre la forma de ser y estar en esta Costa. Comprendimos cómo ante situaciones difíciles de la vida, se entiende bien por qué hay que solucionarlas como haciendo encaje de bolillos.

Día especial. Regresamos a Cambados en silencio para intentar asimilar todo lo visto y no visto. Fue una lección espléndida de historia antigua y contemporánea. También, de la importancia que tiene la solidaridad humana. Comprendimos mejor que nunca la última sonrisa del caos cuando nos asomamos al infinito de la vida haciendo «camino» al andar, al viajar.

Sevilla, 1/IX/2017

NOTA: la imagen de Nunca mais se ha recuperado hoy de http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/4/6/twitter-vuelve-reivindicar-nuncamais-1350403353064.jpg

Luar na Galiza / 5. Visita al hombre de pasado mañana

VALLE INCLAN

Imprescindibles. De tertulia con Valle-Inclán

Lo recordaba así, con palabras de Manuel Azaña al día siguiente de su entierro: “Él hubiese querido ser, no el hombre de hoy, sino el de pasado mañana”. Era un claro objeto de deseo en este viaje iniciático para conocer Galicia: visitar a Ramón María del Valle-Inclán en un lugar muy querido por él, a Pobra do Caramiñal, su Viana del Prior muy particular, donde pasó días inolvidables de su vida y donde escribió obras que todavía perduran en el corazón de los que aman la literatura de este país, tan poco delicado con la cultura en su sentido más puro. Allí se inspiró y escribió obras tan importantes como El pasajero, Cara de plata, Divinas palabras, Los cuernos de don Friolera, Tirano banderas y Luces de Bohemia, entre otras.

La llegada a Pobra do Caramiñal fue especial porque pudimos contemplar el paso de diversas agrupaciones de gaiteros al celebrarse en esos días las fiestas de agosto. Una expresión artística de primer orden en Galicia, con un sonido característico con reminiscencias celtas y que se ha recuperado de forma muy cuidada. Nos dirigimos a la Torre Bermúdez, un edificio del Renacimiento, con una intrahistoria familiar para don Ramón que refleja el sentimiento de afecto a su tierra, aunque no fuera el lugar de su nacimiento, en Vilanova de Arousa, pero sí por el amor que profesó siempre a este lugar cargado de sentimientos y emociones, de momentos de sosiego anímico y de turbación al tener que abandonarlo en un momento dado por su precaria situación económica, fijando su residencia en Villa Eugenia donde estaba el despacho “del desvanillo donde yo me retiraba a fumar la pipa y construir palacios”. Torre Bermúdez acoge hoy día el Museo dedicado a la memoria de Valle-Inclán, al que accedimos para visitarlo sin prisa alguna, en busca del tiempo perdido, intentando comprender bien la vida y obra de este representante de la Generación del 98, del que apenas escuché referencias literarias en mi educación madrileña.

Conserva manuscritos impecables, tales como el epistolario con Manuel Azaña, ediciones originales impresas de libros del artista, correspondencia con su gran amigo Victoriano García Martí, cartelería teatral y fotografías realizadas por el autor. Pudimos escuchar su voz y ver imágenes de su visita al estudio del pintor Julio Romero de Torres. Leímos con atención reverencial los paneles didácticos que resaltaban sus vicisitudes múltiples, personales y artísticas, que nos ayudó a comprender mejor su obra.

Me sobrecogió encontrar allí su primer libro publicado, Femeninas. Seis historias amorosas (1895), con notas manuscritas del autor, así como una edición especial firmada y numerada por el propio escritor de Sonatas. Memorias del Marqués de Bradomín (1928). Recorrimos los diferentes espacios del museo (salas) que enmarcan diferentes épocas y ambientes históricos y literarios del autor, con denominaciones muy queridas para él, Arousa (marco geográfico, comunitario y familiar del escritor), Bradomín (consagración a la estética modernista), Viana del Prior (espacios valleinclanianos de realidad y ficción literaria) y Max Estrella (etapa de consagración al esperpento).

Nos quedó clara la personalidad de Valle-Inclán en su evolución artística e ideológica, su continua búsqueda de identidad en viajes imposibles a una forma de vivir esperpéntica en realidades sociales tan contrapuestas como la gallega, cubana o castellana, con pronunciamientos a veces extremos que le proporcionaron vicisitudes y momentos muy difíciles en su vida ordinaria, personal y familiar. Desde la presidencia del sindicato obrero católico hasta la aproximación real a la República, permite hacer un recorrido existencial profundo en la figura controvertida de Valle-Inclán.

LA MALCASADA

Salimos del Museo con la impresión de que sabemos muy poco de la intrahistoria de autores que han aportado tanto a este país. Conociendo sus trayectorias vitales comprendemos mejor su obra. Y recuerdo, como ejemplo simbólico, su presencia en La malcasada, una película atrevida para la fecha de su estreno, 1926, donde se habla abiertamente del divorcio. En unos planos que se pueden ver en el Museo, aparecía Valle-Inclán junto a la actriz María Banquer posando para un cuadro en el estudio de Julio Romero de Torres. Pienso en lo que vino después y salgo de Pobla do Caramiñal con la impresión real de que don Ramón de Valle-Inclán era un hombre de pasado mañana, algo que suele ocurrir cuando te equivocas de siglo al crear vida y compromiso activo para luchar por un mundo mejor. Gran lección en Galicia.

Sevilla, 31/VIII/2017

NOTAS

1. El vídeo incorporado pertenece a la serie de RTVE, Imprescindibles, presentado en 2012 bajo el título De tertulia con Valle Inclán: “[…] protagonizado por el actor, periodista y escritor coruñés Xerardo Pardo de Vera, que da vida al creador de los esperpentos. Completan el reparto los actores Juan Diego, Juan Luis Galiardo, Javier Godino y Fátima Rey. El documental se centra en los personajes de ficción creados por Valle-Inclán. Ellos son los encargados de explicar la figura del genio, reflexionan sobre sus obras, comentan sus declaraciones, sus conferencias y exponen sus vivencias. Junto a estos actores, aparecen los escritores Suso del Toro, Manuel Rivas e Ignacio Amestoy, además de estudiosos de la figura de Valle-Inclán”.

2. La imagen se ha recuperado hoy de https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Banquer#/media/File:Valle-Incl%C3%A1n42.jpg . En ella figura Valle-Inclán, junto a la actriz María Banquer, en el estudio de Julio Romero de Torres.

Luar na Galiza / 4. El paisaje habla

SANTA MARINA DOZO
Santa Mariña Dozo – Cambados (Pontevedra) / JA COBEÑA

Rumbo a Galicia. Ya estábamos mentalizados en que nos aproximábamos a Galicia, con una lectura en paralelo, crítica, que conservaba en la mente unas palabras esclarecedoras de Manuel Rivas sobre su tierra querida: “El paisaje habla. Las cicatrices del paisaje, como ya dijo Freud, pueden explicar otros malestares, comenzando por el cultural”. Llevaba una idea en el equipaje mental de que Galicia ha sufrido mucho con decisiones políticas en los últimos treinta años que la han maltratado por tierra, mar y aire en su esencia conservadora, en el buen sentido de la palabra conservadora, es decir, que deseaba mantener viva su cultura y manifestaciones paisajísticas que la caracterizan. Conservarlas.

Lo hemos observado en los días que hemos recorrido Galicia de norte a sur y algo de oeste a este. Nos ha sorprendido, por ejemplo, la convivencia no pacífica de los eucaliptos con el pino autóctono, sabiendo que el eucalipto es el llamado “árbol del Estado”, como decía el sociólogo Mario Gaviria de la realidad eucaliptal de Huelva. Hemos pasado por carreteras donde se abrazaban las ramas de los árboles de un lado a otro y el omnipresente eucalipto desdibujaba imágenes preciosas que las conservamos en nuestra memoria de hipocampo.

Hicimos la entrada triunfal a Galicia por una autovía, espléndida, pero que nos hizo recordar inmediatamente como nos alejaba de la realidad de sus pueblos, tal y como los habíamos conocido en el viaje anterior, hace ya veintidós años. Es el tributo que pagamos para facilitar las comunicaciones, es indudable, pero una de las peculiaridades de esta tierra es el paisaje y el paisanaje. Habíamos salido del territorio abrupto de una parte de Castilla- León y entrábamos en una zona verde inmensa, donde sabemos que el agua es su principal aliado para manifestarse desde todas las perspectivas posibles. Estoy de acuerdo con Manuel Rivas en que, en este avance imparable de la llamada modernidad, es imprescindible trabajar siempre con consenso y, en relación con el viaje que nos ocupa, especialmente sobre la ordenación de los territorios, preservando aquello que mantiene una esencia y presencia cultural de siglos. Decía Rivas que en aquellos años de gobierno de don Manuel Fraga Iribarne, se debió trabajar con este espíritu de consenso para “Decidir lo que es sagrado. Lo que no se toca. Salvar algo.” Pero no fue así y Galicia es víctima ahora de muchas decisiones tomadas hace veinte años y más, que han condicionado su desarrollo.

Llegamos a Cambados, nuestro territorio provisional en Galicia, efímero, un lugar con encanto, que tiene una posición geográfica envidiable para disfrutar de un punto de encuentro para frecuentar zonas emblemáticas de esta Comunidad, que son siempre futuro para sus lugareños, no tanto para nosotros. Es la esencia que debemos respetar en el ciclo actual del llamado “turismo”, porque los que viajamos a estos lugares unos días, tenemos que saber respetar que aquella es su ciudad, su pueblo, y no tenemos derecho alguno a alterarlo con usos y costumbres que rompen muchos siglos de historia. Podemos disfrutar mucho más de aquello que nos rodea en el momento presente si se respeta su forma de expresarlo, vivirlo, hablarlo, sentirlo y compartirlo. Además, en su lengua, tan rica en palabras que simbolizan ideas muy complejas, pero que con una sola palabra traducen sentimientos y emociones que necesitamos otros, los visitantes, expresar con muchas palabras. Un ejemplo lo tenemos en palabras como saudade (nostalgia, añoranza, melancolía, fantasma del bien soñado (Rosalía de Castro), lembranza (recuerdo), enxebre (auténtico, puro, genuino), bolboreta (mariposa) luscofusco (momento del atardecer en el que oculta el sol), luar (resplandor de la luna) y tantas otras que he escuchado con veneración absoluta, casi con aprecio reverencial, que no miedo.

Cambados resume bien muchas historias de Galicia, la dualidad del señorío y de la plebe, las creencias y el pensamiento en otro más allá, la tierra y el mar. Las tres realidades que se convierten en una en esta villa, Fefiñáns, Cambados y San Tomé do Mar, reflejan a todas luces ese proceso necesario de integración y de convivencia durante siglos de la historia de Galicia. El Renacimiento italiano está presente en la plaza de Fefiñáns, donde es fácil transportarse con la imaginación al siglo XVI para contemplar la belleza arquitectónica del Palacio de Figueroa, en forma de pazo, incrustada en ella. Lugares de especial encanto son también el pazo de Ulloa, que al ser propiedad privada solo nos permitieron entrar en la capilla del mismo; la iglesia de San Benito, construida por el interés de un señor, eI Vizconde de Fefiñáns, don Gonzalo de Valladares, el Pazo de Montesacro y la capilla adjunta de la Virgen de la Valvanera, fruto del mestizaje logroñés en aquél Concello y, sobre todo, las ruinas de Santa Marina Dozo, construida sobre restos románicos del siglo XII.

Sobrecoge la entrada en estos restos arquitectónicos, porque avanzas hasta el ábside a través de sepulturas de todo tipo y linaje, a cielo descubierto. Álvaro Cunqueiro lo definió como “el más melancólico camposanto del mundo”. Indescriptibles son las sensaciones al caminar por aquellas ruinas, donde la imaginación vuela a cielos insospechados, permitidos in situ a través de las ruinas que quedan como símbolo para la posteridad. Avanzando por aceras en las que se alternaban casas y viñedos con su uva mágica, albariño, fuimos a visitar San Tomé, el pueblo marinero que se integró posteriormente en la denominación Cambados. Está visiblemente alterado por las construcciones recientes, pero mantiene todavía su sabor. Allí nos acercamos a las ruinas actuales de la torre de San Sadorniño, de la que he sabido que se cuidó en su estructura romana hasta el siglo XVIII, con una actuación precisa por los ataques de los Irmandiños, de los que he conocido su interesante historia de revuelta y gran guerra por algunos retazos históricos que explica Manuel Rivas en mi libro guía de este viaje. Me ha interesado mucho esta mención y estoy leyendo en la actualidad documentos al respecto para comprender mejor la quintaesencia gallega. Una vez más, se repite la dualidad Iglesia-Estado, presente en Cambados a lo largo de los siglos, con el apoyo de reyes y nobles. Y el pueblo marinero, plebeyo, siempre tan cerca, pero tan lejos.

Es verdad: el paisaje habla. El paisanaje…, también.

Sevilla, 29/VIII/2017

Luar na Galiza / 3. Como decíamos ayer… 

SALAMANCA

Iniciamos el camino a Galicia, que no a Santiago. Queríamos contemplar en este viaje especial otra cara, laica, de un pueblo desconocido por nosotros en su identidad más pura. Un camino largo que necesitó una parada programada en Salamanca, que nos recibió con un mural muy significativo. Es una ciudad para admirarla, nada más, en el sentido primigenio que dio Aristóteles a la palabra admiración, como palabra que define muy bien a la filosofía, como capacidad que tienen las personas para admirarse de todas las cosas. Pocas horas para contemplarla en sitios escogidos: San Esteban Monumental (Padres Dominicos), las dos catedrales y las Escuelas Mayores. Nada más.

Desde el teso de la feria, hemos contemplado durante noche y día las catedrales de Salamanca con un juego de colores maravilloso, al igual que la iglesia de San Esteban, cuya fachada nos impresionó por su majestuosidad renacentista-plateresca. Era la mirada simbólica del mural. La entrada al claustro sobrecoge por el silencio que experimentamos en él, paseando por sus pasillos peripatéticos, rodeados de arcos renacentistas que dan forma a los maineles con capiteles tallados con grutescos, monstruos, putti, etc.

Visitamos también los dos Capítulos, donde en el antiguo están enterrados dominicos que han aportado saber humano, sobre todo en torno a su Dios, tales como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Pedro de Sotomayor, entre otros. Subimos al claustro superior por la extraordinaria escalera de Soto, que fue quien la pagó, aunque es obra arquitectónica de Rodrigo Gil de Hontañón. Y pasamos a la Iglesia, de estilo gótico tardío, que nos ofreció la gran sorpresa en este viaje: la utilización de grandes espejos para contemplar el cielo de bóvedas, arcos apuntados, nervaduras y cruceros, con un detalle espectacular. Me llamó poderosamente la atención algo que descubrí en el fresco del coro, dedicado a la iglesia militante y triunfante, sobre todo la militante, representada por una mujer vestida de pontifical y subida a una carroza. A su lado está Santo Tomás de Aquino y avanzando junto a ella están las cuatro virtudes cardinales: prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Curiosamente, la carroza atropella a los siete pecados capitales representados por animales: el oso (la ira), el avestruz (la gula), el pavo (la soberbia), el lobo (la avaricia), la cabra (la lujuria), el perro (la envidia) y la tortuga (la pereza). Me senté en un banco a reflexionar sobre aquella imagen de mujer triunfante en su militancia. No era para menos, porque cuando salíamos nos sentamos en el confesonario al que acudía Teresa de Jesús para encontrar un sentido a una idea que la perseguía a menudo: “No hay virtud de mujer que no se tenga por sospechosa”.

Nos trasladamos pensativos a las dos catedrales, la vieja y la nueva. Pudimos visitarlas por orden histórico, es decir, comenzando por la vieja, que también escondía sorpresas a estas alturas de mi vida. Espejos por allá, por acullá. Nos sorprendió su valor histórico y que pudiéramos contemplarla nueve siglos después del inicio de sus obras, porque la inteligencia eclesial del siglo XVI decidió mantenerla cuando comenzó la construcción de la catedral nueva. Me pareció maravilloso el cimborrio, datado en el siglo XII, con dos cúpulas distintas, la interior y la exterior, de una complejidad arquitectónica admirable. Nos sentamos a contemplar el retablo mayor, con 53 tablas admirables de la escuela renacentista italiana, atribuida a los hermanos Delli. Vuelve a primar el canto a la mujer representando las citadas tablas el ciclo completo de la vida de la Virgen María y de Jesucristo, desde el Nacimiento de la Virgen hasta el tránsito de la Madre de Cristo, todo acompañado de escenas de la vida de Jesús y rematadas por el magnífico Juicio Final. Se utiliza con frecuencia el color rosa, bajo la influencia de la escuela sienesa y florentina, mezclado con los detalles típicos de la pintura flamenca. Y me causó especial admiración la coronación del retablo con la representación del Juicio Final, en el que Jesucristo separa los buenos de los malos, que tanto ha perdurado hasta nuestros días en la religión católica, haciendo sufrir sin sentido alguno a tantas personas por la asunción del pecado. A la derecha de Cristo aparecen los salvados o buenos, vestidos de blanco y a su izquierda, desnudos, los condenados por ser malos. Lo de siempre, con un aviso para navegantes porque entre los malos, hay algún obispo o Papa. Para que no se olvide.

La catedral nueva se construyó porque la vieja era pequeña y no podía albergar bien los fieles que atraía sobre todo la Universidad. Pasamos a visitarla, contemplando una planta del gótico tardío y con actuaciones propias del barroco, como incrustadas en ella, dada la tardanza en culminar su obra, dos siglos concretamente, desde el XVI al XVIII. Nos recordó mucho la de Sevilla, por su planta y por su grandiosidad. Contemplé con admiración los dos órganos, restaurados en la actualidad, así como las numerosas capillas dedicadas en las naves laterales.

Por último, visitamos las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, con su fachada plateresca en la que destaca un medallón que incluye la imagen de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, acompañados de un texto escrito en griego que simboliza muy bien la presencia regia en la universidad salmantina: «Los Reyes a la Universidad y la Universidad a los Reyes». Pasamos al interior del claustro, con un interés manifiesto: visitar de nuevo el aula dedicada a Miguel de Unamuno (¡que inventen ellos!, frase sacada de contexto hasta nuestros días), antigua aula de Derecho canónico, sin despreciar las restantes en las que también entramos. El aula de la elocuencia, hoy llamada aula Dorado Montero dedicada al que fue profesor penalista de esta Universidad. También, el aula Francisco Salinas en honor al músico y catedrático contemporáneo de Fray Luis de León, quién le dedico la famosa Oda a Salinas; el aula Fray Luis de León, muy austera y que conserva el mobiliario original, presidida por una cátedra desde la que se dictaban las lecciones, vigas de madera que servían de pupitre y asiento a los estudiantes y unos asientos pegados a la pared que servían para la asistencia a las clases de los doctores o invitados ilustres como Carlos V y que, según dicen, en una ocasión escuchó una lección de Fray Francisco Vitoria.

ESCUELAS MAYORES

En el trayecto interior de las Escuelas Mayores, encontré una pintura realizada en un muro, con el corte clásico de la época, dedicada a Francisco Tomás y Valiente. Lo traigo a colación porque no lo pasé por alto. Me senté junto a una ventana del patio a contemplarlo, durante unos minutos, en la cuna de la sabiduría de este país y agradecerle su dedicación y entrega a la enseñanza universitaria hasta que la intransigencia de unos pocos, al ser asesinado por ETA en 1996, le privó de seguir viviendo apasionadamente, como él lo hacía.

Como decíamos ayer, recordando a Fray Luis de León, fue una parada técnica desde la perspectiva cultural para recobrar sentido a un viaje a Galicia diferente, especial, donde lo importante no era hacer turismo de siempre, sino recuperar el sentido de la vida a través de la naturaleza, es decir, cumplir con la máxima latina “gratia non datur, natura dispensatur” (la gracia nunca presupone lo que no la naturaleza no da), que en Salamanca sonaba aquél día de forma diferente: “quod natura non dat, Salmantica non praestat”. Galicia tampoco.

Sevilla, 27/VIII/2017

Luar na Galiza / 2. Luar na lubre

Busqué una canción emblemática de Galicia para que nos acompañara en este viaje especial y lo tuve fácil porque en mi memoria de hipocampo resuena con bastante frecuencia una canción preciosa, Tú, gitana, que la relaciono inmediatamente con esta tierra. La canta Sara Vidal, acompañada por un conjunto al que admiro mucho, Luar na lubre (Resplandor de la luz en el bosque celta), grupo coruñés de música folk. Como casi nada es inocente en la vida, esta canción tampoco lo es, conociendo al autor de su música, Jose Zeca Afonso, el carismático líder de la revuelta silenciosa de los claveles en Portugal cantando como nadie Grándola, vila morena. Él recogió la letra de la canción, que pertenece al Cancioneiro popular de Vila Viçosa, de la que recojo una estrofa preciosa: porque el pueblo es quien más ordena, a la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad.

La verdad es que Ir a Galicia es acercarse siempre a Portugal. La canción fue elegida como fondo sonoro de una campaña publicitaria de promoción de la Comunidad, en 2006, con un eslogan que tampoco he olvidado: palabras únicas, para emociones únicas. Es verdad porque la letra de la canción emociona por su aproximación a la realidad de los que caminan sin descanso por la vida simbolizados en el poder fáctico atribuido a una etnia, la gitana, tan próxima a nosotros:

Tu gitana que adevinhas
me lo digas pues no lo se
si saldré desta aventura
o si nela moriré.

O si nela perco la vida,
o si nela triunfaré,
Tu gitana que adevinhas
me lo digas pues no lo se.

Tú, gitana que adivinas
dímelo, pues no lo sé
si saldré de esta aventura
o si en ella moriré

O si en ella pierdo la vida,
o sin en ella triunfaré
Tú, gitana que adivinas
dímelo, pues no lo sé

El viaje se presenta también como una aventura para descubrir un pueblo diferente al nuestro, el andaluz, pero quizá ha sido esta canción una forma de aproximarnos a esta tierra tan bella, que siempre nos la han presentado como viajera necesaria por el exilio y, además, muy conservadora, pero que Manuel Rivas me lo ha aclarado de forma extraordinaria en un artículo recogido en el libro que me ha acompañado en este viaje a alguna parte y que cité en la primera entrega de esta serie. Dice el autor que “En mi demorado recorrido por Galicia siguiendo al pie de la letra la guía de don Ramón Otero Pedrayo, encontré muchos conserveros, y aun miles y miles de latas de conserva, pero constaté que conservadores, lo que se dice conservadores, se pueden contar con los dedos de una mano”.  Y afirma rotundamente: “Es hora de decir la verdad. Toda la intención de esa mayoría gallega a la que se tiene por conservadora, comenzando por los políticos que así se definen, es conservar lo menos posible y deshacerse de lo realmente conservable lo antes posible. Si a alguna conclusión llegué después de mi estancia en Galicia es que allí hay un proceso en marcha para no conservar nada. No hay tótem sagrado de Galicia que no esté en trance de extinción, y hasta las vacas tienen puestos los cuernos a remojo”. Finaliza su artículo con una premonición: “Definitivamente, en Galicia, pese al tópico de la Galicia conservadora, no encontré casi conservadores. Conocí, eso sí, unos cuantos, pero la gente los considera tipos raros y revolucionarios”.

Han pasado muchos años desde que Manuel Rivas escribió estas líneas, pero tengo que verificarlas en la medida que sea posible durante este viaje, porque tengo que reconocer que también pertenezco al grupo de los que piensan que Galicia tiene al PP al frente del Gobierno de la Comunidad por ese motivo, porque son “conservadores”. Lo veremos, porque la negra sombra de Rosalía de Castro, maravillosamente cantada por Luz Casal, es otra realidad que también existe.

Sintonizo de nuevo Tú, gitana. Canto con Sara y Pablo esta bella canción, en estrofas que son un programa de viaje hacia alguna parte: Tú, gitana que adivinas / dímelo, pues no lo sé / si saldré de esta aventura / o si en ella moriré / O si en ella pierdo la vida, / o sin en ella triunfaré / Tú, gitana que adivinas / dímelo, pues no lo sé. Las resonancias de José “Zeca” Afonso, autor de la canción, a quien también debo parte de mi ideología por su preciosa Grándola, vila morena, no me dejan indiferente. Espero que esta tarde, mañana o noche nos sirva para valorar la inteligencia de la música hecha compromiso.

Ahora, como me ocurrió en 2006, sólo quería compartirlo contigo, formando parte de este cuaderno de viaje: palabras únicas, para emociones únicas.

Sevilla, 26/VIII/2017

Luar na Galiza / 1. Un viaje especial

BANCO DE LOIBA

He escogido el título de esta serie, en gallego, porque representa muy bien el claro objeto de deseo de dedicar palabras especiales a un viaje reciente a Galicia, que siempre he admirado como pueblo, pero que no conocía suficientemente aun contando con antepasados familiares en Pontevedra. He admirado también la palabra luar, resplandor de la luna, dando continuidad a la vida, iluminándola en cualquier momento como si fuera el faro de Fisterra, perpetuo en el alma, para facilitar un viaje interior caminando siempre hacia adelante. Luar na Galiza, Resplandor de la luna en Galicia.

Han sido días de búsqueda incesante de la identidad gallega en cualquier camino a recorrer, porque me interesaba descubrir una tierra en la que he necesitado localizar guías, más bien un guía, diferente, habiéndolo encontrado en la persona del escritor coruñés Manuel Rivas (que tanto admiro) a través de su obra Galicia, Galicia (1), presentada como un ejercicio de libertad entre lo local y lo universal para dar respuesta a una pregunta no inocente: ¿qué ocurre en el finisterre europeo? Me pareció extraordinaria una recomendación en los días previos al viaje, porque en ese libro, escrito en un tiempo político concreto de la Comunidad, presidida por Fraga Iribarne, habla de método para conocer su tierra natal a través de la literatura, que él llama no sin cierta ironía, agencia de viajes Otero Pedrayo y la Compañía Álvaro Cunqueiro, con dos obras de ambos autores gallegos, Os camiños da vida y Tesouros novos e vellos, respetivamente. También, leyendo al poeta Manuel María, en su libro Andando a terra. Dice Rivas que “Yo no sé cómo la gente se complica tanto la vida a la hora de viajar”, porque “te sientas en casa, al fresquito de los libros y pronto te sientes un comandante de jetgaviota tomando pista en la playa de Troba de Laxe. Hablas por la megafonía y anuncias con voz de vocalista de verbena: “Amigos viajeros, primero vamos a Carcasona y luego a los Caneiros de Betanzos, con paradita en Cuba y en el Ribeiro”.

A pesar de sus recomendaciones, inicié el viaje en coche, que él lo desaconseja en cualquier caso, dado que tener coche es una desgracia como otra cualquiera, así como ir por la vida como volantista, porque cuando se conduce no vemos lo que los demás ven cuando no lo utilizan o son pasajeros de viajes especiales. Es verdad, me ha pasado en estos días por la red de carreteras de Galicia, porque cuando iba preocupado con un stop o un cambio de sentido, no podía apreciar bien los cruceiros o lo que el narra como “una hermosa cruz de piedra y las espinas del Cristo, también de piedra”. Yo no llevaba la Guía de Galicia de Otero Pedrayo, al que cité anteriormente, pero sí recordé en tierras gallegas una murmuración de Rivas hacia él hecha, eso sí, con saudade: «Ándele, don Ramón, cuénteme un poco cómo es Galicia». Mejor todavía, «Ándele, don Manuel (Rivas), cuénteme un poco cómo es hoy día el luar en Galicia».

Sevilla, 25/VIII/2017

NOTA: la imagen, el banco de Loiba, se ha recuperado hoy de https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2015/06/17/famoso-banco-loiba-noche-verano/0003_201506G17P28993.htm

(1) Rivas, Manuel (2002). Galicia, Galicia. Un ejercicio de libertad entre lo local y lo universal. Madrid: Suma de Letras.

En ausencia de Basilio Martín Patino

Cuando alcanzamos una determinada edad, somos más sensibles a las ausencias de personas que por una razón u otra, han significado algo o mucho en nuestras vidas. Es el caso de Basilio Martín Patino, posiblemente un gran desconocido para las generaciones actuales, pero que para la mía, en concreto, fue un referente para identificar señas de identidad de la ansiada libertad cósmica, polivalente, en este país. Lo conocí a través de una gran película, Nueve cartas a Berta, que comienza con una cita inolvidable de Antonio Machado: «Esta es la historia de un español que quiere vivir, y a vivir empieza». Era lo que me pasaba a mí, alma inquieta hasta la muerte, porque en 1966 me aproximaba a la mayoría de edad, algo que soñaba como mágico para tomar las riendas de mi azarosa vida.

He recogido un fragmento de la crítica de la película que hizo la revista Fotogramas en enero de 1966, que me parece muy interesante sin olvidar el contexto que en una ocasión le recuerda a Lorenzo (el protagonista), su padre (falangista de pro), sobre las dos Españas, donde una helaba el corazón: “(…) Basilio Martín Patino ha hendido de tal forma en esa carne de su generación universitaria, que no sólo ha logrado su propósito, sino que su obra quedará como una auténtica vivisección de su época y sus gentes. El filme de Basilio Martín Patino que tal vez esté divorciado de eso que aquí llaman espectáculo, supone, por el contrario, un ejercicio moderno, escrito con gran belleza, al que podemos considerar como el análisis de una vida –mejor, de muchas vidas-. La rabia del autor está metida aquí en muchas cosas, pero también el dolor y la tristeza. Y será difícil que alguien que haya vivido, aunque sea de lejos, los problemas de los universitarios “de provincia”, no quede conmovido ante este verdadero espectáculo que se nos ofrece repleto de aciertos cinematográficos”.

Seguí de cerca su obra cinematográfica y procuré no “perderme” ninguna película de este excelente director, que hizo siempre películas no inocentes, en el sentido que tantas veces he defendido en este blog y aprendido del escritor neo-marxista George Lukács, precisamente en los años setenta del siglo pasado sobre la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1).

He recordado con estas palabras la realidad del tiempo y de quienes son sus protagonistas o estrellas invitadas, alguna vez, en la vida de cada persona. Cuando no encontramos respuestas ante la realidad de la muerte, siempre recuerdo la de una persona simbólica, el Eclesiastés, que ante tres preguntas claves sobre la vida, ¿qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra? y, por último, ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?, solo da una respuesta en el capítulo siguiente. Primero, la respuesta está en el silencio de Dios, porque ese capítulo 3 de las preguntas, acaba de forma contundente para los que defienden creencias teístas: las respuestas no las vamos a conocer nunca porque “[Dios] también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue [nunca] a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin” (Eclesiastés 3, 11). Y sigue el capítulo 4 con una explicación preciosa: hablemos de amistad, porque la solución está en creer en ella, dado que si es auténtica es como la cuerda de tres hilos, que nunca se puede romper. Porque si te caes, siempre habrá alguien cerca para levantarte. De cualquier caída, de cualquier derrota, de cualquier ausencia. Hoy, la de Basilio Martín Patino.

Sevilla, 13/VIII/2017

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4s.

Van Gogh: estrella invitada

Cuando era pequeño y soñaba como pequeño, me impresionaba leer en perfecto inglés la referencia a la estrella invitada (guest star) en aquellas películas americanas de la sesión continua habitual del cine Tívoli, local refrigerado, que hacía más llevaderas las tardes de verano en Madrid, con visita al ambigú en los descansos para probar helados de la selecta nevería de la que disponía aquel cine en concreto. Me lo ha recordado simbólicamente el anuncio del estreno de una película asombrosa, Loving Van Gogh, que veremos muy pronto en los cines de este país, porque el pintor holandés es la auténtica estrella invitada en un papel estelar, valga la redundancia, que explico más adelante.

He leído con pasión las referencias técnicas de la película porque supone una revolución espectacular en el cine animado, que se traduce en una obra ciclópea en la que han intervenido más de ciento veinte artistas bajo la dirección de la pintora polaca Dorota Kobiela y su pareja, el cineasta Hugh Wlchman, que han pintado al óleo durante cinco años de preparación de la película, más de ciento veinte obras de Van Gogh, reflejadas en 62.450 fotogramas y 12 pinturas al óleo cada segundo, que dan vida a la trama argumental de la película, extraída de la lectura de más de ochocientas cartas del pintor.

Ocho personajes de Van Gogh han cobrado vida propia en esta obra maravillosa, formando parte de su reparto: Douglas Booth como Armand Roulin, Jerome Flynn (Dr. Gachet), Saoirse Ronan (Marguerite Gachet), Helen McCrory (Louise Chevalier), Chris O’Dowd (Postman Roulin), John Sessions (Pere Tanguy), Eleanor Tomlinson (Adeline Ravoux) y Aidan Turner como Boatman, todos ellos pintados y animados especialmente para esta película.

LA COSECHA-JA COBENA
La cosecha. Copia del original de Van Gogh, 1888 / JA COBEÑA

Paseando hoy por un barrio de mi memoria he recordado que en enero de 2005 finalicé la copia de un cuadro suyo, La cosecha (en La Crau), como primer trabajo del taller en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor. Lo he visto en el tráiler y me ha emocionado, porque sé lo que escribió él al contemplarlo como obra inacabada de una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

El gran director japonés Kurosawa ya se aproximó en 1990, con animación y financiación americana, a la pintura de Van Gogh, con su extraordinaria película Sueños, concretamente en el quinto, dedicado a los cuervos e interpretada por Martin Scorsese como Vincent van Gogh: “Un estudiante de arte se encuentra dentro del mundo vibrante y a veces caótico dentro de la pintura de Van Gogh, donde conoce al artista en un campo y conversa con él. El estudiante, en un momento determinado, pierde el rastro del artista (quien pierde una oreja y se acerca al final de su vida) y viaja a través de otras obras tratando de encontrarlo. La pintura de Van Gogh «Campos de trigo con cuervos” resulta ser un elemento importante en este sueño. Además, Kurosawa escogió como música de fondo el preludio N.º 15 en Re bemol mayor del compositor polaco Frédéric Chopin”.

CARRIL BICI FLUORESCENTE
El primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

Espero la película con la ilusión que contaba al principio en mis citas con estrellas invitadas por el cine Tívoli de Madrid. En esta ocasión, una muy especial, Vincent Van Gogh, quien imaginaba sueños para después pintarlos para los demás en su mundo precioso de cielos estrellados, recordados hoy de forma asombrosa por sus paisanos ocasionales de Nuenen (Holanda).

Sevilla, 11/VIII/2017

Vergüenza ajena como exfuncionario

FORGES

Hemos sido noticia otra vez los funcionarios, no por su trabajo digno diario, mayoritario, en todo el país, sino por algo por lo que he sentido vergüenza ajena al escucharlo. Ha sucedido en el Ayuntamiento de Ponteareas (Pontevedra) el pasado lunes, donde se ha aprobado en Pleno un acuerdo, con los votos de BNG, PSdeG-PSOE y Riada do Tea, mediante el cual se incentiva la efectiva asistencia y permanencia en el trabajo -a la que se destina el 70% de lo que se abonará en concepto de productividad- «cuando el personal municipal realice el noventa por ciento de la jornada máxima semanal vigente en el Concello en cada momento».

La interpretación popular es inmediata: se va a premiar al personal funcionario por ir a trabajar, porque hacerlo por trabajar mejor para salvaguardar el interés general sin pérdida de tiempo alguno, a través de objetivos públicos alcanzados, por ejemplo, es harina de otro costal. Me parece inconcebible el procedimiento y daña a la imagen del funcionariado en general, cuyo trabajo es encomiable de forma mayoritaria. Cantidad de tiempo presencial versus calidad en el logro de objetivos públicos al servicio del interés general, en estado puro.

Con esta decisión damos pábulo a la concepción extendida a nivel popular sobre funcionarios y funcionarias de este país, altivos, que he recordado en varias ocasiones en este blog: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Cuando en una ocasión vi aquel chiste de Forges, brillante humorista español, en el que aparecían tres presuntos funcionarios echados hacia atrás en sus sillones, con las manos cruzadas en la nuca y diciendo: “se me abren las carnes cada vez que me dicen que me tengo que ir de vacaciones…”, me pregunté el porqué de estas interpretaciones de la calle. Sin comentarios. Pasados los años, ocupando ahora un puesto de responsabilidad en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el ámbito económico-financiero, me gustaría retomar aquellas consideraciones desde la perspectiva de asunción de responsabilidades de un funcionario que no sabe muchas cosas que los ciudadanos y ciudadanas de este país sospechan en la relación con la Administración andaluza”.

Lo digo hoy como exempleado público, porque he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo”.

Espero que las aguas vuelvan a su cauce, aunque como exfuncionario no piense que sé cosas que los ciudadanos normales ni sospechan, porque lo que si sé es que por noticias como la del Ayuntamiento de Ponteareas, el mal ya está hecho de nuevo.

Sevilla, 9/VIII/2017