Afortunadamente, se nos nota

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES),

Sevilla, 15/III/2021

Ayer escuché atentamente la entrevista de Jordi Évole al Dr. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), tan injustamente maltratado en determinados medios de comunicación social. Quería escuchar sus palabras como funcionario, quizás como un consuelo solidario. por mi parte, por haberlo sido durante muchos años, en relación con esa especie tan denostada en este país a lo largo de los siglos, desde Larra con su conocido artículo en el que centró su mensaje multisecular: “Vuelva usted mañana”, escrito en 1833 y que siempre recomiendo leer completo para analizar bien el texto y contexto de sus palabras.

Jordi Évole le preguntó durante el encuentro televisivo que si era de izquierdas o de derechas, contestando el Dr. Simón de forma directa, no sin antes haber mostrado su sorpresa por la pregunta, incluso con un titubeo, sobre si procedía manifestarse públicamente o no en el sentido de la misma: “Creo que se me nota. Soy muy social, tenemos que preocuparnos por las personas que tienen necesidades. Evitar pensar en dos grupos distintos, somos una población, y no entiendo cuando parecen de otra especie los grupos con menor nivel económico. Creo que tenemos que romper ese círculo vicioso”. Le agradecí que lo hiciera aunque estaba en su perfecto derecho de haber pasado por alto esta parte del cuestionario. Me sentí honrado como funcionario, en defensa del interés general siempre, como manda la Constitución que debe actuar la Administración y, lógicamente, sus funcionarios. Es “su natural”, que decía mi profesor de Lógica.

Eduardo Galeano, escritor al que leo con frecuencia y acudo a él en momentos de turbación sobre todo, recoge en su excelente antología sobre las mujeres (1), obra póstuma, una anécdota que le había contado una vez la periodista Rosa María Mateo, tan vilipendiada por la derecha en este país durante su Presidencia reciente de Radio Televisión Española: “Una mujer le había escrito una carta, desde algún pueblito perdido, pidiéndole que, por favor, le dijera la verdad: cuando yo la miro, ¿usted me mira? Rosa María me lo contó, y me dijo que no sabía qué contestar”.

Anoche, el funcionario Fernando Simón miró siempre y fijamente a la cara de Jordi Évole y creo que le dijo la verdad siempre de lo que sabía y sentía. También lo hizo a la ciudadanía que vio el programa, sin altivez alguna, a pesar de la mala fama que tenemos los funcionarios, que una vez escenificó de forma asombrosa el inefable Forges, en una viñeta que no he olvidado nunca, en la que aparecía un “funcionario” arreglando su coche, averiado en el arcén de la carretera y rodeado de piezas en el suelo, recibiendo una reflexión inquietante de su señora, ¡parece increíble que hayas conseguido que funcione otra vez, quitándole todas las piezas que le has quitado…!, a lo que el avezado funcionario, responde sin titubear: ¡los funcionarios sabemos cosas que los humanos ni sospecháis!

Existe una corriente popular sobre funcionarios y funcionarias de este país, altivos, que he recordado en varias ocasiones en este blog: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Cuando en una ocasión vi aquel chiste de Forges, brillante humorista español, en el que aparecían tres presuntos funcionarios echados hacia atrás en sus sillones, con las manos cruzadas en la nuca y diciendo: “se me abren las carnes cada vez que me dicen que me tengo que ir de vacaciones…”, me pregunté el porqué de estas interpretaciones de la calle. Sin comentarios. Vuelvo a tomar conciencia otra vez de que los funcionarios no sabemos muchas cosas que los ciudadanos y ciudadanas de este país sospechan en la relación diaria con la Administración correspondiente.

Lo digo hoy de nuevo como exempleado público, porque he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria, tributaria y económico-financiera, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre la particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo”.

El chiste de Forges sirve hoy para agradecerle que removiera con sus viñetas sabias las conciencias quietas de personas en su función diaria en la Administración. Supongo que en los cielos sabrá dibujar el día a día del otro mundo posible. Espero con emoción la fecha de su publicación antológica. Celestial, por supuesto, dibujando ¿por qué no? a Fernando Simón, con su peculiar imagen, como un funcionario excelso junto a todos los que a diario están mostrando la cara más auténtica de los servidores públicos en este país, en esta pandemia que nos asola, en todos y cada uno de los estamentos en los que están y son, notándose a la legua que son funcionarios a la mayor honra del país y del interés general de los ciudadanos. Mirando a la cara de cualquier persona que necesita algún servicio de la Administración, porque saben que quien les atiende le está diciendo la verdad, aquello que pedía la señora de un pueblo lejano de nuestro país que escribió un día a Rosa María Mateo para hacerle una pregunta inquietante: “cuando yo la miro, ¿usted me mira?”. Excelente lección.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recogido del programa Lo de Évole, en La Sexta, 14 de maro de 2021.

(1) Galeano, Eduardo (2015). Mujeres. Madrid: Siglo XXI de España Editores.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.