Andalucía: una realidad positiva (VI). Emilio Lledó

Quizá sea todavía un desconocido en su propia tierra, pero es una realidad muy positiva para Andalucía que Emilio LLedó (Sevilla, 1927), filósofo y persona coherente con su ideología y sentido de la amistad -una ciencia exacta según él- haya recibido el Premio Nacional de las Letras el pasado 17 de noviembre, cuyo objeto es reconocer el conjunto de la obra literaria de un autor español.

La noticia de este premio la recibió durante una entrevista entrañable que le hizo Tereixa Constenla el martes pasado, publicada en el diario El País y de lectura aconsejable. Las fotos que acompañan a este encuentro reflejan la sencillez transcendente de Emilio Lledó y su gran sentido del humor: “Eso quiere decir que ya estás tan viejo que están diciendo «vamos a despedir simpáticamente a este señor”. Además, este año es especial para él porque es el cuarto premio que recibe, junto al XVIII Premio Antonio de Sancha por su compromiso con la cultura y la literatura, el I Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña (México) y el V Premio José Luis Sampedro, de Getafe Negro. Este último tiene un valor extraordinario por la justificación del mismo, que simboliza muy bien la obra y vida completa de Lledó. “A su extensa labor docente, tanto en la enseñanza secundaria como la universidad, dentro y fuera de España, Emilio Lledó suma una obra de gran valor para acercar la filosofía clásica al lector de hoy, desde Platón y Aristóteles hasta su crucial trabajo sobre el epicureísmo. En sus libros, además de la pasión por la expresión cuidada, sustanciosa y clara a un tiempo, late un constante aliento ético y humanista, acercando el pensamiento a la reflexión sobre las inquietudes vitales individuales, sin perder nunca el rigor filosófico, como demuestra su celebrado ensayo Elogio de la infelicidad. La obra de Lledó ofrece, en suma, una oportunidad de conocer mejor de dónde venimos y pensar más hondamente qué somos y a dónde hemos de ir”.

El último libro que he leído de este autor comprometido con la palabra ha sido “Los libros y la libertad”, una recopilación de textos donde reflexiona sobre la importancia de los libros, de la palabra escrita y ordenada, sobre todo, para sí mismo y los demás. No en vano recuerda en sus páginas un texto premonitorio sobre el miedo humano a la palabra escrita, según el famoso diálogo de Theuth con el rey de Egipto Thamus: “Las letras producirán el olvido de las almas, al descuidar la memoria (personal), ya que fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos…” (Platón. Fedro, 274c-277a). Pero es imprescindible resaltar que la palabra, pensada o escrita, es lo que nos queda siempre como elemento claramente diferenciador de nuestra especie, porque somos el único animal que tiene siempre la palabra, por mucho que los poderes fácticos la quieran convertir diariamente en mercancía. Y las palabras se refugian a veces en los libros.

En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerde que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor premiado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1).

Gracias al profesor Lledó, por ser como es y por hablar siempre de la necesidad del compromiso activo en tiempos revueltos, como los que él vivió al emigrar intelectual y físicamente a Heidelberg con la maleta de cartón de toda la vida, fundamentalmente porque una de las dos Españas le heló su corazón inquieto: “La política es la administración de la justicia, de la educación y de la cultura con generosidad”. Impecable.

Sevilla, 20/XI/2014

(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

Se nos olvida el ébola

Objetivo Salud: Tráiler from ISGlobal on Vimeo.

Es curioso cómo reaccionamos los seres humanos. Estando siempre ávidos de la última noticia, es curioso constatar que cuando desaparece el interés privado y público desde el momento que teóricamente, que no realmente, se supera una crisis de la envergadura que hemos vivido, no se vuelve a hablar de ella. Nos ha ocurrido con el ébola y me llama la atención porque creo que no hemos reflexionado sobre el aviso para navegantes que hemos recibido con lo sucedido a Teresa Romero. Así es hasta que nos ocurra otra vez en una ceremonia del olvido digna de estudio. Por cierto, nada inocente.

Traigo a colación esta reflexión ética porque desde el pasado lunes se está llevando a cabo una acción de compromiso social del Instituto de Salud Global, con sede en Barcelona, bajo la denominación de #ObjetivoSalud, una campaña de tres semanas que quiere dar a conocer algunos de los principales problemas de salud que existen en el mundo. Son 15 piezas de vídeo que se emitien de lunes a viernes desde el pasado lunes 17 de noviembre, en el programa “Para Todos la 2” de la segunda cadena de TVE y de 15 artículos de texto que se están publicando actualmente también en el diario El País, en su sección Planeta Futuro.

La reflexión que me ha llamado más la atención es que el objetivo de la campaña, a través de trece cápsulas informativas, denuncia una realidad concreta de una brecha sangrante de 30 años: “30 años separan España de Mozambique. 30 años que ganas si naces en nuestro país. Tres décadas que el destino te roba si quiere que nazcas en el país africano. Porque en pleno siglo XXI, el sitio donde nacemos determina, y mucho, el número de años que vamos a vivir. Entre España, donde la esperanza de vida al nacer es de 82 años, y Mozambique, donde es de 50, la diferencia equivale a más de un tercio de vida”.

La campaña quiere llamar la atención sobre el fácil argumento de que “reducir la brecha de salud que existe en el planeta es una obligación ética. ¿Por qué la fortuna o el azar de llegar al mundo en una región determinada puede regalarte o robarte un tercio de vida? ¿Por qué cada día mil mujeres mueren en los países pobres por causas relacionadas con el embarazo, causas que en los países ricos se previenen o se evitan sin mayores problemas? Somos muchos los que creemos que esta situación no es justa, ni tampoco aceptable. Pero no se trata solo de un tema de ética. Recientes crisis de salud como la epidemia del ébola o la del chikunguña en América Latina ponen de manifiesto que reducir esta brecha es también un ejercicio de interés propio. Vivimos en un mundo interconectado en el que la salud también se ha globalizado. Igual que las personas viajan y se mueven, enfermedades como la tuberculosis, la polio o el sida se pueden extender fácilmente de una región a otra”.

Es evidente que seguir hablando del ébola es un ejercicio de interés público, que no hay que silenciar. Es necesario que las autoridades sanitarias aborden urgentemente una campaña de divulgación sobre este virus letal así como la toma de decisiones urgentes sobre acciones in situ, a través de la cooperación internacional, en aquellos países de África donde este virus mortífero está haciendo estragos.

Tenemos que pasar a la acción a través de una información de carácter público, sin olvidar este tipo de campañas que comento en este post y que considero impecable. Animo a seguirla de cerca, cuya información exacta se puede obtener en la página web del Instituto de Salud Global. Es lo que probablemente nos pide a gritos Teresa Romero con su silencio actual.

Sevilla, 19/XI/2014

No olvidemos a las víctimas de Bhopal

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ICJB

Treinta años después vuelvo a escribir sobre esta tragedia que golpeó a India el 2 de diciembre de 1984, que todavía sigue latente y manifiesta en cientos de miles de personas afectadas. He conocido recientemente que un grupo de supervivientes de aquella trágica fuga de un gas mortífero, el isocianato de metilo, encabezado por cinco mujeres, ha iniciado una huelga de hambre en Nueva Delhi, frente al parlamento indio, para reclamar un nivel mayor de las indemnizaciones vergonzantes que se pactaron en 1989 en un acuerdo extrajudicial con la empresa donde se produjo este desastre.

Reproduzco de nuevo aquél artículo que publiqué en un diario muy querido para mí, La Noticia de Huelva, que sigue vigente en todos sus términos. Solo una información simbólica: el pasado 29 de septiembre falleció en Florida Warren Anderson, el director de aquélla fábrica de pesticidas: “Tras enterarse de la muerte de Warren Anderson, los supervivientes de la catástrofe industrial en Bhopal, en el centro de India, se reunieron ante la planta de Union Carbide para escupir en su fotografía. Algunos le tiraron piedras, otros le pegaban con la suela de sus sandalias. “Era responsable de la operación y mantenimiento de la fábrica que mató a más de 25.000 personas y dejó con graves secuelas a muchas otras miles. Es terrible que muriera sin recibir ningún castigo”, explica Rachna Dhingra, al frente de la ONG Grupo para la Información y Acción de Bhopal” (1).

Solo pretendo hacer una reflexión sobre estas situaciones que responden a un fenómeno que me preocupa cada día más, los silencios cómplices, que callan de forma vergonzante ante ellas y que como en este caso las vivimos como lejanas, pero que cada día están más cerca de nosotros, de múltiples formas y que cada uno, en su persona de secreto, sabe reconocer e identificar inmediatamente. Debemos posicionarnos, porque es lo que reclaman esas cinco mujeres de Bhopal que al frente de los manifestantes y con su huelga de hambre, reclaman dignidad ante una injusticia clamorosa que ya arrastra treinta años de historia silenciosa.

Sevilla, 18/XI/2014

(1) http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/04/actualidad/1415140885_740881.html

¡Bienvenido, Mr. Anderson!

Sigo dando vueltas en mi cabeza a la experiencia de ayer (Cincuenta rupias), con el compromiso de Dominique Lapierre en India. Me impactó mucho la experiencia que contó de Bhopal, tristemente recordada después de casi veintidós años de muertes y heridas por la fuga del pesticida isocianato de metilo. Contaba Dominique que estaba impresionado por la manifestación reciente de mujeres, en su largo camino hacia Nueva Delhi, para reivindicar agua potable tantos años después de aquél domingo, 2 de diciembre de 1984, porque los acuíferos siguen contaminados.

En homenaje a todas las mujeres del mundo que alzan su voz para ser escuchadas en legítima defensa personal y familiar, incorporo hoy un artículo que escribí y publiqué en Huelva, sobre esa triste realidad, en el periódico “La Noticia”, el 10 de diciembre de 1984. Suena cercano y próximo en el tiempo. Desgraciadamente. Si quieres conocer algún detalle más, puedes consultar la siguiente dirección en Internet: http://www.foroidea.com/asfixia-bhopal.html. Seguir “interesados” en la realidad de Bhopal no debería ser solo cosa de algunos. Ayer me lo recordaron y así te lo transmito.

Sevilla, 27/II/2006

¡Bienvenido, Mr. Anderson!

Dentro de unos días todo volverá a su normalidad habitual, si es que en la India algún día es normal, dentro de tanta hambre y miseria como la circunda por todas partes. La ciudad de Bhopal, segundo gran aviso al mundo de las paradojas del desarrollo tecnológico actual, intentará reconstruir la vida en su sentido más estricto. Hombres, mujeres y niños tendrán que recuperar las ganas de vivir después de ser testigos de una tragedia servida en color por las grandes cadenas de televisión del mundo. Todos hemos podido comprobar en directo cómo se fabrica la muerte y las deformidades a pocos metros de casa. Para consuelo de la humanidad en general, parece ser que las madres gestantes van a vivir la incertidumbre de sus futuros hijos, a los que al menos se les garantiza la conservación de un único sentido: el gusto. Tremenda contradicción en una población atacada precisamente por el hambre y el desconcierto de seguir viviendo.

La insensibilidad humana alcanza límites preocupantes. Ya pueda hundirse el mundo de al lado, que mientras no afecte mis propios intereses humanos no voy a entrar en auténtica crisis de solidaridad.

Todo quedará en una cuenta corriente y en la clásica ropa usada, lavada y planchada «pret-á-porter en clase pobre» para «ayudar» a un pueblo «que se debate entre la vida y la muerte». Desgraciadamente y con el más puro sentido sarcástico del humor americano, «podemos construir la tecnología, podemos calcular los riesgos (sic), pero no podemos predecir la reacción de la gente, ya sea por falta de educación o por incompetencia. Siempre existe el imprescindible factor humano». Esta frase de taco de almanaque la ha pronunciado Marcel Lafollette, técnico del Instituto Tecnológico de Massachusetts y de la Universidad de Harvard. Según su interpretación, el factor humano tiene la culpa de todo. Verdaderamente, de vergüenza. ¿A qué ciudadano de Sanjuanico o Bhopal se le ha pedido parecer u opinión sobre la instalación de fábricas mortíferas a su alrededor físico? A nadie. ¿Qué técnico de estas fábricas tiene la patente de corso para no errar? Ninguno. Luego la conclusión es obvia: se tendrá que discutir la «necesidad» de mantener este tipo de fábricas o a lo sumo, enclavarlas en lugares de máxima seguridad mundial, si es que queda algún sitio seguro en el planeta. Pero echar la culpa al sufrido y nunca bien ponderado factor humano parece demasiado. Siempre se aprende perdiendo, pero pérdidas de esta envergadura no justifican ni tan siquiera al refrán.

Y sociológicamente nos sorprenden los dos lugares donde se han producido los dos grandes desastres en el espacio de días: ciudades y extrarradios de macro-micrópolis donde se concentra normalmente la pobreza. Sanjuanico y Bhopal se entienden a sí mismas por ser lugares donde la fuerza del desarrollo se mide por el autoritarismo de sus chimeneas y grandes depósitos. Una tímida valla metálica y letreros tipo de «toxic» con llama y calavera incluidas, «avisan» del peligro de la empresa. Creo que es una auténtica burla hacia la población colindante, donde entre otras miserias no tienen ni siquiera acceso a la escuela para aprender los avisos en inglés. Posiblemente, ni recursos económicos para comprar los «plásticos» cuyos componentes fundamentales se fabrican a cuatro pasos de sus casas. Es decir, gozan de la proximidad de «olores», «contaminación» y nubes tóxicas como justo castigo a construir los barracones donde malviven a escasos metros del césped de las grandes fábricas. Si vivieran en el centro de la ciudad no habrían sufrido sus consecuencias. Si además sus reivindicaciones ciudadanas se pierden en la selva de las justificaciones institucionales y tecnológicas, no hace falta más comentarios, como en los buenos chistes: el desastre está servido. Al igual que en las antiguas campañas de Navidad, habría que decir: «ponga unos cuantos muertos en sus pantallas de televisión», mientras se nos caen restos del polvorón clásico.

Huelva tiene mucho que pensar con estos avisos estratégicos. Estos desgraciados simulacros deben llevamos a formar grupos humanos, solidarios «a priori», para divulgar y conocer a fondo qué es lo que tenemos a un kilómetro en línea recta. Para ejercer la denuncia, para defender el derecho a la vida aunque ya hayamos nacido. Para respirar tranquilos y cuidar sigilosamente el olfato, maltrecho por ese «cierto olor a podrido» que nos rodea en la madrugada.

A los treinta y dos años del éxito de Berlanga con su película «Bienvenido Mr. Marshall», le podríamos pedir de nuevo un rodaje de reposición en nuestra ciudad. Sería el momento de vivir la experiencia de aquel inocente pueblo y alcalde a su cabeza, trocando aquella desilusión en vítores y aplausos para un desmontaje de lo existente, negando todos los cartones del bingo de las multinacionales de la muerte, en una demostración de fuerza ante tanto sinsentido. Es más o menos lo que tendría que haber pedido y vivido la población de Bhopal, cuando un alto directivo de la Union Carbide, propietaria de la planta de isocianato de metilo, decidió construir una factoría en su territorio.

Mr. Anderson se «quedó» allí, un director de típica factura americana, un «modelo» para la sociedad actual. Muchos hemos pensado estos días con auténtica añoranza el mensaje de Bardem: ojalá hubieran tenido la posibilidad de haber pintado en su pancarta: «¡Bienvenido, Mr. Anderson!». La caravana de Union Carbide pasaría de largo, dejando una estela de alegría en los habitantes de Bhopal o Huelva, pues desde la parábola del miedo es lo mismo…

LA NOTICIA. Lunes, 10 de Diciembre de 1984

Género y vida

Nueva imagen, nuevas ilusiones, nuevas ideas

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Mercedes Sosa, Todo cambia (letra de Julio Numhauser)

Dedicado especialmente a mi hijo Marcos, porque hace nueve años que me animó y asesoró para que iniciara esta maravillosa aventura de escribir y proyectar mis creencias, ideas, sueños, imágenes y palabras en este blog. Ahora, porque ha sido el artífice, con la calidad técnica que le caracteriza, de que todo esté a punto para cambiar la imagen y servicios de este cuaderno de inteligencia digital que busca islas desconocidas. Porque sabe tratar muy bien los sueños de los demás.

Como habrán observado las personas enroladas en esta “Isla Desconocida”, un barco muy querido por Saramago, el blog ha cambiado su imagen con un nuevo tema llamado Sorbet, que ofrece novedades de interés para todos. Fundamentalmente, la letra que utiliza, muy clara en su trazado y cuerpo, así como nuevos accesos a post de interés particular a través de los buscadores, calendario que resalta en rojo las entradas en un determinado mes, la nube de categorías, enlaces a post relacionados, rebloguear, clics “me gusta”, así como la disponibilidad de las llamadas “Páginas” de especial interés donde he situado por orden alfabético las publicaciones en formato libro que están a la libre disposición de las personas interesadas, con la única salvedad de que no se conviertan en mercancía o se copien sin hacer referencia a su autoría, sobre todo porque no son inocentes, estando protegidas por la licencia Creative Commons 4.0. También lo he acercado más a las redes sociales, ya que se pueden incorporar automáticamente seguidores, así como conectar directamente el post leído con Facebook, Twitter, Google +, etc. Por último, el blog se puede visualizar indistintamente desde un ordenador de mesa, tableta o teléfono inteligente, sin perder calidad alguna.

He esperado una semana para hacer públicos estos cambios, hasta que he consolidado en términos de calidad sentida y percibida todas las publicaciones desde diciembre de 2005, dado que ya cumplirá el próximo mes nueve años de singladura y quería garantizar la consistencia de este nuevo formato en todos y cada uno de sus textos e imágenes.

WORDPRESS

Sigo editando con WordPress, como desde el principio, por convencimiento pleno de lo que se denomina conocimiento libre y transferencia social del mismo, utilizando WordPress una avanzada plataforma semántica de publicación personal orientada a la estética, los estándares web y la usabilidad, con tecnología básica de software de fuentes abiertas. Además, porque WordPress es libre y, al mismo tiempo, gratuito.

Cambia, todo cambia. Ya lo dije en 2007, cuando celebraba el tercer aniversario del comienzo de esta singladura digital y me reafirmo en aquellas palabras porque son la quintaesencia de este blog: “He vuelto a abrir el cuaderno de derrota [en lenguaje del mar], sabiendo que el rumbo o dirección me lleva siempre a alguna parte previamente analizada en cartas náuticas/neuronales desplegadas en la corteza cerebral. O no, porque la isla desconocida guarda en sí misma un secreto a voces: solo se la conoce cuando se sale al exterior de uno mismo: es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (José Saramago, El cuento de la isla desconocida)”.

Y he vuelto a salir al exterior, buscando nuevas ideas, nuevos sueños, nueva imagen, para conocer todavía mejor este cuaderno de inteligencia digital, que ya leen muchas personas, más de quinientas setenta mil a lo largo de nueve años.

Sevilla, 16/XI/2014

La doble cara del emperador Augusto

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Ayer leí una entrevista extraordinaria de Guillermo Altares a Adrián Goldsworthy, Lecciones de Augusto para un mundo en riesgo. Augusto, emperador del presente, con motivo de la publicación en España de su obra “Augusto. De revolucionario a emperador” (1), porque aborda cuestiones de actualidad política en nuestro país. Es verdad que una imagen vale más que mil palabras y en este caso es así. El busto de Augusto, encontrado en 1910 en Meroe (Sudán), refleja cara de preocupación pese a la juventud que intenta representar el autor del mismo. Los ojos tristes, sobre todo, así como la comisura arqueada de los labios, simbolizan muchas caras de hoy ante lo que está pasando en el ámbito político, donde la democracia sale mal parada siempre: “Cuando [la democracia] se rompe, aparece gente como él”, afirma Goldsworthy.

El emperador Augusto, personaje histórico controvertido ante todo, plantea numerosos interrogantes en su recorrido vital que pueden servirnos de lecciones en la democracia española actual y a nivel mundial: “Cayo Octavio (63 antes de Cristo-14 después de Cristo), bajo el nombre de César Augusto, es una figura ineludible para entender lo que fue Roma y, por tanto, lo que somos nosotros y, a la vez, absolutamente contemporánea, porque su biografía plantea cuestiones cruciales como el naufragio que puede sufrir una democracia cuando sus instituciones dejan de funcionar o la tragedia de tener que elegir entre el caos o la dictadura (libios, iraquíes y sirios tendrían mucho que decir sobre este tema)”.

De la entrevista publicada, he reflexionado sobre algunos extremos clarificadores. El primero cuando Goldworthy afirma que cuando el pueblo está desesperado, desencantado, se puede aceptar cualquier líder que proporcione paz y estabilidad. Es un aviso para caminantes actuales, porque a río revuelto ganancia de pescadores… o salvadores de la patria, entrando como caballo en cacharrería en lo que hasta ahora ha funcionado con más o menos efectividad. La figura de Augusto se movía en la dialéctica tiranía/buen gobierno, siendo un modelo muy peligroso, siendo del color que sea la citada tiranía o dictadura, en términos contemporáneos.

En segundo lugar, las leyendas urbanas engrandecen a personas probablemente pequeñas, porque el populismo es la gran tentación de algunos políticos cuando llegan al poder. No se puede agradar a todo el mundo, pero se pretende y al final surge el león dormido de los gobernantes, de múltiples formas, pero aparece. Las apariencias temporales engañan, como pudo ser en la anécdota recogida por el autor de esta monumental biografía: “cuando [Augusto] ordenó construir el foro, los propietarios de unos terrenos se negaron a vender y él no quiso ni expropiar, ni quitárselos por la fuerza, por eso el foro no es un rectángulo, sino que le falta una esquina. Prefirió que su gran proyecto arquitectónico fuese imperfecto a saltarse su propia ley”. El que quiera entender que entienda.

Además, la dialéctica sempiterna con la religión, cristiana por más señas. El empadronamiento ordenado por Augusto y recogido por el evangelista Lucas, dejaba entrever que el gobierno romano estaba organizado más allá de sus fronteras naturales, aunque no temblaron sus huestes ante la insurrección de un profeta revolucionario llamado Jesús de Nazareth, cuyo “reino” no era el de Augusto. Es importante también esta reflexión sobre el nerviosismo de los emperadores de hoy de nuevo cuño, con trajes nuevos, cuando surgen voces disidentes con visión nueva y a veces profética ante la corrupción desnuda.

En cuarto lugar, su cara misteriosa espléndidamente representada en el busto citado anteriormente, “encarna el misterio y el abismo del poder. Y por eso será siempre nuestro contemporáneo”, tal y como finaliza su entrevista Guillermo Altares. No se nos debe olvidar esta lección de historia, que no será nunca tal y como me la contaron en mi infancia, donde Augusto fue el emperador que quiso acabar de una vez por todas con alternativas a su poder corrupto ante el Senado, a través de un ciudadano de su imperio, no empadronado, llamado Jesús, rey de los judíos, un revolucionario que no quiso ser emperador, que contaba cosas muy interesantes, que formó un gran equipo y que quería atender sobre todo a los más desprotegidos, a los engañados por el poder. Y era una persona corriente, lo que suele poner muy nerviosos a los malos gobernantes: cuando se cansaba, dormía sobre el cabezal del barco, como nos lo contó hace ya muchos años un joven periodista de nombre Marcos.

Sevilla, 9/XI/2014

NOTA: La fotografía es un fragmento de la publicada en la entrevista citada en el post, recuperada de http://cultura.elpais.com/cultura/babelia.html.

(1) Goldsworthy, Adrian (2014). Augusto. De revolucionario a emperador. Madrid: La Esfera de los Libros.

Personas, no basura

INMIGRANTES
El grupo de inmigrantes (1), en el momento de su traslado en un camión del servicio de basuras. / BORJA SUAREZ (REUTERS)

Esta imagen de una playa de Maspalomas (Gran Canaria) vale más que mil palabras, porque resume muy bien el estado de la falta de ética que está arraigando en nuestro país. Es una mezcla de miedo, ignorancia, desprecio, sinsentido, hartazgo de los pobres, de los sin papeles, de los subsaharianos, de las pateras, de ese mundo que no queremos ver ni que nos lo recuerden a diario. Parece que ese fuera su sitio, el camión de la basura del primer mundo, aunque no lo hayan pretendido las autoridades competentes, pero leer la noticia (1) es cuando menos sobrecogedor.

España debería pararse un tiempo para reflexionar sobre lo que está pasando, fiel reflejo de lo que también sucede fuera del país, pero algo no va bien cuando no sabemos reaccionar ante estas situaciones, donde echamos la culpa al ébola. Pero esa no es la razón auténtica. Existe un miedo escénico a esta enfermedad, es verdad, pero ya sabemos que se puede vencer. Aún en el peor de los casos de que se hubiera comprobado que estas personas estaban en un proceso de ébola, no son las formas adecuadas tenerlos cinco horas al sol, rodeados de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sin atención directa, como apestados. Han sido una vez más los miembros de Cruz Roja y médicos de la Consejería de Sanidad de Canarias los que con su apreciación directa han descartado tal eventualidad y ya han podido ser evacuados…, sin dignidad alguna, en el camión de la basura de la playa, a pesar de sus advertencias.

Creo que es urgente tomar cartas en el asunto y los poderes políticos tienen una gran responsabilidad, sin que tengamos que esperar a las próximas elecciones. Se impone celebrar inmediatamente un pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados y en los diferentes Parlamentos Autonómicos, para sentarse y dialogar sobre los puntos de convergencia que sentimos todos como imprescindibles para negociar una salida digna a esta crisis, pasando inexcusablemente por abordar urgentemente medidas extraordinarias contra la corrupción, paro y blindaje de derechos fundamentales, con prioridades que se reflejen en textos legales sobre salud, educación y servicios sociales. Aquí es donde echo de menos el liderazgo de las fuerzas políticas que tradicionalmente lo han podido hacer por sus idearios, como son partido socialista e izquierda unida. Podemos ha venido a remover los cimientos de esta situación de desencanto consustancial con nuestras vidas, que se ha hecho insostenible, pero no podemos ni debemos esperar a las próximas elecciones.

He escrito en diversas ocasiones en este cuaderno de inteligencia digital sobre la realidad de la inmigración, del sinsentido de las vidas de estas personas del camión: “¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.

Es probable que con una regeneración ética iniciada con carácter urgente y extraordinario, a través de una segunda transición, a nadie se le ocurra ya este tipo de traslados, que simbolizan el estado ético en quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones que lleven a alguna parte, sobre todo digna. No queda otro camino. Estas personas del camión, entre otras muchas, se lo merecen.

Sevilla, 6/XI/2014

(1) Santana, Txema (2014, 6 de noviembre). 23 inmigrantes, cinco horas aislados en una playa por sospechas de ébola. El País.com

Yo y tú, nosotros, nosotras…

DOS DIAS UNA NOCHE

La vida es una dialéctica permanente entre el yo y el nosotros, por no agravar el problema si desarrolláramos todos los pronombres posibles, integrando también a él y ella, vosotros y vosotras, ellos y ellas. Pero tenemos que enfrentarnos todos los días a esta situación al subir al escenario del gran teatro del mundo de cada uno, de cada una. Cuestión difícil, máxime cuando lo abordamos en la situación actual de crisis, donde aflora el miedo a lo desconocido todavía, desencadenando acciones que provienen de respuestas que elabora nuestro cerebro primitivo, reptiliano, al que afortunadamente rodean desde hace millones de años las nuevas estructuras cerebrales que nos identifican como personas.

Esta reflexión la hago después de haber integrado el mensaje de una película reciente, Dos días y una noche, que plantea un dilema muy cercano a nuestra realidad actual del yo y del nosotros. El argumento es complejo en sí mismo, porque una trabajadora, Sandra, ha sufrido una baja por depresión. Cuando se va a reincorporar al trabajo, conoce que sus compañeros han votado a favor de cobrar una paga extraordinaria a sabiendas de que ese dinero le pertenece a ella, porque si ellos la cobran, pierde definitivamente su trabajo, porque entre otras razones “no es productiva” y el trabajo que antes hacían 17 personas ahora lo pueden hacer dieciséis. De esta forma, ayudada en todo momento por su marido, dedica un fin de semana, el que da título a la película, a intentar convencer a sus compañeros de que reconsideren su decisión.

Carlos Boyero, en su crítica de esta película decía de forma acertada: “Este es el arranque de una película que reproduce tenebrosamente el aquí y ahora en una Europa masacrada por la crisis que propiciaron los grandes e impunes villanos. Habla de algo fundamental en medio de la desdicha personal llamado puesto de trabajo, de la tragedia que supone en un mercado sin salida que te despojen injustamente de él, de la solidaridad y de su ausencia entre trabajadores, de las sucias salvaciones cotidianas, de la asfixia económica que puede hacer aflorar la mezquindad, del sálvese quien pueda, del mantenimiento de la dignidad en circunstancias duras que exigen un precio alto”.

Creo que más allá de la dialéctica que enunciaba al principio de estas palabras, el problema habría que situarlo en él, ella y en ellos, ellas, sobre todo cuando se desplazan permanentemente responsabilidades sobre los demás, escondiendo la cabeza en actitud vergonzante cuando habría que dar la cara ante situaciones clamorosas. Cuando Él o Ella retratan perfectamente a organizaciones, Gobiernos, Administraciones, poderes públicos, políticos y responsables corruptos, porque todos no somos iguales. Es muy triste que se eche a pelear a la sociedad entre sí, a Sandra y a sus compañeros de trabajo, cuando las razones de tanta miseria actual están en personas sin escrúpulos, como estamos viendo a diario. Aunque a nivel doméstico, es bueno que veamos películas como ésta, porque al final todos estamos implicados en comprometernos de una forma u otra con el nosotros solidario, más allá de lo que nos afecta solo al yo y tú personal, el de todos y el de secreto.

Sevilla, 2/XI/2014

¿Por qué escribo?

VOCACION
William-Adolphe Bouguereau (1825-1905), Vocación

Es una pregunta a la que todavía no había dado respuesta, como a tantas preguntas de mi vida, sobre todo tres que superan con creces a ésta (Eclesiastés, 3, 1-22): ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él? A día de hoy, la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.

Escribir es una realidad más terrenal, pero tiene un misterio intrínseco a su razón de ser y existir, que deseo revelar en lo que me afecta personalmente. ¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida decidiendo. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora.

En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.

José Manuel Blecua, director de la RAE, ha dicho recientemente que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Sevilla, 30/X/2014

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776

Sí me importa

He conocido el proyecto «Sí me importa» que impulsa Oxfam Intermón para promover la inversión pública en cooperación internacional (1), que aconsejo visitar en su portal web específico. Creo que hay que colaborar con este proyecto desde cualquier sitio que ocupemos en la sociedad y siempre he pensado que un blog puede ser un medio importante para reforzar estos proyectos solidarios y promover el movimiento celular que haga posible un tejido social crítico en situaciones como éstas. Esta es la razón de por qué afirmo rotundamente que sí me importa tratar estos asuntos en este cuaderno de inteligencia digital, como una forma de compromiso activo que intenta siempre explorar islas desconocidas: «hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima, su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar».

Hay muchas formas de colaborar con «Sí me importa» y una de ellas me ha parecido extraordinaria por su originalidad, por su proyección a través del arte, el cómic, el cine, el teatro o el arte contemporáneo. Desde este momento se puede visualizar ya este compromiso colectivo a través del cómic, en la siguiente dirección web: http://comicontour.ojoylapiz.com/webapp/, que culminará con una publicación de un libro en el mes de diciembre, que editará Astiberri: «El proyecto Viñetas de Vida se ha cocinado con todos esos ingredientes de la mano de los mejores artistas del cómic español. Acompañados de sus cuadernos de viaje, Miguel Gallardo, Sonia Pulido, Álvaro Ortiz, Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou (laGRUA), Paco Roca, David Rubín, Antonia Santolaya y Enrique Flores, viajaron a países de África, América Latina y Asia para conocer de primera mano proyectos de cooperación y a los millones de personas que se encuentran detrás. El resultado son 8 historias en viñetas que nos trasladan a Guatemala, Colombia, Nicaragua, República Dominicana, Marruecos, Mauritania, Burundi y Filipinas. […] Son relatos en viñetas contados desde la libertad y la creatividad de los autores y autoras, que muestran a personajes reales: hombres, mujeres y niños que, con el apoyo de la cooperación, son capaces de cambiar sus vidas y las de sus comunidades. Ante el panorama de los drásticos recortes que la ayuda oficial al desarrollo viene sufriendo desde el inicio de la crisis, ahora corre peligro».

Podemos llevar a cabo múltiples acciones solidarias para que el Gobierno central y los autonómicos sean sensibles con la cooperación internacional, incluso en tiempos de crisis, porque la situación es absolutamente desproporcionada. A lo que aquí llamamos pobreza, en otros lugares del mundo lo llaman desnutrición, muerte infantil, juvenil y de adultos, y desolación. El tiempo corre en contra de los más desheredados y es necesario tomar partido desde este momento, desde ese momento en que cada persona se muestra cercana a estas realidades no tan lejanas.

La historia de Miguel Gallardo, Aquí vive Dios, me ha sobrecogido especialmente, sobre todo porque ya tuve la oportunidad de conocer la impresionante sensibilidad de su persona de secreto en un cómic que guardo en el corazón, María y yo, sobre el que escribí en este blog en 2011, porque era una historia entrañable para personas preocupadas por la inteligencia colectiva y conectiva, por su capacidad para resolver problemas.

Sevilla, 28/X/2014

(1) Constenla, Tereixa (2014, 28 de octubre). El cómic de la conciencia. El País, p. 56.

La culpa de la crisis no la tiene la gente

Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila
Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas
Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias

ESTRIBILLO
Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS)

De acuerdo con Groucho Marx, estamos alcanzando con nuestro único esfuerzo las más altas cotas de la miseria, viniendo la humanidad de la nada, pero es muy importante distinguir bien quién tiene la culpa de lo que está sucediendo alrededor de la crisis generalizada o miseria obscena que nos rodea y quiénes son los culpables directos de la misma, porque todos no somos iguales, ni somos partícipes de la misma forma en lo que está ocurriendo. Estamos en un momento muy delicado como para seguir aceptando que la culpa no está identificada, porque no es así.

Las personas de mi generación, que ya ha superado con creces los sesenta años, hemos crecido con un capítulo de culpas en nuestras espaldas, con nuestro único esfuerzo, según Groucho de nuevo, muy alentado por las tesis creacionistas que alentaron el pecado original como la causa de todos los males actuales, aunque siga defendiendo que el primer problema que desató la culpa en el ser humano no fue la manzana del paraíso sino la soledad humana, cuando el primer hombre y la primera mujer decidieron cambiarse de sitio y comunicarse con los demás, dándonos cuenta que convivir es difícil como lo ha demostrado la democracia, afortunadamente, durante tantos siglos, dando vida diaria a los capítulos de culpa de cada uno y de todos en general: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso” (1).

No hace falta ser Einstein para identificar los culpables actuales de lo que está ocurriendo en el mundo abierto que crearon nuestros antepasados hace millones de años. Son los que han organizado la respuesta a la soledad de los viajes humanos mediante cualquier capital, ofreciendo a precio de préstamo los placeres de la vida, alejándonos del esfuerzo y de la educación ante la adversidad, porque al final, dicen, todo se puede comprar con dinero, incluso a plazos que cuestan la misma vida cumplirlos. Es fácil entonces poner nombres y apellidos a los culpables de lo que está ocurriendo con la crisis actual, en torno siempre al capital: personas y sociedades mercantiles, bancos y cajas, Gobiernos y Partidos de aquí y allá, de derechas e izquierdas, empresarios sin escrúpulos, proteccionistas de la economía sumergida, expertos en silencios cómplices, porque poderoso caballero es don dinero, porque de todo hay en el Paraíso del Señor, al que se lanzaron desenfrenadamente nuestros primeros padres, según los creacionistas y así les fue, teniendo que salir de él con lo puesto. Los que profesamos fe en la evolución, también nos encontramos con que algunos inician de la misma forma este viaje hacia ninguna parte, empeñados en encontrar siempre El Dorado de nuestras vidas, no respetando para nada lo que dice la ciencia: que desde África se emprendió otro viaje apasionante de creación de la humanidad actual, abandonando aquellos antropoides sus usos y costumbres personales y familiares de toda la vida, donde queremos volver muchas veces desesperadamente, en gritos ecológicos de vida lenta y alternativos a las costumbres tan arraigadas en la sociedad actual de consumo a cualquier precio, de conversión mundial a la mercancía.

Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. Tenemos un origen común, sin lugar a dudas, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, deciden hoy, en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes.

Sevilla, 26/X/2014

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (2011). ¿Por qué existe el mal?: http://www.joseantoniocobena.com/?p=2151