El motor de una democracia…

EL MOTOR DE UNA DEMOCRACIA

…es un pueblo educado. El viernes pasado volví a leer esta frase en la casa natal de D. Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la Segunda República española, en Priego de Córdoba. Son palabras suyas que conviene recordar en estos momentos tan difíciles para España, Europa y el mundo en general.

Estamos atravesando una etapa muy compleja, donde determinados valores están desapareciendo en beneficio de los resultados del mercado a corto plazo. La dialéctica valor y precio está servida, proyectada en una conversión galopante de los derechos y deberes de cada uno en particular y en común, en pura mercancía.

He querido reflejar en la foto que acompaña a este post, el paso del tiempo que impide leer con facilidad el texto del mensaje, en bronce inmovilizado. Es como si la dificultad estuviera del lado de los que piensan que ha pasado ya mucho tiempo desde que en España se pensaba así y que ahora hay que ir a lo práctico. Craso error.

La idea expresada por un republicano prudente como serpiente y sencillo como una paloma, tal y como cita esa virtud el evangelio de San Mateo (él era un católico de cuna), conviene recuperarla hoy más que nunca. En España tenemos un déficit muy importante en educación cívica que es la base de la democracia. Un pueblo educado es un pueblo libre, porque cuida el conocimiento, la inteligencia creadora de las personas, para comprender mejor qué significa vivir.

Los tiempos que corren borran de un plumazo en el Boletín Oficial del Estado la educación para ser mejores ciudadanos en clave de derechos y deberes reconocidos y que nos permiten convivir, coexistir, compartir, sobre la base de una educación garantista con los grandes principios de la democracia real expresados temporalmente en una Constitución, como marco legal de nuestro Estado de derecho. Y muchas personas, tan tranquilas, aunque algo se mueve en España cuando nacen experiencias como la de “Podemos”, ante las que hay que estar muy atentos.

Vuelvo a leer la frase de D. Niceto. Un hombre bueno, en el sentido puro de la palabra bueno, tal y como me lo enseñó hace ya bastantes años, D. Antonio Machado. Y los dos, con su compromiso para la educación, para que en España fuéramos mejores ciudadanos, tuvieron que morir alejados de su país, porque muchos no entendieron nada de lo que decían y escribían. Ni querían entender, ni lo entienden todavía.

Lo malo es que España no es un país de libros que nos ayuden a interpretar mejor el pasado, presente y futuro de nuestra democracia. Ya lo dijo el anuncio de Coca-Cola, “es que España es un país de bares…”.

Y el rey abdica… Un país educado debería comprender bien qué significa esta situación, porque el mundo español, como otros mundos, sólo tiene interés hacia adelante. En democracia.

Sevilla, 2/VI/2014

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