El Año se va

E la nave va

Como ocurrió en el famoso barco de Fellini en su extraordinaria película, E la nave va, este año ha sido una singladura especial en este país, porque Democracia e Independencia, dos divas del contrato social que impera en España a través de la Constitución, han luchado a muerte por abrirse paso en el mosaico español, que se ha mantenido íntegro durante los últimos cuarenta años. Un hecho histórico si no olvidamos lo ocurrido en los últimos siglos de correcta memoria histórica española, propia y asociada.

Siguiendo el símil del barco de Fellini, a veces estamos asistiendo a un ritual peligroso en torno a la Constitución como símbolo de la democracia de este país. Para los que desean la independencia en Cataluña, solo es ceniza lo que queda de aquella aventura constitucionalista porque ha muerto y no les vincula para nada. ¡Es la República, idiota! El barco simboliza hoy la sociedad española que navega rumbo a lo desconocido, representando a una sociedad que se defiende de forma torpe de los nuevos vientos del Norte que buscan aliarse con los que desean enrolarse en el barco de la independencia. Hemos llegado hasta aquí por una lamentable gestión política del problema de Cataluña.

Siendo esta realidad un asunto de Estado en el pleno sentido de la palabra Estado, nos encontramos de nuevo con un juego de la oca perverso porque todo ha vuelto en Cataluña a la casilla de salida. La victoria pírrica de Ciudadanos no logra alterar el pulso de las dos divas que citaba al principio, Democracia e Independencia, cada una con su público, con su coro correspondiente. No sé quien tiene la mano en este juego, ni a quien le toca jugar ahora, pero estamos convencidos de que con la casilla de la cárcel no evitamos que el independentismo frene sus expectativas, escuchando las últimas intervenciones de sus líderes. Lo que no es viable es seguir participando en este juego perverso y esperar a ver quién mueve la próxima ficha. Porque al igual que en la película de Fellini, puede ocurrir que el barco se hunda con las mesas de juego dentro y que lo último que podamos escuchar sea “la fuerza del destino” de Verdi. Por no citar la probabilidad de que el capitán se tire por la borda creyendo que ya estamos todos salvados por arte de magia divina, que no política.

Mientras el Año se va…, el Rinoceronte y el Dinosaurio (el que quiera entender que entienda) todavía están aquí.

Sevilla, 29/XII/2017

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