PALABRAS DEL AMANECER

Comienzo hoy una serie de artículos sobre situaciones del amanecer cotidiano en esta ciudad, Sevilla, deseada y deseante. Van a reflejar sentimientos y emociones de un caminante que desea hacer caminos diferentes al andar, atento siempre a las pequeñas cosas urbanas que convierten al ser humano en la manifestación más palpable de que se debe trabajar sin descanso por otro mundo posible, sin que el poderoso caballero don dinero sea el factor determinante de la vida. La ciudad habla como puede cuando se camina a través de sus aceras, que ofrecen la posibilidad de admiraría y quererla cada día más, porque en Sevilla la vida siempre está expuesta en la calle.

En un pequeño homenaje que dediqué en 2006 a Jane Jacobs, hice un canto a su concepción de las aceras: “la magia de las ciudades, de sus barrios, viene desde abajo, desde las aceras de los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos”. Para ella, “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1).

Estas miradas son las que voy a traducir a palabras íntimas de un nuevo amanecer en Sevilla, cuando voy y vengo de mi corazón a mis asuntos.

Sevilla, 13/V/2015

(1) Jacobs, Jane (1961). Muerte y vida en las grandes ciudades americanas. Nueva York: Vintage, pág. 50.

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