Valor y precio

Tenía razón Antonio Machado: todo necio confunde valor y precio. Se me ha ido el alma a la lectura de un reportaje publicado hoy en el diario El País, Cosas que el dinero puede comprar, o no (1), que me ha activado áreas cerebrales que estaban dedicadas desde hace días a otros escenarios de progreso, quizá porque estaba influenciado por un ataque de admiración de Woody Allen, en torno a una frase suya que ahora, paradojas de la vida, publicita un Banco: Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida. Y haciendo caso al Dr. Cardoso, un personaje peculiar en la vida de Pereira (Tabucchi), he comenzado a frecuentarlo, como una forma de invertir inteligencia para ser más feliz. Y andando en estas cuitas de Allen, tempus fugit, anuncio del Banco de Madrid (?), futuro, resto de mi vida, blog, compromisos varios, descubro una lectura de las que llamo “necesarias”, al menos para mí, reforzando una creencia clara: en el futuro en el que quiero vivir, el dinero no te lo facilita todo.

Veamos por qué, según el estudio publicado por Manuel Baucells, profesor de la escuela de negocios IESE, y Rakesh K. Sarín, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California (2): Does more money buy you more happiness?. Malas noticias, para algunos. Parece ser que algo de felicidad se puede comprar con dinero pero no toda la felicidad, porque el estudio citado dice que cuando compramos algo y lo empezamos a disfrutar, de forma inversamente proporcional “decae” la ilusión, más o menos, “porque ya tenemos lo que deseábamos”: el dinero no da la felicidad, pero la puede comprar, la única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera porque no sabemos administrar el dinero, nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo tren de vida y nos comparamos con personas más afortunadas. Y empezamos a ver lo que los demás tienen y así indefinidamente, generando la envidia. Luego parece ser que es más importante desear las cosas que tenerlas. Interesante. El problema radica en que nos programan los deseos. Y me he puesto a comprobarlo en la publicidad de hoy, un sábado de febrero, normal y corriente, en mi periódico habitual, El País, desde la primera a la última página:

– En relación con la salud y la belleza: volverás otra vez a la deliciosa lentitud de las horas.
– En relación con los viajes en el mar: en el centro estás tú.
– Referido a un vehículo de gama alta: hacer algo juntos no significa hacer siempre lo mismo. Exprime, explora, experimenta.
– Windows ha cambiado: que no te coja desprevenido.
– Lleva a tu mesa la clase del mejor club del siglo XX (una cubertería con el logotipo de un equipo de fútbol).
– Toma el control. El hombre que controla todas las situaciones busca potencia y respuesta en su coche.

Solo he destacado una parte de la publicidad directa, sin analizar la subliminal que tanto afecta a nuestra inteligencia. Y las conclusiones del estudio nos llevan a pensar con Machado que no se debe confundir valor y precio, porque cuando volvamos a las prisas diarias, al estrés puro y duro, finalice el crucero, exprimamos, exploremos y experimentemos el nuevo coche, dé a los demás una lección de hombre previsor al comprarme la última versión del software comercial de los últimos días, ponga en mi mesa la cubertería de mi “equipo predilecto” y tome el control de mi vida con el coche (otra vez), me daré cuenta que me ha pasado algo parecido a cuando era niño: cuando los Reyes Magos de Oriente me traían el caballo de cartón, ya no tenía gracia montarme muchas veces en él. Y me iba a la habitación a escribir de nuevo a un rey desconocido que me permitiera ser feliz todos los días, porque tenerlo (el juguete…) me permitía comprobar que ya se me había escapado la ilusión por la montura del equino. Y así desde entonces, buscando por todas partes la forma de disfrutar los placeres basados en bienes básicos y en personas cercanas bajo la forma de familia, compañeras y compañeros de trabajo, amigos, proveedores conocidos y respetados (en clave de valor), frente a lo que me ofrecen los bienes de consumo (puro precio y mercado), por mucho que se empeñe en ello, con perdón, la agencia donde trabaja Risto Mejide.

Sevilla, 10/II/2007

(1) Mars, A. (2006, 10 de febrero). Cosas que el dinero puede comprar o no. El País, p. 64.
(2) Baucells, M., and Rakesh K. Sarin (2007). Does more money buy you more happiness?. Draft of a forthcoming Book Chapter.

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