La coherencia final de Saramago

ALABARDAS
«Que quien se calla cuanto me callé no se podrá morir sin decir todo.»
José Saramago, Poema a boca cerrada

El próximo 1 de octubre se van a publicar las últimas páginas escritas por Saramago en su casa de Tías (Lanzarote), cuando ya sentía que le faltaba tiempo para cerrar el testamento vital de su coherencia traducida en palabras no inocentes para los demás. El libro llevará por título Alabardas (Alabardas, albardas, Espingardas, espingardas, en homenaje a un poema extraído de la tragicomedia Exortação da Guerra, del dramaturgo Gil Vicente). El formato es novedoso porque se publica un texto suyo ¿inacabado?, que se completa con textos del periodista y escritor comprometido hasta la muerte por su lucha activa contra la mafia, Roberto Saviano, otros del poeta y ensayista Fernando Gómez Aguilera y una aportación extraordinaria de Günter Grass, a través de sus grabados y reflexiones.

Saviano ha comprendido muy bien la dialéctica perpetua del escritor cuando afirma: “Estas nuevas páginas de Saramago son un criptograma del murmullo continuo de las misteriosas revelaciones que recibimos. Como un manual de traducción de sonidos, percepciones e indignaciones. La historia de Artur Paz Semedo supone una revelación para el lector más distraído, para la lectora más atenta, para el erudito más riguroso, para el filólogo más cínico. Es una orquesta de revelaciones. En Artur las revelaciones que he visto son las de todos los hombres y mujeres que se han defendido de la idiotez al darse cuenta de haber comprendido los dos caminos que existen: quedarse aquí, soportando la vida, charlando con ironía, tratando de acumular algo de dinero y familia y poco más, o bien otra cosa. ¿Otra cosa? Sí, otra cosa precisamente. Otro camino. Estar dentro de las cosas. Dentro de Artur Paz Semedo está el meollo dorado ya expresado en Ensayo sobre la ceguera: «Siempre llega un momento en que no hay más remedio que arriesgarse»”.

Lo leeré con la atención que siempre me ha merecido José, como le gustaba que le llamaran y así lo pude comprobar cuando visité en 2010 su biblioteca de Tías. Es un estímulo para leerlo desde la óptica del compromiso activo, que no tiene vuelta atrás estés donde estés y ocupes el puesto que ocupes en la vida, una vez que tomas esa decisión frente al divertimento reinante, en la más estricta dialéctica pascaliana. Él supo defenderse de la idiotez de muchas vidas superficiales que sobrevuelan todos los días la propia existencia, sin aportar nada a su propia vida y mucho menos a la de los demás. Porque José siempre defendió la coherencia, que tanto estimo: “Y hablaré, con más frecuencia que antes, con la persona de secreto que siempre va conmigo. Y caminaré con los zapatos coherentes que tanto aprecio”.

Sevilla, 26/IX/2014

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