La Atención Primaria en España, necesita Atención Pública Urgente, sobre todo en Andalucía

Sevilla, 4/XII/2022

Contra hechos no valen argumentos, que dice el adagio latino: contra facta non valent argumenta. He estudiado a fondo el trabajo científico que ha desarrollado la Fundación CIVIO, a la que tanto admiro, en relación con la presión de trabajo que sufre en la actualidad la Atención Primaria en nuestro país y, en concreto, en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, considerando que es un deber ético como ciudadano de base divulgar estos datos en la medida que pueda hacerlo con todas las garantías de trasladar la información tal y como la ha elaborado la Fundación: “En 2022, la carga de trabajo en medicina de familia se ha mantenido o incluso ha empeorado en todas las comunidades que han proporcionado datos a Civio, salvo en Castilla-La Mancha. Entre las diez áreas sanitarias más saturadas se encuentran dos de la Comunidad Valenciana, cinco de Andalucía y tres de la Región de Murcia, que rondan una media de 40 consultas atendidas al día. Aunque la Comunidad de Madrid no ha ofrecido sus datos desagregados al nivel que solicitamos, dieciséis centros de salud, la mayoría en el sur de la región, han superado los 40 pacientes diarios de media. Cataluña, Galicia, Asturias y Cantabria no han querido dar sus cifras actuales de presión asistencial”.

Para emitir juicios bien informados es imprescindible tener el conocimiento adecuado del asunto que se está tratando y trascender la mera opinión sobre lo que está pasando y estamos viviendo en la Atención Primaria de nuestro país, con resultados muy preocupantes en Andalucía, como se decía antes en la transcripción de resultados de áreas sanitarias en nuestro país, donde de las diez áreas más saturadas en medicina de familia por número de pacientes que atienden a diario, cinco se encuentran en Andalucía, concretamente en Sevilla Norte, Jaén Norte, Sevilla Este, Córdoba Sur y Jerez Costa Noroeste.

En relación con la Pediatría, la situación es todavía peor porque “está desbordada” en el momento actual y muestra de ello es que “la comunidad con peores datos ha sido Andalucía, donde se concentran nueve de las diez áreas sanitarias con mayor presión asistencial [la negrita es mía], cercana a los 30 pacientes atendidos al día”.

Esta situación, bastante dramática y significativa en Andalucía, se vuelve a repetir al analizar en 2022, la presión asistencial máxima en enfermería, situándose en torno a los 25 pacientes atendidos al día, que concentra siete de las diez áreas sanitarias más saturadas, seguida de Comunidad Valenciana, con dos, y Murcia, con una.

Ante la situación expuesta, en la que faltan lamentablemente los datos correspondientes a cuatro Comunidades, Cantabria y Galicia, porque no contestaron a la petición de CIVIO, así como Cataluña y Asturias que, aunque sí contestaron, en realidad no ofrecieron la información que se pedía, sólo caben dar respuestas urgentes, que pasan por atender las demandas justas de los profesionales directamente afectados, tanto de presupuesto público como de incremento de contratación de los profesionales que faltan, porque cuando se les escucha se constata algo todavía mucho más preocupante: los datos expuestos no reflejan la dramática situación que atraviesan a diario en las consultas, porque junto a las citas programadas, atienden también urgencias, suplencias casi a diario por ausencias de diferentes titulares cuyas bajas no se cubren y otras tareas asistenciales agregadas y no contabilizadas en estos datos, como se afirma en la investigación de CIVIO: “Por desgracia, la realidad es todavía peor que la que dibujan las cifras oficiales de los servicios de salud. “Nunca me he creído [los datos oficiales de presión asistencial]. Las medias son engañosas. Infracuantifican la realidad en la mayoría de los sitios”, dice el médico de familia Vicente Baos. En el centro de salud donde trabaja, ubicado en Madrid, la presión asistencial oficial en 2022 se ha situado en torno a las 36 consultas atendidas al día, cuando, según el médico de familia, es habitual que vean “entre 48 y 55 pacientes”. ¿Dónde está el truco? Para hacer el cálculo de los promedios, se estima el total de días laborables -sin restar las vacaciones- y se incluye el número total de personas en plantilla, sin tener en cuenta posibles ausencias. Baos pone como ejemplo su propio centro de salud, donde otro médico ha estado de baja durante ocho meses sin ser sustituido. Como consecuencia, el resto de compañeros se ha organizado para poder atender a sus pacientes, aunque, en los datos oficiales, la presión asistencial se calcularía como si la plantilla estuviera al completo”.

Para no reinterpretar los datos que se han obtenido por el excelente trabajo de investigación llevado a cabo por la Fundación Civio, recomiendo entrar directamente en el buscador que han elaborado y que permite consultar la presión asistencial en la atención primaria del área de salud sobre la que se tenga especial interés en conocer su situación. La realidad es muy terca y lo expuesto debería levantar un clamor popular para trazar un plan de urgencia y emergencia en la Atención Primaria en el Sistema Nacional de Salud y en cada Comunidad Autónoma en lo que le afecte, debiéndose tener en cuenta por la Autoridad correspondiente, porque ante la evidencia de lo que está pasando el Ministerio de Sanidad debe actuar a través del Consejo Interterritorial para intentar paliar con legislación sustantiva las desigualdades territoriales que se están dando y para buscar financiación especial para atender con urgencia extrema las demandas existentes, que también son organizativas junto a la ordenación legislativa correspondiente.

En cualquier caso, es evidente que aun habiendo financiación posible en determinadas Comunidades, las prioridades políticas no son inocentes, algo que se evidencia en el incremento de pólizas de seguros privados de salud en todo el país y que también se puede verificar en la propia patronal de este ámbito de actuación, lo que se traduce en un desmantelamiento progresivo del Sistema Público de Salud, controlado por el mercado de la salud con el silencio cómplice de determinadas autoridades sanitarias. El año pasado ya lo manifesté en este cuaderno digital, al referirme a la situación del Sistema Nacional de Salud y el beneficio obtenido por ello por el aseguramiento privado: “Analizar los datos del El seguro de salud en 2020 (2021), publicado por la Asociación Empresarial del Seguro (UNESPA), refrenda que por ejemplo, en Andalucía, la suscripción de pólizas de seguros de salud privada ha crecido seis puntos desde 2009, es decir, ha pasado del 15% de la población asegurada al 21%, ocupando en la actualidad el 8º puesto en la capilaridad del seguro privado de salud en el país. Personalmente, me ha preocupado mucho este dato y debería plantearnos qué es lo que provoca este incremento, como una manifestación más de que la sanidad pública tiene graves problemas estructurales sin resolver. Es sólo un síntoma, pero de momento sabemos que la enfermedad por la que atraviesa el Sistema Nacional de Salud es grave en su diagnóstico actual y que persiste en todo el territorio nacional desde hace tiempo”. En este contexto, traigo a colación lo manifestado de forma rotunda esta semana por la doctora Anna Lluch, la mayor experta de España en oncología de mama e incluida entre los 100 mejores médicos del mundo, según ‘Forbes’, que “defiende la precisión del diagnóstico para la eficacia del tratamiento, la biopsia líquida y la humanización del trato con las pacientes”, al responder lo siguiente a una pregunta sobre por qué se van de España tantos médicos formados aquí: “Si hay pocos médicos y muchos turnos, se queman. Eso no se soluciona con voluntarismo, sino con voluntad política. El sistema público de salud se decide en las urnas”. Impecable respuesta, que no se debería olvidar en la situación actual de la Atención Primaria, analizada hoy, que se comenta por sí misma.

Como actividad complementaria a los datos anteriormente expuestos, recomiendo consultar también los datos oficiales que el Ministerio de Sanidad presentó en abril de este año en un informe monográfico sobre Recursos Humanos, ordenación profesional y formación continuada en el Sistema Nacional de Salud, 2020-2021, que complementa y amplía la información sobre los recursos humanos del Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2020-2021, porque las cifras presentan la realidad de las desigualdades que existen en nuestro país al respecto. Se puede comprender entonces por qué estamos ante la situación actual, con desigualdades muy preocupantes ante una realidad de un Sistema Nacional de Salud que se tambalea en sus bases de recursos humanos y financiación asociada.  Como ya finalizaron los aplausos al personal sanitario durante las fases agudas de la pandemia, recojo como homenaje a estos profesionales y para comprender mejor la situación actual, tan injusta, de la Atención Primaria, lo que el Informe Anual del Ministerio, citado anteriormente, dice textualmente, algo que hemos olvidado rápidamente: “En el ámbito de atención primaria en 2020, se han realizado el 40% de pruebas COVID-19, se ha atendido a 2,3 millones de personas diagnosticadas de infección COVID-19 y se ha realizado el seguimiento a 5,3 millones de contactos. La atención primaria ha mantenido un alto nivel de actividad en toda la pandemia; en las primeras semanas, el número de diagnósticos COVID-19 registrados en este nivel fue superior al de casos confirmados por laboratorio. Los períodos de aislamiento o contagio de las personas trabajadoras como consecuencia del virus COVID-19 se han considerado, excepcionalmente, como situación asimilada a accidente de trabajo. Esto ha supuesto una importante carga de trabajo para los médicos de atención primaria, que han gestionado 4 millones procesos de incapacidad temporal relacionados con la COVID-19 en 2020 y de 2,8 millones en 2021. En plena situación pandémica la Atención Primaria ha atendido un total de 379 millones de consultas en 2020, con un incremento de la actividad de 12,3 millones respecto a 2019 (+3%). Las teleconsultas entre profesionales y pacientes (127 millones) aumentaron un 600% con respecto al año previo y la actividad domiciliaria (13,5 millones de visitas) un 4%. Se observa un incremento considerable en la actividad de vacunación antigripal (+48%) y antineumocócica (+21%). La morbilidad atendida en atención primaria durante 2020, presenta una disminución en casi todos los diagnósticos habituales, con un importante descenso de las enfermedades respiratorias no relacionadas con la COVID-19. En 2021 el 26% de las personas que pidió cita con su médico de familia la obtuvieron para el mismo día o el día siguiente, mientras que el resto tuvo que esperar una media de 10,8 días. En 2019 estos valores eran del 42% para la cita en el mismo día o al día siguiente y 5,9 días de espera media para el resto”. Verdaderamente clarificador para que haya un movimiento reivindicativo de todo el país en favor de estos profesionales de Atención Primaria, que tanto hicieron durante la pandemia y que tantas vidas salvaron en condiciones extremas y a los que no deberíamos olvidar ni siquiera un momento.

Hace un año escribí en este blog un artículo, El Sistema Nacional de Salud ingresa en la Unidad de Cuidados Intensivos, en el que dije algo que ratifico de nuevo en esta situación concreta de abandono de la Atención Primaria: “Desde este blog escribo estas líneas de denuncia por el silencio cómplice, clamoroso, que se detecta en casi todos los niveles de responsabilidades públicas y privadas, porque hay cauces para establecer un clima de opinión que llegue ante las autoridades pertinentes para que se aborde el citado Pacto de Estado para reforzar el Sistema Nacional de Salud, aunque los silencios son más que evidentes. ¿A qué más hay que esperar? Las Mareas Blancas, por ejemplo, hacen lo que pueden, pero hay que crear un estado de opinión que sea favorable a este abordaje inmediato de soluciones para atender a una sanidad pública enferma, que necesita inmediatamente cuidados intensivos si no queremos que desaparezca a lo largo de los años, porque el deterioro va a más hasta alcanzar situaciones insostenibles, en las que la Sanidad Privada hará su agosto una vez más como gran solucionador, teórico, de todos los problemas actuales denunciados”.

Felicito una vez más a la Fundación CIVIO por el trabajo que llevan a cabo y que ya he reconocido en varias ocasiones en este cuaderno digital. Consultar sus datos, sus trabajos en diferentes frentes, es la única forma de emitir juicios bien informados para transformar el país en el lugar que a cada uno le corresponde y trascender así el campo sin vallar de la mera opinión que nada cambia. Si además refrendamos el conocimiento que adquirimos por medio de actividades tan encomiables como las CIVIO, nos debería llevar a entender que, efectivamente, los problemas del Sistema Nacional de Salud no se solucionan con voluntarismo, sino con voluntad política, es decir, el sistema público de salud tanto a nivel nacional como de Comunidades Autónomas, se decide en las urnas, porque la ordenación, organización y financiación sanitarias, no es la misma en todos los territorios del país y porque está demostrado que no es inocente.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

Sevilla, 2/XII/2022

Publico hoy la tercera edición, revisada y aumentada, de mi obra «Ciudadano Jesús», con un subtítulo nuevo, Otra navidad es posible, tal y como lo explico en el Prólogo que adjunto a continuación. Una vez más, pongo esta obra a disposición de quien la quiere leer, como ejemplo de inteligencia conectiva al alcance de todos, para compartir el bien más preciado de la humanidad, la inteligencia que nos ayuda siempre a ser más libres y en este caso, a través de un medio tan poderoso como es la palabra difundida a través de Internet, donde la inteligencia digital se muestra con todo su valor intrínseco. Espero que disfruten de su lectura tanto como yo lo he hecho al prepararlo en esta nueva edición, que he cuidado especialmente para enriquecerla con nuevos artículos que surgieron en un texto y contexto especial, muy cerca de esta realidad tan próxima de la navidad, año nuevo y reyes, pero lejos del mercado y sus mercancías.

La imagen de la portada lleva un mensaje dentro: los «niños Jesús proletarios», según José Saramago, de un asentamiento de chabolas en Sevilla, El Vacie, que sigue siendo una vergüenza pública por su continuidad en el tiempo, sin que se haya logrado desmantelar todavía, en 2022, para que las personas alojadas allí vivan una vida digna, aparecen junto a una imagen del actor Enrique Irazoqui en su interpretación de Jesús de Nazareth, en un descanso en el rodaje de la película de Pier Paolo Pasolini, El evangelio según San Mateo (1964), porque estimo que ha sido la mejor versión cinematográfica, humana y cercana, «comunista», como se descalifica hoy a cualquier defensor de los nadies, del gran protagonista de esta navidad, tan manipulada a lo largo de los siglos. Con esta imagen, el que quiera entender que entienda.

Pasen hojas y lean… También, podrán escuchar música seleccionada en los artículos que forman parte de este libro, porque en muchas ocasiones está comprobado que podemos soñar despiertos en navidad, una etapa en la que podemos descubrir caminos que nos enseñó Eduardo Galeano: Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena. O que Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible

Prólogo

Las páginas que siguen, marcadas siempre por la brevedad de una efeméride que se celebra anualmente, vuelven a tener este año un texto y contexto muy especiales, lastradas por una guerra y un desconcierto mundial que no deja nada igual que antes. Seguimos experimentando un tiempo de silencio, en el que vivo en la actualidad, del que salgo de nuevo un momento para recuperar una nueva edición (3ª), revisada y aumentada, de la anterior publicación del pasado 2021, Ciudadano Jesús, con un subtítulo no inocente, Otra navidad es posible, formando un todo a través de una recopilación de los artículos que he escrito a lo largo de los años de vida de mi cuaderno digital, el blog “El mundo sólo tiene interés hacia adelante”, a modo de espejo retrovisor de cómo me he aproximado a la realidad de la navidad, año nuevo y reyes, sin mayúsculas, desde que decidí abrir este medio de comunicación personal con la Noosfera en diciembre de 2005. Fundamentalmente, por un motivo que se vuelve a repetir a través de las sucesivas navidades pasadas: la navidad, este año, tampoco será ya lo que era, aunque como aviso para navegantes sigue siendo la gran preocupación del mercado salvarla siempre (económicamente) a toda costa, cuando lo que necesitamos es comprender que puede ser, de nuevo, una gran oportunidad para pasar más tiempo en el rincón de pensar y actuar adecuadamente, de forma responsable, aunque sólo sea como homenaje al auténtico protagonista de estas celebraciones: el ciudadano Jesús y su familia, a los que siempre retraté de la misma forma, a lo largo de los diecisiete años que cumple ya este cuaderno digital. En definitiva, se abre una vez más la posibilidad de que vivamos una navidad diferente, porque es posible.

Desde mi perspectiva laica, no quiero que esta navidad se escriba con mayúscula ni siquiera en su grafía ordinaria, sino que sea una navidad con especial atención a los nadies, los dueños de nada, excelentemente descritos por Eduardo Galeano y con especial relevancia ahora como consecuencia directa de la postpandemia y la guerra en Ucrania, interpretando su verdadero contenido, es decir, una historia que tiene muchos siglos de antigüedad en torno a la figura del nacimiento del ciudadano Jesús de Nazareth, que hilvanó un mensaje lleno de esperanza en su corta vida y recogido de forma espléndida, con un toque periodístico, por el joven Marcos, un “periodista” de la época que lo hizo más cercano y humano para todos.

Hace treinta y ocho años publiqué por estas fechas un artículo periodístico con el título de Ciudadano Jesús [1]. Lo he repasado cada navidad desde aquella ocasión y me reafirmo en cada párrafo del mismo, porque no ha perdido su vigencia: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Decía Baltasar Gracián que “lo breve, si bueno, dos veces bueno”. Este pequeño libro se hace grande por su hilo conductor, que intenta reinterpretar en voces autorizadas la comprensión del niñodios juanramoniano y del ciudadano Jesús, para escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos y que siempre ha despertado un gran interés general que es lo que me entusiasma.

Espero que la lectura pausada de estas líneas sirva para algo bueno en un tiempo en el que necesitamos defender a toda costa el principio llamado esperanza, ante el poder omnímodo del mercado, que reviste de necesidad lo que solamente es consumo, incluso de un relato histórico que, como la rosa de Juan Ramón Jiménez, no deberíamos tocarlo mucho en beneficio de todos. Sólo reinterpretarlo, para poder transformar el mundo que no nos gusta, volviendo a leer las “pequeñas memorias” de Saramago, buscando el final de la microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión recordando aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, incluso en la navidad de 2022.

En Sevilla, en el mes de diciembre de 2022


[1] teatro-de-barrio-libro1.pdf (wordpress.com)

En un futuro próximo, ¿tendré quien escriba por mí?

Sevilla, 30/XI/2022

Se veía venir y la verdad es que estábamos avisadas las personas a las que nos entusiasma escribir palabras útiles para todos, que luego se enlazan en múltiples formatos para llegar a formar libros en sus múltiples versiones. Ante la página en blanco de hoy, intento traducir a palabras lo que se elabora por mi cerebro, lo “esencial” para decir algo “especial”, que decía Ítalo Calvino en su “arte de empezar y arte de acabar” una obra escrita, teniendo muy presente un artículo que he leído con atención plena a primera hora de la mañana y que me resulta siempre inquietante: GPT-3 y como pueden afectar los sistemas de escritura, un artículo de Keith Darlington en el que se plantea que Internet se va a ver inundado próximamente de contenidos generados por GPT-3 (Generative Pre-Trained Transformer Version 3), desarrollado por la organización OpenAI de Elon Musk, un sistema de inteligencia artificial (IA) mediante el cual se elaborarán, por máquinas, narrativas de todo tipo, “blogs y noticias, chatbots e incluso creación de juegos ‘trivial’”.

A pesar del carácter aparentemente novedoso de esta realidad digital, hay que recordar que desde la década de 1960 ya se trabajaba en este tipo de diseños: “Por ejemplo, Sharples y Pérez describen programas automáticos de escritura de novelas que comenzaron en la década de 1960. Eran en su mayoría colaboraciones entre humanos y máquinas. Sin embargo, fue un programador llamado Scott French quien fue el primero en afirmar que había creado una novela completa escrita por IA. La novela se tituló “Solo por esta vez” y estaba escrita de tal manera que emulaba el estilo de la autora de la década de 1960, Jacqueline Susann. Scott hizo esto mediante el uso de reglas explícitamente escritas de IA simbólica. Por ejemplo, su programa usaba las reglas «Si… entonces» para mostrar cómo reaccionaría un personaje ante un evento. También usaría reglas para mostrar cómo es probable que el autor describa alguna acción en palabras. Este proyecto de escritura de libros de IA no terminó bien para Scott porque más tarde fue demandado por el patrimonio de Jacqueline Susann por copiar su estilo. El problema con el uso de IA basada en reglas era que requería mucho tiempo: Scott tardó ocho años en completar este libro. Otros proyectos de escritura automática encontraron problemas similares. La IA simbólica carecía de las capacidades de aprendizaje de las redes neuronales. Esto significaba que la programación humana que consumía mucho tiempo era la única forma en que este tipo de proyecto podía completarse”.

GPT-3, como modelo lingüístico de aprendizaje automático, funciona de la siguiente forma: “[…] el usuario puede introducir una secuencia incompleta de palabras y generar un texto a partir de ella.  Por lo tanto, se le puede comparar a un modelo de ‘autocompletar’, algo así como cuando un usuario está escribiendo un correo electrónico y el sistema le sugiere palabras para completar la frase y reducir así el esfuerzo. GPT-3 se ha entrenado con un conjunto de datos de unos 175.000 millones de parámetros (ponderaciones de neuronas artificiales) recogidos de sitios web como Reddit, Wikipedia, Google y otros, sumando mucho más texto del que ningún humano verá durante toda su vida. El entrenamiento de los programas generativos consiste en introducir parte de una frase y pedirle a la máquina que prediga la siguiente palabra. Luego se comprueba si el resultado coincide con la palabra correcta. Como en todas las redes neuronales, las ponderaciones se ajustan en función de lo bien que coincidan con la palabra correcta, por lo que, a medida que se introducen más ejemplos, la red predice la siguiente palabra con mayor precisión”.

Cuando el autor aborda conclusiones acerca de este sistema, afirma que “Sin duda, GPT-3 ha dado paso a una nueva ola de aplicaciones lingüísticas de IA que permitirá mejorar la comunicación con los ordenadores. También es probable que desencadene un movimiento hacia la automatización de los contenidos de Internet, como las crónicas deportivas, por ejemplo. El futuro de la comunicación lingüística de la IA ha tomado un nuevo rumbo como consecuencia de GPT-3. Sin embargo, a pesar de su fenomenal capacidad de aprendizaje, todavía carece de la comprensión semántica del lenguaje, ya que, a pesar de las apariencias, todavía no ofrece capacidades de escritura de narrativa extensa a nivel humano”. Aunque casi todo llegará y estando de acuerdo con él con este nuevo aviso digital, creo que olvida algo muy importante a la hora de enfrentarnos a la página en blanco: cuando se escribe siempre está detrás el alma humana y las máquinas, hoy por hoy, no la tienen, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada pero, si le falta alma, no es nada: «Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo». Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”.

Esto me pasa a mí y dudo que las máquinas “copien” este sentimiento no escrito. Me he enamorado de las palabras y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte de nada a las personas que quieres y, a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión, aunque GPT-3, todavía, no sea capaz de sentirlo así.

Recuerdo en este momento, ante la página que escribo hoy y para finalizar, a Gabriel García Márquez,  con motivo de la edición de un millón de ejemplares de Cien años de soledad, en un homenaje dedicado a él en Cartagena de Indias, durante la jornada inaugural del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, el 26 de septiembre de 2007, donde recordó cómo empezó su aventura de escribir: “No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”. También, me acuerdo ante GPT-3 de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura en 2006, en su artículo Una mirada a mis fuentes de inspiración, en el que explica de forma minuciosa, cómo se fraguó una novela que ha tenido luego su proyección en un museo de Estambul que conserva su título: El museo de la inocencia: “Treinta y cinco años después, al terminar El museo de la inocencia, decidí que había llegado el momento. De todos los libros que había escrito, esta novela era la que más claramente suscitaba preguntas como: “¿Cuándo se le ocurrió esta idea?”, “¿Qué le inspiró para escribir esta novela?”, “¿De dónde se sacó esto?”, y así sucesivamente. Y escribe una lista de influencias, hasta trece, “sacadas de la vida, la literatura y el arte”, con una maestría proverbial, con alma.

Quizás, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja. Lo verdaderamente difícil es la soledad sonora ante la página en blanco, en cualquier soporte (no sé si le ocurre eso a GPT-3), porque podemos decirlo todo o nada, de todos los modos posibles, aunque lo verdaderamente fascinante es comprometerse todos los días en decir algo especial. Porque nos queda la palabra. Nunca inocente, por cierto, sobre todo porque en mi caso, tienen alma, algo que nunca podrá descifrar una máquina, por muy “inteligente” que sea y aunque componga con “arte digital” palabras hilvanadas y extraídas de cien mil millones de neuronas que tiene mi cerebro. El alma no está ahí ahora. Estuvo cuando escribí esas palabras «especiales»…, para nunca más volver.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cerebro, ese gran desconocido

Sevilla, 28/XI/2022

A pesar de que las ciencias adelantan que es una barbaridad, hay que reconocer que en el mundo mágico del cerebro todavía queda mucho camino científico por recorrer. He dedicado centenares de páginas de este cuaderno digital para divulgar extraordinarios avances científicos sobre las estructuras cerebrales que permiten buscar caminos de prospección sobre la justificación de los actos humanos, porque nuestra identidad más clara reside en el cerebro, lugar donde se procesa cada vida humana a través de cien mil millones de neuronas que interactúan sin descanso alguno a lo largo de nuestra vida para “expresarse” a través de cada inteligencia humana. A pesar del tiempo transcurrido desde que se produjo el gran salto del momento alfa de la humanidad, la aparición de los humanos sobre el planeta, la verdad es que seguimos sabiendo muy poco de cómo funciona la compleja maquinaria estructural del cerebro y, sobre todo, por qué pensamos e interactuamos regidos por órdenes de ese cerebro, un gran desconocido todavía para la ciencia en todas sus proyecciones posibles, en los millones de maniobras de aproximación a su quintaesencia que se producen en el laboratorio de la vida corriente y de las ciencias neurológicas todos los días.

En este contexto, se acaba de publicar un libro extraordinario del profesor Javier DeFelipe, De Laetoli a la Luna. El insólito viaje del cerebro humano, cuya sinopsis oficial nos abre la curiosidad sana de iniciarnos en esta investigación a través de sus páginas: “En este libro el autor se ocupa de ciertos aspectos del origen de nuestras ideas, sobre la estructura del cerebro y su relación entre creatividad artística y cognición, temas que representan un puente muy interesante entre la ciencia y la filosofía. Con una sugerente narración, el autor utiliza numerosas obras y pensamientos de artistas y escritores como metáforas para saltar del mundo del arte al de la ciencia y viceversa, y para que al mismo tiempo sirvan de inspiración al lector para meditar sobre la naturaleza del cerebro, la esencia de nuestra humanidad. El resultado final es un libro híbrido —divulgativo, humanístico y científico— que aúna el rigor científico y el placer intelectual” DeFelipe es en la actualidad profesor de Investigación en el Instituto Cajal (CSIC), especializado en el estudio microanatómico del cerebro.

En el llamado “dossier de prensa” sobre esta publicación, nos podemos aproximar al contenido de la obra, con detalles de sumo interés, en palabras del autor: “En este libro trataré principalmente la evolución, la estructura y la función de la corteza cerebral humana. En concreto, haré hincapié en ciertos aspectos del origen de nuestras ideas sobre la estructura cortical y la relación entre microoorganización cortical, creatividad artística y cognición, temas que representan un puente muy interesante entre la ciencia y la filosofía. […] A lo largo del libro utilizo numerosas obras y pensamientos de artistas y escritores como metáforas para saltar del mundo del arte al de la ciencia y viceversa, y para que al mismo tiempo sirvan de inspiración para meditar sobre la naturaleza del cerebro. Entre los pintores incluyo a Leonardo da Vinci, el Bosco, Vincent van Gogh, Salvador Dalí y Pablo Picasso, entre otros, y a los escritores Gustavo Adolfo Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Ramón del Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Fernando Pessoa y José Saramago, por mencionar solo a algunos”.

¿Qué significa el título, De Laetoli a la Luna? Según DeFelipe, el rastro humano más antiguo quedó grabado sobre el barro en lo que hoy es el yacimiento de Laetoli (Tanzania), hace tres millones de años, hasta que lo llevó a la luna en 1969 y el viaje del cerebro a lo largo de este tiempo multisecular ha sido muy largo y complejo, algo que la ciencia multidisciplinar sigue intentando descifrar todavía en estos tiempos tan modernos. Queda mucho por hacer pero el profesor DeFelipe es optimista en el estado del arte actual sobre la investigación del cerebro humano: “La neurociencia ha avanzado de un modo espectacular en las últimas décadas, permitiendo el estudio del cerebro desde múltiples ángulos —genético, molecular, morfológico y fisiológico—; sin embargo, tan solo hemos comenzado a desentrañar algunos de los misterios que encierra, ya que el salto de una disciplina a otra es gigantesco y está poco explorado. […] Meditamos poco sobre nuestra humanidad, sobre lo que somos y el porqué de nuestra esencia. Pero esto cambiará en los próximos años y la neurociencia será el motor de una revolución cultural que transformará nuestra sociedad. Estoy convencido de que en un futuro próximo la sociedad y los dirigentes políticos comprenderán que el cerebro es el responsable de nuestra humanidad, y que para tener un cerebro sano y más “humano” o civilizado es fundamental considerarlo como un órgano especial: el cerebro puede ser dañado no solamente por diversos agentes materiales (por ejemplo, las drogas de abuso), sino que otros factores que podríamos llamar agentes psíquicos o mentales, como los inducidos por el medio ambiente familiar durante la infancia o la educación y la cultura, son también piezas fundamentales a las que debemos conceder la máxima atención”.

El libro me recuerda el trabajo que he desarrollado en este cuaderno digital y en las publicaciones que he puesto a disposición de la Noosfera sobre el cerebro y la inteligencia humana y digital desde el inicio de esta singladura digital a través del blog en 1995. Como curiosidad tengo que decir que la Introducción del libro de DeFelipe comienza también con un texto de Hipócrates de Cos (c. 460 a. C.-c. 370 a. C.), en su obra Sobre la enfermedad sagrada, que incluí a modo de portadilla en mi libro Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera Digital, publicado en 2007: “Los hombres deben saber que los placeres, las alegrías, la risa y las diversiones, así como también las penas, las aflicciones y las in[1]quietudes no se localizan en ningún otro órgano sino en el cerebro. Gracias especialmente a él, pensamos, vemos, oímos y distinguimos lo feo de lo hermoso, lo malo de lo bueno, lo agradable de lo desagradable […]. También por obra suya deliramos, enloquecemos, sufrimos la presencia de pesadillas, terrores, unas veces de noche, otras incluso durante el día, insomnios, extravíos injustificados, preocupaciones infundadas, desconocemos cosas habituales y realizamos actos insólitos. […] Por estas razones yo opino que el cerebro es un órgano de capital importancia en el hombre, pues es él quien nos interpreta los fenómenos procedentes del aire […]. Los ojos, las orejas, la lengua, las manos y los pies actúan en relación acorde con el conocimiento cerebral […]. El cerebro es el mensajero de la inteligencia”. Maravilloso.

Junto al texto anterior, publiqué también unas palabras de Howard Gardner, el precursor de la teoría de las inteligencias múltiples, sobre el que me especialicé con el paso de los años y durante mi etapa de investigación de la conducta humana y sus habilidades sociales, porque siempre me preocupó intentar descifrar el cerebro como el gran laboratorio personal e intransferible de cada inteligencia humana y porque en este largo viaje del cerebro humano, enunciado por el profesor DeFelipe, siempre se buscó su obstinación legítima, su auténtico sentido, resolver los problemas del día a día para poder ser felices: “Es de la máxima importancia que reconozcamos y alimentemos toda la variedad de inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias. Somos tan diferentes entre nosotros, en gran parte, porque todos tenemos diferentes combinaciones de inteligencias. Si llegamos a reconocer esto, pienso que, como mínimo, tendremos una oportunidad mejor de enfrentarnos adecuadamente a los muchos problemas que se nos presentan en el mundo. Si podemos movilizar toda la gama de habilidades humanas, no sólo las personas se sentirán más competentes y mejor consigo mismas, sino que incluso es posible que también se sientan más comprometidas y más capaces de colaborar con el resto de la comunidad mundial en la consecución del bien general. Tal vez, si podemos movilizar todas las inteligencias humanas y aliarlas a un sentido ético, podamos ayudar a incrementar la posibilidad de supervivencia en este planeta, e incluso contribuir a nuestro bienestar”.

Comienzo a leer el libro a través de las veintisiete páginas de su Introducción que facilita la editorial, hasta que pueda comprarlo con carácter inmediato. Me permitirá seguir avanzando en el conocimiento de este maravilloso viaje que describe el profesor DeFelipe, recordando también algo que me asombró hace ya muchos años al iniciar el proceso de divulgación en este cuaderno digital sobre mi investigación sobre la inteligencia digital, cuando escribí que hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos han aportado datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin”. Empezó la aventura de una mente maravillosa que sigue siéndolo en nuestros días y que ya alcanza la cima de ocho mil millones de mentes pensantes. El profesor DeFelipe lo demuestra de forma fehaciente y con autoridad científica en esta publicación, necesaria e imprescindible. Bienvenida sea.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El Congreso de los Diputados debe blindar la Verdad y Dignidad de sus Palabras

Sevilla, 25/XI/2022

Lo vivido en los últimos días en el Congreso de los Diputados, sobre todo la descalificación machista y soez de la diputada de Vox, Carla Toscano, dirigida a la ministra Irene Montero, de Unidas Podemos, creo que ha sobrepasado todas las barreras de la dignidad humana. Insultos, descalificaciones, citas torticeras, manipulación de noticias hasta límites insoportables, lenguaje soez, odio en definitiva, protagonizado siempre por la derecha en todo su arco parlamentario, muestran un mal ejemplo que provoca una instantánea desafección política y, por tanto, el ocaso de la democracia que tantas veces he citado en este cuaderno digital, porque es una pre-ocupación, con guion, que me con-mueve (también con guion) a diario, para no caer en el conformismo maldito que lo atenaza todo, como si todo esto fuera cosa de los demás y no un asunto propio como ciudadano demócrata de base.

En este contexto, se ha publicado un libro aleccionador, un ensayo didáctico en definitiva, El Ministerio de la Verdad: Una biografía del 1984 de George Orwell, de Dorian Lynskey, que viene a poner bastantes cosas en su sitio en el momento actual a pesar de su distopía intrínseca. Su sinopsis oficial no deja lugar a duda alguna: “La fascinante obra 1984, de George Orwell, se ha convertido en un relato definitorio del mundo moderno. Su influencia cultural puede observarse en algunas de las creaciones más notables de los últimos setenta años, desde El cuento de la criada de Margaret Atwood hasta el hito televisivo Gran Hermano, mientras que ideas como «Policía del Pensamiento», «doblepensamiento» y «nuevalengua» están arraigadas en nuestro discurso. El Ministerio de la Verdad traza la vida de uno de los libros más influyentes del siglo XX y una obra que es cada vez más relevante en esta tumultuosa era de «noticias falsas» y «hechos alternativos». Dorian Lynskey investiga las influencias que confluyeron en la escritura de 1984, desde las experiencias de Orwell en la guerra civil española y en el Londres de la guerra hasta su fascinación por la ficción utópica y distópica. Lynskey explora el fenómeno en que se convirtió la novela cuando se publicó por primera vez, en 1949, y las formas cambiantes en que se ha leído desde entonces, revelando cómo la historia puede orientar a la ficción y cómo la ficción a su vez puede influir en la historia”.

El ocaso de la democracia tiene una misión muy próxima a la creación de un Ministerio de la Verdad, en términos orwellianos. La derecha cerril y la ultraderecha crean poco a poco a modo de gota malaya un “nuevo lenguaje”, equívoco casi siempre, para defender su supuesta Verdad con mayúscula, manipulando todo lo que toca, convirtiendo todo en el contrario que haga falta, sin escrúpulo alguno y utilizando la maquinaria orwelliana de la única verdad posible. Creo que se puede llegar a entender así ya que los tres lemas del Ministerio de la Verdad de Orwell, El lema del Ingsoc (acrónimo del “socialismo inglés” en la novela de Orwell), es decir, «La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza», se puede trasladar a cualquier partido totalitarista de corte ultraderechista, como hemos podido visualizar y escuchar estos días atrás en el Congreso de los Diputados de nuestro país. Triste experiencia que va más allá de una distopía con visos de realidad, porque también frecuentan un lema que me horroriza: “Quien controla el pasado controla el futuro”, es decir, no conviene en este país que se respete la memoria democrática, porque los guardianes de la Verdad son ellos, a través su propia policía del pensamiento político. Si hay que cambiar la verdad de la Historia se cambia, porque para eso está detrás la maquinaria del partido ultraderechista.

Lo que me ha acabado sorprendiendo al acercarme a esta publicación de Dorian Lynskey es la justificación de por qué tituló así su obra, El Ministerio de la Verdad, extraída de una entrevista muy interesante con el autor: “[…] Me cuenta que, de entre todos los títulos posibles, eligió el de El Ministerio de la Verdad «para llamar la atención sobre la idea de un asalto a la realidad objetiva, que es esencial para los autoritarios y que se ha acelerado enormemente con Internet. Añade que no le habría sorprendido al autor descubrir que el Gran Hermano no era un requisito, que los ciudadanos se las apañan solos con la desinformación”. El totalitarismo social y político está cerca y estamos avisados.

Visto lo visto estos días pasados en el Congreso de los Diputados, entro de nuevo en mi Clínica del Alma, mi biblioteca, para leer a  Marco Fabio Quintiliano, abogado y profesor de retórica, nacido en Calahorra en el siglo I d. C., porque es rotundo en su Instituciones oratorias (1): “Por lo común, el discurso manifiesta las costumbres y descubre los secretos del corazón, y no sin razón dejaron escrito los griegos que cada uno habla en público según la vida que tiene” (XI, 1), es decir, el orador será honrado si es creído o creíble, como manifiesta también en el mismo libro, en el capítulo IV, 2: “Nunca habla mejor el orador que cuando parece hablar con verdad”. Lo que de verdad me llama la atención en Quintiliano es la contundencia a la hora de unir oratoria con ética, tal y como lo demuestra de forma reiterada en su libro: “No separo el oficio de orador de la bondad moral” (II, 18),  “Porque no solamente digo que el que ha de ser orador es necesario que sea hombre de bien, sino que no lo puede ser sino el que lo sea. Porque en la realidad no se les ha de tener por hombres de razón a aquellos que habiéndose propuesto el camino de la virtud y el de la maldad, quieren más bien seguir el peor; ni por prudentes a aquellos que no previendo el éxito de las cosas, se exponen ellos mismos a las muy terribles penas que llevan consigo las leyes y que son inseparables de la mala conciencia. Y si no solamente los sabios, sino que también la gente vulgar ha creído siempre que ningún hombre malo hay que al mismo tiempo no sea necio, cosa clara es que ningún necio podrá jamás llegar a ser orador” (XII, 1).

El que quiera entender que entienda, pero necesitamos buena oratoria de hombres buenos y mujeres buenas en política, para acabar con los escándalos y sonrojos parlamentarios. Lo que puedo asegurar es que hay que blindar la Verdad en el Congreso de los Diputados y en el Senado para responder de la mejor forma posible y no desde un Ministerio de la Verdad no inocente, de la derecha cerril y ultraderecha, a la pregunta que deja entrever lo sucedido: ¿No será que no hablan bien algunos padres y algunas madres de la patria, porque no son buenas personas? En Quintiliano se puede encontrar alguna solución a esta realidad que nos asola.

(1) López Navia, Santiago A. (ed.), El arte de hablar bien y convencer. Platón, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, 1997. Madrid: Ediciones Temas de Hoy. Sobre la obra de Quintiliano, he utilizado la citada por el autor en su libro, Quintiliano, Instituciones oratorias, en la traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, editada en Madrid en 1916 por la Librería de Perlado y Páez, sucesores de Hernando, a la que se puede acceder online en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Sevilla, en la siguiente dirección: Instituciones oratorias – Universidad de Sevilla (us.es), con alguna corrección sintáctica para facilitar la comprensión del texto.

NOTA: la imagen del autor, en la fotocomposición mía junto a la portada del libro, se ha recuperado hoy de Dorian Lynskey – Better Known

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¿Estamos donde debemos estar?

Isak Dinesen (1885-1962)

Sevilla, 16/XI/2022

Han pasado muchos años desde que escuché una frase en la película “Memorias de África” (1985), “Estoy donde debo estar”, que no he olvidado y que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías. La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan sólo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza. La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: ‘Estoy donde debo estar’».

He respetado el contexto de la frase citada porque responde a algo que necesitamos experimentar en la vida, la conciencia de la pertenencia al lugar y el sitio en el que vivimos, somos y estamos, algo mucho más profundo que el mero sentimiento. Es lo que aprendí cuando era joven en relación con la diferencia entre sentimiento y conciencia de clase, que no es lo mismo cuando lo aplicas a una determinada ideología, de clase, obviamente, no inocente. Esta dialéctica vital es la que me ha recordado hoy la frase de Isak Dinesen en Memorias de África, porque el drama vital está servido cuando no estamos donde debemos estar y, además, nos conformamos con el status quo de nuestra existencia, como si estuviéramos predestinados a ello. El conformismo, que tanto detesto y que puede llegar a modular nuestra ideología de clase, que también existe, es el enemigo público número uno de la vida, porque nunca avanzaremos en asumirlo, quedándonos afincados en meros sentimientos de quietud ante todo, que no es lo mismo, porque son estados pasajeros, nada más, que se olvidan con una frecuencia meridiana y no permanecen en nuestras personas de secreto, menos en la de todos. Cualquier compromiso humano brilla por su ausencia. No ocurre con la conciencia de clase, con una ideología detrás, porque toda la vida se circunscribirá a ella, fundamentalmente porque estaremos siempre donde debemos estar y no desubicados en todo lo que nos rodea, personas incluidas. Esa es y no otra, la auténtica razón de nuestra felicidad o infelicidad vital. Creo que he comprendido de nuevo a Isak Dinesen cuando, rememorando su experiencia biográfica en África, sabía elevar su mirada interior porque “Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: Estoy donde debo estar”. Meryl Streep y Robert Redford interpretaron esta conciencia del deber estar, a la perfección, en Memorias de África. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

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El mundo ha alcanzado hoy el último ochomil

Sevilla, 15/XI/2022

Utilizando el lenguaje de los alpinistas, el mundo ha alcanzado a la hora que escribo estas palabras el último ochomil, es decir, la cifra de ocho mil millones de personas que ya poblamos este planeta, según la previsión de Naciones Unidas: “un hito en el desarrollo humano. Este crecimiento sin precedentes se debe al aumento gradual de la esperanza de vida humana debido a las mejoras en la salud pública, la nutrición, la higiene personal y la medicina. También es el resultado de niveles altos y persistentes de fecundidad en algunos países. Si bien la población mundial tardó 12 años en crecer de 7 a 8 mil millones, tomará aproximadamente 15 años, hasta 2037, para que alcance los 9 mil millones, una señal de que la tasa de crecimiento general de la población mundial se está desacelerando”.

El Secretario General de la ONU, Antonio Gutierres, ha manifestado con ocasión de este acontecimiento mundial que “El hito es una ocasión para celebrar la diversidad y los avances, al tiempo que se considera la responsabilidad compartida de la humanidad por el planeta». Es muy interesante visualizar los documentos educativos que la ONU ha elaborado para este acontecimiento mundial, a través de una campaña, 8 Billion: A World of Infinite Possibilities (unfpa.org), en la que se ofrecen datos de suma importancia para comprender qué significa haber “alcanzado esta cima de población mundial”, este “nuevo ocho mil”, “una cima” de infinitas posibilidades, al compartir material sobre 8 tendencias para un mundo de 8 mil millones de personas: crecimiento lento, menos niños, vidas más largas, personas en movimiento, poblaciones que envejecen, mujeres que sobreviven a los hombres, dos pandemias y centros cambiantes.

Asimismo, se puede leer un documento elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA) de esta organización mundial, el informe nº 140 de políticas, Un mundo de 8 mil millones, en el que se desarrolla un análisis económico con inclusión de perspectivas para el futuro, en una realidad que se cumple hoy al haber crecido la población mundial en 1.000 millones desde 2010: “Este es un hito notable dado que la población humana fue inferior a 1 000 millones durante milenios hasta alrededor de 1800, y que tomó más de 100 años para crecer de 1 a 2 mil millones. En comparación, el aumento de la población mundial durante el último siglo ha sido bastante rápido. A pesar de una desaceleración gradual en el ritmo de crecimiento, se prevé que la población mundial supere los 9.000 millones alrededor de 2037 y los 10 000 millones alrededor de 2058”.

También se puede consultar otro documento esencial, Perspectivas de la Población Mundial 2022 (World Population Prospects 2022), que presenta proyecciones de población hasta el año 2100, reflejando una variedad de resultados muy interesantes a nivel mundial, regional y nacional. Por primera vez, las estimaciones y proyecciones se presentan en intervalos de un año de edad y tiempo en lugar de los intervalos de cinco años utilizados anteriormente. El documento trata de una realidad que no se debe olvidar: “la población mundial está creciendo a su ritmo anual más lento desde 1950, por debajo del 1 por ciento en 2020. Las últimas proyecciones de las Naciones Unidas sugieren que la población mundial podría llegar a alrededor de 8.500 millones en 2030 y 9.700 millones en 2050. Se proyecta que alcanzará un pico de alrededor de 10.400 millones de personas durante la década de 2080 y que permanecerá en ese nivel hasta 2100. El informe Perspectivas de la Población Mundial 2022 también indica que la fecundidad ha disminuido notablemente en las últimas décadas en muchos países. En la actualidad, dos tercios de la población mundial vive en un país o área donde la fecundidad a lo largo de la vida es inferior a 2,1 nacimientos por mujer, nivel aproximado para llegar a un crecimiento nulo a largo plazo en poblaciones con mortalidad baja. Se proyecta que la población de 61 países o áreas disminuirá en un 1% o más entre 2022 y 2050, debido a sus niveles persistentemente bajos de fecundidad y, en algunos casos, a sus altas tasas de emigración. Más de la mitad del aumento de la población mundial previsto hasta 2050 se concentrará en ocho países: Egipto, Etiopía, India, Filipinas, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo y República Unida de Tanzania. Se espera que los países del África subsahariana contribuirán con más de la mitad del crecimiento de la población mundial previsto hasta 2050”.

Por último, se ofrece otro informe, Crecimiento de la población mundial y desarrollo sostenible (Global Population Growth and Sustainable Development), en el que se examina cómo el rápido crecimiento actual de la población humana es una consecuencia de la transición demográfica de niveles altos a bajos de mortalidad y fertilidad. También explora la contribución del aumento de la población mundial a la degradación ambiental, incluido el cambio climático.

Fanfarria para el hombre corriente, Aaron Copland. Concierto realizado el 8 de mayo de 2005 en el Teatro Monumental de Madrid, bajo la dirección del maestro Jesús López Cobos, con la finalidad de la reconstrucción de un orfanato para 120 niños y niñas en Tete, Mozambique.

Con la información anterior se puede llevar a cabo una evaluación de esta “conquista humana” al haberse alcanzado esta mañana (en España) la “cima” de los ocho mil millones de personas que vivimos en este mundo tan diverso y complejo en sus políticas de atención a las personas, a todas y cada una, donde no se debería quedar nadie atrás en atención integral para salvaguardar el interés general. Conocer los datos de este acontecimiento mundial nos permitirá emitir juicios bien informados, porque es la quintaesencia de cualquier evaluación, lo que ayuda siempre a trascender el territorio tan abonado de la mera opinión.

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Debemos protegernos de la política del aturdimiento

Sevilla, 14/XI/2022

He leído con bastante emoción y sobrecogimiento el artículo que ha publicado mi admirado Manuel Rivas en elDiario.es sobre la catástrofe del Prestige, El negacionismo comenzó con el ‘Prestige’, al cumplirse el vigésimo aniversario de aquél acontecimiento trágico y con tantos daños colaterales, donde analiza la verdad de lo que ocurrió a pesar de la política de aturdimiento que se ensayó en aquél acontecimiento tan nefasto para la sociedad gallega y, por extensión, para todo el país: “Un analista político brasileño, Marcos Nobre, acuñó la denominación de “política de Atordoamento” (Aturdimiento) para definir lo que caracterizó la pasada campaña electoral. Un incesante bombardeo de fake news, videos montados y otros medios de propaganda basados en el engaño cuyo objetivo en principio sería convencer a los indecisos. Al final, más que indecisa, había mucha gente aturdida. En estado de estupor. Esa estrategia ya se ensayó en España con motivo de la catástrofe del Prestige. Fue laboratorio anticipatorio de muchas cosas. También de la política de Aturdimiento, una vez que en la población había cundido la desconfianza. Se negaba la mayor: lo que los propios ojos veían. Como en un verso de Manuel Antonio, el poeta gallego navegante, mirabas al mar y el horizonte estaba “enfermo”. Gravemente enfermo. Pero, además, se afirmaba, sin margen a la duda, que la decisión de alejar el buque era la única viable. “Lo volveríamos a hacer”, repetían los responsables una y otra vez”. Recomiendo leerlo, porque Manuel Rivas nunca defrauda con sus palabras cuidadas y blindadas para que la verdad resplandezca siempre en lo que dice y escribe.

Creo que conviene reflexionar profundamente sobre esta política del aturdimiento, entendido este como “una perturbación y falta de conocimiento causada regularmente por algún golpe u otro accidente que en cierto modo, priva del uso de los sentidos” (RAE A, 1781, pág: 482,1), aunque Covarrubias ya había adelantado su significado al asociarlo a un pájaro, el tordo, de ahí “atordimiento” que derivó en “aturdimiento”, porque es un ave que “tiene flaca la cabeza y en el verano se suele caer en el suelo aturdido por el calor”. Hoy, se entiende como una «perturbación de los sentidos por efecto de un golpe, de un ruido extraordinario, etc.», que se aplica en determinadas políticas “mentirosas” por oficio y definición, porque todas no son iguales y según la formulación anteriormente expuesta, como un incesante bombardeo de noticias falsas (fake news), videos montados y otros medios de propaganda basados en el engaño no inocente, cuyo objetivo es trasladarlas a la población en general para aturdir y perturbar hasta límites insospechados a la gente no informada e incauta.

Frente a la guerra tradicional estamos ante un nuevo escenario: la guerra digital. Marcos Nobre, el politólogo brasileño citado por Rivas en su artículo, ha ejercido la denuncia de forma continua durante la última campaña electoral para la presidencia de Brasil: “Bombardeas a las personas de manera que no consiguen ni siquiera pensar. Se quedan aturdidas por las bombas que caen en forma de fake news y vídeos, que impiden un debate público decente”, calificando al “bolsonarismo” como  “un “partido digital” que también usa la política clásica. Su principal método es el atordoamento (aturdimiento)”. En nuestro país también estamos viviendo esta política, ejercida por los partidos “mentirosos” y sus satélites de comunicación, léase medios de comunicación en general y redes sociales manipuladas hasta la saciedad, que como auténtica gota malaya presentan los hechos que ocurren como “verdaderos” desde su óptica, utilizando todo tipo de artimañas y lenguaje soez e indecente, para que triunfe su gran mantra: “cuanto todo esté peor, mejor”, sea lo que sea y caiga quien caiga.

Para comprender bien este fenómeno tan actual, vuelvo a recoger unas palabras de Manuel Rivas en el artículo citado que describen muy bien que significó esta política del aturdimiento en relación con el “Prestige”: “Los primeros días, se aplicó la política del Atordoamento. La gente reaccionó con estupor. Pero esta vez no acabaría metida en su concha. Ante la desinformación y el desgobierno se produjo una revolución de las conciencias. En los discursos políticos se invocaba mucho entonces a la sociedad civil. La teoría, sobre todo por parte de la derecha neoliberal, era: menos Estado, más sociedad civil. Pero cuando surgió la sociedad civil en activo, y eso fue Nunca Máis, los notorios ideólogos de la sociedad civil la declararon improcedente. Quienes se consideran propietarios de la Constitución, ignoraron que en ella se dice que ante una catástrofe es “imprescindible la solidaridad colectiva”. Entre comunidad y caos, la gente eligió la comunidad. Fue una revolución positiva, ecológica, en la que energía mareomotriz fue el civismo. Se limpió el miedo y se limpiaron las playas, las islas, los acantilados. Fue hecho social total. Con una excitación cultural creativa, en la que las armas eran los paraguas, las maletas, las cruces, las caracolas y manifiestos sentipensantes. Esa revolución tuvo su Internacional ecológica, con miles de voluntarios de todo el mundo. Si hoy hablamos del Prestige, veinte años después, es por una catástrofe agravada por el negacionismo. Pero, sobre todo, por la memoria fértil de una revolución cívica que resistió el bombardeo de mentiras, la intoxicación de las palabras y la política fósil del Aturdimiento”.

Estamos en plena política del aturdimiento, no nos engañemos. De ahí la importancia de descubrir la verdad donde se encuentre y de ayudarnos a identificarla para que de una célula humana podamos llegar a ser un tejido social y un órgano pensante de la Humanidad, lo que se ha llamado la Noosfera (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (1), esfera, en el ámbito digital, tan propicio para ese ámbito político: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos: la geosfera y la biosfera. Ante la política digital del aturdimiento, podemos contrarrestar esta burda acción con la inteligencia digital de la Noosfera. Ya lo dijo también Tom Wolfe en 2001, en un libro recopilatorio de artículos suyos, El periodismo canalla y otros artículos, donde encontré una referencia a Teilhard de Chardin, a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964, convirtiéndose también en icono de este blog desde su entrada en funcionamiento en 2005, que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. Todo ello si se utiliza de forma racional no a través de “noticias falsas”, en general, para producir sólo aturdimiento individual y social. Tim Berners-Lee, el inventor de la World Wide Web, señaló en su momento paralelismos entre la Web y la estructura del cerebro, pero insistió mucho en que el “cerebro global” no es más que una metáfora. Teilhard de Chardin, por el contrario, afirmó que la humanidad está constituyendo un cerebro real, como el de nuestras cabezas, pero de mayor tamaño” (2): la Noosfera, una malla pensante que nos puede librar del Aturdimiento, digital por supuesto, que nos rodea sin piedad alguna.

(1) Es muy interesante la cuarta acepción de “esfera”, aceptada por la Real Academia Española: “4. Ámbito, espacio al que se circunscribe una persona, una actuación, etc. (RAE, Diccionario de la lengua española, actualización 2021).

(2) Johnson, S., Sistemas emergentes, 2003. Madrid: Turner-FCE, 103s.

NOTA: NOTA: la imagen se recuperó el 17/XI/2019 de http://a53.idata.over-blog.com/460×600/1/21/63/43/2011-Catorce/medios-de-comunicacion1.jpg

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Mantengo mi palabra como un latido

Rafael Cadenas

Sevilla, 13/XI/2022

Si lo que nos queda en estos tiempos difíciles es la palabra, siguiendo de cerca a mi admirado Blas de Otero, sé que hay que cuidarla hasta extremos insospechados. Es lo que he entendido en unos versos de Rafael Cadenas, reciente Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2022, desconocido en mi acervo cultural, pero al que debo una aproximación tan interesante como la que nos muestra hoy el poeta venezolano Adalber Salas Hernández, en un artículo lleno de respeto y admiración de su vida y obra: Rafael Cadenas: un Premio Cervantes para la lengua. Creo que así lo he comprendido a través de la primera estrofa de unos versos suyos en el poema número 32 del volumen Intemperie, 1977, en su Ars Poética:   

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

Tal ha sido mi asombro ante esta belleza de contenido en palabras breves, que he continuado leyendo el poema completo, para descubrir su quintaesencia:

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni
añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Me sumo al reconocimiento del premio, a sus 92 años, una vida llena de versos del particular destierro de su alma humana. Yo conozco bien la poesía de Blas de Otero y su homenaje a la palabra, que aún nos queda, pero me ha estremecido leer que con ella No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni / añadir brillos a lo que es. / Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. / Seamos reales. / Quiero exactitudes aterradoras. / Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis / palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Hoy, cuando me he sentado ante pantalla en blanco del ordenador y he recordado en mi alma de secreto a Ítalo Calvino porque, según él, en ese momento puedo escribir muchas palabras, no olvido lo que dejó escrito: lo importante es que diga con ellas algo esencial. He vuelto a leer varias veces este poema y confieso que he sentido como mías las últimas palabras de Cadenas en su poema, porque dirigiéndome a ti, lector o lectora de estas líneas, creo que quien las lee es quien debe juzgar mi examen de estas palabras, a modo de conciencia viva, para no engañar a nadie a través de lo poco que me queda, esa palabra: Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme. Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Puedo asegurar que hoy la mantengo como un latido, porque estoy en este blog para decir verdad. A través de la palabra.

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Hay que reforzar la ética individual y colectiva ante el ocaso de la democracia

Sevilla, 12/XI/2022

Hace exactamente un año que publiqué en este cuaderno digital, por razones de necesidad que no de azar, un artículo sobre la ética para la postpandemia, atenazados como estábamos ante un peligro que nos acechaba a diario. Ha pasado un año y ahora la nueva pandemia que asola el país, la del virus de la antidemocracia, es lo que me anima a publicarlo de nuevo para reforzar los grandes principios éticos de la vida porque, sinceramente, no tengo otros. Cambio lo que tengo que cambiar por razones de contexto histórico, pero verán que tiene una actualidad plena ante el ocaso de la democracia en nuestro país.

Aquél día presenté en sociedad a Markus Gabriel, como un filósofo alemán de vanguardia y representante destacado del Nuevo Realismo, catedrático de epistemología, filosofía moderna y contemporánea en la Universidad de Bonn, director del Centro Internacional de Filosofía (International Center for Philosophy NRW) y del Centro para la Ciencia y el Pensamiento (Center for Science and Thought) en la Universidad de Bonn, que cuidaba con esmero científico el intercambio interdisciplinario entre la filosofía y las ciencias naturales para encontrar soluciones productivas y sostenibles a varias de las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo y que acababa de publicar en su traducción española un libro de gran interés para aquél tiempo de postpandemia, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI (1), donde según la sinopsis oficial de la editora “analiza los grandes problemas humanos de estos tiempos oscuros: la amenaza a la democracia por parte de la ultraderecha, la xenofobia, el populismo, la coerción a la libertad y al pensamiento a través de la digitalización a ultranza y la obsesión con la tecnología, el consumismo desaforado y los retos de nuestro entorno, en especial, el coronavirus y el cambio climático. Para poder enfrentarnos a ellos necesitamos recuperar los valores universales nacidos de la Ilustración, y la filosofía será una herramienta fundamental para crear una sociedad más libre y justa, capaz de desafiar a los retos del siglo XXI!”. Consideraba, por tanto, de indudable interés su lectura en tiempos de postpandemia, tiempos oscuros y difíciles por definición. Hoy, ante el ocaso de la democracia, como vemos casi a diario liderado por líderes políticos en nuestro país y más allá de nuestras fronteras, como fenómeno más preocupante que lo que se piensa superficialmente en este país de tanta desmemoria democrática.

Leí el libro, porque tenía en aquellos días la ilusión de dar sentido a mi vida después de una travesía dura y pertinaz como fue la pandemia del coronavirus y los daños colaterales asociados que, por cierto, tan pronto hemos olvidado. Esta es la razón de fondo para leerlo de nuevo, porque ante tiempos de turbación y de tanta mudanza anímica, haciendo caso omiso a Ignacio de Loyola, deseo buscar el acompañamiento de Gabriel Markus, lo que me permite descubrir de nuevo el poder de la ética, en su justo sentido, tal y como la he venido definiendo a lo largo de los años en páginas especiales de este cuaderno digital que busca, esencialmente, islas desconocidas. La ética que he aprendido y enseñado en mis tiempos académicos ha sido siempre la de la situación que, a diario, nos interroga en nuestra persona de todos y en la de secreto, para alcanzar un objetivo que nos haga ser más felices viviendo con sentido lo que hacemos a diario. No hay nada más inteligente en la vida que buscar la felicidad a diario a través de la inteligencia humana. Esta realidad ética la he definido siempre como el suelo firme que justifica nuestra existencia, es decir, la solería que ponemos a lo largo de la vida y sobre la que pisamos a diario para seguir viviendo con justificación de lo que hacemos, no mero ajustamiento, tal y como me lo enseñó el profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida, porque es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida.

Dije también aquél 12 de noviembre de 2021 que, siguiendo al pie de la letra a Cavafis, cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de la democracia, en múltiples proyecciones de la vida política diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. También acudo a Benedetti cuando hago esta pausa para escribir en este largo viaje ético a la Ítaca particular de cada persona, porque él siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, ofreciéndonos una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social con altura de miras éticas hacia la Ítaca de cada uno: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

También es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades sobre lo que nos pasa, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y alcanzar algún día. Aunque ahora tengamos que luchar contra un cíclope antidemocrático, con ojos de huracán político, al que venceremos si nuestro pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca nuestro espíritu y nuestro cuerpo. Porque hoy no olvidamos hacer una pausa Ética cuando navegamos a diario hacia cada Ítaca particular, que cuando llueve se moja como las demás al cruzar mares procelosos, a la que tenemos la legítima ilusión de llegar aunque ahora vivamos encerrados en una jaula de cristal.

Gabriel Markus habla en su libro, con rotundidad, de los peligros que nos acechan: “A los peligros de la crisis ecológica, así como de las nuevas guerras debidas a la potenciación del nacionalismo, que amenazan la vida de cientos de millones de personas, solo se les puede responder por medio del progreso moral. Ha llegado la hora de que el ser humano se acuerde de su capacidad moral y empiece a admitir que solo una cooperación global —que deje a un lado los egoísmos de los Estados nacionales— puede frenarnos en nuestro acercamiento cada vez más acelerado al precipicio de la historia mundial”. Y aborda determinadas respuestas a esta crisis galopante de valores, ofreciendo vías para alcanzar un nuevo progreso moral en el siglo XXI, entre las que destaca la detección de la nueva esclavitud humana que existe en la actualidad, el progreso y retroceso moral en tiempos de coronavirus, los límites que tiene el economicismo, arrojando una luz sobre una posible y necesaria pandemia metafísica. La Ética es hoy más necesaria que nunca, la ética de todos y para todos.

Creo que hoy, al publicar de nuevo aquellas palabras, salvando el contexto histórico que hay que salvar (mutatis mutandis), encuentro de nuevo en la frase final de la Introducción del libro citado, una declaración hermosa de intenciones al escribirlo, así como su hilo conductor: “La intolerancia radical, que tiene por objeto socavar por todos los medios posibles (incluida la violencia contra inocentes) las bases del Estado democrático de derecho, no es algo que uno deba tolerar. En consecuencia este libro se dirige a aquellas personas que sienten el deseo de abordar racionalmente —es decir, sin dejarse llevar tan solo por la propia opinión— la cuestión de si en estos tiempos oscuros hay hechos morales y un progreso moral, y de cómo podemos organizar un sistema de valores para el siglo XXI, sobre la base de los valores universales. Que esté creciendo la cantidad de personas que no se interesan por estas cuestiones forma parte del problema a cuya solución quisiera contribuir con estas reflexiones desde una perspectiva filosófica”. ¿Les suenan estas palabras en el contexto actual? De ahí mi interés por divulgarlo hoy de nuevo, porque lo necesitamos más que nunca ante los intolerantes y mediocres del Reino del Siempre Jamás, los antidemócratas por definición, que están mucho más cerca de nosotros de lo que parece a simple vista.

(1) Gabriel, Markus, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI, 2021. Barcelona: Pasado & Presente.

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