Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 2. Ideología, ideología, ideología

Ideología, en una nube de palabras de este artículo

Sevilla, 18/V/2022

Vuelvo hoy desde mi corazón a mis asuntos, arropado por la ideología de Miguel Hernández. He repasado apuntes en este cuaderno digital sobre las elecciones en general, tanto a nivel de Estado como de la Comunidad Autónoma, que he escrito a lo largo de dieciséis años de vida de este cuaderno de derrota, en lenguaje marino. Entre las reflexiones que he considerado de especial interés, esenciales, señalo hoy una que tiene que ver con algo que considero transcendental en este tiempo de turbación permanente y de cuestionamiento de la democracia en sí misma. Me refiero a las ideologías, porque existir existen, sobre todo con el reconocimiento de la primera vez que se recoge en un Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47), editado en Madrid-París en 1847 y elaborado por Ramón Joaquin Domínguez, en el que se desarrolla esta palabra, no circunscribiéndola exclusivamente a «la ciencia de las ideas», sino a algo muy importante: «Ciencia que tiene por objeto describir y manifestar el modo de formarse las ideas, las combinaciones que con ellas hacemos en la mente, las operaciones todas del entendimiento, en fin de las admirables facultades del alma».

Las elecciones del próximo junio suponen siempre convertirse en una prueba objetiva para medir la madurez democrática en nuestra Comunidad, en un año especialmente complejo por la situación política mundial, destacando la guerra de Ucrania y sus daños colaterales, que son muchos, junto a la lenta salida de la pandemia, así como la de nuestro país, tan dual y cainita como demuestra la historia reciente. Vuelve a ser una oportunidad para calibrar la oferta política actual ante el panorama preocupante que nos ofrecen las encuestas en relación con la fragmentación posible de los votos de la izquierda, porque la derecha de centro y extrema está convencida de que la lealtad de sus electores se volverá a demostrar con el nuevo reguero de votos provenientes de partidos en caída libre como Ciudadanos, por ejemplo y en su trabajo de zapa permanente para socavar la auténtica democracia a través de diferentes supremacías nacionalistas de nuevo cuño, tanto ideológicas, de raza o de religión. Lo que verdaderamente es un clamor popular, como analizaba recientemente a tenor de los últimos resultados del Barómetro del CIS en abril de este año, es que hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción política y por el paro galopante que sigue sufriendo esta Comunidad y que sobre todo afecta a los jóvenes.

Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 19 de junio de 2022. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual.

La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, a través de los programas de los partidos que participen en esta primera etapa anual de participación ciudadana. Es lo que aprendí hace ya muchos años del pensador neomarxista Georg Lukács, cuando decía que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos o muchos entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de los partidos no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social económica, educativa, de salud y bienestar social que cada persona debe elegir para ser y existir todos los días, de acuerdo con el programa político que mejor responde a la ideología de cada persona, a su creencia. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción (texto en cursiva). Por algo será. Y los Gobiernos, los partidos, los representantes políticos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, mediante el voto, en unas elecciones, porque todos no son ni somos iguales en Andalucía. Afortunadamente.

Creo que ante la convocatoria de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio. En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no decirlo o sentirlo en lo más íntimo de nuestra intimidad.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que la Comunidad Autónoma de Andalucía viaje posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos, a pesar de lo que muchas personas piensan en la actualidad, que la política es uno de los principales problemas de este país. El Partido Abstencionista prepara ya, apasionadamente, estas elecciones en Andalucía. Estamos avisados.

Y una cosa más. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto.

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 / 1. Hay que votar de forma diferente

Sevilla, 16/V/2022

Nos vamos acercando a una fecha transcendental para la democracia en Andalucía y, probablemente, para el país. Sé que se propaga el pan y circo para todos, modernizado, incluso utilizando los medios digitales a nuestro alcance, por tierra, mar y aire, en un jiji, jajá permanente y eurovisivo, para quedarnos instalados -en la dialéctica de Blas Pascal- con el divertimento, más que con el compromiso, que en francés suena muy bien: divertissement frente a engagement. Lo que no olvido, es que el próximo 19 de junio se votará a las personas de diferentes partidos que nos representarán durante la próxima legislatura en el Parlamento de Andalucía. En este sentido, deseo tomar partido ya, nunca mejor dicho, participando activamente en este periodo preelectoral mediante el compromiso intelectual y de vida, que también existen, utilizando un medio tan maravilloso como es la palabra, en este blog, que todavía nos queda, así como el análisis de los verdaderos hechos democráticos cuando son amores y no solo buenas razones. Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en Andalucía, escribo hoy en un acto responsable como ciudadano al que preocupa la deriva política de este país tan dual y cainita, con visos de ocaso de la democracia.

Es de tanta importancia lo que va a ocurrir en Andalucía a partir del 19 de junio próximo, con la que está cayendo, que la situación me lleva a reflexionar que pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos, inadaptados, rebeldes y de problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Es verdad que puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos, pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos los ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, sin ir más lejos, es la que logra hacerlo. En beneficio del interés general, no el de unos pocos, sin dejar a nadie atrás, cuidando especialmente a los nadies, en defensa del mejor Estado de Bienestar posible, protegiéndonos del poderoso caballero Don Mercado, porque las personas no deben ser mercancía para nadie. Es lo que me lleva a pensar… y votar de forma diferente.

Espero como agua de mayo, nunca mejor dicho, la publicación de los programas políticos de los partidos con posible presencia en el nuevo Parlamento de Andalucía que salga de las urnas, con objeto de conocer bien sus objetivos y la ideología implícita o explícita en ellos, porque partimos de la base de que ninguno es inocente, pero no todos transforman de la misma forma la sociedad, porque todos no son iguales. Es la única forma que conozco de emitir posteriormente un voto responsable, bien informado y que responda a mi ideología, para no llamarme después a engaño. Recuerdo en este contexto a un político canadiense, Michael Ignatieff, que publicó un libro de lectura obligada para personas inquietas en política, Fuego y cenizas (1), cuando afirmaba algo que me parece transcendental en el acto de votar en unas elecciones: “El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión”. No he olvidado la experiencia política de Ignatieff en su país natal, Canadá, desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país como Primer ministro. Un profesor universitario en Harvard que fue captado para iniciar una carrera política implacable, tal y como nos la narra él en sus reflexiones cargadas sobre todo de sentimientos y emociones, éxitos y fracasos, fuego y cenizas. Sobre todo, porque expuso también una idea clave para los pesimistas en política, que siguiendo a Benedetti, suelen ser optimistas bien informados: “nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad. Estamos avisados.

(1) Ignatieff, Michael (2014). Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política. Madrid: Taurus.

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 6. Grandeza

Sevilla, 12/V/2022

Busco apasionadamente los antónimos positivos frente a “ocaso”. Hoy recurro a una palabra, grandeza, que estimo necesario rescatar en este planteamiento de defensa de la democracia, en su sexta acepción de la Real Academia Española de la Lengua: elevación de espíritu, excelencia moral. Efectivamente, la democracia engrandece al ser humano, su espíritu, su alma, cuando alcanza la excelencia ética en la vida. En el contexto en el que escribo esta serie, es decir, el tiempo preparatorio para las elecciones al Parlamento de Andalucía, el próximo 19 de junio, vinculo el antónimo de hoy a una reflexión que hago siempre cuando nos enfrentamos a dos momentos clave en democracia: la reflexión sobre la decisión de opción política a elegir en unas elecciones y el acto de votar en sí mismo.

Una vez más me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión”, algo que frecuento como presente y futuro democrático, en el sentido que decía el Dr. Cardoso al Señor Pereira en la obra de Tabucchi, Sostiene Pereira: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”. He buscado de nuevo estas palabras en mi querido Diccionario de Autoridades (RAE), que tanto aprecio, y en su contexto he descubierto una vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente”, que recupero hoy para reforzar el antónimo “grandeza” y complementarlo. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo siempre a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo «hermosear» también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Dignifica la grandeza de la democracia. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos sobre lo que va a ocurrir el próximo 19 de junio en las elecciones al Parlamento de Andalucía, a través del voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos grande, vistosa, perfecta y hermosa la democracia. Aunque la auténtica grandeza, la del alma propia de la democracia, no se recogería hasta el 1767 en España, en el Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […], de Esteban de Terreros y Pando, cuando aparece por primera vez la acepción de “grandeza” como poder, dignidad, autoridad, riqueza, esplendor y magnificencia, completándose con la locución “grandeza de alma”, de ánimo, de generosidad y heroicidad. Es lo que tiene descubrir este antónimo precioso, grandeza, frente al ocaso de la democracia. La hermosea en el alma de todos y en la de secreto.

Una cosa más. La grandeza de la democracia en este país está recogida en la Constitución y en el Estatuto de Autonomía para Andalucía, en el caso concreto de esta Comunidad y ante sus próximas elecciones. A tal fin, traigo a colación unas palabras esclarecedoras de Aristóteles recogidas en el capítulo IV del libro tercero de su Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno. Es verdad, que en democracia quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada noche, como mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. Igual, el Estatuto de Autonomía para Andalucía. No los olvido en los marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. Aspiro en democracia a reivindicar permanentemente su grandeza, porque nos enseñan a constituir asociaciones de personas libres (Aristóteles), articuladas por la Constitución o el Estatuto de Autonomía correspondiente, escritos y hechos con grandeza y altura de miras, la que da la grandeza del alma de cada persona en democracia, salvaguardando siempre el interés general.

NOTA: la imagen se ha recuperado de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 5. Resplandor

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

John Keating (Robin Williams), en El club de los poetas muertos

Sevilla, 11/V/2022

Los antónimos de “ocaso”, que estoy eligiendo para escribir sobre ellos y decir algo esencial, cumpliendo con la salvaguarda del alma para escribir, que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino, no son inocentes. Hoy, elijo uno precioso, resplandor, porque su significado es una inyección de ánimo ante el espectáculo decadente de la democracia. Me quedo con la interpretación literal de la primera acepción del Diccionario de la lengua española, Luz muy clara que arroja o despide el sol u otro cuerpo luminoso, porque entiendo que la democracia es una luz muy clara que arroja ella cuando está instaurada en la sociedad y, también, cuando los ciudadanos y ciudadanas de este país se convierten en portadores de esta luz que llevan dentro de su ser y estar democrático en la sociedad.

Cernuda lo decía de forma esplendorosa en su definición de andaluz: enigma al trasluz, el andaluz: Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz (El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947). Precisamente, en esta obra, Cernuda nos lleva de la mano para contemplar el alba de la democracia, que ya he tratado en el antónimo alborada. El poeta vive durante su exilio en Inglaterra, desde 1941 a 1947, un ocaso muy triste de la democracia en su país por la guerra civil y busca desesperadamente los mejores antónimos existenciales para salir de él, en este caso su tierra nativa, una metáfora preciosa sobre la democracia: Es la luz misma, la que abrió mis ojos / Toda ligera y tibia como un sueño, Sosegada en colores delicados / Sobre las formas puras de las cosas, que culmina con un verso que hoy podemos interpretar proyectado en la democracia: Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,/ Tierra nativa, más mía cuanto más lejana? (Tierra nativa, en Como quien espera el alba, 1947) o lo que es lo mismo ahora: Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,/ Democracia nativa, más mía cuanto más lejana?  .

Hans Christian Andersen, de quien aprendí tantas maravillas en los cuentos de mi infancia, también nos regaló un relato precioso y bastante desconocido, El Ave Fénix, del que me quedo con las palabras amables de la metáfora de este cuento: En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!, en el carpe diem de cada uno, para que tomemos conciencia de que renacer de las cenizas en las que a veces convertimos la democracia es un trabajo diario y concienzudo para intentar comprender todo aquello que nos hace sufrir a diario y no sabemos cómo resolverlo. Andersen aporta una luz muy clara, un resplandor, en este túnel tan complejo: El pájaro [la nueva Ave Fénix] vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan su perfume unas violetas.

Al final, nos queda la palabra, el antónimo buscado con ardor guerrero ante el ocaso de la democracia, para vestirla de sus mejores galas. Siento hoy, junto a Cernuda en su Noche del hombre y su demonio, algo profundo en sus palabras humanas: Hoy me reprochas el culto a la palabra. / ¿Quién sino tú puso en mí esa locura? / El amargo placer de transformar el gesto / en son, sustituyendo el verbo al acto. / Ha sido afán constante de mi vida. / Y mi voz no escuchada, o apenas escuchada, / ha de sonar aun cuando yo muera, / sola, como el viento en los juncos sobre el agua. Porque la luz del resplandor de la democracia nos ofrece la oportunidad de componer con palabras la mejor defensa de su existencia. Estoy de acuerdo con Eugenio Trías cuando afirmaba que “En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra”. Puede que así ocurra con el despertar nuevo de la democracia, con su resplandor, que es una responsabilidad de todos la que la amamos y no la olvidamos ni siquiera un momento.

NOTA: la imagen se ha recuperado de Ave Fénix (amuraworld.com)

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 4. Despertar

Le somneil, fotografía de Man Ray en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry y Germaine Huguet, 1937

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry,
en Terre des Hommes, 1939

Sevilla, 10/V/2022

Despertar es preguntar a la vida. Ante el ocaso de la democracia, acudo de nuevo al despertar de la misma, como revulsivo del mal sueño que estamos viviendo en la actualidad, en un contexto histórico concreto, hace más de dos mil años, en el que Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis (1), en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las próximas elecciones en Andalucía. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos de ocaso de la democracia, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco, en el que proyecto un nuevo modelo de líderes políticos en liza: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y debía saber que “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Roma, en un ocaso histórico que hoy nos sirve de ejemplo.

He recordado el contexto anterior porque, en 2019, recopilé unas consideraciones ya publicadas en este cuaderno digital en el sentido etimológico de breviario, epítome, consideraciones breves, bajo el epígrafe de “Elecciones generales 2019”, una serie de once artículos publicados entre febrero y marzo de 2019, en los que traté, a modo de breviario de campaña electoral, asuntos muy relevantes a tener en cuenta por los partidos políticos en liza y por sus líderes, con un hilo conductor ideológico y de creencia situado en la izquierda, no inocente, en la amura de babor de la embarcación imaginaria de Saramago en su Cuento de la isla desconocida. El breviario de campaña electoral que publiqué recogía los siguientes principios para despertar a la democracia, que hoy reproduzco de nuevo a modo de antónimos del ocaso de la democracia al que estamos asistiendo en una ceremonia continua de confusión política y de silencios cómplices: la construcción de grandes alamedas de libertad para que puedan pasear por ellas las personas libres, la dignidad de la izquierda por encima de todo y la elaboración de programas ajustados al principio de realidad; el aviso claro de que el Partido Abstencionista prepara ya su campaña, la defensa del sufragio real y efectivo de las personas discapacitadas y la imprescindible austeridad del gasto en las campañas electorales; la presencia en las mismas de los jóvenes como claro objeto de deseo electoral, la verdad política en los programas electorales y el aviso sobre un enemigo político que acecha siempre: la corrupción de la mente; la declaración prioritaria de políticas sociales y la ética del voto que, como la palabra, siempre nos queda.

Animo a leer de nuevo estas reflexiones, a modo de breviario urgente para una campaña electoral transcendental para nuestro país, aunque radica ahora su foco en Andalucía, el próximo 19 de junio, para que pueda normalizarse la vida “política” en el sentido más puro del término y quedarse anclada al despertar continuo de la democracia. Lo necesitamos como agua de mayo, nunca mejor dicho, para recuperar serenidad suficiente que nos permita vivir con la libertad a la que aspiran las personas dignas en una democracia digna y clara. ¿Saben por qué? Porque los principios expuestos anteriormente, como alborada, principios, oripandó o despertar, como antónimos del ocaso en el que está instalada la democracia, puede llevar a muchas personas indecisas a votar, como acto supremo en democracia, confiando en candidaturas dignas, porque todas no son iguales. Así lo decía Quinto a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón en el breviario de referencia: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Porque los ciudadanos, es verdad, responsables, importamos mucho. Es el auténtico secreto de la democracia, la identidad del pueblo en ella, el que decide y vota, sin el que esta parte de la bella palabra “democracia” no es nada. Anna Applebaum, en «El ocaso de la democracia» lo avisa: «Los líderes despóticos no llegan solos al poder; lo hacen aupados por aliados políticos, ejércitos de burócratas y unos medios de comunicación que les allanan el camino y apoyan sus mandatos. Asimismo, los partidos nacionalistas y autoritarios que han ido tomando relevancia en las democracias modernas ofrecen unas perspectivas que benefician exclusivamente a sus partidarios, permitiéndoles alcanzar unas cotas de riqueza y poder inigualables». En su libro, «retrata a los nuevos defensores de las ideas antiliberales y denuncia cómo estas élites autoritarias utilizan las teorías de la conspiración, la polarización política, el terrorífico alcance de las redes sociales e incluso el sentimiento de nostalgia para destruirlo todo y redefinir nuestra idea de nación». Leerlo es contribuir a conocer qué es lo que está pasando en la actualidad y una forma de ser conscientes de cómo podemos defender los valores democráticos por encima de todo. Estamos avisados. De despertar a la democracia se trata.

Pablo Neruda hizo una vez una pregunta inquietante, que recogió en su Libro de las preguntas, la XVI, que decía: “¿Es verdad que en el hormiguero los sueños son obligatorios?”. Creo que sí, así como el despertar de los mismos, proponiendo de nuevo en este cuaderno digital una respuesta solidaria a su pregunta a modo de fábula: estamos obligatoriamente obligados a soñar en nuestras ciudades y barrios hormigueros para que el viaje de la democracia sea siempre hacia alguna parte feliz de nuestra existencia, porque tenemos un recurso que intentan controlar como mercancía los hombres de negro (dueños del Gran Supermercado del Mundo), que se llama inteligencia emergente que despierta ante ese ocaso que nos invade y que convierte todo en mercancía. Debemos conocerla bien y compartirla juntos con «tu puedo y mi quiero» de cada día, porque forma parte de nosotros desde el momento precioso en el que nacemos y porque nos acompaña siempre como lo más íntimo de nuestra propia intimidad, para ayudarnos a resolver los problemas diarios de la vida en el despertar continuo de la democracia, yendo juntos, compañeros. Cuando soñamos despiertos, que también es posible, compañeros.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

(1) Cicerón, Quinto Tulio (1993). Breviario de campaña electoral. Barcelona: Quaderns Crema.

NOTA: la imagen es un fragmento de una fotografía de Man Ray, Le somneil, realizada en 1937 y en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet, que figuraba en el programa oficial de una exposición sobre El surrealismo y el sueño, celebrada en Madrid, en 2014 en el Museo Thyssen-Bornemisza.

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Antónimos para el ocaso de la democracia / 2. Principios

Mario Benedetti / Pablo Neruda

Sevilla, 7/V/2022

La acepción sexta de la palabra principio, como sustantivo, en el Diccionario de la lengua española de la RAE, es un antónimo justo y necesario ante el ocaso de la democracia: norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta. Como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, hay que hacer un esfuerzo por recuperar la ética de los principios y uno de ellos, fundamental, es el democrático. Además, hay que mantenerlo de por vida, porque a diferencia de lo que manifestaba Groucho Marx en su famoso aserto, estos son mis principios y si no gustan tengo otros, no es el caso que nos ocupa. Personalmente, estoy convencido de que el principio democrático es una seña de identidad que hay que mantener de por vida porque es el que nos permite disfrutar de la convivencia diaria, tal y como se viene expresando a lo largo de los siglos.

La democracia se rige por ideas fundamentales sustentadas por el pensamiento y la conducta, en una exposición permanente de coherencia entre lo que se piensa y cómo se actúa, porque las palabras siempre deben ir detrás de lo que se manifiesta a través de hechos, que también deben ser siempre amores y no sólo buenas razones. En este sentido, no olvido unas palabras de Mario Benedetti en Revolución es participación (1), que aún nos quedan: “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”.

Cuando se percibe a diario que se está poniendo en riesgo continuo a la democracia, suena con gran fuerza en mi interior, un refrán de mi infancia rediviva: hechos son amores y no buenas razones, enunciado anteriormente. Los hechos políticos verdaderos son los que abren siempre caminos nuevos, porque el ejemplo de lo que sucede en beneficio de todos es lo que convence de verdad a la ciudadanía, lo que refuerza segundo a segundo la credibilidad sobre la democracia. Lo que ocurre es que casi siempre invertimos los términos en política y se suele hablar, más que demostrar, lo que verdaderamente convence, es decir, los hechos verdaderos y constatables. Tenía razón Michael Ignatieff, el candidato a la presidencia de Canadá en las elecciones de 2011, cuando afirmaba que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”, pero este “amor”, la verdad, hay que asumirlo siempre.

El problema en estos días es que la ciudadanía está perdiendo alma política, es decir, ideología y principios como normas o ideas fundamentales que rijan el pensamiento o la conducta democrática, que permitan salir del ocaso en el que se encuentra, mirando hacia atrás, sin ira, para seguir aprendiendo de los errores que en democracia se cometen a diario. El escritor portugués Lobo Antúnes lo comentó una vez y se me ha quedado grabado para siempre. Era una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños “demócratas”, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja, es decir, los equivocados, los fracasados temporalmente, las personas a las que no duele el aparente fracaso de la política y su contribución al ocaso de la democracia por falta de principios que sustenten una ideología que respete el beneficio social para todos, que salve siempre el interés general de la sociedad, debemos buscar de nuevos hechos, amores, que nos lleven a abrir caminos ilusionantes por las grandes alamedas políticas de una sociedad diferente, instalada en la libertad, donde puedan pasear por ellas las personas libres. Aunque tengamos que mirar de forma obligada hacia atrás para analizar en profundidad qué ha pasado y corregir los errores, para que las nuevas ilusiones “democráticas” encuentren las mejores palabras que anunciar. Será la única forma de hacer justicia a lo que pueda ocurrir en Andalucía a partir del próximo 19 de junio, día de las elecciones en esta Comunidad, porque podremos por fin justificar con palabras los hechos que hoy, por silencios cómplices y vergonzantes de las personas que, teóricamente aman la democracia, por el absentismo galopante en las últimas convocatorias de elecciones, que nos atenazan y nos dejan mudos. La revolución, digámoslo de una vez por todas, conlleva siempre participación y presencia. Es una de las obligaciones que nos impone del día a día democrático, porque hechos son amores votados y no buenas razones, porque las palabras deben venir siempre detrás para explicar todo, incluso para decir claro y alto por qué no se justifica en cada momento oportuno la derrota paulatina y a veces silenciosa de los que amamos la democracia, por mucho que nos duela hacerlo.

Personalmente, defiendo con ardor guerrero un principio ante el ocaso de la democracia, el principio esperanza. En 2006 escribí que “Efectivamente, es tiempo de esperanza. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba”.

Si defiendo hoy el antónimo “principio” esperanza, como uno de mis principios, frente al ocaso de la democracia, es porque estoy convencido de que las esperanzas deben regarse cada día con el rocío de la defensa de la dignidad humana, respondiendo a una pregunta inquietante de Pablo Neruda en su Libro de las preguntas: ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? Tan verdad como la vida misma, porque luchar ante el ocaso de la democracia es una obligación ética en democracia, un principio, una norma o idea fundamental que debería regir el pensamiento democrático y la conducta que, indefectiblemente, siempre debería estar asociada a él. Para que no lo olvidemos ni siquiera un momento.

(1) Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Existe una estrategia de Estado en relación con los riesgos digitales?

Escena de la póliza en Una noche en la ópera

Sevilla, 2/V/2022

Sabemos desde el comienzo de la revolución digital que las tecnologías son siempre de doble uso. Muchas veces lo he explicado en este blog, con ejemplos clarificadores y con reflexiones desde la perspectiva de administrador público en el ámbito general y digital durante bastantes años en la Administración Pública de Andalucía. Estoy convencido de que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas que son el corazón de las máquinas que preocuparon y mucho a Nicholas Carr, por ejemplo, de forma legítima y bien fundamentada, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, porque la inteligencia digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía. De esta forma, seremos capaces de dar respuesta desde la gestión de riesgos digitales a la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola PlayStation que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia ante la necesaria ciberseguridad que se debe desarrollar desde el Estado, para salvaguardar el interés general de la ciudadanía.

En este contexto, estoy siguiendo de cerca el problema de Estado que ha surgido en este país con motivo del espionaje detectado en teléfonos de líderes independentistas a través del programa Pegasus, que alcanza hoy cotas de preocupación extrema al haberse detectado también una intrusión ilegal en los teléfonos móviles del Presidente del Gobierno y de la Ministra de Defensa. Algo grave está pasando en el mundo del que, una vez parado, se quería bajar con frecuencia Groucho Marx, aunque él ya lo había advertido: “Inteligencia militar son dos términos contrapuestos» (Un día en las carreras). El problema enunciado no es sólo de corte tecnológico, sino más bien humano, de derechos y deberes digitales, en el pleno sentido del término, siendo conveniente analizarlo en profundidad, porque no está tan lejos de nosotros, de nuestro país, del Estado, de nuestra Administración, de nuestras casas, de nuestros perfiles digitales. En un contexto de efectos incalculables, quiero reforzar hoy más que nunca la teoría crítica digital de que las tecnologías y las comunicaciones tienen que planificarse y gestionarse de forma estratégica y con carácter prioritario en el Estado y en la Administración Pública, como garantía de un Estado de derecho y constitucional en relación con la relación que establecen los ciudadanos con el Estado a través de cualquier Administración Pública, porque la condición humana, simbolizada en hackers, crackers y demás figuras antológicas, o en cualquier funcionario desencantado, puede entregar a intereses espurios, más o menos oscuros, la quintaesencia de las personas, su confidencialidad o la privacidad del Estado de derecho. Así de claro.. Hablo de gestión del riesgo antecedente, de Estado, corporativa, con dimensión estratégica y no de gestión del riesgo consecuente, un problema en el que cada al final, cualquier unidad directiva o centro de gestión pública tiene que buscarse la vida como pueda.

Pero ¿cómo ponemos puertas al campo digital? Desde hace muchos años, vengo defendiendo la necesidad de gestionar los riesgos digitales desde una vertiente muy profesionalizada en el Estado y en su Administración Pública. En el mundo profesional en el que he desarrollado mi trabajo durante más de treinta años, concretamente en la Administración Pública de Andalucía, siempre he tenido presente a uno de los precursores de la revolución digital en el último cuarto del siglo pasado, Nicholas Negroponte y que hoy cobra especial actualidad en una manifestación suya que no he olvidado: “La próxima década [hablaba de final del siglo XX] será testigo de un sinnúmero de casos de abusos de los derechos de propiedad intelectual y de invasión de nuestra intimidad. habrá vandalismo digital, piratería del software y robo de información” (El mundo digital). Y siempre he planteado que se pueden adoptar dos decisiones estratégicas al respecto: la primera, la propugnada ya por Groucho Marx en Una noche en la ópera, cuando vende una póliza a un maletero del barco, que no cubre nada…, en una escena hilarante que siempre perdió fuerza ante la del camarote. Es decir, la cobertura del riesgo consecuente, como actitud tan castiza en España: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena:

– O.B. DRIFTWOOD (Groucho Marx): Fíjese en ese guardabarros, está completamente abollado. Tendrá que pagarlo, amigo. ¿Qué número tiene usted?, ¡el 32, eh…! ¿Está asegurado?. ¿Que si tiene seguro?

– C.: No señor

– O.B. DRIFTWOOD (G.M.): Es usted el hombre al que andaba buscando. Llevo aquí una póliza que le protegerá contra todo accidente imprevisto. Por ejemplo, pierde una pierna y nosotros le ayudamos a encontrarla y solo le costará… ¿Qué lleva usted ahí? ¡un dólar!, ¡suya es la póliza!

La segunda decisión se refiere a la profesionalización de la planificación estratégica de la política y gestión de riesgos digitales, como dos escenarios que tienen que estar esencialmente diferenciados y que están obligatoriamente obligados a entenderse. La gestión de riesgos digitales es una función especializada dentro de la Administración Pública que tiene como objetivo gestionar globalmente la protección de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en su relación con los ciudadanos y en aplicación estricta de los marcos legales actualmente establecidos por el Estado, en primer lugar, con carácter sustantivo y por las Comunidades Autónomas también, atendiendo cada una a sus peculiaridades, cuestión diferenciadora que debe cuidar muy bien el legislador.. Además, los criterios clave de selección para el modelo organizativo a aplicar se pueden sintetizar en que todas las funciones se tienen que centralizar estratégicamente en el Estado y proyectarlas en cada Comunidad Autónoma a través de Organismos especializados a tal fin, así como de la implantación de lo dispuesto en el Esquema Nacional de Seguridad, agrupando responsabilidades orientadas a procesos, en la aplicación práctica descentralizada en cada Comunidad Autónoma, Diputación y Municipio, y con una gestión estratégica bajo el concepto de “Separación de Responsabilidades” (“Separation of Duties – quien administra/gestiona no opera”).

¿Estaremos ya viviendo la plenitud de una nueva ciencia de la inestabilidad, del riesgo, en el marco científico que expuso Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química, en el pasado siglo? Es el saber de la persona instruida lo que la libera, mediante la gestión del conocimiento, lo que permite desdramatizar las planificaciones, programaciones, ejecuciones y evaluaciones del Estado y de su correlato, la organización llamada Administración o también de las empresas porque vivimos en un mundo contingente, caótico, inseguro, cambiante, complejo, inestable e incierto, es decir, en un universo de riesgo, tanto en azar como en necesidad. La inteligencia creadora es la que da forma al saber, es decir, damos un voto de confianza al ser humano frente a los factores y medios de producción tradicionales. El capital y la producción, no son la quintaesencia de las organizaciones. Queda una gran tarea en el Estado y en la Administración Pública, que pasa indefectiblemente por crear una nueva cultura directiva y organizativa ante el Riesgo de azar y de no-azar, de la protección de datos de carácter personal, en el esquema que ya estableció Miccolis (1996), o quizá también reinventando la propia Gerencia de Riesgos, a través de un nuevo paradigma basado en el de Williams (1996), estando muy atentos al discurso mundial que se abre en la actual incertidumbre y ante la necesidad de no estar ajenos a la realidad del año 2022 y venideros. Los seres humanos seguimos siendo los propios gestores de nuestro futuro, con la ayuda de las nuevas tecnologías: el saber, hoy, es el único recurso significativo (Drucker).

La cultura digital debe defender siempre un principio muy claro: reforzar la confianza de las personas en el uso de las TIC, garantizando, entre otras cosas, una respuesta mundial y europea mejor coordinada ante los ciberataques, el robo de la identidad, el correo no solicitado y las múltiples acciones de ciberdelincuencia en redes sociales y telefonía móvil. La definición de las políticas y la gestión de los riesgos digitales, debe ser un compromiso firme del Estado, en dos campos diferenciados de forma rotunda, es decir, no puede haber gestión de riesgos digitales en España sin definición de políticas en el sentido estricto del término, que tiene que concretarse a corto plazo en el marco que hay que cuidar del Esquema Nacional de Seguridad, en clave de lo que llamo habitualmente, en diferentes acciones, “prisa pública digital”. Personalmente estoy convencido de las bondades de la gestión pública de los riesgos digitales, porque pertenezco a la escuela pública de gestión del riesgo antecedente antes que del consecuente, y las declaraciones públicas en tal sentido tienen que ser reforzadores claros para recuperar la citada confianza de las personas en la acción diaria del Estado y en la utilización de los servicios públicos por parte de la ciudadanía, en clave de fidelización digital de las personas que consumen productos digitales públicos, objetivo a alcanzar en el más breve plazo de tiempo posible, basado exclusivamente en principios de transparencia, participación y colaboración. Y en esta mesa digital no hay que excluir a nadie, desde la perspectiva pública y privada. Lo aprendí del Profesor Sánchez Vázquez en su obra Ética, hace muchos años: el oro tiene valor porque las personas consumidoras se lo hemos dado a lo largo de los siglos. Sin ese valor humano hoy no tendría precio, se des-preciaría [sic]. Como los bits, como Internet. Sin embargo, se ha dado un paso más en la historia: no todos los bienes se han declarado como derechos inalienables a la persona. El oro no lo es, por mucho que se promocione en campañas de usura. Pero la accesibilidad a Internet se reconoce ya como un derecho y no mercancía pura y dura para ser y estar en el mundo, porque toca a la inteligencia de las personas. Una gran obra humana, a apuntar en cualquier agenda pública digital, por supuesto.

A Groucho, solo deberíamos recordarlo por su excepcional sentido del humor inteligente, no por su sentido práctico y muy extendido, más de lo que parece, de cobertura del riesgo antecedente y consecuente mediante acciones que no sirven para nada, a pesar de que hoy sea una metáfora muy esclarecedora su famosa póliza de un dólar. Gestionando el riesgo digital, sobre todo, a través de la declaración de políticas digitales de Estado por medio de decisores públicos en las Cámaras legislativas y empleados públicos forjados en ética pública digital, no solo transfiriendo esta responsabilidad de Estado a programas informáticos muy sofisticados y máquinas complejas. Otra vez más, no confundiendo, como todo necio, ordenación digital con organización digital, antecedente con consecuente, valor y precio, porque nos damos cuenta con lo que ha pasado con el Presidente del país, que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena o cuando se abolla un baúl en un choque con otro, y pensamos que esa contingencia no estaba asegurada o protegida convenientemente. Al buen entendedor del ciberriesgo con pocas palabras basta. Probablemente, una ley de vida digital en nuestro país sería un revulsivo importante para cuidar hasta el extremo la gestión pública de los riesgos digitales antecedentes y consecuentes que pueden llegar a afectar a cada persona de este país a lo largo de su vida, en defensa a ultranza del interés general digital de la ciudadanía, que también existe, al que deberíamos aspirar en el marco constitucional del Estado.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hoy es un día especial para ganar la luz con el dolor de los ojos

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2022

Dedicado de nuevo, en la celebración del Día Internacional del Trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de conseguir el pan con el sudor de la frente, para que comprendamos junto a León Felipe, de nuevo y con sus palabras llenas de exilio interior y físico, que una de sus razones laicas es que se puede ganar con el trabajo digno la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas.

Vuelvo a publicar, contextualizándolas en la realidad actual, las palabras que he dedicado en años anteriores a esta celebración, porque hoy día siguen teniendo el mismo valor, es más, no sólo hoy por ser fiesta laboral nacional, sino porque cada día que pasa en cada hoja de calendario personal o familiar, sin que tengamos que esperar a celebrar nada, sí debemos recordar con cierta amargura la situación de miles de personas y hogares españoles que siguen en el paro y con un horizonte muy complicado para encontrar trabajo y la dignidad asociada. Los «nadies» de siempre, a los que definió magistralmente Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…

Las palabras que siguen, en un poema desgarrador de León Felipe, El dolor, tienen hoy un sentido especial en el contexto de la Reconstrucción del Mundo después de la terrible pandemia y por la invasión de Ucrania. Obviamente, por su alcance en miles de trabajadores, en este día tan especial, La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como «recursos humanos», tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz, muy lejos de la maldición bíblica.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo lleva dentro, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno. Ganar el pan con el sudor de nuestra frente ha sido el hilo conductor de las personas a lo largo de los años y todo por un «error humano». Así lo aprendió mi generación desde que tuvimos uso de razón. Dios lo tuvo claro desde el principio de los tiempos, porque frente a la creación de los cielos y la tierra, de los mares, que ya eran buenos por sí mismos, la del hombre vio que era muy buena, así como la de la mujer. Pero había un motivo que pesó mucho en la tradición oral de los pueblos ribereños, cerca del Tigres y del Éufrates y tenía que ver con una sospecha de ese Dios creador acerca de los problemas que podría tener el hombre si se quedaba solo cuando comenzaba a vivir. Y esa situación tan llamativa llevó a Dios a la creación de la mujer.

El problema vino después, cuando se quedaron solos los dos. Ahí comenzó la historia tan difícil del ser humano, la del dolor del mal hasta nuestros días. Al fin y al cabo, todo tiene que ver con la soledad cuando nos enfrentamos ante el bien y el mal: “por culpa de una serpiente comimos de la fruta prohibida y desde entonces hemos elaborado una macrohistoria de culpa y rescate que no nos deja vivir en paz. Y hemos grabado a fuego la responsabilidad transcultural de la mujer, del animal hembra en forma de serpiente, que echó a perder la vida tranquila en el paraíso: ¡mujer tenía que ser! El relato de la creación, en Génesis 3,1, deja bien claro el rol que iba a jugar en la historia de la humanidad la famosa serpiente porque “era el más astuto de los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles el jardín?” Respondió la mujer a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.” Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiéreis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. Y la mujer comió el fruto de este árbol del medio del jardín y dio también a su marido. Y lo que descubrieron es que estaban desnudos ante la vida sin entender nada. Además, habría que ganar desde entonces el pan con el trabajo, con el sudor de la frente. A partir de ese relato, el enfado de Dios se hizo presente hasta nuestros días, incluído el trabajo humano considerado como «castigo divino». Por eso he leído tantas veces a León Felipe, porque necesito creer que puedo ganar la luz de la vida a través del dolor de mis ojos, incluso por el trabajo con amor hecho, como decía Luis Cernuda. El relato bíblico es eso, sólo un relato, porque en este Día Internacional del Trabajo, mis ojos son las fuentes «del llanto» por los desempleados del mundo y, «de la luz«, por los que luchan todos los días, los imprescindibles de Bertolt Brecht, por un trabajo digno para todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de México recuerda a León Felipe como símbolo del exilio español (eluniversal.com.mx).

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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La democracia peligra, estamos avisados

Sevilla, 30/IV/2022

Un libro que se publicó el año pasado El ocaso de la democracia, lo he recuperado en estos días, recordando su sinopsis, como hago siempre, para animar a leerlo en profundidad, en este caso porque lo necesitamos más que nunca: “Las democracias occidentales modernas están bajo asedio y el auge del autoritarismo es una cuestión que debería preocuparnos a todos. En El ocaso de la democracia, Anne Applebaum (premio Pulitzer y una de las primeras historiadoras que alertó de las peligrosas tendencias antidemocráticas en Occidente) expone de forma clara y concisa las trampas del nacionalismo y de la autocracia. En este extraordinario ensayo explica por qué los sistemas con mensajes simples y radicales son tan atractivos. Los líderes despóticos no llegan solos al poder; lo hacen aupados por aliados políticos, ejércitos de burócratas y unos medios de comunicación que les allanan el camino y apoyan sus mandatos. Asimismo, los partidos nacionalistas y autoritarios que han ido tomando relevancia en las democracias modernas ofrecen unas perspectivas que benefician exclusivamente a sus partidarios, permitiéndoles alcanzar unas cotas de riqueza y poder inigualables. Siguiendo los pasos de Julien Benda y Hannah Arendt, Applebaum retrata a los nuevos defensores de las ideas antiliberales y denuncia cómo estas élites autoritarias utilizan las teorías de la conspiración, la polarización política, el terrorífico alcance de las redes sociales e incluso el sentimiento de nostalgia para destruirlo todo y redefinir nuestra idea de nación. Escrito de forma magistral, y de lectura urgente y necesaria, El ocaso de la democracia es un brillante análisis pormenorizado del terremoto que está sacudiendo el mundo y una apasionante defensa de los valores democráticos”. Literal y real, como la vida misma.

Estamos viviendo unos momentos muy difíciles para la democracia, de norte a sur y de este a oeste del mundo y de nuestro país, sin ir más lejos. El avance de partidos que basan su ideología en autoritarismos clásicos y de nuevo cuño, porque todo vale en su ideario versátil y acomodaticio con los vientos que soplen en cada momento, da miedo. De ahí la necesidad de estar bien informados para tomar decisiones en democracia, la del voto sobre todo, para no llamarnos después a engaños. Este libro de Anne Applebaum puede servir a modo de manual para tiempos convulsos y para defender la democracia por encima de todo. En la página web oficial de la autora, también se informa sobre el hilo conductor de este libro, en el sentido de que las personas no sólo tienen ideologías: “[…] también son prácticas, pragmáticas, oportunistas. Los partidos autoritarios y nacionalistas que han surgido dentro de las democracias modernas ofrecen nuevos caminos hacia la riqueza o el poder para sus seguidores. Al describir a políticos, periodistas, intelectuales y otros que han abandonado los ideales democráticos en el Reino Unido, Estados Unidos, España, Polonia y Hungría, Applebaum revela los patrones que vinculan a los nuevos defensores del antiliberalismo y describe cómo utilizan la teoría de la conspiración, la polarización política, la medios de comunicación y nostalgia por cambiar sus sociedades”.

La democracia peligra ahora más que nunca, porque impera la teoría del mundo al revés y la de que fuera de la nación y del autoritarismo único no hay salvación social. Se acabó la diversidad y la singularidad, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, porque el patrón de vida y convivencia tiene que ser único. De ahí la necesidad de defender la democracia, cada uno en su sitio, por tres razones que ya he expuesto a lo largo de la vida de este cuaderno digital, centradas sobre todo en el poder que cada persona tiene a través del voto, situación muy próxima en mi Comunidad, concretamente el próximo 19 de junio. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio. En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no, a pesar del Fondo Monetario Internacional.

Lo que no se comprende en democracia es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma de Andalucía viajen posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos. El Partido Abstencionista prepara ya los resultados de las próximas elecciones en Andalucía, su mejor encuesta. Estamos avisados de nuevo y sabemos que está muy interesado en fomentar la abstención a cualquier precio. El autoritarismo tiene así campo libre para imponer su visión de la vida, que también es visión de la muerte, la de la democracia. Al buen entendedor con pocas palabras basta. Necesitamos defender a toda costa el sentido de la vida y de la dignidad humana en todo el país, sobre todo para millones de personas que malviven por el paro, por el dolor de la pobreza y que a pesar de todo piensan que un día no muy lejano se resolverá su drama personal y familiar. Los agoreros mayores del reino piensan que fuera de la derecha no hay salvación, como nos enseñaban en el catecismo de nuestra infancia sobre la pertenencia salvadora a la Iglesia oficial. Pero no es verdad. Si grave es esto, lo que verdaderamente peligra es la democracia, algo mucho más profundo todavía. Estamos avisados.

En estos tiempos tan modernos, rescato a Chaplin y vuelvo siempre a mi rincón de pensar y de escuchar la banda sonora de mi vida, con una fuerte carga ideológica porque la música tampoco es inocente al igual que las ideologías, según Lukács. Aprendí de Víctor Jara, por ejemplo, que “hoy es el tiempo que puede ser mañana”, en su Plegaria a un labrador, fundamentalmente porque estoy avisado de algo grave: la democracia peligra y los autoritarismos acechan en forma de partidos políticos de ultraderecha y hombres de negro que manejan el mundo desde un portátil o un teléfono móvil. La mejor forma de no olvidarlo es atender esta reflexión sobre la democracia en peligro en su hoy, que ahora es el nuestro, porque no ha perdido valor alguno al recordarla en estos momentos cruciales para este país. Sería una forma de salir del silencio cómplice en el que a veces estamos instalados para complicarnos la vida en el pleno sentido de la palabra. Merece la pena porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor para todos. Palabra de Allende y ¿por qué no?, nuestra. Para quien la quiere seguir escuchando y practicando a pesar del autoritarismo que sobrevuela sobre nuestras vidas, casi sin darnos cuenta.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Cèline Curiol, dedicada al amor

La gente, valiéndose de criterios convencionales, lo tiene todo resuelto, inclinándose siempre hacia lo más fácil, y buscando aún el lado más fácil de lo fácil. Pero está claro que nuestro deber es atenernos a lo que es arduo y difícil. Todo cuanto vive se atiene a ello. Todo en la naturaleza crece y lucha a su manera y constituye por sí mismo algo propio, procurando serlo a toda costa y en contra de todo lo que se le oponga. Poca cosa sabemos. Pero que siempre debemos atenernos a lo difícil es una certeza que nunca nos abandonará. Es bueno estar solo, porque también la soledad resulta difícil. Y el que algo sea difícil debe ser para nosotros un motivo más para hacerlo.

Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, Roma, 14 de mayo de 1904

Sevilla, 28/IV/2022

En mi ob-ligación diaria [así, con guion] de búsqueda de islas desconocidas, para las que abrí este cuaderno digital en 2005, he encontrado una en formato de novela que me ha interesado en su fondo y forma. Se trata de una obra escrita por Cèline Curiol, Las leyes de la ascensión, cuya sinopsis es de vital importancia conocer con detalle en los tiempos que corren: “Belleville, barrio parisino emblemático del eclecticismo urbano. Seis personajes. Cuatro días repartidos en las cuatro estaciones de 2015, año de los atentados terroristas de París. Una periodista, un psiquiatra, un jubilado, una profesora, una desempleada y un estudiante de bachillerato: sus historias entrelazadas siguiendo los caprichos del azar exploran los detonantes, los momentos precisos y los cambios íntimos que pueden hacer bascular sus vidas en una ciudad generosa en ocasiones, a menudo hostil, y siempre en efervescencia. Puro presente, esta deslumbrante novela coral es sutil, elegante y a veces melancólica, y nos acerca a unas existencias llenas de aspiraciones, debilidades, anhelos, excesos, sueños e incertidumbres ante el futuro… De un modo u otro, todos los protagonistas se rebelan, y lo hacen movidos por una gran empatía, una gran humanidad: no en vano, este libro está dedicado al amor; no al amor de pareja ―o no sólo―, sino al amor en su sentido más amplio: al mundo, al prójimo, a una ciudad, a la tierra, a uno mismo. «Sabemos pocas cosas, pero que debemos atenernos a lo difícil es una certeza que no ha de abandonarnos». Cuando Sélène Bey, uno de los personajes de esta novela, lee esta cita de Rilke, supone para ella una revelación que inscribe en la categoría de las verdades indiscutibles. Sin duda lo es también para Cèline Curiol, quien en esta portentosa obra ha tenido la audacia de cartografiar nuestro mundo, nuestras vivencias, toda nuestra humanidad demasiado humana. En un tiempo en el que nadie escucha y nadie tiene tiempo, Curiol demuestra su apabullante virtuosismo para captar cada uno de los matices de las vidas más dispares. Escrita en estado de gracia, «Las leyes de la ascensión» es un retrato magistral de la búsqueda mediante la cual todos, aun perdidos y resistiendo a los embates de un sistema malogrado, tratamos de alzarnos más vivos y esperanzados que nunca. Una auténtica proeza, la más brillante instantánea de la Francia contemporánea y, por extensión, de la Europa convulsa de nuestro tiempo”.

He conocido más detalles de esta obra ciclópea, en una entrevista reciente en elDiario.es, de la que reproduzco una respuesta que me parece significativa en tiempos de individualismo feroz, ante una pregunta sobre una de las protagonistas, Orna, una periodista que se plantea en profundidad su forma de ser y estar en el mundo que, al volver a su casa una noche, pasa por delante de un vagabundo tirado en el suelo y no le presta ayuda: “P. Curiosamente, hace unas semanas fallecía de hipotermia el fotógrafo René Robert en plena calle de París porque nadie se paró a socorrerlo. ¿Hay más Ornas en el mundo de lo que estamos dispuestos a reconocer? R. Yo creo que sí. De hecho, lo que pretendía con esa escena era llevar al lector a plantearse qué haría él. Que se preguntase por qué estamos perdiendo el reflejo de prestar socorro a un desconocido cuando lo necesita. En la sociedad y las grandes ciudades estas cosas pasan porque cada vez somos más individualistas y más reacios a pararnos a pensar en el otro”.

Escribí en enero de este año un artículo, Un retrato inhumano, en el que recogí lo que había sucedido, también en París, con el fotógrafo citado en la entrevista: “El fotógrafo de doble nacionalidad, suiza y francesa, René Robert, falleció el 20 de enero en París, como consecuencia de la hipotermia que sufrió al caer en una calle del centro de la ciudad de la luz, perder el conocimiento y permanecer durante nueve horas en una acera sin ser atendido por nadie, a pesar de que la hora en que se produjo la caída era en torno a las nueve y media de la noche del día 19. Fue una mujer sin techo, durante la madrugada, la que llamó a los servicios de emergencia, aunque ya no pudieron hacer nada por salvarle la vida. Creo que es un retrato inhumano y descarnado que refleja determinados comportamientos sociales en la actualidad. Surge una pregunta: ¿qué hubiéramos hecho nosotros al verlo así? No sé, probablemente pasar de largo también, como hacemos muchas veces al pasar por aceras de nuestras ciudades donde se refugian personas en condiciones inhumanas, en una negación del principio de realidad que es muy terco. Al menos, en esta ocasión, nos queda la pregunta, más que la palabra.

Comprendo muy bien las palabras finales de la sinopsis y son las que me han entusiasmado en estos tiempos de búsqueda de razones para vivir: “Las leyes de la ascensión” es un retrato magistral de la búsqueda mediante la cual todos, aun perdidos y resistiendo a los embates de un sistema malogrado, tratamos de alzarnos más vivos y esperanzados que nunca. Una auténtica proeza, la más brillante instantánea de la Francia contemporánea y, por extensión, de la Europa convulsa de nuestro tiempo”. Comienzo a leerla para seguir amando, a pesar de todo, para vencer el individualismo que llevamos dentro, que causa estragos en la humanidad, en nuestras familias, en nuestros barrios, tal y como lo retrata de forma excelente Cèline Curiol en su obra, como principal causa de los males actuales que nos rodean, junto al miedo a la libertad de vivir que nos llevan a tomar decisiones poco solidarias en el día a día, a través de un individualismo feroz: “[…] que promueve la propia sociedad. Y también con ese predominio de la eficacia. Todo el mundo tiene siempre otra cosa que hacer. Uno no socorre a alguien no por maldad, sino porque piensa, en un proceso mental muy rápido, que no va a tener tiempo, que va a perder una hora, que necesita estar en otro sitio o hacer tal cosa. Son una serie de mecanismos mentales que llevan a abstenerte de hacerlo para no perjudicar a tu propia cotidianidad o a tu propio tiempo. Eso, y el miedo. Hace poco estaba en el metro y había un tipo molestando a una chica. Intenté convencer al resto de pasajeros de que había que hacer algo, pero la gente no quería porque no sabíamos cómo iba a reaccionar el hombre. Hay mucho miedo a las consecuencias”.

Como escribí en enero sobre el fotógrafo René Robert, su lenta agonía en una acera de París, no fue retratada en blanco y negro como a él le gustaba trabajar, sino en color, aunque todo se convierte en la vida diaria, a veces, en un fundido a negro, con la acromatopsia que la sociedad actual observa la vida, ciegos al color, porque los retratos que hacemos a diario de lo que está ocurriendo cerca de nosotros, son muchas veces inhumanos, individualistas y, por supuesto, están faltos de amor, al que dedica precisamente esta obra Cèline Curiol. 

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.