El alma buena de Pedro Cavadas

PEDRO CAVADAS
Charla con Pedro Cavadas – 31/5/2015 – Viajando con Chester

¿Es posible ser bueno en un mundo obligado a la mezquindad para sobrevivir?
J.A. Cobeña, El alma buena de Se-Chuan

Anoche sentí algo especial al escuchar a Pedro Cavadas, cirujano plástico con gran proyección internacional por sus trasplantes de cara y extremidades, de gran complejidad técnica. Lo más sorprendente es que durante los treinta y ocho minutos de entrevista de lo que menos habló fue de la técnica quirúrgica sino de la trastienda de los trasplantes, de la cara menos amable de esta aventura para devolver las ganas de vivir de algunas personas: “En la trasplantología hay una tendencia a ocultar las complicaciones”. A las preguntas incisivas de Pepa Bueno, Cavadas respondía siempre aplicando el principio de realidad: sus miedos, sus fracasos, su compromiso total con los pacientes, su muerte personal cuando fallece un paciente suyo trasplantado: “Esta entrevista me está haciendo mucho daño”, dijo en más de una ocasión.

¿Por qué? Su cara era el espejo de su alma. No había glamour por ningún sitio y continuamente situaba la entrevista en el llamado principio de realidad, muy dolorosa en su caso, desde que comenzó su carrera como médico de una forma accidental, hasta hoy día, cuando lo que se podía esperar era el efecto halo de un profesional excelente. Nada más lejano de su forma de ser y estar en el mundo. Habló sólo de su alma de secreto, que ya es pública y aleccionadora hasta límites insospechados.

La relación médico-paciente estuvo planeando constantemente a lo largo de la entrevista. Habló en más de una ocasión de que sus pacientes eran al final amigos y por eso sufría más con ellos. El fracaso de una intervención, cuyo primer afectado es el paciente, es su fracaso en estado puro. Habló también de su colaboración con una Fundación, aunque también quitó importancia a este gesto de generosidad extrema porque era consciente de que si operaba a cien personas durante sus estancias esporádicas en África, atrás quedaban todavía miles esperando que algún día volviera de nuevo a ofrecerles esta oportunidad. Otra vez la realidad…, porque él quiere “ayudar a aquellos que no pueden elegir y a la vez devolver aquello que nos ha sido dado”, la gran misión de la Fundación que lleva su nombre.

Hubo un momento muy emocionante cuando habló de la situación de la atención sanitaria en España, que consideró excelente, a pesar de que él no debía opinar de esto, porque esa tarea corresponde a los gestores sanitarios: “No sé nada sobre gestión sanitaria, pero la cartera de servicios de sanidad pública no creo que tenga parangón en todo el mundo”. Entendí mejor que nunca lo que aprendí hace ya muchos años del profesor Rodney Coe cuando se esforzaba en explicar los factores de convergencia que siempre se tienen que respetar entre la organización administrativa de la salud y la estrictamente profesional, sin que se confundan, como puede ocurrir en estos momentos de la traída y llevada crisis, con los recortes propios y asociados que la están caracterizando de forma despiadada.

Habló mucho de las situaciones dolorosas que vive en su experiencia diaria, a alma descubierta, sin concesiones a la galería. Reconoció que todavía queda mucho camino por recorrer a la trasplantología, aunque señaló en diversas ocasiones que la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) funciona de forma excelente en España, .

Cuando finalizó la entrevista, él sabía que tres pacientes trasplantados de manos le estaban esperando en las habitaciones de su persona de secreto. Comprendía el dolor que arrastran estas operaciones: “Otra situación muy dolorosa para mí fue un problema que tuvo un paciente al que le hice un trasplante de piernas con la medicación y tuve que quitárselas”. Conoce bien una verdad incómoda: “Todos los trasplantes, con suficiente tiempo, fracasan […] A los 20 años, aproximadamente el 100% de los órganos trasplantados se han perdido”.

No hubo concesión alguna a su alma buena de cirujano sin fronteras. Nos dejó claro que él no sabe contar mentiras al sistema inmunitario de los pacientes y por eso falla a veces. Se despidió dejando claro que su religión ¿su alma? le impide dejar sin atender a un paciente porque no tenga dinero… Y que no es dios ni pretende serlo.

Sevilla, 1/VI/2015

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