Si hay fronteras, no dejes de venir a verme

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Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla…

Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte…

Nicolás Guillén (1902-1989), La Muralla

La frase que encabeza estas palabras la escuché ayer en el microespacio del periodista y escritor Juan Cruz, El revés y el derecho, en la Cadena SER, referida a la situación en Cataluña, que transcribía la que le había dicho un viejo amigo suyo la tarde anterior. Me pareció que encerraba en sí misma la locura en la que nos hemos instalado en este país por culpa de muchos, por la ceguera política de unos y otros, de independentistas radicales y políticos ciegos al color del diálogo con visión de Estado, a la hora de enfocar un problema latente y manifiesto, según se mire, en relación con el tratamiento del llamado eufemísticamente “proceso de Cataluña”.

Rápidamente asocié fronteras a murallas, que solo reconozco la sentida por Nicolás Guillén, no las territoriales de ahora. Estamos en la cuenta atrás para la declaración unilateral de independencia y no tengo tranquilidad ni sosiego para vivir con dignidad de ciudadano de este país llamado España, cosido a duras penas por un hilo conductor llamado Constitución, que acusa el desgaste de más de cuarenta años soportando sus desgarros por tanto usarla. Por esta razón, sigo pensando que sería un error que la independencia de Cataluña fuera una realidad, en un mundo globalizado que va más allá de nuestras fronteras geográficas, como si se quisiera poner ribetes de acero o puertas blindadas al campo de la libertad. Me gustaría, por tanto, ir a ver a mis amigos en Cataluña como lo he hecho siempre, sin tener que cruzar una frontera levantada por signos evidentes de odio y segregación histórica.

Estoy en situación de ardiente im-paciencia [sic], porque de nuevo me separo unos segundos vitales de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: “En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres”. Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo “im”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, porque me temo que, con las nuevas fronteras en Cataluña, de todo tipo, será difícil que podamos ver con tranquilidad y sosiego a nuestros vecinos catalanes que pertenecen también al Club de las Personas Dignas, que no tiene fronteras y que en Cataluña son millones, por cierto.

A partir de aquí he ido a mi estantería preferida y he cogido un libro de Nicolás Guillén, con la música de Quilapayún de fondo, para recordarlo mejor en su poema “La Muralla”: Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos… Y cuando he llegado al verso “¡Tun, tun!, ¿quién es?”, he recordado símbolos del mal que justifican, para muchas murallas de hoy, que no deberían existir: veneno, puñal y dientes de serpientes, cuando lo que se espera hoy de una muralla es que solo sea humana, juntando las manos de personas dignas, que la abran solo al mirto y a la yerbabuena, al ruiseñor en la flor.

Y refiriéndome al sentimiento de gratitud cuando juntamos todas las manos, suelo sentir especialmente lo que aprendí de mi literatura de cabecera, agradeciendo a Nicolás Guillén que me ayudara a identificar las auténticas murallas. Sobre todo, porque he bebido agua y no se me ha olvidado nunca la fuente. Como la de ayer, que me enseñó Juan Cruz en treinta y cuatro segundos mágicos de radio.

Sevilla, 5/X/2017

NOTA: la imagen Nicolás Guillén se recuperó de http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Guillen/index.shtml, el 22 de septiembre de 2007.

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