Diccionario urgente para construir un país diferente

BARBARISMOS

La semana pasada se publicó el nuevo Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), en su 23ª edición, que califico como acontecimiento no inocente dado que los diccionarios no lo son, porque intentan dar respuesta a palabras actuales en contextos muy diferentes, dando como resultado muchas situaciones de forma desigual cuando intentamos describirlas con palabras (dicciones) aparentemente neutrales. También se ha publicado en estos días un “diccionario” alternativo al citado anteriormente, que lleva por nombre Barbarismos y cuyo autor es el escritor argentino Andrés Neuman. Su propuesta es “…una puesta al día de acepciones de medio millar de palabras adaptadas a la realidad palpitante, no como entes solos, sino conectados con el individuo y la historia”, porque “En el mundo de Andrés Neuman, las personas tienen una piel y una armadura hecha de palabras. Parte del ADN de los habitantes de ese mundo son esas mismas palabras que, como organismos vivos, tienen una memoria que les otorga una perpetua naturaleza mutante que sirve no solo para señalar las cosas, sino, sobre todo, para entenderlas y ver su evolución” (1).

Me ha parecido muy sugerente la propuesta de El País, de invitar a veinte escritores para que propusieran acepciones diferentes a las usuales del DRAE, al igual que las de Barbarismos, para hacer un diccionario actualizado de la vida, por lo que he considerado oportuno hacer una operación rescate de las acepciones que utilizo normalmente para abordar respuestas a situaciones urgentes de este país. Tarea nada fácil, pero sugerente, sin tener que calificar necesariamente estas nuevas acepciones como barbarismos. Nada más lejos de mi intención…, no inocente por cierto, fundamentalmente porque he seleccionado solo diez para configurar la primera página a título de prólogo imaginario de un hipotético diccionario urgente para un país diferente:

Dignidad. 1 Cualidad prehistórica en desuso por muchas instancias oficiales y particulares en el mundo actual, que se busca normalmente con linterna, casi siempre vinculada como en el siglo XVIII a la Iglesia, a la Corte y a la idea del hombre frente a la mujer, como lo traduce el ejemplo en relación con la utilización que hace Fernando de Rojas, en Calixto y Melibea, en boca de Sempronio, el criado de Calixto: “…Sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la flaca mujer”, aceptando el lema digno como correspondiente, proporcionado, conforme al mérito y dignidad del sujeto, referido fundamentalmente a acciones beneméritas o acreedoras de algún honor, recompensa o alabanza, con ejemplos muy vinculados a méritos a la realeza o a la prohombres de la Iglesia o a hombres de la sociedad renacentista. // 2 Lo más próximo o lejano para muchas personas (según se mire…) de la seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras.

Ética. 1 Suelo firme que debe justificar todos los actos humanos. // 2 Solería de la vida, que no se vende todavía en el polvero de mercado. // 3 Conducta que se refiere solo a la obra que escribió un día Aristóteles con ese título, de imposible cumplimiento para muchos hoy día, fundamentalmente por su antigüedad. 4 Arte de detenerse en las propias contradicciones. (A. Neuman). // 5 Moral sin púlpito. (A. Neuman).

Honestidad. 1. Señora muy seria en la que se convierten las personas exquisitas del lugar. 2 Palabra secuestrada por instancias de Gobierno, Políticas y, a veces, por la Iglesia oficial. // 3 Forma de presumir las carencias propias de su género. // 3 Espectáculo inverso cuando falta, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, que traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma, que no es honesta.

Mercancía. 1 En lo que se convierte todo ser humano cuando pierde la toma de conciencia de sus derechos y deberes. // 2 Elemento social y económico en guerra abierta con los derechos y deberes humanos. 3. Entiéndase como elemento consustancial para quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, del que defiende normalmente las mercancía en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Por ejemplo, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra (Cfr. Ética) en las vidas de los que los diseñan.

Palabra. 1 Conjunto de signos que cada vez simbolizan menos. // 2 Algo residual que les queda a algunos si han perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiran, como un anillo, al agua (Blas de Otero). // También, dícese de lo que le queda a algunos si han sufrido la sed, el hambre, todo lo que era propio y resultó ser nada, incluso si han segado las sombras en silencio; si abren los labios para ver el rostro puro y terrible de nuestra patria hoy, incluso hasta desgarrárselos.

Persona. 1 Palabra destrozada por el vocabulario actual de objetos. // 2 Ciudadano que suele aparecer como tal en etapa de elecciones. // 3 Vocablo que solo se entiende su contenido cuando se habla de VIPs en el mercado mundial. // 4 Ser que se olvida en el mayor espectáculo del mundo de las mercancías, de la economía de mercado.

Picaresca. 1 Arte de eludir responsabilidades de todo cuño. // 2 Escenario habitual en tertulias y compromisos fiscales, teniendo como protagonistas a personas “listas” (los demás, personas cumplidoras, son los “tontos” del lugar). // 3. Actitud del que se burla permanentemente de las personas honestas.

Responsabilidad. 1 Capacidad de dar respuestas a través de la inteligencia y la libertad para actuar en consecuencia, siempre que haya preguntas adecuadas. // 2 En sentido figurado, autoridad y si es militar, mejor, por supuesto. // Cuestión que por definición solo afecta a los demás.

Valores. 1 Creencias que se pierden diariamente y de las que todo el mundo comenta la urgencia de su rescate, pero “a mí que no me llamen”. // 2 Creencias que cada día cotizan más en el mercado de las mercancías.

Vicio. 1 Virtud pública y oscura de personas “listas” que es censurada por todos los que las “sufren” a diario. // 2 Actividad privada de determinadas personas que se suele rentabilizar como virtud pública, hasta que un día las descubren (entiéndase como un ejemplo claro el de las tarjetas «black» de Caja Madrid). // 3. Es probable que el conocimiento nos permita comprender que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

En este caso, cualquier parecido de estas palabras con lo que significan en la nueva versión del Diccionario “oficial” de la Real Academia Española, no debería solo ser pura coincidencia. Es probable que me convierta a partir de ahora en consultor asiduo de la Fundación del Español Urgente, para estar cerca de las recomendaciones diarias y respuestas a las consultas que reciben, porque necesitamos estar muy presentes en la vida ordinaria de las palabras que utilizamos, escribimos y… vivimos, quedándonos finalmente con ellas, configurando de esta forma un diccionario actualizado que nos ayude a comprender y construir nuestra complicada vida y la del país en general.

Sevilla, 20/X/2014

(1) Manrique Sabogal, Winston (2014, 18 de octubre). Diccionario alternativo sin la RAE. El País, Babelia, 10s.

Si puedes…

Hoy he recordado un poema precioso de Rudyard Kipling, Si, que sigue siendo un exponente claro de la dialéctica de la vida, en la clave que aprendí también hace ya muchos años de Pascal: diversión o compromiso en la vida personal e intransferible, porque… esa es la cuestión. Y siempre he optado por l´engagement (el compromiso), tal y como se conocía históricamente en su correcto francés. Es importante volver a leer ese poema completo para comprender bien que en la vida hay tiempo de todo, viviendo con el espíritu finalista del Eclesiastés, aunque hay preguntas transcendentales que difícilmente tienen respuesta lógica: agregar años sin fin a la vida, diferenciarse de los animales al morir, porque somos polvo, y la soledad porque no hay acompañamiento posible para conocer lo que hay después de la vida. Es decir, preguntas y problemas sin respuesta: “Paradójicamente, a esas cuestiones ya respondió hace siglos la persona que mejor conocía la comunidad, es decir, el más inteligente, el superdotado de entonces, porque respondía a todos los problemas en los pueblos ribereños que hoy se debaten en guerras fratricidas: el Eclesiastés. Cuando todo era silencio sin respuesta ante la adversidad, decía: mejor es caminar juntos que uno solo, porque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna” (1). Por eso es importante releer una y mil veces a Kipling y situarse en cualquiera de sus condicionales.

Hoy he elegido uno en concreto, porque traduce muy bien esa dialéctica, más cuando la has vivido personalmente:

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Sueños, pensamientos, sentimientos, Triunfo y Desastre, la verdad, manipulación, destrucción, volver a empezar, ave fénix, etc., son elementos que nos acompañan en muchos momentos de la dialéctica de la vida, porque es la marca del “natural” humano, que decía un querido profesor mío, la condición humana de Camus, sobre todo porque la gracia nunca puede presuponer lo que la naturaleza no da, que en latín suena maravillosamente: gratia non datur, natura dispensatur.

SI
Edición de Si por Doubleday Page and Company, Garden City, New York, 1910.

Kipling finaliza el análisis de todos sus condicionales con un presagio hermoso, sobre todo cuando lo vives así como ejemplo para cualquier hijo de los que en este mundo han sido (y serán), en una carrera desenfrenada a veces, buscando siempre la felicidad en un viaje hacia alguna parte, aunque la dialéctica de la vida de cada uno, de cada una, siga agregando momentos mágicos, irrepetibles, sabiendo que el tiempo huye siempre con un condicional implacable que nos recuerda todos los días que hay que vivirlo, no solo pasarlo…:

Si puedes llenar el implacable minuto,
con diligente labor por valor de sesenta segundos

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!

Sevilla, 18/X/2014

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=4

Parábola del ébola

RIO EBOLA
Río Ébola, República Democrática del Congo

Llevamos unos días centrados en la realidad del ébola en España, mucho más cerca de nuestras vidas que cuando nos lo contaban a través de los medios de comunicación desde Sierra Leona o Liberia. A esta realidad se suma ahora un estado de opinión individual y social lastrado por la corrupción en muchos frentes, que no permiten levantar cabeza a este país. ¿Qué hacer, en aquella clave leninista revolucionaria que aprendimos en años difíciles de este complejo territorio español? No es fácil abordar respuestas de manual a estos momentos de crisis, cual bálsamo de Fierabrás, pero he recordado una forma de entender estas situaciones a través de un género literario, la parábola, que hace ya muchos años me dejó una marca indeleble en mi vida, en mi persona de secreto. Antonio Machado, ya recurrió a ellas en tiempos revueltos de este país:

Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón.
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.

Porque el problema radica en buscar y encontrar la verdad de lo que está sucediendo, nada más, que es la que nos libera. Es probable que todo se deba a lo que un día Jesús de Nazareth, tal y como me lo contaron en clase, en clave de parábola, intentaba explicar a sus compañeros de viaje: “Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden”. Me impresionó mucho unas imágenes que vi hace ya unas semanas en televisión donde aparcaban una furgoneta frente a un hospital de Sierra Leona, si mal no recuerdo, y allí se bajaban como podían, como si fueran fardos, enfermos de ébola en fase terminal, adultos y niños, sin que nadie más los atendieran porque el hospital que los podía salvar estaba cerrado. Habían muerto también todos los profesionales que lo dirigían. Y otros lugareños asistían como testigos mudos a esta clamorosa situación de abandono.

Lo que está sucediendo en este país en torno al virus del ébola es una llamada de atención a la sociedad en general, de que necesitamos reforzar la solidaridad mundial y la respuesta necesaria ante una enfermedad que aparentemente estaba lejos, pero que ya está más cerca, muy cerca, porque siguiendo con las parábolas de Jesús de Nazareth, la situación actual estriba en que estamos embotados desde hace años: “Escucharéis bien, pero no entenderéis, miraréis bien, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hechos duros sus oídos, y sus ojos se han cerrado; no sea que vean con sus ojos, y con sus oídos oigan, y con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los cure”. A lo que él tenía una respuesta clara, porque la situación ha cambiado en el mundo actual, si sabemos entenderlo: “¡Dichosos, pues, vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!”. Los ojos y los oídos de la ciencia, de profesionales excelentes, junto a la generosidad de organizaciones gubernamentales, sobre todo, están dando ya respuesta a la realidad del ébola.

Comprendo mejor que nunca a Machado: la verdad del ébola ya la vamos teniendo en nuestra razón, en nuestro corazón, en nuestras manos, si sabemos buscarla. Es probable que necesitemos completar esta búsqueda con otra parábola suya, recordando con él que una vez, un marinero hizo un jardín junto al mar, y se metió a jardinero. Cuando estaba el jardín en flor, el jardinero se fue por esos mares de Dios, un Dios que según su parábola todos llevamos, todos hacemos, todos buscamos y que en muchos casos nunca encontraremos, porque “la verdad es la esperanza”, por mucho que a la razón humana, tan sabia ella, le cueste reconocerlo.

Sevilla, 17/X/2014

Los diccionarios no son inocentes

PAZ Y PALABRA

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero (1916-1979), En el principio

Mañana se publicará el nuevo Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), en su 23ª edición, que se presentará oficialmente el día siguiente, en un acto solemne presidido por los reyes don Felipe y doña Letizia en la sede académica. Es una noticia que pasará desapercibida para muchas personas, porque existen pre-ocupaciones [sic] más importantes, pero no debería ser así, porque las palabras escritas y habladas correctamente, con vida propia en el DRAE, reflejan un conocimiento real de la vida diaria, aprehendiendo la raíz de nuestro conocimiento y protegiendo la dignidad de ser personas, sencillamente porque hablamos. Mañana se debería explicar a las niñas y a los niños de este país, en las escuelas e institutos, la importancia de la palabra, porque es la principal característica de los seres humanos, los únicos seres que hablamos gracias a la maravilla de un medio tan maravilloso como la palabra, que siempre nos queda como algo personal e intransferible mientras no se convierte en mercancía.

Probablemente sea el conocimiento de la lengua una forma de ser más conscientes de lo que está pasando, porque creemos saber de qué se está hablando, pero a veces no comprendemos bien determinados significados actuales de palabras que utilizamos o escuchamos a diario, sin sentido alguno. Y las palabras, como las ideologías, no son inocentes.

DICCION
Dom RJ (1853), Pág: 603,3

Tal y como se ha anunciado oficialmente: “El Diccionario, cuya versión en papel ocupa 2.376 páginas, ha sido sometido a una profunda revisión durante los trece años transcurridos desde su anterior edición en 2001. El número de artículos de la 23ª edición ascenderá a 93.111, frente a los 88.431 incluidos en la anterior y más del doble de los aparecidos en el primer diccionario de uso de la RAE, publicado en 1780. En total, el Diccionario recogerá 195.439 acepciones, entre ellas cerca de 19.000 americanismos. Las enmiendas introducidas en esta vigesimotercera edición suman unas 140.000, que afectan a un total de 49.000 artículos. Las supresiones de artículos serán aproximadamente 1350. La aparición, entre 2009 y 2011, de un importante grupo de obras académicas (la Nueva gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española y el Diccionario de americanismos) ha hecho necesario el desarrollo de trabajos de armonización entre los contenidos de estas obras y el Diccionario. Con ello, se consolida la doctrina lingüística común que subyace a toda la producción académica. En esta línea, cabe destacar la regularización en el DRAE del tratamiento de las marcas geográficas americanas, así como la revisión de los extranjerismos”.

Los datos citados anteriormente reflejan un esfuerzo encomiable por unir cada día más el habla de los hispanoparlantes, porque es una realidad digna de encomio histórico el alcance actual de nuestro idioma, que se ve reflejado en estas cifras facilitadas por Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina: “El negocio económico de la lengua empuja a ello (las traducciones, las películas, las telenovelas). El criterio de optar por la voz que usa el mayor número de hablantes es muy lícito. Hoy estamos, en la mayoría de las naciones que hablan la lengua común, en un 95% de español general y un 5% de local. La versión en línea de los diarios ayuda. La radio, la vía más penetrativa, sigue demasiado atada a lo regional, por su impronta coloquial. Lo probamos cada día que las variantes locales se allanan sin mucho esfuerzo entre los hablantes”.

Creo que enriquecerá el tesoro lexicográfico español, una consulta que recomiendo por su interés extraordinario para conocer bien la intrahistoria de la dicción de la lengua española, base del Diccionario que mañana se publica: “El Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (NTLLE) reúne una amplia selección de las obras que durante los últimos quinientos años han recogido, definido y consolidado el patrimonio léxico de nuestro idioma. Contiene, dentro de un entorno informático de consulta, los facsímiles digitales de las obras lexicográficas de Antonio de Nebrija, fray Pedro de Alcalá, Sebastián de Covarrubias, Francisco del Rosal, César Oudin, Esteban Terreros, Ramón Joaquín Domínguez, Vicente Salvá, Elías Zerolo, Aniceto de Pagés, etc., además de toda la lexicografía académica, desde el Diccionario de autoridades hasta la 21.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española, pasando por las diversas ediciones del Diccionario manual e ilustrado y lo publicado del Diccionario histórico de 1933-1936”.

DICCION2
RAE U (1884) Pág: 383,1

Ante esta presentación oficial, quiero rescatar el contenido expresado por primera vez sobre la quintaesencia del diccionario de la lengua española, la “dicción”, tal y como lo recogió el Diccionario nacional o gran diccionario clásico de Ramón Joaquín Domínguez, publicado simultáneamente en Madrid y París en 1853, en sus siete acepciones, de las que escojo la cuarta: “Arte de bien decir, de espresarse [sic] con elegancia y concisión, de castigar y limar la lengua nativa, ú otra, en sus términos impropios, desapacibles, ásperos, superfluos, etc.”. También, la que figuró por primera vez como primera acepción, en la edición de la Real Academia de 1884, palabra, en negrita, que no era habitual en las diferentes dicciones del mismo, así como la segunda acepción junto a la de “palabra”, incluida por primera vez en la edición anterior de 1869, que se ha mantenido hasta nuestros días: “Manera de hablar ó escribir, considerada como buena o mala únicamente por el acertado ó desacertado empleo de las palabras y construcciones”.

En definitiva, las palabras no son inocentes, nunca lo han sido. La publicación del nuevo Diccionario es una ocasión para seguir conociendo nuestra lengua, sus significantes y significados. Uno de los problemas ordinarios que generan muchos desencuentros es cuando se produce la famosa situación de discrepancia entre dos o más personas, aunque en el diálogo se suele reconocer al final que en el fondo queríamos decir lo mismo. Pero no es así. En los tiempos que corren, no todos vamos en el mismo barco ni somos iguales y el diccionario sabe distinguir muy bien qué es un transatlántico y qué es una patera, tan frágil ella. Afortunadamente, nos queda la palabra, la primera acepción de dicción desde el siglo XIX, tan bien tratada por Blas de Otero, “por su acertado empleo de la misma”, como se ha comprendido en España desde 1869.

Sevilla, 15/X/2014

NOTA: la imagen que encabeza este post se ha recuperado el 15 de octubre de 2014, de la siguiente dirección: http://www.fundacionblasdeotero.org/es/festival-internacional-de-poesia/convocatoria

Andalucía: una realidad positiva (V) Marcelo Palanco

MARCELO PALANCO

Sigo con el empeño de seguir hablando de Andalucía de forma positiva, tal y como me comprometí en el primer post de esta serie dedicada a esta tierra, cuna de grandes personas, de artistas de la vida, desde aceituneros altivos hasta poetas que nos han dejado un legado hasta nuestros días para que sepamos siempre hacer camino al andar, con sentimiento y pensamiento, venciendo siempre el primero, como le gustaba cantar a Rafael Alberti.

Anoche estuve en la presentación del primer disco del guitarrista Marcelo Palanco, un andaluz que será en su momento universal, nacido en Valverde del Camino (Huelva), que tuvo lugar en la sede de FNAC en Sevilla. Tenía mucha ilusión en escucharlo en directo porque venía avalado por críticas muy positivas. La verdad es que no defraudó a las personas que allí estábamos, en una radiografía exacta de lo que ocurre con estas presentaciones, donde no hay asistencia garantizada no ya de masas, ni siquiera de quienes aman la música por definición. Pero los que estábamos, manifestamos con nuestra presencia activa el respeto que merecía su intervención.

Interpretó varias composiciones recogidas en su disco, grabado en el Estudio Bola, bajo la dirección de Jesús Bola y con el sello discográfico AB Music Producciones, destacando las que supo presentar especialmente con alma: Valle de las Musas, que da título al disco, una bulería con partes de zapateado clásico, que sonó especialmente con la percusión que le acompañaba, en la que se funde especialmente los acordes clásicos y flamencos; Espejo, un conjunto de falsetas enlazadas en homenaje a sus maestros declarados, a los que nombró uno a uno: Vicente Amigo, Gerardo Núñez, Paco de Lucía, Tomatito y finalmente, Moraíto. Cerró su actuación con la Bulería del agua, que supimos escuchar mejor cuando dejó paso a sus notas después de haber declarado su amor… a la naturaleza que lleva en su alma.

Ya lo decía en un post escrito en 2013, Andalucía: una realidad positiva (II), cuando comentaba la grandeza de un paisano suyo, Lucas Macías, con quien me consta que ha tocado en común desde la perspectiva de música clásica, en la conjunción perfecta de oboe y guitarra: “Estoy empeñado en hablar de Andalucía desde una perspectiva positiva, en unos días difíciles para esta región. El domingo pasado [24 de marzo de 2013], un andaluz universal, Lucas Macías Navarro, de Valverde del Camino (Huelva) por más señas, llevaba a esta tierra en volandas, en olor de multitud, a través de su maestría con un instrumento complejo, antiguo, el oboe, por una intervención calificada de magistral, en un concierto dirigido en Madrid por Claudio Abbado. Lo decía el cronista del diario “El País”, en su edición de 26 de marzo de 2013: “No le gusta a Abbado que le llamen maestro. Prefiere que se dirijan a él como Claudio. Al oboísta Lucas Macías Navarro todos le conocen por Lucas. Claudio y Lucas demostraron ayer la importancia del diálogo intergeneracional en música. Realizaron juntos un Concierto para oboe y orquesta de Mozart verdaderamente antológico. El oboísta de Valverde del Camino nació en 1978 y es solista de su instrumento en la Concertgebouw de Ámsterdam y en la Orquesta del Festival de Lucerna. Es de los músicos más completos que han salido de nuestro país en mucho tiempo. Ayer demostró su musicalidad intachable, su técnica asombrosa, su instinto endiablado tanto cuando tocó como solista como cuando se integró en la orquesta. La comunicación musical entre Claudio y Lucas es absoluta”.

Y volví a ensalzar su obra en un post Gracias a Lucas Macías y… a Claudio Abbado, con ocasión de la muerte de Claudio Abbado este año, con la interpretación del concierto de homenaje de la ciudad de Lucerna a su director tan querido y respetado, “suyo”, sí, para siempre: “El cierre tenía que ser con Mahler, y al final de la Tercera sinfonía explotó colectivamente la emoción. Los músicos empezaron a abrazarse entre ellos, el público se puso en pie en una ovación interminable y nadie quería saludar en solitario, ni director ni instrumentistas. Fue una sinfonía de lágrimas, sin histéricas apoteosis, recordando a un director que siempre ha creído que la música por encima de todo es un ejercicio espiritual, un diálogo del alma”. Sin lugar a dudas, mucho más cuando entre lágrimas se podía leer también en el programa de mano del concierto, probablemente a duras penas, una frase de su oboísta preferido, Lucas Macías: “Gracias Claudio por haber sido el Ángel de la Guarda de los jóvenes músicos. Gracias por enseñarnos que en la música, como en la vida misma, lo fundamental es escucharnos los unos a los otros”.

Ayer vi en Marcelo Palanco todo lo que se ha citado anteriormente: su música como un ejercicio espiritual, un diálogo del alma, un respeto a las musas cuando inspiran música y el resultado de saber escuchar a la sabia naturaleza, al agua, por ejemplo, tal y como lo explicó al finalizar su presentación discográfica. Sabe escuchar y su éxito está garantizado. También, sus sueños.

He vuelto a recordar las palabras finales que dediqué también a su paisano Lucas Macías, que vuelvo a escribir [entre corchetes] reflejadas en Marcelo y dedicadas ahora especialmente a él y a su padre, consagrado a su hijo como un nuevo Ángel de la Guarda: “creo que esta noticia [de anoche], frente a las clásicas populares de la secesión de Cataluña, crisis, deflación, contaminación, corrupción, [ébola] y otras perlas de cada día, suponen un bálsamo que reconforta el alma y que nos permite dialogar con ella, a la que tanto aprecio y sobre la que escribo con frecuencia en los últimos días, porque me queda la palabra y… el alma. Gracias sinceras, [a Lucas y Marcelo, Marcelo y Lucas, tanto monta monta tanto desde la Andalucía positiva], porque lleváis a Andalucía a todas partes con [vuestra] música preciosa como solistas de oboe y guitarra. También al cronista de ayer, Juan Ángel Vela del Campo, por sus palabras impecables. Por supuesto a Claudio, como le gustaba que le llamaran en el día a día, porque dibujaba con su batuta música para que el alma pueda dialogar, que tanta falta nos hace para escucharnos todos los días [como anoche con Marcelo], en la clave de otro andaluz universal, Antonio Machado:

Tu verdad no; la verdad.
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.”

Sevilla, 9/X/2014

El GPS del cerebro

NOBEL MEDICINA 2014

El pasado 6 de octubre los investigadores John O’Keefe y el matrimonio May-Britt y Edvard Moser recibieron el Premio Nobel de Medicina por descubrir las células que componen el sistema de posicionamiento en el cerebro humano, es decir, las neuronas de lugar y de red. Muchas veces he explicado en este blog que el siglo XXI iba a ser el siglo del cerebro y a las pruebas me remito. Estos descubrimientos complementarios aportan hoy una estela de investigación extraordinaria para conocer por qué el cerebro sabe dónde estamos y dónde queremos ir, es decir, pone en marcha cada vez que lo necesita un GPS o navegador interno a través de una complejísima actividad cognitiva.

Considero que ha sido un acierto esta entrega del Nobel de forma conjunta, porque si importante es conocer muy bien la representación espacial de dónde estamos, no es menos importante saber a ciencia cierta dónde queremos ir y además guardarlo en el disco duro del cerebro, por seguir utilizando símiles que ayuden a la comprensión de estos hallazgos. Un proceso donde se dan la mano dos estructuras cerebrales que llevan todo el protagonismo en este descubrimiento. Por un lado, el hipocampo, sede de las neuronas de posicionamiento descubiertas por John O’Keefe, a la que también he dedicado un post específico en este cuaderno de inteligencia digital para descubrir islas desconocidas del cerebro, base científica que justifica toda actividad humana, modelada siempre por la amígdala, otra estructura espectacular en funcionamiento diario del cerebro de cada persona en particular, de forma personal -valga la redundancia- e intransferible.

Por otro, la corteza entorrinal, sede de las células de red, descubiertas por el matrimonio Moser (también presentado en el post citado anteriormente sobre el hipocampo, facilitadora de la conexión de las células con el hipocampo a través de un complejísimo entramado neuronal en red. La complementariedad inmediata de esta investigación con las que se realizan en la actualidad sobre la terrible enfermedad de Alzheimer, demuestra la importancia de estos hallazgos, porque esas dos áreas del encéfalo sufren daños y por eso los pacientes tienen problemas para orientarse y llegan a perderse.

El conocimiento sobre el sistema de posicionamiento del cerebro, dice el Comité del Nobel 2014 de Fisiología o Medicina, “ayudará a comprender el mecanismo que sustenta la devastadora pérdida de la memoria espacial que afecta a las personas con esta enfermedad. El descubrimiento del sistema de posicionamiento del cerebro representa un cambio de paradigma en nuestra comprensión de cómo los conjuntos de células especializadas trabajan juntos para ejecutar las más altas funciones cognitivas. Se han abierto nuevas vías para la comprensión de otros procesos cognitivos, tales como la memoria, el pensamiento y la planificación”.

Ya explicaba en 2007 la importancia de estas estructuras cerebrales cuando presentaba el hipocampo y también la corteza entorrinal. Vuelvo a reafirmarme en aquellos contenidos dibujados como un caballo encorvado, su imagen más representativa, premiados indirectamente con un Premio Nobel muy particular a través de los investigadores John O’Keefe y el matrimonio May-Britt y Edvard Moser: “Hoy, determinados investigadores sabemos cosas que nos hace muy atractiva la aproximación al cerebro desnudo. Espero que estas palabras ayuden a conocernos mejor en la parte más profunda del ser humano, aquella que no se ve, aunque sea difícil asemejarnos a Robert Redford (Tom Broker), cuando de forma magistral para los sentimientos y emociones de los espectadores “susurraba a los caballos” como metáfora de la aprehensión de la vida. Para quien quiera comprender el hipocampo así (nuestro pequeño caballo particular pilgrim, personal e intransferible), a partir de hoy no podemos decir ya –afortunadamente- que es un desconocido. Te lo he susurrado. Nada más”.

Y una gran noticia final: el GPS del cerebro viene de serie cuando nos conciben y nacemos, es decir, no es una opción que tengamos que «comprar». Afortunadamente, no es una mercancía, sino algo que todavía nos queda por descubrir (como se ha demostrado en este Premio Nobel), algo consustancial en nuestra vida personal e intransferible, pero que no entra en las leyes del mercado. En frase de Teilhard, ya estaba y está ahí…, gracias a la vida, que a pesar de las noticias desagradables de todos los días, nos da a veces tanto.

Sevilla, 8/X/2014

NOTA: La imagen que encabeza este post ha sido montada utilizando el comunicado de prensa del Comité del Nobel de Fisiología o Medicina. Igualmente, las siguientes referencias científicas son las citadas en el citado comunicado, por considerarlas de gran interés de consulta básica:

1. O’Keefe, J., and Dostrovsky, J. (1971). The hippocampus as a spatial map. Preliminary evidence from unit activity in the freely‐moving rat. Brain Research 34, 171‐175.
2. O´Keefe, J. (1976). Place units in the hippocampus of the freely moving rat. Experimental Neurology 51, 78‐109.
3. Fyhn, M., Molden, S., Witter, M.P., Moser, E.I., Moser, M.B. (2004) Spatial representation in the entorhinal cortex. Science 305, 1258‐1264.
4. Hafting, T., Fyhn, M., Molden, S., Moser, M.B., and Moser, E.I. (2005). Microstructure of spatial map in the entorhinal cortex. Nature 436, 801‐806.
5. Sargolini, F., Fyhn, M., Hafting, T., McNaughton, B.L., Witter, M.P., Moser, M.B., and Moser, E.I. (2006). Conjunctive representation of position, direction, and velocity in the entorhinal cortex. Science 312, 758‐762.

¿De quién es el agua?

Yo era la que más corría
y a todas partes llegaba
y de verde se vestía
lo que a mi paso quedaba;
todos me quieren tener
pero muy pocos me cuidan
y eso que soy el secreto,
el secreto de la vida.

Jorge Velosa, Las adivinanzas del jajajajay

Deberíamos prestar más atención al agua y a sus dueños actuales. Quizá nos puede servir ahora una reflexión muy curiosa que utilizó David Foster Wallace al comenzar el discurso que dirigió a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, con una pequeña parábola: «Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?». Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?».

Álvaro Marcos, que reflexiona en un artículo reciente publicado en El estado mental, sobre atención y dignidad en un mundo complejo, sobre “peces”, me ha llevado de la mano a prestar atención hoy al agua, porque “aprender a pensar y a vivir una vida compasiva (y, por extensión, “digna”) conlleva preservar “el grado de (auto)consciencia suficiente para elegir a qué prestamos atención y decidir cómo construimos significado a partir de la experiencia”, instando a no perder nunca de vista todo aquello que, si bien esencial, de puro ubicuo se torna transparente hasta hacerse invisible, de modo que hace falta recordarse, una y otra vez: “esto es agua, esto es agua”. Porque “la verdadera libertad requiere atención, y consciencia, y disciplina, y ser capaz de preocuparse por otras personas, y de cuidarlas y sacrificarse por ellas de mil maneras casi imperceptibles y muy poco atractivas, cada día”. ¿La alternativa a este esfuerzo?: “la inconsciencia, la configuración por defecto, la ‘carrera de ratas’, la sensación continua y punzante de haber tenido y haber perdido algo infinito”.

Poniendo especial atención en relación con las cosas públicas de estos días, he conocido recientemente la situación que se ha creado en la provincia de Huelva con la gestión del agua. La noticia no podía ser más explícita: “Se acabó la tregua. Los más de 50 alcaldes integrados en Giahsa, la entidad de agua de la mancomunidad de municipios onubense Mas, han apercibido a Aqualia, la empresa adjudicataria de la mayoría de servicios privatizados en Huelva, de que han observado indicios “de conductas desleales que pudieran ser sancionables en vía administrativa o penal”. Es el paso previo a convertir el expediente en denuncia por incumplimiento de la Ley de Defensa de la Competencia y posibles “prácticas corruptas”.

Creo que estamos ante un modelo de privatización de la gestión del agua que sobrepasa muchas líneas rojas en relación con derechos de la ciudadanía en relación con recursos naturales de imprescindible uso por parte de las personas en su vida diaria. La jurisprudencia nacional e internacional defiende a todas luces el agua como derecho humano esencial: “La Asamblea General de Naciones Unidas, aprobó el 28 de julio de 2010, en su sexagésimo cuarto período de sesiones, una resolución que reconoce al agua potable y al saneamiento básico como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”. Al ser un recurso público que nos lo ofrece la naturaleza, su auténtica dueña, se debe garantizar su gestión pública, sin ninguna duda, debiéndose alejar de toda privatización pura y dura como está ocurriendo en la actualidad, trocándose un derecho vital en pura mercancía. Se debería abrir un debate al respecto en el marco de lo que denomino segunda transición para declarar de forma contundente y nítida el derecho constitucional de acceso al agua potable con garantías públicas de acuerdo con los protocolos aprobados por organismos internacionales en los que participa nuestro país.

He escrito en bastantes ocasiones sobre el agua en este blog, decantándome siempre por su declaración como derecho fundamental en el acceso a la misma: Agua y cerebro, Arqueología subacuática… del cerebro y El aquí y ahora del agua, como textos fundamentales. Destaco sobre todo el pronunciamiento de su vinculación con el cerebro y con las decisiones que puede tomar gracias al agua, que lo hace inteligente entre otras funciones. Fue una experiencia maravillosa el que incluyeran una en 2008 una referencia mía al respecto en la exposición de motivos que sustentaba el articulado reformatorio de la constitución nacional de Colombia a fin de consagrar el derecho al agua potable como fundamental y otras normas concordantes con tal declaración para ser sometido a la consideración del pueblo colombiano mediante referendo constitucional: “Esta mágica sustancia es vida, simboliza vida. Sin ella no existiríamos y no podríamos estar en comunicación. Podemos afirmar que somos la inteligencia del agua. Como lo expresa el profesor español, José Antonio Cobeña, autor del libro La Inteligencia Digital: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”.

El texto para la reforma de la Constitución de Colombia fue avalado por 2.039.812 firmas, reconocidas oficialmente por la Registraduría Nacional del Estado Civil, aunque finalmente no prosperó, después de un debate parlamentario de 2010. Deberíamos aprender de todas formas de lo que otros países han reivindicado de forma excelente, porque el agua es un patrimonio público que no debería entregarse nunca al mercado. La necesaria revisión de la Constitución actual en España puede ser un momento crucial para incluir este derecho al acceso al agua, de forma explícita mediante un artículo concreto, como derecho humano esencial de los españoles y así se debería declarar para defender también su gestión pública en el denominado ciclo completo del agua.

También lo afirma Álvaro Marcos en su artículo: “Y es que preguntarse por la importancia de la atención viene a ser como preguntarse por la importancia de la importancia: algo que parece una perogrullada y, por eso mismo –como sucede con todas las aparentes perogrulladas-, un ejercicio extremadamente sano y revelador”. En este caso la atención sobre el agua, que además se convierte ahora en un asunto relevante, nadando -como estamos- en la mediocridad de los olvidos. Porque hay que recordar que el agua es el secreto de la vida. Porque la Verdad, según Foster Wallace, “Tiene que ver con el verdadero valor de la verdadera educación, que no va de notas ni de obtener títulos y sí simplemente de estar atento, atento a lo que de verdad es muy real y fundamental, a lo que está tan escondido, incluso a la vista de todos, que tenemos que seguir recordándonos una y otra vez:

«Esto es el agua.»
«Esto es el agua.»

Sevilla, 2/X/2014

NOTA: el video que figura al comienzo de este post es un video promocional del Referendo por el Agua en Colombia. Comité en Defensa del Agua y de la Vida, recuperado el 2 de octubre de 2014 de Ecofondo: http://www.ecofondo.org.co/videos.php?id=91

No estamos locos, que (no) sabemos lo que queremos

IVAN ILLICH
Ivan Illich

El estribillo modificado de esta canción nos enseña de forma muy didáctica que no todo lo que nos ocurre comienza o termina en una enfermedad mental sino que la adversidad está muy presente en nuestras vidas y no sabemos en muchas ocasiones que hacer con ella, aunque acabemos etiquetando nuestro malestar social con una categoría de enfermedad mental recogida en el prestigioso DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Es la pura realidad social que nos rodea, porque hemos abandonando el entrenamiento ante la denominada “adversidad” que es tan consustancial con la existencia humana. Y la industria farmacéutica con su poderosa maquinaria mercantil, acaba generando la respuesta ante una necesidad que en muchas ocasiones puede ser ficticia ante la falta de entrenamiento en el abordaje de muchos malestares individuales y sociales que crean desajustes de “normalidad”.

En 1975 leí un libro, Némesis médica. La expropiación de la salud, que he recuperado hoy de mi biblioteca y que me marcó durante años por varias razones de índole ética. Lo conservo como oro en paño (con la sobrecubierta de plástico en muy buen estado), porque me enseñó grandes reflexiones sobre la realidad de la enfermedad en el siglo XX: “La medicina institucionalizada ha llegado a convertirse en una grave amenaza para la salud. La dependencia respecto a los profesionales que atienden la salud influye en todas las relaciones sociales. En los países ricos ha alcanzado proporciones morbosas; en los países pobres está ocurriendo rápidamente lo mismo. Hay que reconocer el carácter político de este proceso al que denominaré medicalización de la vida”. Illich analiza este fenómeno al que denomina “Némesis médica” como el conjunto de tres acciones yatrogénicas, clínica, social y estructural, que culminan en una indefensión del ser humano a atenderse por sí mismo, sin tener que recurrir a una determinada medicina. Es lo que ocurre en la actualidad con determinados desajustes sociales que son tildados de enfermedades mentales.

ALLEN FRANCES
Allen Frances

El pasado domingo lo comprendí perfectamente, leyendo en la edición digital del diario El País, una entrevista a Allen Frances, Catedrático emérito de la Universidad de Duke, con motivo de la publicación reciente de un libro suyo, ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014), que leeré con la atención que merece. Ante la pregunta siguiente, “En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?”, Frances responde extraordinariamente también con sus palabras al hilo conductor de este post: “Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación”.

Pero lo que verdaderamente me ha causado conmoción es la siguiente reflexión: “Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales”, con la colaboración de la industria farmacéutica, en una nueva yatrogénesis estructural, del corte ya anunciado hace casi cuarenta años por Ivan Illich.

Aún así, creo que el problema es más de fondo ético y conductual. Me refiero a lo que también analiza Allen Frances, cuando aborda la realidad actual del llamado “malestar” de la vida ordinaria: “Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar”. Los llamados “problemas cotidianos”, son los que han tomado una dimensión muy preocupante porque ante la ausencia de referentes sociales que nos escuchen, como ocurría con nuestros padres al recurrir a la familia o la Iglesia, se acude ahora a la única puerta abierta que se anuncia por doquier en el estado del bienestar, ¡qué paradoja!: la consulta médica o psicológica.

Y no estamos locos, lo que nos pasa es que no sabemos lo que queremos al haber perdido el norte de nuestras vidas, ante una sociedad de consumo que se asienta sobre el malestar de todos los días y sobre el que no estamos entrenados para afrontarlo como se debe. Cada vez está más de moda tener un psiquiatra o un psicólogo detrás de la puerta de nuestras vidas, pero la realidad es que no sabemos identificar bien qué significa la “normalidad” y rápidamente queremos soluciones a la carta, a nuestros problemas cotidianos: “Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar”.

Hay que abordar de una vez por todas esta realidad, en la trayectoria vital del ser humano, iniciándose este proceso de reconversión ética, en definitiva, desde la infancia, garantizándose la trazabilidad educativa integral ante la adversidad, de los niños y niñas, porque estamos capacitados para ello: “Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren”.

Es necesario leer la entrevista completa, porque no tiene desperdicio. A mí me ha servido para recordar tiempos en los que teníamos que afrontar una realidad muy difícil en este país, pero que con la lectura de libros como el de Illich aprendíamos que otro mundo era posible, sin necesidad de consultas médicas o fármacos a la carta. Nunca he olvidado unas palabras finales de esperanza, en este libro tan querido: “Obviamente, un mundo de salud óptima y generalizada es un mundo de intervención médica mínima y sólo excepcional. La gente sana es la que vive en hogares sanos a base de un régimen alimenticio sano; en un ambiente igualmente adecuado para nacer, crecer, trabajar, curarse y morir: sostenida por una cultura que aumenta la aceptación consciente de límites a la población, del envejecimiento, del restablecimiento incompleto y de la muerte siempre inminente. La gente sana no necesita intervenciones burocráticas para amarse, dar a luz, compartir la condición humana y morir” (1).

Ser o no ser conscientes ante la aceptación de las limitaciones humanas y disfrutar de cada segundo feliz que nos regale la vida: carpe diem, esa es la cuestión. Y lo explicaba hace tiempo en un post de este blog, Frecuentando la locura: “La locura no es una señora con un gorro de puntas de las que cuelgan cascabeles, en un nuevo acto machista por asignación de este rol pérfido a la mujer. La locura puede ser entendida en su sentido más noble como la capacidad de alternar la crudeza de la vida diaria con el bienestar personal, mediante “lecturas especiales/ideales” de lo que está ocurriendo (2), aunque si la naturaleza humana no responde a las necesidades diarias, la gracia nunca puede presuponer lo que naturaleza no da (gratia non datur, natura dispensatur). El famoso cuento del violín, escrito por Federico el Grande, lo resume muy bien: la vida me pide, a veces, que toque el violín solo con tres cuerdas, luego con dos, luego con una [cada una, cada uno que ponga otro nombre a las cuerdas de su locura…], pero los resultados son obvios, la locura crece:

Os pido, si os place, que este cuento
Os enseñe, queridos amigos,
Que por grande que sea el talento
El arte no se basta sin los medios

Sevilla, 30/IX/2014

(1) Illich, Ivan (1975). Némesis médica. La expropiación de la medicina. Barral Editores: Barcelona, p. 218.
(2) Manguel, Alberto (2006). Nuevo elogio de la locura. Barcelona: Lumen. Manguel define así a un lector ideal, junto a otras muchas definiciones: “Robinson Crusoe no era un lector ideal. Lee la Biblia para hallar respuestas. Un lector ideal [de lecturas especiales] lee para encontrar preguntas” (los corchetes son míos).

El símbolo de los niños y las niñas triquis


Nuestra hambre es nuestra pasión
Lema triqui

Las niñas y los niños de la tribu triqui, en Oaxaca (México), juegan al baloncesto con los pies descalzos. Los llaman Gigantes de la Montaña y responden a una historia preciosa de solidaridad con los más débiles protagonizada por un exjugador profesional de baloncesto mejicano, Sergio Ramírez Zúñiga, que un día pensó que estos niños indígenas podrían ser felices saliendo de su situación de miseria institucionalizada. Fundó la Academia de Baloncesto Indígena Mexicana, con una finalidad: que los niños de esta región de Oaxaca recobren la dignidad humana que les falta para vivir como personas teniendo sueños reales, porque “el amor por lo que hacemos nos hace grandes”:

“Cuando un niño sueña con ser un héroe, sueña con ser una estrella o un gran jugador muchos decimos que los niños siempre están soñando. Hoy estoy con niños indígenas de la región de Oaxaca. Ya no Nada más son indígenas triquis, ya tenemos niños chinantecos y zapotecos, y veo que es la misma hambre y pobreza que se vive en la región triqui, quien les ayudara. La semana pasada les pregunte por sus sueños a los niños chinantecos ellos me dijeron lo mismo que los niños triquis, yo quiero tener una oportunidad de estudiar en una escuela bien, yo quiero tener una casa y ayudar a mi mamá, quiero tener dinero para ayudar a mi mamá, quiero tres comidas al día, que mis hermanitos tengan que comer, cuando escucho eso me rompen el corazón y no falta una lágrima por ellos, pero no son 5 o 20, son 100 o 800 niños por el mismo anhelo, eso es solo en un municipio, imagínate en cada región donde Oaxaca tiene más municipios que cualquier ciudad con sus delegaciones. Hoy me comprometí como hace un año y medio en la región indígena triqui de Oaxaca, voy hacer de que cada sueño se transforme en realidad donde cada niño tenga sueños reales, y que si desde los 3 o 4 años ya trabajan para sobrevivir, hoy por medio del estudio y deporte lograran sus sueños porque hoy un INDIGENA TIENE DERECHO A SOÑAR, PORQUE HE ENTENDIDO QUE Crear es hacer que algo valioso que no existía, EXISTA”.

Felices coincidencias de la vida. Ayer leí un artículo de opinión, excepcional, La vida sin cuerpo, escrito por Jordi Soler, que no me dejó indiferente. Fundamentalmente, porque hace una reflexión acerca de las tecnologías de la información y comunicación, arrancando de la experiencia de estos niños triquis, como ejemplo a tener en cuenta: “estos niños paupérrimos, que estaban condenados a vivir en una de las zonas más pobres de Latinoamérica (con unos índices de pobreza que un europeo no puede, siquiera, imaginar) sin más armas que su esfuerzo y su deseo de salir adelante, han conseguido revertir el destino de generaciones y generaciones de niños, convirtiéndose en campeones internacionales de baloncesto. La decisión y la fortaleza de carácter de estos niños están representadas en sus pies descalzos; a pesar de que juegan todo el tiempo en canchas profesionales, no renuncian a su forma de ser, a su identidad, a su esencia y esto es, seguramente, uno de los fundamentos de su éxito”.

Jordi Soler equipara esta experiencia de los niños triquis con la realidad actual a la hora de escribir, donde hemos olvidado la mano, aunque no los dedos, determinados dedos, que reflejaba siempre una forma de estar en el mundo, situación de la que han dado cumplida cuenta la grafología: “Cuando se escribe a mano se dejan en la hoja de papel un montón de elementos muy valiosos como, por ejemplo, la calidad del trazo, las dudas que ha tenido quién escribe, los pasos atrás, las correcciones, la forma en que va avanzando por la página el flujo de palabras y el dibujo final de la hoja completamente escrita; todos estos elementos nos hablan de la persona que escribe, son un relato paralelo de lo que el escritor nos va contando, y todo esto se pierde cuando se escribe directamente en el ordenador, que de inmediato establece un orden aparente en la pantalla, un texto cuya limpieza visual no siempre se corresponde con la calidad de lo que está escrito, y en cambio, cuando se escribe a mano, se tiene el efecto contrario: el desorden visual de la escritura en la hoja de papel, nos obliga a redoblar la atención sobre lo que se está diciendo”.

Me está pasando hoy. Estoy escribiendo en mi ordenador, pero la uniformidad del texto no deja ver mi letra, que por cierto aprendí de mi maestra querida, Dª Antonia. De todas formas, la dialéctica pensamiento/sentimiento sigue igual de viva, porque a través del procesador de texto dejo entrever también un estado de ánimo, aunque no tuerza la línea hacia abajo, de izquierda a derecha, situación que preocupaba mucho a los grafólogos que citaba antes. O hacia arriba, saliéndome del margen derecho… No está el cuerpo presente, pero sí el cerebro donde radica la raíz de la inteligencia, encargada de procesar los sentimientos a través de determinadas estructuras cerebrales. A pesar de que Jordi Soler es contundente al respecto: “nuestro teclado equivale a las Adidas que los niños de Oaxaca no se han querido poner, y si pensamos que la enorme mayoría de las comunicaciones interpersonales se hacen hoy desde un teclado (mail, SMS, whatsapp, hangouts, twitter y un largo etcétera), podremos hacernos una idea de todo lo que del otro nos perdemos, todo un flanco de la expresión escrita, ha sido amputado de la sociedad en favor de la expansión de las nuevas tecnologías”.

Es verdad que casi siempre a través de índices y pulgares, como manos amputadas virtualmente, escribimos ahora las mejores y peores páginas de nuestras vidas. Es necesario también expresar pensamientos y sentimientos con el cuerpo y quizá es donde está el auténtico problema actual, porque pretendemos sustituir nuestra presencia personal en encuentros y diálogos por mensajes cada vez más crípticos. Lleva razón el autor cuando afirma finalmente: “¿Prescindimos de ordenadores y teléfonos y nos quitamos los zapatos? Por supuesto que no, el teléfono inteligente y las tabletas son un milagro del cual sería insensato prescindir, pero deberíamos evitar que estos aparatos borren la evolución objetual que los precede, que el teclado no sepulte al lápiz ni el zapato al pie descalzo, hay que dejar un rastro que no se borre con un apagón tecnológico, hay que despojarse de los aditamentos y coleccionar cicatrices, hay que matizar el nuevo platonismo, la vida sin cuerpo que nos impone la tecnología, y convertirnos en ese libro que proponen, al principio de estas líneas, los versos del poeta [Gil de Biedma]: el cuerpo en donde el otro pueda leer nuestros misterios”.

Es lo que pretende en definitiva cada niño y cada niña triqui, jugando en su equipo de baloncesto y a través del símbolo de sus pies descalzos, con un mensaje corporal a los cuatro vientos: que cada uno sea feliz (Niaj’Raja, feliz en triqui) con lo que significa su cuerpo, tal y como es, mandando continuamente señales al cerebro, que es quien puede ordenar la vida digna cuando tienes todas las oportunidades que la historia pasada y presente te quita, a veces, a diario: “el cuerpo es el libro en que se leen, no solo los misterios del amor, sino cualquier capítulo de la historia personal de cada uno”. Los pies descalzos, también.

Sevilla, 28/IX/2014

La coherencia final de Saramago

ALABARDAS
«Que quien se calla cuanto me callé no se podrá morir sin decir todo.»
José Saramago, Poema a boca cerrada

El próximo 1 de octubre se van a publicar las últimas páginas escritas por Saramago en su casa de Tías (Lanzarote), cuando ya sentía que le faltaba tiempo para cerrar el testamento vital de su coherencia traducida en palabras no inocentes para los demás. El libro llevará por título Alabardas (Alabardas, albardas, Espingardas, espingardas, en homenaje a un poema extraído de la tragicomedia Exortação da Guerra, del dramaturgo Gil Vicente). El formato es novedoso porque se publica un texto suyo ¿inacabado?, que se completa con textos del periodista y escritor comprometido hasta la muerte por su lucha activa contra la mafia, Roberto Saviano, otros del poeta y ensayista Fernando Gómez Aguilera y una aportación extraordinaria de Günter Grass, a través de sus grabados y reflexiones.

Saviano ha comprendido muy bien la dialéctica perpetua del escritor cuando afirma: “Estas nuevas páginas de Saramago son un criptograma del murmullo continuo de las misteriosas revelaciones que recibimos. Como un manual de traducción de sonidos, percepciones e indignaciones. La historia de Artur Paz Semedo supone una revelación para el lector más distraído, para la lectora más atenta, para el erudito más riguroso, para el filólogo más cínico. Es una orquesta de revelaciones. En Artur las revelaciones que he visto son las de todos los hombres y mujeres que se han defendido de la idiotez al darse cuenta de haber comprendido los dos caminos que existen: quedarse aquí, soportando la vida, charlando con ironía, tratando de acumular algo de dinero y familia y poco más, o bien otra cosa. ¿Otra cosa? Sí, otra cosa precisamente. Otro camino. Estar dentro de las cosas. Dentro de Artur Paz Semedo está el meollo dorado ya expresado en Ensayo sobre la ceguera: «Siempre llega un momento en que no hay más remedio que arriesgarse»”.

Lo leeré con la atención que siempre me ha merecido José, como le gustaba que le llamaran y así lo pude comprobar cuando visité en 2010 su biblioteca de Tías. Es un estímulo para leerlo desde la óptica del compromiso activo, que no tiene vuelta atrás estés donde estés y ocupes el puesto que ocupes en la vida, una vez que tomas esa decisión frente al divertimento reinante, en la más estricta dialéctica pascaliana. Él supo defenderse de la idiotez de muchas vidas superficiales que sobrevuelan todos los días la propia existencia, sin aportar nada a su propia vida y mucho menos a la de los demás. Porque José siempre defendió la coherencia, que tanto estimo: “Y hablaré, con más frecuencia que antes, con la persona de secreto que siempre va conmigo. Y caminaré con los zapatos coherentes que tanto aprecio”.

Sevilla, 26/IX/2014