En desagravio a Clara Campoamor

Esta tarde he sido testigo directo de una acción pública en el monumento dedicado a Clara Campoamor en la Plaza de la Pescadería, junto a la Cuesta del Rosario, en Sevilla, que refleja el estado del arte cultural de esta sacrosanta ciudad, con motivo de la Semana Santa. Es una obra de la escultora Anna Jonsson, asesorada por Margarita Aizpuru. Supongo que ante los posibles actos de vandalismo en los días santos, el conjunto escultórico se encajona materialmente, como pueden observar en el vídeo, para protegerlo de asaltos y actos de gamberrismo, escondiéndolo muy a su pesar simbólico, así como el de los que apreciamos el significado de su memoria histórica en este país tan dual, que no debería esconderse en ningún caso.

Ha llegado un camión con una grúa y han elevado el cajón de madera que, al no estar cubierto, ha servido de cubo de basura durante los fastos procesionales. Tal y como pueden observar en el vídeo, así han dejado el conjunto escultórico al finalizar las maniobras, sin más contemplaciones, rodeado de papeles, botellas vacías y latas de refrescos, entre otros objetos.

La verdad es que visto lo visto, la cultura tiene que esconderse para no ser asaltada y golpeada por doquier, en un país que tanto la necesita y en una ciudad que no ha encontrado sorprendentemente mejor forma de protegerla. Clara Campoamor ha vivido de nuevo el exilio ético en esta ciudad, sin que nadie pueda admirarla durante estos días santos, en su vida y en su representación escultórica.

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He vuelto a casa y he reflexionado sobre el pensamiento crítico de Clara Campoamor, su lucha incansable en defensa del sufragio femenino, como pequeño acto de desagravio ante lo que he experimentado como testigo directo, aunque tengo que confesar que todavía no me he recuperado. Instintivamente, me he acercado a ella después de la retirada del cajón, acompañando unos minutos a la niña que preside el grupo escultórico y que sigue leyendo un libro de Clara Campoamor a la vista de todos y rodeada de libros con títulos muy sugerentes, Historias entre líneas e Historias olvidadas (entre otros), como si estos días de Semana Santa no hubiera pasado nada. Tiene claro que su gran misión en la vida es aprender de los libros, del conocimiento que nos permite cada día ser más libres. Sobre todo, estaba agradecida por haber recuperado la libertad. Es verdad, tal y como se puede leer en la placa conmemorativa de su inauguración, que se dedicó “a Clara Campoamor por su inigualable contribución a la libertad de las mujeres y porque la que fue su lucha forma parte de nuestros derechos”. Que también ha quedado hoy al descubierto en un martes laico, para conocimiento de todos.

Sevilla, 18/IV/2017

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