PALABRAS DEL AMANECER / 5. Sevilla no es de librerías

RAGAZZI DI VITA

Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora.

He saludado a autores muy queridos: Pasolini, Galeano, Enzensberger, Cobos Wilkins, García Márquez, Muñoz Molina, Pamuk, entre otros. Allí estaban, en columnas de a diez, de a veinte, esperando ser elegidos por un lector de la verdad posible, mezclados en todas las especialidades que el mundo de la letra impresa permite manifestar la palabra escrita que todavía queda en soporte papel, el que tanto defiende Vargas Llosa, entre otros. Puedo asegurar que no he pasado de largo en el recorrido por estanterías y mesas de novedades, aunque me hubiera gustado acompañarles más tiempo para que no se sintieran tan solos.

Y he ojeado con curiosidad una reedición del primer libro que escribió Pasolini, Ragazzi di vita (1955), con una traducción del título casi imposible: Chavales del arroyo, secuestrando la riqueza del lenguaje pasoliniano extraído de las borgate (suburbios) de Roma, un auténtico peligro para caminantes ingenuos. La moviola alojada en mi memoria de hipocampo ha comenzado una proyección de pase privado en mi cerebro y he recordado a Pasolini en el Cinema Farnese de Roma en noviembre de 1976, un año después de su muerte en la playa de Ostia, cuando le dedicaron una semana completa a su compleja cinematografía, que pude conocer al detalle. El evangelio según San Mateo y Teorema me marcaron para siempre, aunque tengo que confesar que Saló, con una entrada casi clandestina al cine que se atrevió a proyectarla sin publicidad exterior, supuso un revulsivo sobre la debilidad de la carne y de la mente humana, que me hizo dejar de creer en el que he llamado desde entonces “cine innecesario”, por fuerte que suene. Cine doloroso, casi cruel para el alma humana.

PAN Y CIELO

He vuelto a casa y he retomado Pan y cielo, de Juan Cobos Wilkins, a quien considero un amigo, porque creo que la amistad es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper en el gran paseo de la vida. Y he recordado otro poema de Alberti, Di Jesucristo por qué…, cuando he visto desfilar en sus páginas al patrón de Trigueros, tan magníficamente retratado por Juan, quizá con la misma impresión de San Pedro sentado en la Basílica de San Pedro, en broce inmovilizado, deseando bajar al río, para volver a ser pescador, “que es lo mío”, cansado de que todos los días le besen sus pies gastados, «como ves», pidiéndoselo a un Jesucristo diferente y comprometido con los que menos tienen. O la de San Antonio Abad, que desearía volver a vivir con los pobres, en silencio, que es lo suyo.

Sevilla, 20/V/2015

PALABRAS DEL AMANECER / 4. Donde Luis Cernuda nació…

CASA LUIS CERNUDA 1
Casa natal de Luis Cernuda, en calle Acetres, 6 (Sevilla) – JA COBEÑA

Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia.

Luis Cernuda, A sus paisanos

No me hubiera gustado descubrir esta situación en paseos matutinos por la ciudad de sus sueños, porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos.

He recordado una y mil veces las palabras que nos dedicó hace muchos años, transidas de dolor por el trato recibido por parte de los sevillanos de pro y que las tengo grabadas a fuego en mi persona de secreto:

Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros.

He visitado recientemente la cristalería “Valeriano Díaz”, que finaliza su estancia desde 1917 en la casa de Cernuda, llena de cachivaches arriba y abajo, pero que conserva en sus muros, en su patio, en su galería interior, un sabor de realidades y deseos de supervivencia en lo más profundo del ser humano sensible con la cultura y con el patrimonio literario de uno de sus hijos que nunca pudo ser pródigo en su tierra. Al entrar, cerré los ojos y vi la vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento.

Aunque me consta que hablar de estas realidades no es políticamente correcto en tiempos de turbación, tan revueltos, me gustaría hacer llegar a cuantas personas quieren a este poeta universal un llamamiento para unirnos en un frente cultural, como le gustaría a él nombrarlo, para intentar buscar una solución de mercado, pero sin tratamiento de mercancía pura y dura, a esta venta de un lugar que debería habilitarse como sede permanente, sobre todo sencilla y digna, de su obra y vida.

Porque siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla.

Sevilla, 18/V/2015

Los ciudadanos no son ignorantes molestos

ENZENSBERGER

En 2001 ya lo expuse en un momento especial en mi vida profesional: “No pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzensberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales… Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario”.

Hoy, he vuelto a encontrarme con Enzensberger, en una entrevista realizada por el maestro Juan Cruz, que he leído varias veces porque me ha vuelto a sorprender su frescura mental cuando ya ha alcanzado 87 años de experiencia vital, en el marco temporal de la publicación de su último libro, Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes.

Han pasado catorce años y he recordado de forma entrañable un artículo suyo publicado en Revista de Occidente, El evangelio digital, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, que ha vuelto a rescatar en el libro citado, sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, etc.): “Sí, en ese sentido hay una parte reaccionaria del señor Z. Naturalmente estos aparatos no le gustan: no tiene móvil, lo rechaza, por tanto no tiene Twitter, ¡no, por favor, qué horror! En él hay todos los aspectos: el sabio, pero también el provocador, el gurú, el payaso… ¡Sí, está entre Sócrates y Jeff Koons! [risas]. Y sí, esta es una enciclopedia que alerta contra la estupidez humana. Pero tengo la cortesía de escribir libros breves; creo que es más amable que imponerle al público libros de mil páginas”.

Indiscutiblemente, hay que leer entre líneas estas afirmaciones sin darles patente de corso, porque es indudable que no dice tonterías de intelectual de tres al cuarto. Me ha preocupado siempre su reflexión acerca de que a veces digitalizamos tantos procesos humanos que se llega a considerar a los ciudadanos como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creemos que están instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano (1).

Juan Cruz aborda con delicadeza una cuestión esencial para una persona de tan dilatada vida intelectual, con la prevención digital que tanto lo ha caracterizado. Su protagonista, el señor Z, “dice que la avalancha de información se evaporará. Y añade que “existe vida más allá de los medios”. Ante esta observación, Enzensberger se muestra en estado puro: “Yo también digo que en este momento todos los medios hablan de la digitalización y predicen que todo ha de ser digital. ¡Abajo con el papel, es demasiado analógico! No estoy de acuerdo: yo como analógicamente, duermo analógicamente… Este es un sistema analógico. La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador. ¡No hay que exagerar con lo digital, no es la solución de todo! Los industriales dicen que hay que digitalizar lo más posible, porque hay capacidad de reducir el tamaño de las máquinas… ¿No te parece que se muere también analógicamente, no digitalmente?”.

Con esta reflexión, he vuelto a pensar en el maravilloso avance de la sociedad digital, aquél mundo que preconizó Negroponte y que ha aportado a la humanidad avances tan espectaculares. Pero voy a leer con intención sana este nuevo libro de un autor que hace casi quince años me creó una inquietud razonable sobre el progreso digital, porque lo que verdaderamente me preocupa es que todo esté tan maravillosamente bien planificado desde la revolución digital, superando incluso a la industrial, que lo único que sobra realmente es la persona “ignorante molesta” a la que no se le suelen ocurrir las tonterías de los intelectuales altaneros a los que critica Enzensberger.

Sevilla, 17/V/2015

(1) Morozov, Evgeny (2015, 16 de mayo). Siervos y señores de Internet, El País.com. Artículo extraordinario que demuestra que Internet tampoco es inocente.

PALABRAS DEL AMANECER / 3. Alfombras del jacarandá

JACARANDA0
Jacarandá – JA COBEÑA

El hombre tardó en comprender que Dios había sentido misericordia de los enamorados y había convertido a Mbareté en ese árbol, y que los ojos de su hija lo miraban desde todas y cada una de las azules flores del jacarandá.
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AA.VV. (1998). Cuentos y leyendas de la Argentina

Sevilla se llena de alfombras dos veces al año gracias a las flores del jacarandá, árbol traído desde América a través del Río Grande. Estos días hay que pasear con cuidado para no estropear estas obras de arte de la naturaleza en el amanecer precioso, cuando se ponen las aceras, de una ciudad diseñada por personas que fueron respetuosas a través de su historia con la naturaleza, la sociedad, sus habitantes y… Dios, cuatro creencias necesarias según Ferrater Mora cuando estamos atravesando cualquier encrucijada de la vida.

Por aquí y por allá se llenan las aceras de un manto de flores azules con tonos violáceos, acampanadas, que nos obligan a ser cuidadosos para no estropearlas al pisarlas, después de que se ofrezcan a millares como un regalo fuera de la dinámica de los mercados, porque todavía no la han convertido en mercancía. Cualquiera puede recogerlas del suelo y preparar un ramillete de libre composición donde lo único que cuenta es la sensibilidad del respeto a un bien entregado por la propia naturaleza, que sabe lo que entrega aunque es probable que ella dude de qué es lo que se recibe.

Disputa su posición en la ciudad con las buganvillas ante miles de ojos buscadores de otra forma de admirarse y ver como transcurre la cotidianidad de la vida vestida con vistosos colores, porque saben que Antonio Machado recomendó cómo utilizar el campo de la visión personal e intransferible: «El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve.». Con él he paseado esta mañana por aceras-alfombra de jacarandá, buscando el sentido de un acertijo ético que escribió junto a su manera de ver a las otras personas, a la vida: Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa. Adivínala. Y buscando la mejor respuesta la he encontrado también en él: el despertar a nuevas sensaciones en tiempos revueltos, de turbación, donde a diferencia de la recomendación de Ignacio de Loyola, procuro hacer alguna mudanza cuando voy de mi corazón a mis asuntos: “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar”.

Sorteando un campo de flores, he sabido que ha llegado la hora de mi corazón: la hora de una esperanza y una desesperación. Hoy he salido a pasear de nuevo con Antonio Machado, un gran amigo de Sevilla, aunque fuera su hermano quien mejor la definiría como ciudad que a veces te deja sin palabras. Ella, Sevilla, se vale por sí sola, aunque hoy necesite las alfombras del jacarandá para recordarnos que en nuestro andar de soledad vemos cosas muy claras que no son verdad.

Sevilla, 15/05/2015

PALABRAS DEL AMANECER / 2. El arte de vender silencios

SILENCIO
Fotograma del cortometraje Silencio

Hoy ha sido un paseo especial. De forma inesperada he saludado personalmente en su escenario-kiosko de la ONCE a María Ángeles Narváez Anguita, conocida también por el nombre artístico de “La niña de los cupones”. Hemos cruzado unas palabras llenas de emociones y sentimientos, como si fuera un reencuentro después de un paréntesis vital. En la persona de secreto de la artista vive una luchadora por la dignidad a todos los niveles, como trabajadora de la suerte y del arte de bailar, con las incomprensiones que rodean a veces nuestras vidas. Sobre todo, por la mediocridad de personas e instituciones que nos embargan la cuenta de la felicidad y de la vida, sin que se nos haya pedido permiso para ello.

Me ha hablado de sus proyectos, de centrarse en su vida artística y dedicarse a ella por completo. Deberíamos acompañarla a todos los niveles en esta aventura vital tan apasionante, cuando nos ha dado muestras de una calidad humana y profesional fuera de lo común. Basta recordar algunas palabras suyas en el cortometraje “Silencio”, tan premiado, para explicar cómo una persona sorda es capaz de bailar con un sentimiento especial: “Yo siento el compás a través de los poros de la piel y a través de la vista me fijo mucho para guiarme con la música. Como hago con el cante, que me aprendo de memoria las letras. Una vez que me aprendo la letra, me aprendo el sonido que entra de la letra. Ya la canto y cuando canto la letra ya me ha llegado al alma, ya la sensibilidad está a flor de piel y ahora es cuando viene el arte. Pero el arte lo pones tú, el arte no se enseña”. Y baila las canciones aprendidas de esta forma tan magistral, con ese arte inconfundible que tanto emociona. Con su arte.

Cuando me he despedido, era consciente de que volvía de mi corazón a mis asuntos, recordando al caminar por las aceras de Sevilla que cualquier persona de bien puede construir el mundo que algunas personas consideran el primero, el suyo, el de secreto, que afortunadamente está todavía fuera de los circuitos institucionales y financieros que niegan el crédito existencial para vivir dignamente. Porque ese mundo tan digno es el de María Ángeles Narváez Anguita, una mujer que hoy estaba vendiendo cupones en una calle de Sevilla, escuchando atentamente los pasos de personas que caminan hacia otro mundo posible en una acera de todos. Conoce mejor que nadie el arte de callar y… bailar porque, sobre todo, sabe escuchar y mirar apasionadamente.

Sevilla, 14/V/2015

PALABRAS DEL AMANECER / 1. Las mujeres azules

LA MUJER CONQUISTA AL MUNDONena Sánchez (2010). Educándose, la mujer conquista el mundo – JA COBEÑA

Me he encontrado con ellas muchas veces. Las he visto casi siempre desde el coche o desde la ventanilla del autobús. Pero ayer las contemplé de otra manera, frente a frente. Están pintadas en una fachada lateral de la Escuela Infantil Pública “El Ángel de la Guarda”, situada en el Polígono de San Pablo, un barrio humilde de Sevilla que acogió en 2010 una iniciativa maravillosa, Arte para todos, donde se puede contemplar en perfecto estado esta pintura mural realizada por Nena Sánchez, natural de la isla caribeña de Curaçao. Pinta mujeres azules porque ella no pinta una raza concreta, con los prejuicios mentales de quien las mira, sino a la mujer en general. Además, no llevan en sus cabezas cestas de frutas, por ejemplo y como es natural en su tierra y en su parentela, sino libros y sobre ellos un mundo redondo que simboliza los objetivos de desarrollo del milenio, que en 2015 se deberían haber alcanzado y que ella lo hace público como leyenda de su pintura: “Educándose, la mujer conquista el mundo”.

Después de cinco años, muchas personas del Polígono, en su ir y venir del timbo al tambo, en frase tan querida por García Márquez, siguen leyendo este mensaje todos los días. Nadie lo ha borrado ni han pintado mancha alguna sobre esta obra de arte, porque respetan lo allí expuesto. Las niñas y los niños del Polígono que asisten a esa Escuela, saben que tienen un compromiso inmediato: comprender el papel de la mujer en la vida, imprescindible si se inserta en la sociedad a través de la cultura, de la educación para ser ciudadanas conociendo sus derechos y deberes.

Es lo que intentó reflejar Nena. Mi agradecimiento a esta pintora por haber formado parte de un proyecto extraordinario. Espero que con una lectura mundana y laica del cometido del ángel de la guarda de la Escuela donde pintó Nena, la educación, como dulce compañía, no desampare nunca a las niñas que allí estudiaron y también lo hacen hoy, ni de noche ni de día.

Pensé en la importancia de la educación para ser ciudadanos del mundo y seguí caminando en un amanecer concreto. Se acercaban niños y niñas a la Escuela. Me abrí paso entre ellos y comprendí mejor que nunca este mensaje callejero en una pared pintada de una escuela de ángeles laicos que los deberían educar siempre para conquistar el mundo de la dignidad de todos y la de secreto.

Sevilla, 13/V/2015

PALABRAS DEL AMANECER

Comienzo hoy una serie de artículos sobre situaciones del amanecer cotidiano en esta ciudad, Sevilla, deseada y deseante. Van a reflejar sentimientos y emociones de un caminante que desea hacer caminos diferentes al andar, atento siempre a las pequeñas cosas urbanas que convierten al ser humano en la manifestación más palpable de que se debe trabajar sin descanso por otro mundo posible, sin que el poderoso caballero don dinero sea el factor determinante de la vida. La ciudad habla como puede cuando se camina a través de sus aceras, que ofrecen la posibilidad de admiraría y quererla cada día más, porque en Sevilla la vida siempre está expuesta en la calle.

En un pequeño homenaje que dediqué en 2006 a Jane Jacobs, hice un canto a su concepción de las aceras: “la magia de las ciudades, de sus barrios, viene desde abajo, desde las aceras de los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos”. Para ella, “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1).

Estas miradas son las que voy a traducir a palabras íntimas de un nuevo amanecer en Sevilla, cuando voy y vengo de mi corazón a mis asuntos.

Sevilla, 13/V/2015

(1) Jacobs, Jane (1961). Muerte y vida en las grandes ciudades americanas. Nueva York: Vintage, pág. 50.

Serrat visitó nuestra conciencia


Serrat, Para la libertad (Estadio Nacional de Chile, 1990)

Anoche volvió Serrat a Sevilla. No fue un concierto más, sino diferente, donde la sombra de su coherencia activa y ejemplar, planeaba en el auditorio FIBES. Volvió a su casa, a las casas de todos, visitó nuestras conciencias, porque tiene muchos sitios donde alojarse. Coreábamos sus canciones en silencio o, cuando dio la oportunidad, las cantábamos con él. El abundante pelo blanco de mis alrededores dejaba entrever que Serrat celebraba de nuevo que hacía veinte años que cantó “hace veinte años que cumplí veinte años”. Se movía por el escenario como si el tiempo se detuviera unas horas para ordenar la banda sonora de varias generaciones que hemos crecido junto a sus hermosas canciones.

Fue un momento especial cuando sonaron los primeros acordes de un himno que necesitamos hoy más que nunca, Para la libertad, cuando faltaban minutos para que se iniciara la campaña electoral de las elecciones municipales. Miguel Hernández se ha quedado definitivamente en Andalucía, en Quesada (Jaén), el pueblo de su mujer. ¡Quién se lo iba a decir a ese niño yuntero de Orihuela! Serrat nos lo trajo entre algodones para que no le olvidáramos:

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Y nos invitó a caminar con Machado, en su ciudad natal, cantando todos al unísono en tiempos revueltos del país, sin excepción alguna, para que cuando volvamos la vista atrás veamos la senda de la corrupción que nunca se ha de volver a pisar, porque el secreto está en las estelas de la dignidad y honestidad de las personas públicas y privadas.

Unos minutos después de finalizar el concierto comenzó la campaña electoral. Serrat había tomado ya una iniciativa encomiable: casi sin querer, aunque nada de lo que dice y canta es inocente, acababa de pegar muchos carteles de dignidad humana en nuestras conciencias.

Sevilla, 8/V/2015

Esa noche ceno con Nixon

JESUS HERMIDA

Dedicado a Jesús Hermida, cuando ha iniciado un viaje especial a su Cielo, periodista atípico en una España que nos helaba el corazón…

Fue en 1979. Llamé a Jesús Hermida para que pronunciase una conferencia en la Semana de Cine Social que organizábamos en la Escuela de Asistentes Sociales de Huelva de la que fui director. Su retransmisión de la llegada del hombre a la luna, me había marcado para siempre. Fue como una película, americana por supuesto, aunque mi abuela, que me acompañaba aquel día, no se creyera el relato de Hermida porque para ella era eso…, una historia muy bien contada por Jesús. Nada más.

La conversación no tuvo desperdicio, porque por el cobre telefónico aparecía su tono grandilocuente, como buscando hacerse un hueco en su provincia de nacimiento y quedarse por unos segundos allí. Me contó muchas cosas, recordando a su padre cuando siendo niño lo despedía camino de la mar de Alberti, en lo que hoy es el sitio dedicado a la Fe Descubridora (popularmente, a Colón), inmortalizado en piedra por Miss Whitney. Me habló de su estancia en Estados Unidos, de su amor al cine (americano, por supuesto), de su familia en San Juan del Puerto, de que vendría en su coche americano (por supuesto), un Buick imposible por su tamaño. De que no cobraría nada, porque era en sí un homenaje volver a Huelva.

Quedamos en un día concreto, pero me puso una condición: “llámame un mes antes, para cerrar la agenda”. Lo cumplí. Hablé de nuevo con él y después de una de sus pausas tan características, tan Hermida, haciendo… interminable… su… frase…, me dijo:

– A ver, a ver. José Antonio, qué pena, ese día no podré ir, porque esa noche ceno con Nixon.

Me quedó claro que entre Nixon y nosotros no había otra elección posible. Es que era Jesús Hermida, en estado puro.

Sevilla, 5/V/2015

La nueva parábola de los eritreos

ERITREA

Dieron de beber al sediento, vistieron a treinta inmigrantes adolescentes, eritreos por más señas, con ropa necesaria y les dieron su comida preferida, ziguiní, un ragut picante que les tuvo que saber a gloria (1). Es una historia que ha ocurrido en Lampedusa (Italia), donde fueron llevados desde alta mar huyendo de las mafias de traficantes de personas, que se lee hoy como la crónica anunciada de unas muertes en vida y que además se negaron a entrar en el sistema oficial de atención social por temor a ser identificados y devueltos a su país de origen, del que habían salido a pesar de ellos mismos huyendo de una represión que no tiene límites. La comida especial fue la que aprendieron a cocinar estas madres coraje, gracias a los consejos de una médica milanesa de origen eritreo, Alganesh Fessaha, presidenta de la ONG italiana Gandhi.

Alganesh hace lo indecible para atender a las víctimas de los secuestros. Los adolescentes de Lampedusa han corrido ya mejor suerte y la sombra protectora de esta médico eritrea los cubre temporalmente de un detalle inolvidable por unos momentos. Comer lo que probablemente sus madres dejaron de cocinar hace tiempo. Porque en Eritrea solo hay dolor y rabia por el abandono a su suerte, porque la represión en su población es espeluznante día a día.

Casi nueve años después, desgraciadamente, he recordado un post que escribí en este cuaderno de derrota sobre unos pescadores andaluces que rescataron en alta mar a 51 eritreos encontrados en alta mar, a la deriva, en una patera imposible. Fue un gesto digno de reconocimiento mundial. Hoy lo publico de nuevo porque tiene el valor permanente de la solidaridad humana que es capaz de traspasar fronteras y problemas de Estado: “Los eritreos, que eran mayoría, todos, subieron al barco. Fueron atendidos como personas, alimentados, admitidos como compañeros de un viaje a alguna parte”.

Igual que los treinta adolecentes de Lampedusa, aunque como parábola no narre hoy un suceso fingido, sino real, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad muy importante, una enseñanza ética inolvidable a través del ziguiní: el respeto incondicional a la dignidad del ser humano mediante un sencillo plato de carne. Porque tenían hambre de su alma eritrea. Nada más.

Sevilla, 4/V/2015

(1) Altozano, Manuel (2015, 4 de mayo). Un ziguiní en Lampedusa. El País, p. 56.

La parábola de los eritreos

Dedicado a los diez hombres buenos del pesquero «Francisco y Catalina», así como a todas aquellas personas, cualquiera que haya sido su posición de compromiso (político, social, humanitario, solidario, comprensivo) en este conflicto, que han creído en que las actitudes de los diez tripulantes del barco salvador hacen más visible la realidad de la inteligencia social del ser humano.

Eran 51 personas embarcadas con rumbo a una isla desconocida. Se hicieron a la mar en una patera desvencijada, pero pintada con la dignidad de la esperanza, aprovechando la sabiduría de los expertos mayores de Eritrea que suelen mirar al mar con la nostalgia de los olvidados. Su navegación exquisita, inteligente, los dejaba a veces en el desamparo del mar abierto. Pasaban los días y no avistaban rastros humanos de supervivencia. Todo se agotaba. Hasta lo fundamental: la creencia en el otro más próximo. Cuando la desesperación era evidente, apareció un barco de bandera española, andaluza por más señas, acostumbrado a la pesca en caladeros ricos en desesperanza, alternativos, como salvadores de alta mar en los que la duda de hacerlo los sumergía en un mar de preguntas sobre lo complicado que va siendo ser buenos.

No lo pensaron mil veces, aunque sí novecientas noventa y nueve. ¡Los recogemos! ¡Nos llevaremos también la patera como ejemplo de la ética de arrastre de la vida, como símbolo de la miseria transportada a los mejores mundos posibles, con los cabos de la duda! Para que figure en el museo de la intolerancia. Y se lo comunicaremos a nuestros mayores en todos los sentidos. Y todos decían: ¿cómo os habéis complicado la vida de esta forma, si casi nadie se hubiera enterado?, o ¿no sabéis que hay traficantes de marineros que cierran sus operaciones en alta mar?, ¡en menudo lío nos habéis metido!, con un plural mayestático que podía alcanzar hasta el Vaticano. Todas las voces, a una, empezaron a buscar razones para abordar el problema que venía desde Malta, porque en un acto solidario donde los haya, las autoridades decían desde esa “isla conocida”, a los cuatro vientos y sin mucho escrúpulo, que “no podían admitir la entrada ilegal de 51 personas encontradas en alta mar”. Y los marineros, diez hombres buenos, comenzaron a llamar a todas partes, hasta que la conciencia se remueve y a nivel de Estado, el símbolo del puerto de Carboneras (Almería) actúa como revulsivo de una matrícula de decencia representada por diez personas, profesionales del mar que no dudaron en comprometerse con la vida.

Los eritreos, que eran mayoría, todos, subieron al barco. Fueron atendidos como personas, alimentados, admitidos como compañeros de un viaje a alguna parte. El Gobierno de España comenzó su tarea de atención diplomática porque Malta seguía en sus trece: “de quedarse aquí, nada de nada, porque la caridad bien entendida empieza por uno mismo”. Y comenzó el reparto: yo me quedo con doce, tú con cinco, aquél con otros cinco, aquellos otros con la mayoría, 29, respectivamente. La mercancía estaba adjudicada. Ya todos tranquilos, medallas por aquí y por allá y los eritreos preguntándose todavía qué Dios existe para que siendo tan visible su bondad, representada por los marineros del Francisco y Catalina, los tuvieran que separar, empaquetados, para vivir en el mundo mejor que soñaban cuando salieron de su país en busca de maravillas desconocidas. La gran enseñanza que nos han transmitido radica en su docilidad para ser transportados a un mundo ideal, a cualquier precio, porque seguir viviendo en el que lo hacían cotidianamente solo los llevaba a una muerte segura en vida. Esperando siempre que alguien, fundamentalmente bueno, los recoja y los atienda con caridad bien entendida. En tierra, mar ó aire. Eso sí, con una etiqueta en la espalda de cada uno: “¡Atención, mercancía muy frágil!”, que les asegure seguir viviendo en esta sociedad del bienestar ó malestar y de lectura sencillamente imposible.

Sevilla, 22/VII/2006