14:57 horas

ALBATROS

Recuerdo con precisión de reloj suizo las esperas interminables de Gary Cooper y Kirk Douglas en escenas de cuenta atrás horaria que nunca he olvidado. Ahora, espero todos los días laborables la llegada de las 14:57 para escuchar el microespacio del periodista y escritor Juan Cruz, El revés y el derecho, en la Cadena SER, porque en menos de un minuto aprendo a vivir con mayor dignidad después de escuchar sus reflexiones. El título está tomado de la obra homónima de Albert Camus, en la que el autor expresa que su fuente de inspiración nació en este libro, “en este mundo de pobreza y de luz en el que he vivido tanto tiempo y cuyo recuerdo todavía me preserva de los dos peligros contrarios que amenazan a todo artista: el resentimiento y la satisfacción”.

Hace tan sólo unos días, a las 14:57:50, escuché con atención reverencial unas palabras de Juan Cruz dedicadas a un librero peruano de raza, Rodrigo Díaz, que después de dar una pequeña vuelta al mundo acabó comprando una librería (uno de mis sueños) en Ginebra a unos exiliados chilenos y donde había trabajado antes en la limpieza de la misma, con un nombre precioso, Albatros, que ya forma parte de la “Resistencia Mundial Librera”, que combate a favor de la lectura de lo que se escribe en español. Todo ocurrió gracias a un préstamo de la Banca Alternativa que no le pidió nada más que tener un proyecto, un sueño, sin más aval. Me parece asombrosa la aventura de Rodrigo, porque simboliza la imperiosa necesidad de que las librerías nazcan y subsistan dignamente porque son la garantía del conocimiento que nos hace más libres: “Albatros existe gracias a todas las personas amantes de la literatura y del proyecto cultural”.

Rodrigo cuenta en una entrevista que “La librería es el centro de encuentro de todos los enamorados de las letras, la música, teatro, cine etc. Esto me ha permitido conocer gente magnifica, regresar a mi casa, acostarme y seguir soñando con lo genial o emotiva que puede ser la vida.” (1). Impecable.

Vuelvo de mi corazón a mis asuntos y salgo del andén de espera vital donde siempre me acuerdo de relojes famosos. Hoy buscaré una vez más, a las 14:57 horas, las razones que todos deseamos tener para escudriñar mejor el revés y el derecho de nuestras vidas, solo ante el peligro y con el riesgo de que llegue a hora exacta el último tren de Gun Hill…, que siempre llega, gracias a personas que como Matt Morgan saben esperar horas interminables para levantarse ante el silencio cómplice de determinadas personas (todos no somos iguales) por la anticultura manifiesta del Estado. Es la razón de fondo por la que entiendo que exista la Resistencia Mundial Librera, de la que “Albatros” es un ejemplo o “Verbo“, en Sevilla, sin ir más lejos.

Sevilla, 31/I/2018

(1) https://librosnocturnidadyalevosia.com/libros/albatros-milagro-una-libreria-espanol-ginebra-luis-leon-barga/

Ha muerto Nicanor Parra, el poeta imaginario

Ayer falleció a los 103 años, en su querida tierra chilena, el antipoeta Nicanor Parra, al que dediqué en 2014 unas palabras en este cuaderno digital que busca islas desconocidas de compromiso activo, que vuelvo a publicar. Comprendo hoy, mejor que nunca, las palabras que un día ya lejano, dando gracias a la vida, le dedicó a su hermana Violeta Parra, cuando falleció en 1967:

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido.

Hago mías estas palabras en un día triste para el mundo de la libertad viva. Es lo que le pido también a Nicanor Parra en la montaña rusa en la que siempre estuvo instalado, dando gracias a la vida, que nos ha dado tanto.

Sevilla, 24/I/2018

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (IX) Un poeta imaginario: Nicanor Parra

Culmino hoy esta serie dedicada a un mes especial, que he querido tratar de forma diferente. Agosto es siempre una oportunidad de descanso activo para muchas personas, mientras otras lo aprovechan en sus negocios buscando que sea también especial, haciendo probablemente su agosto particular. He pretendido a través de estos post resaltar sobre todo lo que hacen algunas personas en Agosto, o lo que han hecho, aportando vidas ejemplares desde diversas ópticas de interpretación de lo que merece la pena destacar en la rutina diaria, resaltando la importancia del aprendizaje de personas que aportan muchas cosas a la vida, sobre todo su forma de pensar diferente, sin ruido ni alharacas, su forma de ser y estar en el mundo. Finalizo hoy dando gracias a la vida por poder escribir pensando en lo que nos puede interesar de los demás, en un mes a veces anodino pero que también puede ser una oportunidad de vivirlo de forma diferente, positiva, lejos del ruido infernal que nos produce el sinsentido humano de guerras, corrupción y desencanto pasivo.

El próximo 5 de septiembre cumplirá cien años el poeta Nicanor Parra. Es verdad que su obra no ha sido una lectura personal habitual, solo recordada con motivo del Premio Cervantes que recibió en 2011, que me permitió volver a la lectura compleja de la antipoesía que representa, comprometido sobre todo con la contradicción de la vida, porque para él es una fuerza que le permite seguir viviendo, conduciendo su viejo coche del pueblo (Volkswagen), camino de un lugar muy querido para él: Las Cruces. Y esa forma de pensar, de transgredir la vida instalada, me sorprendió siempre, tanto como el crucifijo que preside el salón principal de la biblioteca que lleva su nombre en la Universidad Diego Portales, con una inscripción memorable escrita a mano en un cartel rutinario: “Voy y vuelvo”.

“Yo me preguntaba por qué cresta los poetas hablaban de una forma y escribían de otra. ¿Por qué utilizan esa jerga que se llama lenguaje poético y que no tiene nada que ver con el lenguaje de la realidad?”. Lo resolvió con un poema inolvidable:

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.

Y muere casi de forma contemporánea al esplendor de su obra, en 1967, su hermana Violeta Parra, una extraordinaria mujer que siempre recuerdo en una canción grabada en mi persona de secreto, que daba gracias a la vida por sus dos luceros, por el oído, el sonido, el abecedario, sus pies cansados, el corazón, la risa, el llanto:

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
Perfecto distingo lo negro del blanco,
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
Graba noche y día grillos y canarios;
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
Y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
Con él las palabras que pienso y declaro:
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
La ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos, montañas y llanos,
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano;
Cuando miro el bueno tan lejos del malo,
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
Los dos materiales que forman mi canto,
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Comprendo más que nunca que un día le dedicara su hermano estas hermosas palabras:

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido.

Probablemente se pare un día la montaña rusa de su poesía, solo cuando no la pueda interpretar él directamente, aunque hayamos aprendido de su testimonio vital que hay que mantenerla viva, transmitiendo la cruda realidad, sin palabras artificiales, recurriendo sin descanso a su canto con la imaginación más bella, para que no termine ni se olvide nunca, para que cuando cumpla ahora cien años pueda bailarla al ritmo de una cueca, porque todavía va y viene por su vida de todos, por la de secreto. Poniendo música a su persona imaginaria, a la que a todos nos gustaría copiar algún día:

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Sevilla, 31/VIII/2014

El patio de mi alma

Dedicado a nuestro hijo Marcos, al que tanto amamos. A muchos jóvenes que como él buscan vivir en otro mundo de libertad, verdad y justicia compartidas.

Me siguen asombrando las repercusiones sociales de ámbito digital que suceden en el mundo próximo. Estos días sigue entusiasmando a millones de personas una canción de un andaluz, malagueño por más señas, que se llama Pablo López. Su videoclip de la canción “El patio” alcanza ya casi ocho millones de visualizaciones y ese fenómeno me interesa porque descubro una vez más el poder del mundo digital que nos pone la música y sus letras al alcance de la mano.

Nada humano me es ajeno y este fenómeno digital tampoco. He leído la letra de la canción muchas veces y creo que ocho millones de personas se acercan a ella porque el último rótulo del videoclip resume muy bien el hilo conductor de la canción en tiempos modernos y de bastante sinsentido: “En el patio se quedó jugando solo el último día de libertad que conocimos. Aquel día no teníamos miedo. Aquel día sigue esperándonos intactos”. Antes se ponía “The End” al finalizar las películas. Hoy, en este videoclip, se pone el dedo en la llaga de lo que nos pasa: cada día disponemos de momentos de libertad, cada vez más mediatizada, pero nos quedamos muchas veces solos, jugando a construir rompecabezas de lo que nos pasa, con miedo de equivocarnos, aunque no nos damos cuenta de que en esos momentos de soledad es cuando estamos más intactos porque es cuando dejamos vivir tranquilo al niño o niña que todos llevamos dentro, en nuestro patio del alma.

Sevilla, 21/I/2018

Murillo pintó también la verdad de Sevilla

LA MIRADA INNOVADORA
http://www.murilloysevilla.org/

Sevilla está viviendo un acontecimiento muy interesante para recuperar señas de identidad de su memoria histórica. La celebración del cuarto centenario del nacimiento del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo, es una oportunidad de acceder a información relevante atendiendo lo que él quiso decir a través de cada lienzo que lleva Sevilla dentro. Así lo ha manifestado el Comisario de esta efeméride, Benito Navarrete: “Bartolomé Esteban Murillo ha sido un artista utilizado desde el mismo siglo XVII por el poder de comunicación que tienen sus imágenes. El propósito del Año Murillo es intentar arrojar luz desde diferentes parcelas para interpretarlo desde una visión poliédrica para que su pintura -desde la devocional a la profana- llegue a ser entendida en su plenitud atendiendo a la memoria que su obra ha dejado a lo largo del tiempo. Un artista que ha sufrido oscilaciones cambiantes y que ahora es reivindicado por su propia ciudad con la intención de presentar su verdadera dimensión para que sea entendido y valorado en su justa medida como espejo de genialidad e innovación para las generaciones futuras”.

De esta forma, he comenzado a vivir este Año Murillo, intentando vislumbrar qué Sevilla estaba detrás de cada cuadro, imaginando que la trastienda de la ciudad estaba siempre en el momento de aproximarse al lienzo en blanco de cada obra. Lo conocí en mi infancia con la divulgación que el régimen franquista hacía de sus imágenes candorosas de vírgenes y niños divinos al gusto de los que le encargaban la representación de acontecimientos religiosos de la forma que gustaba a la iglesia y a los poderes fácticos de la ciudad. Pero Sevilla vivía momentos convulsos que Murillo también supo trasladar a sus lienzos en blanco, aunque durante siglos han ocupado un lugar mucho menos relevante que su pintura más oficial.

El año pasado escribí unas palabras en este blog como homenaje personal en el tiempo preparatorio de la celebración del Cuarto centenario del nacimiento de Murillo en la ciudad de Sevilla. Señalé una constante en su obra pictórica, la que dedicó a los niños y niñas de Sevilla que menos tenían, frente a ángeles imposibles e inalcanzables que también pintó, que hoy son vistos por millones de personas en el mundo en museos de diversas localizaciones geográficas donde la obra de Murillo se contempla con admiración y respeto. Como el niño sevillano que sonríe asomado a una ventana de libertad, pintado en 1675 y que tanto admiro. Probablemente, era un niño pobre, como tantos miles que había en Sevilla en aquella época, pero asomado a un mundo diferente a través de una ventana liberadora. Así lo he pensado en relación con los niños y niñas sevillanos que menos tienen y así lo transmito.

Ayer estuve contemplando de nuevo el monumento dedicado a Murillo en la Plaza del Museo, muy cerca de un lugar mágico, la sala V del Museo de Bellas Artes rediseñada con motivo de la celebración del cuarto centenario de su nacimiento, donde he recordado algo que me causó una gran impresión en una visita que hice a aquella sala en 2015. En aquella ocasión, tuve una experiencia extraordinaria, porque un cuentacuentos estaba enseñando a niños y niñas de dos años, con arte excelso, el pequeño secreto de la Virgen de la Servilleta. Al terminar su intervención magistral, en breves minutos doblemente buenos, les entregó unas hojas con trazos del cuadro explicado, para que los colorearan con lápices multicolores de cera. Y comenzaron a dar color a una obra que previamente ya les habían presentado en clase sus maestras, sus maestros, en el buen sentido de la palabra maestra, maestro.

Fue un momento mágico y estaba convencido de que Murillo disfrutó aquel día de forma especial, porque solo buscaba encontrar en las madres presentes su papel de vírgenes anónimas y el rostro saliente de todos y cada uno de los niños pintores, como el de la servilleta, aunque tendría que pensar detenidamente de qué forma podría pintar también a las niñas como nuevas protagonistas de sus cuadros, en una revolución de género que nunca pudo imaginar. Fui testigo directo de cómo una abuela le explicaba a su nieta que la Virgen era una madre buena. Se hizo un silencio sonoro y se despidieron del pintor. La niña, mirando hacia atrás, buscaba la servilleta original de la que le había hablado el cuentacuentos porque por más que miraba el cuadro de Murillo no la veía por ninguna parte. Solo a su abuela, en su papel maravilloso de madre que está en la tierra, con ella en brazos. Ocurrió en minutos algo especial: en esa ocasión eran los niños y niñas de Sevilla los que pintaban a Murillo, cuando él pintó como ningún otro artista de la época a los niños como centro de atención especial en su obra.

Obviamente, he pensado que Murillo, cuatrocientos años después de su nacimiento, volvería a pintar hoy con carácter preferente a los niños y niñas de Sevilla con pobreza visible e invisible, que todavía existen, a los que siempre quiso dedicar una parte muy importante de su obra, como homenaje a los que menos tienen, a los invisibles para los que tienen todo, para que comprendamos que hay que fijar prioridades al recordarlo ahora en ceremonias y festejos especiales con motivo de esta magna celebración oficial. Para que no olvidemos su mensaje pictórico ni siquiera un momento. Para que todos los niños y todas las niñas que viven en Andalucía puedan asomarse ya a las ventanas de dignidad personal que solo existen en las grandes alamedas de libertad.

Sevilla, 19/I/2018

Elegía a Fernando Camacho

En Sevilla, su ciudad y la mía, se me ha muerto como del rayo Fernando, con quien tanto quería

Desde anoche, cuando me enteré de que Fernando había ido a su cielo, estoy inmerso en el dolor de un poema de Miguel Hernández, Elegía a Ramón Sijé, que tengo grabado en el alma. Por esta razón, lo he leído muchas veces otra vez y transcribo ahora mi emoción y sentimiento hacia la estela de Fernando, con quien tanto quería. Y es verdad que quiero ser llorando el hortelano de la tierra imaginaria que ocupa y estercola, porque siempre fue un compañero del alma, tan temprano.

Es verdad, porque tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento, porque un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal lo ha derribado. Comprendo mejor que nunca lo que sentía Miguel hacia su gran amigo Ramón Sijé cuando expresaba que no hay extensión más grande que mi herida, porque lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más su muerte que mi vida.

La vida sigue o la nave va, como queramos entender la vida, pero sé que con el calor de las personas que quiero voy más seguro de mi corazón a mis asuntos. Hoy, si pudiera, me gustaría desamordazarle y regresarlo porque lo recuerdo en mi alma joven y rebelde que siempre encontró en Fernando un sitio para volver a nuestros andamios de buenas noticias de las que él siempre fue un maestro. Sobre todo, las del joven evangelista Marcos, a quien proclamaba en su barrio de La Pañoleta, en Camas (Sevilla). Un ser anónimo para muchos, pero públicamente querido por los que menos tienen.

Sé, Fernando, que todavía tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero. Es lo único que me consuela cuando estoy obligatoriamente obligado a ir de mi corazón a mis asuntos. Los que tú, mejor que nadie, bien conoces en mi desventura y sus conjuntos.

Sevilla, 15/I/2018

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de https://youtu.be/Hi6A4Y9DuEY. Tal y como se recoge en Youtube, es un “Homenaje popular al hombre, al estudioso, al profesor, al cristiano, al sacerdote, al amigo, al militante y al luchador infatigable en la defensa de los Derechos Humanos y especialmente de los más débiles, pobres y necesitados. La Pañoleta (Camas) 28 de febrero de 2015”.

Cinema Verbo

CINEMA VERBO
Proyectores que se muestran en el piso principal de la librería Verbo, en Sevilla / JA COBEÑA

Dedicado a todas las personas, sin dejar a nadie atrás, que hacen posible que Sevilla disponga de más librerías en tiempos de alejamiento político de la cultura en todas y cada una de sus manifestaciones y que arriesgan capital propio y asociado en momentos de cólera mundial. De lo que estoy seguro es que aman lo que hacen.

Tengo debilidad con una película de culto, Cinema Paradiso, que sigo valorando de forma especial en su fondo y forma. El viernes pasado entré en la nueva librería Verbo, en Sevilla, que ocupa el edificio que, durante décadas del siglo pasado, desde 1906 concretamente, ocuparon sucesivamente el teatro, salón y cine Imperial, en calle Sierpes. Sentí algo especial porque me alegraba entrar en un espacio que conocía bien y que había ocupado hasta su cierre la librería Beta, que ahora se ha reabierto con trabajadores de la citada empresa anterior. Toda una noticia cultural y social en Sevilla, una ciudad de bares como ya he escrito en varias ocasiones en este blog. Me gusta mucho, además, su nueva marca “Verbo”, por el valor intrínseco de la palabra en sí (valga la redundancia).

Pero lo que no conocía era la sala de proyección que todavía alberga dos proyectores que me recordaron inmediatamente al de Cinema Paradiso, aquel espacio mágico de Totó y Alfredo que tantas veces recupero en mi moviola interior, con diálogos que tampoco olvido. Ese momento me devolvió cierta alegría porque acababa de conocer que el libro que andaba buscando en varias librerías, El cuento de la isla desconocida, estaba ya descatalogado. Sentí con profunda tristeza que era un símbolo de lo que sucede en este país con la cultura, porque una obra extraordinaria de Jose Saramago como es ésta, ya no se puede comprar en librerías de nuevo. Lo mismo que el tiempo pasa, las obras de autores galardonados con el premio Nobel pasan de editarse porque no se leen.

Volví a casa y abrí una edición preciosa que conservo, la primera que se editó en España sobre este cuento de Saramago, que compré en diciembre de 1998, mediante la contraprestación curiosa de mil pesetas que iban destinadas íntegramente (sic, en negrita), por voluntad del autor, a ayudar a los damnificados de Centroamérica a través de la Cruz Roja Internacional. Valor y precio. Sin confundirlos. Aquél viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato José Saramago, no se me olvidará nunca, aunque ahora será más difícil regalarlo para singladuras de cercanía y amistad. Fueron 43 pequeñas páginas que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente –intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. El compromiso de salir de nosotros para conocernos mejor.

También, tuve la sensación de que había salido a regalar islas desconocidas en los demás, que había que descubrir, al fin y al cabo imaginándolas el viernes pasado en aquél espacio mágico de las dos máquinas de proyección, en el momento en el que Alfredo aconseja a Totó que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo. Hoy, gracias a la experiencia triste de un cuento descatalogado lo he recordado especialmente y lo agradezco.

Así sucedió y así lo cuento. ¿Saben por qué? Porque amo lo que hago.

Sevilla, 14/I/2018

Van Gogh: estrella invitada

El año pasado escribí el post que sigue a estas líneas, que recupero ahora porque mañana se estrena en España la película de la que hice, en aquel momento, una crónica de un estreno anunciado. Mantiene su actualidad y es un pequeño homenaje, otra vez, al pintor que me entregó ilusión por pintar la vida de vivos colores, para comprender mejor su infinitud y su eternidad.

Sevilla, 11/I/2018

Van Gogh: estrella invitada

Cuando era pequeño y soñaba como pequeño, me impresionaba leer en perfecto inglés la referencia a la estrella invitada (guest star) en aquellas películas americanas de la sesión continua habitual del cine Tívoli, local refrigerado, que hacía más llevaderas las tardes de verano en Madrid, con visita al ambigú en los descansos para probar helados de la selecta nevería de la que disponía aquel cine en concreto. Me lo ha recordado simbólicamente el anuncio del estreno de una película asombrosa, Loving Van Gogh, que veremos muy pronto en los cines de este país, porque el pintor holandés es la auténtica estrella invitada en un papel estelar, valga la redundancia, que explico más adelante.

He leído con pasión las referencias técnicas de la película porque supone una revolución espectacular en el cine animado, que se traduce en una obra ciclópea en la que han intervenido más de ciento veinte artistas bajo la dirección de la pintora polaca Dorota Kobiela y su pareja, el cineasta Hugh Wlchman, que han pintado al óleo durante cinco años de preparación de la película, más de ciento veinte obras de Van Gogh, reflejadas en 62.450 fotogramas y 12 pinturas al óleo cada segundo, que dan vida a la trama argumental de la película, extraída de la lectura de más de ochocientas cartas del pintor.

Ocho personajes de Van Gogh han cobrado vida propia en esta obra maravillosa, formando parte de su reparto: Douglas Booth como Armand Roulin, Jerome Flynn (Dr. Gachet), Saoirse Ronan (Marguerite Gachet), Helen McCrory (Louise Chevalier), Chris O’Dowd (Postman Roulin), John Sessions (Pere Tanguy), Eleanor Tomlinson (Adeline Ravoux) y Aidan Turner como Boatman, todos ellos pintados y animados especialmente para esta película.

LA COSECHA-JA COBENA
La cosecha. Copia del original de Van Gogh, 1888 / JA COBEÑA

Paseando hoy por un barrio de mi memoria he recordado que en enero de 2005 finalicé la copia de un cuadro suyo, La cosecha (en La Crau), como primer trabajo del taller en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor. Lo he visto en el tráiler y me ha emocionado, porque sé lo que escribió él al contemplarlo como obra inacabada de una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

El gran director japonés Kurosawa ya se aproximó en 1990, con animación y financiación americana, a la pintura de Van Gogh, con su extraordinaria película Sueños, concretamente en el quinto, dedicado a los cuervos e interpretada por Martin Scorsese como Vincent van Gogh: “Un estudiante de arte se encuentra dentro del mundo vibrante y a veces caótico dentro de la pintura de Van Gogh, donde conoce al artista en un campo y conversa con él. El estudiante, en un momento determinado, pierde el rastro del artista (quien pierde una oreja y se acerca al final de su vida) y viaja a través de otras obras tratando de encontrarlo. La pintura de Van Gogh “Campos de trigo con cuervos” resulta ser un elemento importante en este sueño. Además, Kurosawa escogió como música de fondo el preludio N.º 15 en Re bemol mayor del compositor polaco Frédéric Chopin”.

CARRIL BICI FLUORESCENTE
El primer carril bici fluorescente del mundo, en Nuenen. El cielo estrellado de Van Gogh sobre el asfalto.

Espero la película con la ilusión que contaba al principio en mis citas con estrellas invitadas por el cine Tívoli de Madrid. En esta ocasión, una muy especial, Vincent Van Gogh, quien imaginaba sueños para después pintarlos para los demás en su mundo precioso de cielos estrellados, recordados hoy de forma asombrosa por sus paisanos ocasionales de Nuenen (Holanda).

Sevilla, 11/VIII/2017