Vagabundeamos en un mundo al revés

Harto ya de estar harto, ya me cansé / De preguntar al mundo por qué y por qué / La rosa de los vientos me ha de ayudar / Y desde ahora vais a verme vagabundear / Entre el cielo y el mar / Vagabundear.

Joan Manuel Serrat, Vagabundear, 1971

Sevilla, 19/X/2022

Gabriel García Márquez hablaba con frecuencia de que iba del timbo al tambo por su vida, tal y como nos lo confirmó en el prólogo de sus cuentos peregrinos, cuando los entrega al mundo “peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. También, Charles Chaplin fue el vagabundo más sensato de cuantos han existido hasta hoy. Todavía mantengo en la filmoteca de mi vida su magistral interpretación en El Chico, película en la que se convirtió en mi ídolo en la infancia a pesar de su vagabundez extrema, en la que Chaplin lanzó mensajes no inocentes, recordando por ejemplo el momento de la salida del hospital al dar a luz la madre de John, el chico, como un grito reivindicativo a la sociedad americana tan dual y puritana, a través de las clásicas escenas de texto en el metraje: “La mujer cuyo pecado era ser madre” o el comportamiento despiadado de los servicios sociales americanos de la época al arrancarle al niño de su protección al ser un vagabundo, aunque sale victorioso de tal situación”. Igualmente, Joan Manuel Serrat como cantor en mis años jóvenes, junto a Mediterráneo, que compuso una canción, Vagabundear, dedicada a ese arte como metáfora de hacer camino al andar cuando estamos perdidos, peregrinando aquí y allá por la vida: Harto ya de estar harto, ya me cansé / De preguntar al mundo por qué y por qué / La rosa de los vientos me ha de ayudar / Y desde ahora vais a verme vagabundear / Entre el cielo y el mar / Vagabundear.

En este contexto vuelve a presentarse en sociedad una investigación liderada por una neurocientífica española, Nazareth Castellanos, que ya conocía desde años atrás, que se centra en una realidad que confirma algo llamativo: el cerebro vagabundea la mitad del tiempo de nuestras vidas, tal y como lo ha confirmado en una entrevista reciente en el diario El País: “Casi la mitad del tiempo nuestro cerebro es un vagabundo” que propicia el vagabundeo mental: “Es uno de los conceptos más interesantes en torno a la actividad cerebral. Pablo d’Ors decía que hay que pasar de ser un vagabundo a ser un peregrino. En el cerebro existen esos dos estados. Según un estudio de la Universidad de Harvard, casi la mitad del tiempo —más o menos un 47% del tiempo en que estamos despiertos— nuestro cerebro es como un vagabundo. Y de vez en cuando, por ejemplo, cuando investigamos o cuando practicamos meditación, se convierte en peregrino. Y está claro que el cerebro necesita vagabundear, perderse…, ¡pero el 47% es excesivo! Eso es lo que la Universidad de Harvard identifica como una de las mayores fuentes de insatisfacción vital: ese vagabundeo hace que nos sintamos a la deriva. Lo hizo en un artículo publicado en 2010 en la revista Science titulado A Wandering Mind Is an Unhappy Mind [una mente divagante es una mente infeliz].

Desde un punto de vista estrictamente científico, vagabundear ”Es un estado que se llama red neuronal por defecto (RND). La persona que lo descubrió en 1990, Marcus Raichle, de la Universidad de Washington, lo define como “el ruido de fondo del universo”. Durante ese estado, que es espontáneo, el cerebro empieza a generar actividad de forma estocástica, es decir, al azar. Se llaman “sueños diurnos”. Igual te preguntan: “¿En qué piensas?”, y tú respondes: “En nada”, porque no eres consciente. Sin embargo, ahí dentro hay una vorágine descomunal. Ahora bien, de todas esas funciones que hace ese “vagabundeo”, se calcula que solo un 30% es indispensable. El resto se ha comprobado que no sirve para nada, que es una disipación de energía enorme. Todo eso tiene implicaciones en las enfermedades neurodegenerativas: cuanto más tiempo pasas en ese estado a lo largo de tu vida, más probabilidades tienes de tener depósitos de placas de beta-amilo, que es lo que tienen las personas con alzhéimer o con demencia”. La verdad es que me sorprende este hallazgo científico porque a juzgar por lo que yo había aprendido en mi vida profesional sobre las estructuras del cerebro, me entusiasmaba saber que el cerebro es un trabajador incansable, que no para de hacer cosas durante las veinticuatro horas de cada día, que no es errático, que nunca pierde el tiempo, por decirlo de forma coloquial, porque sabe “ordenar y organizar” muy bien las interconexiones cerebrales, al fin y al cabo la vida de cada uno. Es muy sabio, en pocas palabras, aunque la realidad de que enferme no se conoce todavía bien para justificar todas las enfermedades mentales que existen.

Recuerdo en este sentido una estructura cerebral que funciona como un reloj, las veinticuatro horas del día, sin perder un segundo en nuestras vidas, incluso cuando el cerebro intenta vagabundear. Se llama Núcleo supraquiasmático, NSQ, con unas “características técnicas” sorprendentes que vienen “en su libro de instrucciones existencial”, valga la expresión, en el carnet genético de cada ser humano. Y llama poderosamente la atención la lectura atenta y el análisis de las “características técnicas” que figuran en ese libro-guía. Es un reloj (conjunto de neuronas) de diseño exclusivo y puedo garantizar que no existen dos iguales: mi reloj no lo tiene nadie. Existe reloj (NSQ) de hombre (redondo) y reloj de mujer (alargado) y es probable que esta forma influya en las aferencias y eferencias, es decir, conexiones de entrada y salida con otros núcleos del cerebro, fundamentalmente con la “forma” de ver las cosas el hombre y la mujer, por el papel preponderante de la retina. Es muy pequeño, de aproximadamente 0.8 milímetros y está compuesto de unas 15.000 a 20.000 piezas, es decir, neuronas que hacen un trabajo maravilloso de sincronización puntual para mantenernos despiertos ante cualquier situación vital o para indicarnos que hay que “ir a la cama” para dormir, para mantenernos en actitud de vigilia al interesarnos otras cosas y regular la situación diaria de “estar necesariamente despiertos o dormidos”, entre otras muchas actividades permanentes, porque sabemos que no descansa nunca, aunque a los “propietarios” nos permita, por ejemplo, soñar todos los días. La sincronización es perfecta. Repito: de relojería humana, que no suiza.

Por eso, me entusiasma pensar cómo Serrat, en una canción muy popular, explica el cansancio humano y el vagabundeo asociado a él, hastiado de preguntar tanto por qué y por qué en un mundo al revés, que se lo facilita su NSQ, su reloj existencial: “Como un cometa de caña y de papel / Me iré tras una nube pa’ serle fiel / A los montes, los ríos el sol y el mar / A ellos que me enseñaron el verbo amar / Soy palomo torcaz / Dejadme en paz. Su pasión es volar en el tiempo que le queda libre parta transformar su vida a diario.

Visto lo anterior, me interesa resaltar algo importante de la entrevista citada porque finaliza con una pregunta inquietante: “En su libro infantil Alicia y el cerebro maravilloso [Penguin Random House], usted sostuvo que a ser feliz se aprende. ¿No es mucho sostener? Claro que se aprende [… ] La felicidad se aprende cuando aprendemos a cuidarnos. Para mí, está relacionada con un concepto que tendríamos que desarrollar mucho más en la sociedad, que es el de la intimidad. Pascal decía que un gran problema de la humanidad es que no sabemos estar con nosotros”. Probablemente porque nos da miedo: “En Harvard hicieron un experimento tremendo. Metieron a un grupo de personas en una sala con paredes blancas, sin nada. Les dijeron: “Puedes estar un minuto o una hora; lo único que tienes que hacer es mirar hacia dentro, ver tus propios pensamientos”. La gente aguantó de media seis minutos. El 72% definió la situación como desagradable. La conclusión del experimento fue: es muy duro estar con alguien que no conoces”.

Vuelvo a Serrat y me encuentro con una reflexión que me ayuda a ubicarme en el mundo de vagabundeo existencial: No me siento extranjero en ningún lugar / Donde haya lumbre y vino tengo mi hogar / Y para no olvidarme de lo que fui / Mi patria y mi guitarra las llevo en mí / Una es fuerte y es fiel / La otra un papel. Cada uno, cada una, suele contar la feria como le va, que decimos en un dicho muy popular, como nos va la vida en pocas palabras. Unos teniendo mucho, porque todo lo parece poco, siendo poco y, otros, con casi nada, muy ligeros de equipaje en ese vagabundeo diario dirigido por el cerebro y… por el Amor.

La gran paradoja de la vida es que el cerebro también se equivoca en sus elecciones, porque no es infalible, porque es, sencillamente, humano, sobre todo cuando vagabundea sin horizonte fijo, yendo a menudo del timbo al tambo: No llores porque no me voy a quedar / Me diste todo lo que tú sabes dar / La sombra que en la tarde da a una pared / Y el vino que me ayuda a olvidar mi sed / Que más puede ofrecer / Una mujer.

Lo verdaderamente apasionante es que la locura de amar revoluciona siempre nuestras vidas y de eso el cerebro sabe mucho, porque se “expresa” a través de hormonas que exigen siempre respuestas inmediatas, incluso en los momentos de pérdida del Norte, que dicen los listos, los que lo saben todo, los que siempre tienen respuesta para todo, poniéndose el cerebro por montera, nunca mejor dicho, incapaces de comprender que también tenemos derecho a vagabundear porque, lo digo alto y claro, el libro de instrucciones para vivir dignamente no existe. Eso, el cerebro lo sabe porque se conoce a través del carnet genético de cada uno y su cadaunada:  Es hermoso partir sin decir adiós /Serena la mirada, firme la voz / Si de veras me buscas, me encontrarás / Es muy largo el camino para mirar atrás / Qué más da, qué más da / Aquí o allá / Qué más da, qué más da / Aquí o allá. En un mundo tan descreído, me entusiasma pensar que “Como un cometa de caña y de papel / Me iré tras una nube pa’ serle fiel / A los montes, los ríos el sol y el mar / A ellos que me enseñaron el verbo amar / Soy palomo torcaz / Dejadme en paz. Eso es lo que pide un cerebro vagabundo, que lo dejemos en paz para seguir buscando un mundo mejor, para transformar el que actualmente existe, en el que vivimos y porque, visto lo visto, no nos gusta.

Como vagabundos cerebrales tenemos un derecho barato, al alcance del cerebro, que es soñar despiertos, creando historias imaginables e incluso reales como la vida misma, que nos devuelvan la ilusión de vivir felices. Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo al revés actual hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón y sueños a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos citados anteriormente, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo. De soñar creando, vagabundeando si es necesario, porque los ojos, cuando están cerrados, siempre preguntan sobre razones para seguir viviendo.

Una última cuestión. Nazareth Castellanos está vinculada a la Cátedra extraordinaria de Mindfulness y ciencias cognitivas, de la Universidad Complutense de Madrid y Nirakara Lab. Hoy la he citado expresamente por su trabajo científico sobre el cerebro vagabundo, porque me parece muy interesante investigar sobre esta realidad científica en su fase actual de estudio, pero en relación con el Mindfulness quiero expresar que mi punto de vista, bastante crítico ante este movimiento, ya lo expliqué con detalle en el artículo que escribí en 2021, en este cuaderno digital, sobre este fenómeno actual, El Mindfulness (la atención plena) no es inocente, en el que finalizaba con palabras que vuelvo a recoger hoy con idéntico rigor, porque cuando hablamos de Mindfulness estamos hablando siempre del cerebro humano, una maravillosa estructura orgánica que contiene todas las posibilidades para atender plenamente la vida diaria de cada persona, que va más allá de las autoayudas y pseudociencias. Pero lo más interesante es que el cerebro permite grabar poco a poco la ética de cada vida a través de la inteligencia, que se desarrolla e instala en él a lo largo de la vida; que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, estresantes casi siempre, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, nuestra ética personal e intransferible, lo que he llamado muchas veces en este cuaderno digital la “solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso, que mediante unas páginas de un libro que publiqué en 2014, Origen y futuro de la ética cerebral, pueden ayudar ahora a conocer cómo las estructuras del cerebro justifican nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo con atención y conciencia plena (Mindfulness ético) ante lo que está pasando.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Octubre ilumina el mar de la memoria

Vivir es retornar a cada Octubre
para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, en Poema para octubre, 1952 (Elegía en otoño, Obra poética, 1946-2003).

Sevilla, 16/X/2022

Durante la pandemia pude iluminar el mar de mi memoria con unos versos que llevaban la sabiduría de vivir dentro, Poema para octubre, del poeta cordobés Leopoldo de Luis (Córdoba, 1918 – Madrid, 2005), que me permitió en aquellos días rememorar lo que puede significar en nuestra vida retornar a cada octubre, con una idea implícita de que acompaña a septiembre al despertar en cada curso vital, como metáfora del académico que ha alumbrado desde antiguo nuestras vidas. Vuelvo a leerlo porque octubre siempre vuelve. Este mes de raíces romanas, otubre (válido para la RAE) o el octavo mes en su cronología laica, está sumido en una situación compleja para el mundo y para nuestro país, inmerso en una desconcertante invasión rusa en Ucrania, con una pobreza real en este país que no se quiere ver, como mostré ayer en mi artículo Andalucía sigue presentando datos muy preocupantes de pobreza y exclusión social, junto a una desafección política galopante, como si viviéramos todos los días en mundos contrapuestos, el político y el real como la vida misma, en un espectáculo semanal en el Congreso de los Diputados nada edificante, que requiere templar los ánimos para sobrellevar cada día de la forma más digna posible. Sobre todo porque asistimos a un acoso y derribo permanente del Estado del Bienestar y al ocaso de la democracia de la forma más sutil que podamos imaginar. A trancas y barrancas hay que demostrar cada día qué significa la dignidad política, de los que la practican como oficio y la de los que luchamos por defenderla a diario, porque también debe ser nuestra tarea democrática todos los días, aunque constatemos también que a millones de personas les da absolutamente igual y así nos va. Por eso suelo buscar refugio en la poesía, porque me gusta interpretar la belleza oculta de la vida a través de las palabras mágicas de las personas capaces de hacer de un conjunto de palabras un verso libre y liberador como el viento.

Leopoldo de Luis (Leopoldo Urrutia, su verdadero nombre), con una obra poética bastante desconocida y de alma republicana, fue coautor junto a Miguel Hernández y Gabriel Baldrich de un libro de poesía social, Versos en la guerra (1938), donde figura el poema citado, Poema para octubre, que reproduzco a continuación, con la idea de que sirva para quien lo quiera interpretar en su vida, en este octubre, quedándose con su mensaje de reencuentro en todo lo lejano, por ejemplo, siendo conscientes de que vivir es ser corteza de este roble / que en hielo y sol el tiempo va quemando. Me emociona saber que Miguel Hernández fue un excelente compañero de «su» viaje. Quizá nos sirva en esta canción triste de otoño, para comprender mejor el mensaje implícito de este mes de octubre tan extraño y complejo, deseando que llegue la próxima primavera y el nuevo octubre para sentir nuestro corazón dorado: El mar de la memoria / se enciende, se ilumina, y a su amparo / el corazón revive, / remoza primaveras, sollozando:

Poema para octubre

La tarde es una rosa vagamente
en la rama desnuda del ocaso.
Una rosa ceniza, como un frío
beso crecido en unos muertos labios.

Leve sombra desliza
su palidez de hielo entre mis manos.
Las pupilas alargan sus miradas
como cautivos pájaros.

Octubre otra vez fruto
de este paisaje, este árbol
donde día tras día oscuramente
mi pobre corazón se va quedando.

Vivir es reencontrarse
en todo lo lejano,
ser otra vez aliento en el paisaje
que fue otra vez soñado.

Vivir es ser corteza de este roble
que en hielo y sol el tiempo va quemando.

El mar de la memoria
se enciende, se ilumina, y a su amparo
el corazón revive,
remoza primaveras, sollozando.
La tarde es una rosa vagamente
en la rama desnuda del ocaso.

A la piadosa luz de octubre vuelvo
y entre la tibia cuenca de mis manos

como un niño dormido
mi corazón levanto.

Vivir es retornar a cada Octubre
para sentirse el corazón dorado.

La tarde es una rosa vagamente
ceniza.
Octubre es fruto
otra vez en el árbol.

NOTA: la imagen de Leopoldo de Luis que figura en la cabecera de este artículo, un retrato del poeta realizado por la pintora Irene Iribarren en 2004, ha sido recuperada del excelente trabajo sobre el poeta, publicado en el blog: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2019/01/10/36683/

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Andalucía sigue presentando datos muy preocupantes de pobreza y exclusión social

El Estado de la Pobreza. Seguimiento de los indicadores de la Agenda 2030 UE 2015 – 2021 / Informe general y sobre Las Comunidades Autónomas

Conocer con datos científicos que 2.738.318 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía, es decir un 32,3% del total de población,  están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 8,1% del total, es decir, casi un millón y medio de personas, son cifras lo suficientemente elocuentes que confirman que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos.

Sevilla, 25/X/2022

La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES) presentó ayer en el Congreso de los Diputados su XII Informe “El Estado de la Pobreza. Seguimiento de los indicadores de la Agenda 2030 UE 2015 – 2021”’, de sumo interés social porque por primera vez se recogen “los datos oficiales de pobreza tras la pandemia de la COVID-19, mediante un análisis detallado de todos los indicadores sociales disponibles a nivel estatal y autonómico”. El indicador AROPE (At Risk Of Poverty or social Exclusion), que ya he explicado en artículos anteriores su evolución estadística, “sitúa la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en 2021 en el 27,8 % de la población residente en España, frente al 27% registrado el año anterior. Este porcentaje se traduce en 13.176.837 personas, 380.000 más que en 2020 […] El XII Informe está marcado por el cambio metodológico del indicador AROPE, que se modificó en 2021 de acuerdo con los objetivos de la Estrategia Europa 2030. La tasa AROPE, con la nueva metodología, se define como población en riesgo de pobreza o exclusión social a aquellas personas que se encuentran al menos en una de estas tres situaciones: riesgo de pobreza, carencia material y social severa, o baja intensidad en el empleo”.

Hay que reconocer que el estudio muestra un empeoramiento de los principales indicadores de pobreza en 2021, “aunque en menor intensidad si se tienen en cuenta las estimaciones realizadas al inicio de la pandemia de COVID-19, que apuntaban a un incremento de un millón de personas (el aumento ha sido de 319.000 personas más en situación de pobreza respecto a 2020)”. Todo hay que decirlo y reconocer que el Escudo Social impulsado por el Gobierno ante la pandemia ha permitido que un millón y medio de personas ha evitado entrar en situación de pobreza durante la COVID-19: “Sin embargo, esta cifra no puede ocultar la gravedad de una situación que nos coloca como el cuarto país en Europa con más personas en situación de pobreza y exclusión social, unas cifras que ya venían empeorando antes de pandemia, y cuyo impacto no ha hecho más que agravar”.

En la citada presentación se hizo especial hincapié en que es muy preocupante “la situación de los hogares monoparentales con uno o más menores a cargo: más de la mitad, el 54,3 %, se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, 4,5 puntos porcentuales por encima de la registrada en 2020, y la más alta desde 2014, año a partir del cual comienzan los registros de esta nueva metodología. La vivienda y los suministros básicos se han convertido en un quebradero de cabeza para los hogares en situación más vulnerable. Así, el 36,2 % de las personas en situación de pobreza refiere gastar más del 40% de su renta en la vivienda, mientras el 14,3% de la población española no puede mantener su hogar a una temperatura adecuada. Respecto a las dificultades para llegar a fin de mes, el 44,9 % de las personas presentan alguna clase de dificultad, una cifra ligeramente inferior a la del año pasado. Sin embargo, debe destacarse que se registra un importante descenso de personas que llegan con mucha dificultad a fin de mes: de 4,7 millones en 2020 a 4,1 millones en 2021”.

Hay una novedad que se resalta en este estudio que considero de especial interés social. Me refiero al nuevo perfil de pobreza porque hay un incremento de las personas pobres con empleo y de las personas pobres con estudios medios y/o universitarios, frente a los dos de estudios anteriores, desempleo y bajo nivel de estudios. Personas con educación superior alcanzan una tasa AROPE del 10,4 %: “Además, han crecido en un 16,2 % las personas ocupadas en situación de pobreza o exclusión social, mientras el grupo de las personas paradas sigue siendo el que más sufre: el 58,6 % está en AROPE”. Al final, los datos de este informe revelan que la pobreza en este país se está convirtiendo en algo estructural, con muchos niveles intervinientes a tener en cuenta.

Una vez más, si grave es esta situación como país, lo que el estudio revela es que se recrudecen las desigualdades territoriales por Autonomías. Vuelve a dividirse España en dos mitades, Norte y Sur, donde sale perdiendo de forma abrumadora esta última. Si se compara en AROPE, las tasas más bajas son de Navarra y País Vasco, con el 14,7 % y el 16 % respectivamente. Las más altas se registran en Andalucía y Extremadura, ambas con el 38,7 %. En el informe se expresa literalmente que “el territorio es una significativa fuente de desigualdad y la cohesión territorial debería ser, no solo desde un punto de vista formal, un importante objetivo político”.

Junto al informe general, recomiendo la lectura del Resumen Ejecutivo del estudio, porque permite tener una visión completa de lo anteriormente expuesto, a través de veintidós páginas excelentes para comprender el alcance real del exhaustivo trabajo científico llevado a cabo por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), que ofrece datos para quien corresponde asumirlos e intervenir para mejorar los resultados en la transformación del país y su Bienestar Social. Las dianas de la pobreza muestran que la población pobre y las personas con discapacidad sufren de forma clara la inferior calidad de vida que soportan con respecto al total de la población.

Junto a lo anterior es de especial interés analizar también el informe realizado por Comunidades Autónomas, para bajar al detalle de la territorialidad y lo que supone en este país tan invertebrado. Con independencia de que cada persona debe analizar ,los datos según sus posiciones previas de interés social, incluyo en este artículo determinados datos para facilitar la comprensión del informe. Comienzo por la importancia que se da a la territorialidad en el informe: “Desde hace muchos años este informe viene mostrando las grandes disparidades en la calidad de vida de las personas según el territorio donde viven. Nuevamente, debe insistirse en que las desigualdades territoriales no aparecen de la nada. Es cierto que la pobreza y la exclusión social se distribuyen diferencialmente en los territorios en función de la configuración histórica de las comunidades autónomas, la posición geográfica, la naturaleza de la economía y la evolución del PIB, la distribución de la población y otros aspectos estructurales; pero también dependen de la gestión política, la inversión pública del Estado, la inversión de fondos europeos y las políticas comunes, es decir, de las distintas estrategias de cohesión e integración social que se ponen en marcha en los distintos niveles de la administración -local, regional, nacional, europeo-. Todo ello es importante, especialmente en estos tiempos –no solo a causa de la pandemia–, también porque parece reactivarse el interés por enfrentarse de una vez al problema de la financiación territorial. En los términos que interesan aquí, el territorio es una significativa fuente de desigualdad y la cohesión territorial debería ser, no solo desde un punto de vista formal, un importante objetivo político”.

Cuando se analiza en el informe la pobreza en las Comunidades Autónomas, las principales conclusiones obtenidas en el análisis del AROPE también son aplicables a la tasa de riesgo de pobreza, es decir, la desigualdad territorial es muy elevada, existe una clara diferenciación norte-sur y un deterioro en función de los objetivos de la Agenda 2030. La distribución regional de la tasa de riesgo de pobreza en 2021 y los datos para comparar la evolución con respecto al año 2008, 2015 y 2020 se pueden verificar en los gráficos del informe: ”En primer lugar, tal como sucede prácticamente todos los años, en 2021, Andalucía, Extremadura y Canarias mantienen las tasas más altas de población en riesgo de pobreza, con cifras entre el 32,3% y el 30,1 %. Por otra parte, Navarra con el 9,8% y País Vasco, con el 12,2% son las de mejor desempeño:

Se vuelve a apreciar respecto del informe del año pasado, que “algunas regiones que históricamente han presentado menores tasas de pobreza sufren un deterioro significativo de sus datos, mientras que se ha producido una mejora en otras que, a lo largo de los años, han sido más castigadas por la pobreza. En este sentido, debe destacarse la agresiva evolución registrada en Baleares, País Vasco, Castilla y León y Andalucía, con incrementos en su tasa de riesgo de pobreza entre el 25% y el 13%, con tasas que se elevaron en 3,5, 2,2, 2,8 y 3,8 puntos porcentuales sobre las de 2020. Por otra parte, Canarias, Asturias y Galicia registraron mejoras entre el 5% y el 10%, con reducciones de 1,5, 1,8, y 1,9 puntos porcentuales respectivamente y Cataluña y Cantabria con mejoras superiores al 10% y 1,9 y 2,6 puntos porcentuales, respectivamente”.

La pobreza severa es otra realidad lacerante: “el 47 % de las personas pobres están en pobreza severa, esto es, casi la mitad de las personas pobres viven en hogares con un ingreso inferior al 40% de la renta mediana nacional que, en términos absolutos, equivale a 530 € mensuales por unidad de consumo. Con respecto al año pasado, la cifra ha crecido en 2 puntos porcentuales (45 % en 2020) lo que evidencia un incremento en la intensidad de la pobreza; esto es, para este año no solo hay más personas pobres sino que son aún más pobres de lo que lo eran el año anterior. En la actualidad, el 10,2% de la población española está en pobreza severa, cifra que es siete décimas superior al 9,5% registrado en 2020. Sin embargo, este moderado incremento oculta importantes variaciones a nivel regional. Éste último año, la tasa de pobreza severa ha aumentado en 12 comunidades autónomas. Destaca especialmente el incremento en La Rioja (3,2 puntos porcentuales, 81 % de crecimiento), en Baleares (3,2 puntos porcentuales, 52 % de crecimiento) y en Andalucía (4,3 puntos porcentuales, 37 % de crecimiento). Por otra parte, la pobreza severa se ha reducido intensamente en Cantabria (-2,7 puntos porcentuales; -31 %), Cataluña (-2,3 puntos porcentuales; -25 %) y la C. Valenciana (-2,3 puntos porcentuales; 17,5 %), y más moderadamente en Asturias y Galicia.

No quiero abrumar con más datos, porque los aportados son muy significativos. Los diferentes Informes citados están a nuestra disposición y, sobre todo, de las Autoridades Públicas, a quienes corresponde tomar medidas urgentes, algunas de emergencia social, para paliar la situación actual en de pobreza en Andalucía. Conocer con datos científicos que 2.738.318 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía, es decir un 32,3% del total de población,  están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa en un porcentaje del 8,1% del total, es decir, casi un millón y medio de personas, son cifras lo suficientemente elocuentes que confirman que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Medidas como el ingreso mínimo vital (IMV), el incremento del salario mínimo y los ERTEs, han paliado en parte estas cifras, pero se demuestra con este informe que a pesar de ello Andalucía arrastra una pobreza que no le permite levantar cabeza desde la corresponsabilidad social y territorial. Lo decía al comenzar este artículo: el Escudo Social que impulsó el Gobierno ante la pandemia ha permitido que un millón y medio de personas haya evitado entrar en situación de pobreza durante la COVID-19: “Sin embargo, esta cifra no puede ocultar la gravedad de una situación que nos coloca como el cuarto país en Europa con más personas en situación de pobreza y exclusión social, unas cifras que ya venían empeorando antes de pandemia, y cuyo impacto no ha hecho más que agravar”.

Recientemente he publicado en este cuaderno digital un artículo, Los nadies sufrirán la supresión del impuesto de patrimonio en Andalucía, que puede ser de utilidad plena para darse cuenta de que cualquier medida regresiva en Andalucía para obtener recaudación pública en beneficio de los que menos tienen, los pobres citados en el informa anterior, nos debería preocupar y mucho ante la realidad expuesta con cifras elocuentes por sí mismas. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país. En mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: compartir con datos, que sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, que dicte leyes con urgencia para solucionar esta situación transformando la sociedad española, podremos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies

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Ilse Bing y sus instantes con Leica

Ilse Bing, Autorretrato con Leica, 1931 – 26,5 × 30,7 cm. Colección de Michael Mattis y Judith Hochberg, Nueva York. © Estate of Ilse Bing. Photograph: Jeffrey Sturges.

Sevilla, 14/X/2022

Lo puse por escrito el pasado 6 de octubre, cuando desarrollé algo que me conmueve, el secreto mágico del instante, momento crucial que se ennoblece cuando ocurre en el mundo de la fotografía y del cine. Me refería entonces a una iniciativa cultural importante de la Fundación Juan March, una exposición con un título lleno de sugerencias,  Detente, instante. Una historia de la fotografía, en la que se “ensaya una de las historias posibles de la fotografía desde su nacimiento hacia 1840 hasta hoy. Sin intención exhaustiva, pues ninguna historia es una enciclopedia o un diccionario, propone un relato del medio a través de trescientas fotografías en una cuidadosa selección que ha partido del ojo original de quienes primero las reunieron y conservaron: sus coleccionistas. Las obras son copias de época procedentes de dos colecciones excepcionales, pioneras y complementarias: las que han reunido a lo largo de cuatro décadas Dietmar Siegert en Alemania y Enrique Ordóñez e Isabel Falcón en España”.

Hoy, encuentro de nuevo una isla desconocida en nuestro país, la obra fotográfica de Ilse Bing, que se muestra en todo su esplendor en una exposición que la Fundación Mapfre inauguró el pasado 23 de septiembre, con una sinopsis oficial que no deja lugar a muchas dudas históricas: “Ilse Bing (Fráncfort, 1899-Nueva York, 1998) nació en el seno de una familia judía acomodada. En 1929, y después de descubrir su vocación al preparar las ilustraciones para su tesis, abandonó la universidad para dedicarse por entero a la fotografía. Lo haría durante los siguientes treinta años, en una trayectoria artística y vital apasionante. En 1930 se trasladó a París, donde compaginó su dedicación al fotoperiodismo con trabajos personales, convirtiéndose en poco tiempo en una de las principales representantes de las tendencias renovadoras de la fotografía que surgían en la efervescencia cultural del París de aquellos años. Ante el avance del nazismo, en 1941 se exiló en Nueva York junto a su marido, el pianista Konrad Wolff. Dos décadas más tarde, a la edad de sesenta años, abandonó su trabajo como fotógrafa y dirigió su creatividad a las artes plásticas y la poesía hasta su fallecimiento, en 1998. La obra de Bing no puede ser adscrita a ninguno de los movimientos o tendencias de los que la artista se nutrió. Abarcó casi todos los géneros, desde la fotografía de arquitectura, el retrato, el autorretrato, los objetos cotidianos hasta el paisaje. La diversidad de estilos con la que lo hizo refleja su valiosa y personal interpretación de las diferentes propuestas culturales con las que se relacionó: la Bauhaus y la Nueva Objetividad de inspiración alemana, el surrealismo parisino y el dinamismo incesante de la metrópoli neoyorquina”. También es recomendable la lectura de un artículo publicado en la revista de la Fundación, Ilse Bing, que ayuda a conocer mejor la obra de esta insigne fotógrafa alemana, así como el folleto informativo, así como los textos de sala y cartelas de la citada exposición.

La exposición muestra 190 fotografías, a través de 10 secciones que hacen un recorrido cronológico y temático por su obra: “Descubriendo el mundo a través de una cámara: los inicios”, “La vida de las naturalezas muertas”, “El cuerpo danzado y sus circunstancias”, “Luces y sombras de la arquitectura moderna”, “El bullir de la calle: los años franceses”, “La seducción de la moda”, “Estados Unidos en dos etapas”, “Revelaciones de la autoimagen”, “Retrato del tiempo” y “Naturaleza en vivo”.

Un capítulo importante en su trayectoria vital y profesional fue el que dedicó a fotografiar su imagen a lo largo del tiempo, que también retrataba instantes de su alma de secreto: “A lo largo de su trayectoria, Ilse Bing reiteró el ejercicio de ir autorretratándose, normalmente en interiores con la intención de dejar testimonio de momentos específicos de su existencia. Con estas imágenes, la primera realizada con catorce años, en 1913, la artista se iba forjando una identidad como mujer emancipada e independiente en un tiempo en el que esto no era lo natural. No solo ella, también otras artistas y fotógrafas se mostraban ante el mundo con sus instrumentos de trabajo. Una de sus imágenes más populares en este sentido es Autorretrato con Leica, de 1931, en la que, mediante dos espejos, su rostro adquiere una dimensión doble mientras observa a través del visor, dejando al descubierto su mirada penetrante e inquisitiva”.

En este cuaderno digital he recogido muchas visitas a islas fotográficas desconocidas, con nombre de mujer: Lee Miller, Kati Horna, Judith Joy Ross, Tina Modotti y. ahora, Ilse Bing, entre otras. Cada una de ellas tiene sus características propias profesionales, pero todas reflejan el mismo hilo conductor: fueron mujeres que se comprometieron con instantes cruciales de sus vidas, en una Europa azotada por guerras y totalitarismos que hicieron sufrir a millones de personas, de los que lograron huir en alguna ocasión, pero que siempre llevaban dentro. Un detalle a destacar es que durante el tiempo que Ilse Bing vivió en París se negó a trabajar para revistas alemanas, dada su situación como exiliada por su creencia y ascendencia judía. Fueron mujeres empoderadas por una profesión que les permitía retratar la vida y las cadaunadas de cada persona presente en ellas, con desprecio en muchas ocasiones de una sociedad machista hasta la saciedad. Aunque en el caso de Ilse Bing, su cámara Leica conocía bien lo que sus ojos lograban captar en su alma y daban órdenes al cerebro para disparar en el instante justo que le hacía vivir algo diferente en la vida, aunque fuera sólo eso, un instante mágico, nada más, que entregaban a la posteridad para quien supiera apreciarlo y aprender de él.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No se hizo la miel para la boca del asno

Grabado de Gustavo Doré para la edición de El Quijote, publicada por Eduardo Perino en Roma, en 1888, que ilustra el capítulo 55 de la Segunda Parte.

Sevilla, 13/X/2022

En nuestro país se siguen utilizando refranes a diario que reflejan la forma del decir y sentir popular desde hace muchos siglos, expresados como “dichos agudos y sentenciosos de uso común” (DLE, RAE, 2021). Hoy, por el contexto en el que vivimos en la actualidad, en el que se desprecia muchas veces la cultura y la educación en su sentido más profundo, traigo a colación uno que necesitamos recordar por su verdadero significado, que tiene una antigüedad sustancial –Diógenes de Sínope dicen que ya lo utilizaba–, No es la miel para la boca del asno, que lo volví a encontrar un día ya lejano en la lectura de Don Quijote de la Mancha, en un diálogo precioso de Sancho Panza con su mujer, Juana Panza, que no tiene desperdicio (Don Quijote de la Mancha, I, 52). También, porque me solidarizo con él, en su búsqueda de ínsulas (islas) desconocidas junto a Don Quijote porque, al fin y al cabo, es el claro objeto de mi deseo al escribir a diario en este cuaderno digital:

A las nuevas desta venida de don Quijote, acudió la mujer de Sancho Panza, que ya había sabido que había ido con él sirviéndole de escudero, y así como vio a Sancho, lo primero que le preguntó fue que si venía bueno el asno. Sancho respondió que venía mejor que su amo.

—Gracias sean dadas a Dios —replicó ella—, que tanto bien me ha hecho; pero contadme agora, amigo, qué bien habéis sacado de vuestras escuderías. ¿Qué saboyana [faldilla abierta por delante en forma de “V”] me traéis a mí? ¿Qué zapaticos a vuestros hijos?

—No traigo nada deso —dijo Sancho—, mujer mía, aunque traigo otras cosas de más momento y consideración.

—Deso recibo yo mucho gusto —respondió la mujer—. Mostradme esas cosas de más consideración y más momento, amigo mío, que las quiero ver, para que se me alegre este corazón, que tan triste y descontento ha estado en todos los siglos de vuestra ausencia.

—En casa os las mostraré, mujer —dijo Panza—, y por agora estad contenta, que siendo Dios servido de que otra vez salgamos en viaje a buscar aventuras, vos me veréis presto conde, o gobernador de una ínsula, y no de las de por ahí, sino la mejor que pueda hallarse.

—Quiéralo así el cielo, marido mío, que bien lo habemos menester. Mas decidme qué es eso de ínsulas, que no lo entiendo.

—No es la miel para la boca del asno —respondió Sancho—; a su tiempo lo verás, mujer, y aun te admirarás de oírte llamar señoría de todos tus vasallos.

—¿Qué es lo que decís, Sancho, de señorías, ínsulas y vasallos? —respondió Juana Panza, que así se llamaba la mujer de Sancho, aunque no eran parientes, sino porque se usa en la Mancha tomar las mujeres el apellido de sus maridos.

—No te acucies, Juana, por saber todo esto tan apriesa: basta que te digo verdad, y cose la boca. Solo te sabré decir, así de paso, que no hay cosa más gustosa en el mundo que ser un hombre honrado escudero de un caballero andante buscador de aventuras. Bien es verdad que las más que se hallan no salen tan a gusto como el hombre querría, porque, de ciento que se encuentran, las noventa y nueve suelen salir aviesas y torcidas. Sélo yo de expiriencia, porque de algunas he salido manteado y de otras molido; pero, con todo eso, es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, escudriñando selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas a toda discreción, sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí.

Anteriormente, en los siglos XV y XVI, fue Erasmo de Roterdam quien explicó de forma extraordinaria el significado profundo de la primera acepción de este “adagio”, Asno en ungüento, tomado de su literal griego: Ὄνος ἐν μύρῳ, es decir, un asno en ungüento. Cuando los lujos se usan para aquellos de quienes no son dignos, ni saben usarlos ni se deleitan en ellos. Porque el asno prefiere la hojarasca y el heno al oro o al perfume, por lo cual también tropieza. Hay lugar para este adagio, si alguna vez una persona inculta se topa con los mejores autores, a los que descuida o incluso distorsiona por ignorancia, o si convive con los hombres más eruditos, cuya costumbre no sabe disfrutar ni disfruta en absoluto. Diógenes relata un proverbio”.

Posteriormente, el Diccionario de Autoridades explicaba en siglo XVIII y de forma excelente este refrán (RAE A 1726, pág. 433, 2), que transcribo por su cuidada redacción de respeto a Autoridades Literarias que ya la habían utilizado en sus escritos, con la expresión concreta “No se hizo la miel para la boca del asno”:  “Refrán que reprehende a los necios, que ordinariamente se ríen y desprecian las sutilezas y discreciones de los hombres entendidos y sabios: y aprecian y celebran las necedades de los ignorantes, a imitación del asno que deja el panal de miel por comer el cardo”. Asimismo, orienta sobre la raíz latina del refrán, citada anteriormente: Asinus in unguento (asno en ungüento).

El refrán tiene hoy plena actualidad. Basta escuchar a diario a los Opinadores Mayores de Nuestro Reino, donde entran gente de todo tipo e identidad, mediocres en general y políticos ultras sobre todo, para comprender al momento este viejo refrán. Fundamentalmente son personas necias y mediocres, a las que hay que hacer oídos sordos, cuando estamos convencidos de que, efectivamente, no está hecha la miel para el asno, porque ordinariamente se ríen y desprecian las sutilezas y discreciones de las personas que tienen conocimiento leal y verdadero de las cosas, aunque sabemos que solo aprecian y celebran las necedades de los ignorantes, a imitación del asno, que “deja el panal de miel por comer el cardo”.

Continúo con la lectura del Quijote, aunque sólo sea para convencerme de que Sancho Panza fue un escudero fiel, que al volver de sus viajes llenos de sorpresas con Don Quijote, traía cosas de “más momento y consideración” que los regalos de toda la vida, una “saboyana” para Juana, su mujer, o unos “zapaticos” para sus hijos, porque soñaba con ser “presto conde, o gobernador de una ínsula, y no de las de por ahí, sino la mejor que pueda hallarse”, sabiendo que “no hay cosa más gustosa en el mundo que ser un hombre honrado escudero de un caballero andante buscador de aventuras”. Lo que le dolía era la incomprensión de Juana y de la gente que les rodeaban, porque su sueño, a pesar de los contrariedades de la vida y de eso sabía mucho junto al Quijote, “Sélo yo de expiriencia, porque de algunas he salido manteado y de otras molido”, lo concretaba en una frase para la posteridad: “es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, escudriñando selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas a toda discreción, sin pagar ofrecido sea al diablo el maravedí”.

Es lo que pasa cuando perseguimos sueños, los contamos y se ríen de nosotros. El sueño, por ejemplo, de que otro mundo es posible aunque comprobemos en nuestra propia carne que, efectivamente, no se hizo la miel para la boca del asno, animal al que, por cierto, Sancho Panza conocía bien y cuidaba con esmero. Volvía de los viajes “mejor que su amo” y todavía resuenan en mi alma de secreto su voz temblorosa al dirigirse a su rucio después de mil batallas perdidas: “[…] llegándose al rucio le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y no sin lágrimas en los ojos le dijo: Venid vos acá, compañero mío y amigo mío y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos”. Al buen entendedor con pocas palabras basta. Sancho Panza sabía que la miel no estaba hecha para él, pero sí el respeto y el aprecio a la forma de estar el rucio en su vida, para enriquecer sus sueños.

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Un eclipse en el Día de la Hispanidad, nada que celebrar

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 12/X/2022

Nuestro país debería ser prudente a la hora de tratar la Hispanidad, rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el año pasado, concretamente el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.

Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje es exquisito y cuidado hasta la saciedad, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? Francisco, además, insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.

La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoramos hoy con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe común, Cinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

***

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

***

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Un ejemplo más de esta desafección sobre el Día de la Hispanidad nos lo ofrece un escritor de la brevedad, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

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Los museos deberían ser espacios de cuidados y bienestar

The Box, Anthony Luvera, Museo de las personas sin hogar, MOH

Sevilla, 11/X/2022

El próximo 23 de octubre se va a celebrar en Madrid, en la sede del Museo Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos, como expresa su eslogan, un encuentro sobre Educación + cuidados, destinado a profesionales de la educación en museos, que busca reflexionar en torno a la idea de los museos y de la cultura como espacios de cuidados y de bienestar para las personas y las comunidades, con preguntas muy importantes: ¿Qué papel juegan la cultura y los museos en el bienestar de las comunidades y las personas? ¿Cómo y desde dónde se establecen las relaciones entre comunidades y museos? ¿Es el museo un espacio para los cuidados? ¿Los cuidados son también cultura? En este ámbito de investigación, el Museo “pretende abrir una conversación en torno a la idea de la cultura y de los museos como “espacios de cuidados” y a cómo, desde esta óptica, se establecen relaciones entre los diferentes agentes”.

Entre los ponentes figuran dos de especial interés, Jessica y Matthew Turtle, cofundadores del MOH (Museo de las personas sin hogar), con sede en Londres, a los que he deseado conocer más detenidamente por un proyecto de marcado interés social. Este Museo está configurando un fondo nacional para personas sin hogar, preservando y compartiendo historias de personas sin hogar, pobreza y acción social, con un objetivo muy claro: luchar contra la injusticia, llevando a cabo investigaciones y haciendo campaña por el cambio que necesita la sociedad. Sus investigaciones y campañas independientes influyen en los legisladores y en el campo de las personas sin hogar para realizar cambios en las políticas y prácticas. Un ejemplo claro es el proyecto, Los extremos de la pandemia, en el que se cuenta la historia de lo que sucedió a las personas en el extremo más crítico de la sociedad en 2020 y 2021, compartiendo mapas de historias, visualizaciones de datos, líneas de tiempo y, lo que es más importante, extractos de testimonios de la vida real de la época.

Lo que ha ocurrido con la pandemia y los daños colaterales asociados, que todavía estamos sufriendo, merecen la atención especial en este Museo, a través de lo que ellos llaman “una historia visual” que no se debe olvidar, porque “cuenta la historia de lo que sucedió a las personas en el extremo más crítico de la sociedad. Es una historia que se compartió con más de 1000 personas como parte de nuestro Museo Secreto a fines de 2021. Incluye mapas de historias, visualizaciones de datos, líneas de tiempo y, lo que es más importante, extractos de testimonios de la vida real de la época. En última instancia, refleja una historia contada por personas que trabajan y viven con la desigualdad y se organizan para cambiarla. Son diferentes a los titulares que podrías haber visto. Aunque algunos políticos y formuladores de políticas tuvieron mucho que decir en 2020 sobre atraer a la gente, la imagen real es mucho más compleja y estratificada. Lo que descubrirá aquí no es lo que sucedió con las organizaciones benéficas más grandes o la versión gubernamental “oficial”. En cambio, encontrará lo que sucedió desde la perspectiva de los organizadores de base y desde el punto de vista de las personas sin hogar, sin filtros. En el centro de esta historia visual se encuentran los objetos y sus historias, recopilados de personas afectadas por la falta de vivienda y personas en primera línea. Nuestro trabajo sobre la historia de las personas sin hogar nos ha dicho que esta versión de los hechos es la que a menudo se deja fuera de los libros de historia”.

Lo que me ha impresionado es la secuencia de imágenes de objetos de la pandemia que simbolizan el sufrimiento que llevan dentro. He escogido una, La caja (de cartón), que según el autor de la foto y su mensaje, Anthony Luvera, “simboliza la generosidad de la comunidad. Eso es lo que hace. Simboliza eso. Porque fue la generosidad de la comunidad. No la de las autoridades locales. No fue la caridad. Fue la comunidad, y eso es lo que trajo y nos unió a todos. Entonces, creo que también trae, para mí, unión». Sobran más palabras.

El encuentro del Thyssen-Bornemisza me parece un acontecimiento digno de mención, respeto y divulgación máxima de la sociedad. Visto lo visto y sentido, crear un Museo de los Nadies en nuestro país es una necesidad social, para que se tome conciencia de que los pobres están muy cerca de nosotros, porque incluso lo somos también a veces cada uno de nosotros, sobre todo cuando no confundimos valor y precio, como todo necio, siguiendo de cerca a Antonio Machado. Un patrono de excelencia, respetando su memoria, sería Eduardo Galeano, porque ayudaría a elegir las mejores historias visuales y objetos de los llamados Nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. que pasarían directamente al fondo histórico del mismo, para que no lo olvidáramos nunca después de volverlos a ver en ese Museo, en una visita guiada por la conciencia y dignidad humana.

Lo expuesto anteriormente me ha recordado un artículo de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura en 2006, Una mirada a mis fuentes de inspiración, en el que explica de forma minuciosa, cómo se fraguó una novela que ha tenido luego su proyección en un museo de Estambul que conserva su título: El museo de la inocencia (1), un Museo de cuidados y bienestar. Una de sus fuentes, que me llamó poderosamente la atención, es la que él cataloga como 12, que he escogido porque aborda otra realidad museística que siempre me llenó de emoción cuando lo leí: la creación de un Museo de los Sentimientos: “Spoerri [artista suizo de origen rumano] dijo que una de las fuentes de inspiración para su Museo de los sentimientos en Colonia fue el Museo Frederic Marès de Barcelona. El protagonista de mi novela, Kemal Basmacı, visitó la “planta superior de horquillas, pendientes, naipes, llaves, abanicos, frascos de perfume, pañuelos, broches, collares, bolsos y pulseras” de este museo, y después yo también fui en numerosas ocasiones. Igual que mi novela y mi museo muestran una profunda influencia de Proust, Joseph Cornell, Tolstói, Nabokov, Borges y el Museo Bagatti Valsecchi de Milán, debo aprovechar esta ocasión para dar las gracias y honrar a Frederic Marès”. El Museo de la Inocencia se presenta con palabras muy atrayentes: “La novela [del mismo nombre], que trata sobre el amor, está ambientada entre 1974 y principios de los 2000, y describe la vida en Estambul entre 1950 y 2000 a través de recuerdos y flashbacks centrados en dos familias: una rica y otra de clase media baja. El museo presenta lo que los personajes de la novela usaron, vistieron, escucharon, vieron, coleccionaron y soñaron, todo meticulosamente dispuesto en cajas y vitrinas. No es imprescindible haber leído el libro para disfrutar del museo, como tampoco es necesario haber visitado el museo para disfrutar plenamente del libro. Pero quienes hayan leído la novela comprenderán mejor las muchas connotaciones del museo, y quienes hayan visitado el museo descubrirán muchos matices que se habían perdido al leer el libro. La novela se publicó en 2008 y el museo abrió sus puertas en la primavera de 2012”.

Una última propuesta. En la puerta de un hipotético nuevo Museo de los Nadies y en la página principal de su sede en Internet, deberían figurar unas palabras excepcionales de Eduardo Galeano (2) para identificar mejor a los visitantes, probablemente porque podríamos dejar allí bastantes historias reales de nuestras vidas, como pobres de solemnidad ética:

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres.

Entrar allí, sería la visita más importante de nuestras vidas a un Museo, jamás contada. Podríamos salir ligeros de equipaje, dejando allí en depósito historias y objetos reales de nuestras vidas por si fueran útiles para los demás. Sería una misión preciosa en un Museo de Cuidados y Bienestar, que falta nos hace. Fundamentalmente, porque puede cuidar el alma.

(1) Pamuk, Orhan, El museo de la inocencia, 2011. Barcelona: DeBolsillo – Penguin Random House Grupo Editorial.

(2) Galeano, Eduardo, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

He descubierto una escritora portuguesa excepcional, Agustina Bessa-Luís

Si hay en Portugal una escritora que participe de la naturaleza del genio, es Agustina Bessa-Luís.

José Saramago

Sevilla, 10/X/2022

La balsa de piedra de Saramago se hace real cuando descubrimos que ambos países, Portugal y España, estamos unidos por la cultura de una historia social y literaria que engrandeció siglos atrás la península ibérica unida, a la que cuando yo era niño dibujaba completa, casi sin fronteras, en mi cuaderno “Diario” que tan primorosamente nos enseñó a conservar mi maestra de vida, Doña Antonia León, natural de Granada, un ejemplo de maestría diaria. Personalmente, tan cerca de José Saramago, tengo que reconocer que Portugal también ha estado presente en mi vida a través de Camôes, por ejemplo y, más recientemente, de Fernando Pessoa, con el que compartí una silla vacía en el Chiado, en mi última visita a Lisboa, él en bronce inmovilizado y yo, vivo y despierto en mis sueños con el tiempo dentro.

Este contexto anterior justifica de forma sobrada que hoy recoja la presentación de una escritora excepcional, Agustina Bessa-Luís (Vila Meã, Amarante, Portugal, 15 de octubre de 1922-Oporto, 3 de junio de 2019), creo que bastante desconocida en este país a pesar de ser nieta de una zamorana, que inició sus andanzas en un mundo alternativo para la mujer de su época, a partir de la publicación de un anuncio en el periódico de Oporto O Primeiro de Janeiro del sábado 5 de febrero de 1942, en el que figuraba este texto: “Joven instruida desea correspondencia con persona inteligente y culta”: “Nacida en Vila Meâ en 1922 y fallecida en Oporto en 2019, Agustina Bessa-Luís consideraba que la fama, al igual que la posteridad, era caprichosa. Todos la conocían en Portugal: había dirigido un periódico —el mismo donde puso el anuncio— y el teatro más importante del país, salía en la tele, escribía casi compulsivamente desde los 19 años y ganaba todos los galardones de lustre (incluido el Camôes en 2004), pero no tantos habían leído una obra que exige esfuerzo. “Su técnica es muy depurada, juega mucho con la ironía y necesita un lector a su altura”, precisa Antonio Sáez Delgado, profesor de la Universidad de Évora y traductor de Pessoa y Saramago. Quizás su relación con el público se perciba del tirón con una anécdota que le gustaba repetir. Un día se le acercó una mujer humilde y le dijo: “Doña Agustina, me gusta usted tanto que cualquier día incluso le compro un libro” (1).

El próximo sábado se conmemora el centenario de su nacimiento y Portugal va a rendirle diversos homenajes con tal motivo. Su obra es ingente, hasta casi setenta publicaciones de diversa índole. Para conocerla bien, es importante leer su autobiografía, O livro de Agustina, con fotos y documentos familiares. También, ver con suma atención el documental, Nací adulta y moriré niña, porque «es una videografía de 55 minutos en la que la escritora habla de su infancia, de sus memorias, del exilio en el Duero, de las aventuras de juventud, del inicio de su larga carrera como escritora y de la madurez de su experiencia vital». Es muy importante conocer estos detalles vitales en directo, porque tiene escasas traducciones de su obra literaria en este país, destacando el esfuerzo de Athenaica Ediciones y Serie Gong, editoras sevillanas al alimón, con dos publicaciones muy significativas, Joya de familia (2001), de la primera, siendo además la que abre la trilogía sobre “El principio de la incertidumbre” y sobre todo, La sibila, por ser esta última la que ha alcanzado mayor número de traducciones a otros idiomas, cuya sinopsis nos abre interrogantes que se pueden resolver con la lectura atenta de sus páginas: “Publicada en 1954 y celebrada en toda Europa como una de las grandes novelas del siglo XX, esta epopeya familiar y rural del norte portugués supuso para Agustina Bessa-Luís la temprana confirmación, con poco más de treinta años, de una carrera literaria marcada por la calidad de la escritura y la singularidad de la mirada. En La sibila asistimos al relato exuberante, con incontables meandros, de la vida de tres generaciones de mujeres de la casa de la Vessada, finca escenario donde las poderosas integrantes de la saga, que se mueven entre la aversión hacia los hombres y una forma de misantropía controlada, se convierten en las verdaderas herederas y guardianas del legado familiar. Son ellas aquí las de la voluntad inquebrantable, las astutas, las que cuidan las formas sutiles y las viejas costumbres, las que equilibran violencia y razón, autodisciplina e indulgencia. Entre la abuela Maria, capaz de conservar milagrosamente un terruño dilapidado por su marido, y la nieta Germana, es Joaquina, Quina, «un ser raro y apasionante», la que mejor muestra esa personalidad digna y compleja, calculadora y trascendente, envanecida y discreta que le valió el apodo de «la sibila». La inolvidable historia de Maria, Quina, Estina y Germana, narrada con lirismo y contundencia, se eleva en virtud de las ideas y reflexiones que desbordan violentamente el relato y le dan el sentido y la profundidad de una obra exigente e inmortal”. No hay que olvidar tampoco la publicación de El alma de los ricos (2002), segunda obra de la trilogía citada, que fue llevada al cine por el gran director Manoel de Oliveira, con el título de Espejo mágico (1955), así como Los espacios en blanco (2003), que cierra la trilogía.

No caerá en saco roto la recomendación de José Saramago sobre esta escritora: Si hay en Portugal una escritora que participe de la naturaleza del genio, es Agustina Bessa-Luís. Esta calificación merece que la descubra en mi vida como isla literaria desconocida hasta ahora. No es casual esta situación, porque de los 67 libros que publicó en su larga y fructífera vida, que recorren la prosa en todas sus formas (novela, biografía, memorias, cuento, ensayo, teatro, libros infantiles y crónica de viajes), solo seis se han traducido a nuestro idioma hasta ahora. De ahí mi empeño en rescatarla en la balsa de piedra soñada por Saramago.

(1) https://elpais.com/babelia/2022-10-08/agustina-bessa-luis-la-escritura-como-maldicion.html

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Las razones del corazón que nuestro cerebro sí conoce

Los ojos envían la información y luego la mente trabaja por su cuenta.

Manuel Rivas, en Las voces bajas

Sevilla, 9/X/2022

Navegando al desvío, tal y como recomendaba hace unos años el excelente escritor Manuel Rivas en el diario El País, he vuelto a encontrarme con Blas Pascal, un filósofo que leía profusamente en mi juventud, cuando decía entre otras muchas cosas de interés que el corazón tiene razones que la razón no conoce. No era un mero juego de palabras, sino la afirmación sin ambages de que cada uno va por su sitio, la mente y el corazón, cada uno a lo suyo. Algunos años después descubrí que eso no era así, porque quien manda en nuestras vidas es el cerebro, en una sinfonía armónica de todas las estructuras cerebrales que lo conforman, constituyendo el suelo firme de nuestras vidas que acaba justificando todos nuestros actos humanos. Así lo he demostrado a lo largo de los años en este cuaderno digital, que después recopilé en una publicación con el título Origen y futuro de la ética cerebral, donde explicaba en su prólogo que “No he querido escribir un tratado de ética, pero sí ensayar una reflexión compartida de la razón y del corazón, que siempre coexisten, para abordar una tesis que me acompaña en mi persona de secreto desde hace ya muchos años. Se trata, nada más y nada menos, de intentar descubrir que los actos humanos nacen siempre de la solería que hemos ido instalando a lo largo de la vida en nuestro cerebro, es decir, el suelo firme que hemos construido en la vida diaria, que justifica todos los actos humanos, en frase muy feliz del Profesor López Aranguren, que aprendí hace también muchos años, pero que nunca logré comprender bien hasta que descubrí qué es el cerebro y qué papel juega en nuestras vidas y en su proyección ética. Esta es la razón de ser de este libro, entregar a la Noosfera, a la malla pensante de la humanidad, es decir, a aquellas personas que lo quieran leer con pre-ocupación [sic] e interés social, unas reflexiones que demuestran que el cerebro es la base donde residen todos los actos humanos, el lugar donde se forja la historia de cada uno, su intrahistoria, en una estructura cerebral que se llama hipocampo, por ejemplo, y entre muchas otras como podrán comprobar, que trabajan incansablemente con independencia de lo que queramos hacer y entender cada día”.

El encuentro con la dialéctica pascaliana entre razón y corazón, se ha producido al conocer la publicación de la tercera novela del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, Salvo mi corazón, todo está bien (1), que trata, en el fondo, de una historia del corazón: “todo lo que se puede escribir sobre el corazón se convierte en imagen y metáfora” que ayuda a conocer con todas “sus razones que la razón no conoce”, como dijo Pascal, centrándose sobre todo en el Amor. ¿Saben por qué he descubierto este libro hasta ahora desconocido, como una isla entre las que busco a diario? Porque aprecio la escritura sentida, con alma, de este autor colombiano, sobre todo después de haber leído una obra suya emblemática, El olvido que seremos (2),

La experiencia que motiva estas palabras, escritas hoy con el vértigo que siento siempre ante la página en blanco, es el descubrimiento de una historia que leí con detalle a través de un extenso artículo de Héctor Abad Faciolince, protagonizada por una nota encontrada en el bolsillo de la chaqueta de su padre, el doctor y activista de derechos humanos Héctor Abad Gómez, el día que lo asesinaron (probablemente a manos de paramilitares), el 25 de agosto de 1987, en la calle Argentina, en Medellín (Colombia), donde figuraba un poema de Borges, tal y como lo describió meses después en el Magazín Dominical de El Espectador. Fue el momento en el que dijo que el poema era de Borges. Lo que sucedió después, a lo largo de los años, es una historia muy larga de contar que propició la publicación de El olvido que seremos, que fue la base del guion de una película dirigida por Fernando Trueba y que ha sido premiada en diversos foros internacionales del cine, entre los que destaco el Goya que recibió en 2021 y que traté en este cuaderno digital como un pequeño homenaje al fondo y forma de la película. Esta concatenación de hechos fue para mí muy sugerente, a modo de una novela no de ficción, sino de realismo mágico y trágico colombiano que tan bien trató siempre Gabriel García Márquez, aunque en esta ocasión con visión plena y triste de una gran realidad vivida y sentida en primera persona por otro colombiano digno de admiración, Héctor Abad Faciolince.

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Jorge Luis Borges, en Aquí. Hoy.

Si quieren conocer con detalle el contenido de Salvo mi corazón, todo está bien, les recomiendo conocer primero la sinopsis oficial del libro para situar su hilo conductor: “El sacerdote Luis Córdoba está a la espera de un trasplante de corazón. Es un cura amable, alto, gordo, pero su mismo tamaño hace que no sea fácil encontrar un donante. Como los médicos le aconsejan reposo y su residencia tiene muchas escaleras, recibe hospedaje en una casa donde viven dos mujeres, una de ellas recién separada, y tres niños. Córdoba, que es bueno y culto -crítico de cine y experto en ópera-, goza compartiendo lo que sabe con las mujeres sin esposo y los niños sin padre. Pronto se ve envuelto y fascinado por la vida familiar y, sin pretenderlo, empieza a desempeñar el papel de paterfamilias y a replantearse sus opciones de vida. Salvo mi corazón, todo está bien es la historia de un sacerdote bondadoso -inspirado en un cura real- que pone a prueba sus creencias y su optimismo inquebrantable en un mundo hostil. Su crisis existencial, en medio de personajes llenos de ganas de vivir, nos muestra una visión del matrimonio como una fortaleza sitiada: los que están adentro quieren salir, y los que están afuera quieren entrar”. Después, la lectura atenta del artículo publicado en el diario El País, Héctor Abad y las razones del corazón, como homenaje a un autor que aprecio y admiro por su escritura con alma, algo imprescindible al enfrentarnos siempre a la hoja en blanco y que nos permite entregar algo especial a los demás, trascendiendo el poder del mercado, de sus mercancías. Lo que puedo asegurar en la dialéctica “razón y corazón”, es que siempre triunfa el cerebro. De ahí la necesidad de conocerlo muy bien, porque es un conjunto de estructuras maravillosas, que de forma sinfónica se conforma a diario y se manifiesta gracias a la singularidad que contiene, porque hoy sabemos a través de la ciencia que nos hay dos cerebros iguales. Ni almas, ni razones, ni corazones iguales. Tan sólo, de origen, cerebros sorprendentemente maravillosos, cuyas conexiones internas acaban transformándose en razones indignas, sin que el “corazón» tenga «culpa» de nada. Sólo es eso, corazón.

(1) Abad Faciolince, Héctor, Salvo mi corazón, todo está bien, 2022. Madrid: Alfaguara.

(2) Abad Faciolince, Héctor, El olvido que seremos, 2017. Madrid: Alfaguara.

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Lo que a nadie le dirías

Sevilla, 8/X/2022

Reconozco que unos versos de Rafael Alberti, Respóndeme, Señor, si te deprime / decirme lo que a nadie le dirías, en su soneto “Entro Señor en tus iglesias” (1), son como una parábola laica en un mundo cada vez más descreído de todo y de todos, unos versos escalofriantes que resuenan muchas veces en mi interior, aunque vengan curiosamente de un comunista de pro, ideología que se fustiga diariamente en este país como si no pasara nada, siendo tan respetable como las demás en términos democráticos puros y duros:

Entro, Señor, en tus iglesias… Dime,
si tienes voz, ¿por qué siempre vacías?
Te lo pregunto por si no sabías
que ya a muy pocos tu pasión redime.

Respóndeme, Señor, si te deprime
decirme lo que a nadie le dirías:
si entre las sombras de esas naves frías
tu corazón anonadado gime
.

Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles
hoy son esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.

Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados…
Y no te encuentran por ninguna parte.

Alberti apea al Señor de su peana habitual y lo acerca a las personas, sospechando que a veces se queda Mudo ante lo que Ve, con un Corazón anonadado que Gime, necesitando Confesar a las personas que tal y como camina la Iglesia de Roma es difícil que lo Encuentren alguna vez en la vida. Es una parábola de lo que sucede en la actualidad con la Verdad encarnada que tanto necesitamos en todas sus proyecciones posibles. La descreencia desbordada y desbordante ha aflorado esta situación en las iglesias de Roma según Alberti, en la Asamblea del Mundo según los agnósticos y laicos que en el mundo son millones. Lo que verdaderamente me conturba y emociona es saber que quizás Dios o los Dioses de la Verdad repartidos por el mundo, desde América hasta Oceanía, andan buscando a millones de personas para susurrarles al oído lo que a casi nadie les dirían: que ante la situación mundial actual, cuando vemos el espectáculo dantesco en Ucrania, por ejemplo, que ayer me hizo cerrar los ojos al ver tantos cadáveres de adultos, niños y niñas que huían en caravanas hacia la seguridad individual y colectiva en una carretera cerca de Zaporiyia o lo sucedido en una guardería de Tailandia, donde los niños y niñas vuelven a llevarse la peor parte de este loco mundo, necesitan encontrar personas a las que contarles cómo se encuentran ante tanta sinrazón humana, deprimidos también entre las sombras de un mundo frío.

Para que sepamos, por si nos quedaba alguna duda, que sus Corazones Anonadados también gimen…, que quieren bajar otra vez al río de la vida para transformarla, porque es “lo suyo”, como haría San Pedro en el Vaticano (recordando otra vez a Alberti), “en bronce inmovilizado”, que tiene los pies gastados por los besos, como vemos, para Hacer la Vida más habitable y digna, para mezclarse con todos, sobre todo con los que menos tienen, con los nadies de Galeano. Para consolarnos también ante tanta desazón, porque falta nos hace. Cada uno, cada una, con su Creencia: en Dios, la Naturaleza, la Sociedad, en Nada o… en las Personas Dignas, lo que más ennoblece la vida.

(1) Alberti, Rafael, Entro Señor en tus iglesias, en Roma, peligro para caminantes, 1968. México: Joaquín Mortiz.

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