El siglo de la revolución digital / 2. El cerebro nos hará más libres

Sigue avanzando en Estados Unidos un compromiso de esta legislatura en relación con la investigación del cerebro, el Proyecto BRAIN (acrónimo en inglés de “Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies”, es decir, Investigación del Cerebro a través del Avance de Neurotecnologías Innovadoras), que va a suponer un avance sin precedentes en el conocimiento de su estructura global y de gran impacto para las personas. Lo he manifestado en muchas ocasiones en este cuaderno digital, desde que comencé a escribir en él en 2005: el siglo XXI es el siglo del cerebro, al igual que el XX se dedicó -mutatis mutandis- al corazón: “Este cuaderno, que poco a poco se va configurando, tiene su razón de ser en el cerebro, donde se instala la inteligencia digital y donde está su primer motor inmóvil que permite desde la preconcepción desarrollar capacidades fabulosas de ser en el mundo. Lo que pasa es que siempre se trabaja en la actualidad con una mala noticia: no sabemos casi nada de lo que pasa en la caja fantástica a la que llamamos “cerebro”. De todas formas, hemos comenzado una aventura fascinante porque en este rincón del mundo vamos a hacer un esfuerzo por democratizar lo que vamos sabiendo del mismo y lo vamos a poner a disposición de la comunidad red. Seguro que entre todos vamos a tejer una malla de conocimiento en todas sus posibles manifestaciones. Llegará el día que podamos abrir categorías y páginas (en lenguaje bloguero) divulgativas, especializadas, de investigación democratizada y no solo de la élite del poder que da siempre el conocimiento, con objeto de hacer un homenaje permanente al auténtico patrimonio de la humanidad todavía por descubrir. Cien mil millones de posibilidades (neuronas) para grabar acontecimientos vitales, diferentes, que caracterizan a cada ser humano, me parece algo sorprendente. También, ilusionante”.

El proyecto BRAIN sigue avanzando a pasos agigantados después de dos años de singladura científica, cuando el presidente Barack Obama lo presentó en el Discurso sobre el Estado de la Unión, el 2 de abril de 2013, liderado científicamente por el profesor Rafael Yuste, que le acompañaba en dicho acto, en una tarea ardua de dibujar el mapa del cerebro humano. La Administración de Estados Unidos programó una inversión de más de 120 millones de dólares para iniciar una investigación que permitirá conocer las causas de enfermedades como el Alzheimer, la epilepsia y el Parkinson. Esta inversión se estimó que se llevaría a cabo a un ritmo de aportación de 300 millones de dólares por año durante la vida del proyecto.

Dijo Obama en aquél encuentro que: “Hoy podemos identificar galaxia a años luz, o estudiar partículas más pequeñas que el átomo, pero todavía no hemos desvelado el misterio de las tres libras [unos 1.300 gramos] de materia que tenemos entre las orejas. […] La nuestra es una nación de soñadores, de gente que se arriesga. Los ordenadores, internet y otros avances germinaron con la financiación del Gobierno, y el próximo gran proyecto de Estados Unidos es la iniciativa del cerebro”.

El proyecto tiene un horizonte de quince años, hasta el año 2028 en el que se estima que ya se podrá cartografiar con éxito total el cerebro y los circuitos neuronales, sistema que lidera Rafael Yuste en la Universidad de Columbia. Se sabe que el proyecto nació anecdóticamente en un congreso en Chicheley, un pueblo entre Londres y Birmingham, en septiembre de 2011, en un debate entre Yuste y George Church, genetista del mapa del genoma humano. En ese encuentro científico Yuste afirmó que le gustaría registrar la actividad de todas las neuronas a la vez, capturar todos los impulsos eléctricos con los que se comunican entre ellas, para dibujar el mejor mapa posible del cerebro en movimiento.

En la actualidad, el proyecto tiene un marcado carácter público por su financiación y directrices científicas, aunque la colaboración de grandes empresas es obvia por tener recursos suficientes para el tratamiento ingente de la información que, asombrosamente, procesa el cerebro todos los días: “La obsesión de que el plan sea público es para compartir, sin patentes, el mapa completo de toda la actividad neuronal en la web para que neurólogos, físicos y químicos investiguen. En enero, un grupo de científicos se reunieron con Google, Amazon y otras empresas para asegurarse de que habrá capacidad suficiente para almacenar en “una nube” los datos obtenidos. Cada millón de neuronas puede necesitar tres petabytes (tres millones de gigas) con lo que un cerebro entero puede ocupar hasta 300.000 petabytes. Los expertos californianos en datos ya han tranquilizado a los científicos: no hay problema y menos dentro de 15 años” (1).

A día de hoy existen muchos interrogantes sobre el proyecto, fundamentalmente por su apertura a la investigación mundial, con la participación de Europa por ejemplo y la situación política de la recta final del mandato de Obama, aunque el profesor Yuste afirmaba en el mes de mayo pasado, en una entrevista en el diario El País, que la cultura americana manifiesta siempre un gran respeto político a los proyectos de Estado, augurando la continuidad del mismo: “Sí, soy optimista. Tradicionalmente en Estados Unidos estos proyectos de interés nacional han sido apoyados por los dos partidos: mandar un hombre a la Luna, el genoma humano, las nuevas nanotecnologías… Incluso BRAIN ha sido apoyado por los dos partidos en el Congreso. Los republicanos están muy interesados en entender cómo funciona el cerebro porque creen que el aumento exponencial de los casos de alzhéimer puede llevar el país a la bancarrota. El republicano Newt Ginrich es el abanderado de este argumento económico”.

Habría que recordar la célebre frase en la campaña presidencial de Clinton, de 1992: “es la economía, estúpido” (the economy, stupid), para aprender de la historia cuando se confunde en tiempos de recortes, como le pasa a todo necio, valor y precio. Pero con un sesgo científico radical protegido por el gobierno de Obama que dé la vuelta a aquella infeliz frase, porque se trata de conocer a través de BRAIN la esencia de la inteligencia y por qué a veces enferma y hace sufrir tanto a las personas: ¡Es el cerebro…!. Sin insultar a nadie.

Sevilla, 21/IX/2015

(1) Ramírez, María (2013, 2 de abril). Obama presenta con el español Rafael Yuste su proyecto para estudiar el cerebro. El Mundo, ed. digital.

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