No olvido que Andalucía está muy presente en Cataluña

LA NOVENA PROVINCIA

En 2010 se publicó en la Revista “Andalucía en la Historia”, un dossier muy interesante sobre la emigración de andaluces a Cataluña, de imprescindible lectura, que constituyen en la actualidad casi una novena provincia de Andalucía, una realidad a la que en estos días no se le está dando la importancia que tiene, con un silencio clamoroso desde las altas instancias de la política y sociedad andaluza. Escribo estas palabras como una expresión cercana a casi un millón de andaluzas y andaluces que viven en la actualidad en Cataluña y que tienen alma andaluza, porque deseo que no se sientan desamparados de una tierra que los vio nacer a muchos de ellos y a la que quieren por encima de nacionalismos e independentismos alejados de la Constitución.

Cataluña fue un refugio en el siglo pasado para miles de familias andaluzas que en la posguerra tuvieron que emigrar desde Andalucía en busca de un mundo mejor, cargados de sufrimientos y con desgarros de sus ciudades y pueblos de origen porque aquí en el Sur no se podía vivir. Más de quince mil inmigrantes del silencio cómplice fueron expulsados desde Cataluña a sus pueblos andaluces de origen, durante los años negros (1948-1957), hecho histórico documentado que no se debería olvidar nunca. Fueron a buscarse la vida y crear áreas residenciales pobladas de andaluces donde se intentó y consiguió crear un hábitat propicio para personas desarraigadas de sus lugares y familias de origen. Y Cataluña los recibió con brazos abiertos y pudieron crear allí familias arraigadas en aquella tierra, unos para quedarse definitivamente y otros para volver cuando su vida laboral finalizaba allí y podían tomar un nuevo rumbo con las jubilaciones en empresas radicadas en Cataluña.

Es por este motivo por el que los quiero recordar especialmente en estos momentos difíciles que estamos viviendo en Cataluña. Creo que en el ecosistema andaluz en Cataluña se reproducirá perfectamente la fractura social que se está creando en aquel territorio, pero con un marcador diferente. La emigración enseña a ser ciudadanos del mundo y derriba fronteras y murallas ficticias, tal y como he recordado en artículos anteriores sobre este doloroso proceso de Cataluña. Es incomprensible que ahora se sientan atrapados en la declaración unilateral de independencia los emigrantes andaluces y las nuevas generaciones nacidas allí, pero con antepasados de esta Comunidad, porque su alma es andaluza y saben mejor que nadie lo que es tener que atravesar fronteras e iniciar nueva vida plagada de desarraigos. Esta novena provincia no tiene la facilidad de trasladarse a Andalucía de nuevo, siguiendo la estela de muchas empresas que se están marchando diariamente de aquella tierra buscando seguridad política y jurídica. La mayor parte de las andaluzas y andaluces en Cataluña son trabajadores asalariados que dependen de empresas radicadas ahora allí. Creo sentirme cerca de la preocupación que deben tener ahora porque son conscientes que el éxodo comienza con traslados institucionales, pero al final acabarán con traslados forzosos por el clima irrespirable que se podrá llegar a tener allí y que ojalá no se llegue a instalar allí nunca.

En ellos debemos pensar y trasladarles nuestra solidaridad actual. En primer lugar, transmitiéndoles desde el Sur que confíen en la democracia del Estado de Derecho, porque es fuerte cuando está arropada por la Constitución. En segundo lugar, decirles que, aunque es legítimo pensar en el retorno de algunos a Andalucía llegado el momento de establecerse la hipotética independencia, no abandonen precipitadamente su lugar de vida actual hasta que la situación se aclare definitivamente. En tercer lugar, la Junta de Andalucía debería preparar un efecto retorno por si, llegado el caso, miles de andaluzas y andaluces tuvieran que volver a sus lugares de origen porque allí, en Cataluña, fuera difícil seguir tejiendo sus vidas o por si los traslados laborales tuvieran que tutelarse, con responsabilidad de Estado y Comunidad Autónoma de Andalucía para proteger el interés general y para garantizar derechos y deberes laborales que nunca se debería olvidar. Para que no se sientan olvidados ni solos.

Sevilla, 18/X/2017

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