Andalucía Pública 2.0 (V): empoderamiento digital, público y privado

EMPODERAMIENTO DIGITAL

Empoderamiento digital, un ejemplo de Proyecto real, patrocinado por la UNESCO

Para que se puedan propiciar cambios copernicanos en la Andalucía del Conocimiento, que propugno desde esta nave digital con rumbo hacia una “Isla Desconocida” tan concreta, es necesario contar con el empoderamiento digital, público y privado. Muchas personas y profesionales preguntarán: ¿sabemos qué quiere decir el constructo “empoderamiento digital”?.

Por empoderamiento digital se entiende la capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, y así sucesivamente, hasta llegar, por ejemplo, a la Administración Pública andaluza y a sus entes instrumentales, que deben transferir también conocimiento y poder digital a la ciudadanía y a sus empleados públicos (gran olvido en muchas ocasiones y a todos los niveles), que tienen que ser los auténticos artífices de ese servicio público a la traída, llevada y sufrida ciudadanía. Hay que matizar que en la legislación española en el ámbito digital (Ley 11/2007, de 22 de junio, de acceso electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos), hay que comprender el concepto ciudadano como: Cualesquiera personas físicas, personas jurídicas y entes sin personalidad que se relacionen, o sean susceptibles de relacionarse, con las Administraciones Públicas. La definición de empoderamiento basada en la de Jo Rowlands (1997) a tal efecto (1), siempre me pareció de sumo interés científico, desde tres perspectivas bien estructuradas incluyendo la de género: a) la personal, como desarrollo del sentido del yo, de la confianza y la capacidad individual; b) la de las relaciones próximas, como capacidad de negociar e influir en la naturaleza de las relaciones y las decisiones, y c) la colectiva, como participación en las estructuras políticas y acción colectiva basada en la cooperación.

¿Transferir conocimiento y poder digital? Indudablemente y por este orden, hasta tal punto que la inversión de los términos en su justa dimensión supone alterar los resultados finales, que no productos, porque el empoderamiento digital es un derecho, no una mercancía. No puede existir poder digital ni administración del mismo si antes no se ha entregado conocimiento pleno de derechos y deberes digitales, a los ciudadanos y a los empleados públicos.

Tenemos un ejemplo claro y contundente con la efectiva entrada en vigor de la Ley citada anteriormente. Para Andalucía Pública 2.0, la del Conocimiento, la entrada en vigor de la Ley, empoderamiento digital en estado puro, tiene que avanzar en la línea demostrada desde la ordenación administrativa de carácter digital, en Andalucía, como es la reciente publicación de la Orden de 22 de febrero de 2010, por la que por la que se aprueba el Manual de Simplificación Administrativa y Agilización de Trámites de la Administración de la Junta de Andalucía.

Conocimiento y poder, por este orden, es decir, la fórmula 7-11-11 de la Ley, siete fines (7F), once principios generales (11P) y once derechos (11D), conocimiento digital sustantivo, que recomiendo volver a leer con mucha atención y veneración a las palabras que nos quedan…, se podría equiparar a la aplicación en este caso de la famosa Teoría de las siete eses (7S) de McKinsey (2), adaptada a esta realidad actual, como paradigma del conocimiento aplicado a las estrategias digitales de carácter público, a la trastienda de autoridades y empleados públicos, y para entregarla al entorno ciudadano: Skills (habilidades [digitales]) que son las capacidades distintivas de la empresa [Administración Pública 2.0]; Staff (personal) que son las personas que ejecutan la estrategia [pública digital]; Strategy (estrategia) que es la adecuada acción y asignación de los recursos para lograr los objetivos [digitales] de la empresa [Administración Pública 2.0]; Struscture (estructura) que se refiere a la estructura organizacional y las relaciones de autoridad y responsabilidad que en ella se dan; Style (estilo) que es la forma en que la alta dirección [alto cargo digital] se comporta; Superordinate goals (valores o metas superiores) que son los valores [digitales] que comparten todos los miembros de la empresa [Administración Pública 2.0] y que traduce la estrategia en metas circulares uniendo a la organización en el logro de objetivos [digitales] comunes; y Systems (sistemas) que son todos los procedimientos y procesos necesarios para desarrollar la estrategia [digital de la Administración Pública 2.0].

Después de estas fórmulas de entrega de conocimiento, 29 grandes líneas de atención (¿recuerdas, 7-11-11?) en la llamada Declaración de Principios Digitales de Andalucía Pública 2.0, por donde hay que empezar, unidas a la metodología a aplicar con carácter antecedente en la Trastienda Pública 2.0, vendría la entrega del poder, por añadidura. Pero no al revés. Y ya comentaba en el post anterior alguna fórmula (atrevida, eso sí), desde la contramina en la que trabajo, esperando hacerlo algún día a cielo abierto. Gracias al empoderamiento digital, que permitiría amortiguar la caída libre hacia posibles brechas digitales en la propia trastienda (contramina) de la Administración Pública actual.

Sevilla, 20 de marzo de 2010, acompañado por la primavera, en su entrada triunfal en la Andalucía atómica.

(1) Rowlands, J. (1997). Questioning Empowerment: Working with Women in Honduras. Oxford: Oxfam Publishing.
(2) Fang, Yuli Patricia (s/f), El empoderamiento como nuevo paradigma de gestión del talento humano, recuperado el 20 de marzo de 2010 de http://es.wikipedia.org/wiki/Apoderamiento

Andalucía Pública 2.0 (IV): necesariamente, cambios organizativos

LA LLAVE DE LOS SUENOS

La llave de los sueños. René Magritte (1898-1967): imagen recuperada el 14 de marzo de 2010, de http://www.historiadelarte.us/pintores/surrealismo/surrealismo-rene-magritte-la-llave-de-los-suenos.html

Tengo un sueño (1) es uno de mis libros preferidos, de cabecera existencial, porque recopila cinco discursos del Presidente Lula en los que plantea un argumentario de fondo para los que están dispuestos a cambiar la sociedad que debe girar hacia el Norte que necesita en estos momentos tan especiales de dureza social frente al paro, terrorismo y desencanto social generalizado, con especial atención a los más desfavorecidos, que no tiene por qué estar vinculado necesariamente a los pobres clásicos, porque el desfavor más grave que sufre el ser humano puede que sea el del cerebro parado y anclado en viejas historias o en fines nada positivos para el crecimiento del conocimiento humano. Más importante, si afecta a cerebros públicos.

Hoy, tengo también un sueño –¿Lula, Luther King?– en relación con la situación actual de la Administración de la Junta de Andalucía y de sus entes instrumentales, en relación con las competencias distribuidas en el ámbito de gobierno digital. Es un clamor popular en la trastienda de la Administración andaluza que una Sociedad Andaluza del Conocimiento no se puede construir con competencias digitales distribuidas por razones orgánicas y funcionales entre varias Consejerías. Sé que esta reflexión es de alto voltaje en la situación actual en la que se encuentra Andalucía, desde la perspectiva política, pero deseo abrir un debate a través de lo más preciado que tiene el ser humano: la inteligencia y, en este caso, digital, por supuesto.

Con objeto de que no haya lugar a muchas dudas del planteamiento que formulo hoy en esta serie, varios son los pasos que se podrían dar en el sentido de la flecha que marco:

1. Hay que definir una nueva estrategia pública digital, basada en la Andalucía del Conocimiento, que bascule siempre sobre las respuestas digitales a las grandes preguntas que se plantean en los programas de Gobierno, no al revés: cómo educar en ciclo completo a la sociedad en Andalucía, cómo formar en valores de ciudadanía y cómo insertar la vocación de empleo desde la propia educación estructurada en los diversos ciclos de enseñanza, hasta culminar en la formación continua en cualquier ámbito que se desarrolla el ser humano, sobre la base de una nueva economía sostenible del conocimiento en Andalucía.

2. La estrategia pública digital en Andalucía Pública 2.0, no puede derivar en una macroestructura digital, con hipercentralización de competencias digitales, basadas siempre en máquinas, software y telecomunicaciones. Antes, hay que definir programas derivados de las competencias orgánicas y funcionales del Gobierno andaluz, para así poder digitalizar el orden democrático de las competencias, integrando recursos solo allí donde se aprecian las auténticas economías de escala, en el conocimiento público correspondiente, sin alterar en ningún momento las competencias funcionales de un Gobierno que debe presentar en sociedad la Declaración de Principios Digitales en la Administración de la Junta de Andalucía.

3. La citada integración digital no se puede llevar a cabo, de ningún modo, con las estructuras orgánicas y funcionariales actuales, porque no se puede dar respuesta digital a la Andalucía del Conocimiento en 2010, siglo XXI, con esquemas funcionariales del siglo XIX, so pena de caer de nuevo en un síndrome de Larra digital: vuelva Vd. mañana (a intentarlo). Tres leyes digitales inexorables, la de Moore, Metcalfe y la de la Perturbación, hacen que mientras los chips, las redes (sociales o no) y las perturbaciones sociales de Internet que generan brechas digitales por todas partes, siguen haciendo el año 2010 (su agosto particular), la Administración Pública en España sigue en un desposorio místico con esquemas funcionariales mixtos: competencias funcionales de toda la vida, aderezadas con tecnología de última generación, abocados a una crónica de un divorcio, brecha, anunciados.

4. Habría que adelgazar, como término de rabiosa actualidad, la Administración digital en la Junta de Andalucía, con una revisión a fondo de las competencias en política digital distribuidas en varias Consejerías, no derivando -como comentaba anteriormente- en un monstruo digital de siete cabezas, ¡tremenda tentación!, sino teniendo claro que no se puede poner la carreta delante de los bueyes, es decir, primero sería necesario definir y ordenar los compromisos centrales del Gobierno andaluz respecto de la Administración digital, con una Declaración de Principios Digitales de obligado cumplimiento por parte de la Administración de la Junta de Andalucía, en general, sin exclusión alguna, y distribuir, posteriormente, la organización digital a lo que he llamado “respuesta digital”, integrando solo aquellas actuaciones respecto de infraestructuras digitales en las que se demuestre la auténtica economía del conocimiento y de tecnología [sic] de escala. Y fórmulas hay muchas, aunque por la idiosincrasia de las tecnologías y del avance que he llamado inexorable de las leyes digitales, habría que crear una superestructura empresarial de carácter público que pudiera dar respuesta progresiva a este nuevo enfoque, con una dirección férrea de carácter público, en las Consejerías y en la estructura directiva de este ente, en ámbitos tan sensibles como la dirección estratégica en la definición de Planes, Proyectos y Política de los Riesgos Digitales, y una operación en la que la realidad empresarial privada de la actividad digital, con cambios tan espectaculares, pudiera fortalecer a través de servicios profesionales de excelencia, en software y en máquinas, aquél principio de Apeles, el pintor, tan contundente: Ne supra crepidam sutor judicaret o, lo que es lo mismo, ¡zapatero, a tus zapatos!.

5. Muchas empleadas públicas y muchos empleados públicos, que actualmente estamos trabajando en el ámbito de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en la Administración de la Junta de Andalucía y en sus numerosos entes instrumentales, estaríamos preparados para este cambio/sueño en términos de giro copernicano. No faltan recursos, falta solo ilusión para acometer esta revolución digital de amplio espectro. El problema es que seguimos sufriendo el diseño digital para la Administración del siglo XIX, cuando deberíamos estar muy pendientes de la Administración de 2010, en pleno siglo XXI, donde se nos llena la boca de empoderamiento de la ciudadanía, y nosotros, los empleados públicos de perfil digital, con estos pelos… digitales.

Termino. Vuelvo a la página 23 del libro de Lula, y leo: la esperanza venció el miedo. Miedo al cambio, a perder prebendas y privilegios, a que nos compliquen la vida a los empleados públicos porque tendremos que navegar para descubrir islas desconocidas. Pero lo he tenido claro siempre, habiéndomelo susurrado al oído, hace años, José Saramago: no quiero llevar regalos al rey, quiero pedirle trabajo, barcos que permitan navegar hacia otro mundo digital mejor en la Andalucía Pública, a la que tanto quiero.

Sevilla, 14/III/2010

(1) Lula (2003). Tengo un sueño. Barcelona: Ediciones Península.

Andalucía Pública 2.0 (III): la soberbia digital

FORGES

Hace cuatro años que escribí lo siguiente en un arrebato de conciencia de clase como empleado público: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Cuando en una ocasión vi aquel chiste de Forges, brillante humorista español, en el que aparecían tres presuntos funcionarios echados hacia atrás en sus sillones, con las manos cruzadas en la nuca y diciendo: “se me abren las carnes cada vez que me dicen que me tengo que ir de vacaciones…”, me pregunté el porqué de estas interpretaciones de la calle. Sin comentarios. Pasados los años, ocupando ahora un puesto de responsabilidad en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el ámbito económico-financiero, me gustaría retomar aquellas consideraciones desde la perspectiva de asunción de responsabilidades de un funcionario que no sabe muchas cosas que los ciudadanos y ciudadanas de este país sospechan en la relación con la Administración electrónica andaluza.

En aquella ocasión, utilizaba el siguiente discurso para un compromiso público de base digital, con aplicación de conocimiento público digital: “Como empleado público, he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo”.

Es obvio considerar que aplicando el principio de realidad a esta situación, hace tiempo que vengo investigando la quintaesencia del empleo público, es decir, la función pública en sí misma, hoy “función pública digital” en el marco de esta serie, a sabiendas de que es una materia denostada en muchos ambientes sociales por el mal cartel que tiene proclamar a los cuatro vientos la identidad funcionarial, pero de marcado interés social por el impacto en el devenir diario de un Estado, de una Comunidad Autónoma o de una entidad local menor, en su correspondiente responsabilidad pública de carácter digital, hoy preconizada por la entrada en vigor, a veces vergonzante, de la Ley 11/2007, de acceso electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos. Por eso, es importante hablar hoy de Andalucía Pública 2.0, desde la humildad del trabajo bien hecho, en la clave de las palabras de Cernuda a sus paisanos: el trabajo, con amor hecho, merece siempre la atención de los otros. Con humildad, sin la soberbia que nos caracteriza a los empleados públicos, en muchas ocasiones, asomándonos por la ventanilla ¿digital?, denostada por Larra redivivo, en una reinterpretación nada dudosa en términos digitales: entre (vuelva) Vd. mañana a este Portal o Servicio Web, o no se sabe cuando, porque todavía no se ha “implementado”, utilizando a veces el argot tecnológico ante la ciudadanía, como si lanzáramos contra ellos la División Acorazada Guzmán el Bueno. Escuchando lo que quiere y necesita la ciudadanía desde la perspectiva digital, sabiendo que el legislador ha marcado unas directrices claras y contundentes en la definición de derechos digitales públicos y deberes digitales de la Administración Pública andaluza, para no irnos fuera de nuestro territorio a dar lecciones de ética digital o a buscar en Andalucía ciudadanos que usen servicios públicos (1).

A partir de esta reflexión, solo voy a referirme en esta serie a la función pública digital desde la perspectiva de empleadas y empleados públicos, portadores y generadores de inteligencia digital creadora, también pública, para identificar así a aquellas personas que cumplen el principio constitucional de que el régimen general del empleo público en nuestro país es el funcionarial, también el laboral, como elemento garantista de la propia función pública, mediante empleo público de cualquier naturaleza, también digital, en relación con la ciudadanía, engarzado todo en una nueva economía del conocimiento.

Sevilla, 7/III/2010

(1) http://www.adeces.org/administracion%20electronica%202009.pdf

Andalucía Pública 2.0 (II): ¿Andalucía de la información ó del conocimiento?

MAPA MENTAL 20

Mapa mental 2.0

En los últimos meses estoy investigando la dialéctica que se establece en la Administración Pública andaluza al abordar la realidad equívoca, a veces, entre los constructos sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Ante la realidad económica actual hay que recuperar conceptos fundamentales para centrar bien los análisis a realizar. Es necesario hablar de Economía del conocimiento (que estudia el comportamiento y los hechos económicos vinculados con la aplicación económica del saber ó la definición de Joseph Stiglitz (2003: “Los felices 90”): “El desplazamiento de la producción de bienes a la producción de ideas, lo que supone el tratamiento, no de personal o de stocks, sino de información”), Gestión del conocimiento, entendido como el “proceso basado en el capital humano, mediante el cual se identifica el conocimiento accesible, se selecciona el conocimiento útil, se almacena de forma estructurada y se transfiere, para finalizar con el uso del conocimiento creado y almacenado, utilizando en todo el proceso los sistemas y tecnologías de la información y comunicación”, y de Ecosistema digital, entre otras y que deberían impregnar los contenidos esenciales de Andalucía Pública 2.0.

Nadie duda “que las TIC constituyen parte fundamental de la solución a la actual coyuntura económica. Su capacidad de transformar el resto de sectores económicos de un país, mejorando su productividad y abriendo nuevos mercados, debe ser aprovechada si realmente aspiramos a cimentar un crecimiento sólido y duradero en los próximos años que sitúe a la economía española en plano de igualdad a la de los países más avanzados. Esta es la visión que persigue la actual Administración y que se ha materializado en un nuevo plan, el Plan Avanza2, que refuerza el impulso al uso de las TIC y el fomento de la demanda, y que supone un incremento de recursos sobre la cantidad dedicada en los últimos años por el plan Avanza, a pesar de la situación de recorte de gastos que se ha producido en otros ámbitos. Estos diez años [se refiere a los diez años que se cumplen en 2009 en relación con este tipo de Informe por parte de Telefónica] han constituido una primera etapa; nos encontramos ahora en un punto de fundamental importancia para el desarrollo de la Sociedad de la Información en España. Administraciones Públicas, empresas, universidades e investigadores deben trabajar en colaboración, como hemos venido haciendo hasta ahora, para continuar avanzando de forma adecuada. Sin duda alguna, este informe seguirá siendo de gran valor como referencia básica que nos ayuda año tras año a caracterizar cuál es nuestra situación en este terreno y los retos más importantes que todavía tenemos por delante” (1).

En principio, parece que no hay nada que objetar, pero la realidad social está planteando una cuestión básica y es la confusión que se crea en la sociedad en general y en la andaluza en particular cuando se mezclan información y conocimiento, que no son lo mismo, porque por extensión tampoco quiere decir lo mismo la expresión sociedad de la información que la de sociedad del conocimiento. ¿Dónde se establecen las diferencias, básicamente en la Administración Pública 2.0?

En primer lugar, el conocimiento es una realidad estructural de las personas, anterior a la información, basado en las estructuras del cerebro personal e intransferible, que se desarrolla de una forma o de otra si dispones de la suficiente información desde la preconcepción hasta la situación vital de cada persona que vive en la sociedad de la información, no al revés. Evoluciona hacia conocimiento digital cuando se consolida la inteligencia digital, tal y como la definía en el post anterior, a través de cinco acepciones, eligiendo hoy una básica: desarrollar la capacidad que tienen las personas en Andalucía de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, lo que permite a su vez que se pueda desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso, con una vigilancia adecuada (inteligencia digital en estado puro) por parte de la Administración Pública en Andalucía 2.0.

En segundo lugar, el concepto 2.0 tiene una clara raíz antecedente del conocimiento sobre la propia información, auxiliado por las tecnologías de Internet de última generación: “En general, cuando mencionamos el término Web 2.0 nos referimos a una serie de aplicaciones y páginas de Internet que utilizan la inteligencia colectiva para proporcionar servicios interactivos en red dando al usuario el control de sus datos” (2). Es clara y precisa la generación del término basado en la inteligencia individual y colectiva, como expresión práctica de la Noosfera, que defino como conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos: la geosfera y la biosfera. Andalucía Pública 2.0 debe ser el referente de la capa envolvente de cerebros que piensan y se comunican en Andalucía, mediante inteligencia colectiva, previa a la inteligencia compradora ó meramente utilizadora de recursos informáticos (cacharrería informática, en términos coloquiales), para saber qué hay que hacer con ellos, antes que tenerlos y por encima de todo, que sean de última generación, aunque no sepamos “usarlos” en todo su potencial, recordándonos determinadas marcas de mercado que somos tontos si no compramos lo último en tecnología, al mejor precio del mercado. Ser listo en el mercado tecnológico actual es tener el último gadget informático aunque no sepamos para qué sirve o exceda con mucho nuestras necesidades personales e intransferibles en este sentido. La Administración Pública digital, en Andalucía, no escapa de esta realidad, porque la informática debe proveerse para quien la necesita, en su justa medida, teniendo siempre en cuenta las necesidades globales atómicas, las de la inteligencia del empleado público por ejemplo, que antes que tener las mejores tecnologías informáticas a su servicio, aspira a conocer qué es lo que tiene qué hacer, qué funciones desempeñar, para poder prestar el mejor servicio posible, eso sí, con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, en un perfecto equilibrio entre valores antecedentes y consecuentes: conocimiento antes que información. Aquí aparece la famosa palabra que tanto debería preocupar a la transformación digital de la Administración Pública andaluza: la situación de la trastienda pública, es decir, donde trabajamos a diario los empleados públicos. Es muy difícil prestar servicios digitales eficaces y eficientes, transfiriendo poder a la ciudadanía (empowerment), si antes la función pública no se desempeña con conocimiento previo de lo que hay que hacer, de la forma más austera posible, con capacitación para transmitir educación digital de carácter público, respetando el estado del arte de la sociedad andaluza.

En tercer lugar, hay que escuchar con respeto reverencial a la ciudadanía sobre lo que piensa respecto de la Administración Pública digital, en la actualidad, como advertencia muy seria sobre lo que debe entenderse como Andalucía Pública 2.0: conocimiento más información, no al revés. Una muestra de ello son los resultados obtenidos en el barómetro CIS, de marzo de 2009 (Estudio nº 2.794), en una pregunta muy significativa, con dos variantes:

BAROMETRO CIS A

BAROMETRO CIS B

Queda mucho camino por recorrer en la construcción de la Sociedad del Conocimiento. Hay que trabajar profundamente en la capacitación de los empleados públicos para ofrecer una Administración Pública Digital 2.0, donde el ciudadano tenga la razón suficiente para sentir el incentivo de una Administración que no vuelve al estilo de Larra digitalizado: haga mañana estas gestiones porque ahora los servidores no funcionan ó lo que es peor: se queda usted atrás porque hay otros ciudadanos de primera categoría que resuelven todos sus trámites por Internet. En definitiva, una nueva forma de brecha digital, porque la ciudadanía no conoce bien sus derechos digitales a través de los Sistemas y Tecnologías de la Información. Un ejemplo contundente para reflexionar: tienen el DNI digital, pero la gran mayoría no sabe para qué sirve… Problemas de trastienda pública, en definitiva. El barómetro del CIS ya concluía de forma severa que el 64.2% de las personas entrevistadas creía que es nada o poco probable realizar en un futuro gestiones con las Administraciones Públicas a través de Internet. Un gran reto que se puede resolver con nuevos planteamientos públicos de construcción de la Sociedad del Conocimiento, en su versión de Andalucía Pública 2.0, donde prime la inteligencia digital de las personas que trabajan en la Administración Pública de Andalucía o que necesitan sus servicios, es decir, que sepan adquirir capacidades para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto público, comunitario o cultural, el andaluz, por ejemplo, a través de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación. Pero, hablemos claro: lo primero, facilitar la construcción del conocimiento, en todas las manifestaciones posibles. Después, comprar las máquinas. Sobre todo, para no caer en la tentación de la necedad digital: confundir valor y precio.

Sevilla, 1/III/2010

(1) Sebastián, Miguel (2009). Fragmento del Prólogo de La Sociedad de la Información en España 2009, publicado por Ariel (Colección Fundación Telefónica), recuperado de http://e-libros.fundacion.telefonica.com/sie09/aplicacion_sie.html, el 27 de febrero de 2010.
(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Web_2.0

Andalucía Pública 2.0

ANDALUCIA PUBLICA 20

Fotomontaje realizado con la fotografía cedida por cortesía del Prof. Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional. Esta imagen del cerebro humano utiliza colores y forma para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas.

Presumes que eres la ciencia,
Yo no lo comprendo así,
Porque si la ciencia fueras
Me hubieas comprendío a mí;
Porque siendo tú la ciencia
No me has comprendío a mí
.

Soleá de la ciencia, Enrique Morente (Morente sueña la Alhambra, 2005)

Inicio con este post una serie dedicada a la Administración Pública de Andalucía, desde la perspectiva digital. Creo que ha llegado el momento, respetando el principio que aprendí hace muchos años, referido a que cada cosa tiene su tiempo y cada tiempo su momento, de que un miembro de la “cosa pública” dedique ya un tiempo a construir teoría crítica digital, con base científica, de su realidad social en el territorio de Andalucía. Creo que es un proyecto apasionante y desde este foro virtual de Internet, a través de este cuaderno digital, voy a escribir mis reflexiones personales y transferibles sobre una realidad que me pre-ocupa (así, con guión) todos los días, sobre todo en mi tiempo y espacio, públicos, que se sustentan con dinero público.

Es una forma de ejercer el compromiso como empleado público que ejerce tareas directivas desde la realidad digital aplicada, no virtual. Porque el territorio andaluz merece un respeto digital de amplio espectro, en su quehacer diario. Y porque las teorías que sustentan las políticas digitales no son inocentes. La realidad digital, tampoco. Las tecnologías de la información y comunicación deben ser elementos que sustenten a la sociedad del conocimiento, como expresión avanzada de lo que se ha denominado de forma común “sociedad de la información”, constructo que acusa ya el paso de los años. Seguir hablando solo de sociedad de la información, hace que Andalucía no evolucione hacia la auténtica realidad liberadora del conocimiento, a través de la inteligencia digital, en todo el arco posible de formación digital, que no deja ningún espacio atrás: familiar, social, educativo, universitario, laboral y el cada día más acusado: el de los círculos propios de las personas mayores. Sociedad del conocimiento, en definitiva, sociedad que recurre permanentemente al valor más preciado de las personas: la inteligencia creadora, con apoyos digitales: teléfonos móviles, reproductores de música e imágenes, televisión, ordenadores de escritorio y portátiles, organizadores personales, videojuegos, control informático de servicios en el hogar (domótica), etc.

Es un reto, como otros muchos de los que tenemos que acometer a diario. Pero apasionante, porque la inteligencia digital, propiciada por una sociedad del conocimiento, en su proyección en la Administración de la Junta de Andalucía y sus entes instrumentales 2.0, es la que permite:

1. adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. desarrollar la capacidad que tienen las personas en Andalucía de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. adquirir capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, el andaluz, por ejemplo, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. saber discernir que es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso, con una vigilancia adecuada por parte de la Administración Pública 2.0.

Hace años escribí lo siguiente en referencia a la percepción pública de los funcionarios y funcionarias: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales (1)”. Es muy importante, por tanto, ganar segundos de credibilidad pública digital.

Como decía la soleá que abría este post, la Andalucía Pública 2.0 y la inteligencia digital están obligatoriamente obligadas a entenderse, a comprenderse. Si esta prueba digital que se inicia hoy te convence, podemos seguir avanzando en cada aventura particular de cerebros pensantes, la Noosfera soñada de forma incipiente por Teilhard de Chardin, ilusionándonos con el saber compartido sobre la esencia de este palo: interpretar los puntos cardinales de la existencia: la vida, el amor y la muerte, desde la inteligencia del Sur 2.0, intentando comprender esa inteligencia desde una teoría crítica digital, en definitiva, de una ciencia “presumida” aplicada a la Administración Pública de Andalucía.

Sevilla, 21/II/2010

(1) Funcionarias y funcionarios: inteligencia pública: http://www.joseantoniocobena.com/?p=109

El Niño Jesús proletario

Dedicado especialmente a las personas que, como me pasa a mí cuando llega la Navidad, nos miramos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, y nos preguntamos muchas cosas. Nada más.


Escenarios en Palestina, durante la preparación del rodaje de El evangelio según Mateo (Pier Paolo Pasolini, Il vangelo secondo Mateo, 1964)

Cuando finalizaba el verano, leí unas páginas excelentes de “pequeñas memorias”, escritas por José Saramago (1), que me sirvieron para pensar y soñar en una Navidad verdadera. Ahora, en estos días cercanos a la Navidad real de 2008, las he recordado de nuevo y las incorporo a este cuaderno para que tengan un lugar preferente durante estos días, dedicadas a cuantas personas me acompañan en esta singladura digital:

“En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

El Niño Jesús proletario, el Niño Jesús de Saramago, es una imagen muy próxima a la realidad de la memoria histórica del acontecimiento que ahora, paradójicamente, justifica fiestas por doquier. Hace veinticuatro años, escribí un artículo para un periódico, que titulé “Ciudadano Jesús”, recopilado posteriormente en mi libro “Teatro de barrio”, en el que analizaba las grandes contradicciones de estas fechas y del que entresaco algunas reflexiones que siguen teniendo actualidad absoluta: “todo este montaje «dorado» se debe a que unos cronistas del siglo quinto antes de Cristo, comenzaron a tomar apuntes de un hecho sociológico interesante en sí mismo: el empadronamiento y, en un momento dado de la historia, el ordenado por el emperador romano César Augusto. José y María de Nazareth, ciudadanos responsables, buenos demócratas en su sentido primigenio, acuden a empadronarse a Belén, en hebreo «casa del pan», y allí, fuera del drama que siempre nos han pintado del rechazo a la familia «sagrada», al no encontrar sitio en la posada porque estaba hasta los topes, debido al empadronamiento masivo, se le cumplen los días a María, «estaba cumplida», y nace Jesús, niño-ciudadano, en el acto de empadronamiento de sus padres. María estaba loca de contenta por las cosas «maravillosas» que los pastores decían del «niño». Había también por allí una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del Templo, y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos. El cronista de la época ha sido muy escueto en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos”.

Y finalizaba el artículo con unas palabras que sigo suscribiendo de forma íntegra y que después de tantos años podrían ser anunciadas a los cuatro vientos como avisos para navegantes digitales pre-ocupados [sic, con guión] con un Niño Jesús proletario que no está en los cielos…: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Vuelvo a abrir el libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aún dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios…. Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús.

Sevilla, 21/XII/2008

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107.