25 de abril: en cada esquina un amigo, una amiga y en cada rostro, igualdad

Sevilla, 25/IV/2020

Cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Zeca (Jose) Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy importante en mi agenda personal de asuntos importantes e inolvidables que, año tras año, he explicado en este cuaderno especial. Necesito leer con atención reverencial esta reflexión recurrente junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven de nombre Marcos, muy atrevido en tiempos de cólera social ante un revolucionario muy próximo a él. Para mí, un excelente periodista que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

Abro unas páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Afonso, para compartir la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma:

Cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”), de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

En segundo lugar, porque tal día como hoy, hace ya cuarenta y seis años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: “En 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

“en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, Marcos del siglo XXI, es otra estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

En plena crisis de la pandemia por el coronavirus, siguen vivos hoy los recuerdos de lo que nos enseñó Portugal en su revolución y nos sigue enseñando hoy día en su inteligente y equitativa acción política sociosanitaria tan cercana y ejemplar. También, de épocas en las que luchábamos como ellos por salir del túnel de la dictadura, sobre todo cuando escucho también una canción contemporánea de Luis Pastor, que me marcó desesperadamente, gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes:

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Luis Pastor, Vamos juntos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Para buscar la verdad, cada uno debe guardar la suya

LA VERDADUly Martín

Sevilla, 24/IV/2020

Llevo guardando mi verdad durante todos los años de mi existencia siguiendo el aserto de Machado: “¿Tu verdad? No la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. En tiempos de coronavirus tengo la necesidad imperiosa de conocer la verdad de lo que está pasando a través de la información verdadera, objetiva, contrastada, digna, bien transmitida y apeada de tecnicismos estadísticos que es muy difícil desentrañar cuando lo que nos ocupa es saber qué nos pude pasar ahora, mañana y el famoso día después el que todos hablan, en un mundo instalado en el desconcierto de amplio espectro.

El miércoles pasado asistí a la sesión del Congreso de los Diputados y fue frustrante escuchar a determinados representantes de los votantes pertenecientes a todas las latitudes de la derecha de este país, así como de nacionalismos exacerbados, lanzar exabruptos intolerables ante una situación en las que todos tenemos que unirnos ante el sufrimiento de enfermedad y muerte como nos asola, aunando voluntades como cantaba Quilapayún en homenaje a las víctimas de Santa María de Iquique. Sería injusto decir que todos los políticos son iguales, porque detecto perfectamente quién actúa y habla con la verdad conjunta, la tuya , la mía, la de muchos, no la suya solo, a pesar de todo. Las mentiras políticas nos llevan de la mano al descubrimiento de la falta de verdad que hay casi siempre detrás de ellas, aunque ya estábamos avisados por los agoreros y tertulianos del Reino Mediático que nos embarga, porque “eso ya se sabía que iba a ser así”, a pesar de la defensa que personalmente hago siempre del principio de confianza en el Estado Democrático, que no se gobierna solo, porque no lo hace bien cualquiera, no debe ser inocente, como elemento crucial de la democracia que defiende exclusivamente el Interés General de la Ciudadanía (el IGC de la Democracia, más importante seguro que PIB o el IPC que nos embarga).

Personalmente y como defensor con ardor guerrero de la Política que tanto ama Emilio Lledó, siguiendo a Aristóteles, en su ardiente impaciencia por difundir la verdad a toda costa a través de la palabra política, no quiero que cuando asista de nuevo a una sesión de ese Congreso citado, tenga que pensar inmediatamente en la advertencia de los títulos de crédito de muchas películas que tengo grabadas en mi persona de secreto: cualquier parecido de lo que se está hablando en esta sesión con la realidad es pura coincidencia.
He escrito muchas veces sobre la inquietante necesidad de búsqueda de la verdad política porque no es algo estático que se deba presuponer como el valor en las guerras, de cuya realidad no quiero acordarme ahora. A mí también me concierne una gran responsabilidad de protegerla, blindarla, no participando desde el sofá de mi casa, con silencios cómplices, en el Mayor Espectáculo del Mundo de la Mentira Política, en los medios cotillas de comunicación social y en las redes sociales, porque Todos los Políticos No Son Iguales. La verdad, como pasa con la realidad del campo, es para quien la trabaja. Hay que informarse, contrastar las noticias, despreciar los medios de comunicación tóxicos o tosigosos, instalados en la mediocridad de los bulos. Sabemos quiénes y cuántos son y es fácil quedarnos con sus cabeceras y siglas. Hay que denunciar la Mentira Política, bajo el eufemismo de bulos, porque se reviste de muchos disfraces de trajes de emperador que se venden al mejor postor de la indignidad política. Además, esta labor no es solo policial, es una tarea ciudadana de amplio espectro (como los antibióticos) de compromiso social para buscar conjuntamente la verdad, guardándonos cada uno la nuestra en este ejercicio urgente de responsabilidad ciudadana.

Con motivo de las elecciones generales en España en diciembre de 2015, escribí un post, “Si nos dijeran la verdad mentirían”, en el que finalizaba con una reflexión sobre la que hago hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día en tiempos de coronavirus: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

NOTA: la imagen se recuperó en este blog el 5 de enero de 2016, de http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/30/actualidad/1359573194_226490.html

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Cuando los libros tienen alma

Sevilla, 23/IV/2020

Hoy se celebra el Día Internacional del Libro, con la particularidad de que podemos ser grandes protagonistas de la efeméride de este año al estar rodeados de libros por todas partes en el confinamiento, comenzando por los libros de millones de niños y jóvenes de este país que los abren todos los días en horario docente programado para seguir sus clases. Cuando nos despertamos cada día, los libros están allí, donde los dejamos ayer, al igual que el dinosaurio de Monterroso.

En Andalucía se ha dedicado este día al filósofo Emilio Lledó, autor del año andaluz 2020, a quien profeso profundo respeto y admiración. En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor premiado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1).

Ya he comentado hace muy pocos días que una de las bondades que ofrece el confinamiento actual es la de cuidar el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C.

Amo la lectura, los libros, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro. Sobre todo ahora, en tiempos de coronavirus.

Entro hoy en mi biblioteca doméstica y abro un libro que aprecio mucho. Sé dónde está cada uno y dentro de un orden que responde a una lógica temática y profesional. No es lo mismo la mesilla de noche, la sala de estar y ser o… el rincón de pensar. Lo recuerdo ahora por una lectura frecuente de un maestro del respeto a los libros y sus diferentes organizaciones, Alberto Manguel, al localizar en una de sus publicaciones dedicadas a los libros, una cita de un diccionario del siglo VII antes de Cristo que nos indicaba la importancia de la permanencia de un libro en el lugar en el que lo sitúa su legítimo dueño: “Que Is^tar bendiga al lector que no altere esta tablilla ni la coloque en otro lugar de la biblioteca, y se alce airada contra aquel que ose retirarla de este edificio”. Se puede entrever el respeto reverencial que la historia ha manifestado siempre sobre el cuidado exquisito hacia los libros. Es lo que con el paso de los siglos se ha expresado en roman paladino sobre la “distracción” consciente de los libros, en los que se manifestaba incluso la reserva de excomunión a quien hiciera tal cosa.

No olvido tampoco el mensaje de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en la librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Para quitar hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.
Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.
Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?
Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada.

MICRORRELATO

También he recordado hoy una historia preciosa que sucedió en 2015 en una librería de Sevilla, La casa tomada, porque una vez una persona tuvo también el sueño de Guido Orefice: abrir una librería, sueño sobre el que escribí en este blog: “Un microrrelato de Mª José Barrios copiado a mano por Marta González para colocar en nuestra puerta, que seguro que hemos compartido por aquí más de una vez. Una foto improvisada de nuestro amigo Juan Antonio Hidalgo que desde hace una semana nos encontramos por todos lados, con miles de comentarios, “me gusta”, retuiteos y compartidos en redes sociales… y hoy nos topamos con esta noticia. No es la primera vez que el cuento se comparte en Internet, si bien es cierto que en esta ocasión ha tenido una repercusión sin igual. La única nota amarga, que no llega a empañar la alegría de las libreras, es que en la mayoría de los casos no se cita el nombre de la librería ni de la autora del microrrelato. Tampoco el cartel lo incluye, ya que su intención nunca fue la de llegar tan lejos, sino tan solo la de provocar la sonrisa de los clientes”.

María José Barrios nos trajo una reflexión, abriendo una librería, con nombre y apellidos, al mundo de la Noosfera. Cumplió el mejor sueño con una microhistoria muy bella del Sur, que también existe. Desde La casa tomada… por Internet. Esta es la razón de por qué busco libros con la linterna de Diógenes, para localizar libreros y libreras para una nueva forma de descubrir la vida pasada, presente y futura a través de algunos libros. Los que nunca se olvidan, porque hubo siempre una persona detrás que, como Lino [el librero de mi infancia en Madrid], te hablan de su quintaesencia, no de los fárragos en los que los sume el mercado. Sencillamente, porque siempre te ayudan a comprender que leer consiste en ver más allá de las páginas de un libro, como le ocurría a Guido Orefice, que quería ser librero para demostrar al mundo que, a pesar de todo, la vida es bella”.

Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que muchas veces no lo sabemos hacer. Quizá podamos hacerlo en este confinamiento forzado, sobre todo para que no enfermemos del alma.

En la celebración del Día Internacional del Libro, estas palabras son un pequeño homenaje a los libros con alma y a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, intentan abrir sus puertas, virtualmente ahora, todos los días, para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices en tiempos de coronavirus.

El alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad. Para que no se olvide en un día tan importante como hoy.

(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

ROSA1

Un regalo virtual para ti, lector o lectora, junto al post

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El futuro para almas inquietas

Sevilla, 21/IV/2020

Hace tres años escribí un post con motivo del estreno de una película singular, Brooklyn, que ayer recuperaron en televisión. Aquellas palabras vuelven a tener hoy plena actualidad, con un hilo conductor sobre el que ya he tratado en este cuaderno digital recientemente: el futuro ya no será lo que era. La pandemia mundial del COVID-19 nos lleva a reflexionar profundamente sobre el sentido de la vida presente en estos difíciles momentos y la respuesta no es fácil de descubrir a modo de bálsamo de Fierabrás.

En este contexto me reitero en el empeño de reconocer que existe un problema grave, consistente en que no existen manuales para preparar el futuro, el día después o al menos yo no los conozco. El problema es de tal magnitud que será necesaria una Reconstrucción del Mundo con un alcance que no se ha conocido jamás. Casi todas las respuestas que teníamos hasta ahora para casi todo lo que se movía en él hasta hace solo tres meses, desde la fecha del inicio de la pandemia, ya no sirven para casi nada y ahora, en medio de una incertidumbre mundial incalculable, tenemos que barajar el cambio masivo de todas las preguntas y respuestas para construir el nuevo futuro, la llamada «nueva normalidad» a tenor de lo ocurrido.

Pasen y lean el artículo escrito en 2016. Creo que cambiando lo que haya que cambiar en el contexto actual, puede ayudarnos a reflexionar sobre el valor del momento presente, en el que cada persona debe descubrir el mejor carpe diem de su existencia.

El futuro no se puede comprar

Ayer volví a recordar este gran aserto, por un mensaje explícito de una película muy bella, Brooklyn, que retrata una forma diferente de abordar todos los momentos presentes que conforman cada futuro real, personal e intransferible. Precisamente, el futuro es eso, la concatenación de presentes, de sucesivos carpe diem, sin concesión alguna a la seguridad plena de lo que ocurrirá hoy o mañana en cada momento después.

Se pueden comprar cosas, pero no el futuro, porque no es una mercancía que esté a la venta en el gran mercado del mundo, sino un derecho y un deber. Se puede planificar o soñar, pero garantizar lo que ocurrirá en un futuro próximo o lejano no es posible. Existe siempre un factor sorpresa llamado libertad que puede dar al traste el mejor futuro soñado, sin tener que recurrir a la melancolía de Groucho Marx cuando afirmaba de forma rotunda que el futuro ya no es lo que era (1).

La vida es una oportunidad para atender el mundo presente a través de la inteligencia, lo más preciado que tiene el ser humano. He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno en cada carpe diem: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Donde somos, estamos y vivimos. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Quizá necesitamos hoy y siempre recordar al Sr. Pereira cuando perdió de vista al Dr. Cardoso al salir de su querido Café Orquídea, en Lisboa, sintiendo la nostalgia de lo vivido por la inseguridad que nos crea salir del confort en determinados momentos presentes, en los de la vida pasada, pero también por lo que nos pueda ocurrir en la futura que a veces soñamos y abrazamos hasta perdernos en ella. Hasta el día en el que nos enfrentamos a nuestro yo hegemónico, poniendo orden en la confederación de almas inquietas, como le decía aquél sorprendente doctor Cardoso en la Clínica Talasoterápica de Parede, un presente real con necesidad de futuro. Porque contrariamente a lo que el evangelista Mateo escribió para la posteridad a lo largo de los siglos, a cada día humano no le suele bastar a veces su propio afán.

Sevilla, 27/III/2016

(1) Ya he manifestado recientemente que se ha atribuido durante mucho a tiempo a Groucho Marx la frase “el futuro ya no es lo que era”, cuando todo apunta a que su autor fue el poeta Paul Valéry, exactamente con esta expresión: “El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era”, junto a otra que me parece de un contenido similar y didáctico en este tiempo de confinamiento: “El futuro es preparar al hombre para lo que no ha sido nunca”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Hacia un Congreso para la Reconstrucción del Mundo

EL LIBRO DE ARENA

El Congreso del Mundo comenzó con el primer instante del mundo y proseguirá cuando seamos polvo.

Jorge Luis Borges, en El Congreso (El libro de arena, 1975)

Sevilla, 13/IV/2020

Necesitamos pensar ya en la Reconstrucción del Mundo para poder reconstruir España. Así de claro y contundente. Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su «mala» suerte.

En este contexto, he recordado como tarea preparatoria un cuento precioso de Jorge Luis Borges, El Congreso, que ya he comentado una vez en este cuaderno digital, porque traduce una realidad existencial del devenir del mundo en el que todos estamos ahora obligatoriamente obligados a comprenderlo para entendernos mejor. Leerlo es casi una obligación de Estado. La Iglesia acuñó una frase, Fuera de la Iglesia no hay Salvación (extra Ecclesiam nulla salus), que en el catecismo de mi infancia me causaba mucho desasosiego porque figuraba bajo una viñeta en la que aparecía un tren descarrilando y saltando personas por las ventanas hacia el Infierno en el que campaban a sus anchas dragones con lenguas de fuego y serpientes amenazantes. Prefiero quedarme hoy con una imagen más laica y esperanzadora que dijera algo así como Fuera del Congreso del Mundo no hay forma posible de Reconstruir la Vida tras esta pandemia. Salvando lo que haya que salvar.

Una reflexión más antes de abordar la presentación de este cuento programático. Asocio ahora la necesidad de trabajar unidos en este país tan dual a la genialidad de Groucho Marx, en aquella frase gloriosa en Sopa de ganso, pronunciada en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendríamos que gritar todos ahora rodeando virtualmente el Congreso de los Diputados, porque determinados representantes políticos están obligatoriamente obligados a entenderse en la responsabilidad de sostener de la mejor forma política posible al Estado, tan golpeado y dañado por el coronavirus, sobre todo cuando nos parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados algunos líderes de la llamada «derecha» en el actual espectro político.

EL CONGRESO DEL MUNDO

Los cuentos de Borges son un ejemplo de realismo existencial que siempre pone ribetes de acero a la forma en la que intentamos comprender, cada día, cómo se desenvuelve la vida ordinaria. He vuelto a leer, recientemente, El Congreso, cuento que nos aproxima al relativismo del mundo en el que vivimos, poniendo cada persona y cosa en su sitio. Es un ejercicio de reflexión certera sobre los límites de vivir apasionadamente, donde la política juega un papel esencial.

Simulando la experiencia de uno de los protagonistas del cuento, Alejandro Ferri, que habita en un Sur que ya no es un Sur (que tanto reivindico), leo lo que sucedió a un grupo de personas singulares que un día ya lejano tomaron la decisión de crear un Congreso del Mundo, en momentos en los que la cuenta atrás de la vida aparece con una frecuencia inusitada: “Soy ahora el último congresal. Es verdad que todos los hombres lo son, que no hay un ser en el planeta que no lo sea, pero yo lo soy de otro modo. Sé que lo soy; eso me hace diverso de mis innumerables colegas, actuales y futuros. Es verdad que el día 7 de febrero de 1904 juramos por lo más sagrado no revelar —¿habrá en la tierra algo sagrado o algo que no lo sea?— la historia del Congreso, pero no menos cierto es que el hecho de que yo ahora sea un perjuro es también parte del Congreso. Esta declaración es oscura, pero puede encender la curiosidad de mis eventuales lectores”.

Es verdad que la curiosidad por conocer la intrahistoria de este cuento está garantizada, pero lo que más me ha interesado es saber por qué nace esta idea y qué pasó después en su devenir histórico, narrado por el propio Ferri: “No puedo precisar la primera vez que oí hablar del Congreso. Quizá fue aquella tarde en que el contador me pagó mi sueldo mensual y yo, para celebrar esa prueba de que Buenos Aires me había aceptado, propuse a Irala que comiéramos juntos. Éste se disculpó, alegando que no podía faltar al Congreso. Inmediatamente entendí que no se refería al vanidoso edificio con una cúpula, que está en el fondo de una avenida poblada de españoles, sino a algo más secreto y más importante. La gente hablaba del Congreso, algunos con abierta sorna, otros bajando la voz, otros con alarma o curiosidad; todos, creo, con ignorancia. Al cabo de unos sábados, Irala me convidó a acompañarlo. Ya había cumplido, me confió, con los trámites necesarios”.

Lo que sucede allí queda para quienes quieran leer el cuento de Borges, pero hay algunos matices que adelanto sin rubor alguno porque me han ayudado a comprender las limitaciones que impone la vida a los grandes sueños por nobles que sean. Las reuniones de los sábados en la Confitería del Gas, los atrevidos congresales, que serían quince o veinte, que manifestaban respeto reverencial al presidente efectivo de ese proyecto tan noble, de nombre Alejandro Glencoe, junto a otros nombres y una sola mujer con funciones de secretaria. También había un niño de unos diez años. Dice Ferri que “el Congreso, que siempre tuvo para mí algo de sueño, parecía querer que los congresales fueran descubriendo sin prisa el fin que buscaba y aun los nombres y apellidos de sus colegas. No tardé en comprender que mi obligación era no hacer preguntas y me abstuve de interrogar a Fernández Irala, que tampoco me dijo nada. No falté un solo sábado, pero pasaron uno o dos meses antes que yo entendiera. Desde la segunda reunión, mi vecino fue Donald Wren, un ingeniero del Ferrocarril Sud, que me daría lecciones de inglés”.

Comienza a desarrollarse esta microhistoria, apasionante y llena de incertidumbres, en la que don Alejandro Glencoe, sueña con “organizar un Congreso del Mundo que representaría a todos los hombres de todas las naciones. El centro de las reuniones preliminares era la Confitería del Gas; el acto de apertura, para el cual se había previsto un plazo de cuatro años, tendría su sede en el establecimiento de don Alejandro. Éste, que como tantos orientales, no era partidario de Artigas, quería a Buenos Aires, pero había resuelto que el Congreso se reuniera en su patria. Curiosamente, el plazo original se cumpliría con una precisión casi mágica”.

Empiezan a aparecer los gestos ejemplares de aquel Congreso en ciernes: desparecerían las dietas que empezaron a cobrarse, comprobándose que “Esa medida fue benéfica, ya que sirvió para separar la mies del rastrojo; el número de congresales disminuyó y sólo quedamos los fieles. El único cargo rentado fue el de la Secretaria, Nora Erfjord, que carecía de otros medios de vida y cuya labor era abrumadora. Organizar una entidad que abarca el planeta no es una empresa baladí. Las cartas iban y venían y asimismo los telegramas. Llegaban adhesiones del Perú, de Dinamarca y del Indostán. Un boliviano señaló que su patria carecía de todo acceso al mar y que esa lamentable carencia debería ser el tema de uno de los primeros debates”.

Surge el problema de base: ¿cómo tan pocas personas, que además no cobran, pueden llegar a formar el Congreso del Mundo? Es verdad que se sugiere que se hagan agrupaciones de representaciones y es curiosa la propuesta que hacen a Ferri, en boca de su presidente: “El señor Ferri está en representación de los emigrantes, cuya labor está levantando el país”. Sin comentarios. Otro protagonista de difícil pronunciación, Twirl, hizo la propuesta de que el Congreso del Mundo no podía prescindir de una biblioteca, aprobándose por unanimidad la misma. Tanto avanza el proyecto que don Alejandro invita a todos los asistentes a las reuniones preparatorias de la fundación del mismo a una propiedad suya en Uruguay, La Caledonia, a la que llegan para conocer el estado de las obras que se están desarrollando allí para acoger el Congreso del Mundo.

Se distribuyen por el mundo los contados miembros regulares del proyecto, con objeto de enriquecerlo en aquellas materias en las que estaban interesados en las utopías que solo se podían encontrar en París y Londres. Todo transcurría con normalidad hasta que llegó un día especial en el que don Alejandro, en su casa, donde se archivaban los fardos de libros adquiridos para la biblioteca del Congreso, dijo en presencia de varios congresales del mundo: “Vayan sacando todo lo amontonado ahí abajo. Que no quede un libro en el sótano”, con otra orden explícita: “Ahora le prenden fuego a estos bultos…”. Sobrevolaba allí una frase comentada por uno de los asistentes a este momento trágico: “Cada tantos siglos hay que quemar la Biblioteca de Alejandría”.

Dicho y hecho. Don Alejandro lo explicó de forma precisa: “Cuatro años he tardado en comprender lo que les digo ahora. La empresa que hemos acometido es tan vasta que abarca —ahora lo sé— el mundo entero. No es unos cuantos charlatanes que aturden en los galpones de una estancia perdida. El Congreso del Mundo comenzó con el primer instante del mundo y proseguirá cuando seamos polvo. No hay un lugar en que no esté. El Congreso es los libros que hemos quemado. El Congreso es los caledonios que derrotaron a las legiones de los Césares. El Congreso es Job en el muladar y Cristo en la cruz. El Congreso es aquel muchacho inútil que malgasta mi hacienda con las rameras”.

Tomaron un coche de caballos y pasearon por calles amigas, por donde quería el cochero. Ferri lo narra con precisión existencial: “Las palabras son símbolos que postulan una memoria compartida. La que ahora quiero historiar es mía solamente; quienes la compartieron han muerto. Los místicos invocan una rosa, un beso, un pájaro que es todos los pájaros, un sol que es todas las estrellas y el sol, un cántaro de vino, un jardín o el acto sexual. De esas metáforas ninguna me sirve para esa larga noche de júbilo, que nos dejó, cansados y felices, en los linderos de la aurora. Casi no hablamos, mientras las ruedas y los cascos retumbaban sobre las piedras”.

Es verdad. Formamos parte del Congreso para la Reconstrucción del Mundo, tú y yo, todos. Lo verdaderamente ilusionante ahora es tomar conciencia de que hay que organizarlo y analizar la mejor forma de llevarlo a cabo para reconstruir el nuevo orden mundial. Esa es la cuestión.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La ventana discreta / y 15. La vida es muy bella

Sevilla, 12/IV/2020

Nunca tuvo un adverbio, muy, tanta importancia como ahora. Decir muy bella significa que por encima de todo es maravilloso vivir. Este adverbio tuvo siempre mucho valor para los pueblos ribereños del Tigris y Éufrates, en la actual Irak, porque allí nacieron los primeros relatos de la creación y en arameo decir “muy” significaba dar un valor transcendental a lo que sucede y a las cosas cotidianas que pasaban en su entorno, porque para ellos lo primero fue la experiencia vital y después la palabra que explicaba los hechos basados en lo que estaba pasando y seguían contado sus mayores de boca en boca.

Existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. En el énfasis del adverbio estaba la diferencia.

Leí hace ya muchos años un artículo del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado sobre el “viaje a las raíces del ser humano”, que me recordó este gran matiz, mucho más al fijar el objetivo principal de su proyecto “Génesis”: “volver a conectarnos con cómo era el mundo antes de que la humanidad lo dejase prácticamente irreconocible”. Sebastião Salgado inició en aquella época una obra encomiable. Ahora, en estos momentos de pandemia, sé que tendría la sensibilidad suficiente para encontrar y fotografiar algún lugar o momento de esta crisis que siguiera engrandeciendo la lectura laica del Génesis. Aunque sólo fuera para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno.

El secreto explicado anteriormente se hizo público: no hay nada más maravilloso que disponer de los cielos, de la tierra, las aguas, los animales, las semillas, porque todo significa vida. Pero hay algo especial en esta vida que la hace muy bella: las personas que pueblan la tierra, sin distinción de raza, credo o religión. En 2014, este fotógrafo de la vida, presentó en Madrid una exposición sobre 245 imágenes de aquella aventura, como resumen excelente de la experiencia, recogida en un reportaje que publicó el diario El País, Sebastião Salgado, Libro del Génesis, donde el autor, Jesús Ruiz Mantilla, explicaba el para qué de esta inmensa obra , donde contaba que Salgado había estado ocho años “recorriendo el planeta en busca, ni más ni menos, que del paraíso”: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

La ciencia nos ha aportado datos para concluir que los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada para interpretar la belleza de la vida y las graves alteraciones de la misma. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones.

Algo tuvo que ocurrir en el nacimiento de la vida humana, transcendental y aún por descubrir, para que nuestros antepasados, a los que la ciencia sitúa en una primera referencia en Selam, la niña de Dikika, descubierta en el año 2000 en Dikika (Etiopía), comenzaran a caminar de forma bípeda y a desarrollar el cerebro, algo muy impresionante. La gran pregunta surge al saber que junto a los fósiles de Selam y de Lucy se encontraron también restos de hipopótamos y cocodrilos, lo que aventura pensar que Selam fue una niña muy feliz en un medio fértil y adecuado a sus necesidades. Algo tuvo que ocurrir, cuando sintieron la necesidad de salir de su tierra y de su parentela para buscar comida y una habitabilidad mayor. Para no amargarnos demasiado, desde el punto de vista científico y a las pruebas me remito, media un tiempo impresionante entre Selam (se confirma mediante pruebas científicas que cumpliría hoy tres millones, trescientos mil años) y los primeros antepasados nuestros, muy aventureros, hace doscientos mil años, que empezaron a crear el mundo habitado. He seguido de cerca siempre este descubrimiento para enlazar estas realidades. La diferencia del cerebro en ambos casos, las dos veces esqueletos de niñas, Selam y Lucy, no es tan evidente, si la comparamos con el paso de los millones de años. Ahí está la llave del secreto de esa niña a la que han puesto un nombre simbólico en territorio musulmán: Paz.

Hace tan solo dos mil quinientos años, existen vestigios escritos de que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos narrados en el Génesis fue la creación del ser humano rodeado de vida. Un adverbio, meod (muy), dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno con su cadaunada: darnos argumentos para comprender que a pesar de las dificultades que experimentamos en estos días difíciles de pandemia, la vida es muy bella.

THE END

NOTA: letra de La vida es bella en la versión cantada por Andrea Bocelli:

Sí, sonríe, amor, así y pon tu mirada en mí.
Sí, con todas mis canciones
Repletas de emociones quiere el mundo verte sonreír

Tú, el cielo ves azul,
Tú, lo inundas con tu luz.
Hay millones de personas
Que no te decepcionan porque el mundo sueña como tú

Sí, sé fuerte como un rey
Y dulce como el estribillo de tantas canciones que yo canto por ti.

Y se te esconderá el dolor
Tras los mágicos rumores de tu vida alrededor.
Ven por tu calle entre la gente,
Baila enamoradamente como hacías para mí.

Y ahora sí, sonríe, amor, así,
Sé que me sorprenderé.
Y con todas mis canciones
Repletas de ilusiones das al mundo tu felicidad.

Tú, el cielo ves azul,
Tú, lo inundas con tu luz.
Y con todas mis canciones
Repletas de emociones das al mundo tu felicidad.

Sí, sé fuerte como un rey
Y piensa que la vida es bella igual que esa estrella que brilla para ti.

Ciao, emprende el vuelo ahora
Y si un día estás sola, contigo yo estaré.

¡Lo sé!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La ventana discreta / 14. Todos podemos ser héroes

MI HEROE ERES TU

Sevilla, 11/IV/2020

El niño que llevo dentro siempre se queda extasiado ante el comienzo clásico de los cuentos de su infancia: érase una vez… Quizá ha sido la razón de lo que me ha ocurrido al conocer una publicación reciente de la Organización Mundial de la Salud, Mi héroe eres tú, un relato en torno al universo infantil y familiar que se enfrenta ahora a un monstruo que viene a vernos llamado COVID-19. El libro es “[…] un proyecto desarrollado por el Grupo de Referencia del Comité Permanente entre Organismos sobre Salud Mental y Apoyo Psicosocial en Situaciones de Emergencia (GR IASC SMAPS). El proyecto contó con el apoyo de expertos mundiales, regionales y nacionales de los Organismos Miembros del GR IASC SMAPS, además de padres, cuidadores, profesores y niños de 104 países. Se distribuyó una encuesta mundial en árabe, inglés, italiano, francés y español para evaluar la salud mental y las necesidades psicosociales de los niños durante el brote de COVID-19. Con los resultados de la encuesta se elaboró un marco de temas que se abordarán en la historia. El libro fue compartido a través de cuentos a niños de varios países afectados por COVID-19. La retroalimentación de los niños, padres y cuidadores se usó luego para revisar y actualizar la historia” (1).

Se puede acceder a él en línea o bajárselo por Internet desde una dirección específica facilitada por la OMS y es un libro escrito para los niños y niñas de seis a once años de todo el mundo afectados por la pandemia de COVID-19. Una de las protagonistas del cuento, Sara, resume muy bien el hilo conductor del mismo: “Todos podemos ayudar a la gente a estar a salvo, mamá”, dijo. “¡Conocí a tantos héroes en mi aventura!”.“¡Oh, Sara, tienes razón!”, dijo su mamá. “Hay muchos héroes que mantienen a la gente a salvo del coronavirus, como médicos y enfermeros maravillosos. Pero tú me haces recordar que todos podemos ser héroes, todos los días, y mi mayor héroe eres tú”.

Aproximándome a este cuento he recordado a José Saramago que, con su humildad característica, escribió un cuento precioso, La flor más grande del mundo, aunque reconocía la enorme dificultad para hacerlo: “Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón. Si yo tuviera esas cualidades podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé […]”.

También aprendí junto a Neruda, el verano pasado, que los niños y las niñas de Venezuela, cualquier niño o niña que cada venezolano o venezolana lleva dentro, estaban de enhorabuena porque podían ser protagonistas de un cuento precioso, Los juguetes más grandes (¿qué curioso; la flor y los juguetes más grandes?), de la escritora venezolana Kristel Guirado, como homenaje a Pablo Neruda, que llamaba “juguetes grandes” a sus mascarones y mascaronas de proa y popa, que de todo hay en los mares del señor. Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

El cuento de Saramago finaliza con una frase premonitoria de lo que se debe hacer con el cuento propiciado por la OMS en este tiempo de pandemia. Su recomendación es clara: “Este es el cuento que yo quería contar. Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis como sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías y tal vez, más adelante, acabéis sabiendo escribir historias para niños. Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita”. También hay que considerar que las personas mayores que no lean este cuento perderán probablemente al niño o niña que todos llevamos dentro y que nos hace mucha falta en tiempos difíciles. Saramago lo tuvo siempre muy claro: “siempre he llevado dentro al niño que fui”. Aviso para navegantes en el mar proceloso del coronavirus 19.

También he conocido una acción que ha presentado el Instituto Andaluz de la Mujer, que recojo expresamente porque han elaborado un cómic, COVID Warriors, “una herramienta lúdico-cultural, formada por personajes de ficción, para mejorar las condiciones de residencia”, basada en “la creación de personajes de ficción como eje de este proyecto divulgativo y lúdico-cultural en los 34 centros de acogida durante el período de confinamiento por la alerta sanitaria y que plantea hacerse extensible durante el tiempo que requieran las medidas extraordinarias por el COVID-19, tanto en su diseño como en su ejecución”. A este respecto, la directora del IAM, Laura Fernández, ha señalado que “esta propuesta, que se lleva a cabo en los centros de emergencias, casas de acogida y pisos tutelados, tiene tres propósitos esenciales: trasladar un mensaje de calma y positividad para hacer frente a la situación de alarma, difundir los protocolos sanitarios y de seguridad de una forma accesible y atractiva a las personas acogidas y mejorar el clima en los centros de acogida, poniendo especial atención en la población infantil”. Excelente idea que complementa las múltiples respuestas educativas durante la pandemia. Han informado oficialmente que “el equipo COVID Warriors es un grupo de personajes de ficción formado por un niño, una niña y una mujer en representación de las personas acogidas y una trabajadora representando a todos los equipos profesionales del Servicio Integral de Atención y Acogida a mujeres víctimas de violencia de género, quienes luchan de manera conjunta contra ‘el villano COVID-19’. Estos héroes y heroínas son el eje del proyecto, dando sentido al mismo y estructurando todas las acciones que de él se deriven”. No olvido esta acción en Andalucía ante los más débiles porque entre héroes andan también ambos proyectos.

Al contar el cuento de héroes en la pandemia, presentado por la OMS, junto al cómic del IAM, deberíamos seguir la recomendación de Saramago en relación con su niño interior. Probablemente, necesiten una lectura acompañada de padres, abuelos y abuelas, hermanos mayores, familiares cercanos, cuidadores y cuidadoras, profesionales asistenciales también, porque la historia de Sara y sus amigos o la del equipo de Guerreros del COVID, se pueden explicar con palabras sencillas y cercanas a la realidad de cada lector, niño o niña, animándonos a todos a escribir nuevas historias, incluso más bonitas, porque si nos esforzamos en hacerlo estos días tan especiales, es probable que descubramos al niño o niña que siempre fuimos y que todos, sin excepción alguna, llevamos dentro.

«Érase una vez un monstruo que se llamaba COVId-19, que vino a vernos…» Así me lo han contado y así lo cuento.

(1) https://www.who.int/es/news-room/detail/09-04-2020-children-s-story-book-released-to-help-children-and-young-people-cope-with-covid-19

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

 

La ventana discreta / 13. Un Viernes Laico especial

IL VANGELO SECONDO MATEO

Sevilla, 10/IV/2020

La verdad de la historia que justifica que hoy sea un día festivo, se debe -al igual que ayer- a un relato de un héroe en su época llamado Jesús de Nazareth. Desde una perspectiva estrictamente laica, siempre me ha interesado la historia en torno a este día que, en alguna ocasión, he recogido en este cuaderno digital. Después del nacimiento de este héroe, cuentan los cronistas de la época que María, su madre, estaba loca de contenta por las cosas maravillosas que los pastores decían de su niño. También citan a una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del templo y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos.

La verdad es que los citados cronistas han sido muy escuetos en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos en la que el denominado “orden social” enloquece en detrimento de millones de personas que suelen ser los más pobres de cada lugar.

Cuentan que la clave del «éxito» de Jesús estaba en su presencia como revulsivo ante los conformismos manifiestos. Toda su vida estuvo llena de intervenciones puntuales en determinadas problemáticas personales y sociales de sus paisanos o ciudadanos próximos. Vino a llamar las cosas por su nombre, que además en hebreo o arameo, tiene una importancia vital porque allí la palabra era lo que les quedaba. La verdad es que a Jesús de Nazareth se le ha situado tan alto en la historia posterior a lo que verdaderamente ocurrió que para muchos no hay posibilidad de entenderlo en su justo sentido. Quizás el cronista Marcos ha sido el más sencillo de todos los profesionales de la época para traemos a la lectura actual una figura de Jesús rica en contenidos humanos. Su enseñanza con autoridad ética es entendida en contraposición a los profesionales de la fe de su época, es decir, se le notaba que lo que decía era importante para el mismo Jesús, se lo creía (en vocabulario actual), a diferencia de los jefes espirituales de siempre, que ya no convencían a nadie por su falta de testimonio y compromiso con las personas sencillas, pobres, marginadas y enfermos psíquicos o sociales que les rodeaban a diario.

Para un intérprete progresista de la fe o de la creencia en el ser humano, lo lógico era sufrir los reveses del poder vigente. Su muerte estaba anunciada de antemano. Nadie se debía escandalizar. Molestaba y no interesaba. Y sabía que al final se iba a quedar solo. Así fue. Se podía convertir en un desaparecido cualquiera. Y al fin, este hombre molesto para la sociedad aletargada es eliminado por el procedimiento de la época. La misma autoridad que empadrona, es la autoridad que mata, apoyada por la institución religiosa, por la muchedumbre aborregada, que compara a Jesús con Barrabás. Esa es su miseria. Así se hizo. Muchos le delataban. La realidad es que el ciudadano Jesús se quedó solo ante el peligro del poder constituido, de los de siempre, de los que no aceptan el progreso ni en orden social equitativo, distributivo y justo.

Siendo muy joven tuve la oportunidad de conocer al director italiano Pier Paolo Pasolini a través de una película que me pareció entonces la mejor crónica visual de lo narrado anteriormente en lenguaje cinematográfico del siglo XX. Su título El evangelio según Mateo, era la justificación de una narración cruda de esta historia tan interesante y liberadora. La hizo sin concesión alguna a la tradición, resaltando en cada plano la humanidad de Jesús. Pasolini había creado una escuela digna de ser explicada. Partiendo de su modo y manera de ser, luchó por rescatar el lenguaje de los barrios más pobres de Roma, incorporándolo al cine del proletariado. Nadie se puede imaginar, sin cierta sorpresa, a Pasolini cerca de Vittorio de Sica como ayudante de dirección. Quizá esta didáctica del costumbrismo y realismo italiano llevó a nuestro autor-director de escena a revolverse y comprometerse con la sociedad a través del cine, medio de expresión no inocente y desconcertante a veces en nuestra sociedad contemporánea. El evangelio según Mateo es un claro exponente de lo explicado anteriormente.

Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1).

Lo que verdaderamente me conmocionó, en mis años jóvenes, fue conocer que la Oficina Católica Internacional del Cine entregó a Pasolini, cuatro años después, en 1968, un premio por una obra jamás entendida desde la institución: Teorema. La posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor.

La dialéctica pasoliniana estaba precisamente en esa denuncia de la corrupción personal y social de la moral establecida, farisaica en la mayor parte de las ocasiones. El canto al hombre total a lo largo de su obra, belleza cósmica, verdad acrisolada por el amor a los cuatro vientos, la denuncia de todos los totalitarismos, incluido el del amor establecido en normas legales y religiosas más o menos vigentes, es un magnífico título de crédito para una obra jamás filmada: la de la vida de cada uno en el compromiso sencillo/difícil de existir, siendo copartícipe y compañero de los más pobres de la tierra, los pobres del Señor, que él gustaba llamar, imbuido de un marcado carácter sacral en su fotocomposición diaria de la vida, real como ella misma.

NOTA: la imagen está tomada durante el rodaje de la película de Pier Paolo Pasolini “Il vangelo secondo Matteo” (1964), que considero una obra maestra para comprender el mensaje humano del ciudadano Jesús. Figuran en ella Enrique Irazoqui, que interpretó el papel de Jesús y el director, Pier Paolo Pasolini.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La ventana discreta / 12. Manual del arte de vivir

No vivas en la tierra
como un inquilino
ni en la naturaleza
al modo de un turista
Vive en este mundo cual si fuera la casa de tu padre
Cree en los granos en la tierra, en el mar
pero ante todo en el hombre

Nazim Hikmet (1902-1963) Tal vez mi última carta a Mehmet [su hijo]

Sevilla, 9/IV/2020

No conozco el manual para vivir confinados, porque no existe, pero sí algunas páginas de un manual del arte de vivir, que continúo escribiendo en este tiempo de estado de alarma y que me sirve de guía para intentar comprender el sentido de la vida ante acontecimientos imprevisibles. En una de sus páginas he encontrado un recurso extraordinario basado en la lectura de autores clásicos que siempre abordaban la vida diaria con arte, porque en ellos he encontrado siempre sabiduría basada en la experiencia de vivir y en su capacidad de admiración de todas las cosas, tal y como me enseñó Aristóteles hace ya muchos años. Me refiero en concreto a una referencia de un libro precioso de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida (1) y me he puesto con ojos a la lectura, recomendando que lean este libro porque van a comprender bien por qué Ordine defiende a capa y espada la utilidad de lo que hoy se llama “lo inútil”.

El hilo conductor del manual del arte de vivir es la conjunción de la educación y la cultura que ahora estamos compartiendo con centenares de miles de niños y niñas que siguen asistiendo puntualmente a clases virtuales, estrenando una nueva forma de educarse en el pleno sentido de la palabra. En una sociedad del confinamiento, en la que probablemente se descubra qué es lo verdaderamente útil para vivir con bastantes privaciones, es conveniente rescatar la importancia de la educación y la cultura, sin tener que recurrir inexorablemente a la supuesta felicidad que nos propone de forma no inocente el mercado.

Esta es la razón de una de mis ilusiones actuales que deseo compartir con las personas que navegan conmigo en esta “Isla Desconocida” de Saramago, es decir, podemos descubrir una nueva forma de vivir con arte y en relación con la educación y la cultura asociada, nos debería llevar a pactos de Estado para que España recupere sendas que nunca debió perder en la articulación de la educación integral e integrada en todos los niveles que la imaginación digna pueda hoy soñar despierta. Y canalizar la cultura para compartir todos el arte de vivir con dignidad.

Cuando se habla de educación hay que hablar necesariamente de sus grandes protagonistas, los profesionales que ejercen esta profesión, educar, que en estos días deberíamos reconocerles permanentemente el trabajo que están desarrollando a través de las nuevas tecnologías y llevando la imaginación de todos al poder. Dice Ordine en su libro que la formación “requiere plazos largos. Orientarla exclusivamente por las presuntas ofertas del mercado laboral es perder de antemano la partida. No necesitamos reformas genéricas, sino asegurar una buena selección de los docentes. Los jóvenes reclaman sobre todo profesores que vivan con pasión y con verdadero interés la disciplina que imparten. Se trata de una exigencia sacrosanta, cuyos efectos beneficiosos todos nosotros hemos podido experimentar en nuestra vida estudiantil [-…] No se puede hablar al alumnado sin amar lo que se enseña. O tirar de powerpoint o prezi sin más, repitiendo todo lo que allí se expone sin orden ni concierto, sin alma didáctica alguna a pesar de la modernidad digital.

Finaliza el autor con una referencia a Einstein en el capítulo dedicado a la educación en su libro Mis ideas y opiniones y su canto a la curiosidad innata en los seres humanos, que permite desarrollar la creatividad y la fantasía, curiosidad de la que ya he hablado en esta serie. Dice Ordine que: “La buena escuela no la hacen ni las pizarras interactivas multimedia, ni las tablets, ni los managers, ni los demagógicos acuerdos a corto plazo con empresas y centros profesionales: la hacen solo los “buenos docentes”, aquellos que, renunciando a las “medidas coercitivas”, logran que “la única fuente de respeto del alumno al profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de éste” (pág. 71s del libro de Einstein). Al docente le incumbe la delicada misión de hacer comprender a sus estudiantes que la enseñanza es una gran oportunidad ofrecida por la sociedad para ayudarnos a hacernos mejores, mujeres y hombres libres capaces de saber vivir”.

La clave está en comprender cada día (carpe diem) la odisea de vivir dignamente donde somos y estamos, tal y como dice el maravilloso Libro de Instrucciones para Vivir Dignamente, que me dicen que está agotado desde hace muchos siglos, aunque lo más importante en estos días de confinamiento es estar bien informados para crecer en optimismo responsable y regar diariamente el jardín de la inteligencia, como decía Voltaire. Vuelvo a leer al poeta turco Nazim Hikmet, intentando vislumbrar la quintaesencia del poema que encabeza estas líneas, es decir, qué significa luchar por la libertad y el arte de vivir a pesar de todo, señalando diferentes principios para incorporarlos desde hoy mismo al Manual para Vivir Confinados:

Ama la nube, la máquina y el libro
pero ante todo, ama al hombre
Siente la tristeza
de la rama que se seca
del planeta que se extingue
del animal inválido
pero siente ante todo la tristeza del hombre
Que todos los bienes terrestres
te prodiguen la alegría
Que la sombra y la luz
te prodiguen la alegría
Que las cuatro estaciones
te prodiguen la alegría
Pero ante todo, que el hombre
te prodigue la alegría

(1) Ordine, Nuccio (2017). Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. Barcelona: Acantilado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La ventana discreta / 11. Cuando la curiosidad es insaciable

RICHARD DAWKINS

Sevilla, 8/IV/2020

Reviso mis apuntes a la hora de enfrentarme a la hoja en blanco -¿recuerdan lo que dije ayer de la escritura circular?- y observo que tengo una señal digital en un artículo que escribí en 2014 sobre la curiosidad, una habilidad que a veces confundimos con el cotilleo, incluso científico, que de todo hay en la viña del Señor. A modo de declaración de principios, no voy a dedicar muchas líneas a tratar hoy de las personas cotillas o cotilleras, como personas amigas de chismes y cuentos, definición que se ha mantenido hasta la última edición del Diccionario de la RAE. Los sucesivos diccionarios de la Real Academia son implacables desde el siglo XVIII con los chismes y con las personas chismosas, como identificador de este rasgo tan peculiar: persona que es cuentista, enredadora y que se ocupa en meter cizaña entre amigos y parientes y persona que es pesquisidora de cuanto pasa, y aún de lo que no pasa, inventora, parlera y chismosa (RAE A 1729, 325,1). Otro día abordaré este rasgo de personalidad tan frecuente en nuestras vidas, muy relacionado con las personas tóxicas o tosigosas. En la edición de 1992 se consagró el lema “cotilla” como segunda acepción de la palabra “cotillero”, introducida en 1937, como persona amiga de chismes y cuentos. Les puedo asegurar, desde ya mismo y como aviso para navegantes en este blog, que no confundo la persona curiosa con la cotilla, porque no tienen nada que ver una con otra. Verán por qué, a favor exclusivamente de las personas que mantienen en su vida una curiosidad insaciable.

Cuando solo tenía diez años iba al campo de La Campana con mis amigos, en Madrid, justo donde ha crecido el famoso Pirulí y el barrio de La Elipa. La razón era maravillosa: lanzar un cohete “habitado o tripulado” utilizando una funda de aluminio de puro habano, en la que introducíamos una mosca viva en la zona redondeada final, dentro de una cápsula de plástico. En la parte de la tapa enroscable, abríamos un agujero central para colocar una mecha en contacto con pólvora mezclada artesanalmente en nuestras casas con los componentes que comprábamos en la droguería de nuestro barrio “Salamanca”, sede del discreto encanto de la burguesía: carbón vegetal, azufre y clorato potásico. Montábamos un trípode de lanzamiento con piezas metálicas del Mecano de casa y encendíamos la mecha en un momento mágico para probar a qué altura éramos capaces de hacer volar aquel artefacto y, cuando caía a tierra, comprobar si la mosca seguía viva. Fueron muchos intentos fallidos, alguno con escaso éxito, otros un auténtico fracaso, pero lo que constato hoy al recordar esta breve historia es que teníamos una curiosidad insaciable, porque si la perra “Laika” (ladradora en ruso) lo había hecho viajando en el Sputnik 2, por qué nuestra mosca querida no podía alcanzar una altura considerable. En cualquier caso, queda acreditado que nos interesaba más aquello que la perra Marilín, de Herta Frankel, famosa en aquellos tiempos. O la mula Francis.

La historia anterior vuelve a la moviola de mi vida al localizar de nuevo en mi biblioteca una obra extraordinaria de Richard Dawkins, Una curiosidad insaciable. Los años de formación de un científico en África y Oxford. El autor ha marcado también mi vida por publicaciones extraordinarias desde la perspectiva evolucionista, habiendo sido un auténtico azote de los creacionistas. Crecí en esta última escuela, sin posibilidad de redención temporal alguna por el contexto del régimen en que me tocó vivir, pero tengo que reconocer que Dawkins ha aportado datos científicos que hacen pensar que otro origen del mundo es posible. Su primer libro, El gen egoísta, que empezó a escribir en 1973, fue un revulsivo mundial en defensa de las tesis alojadas en la teoría crítica de Darwin.

Javier Sampedro, a quien respeto siempre y sigo de cerca desde hace ya muchos años y así lo demuestra este blog, manifestó en cierta ocasión sobre esta publicación que el autor es un “zoólogo anacrónico en la era de la biología molecular, látigo de herejes en materia evolutiva, divulgador afamado y ateo militante que no ha hecho aportaciones primarias a la ciencia, sino solo a su popularización. ¿Qué ha llevado entonces a Dawkins a contar su vida? Seguramente la mejor de las razones: que es un gran escritor, y lo sabe. Esto es justo lo que le ha convertido en uno de los divulgadores científicos más leídos del mundo, y también lo que convierte ahora su vida en una obra literaria” (1). No tuve duda alguna cuando leí esta recesión que tenía que leerlo, sobre todo los que seguimos luchando día a día por reforzar las tesis evolucionistas en clave de Teilhard, como tantas veces he escrito en este blog, con preguntas sin respuesta que es lo que las hace todavía más atractivas y con un hilo conductor: el mundo sólo tiene interés hacia adelante.

Pero lo que me llamó poderosamente la atención cuando escribí por primera vez sobre este autor en este blog, fue una manifestación suya en una entrevista publicada en el diario El País (Babelia). A la pregunta realizada por Ricardo de Querol, Redactor Jefe del periódico, en los siguientes términos: “Usted no es un agnóstico, sino un ateo militante. ¿Por qué es necesario movilizarse contra la religión?, Dawkins responde después de haber explicado su proceso de “conversión darwiniana”: “Eso depende de su definición. Agnóstico significa “no sé”. Una definición que yo apoyo dice que es quien no tiene creencias positivas en un dios. El ateo siente una creencia positiva de que no hay Dios. Yo no tengo esa creencia. Lo que tengo es una ausencia de cualquier razón para creer en Dios, como tampoco en las hadas. Como científico, me conmueve la belleza del mundo y del universo. Como educador, veo perverso que a los niños se les eduque en falsedades cuando la verdad es tan hermosa”.

He vuelto a reflexionar sobre varios pasajes de mi vida en el discreto encanto que dibujó Buñuel en mi infancia y comprendo muy bien que educar de forma monolítica en Dios o las hadas, es limitar las grandes preguntas de nuestro origen, a las que a algunas ya ha dado respuesta la ciencia. Creo que así se comprende mejor por qué en 2009 contrató publicidad en los autobuses de Londres con el lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Probablemente, buscando justificaciones posibles para ser felices, que es tan legítimo como otras decisiones o argumentos teístas.

Los locos bajitos de Serrat también éramos curiosos incorregibles, como se pudo comprobar en aquel Cabo Cañaveral improvisado en el campo La Campana en Madrid. Esa es la razón de por qué hoy sigo pensando que otro mundo es posible, porque el que aprendimos a vivir con justificaciones creacionistas se agota por horas. Y eso que nos encantaba Peter Pan, aquel defensor acérrimo del mundo de nunca jamás. O Jesús de Nazaret, cuando se dormía en el cabezal del barco por lo cansado que estaba…, no por sus milagros, tal y como nos lo comentaba en directo el joven periodista Marcos. O Rafael Alberti, que me ha recordado siempre a lo largo de mi vida que cuando se abre el debate de pensamiento y sentimiento, hay que escuchar siempre el corazón, sencillamente porque es más fuerte que el viento, porque si la curiosidad no tiene sentimiento…, solo es eso, curiosidad.

(1) Sampedro, Javier (2014, 18 de septiembre). Vida de un buen escritor. El País.com. Babelia.

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