Una imagen para mil preguntas

El buque de Salvamento Marítimo, guardamar Talía, remolcando el cayuco en dirección al puerto de Los Cristianos (Tenerife) / EFE

Sevilla, 29/IV/2021

Desde anoche mantengo en mi mente la imagen del Guardamar Talía, una embarcación de Salvamento Marítimo remolcando a babor el cayuco descubierto en altamar el pasado lunes, con 24 cadáveres a bordo (22 adultos y dos menores), en el que viajaban 27 personas de origen subsahariano, de las cuales sólo tres pudieron ser rescatadas con vida por un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate (S.A.R.) y trasladadas a un hospital de Valverde en la isla de El Hierro (Canarias). 

Nunca mejor dicho, esa imagen vale más que mil palabras, aunque creo que vale también para hacernos más de mil preguntas en este mundo al revés de la migración, sobre la que tantas veces he escrito en este cuaderno digital de búsqueda de islas desconocidas. Hoy, cuando ya ha llegado al puerto de Los Cristianos, en Tenerife, vuelvo a hacerme más de mil preguntas, porque siguen faltando respuestas.

Lo he manifestado en estas páginas recientemente: Sigue faltando la respuesta veraz y contundente de una política europea para afrontar y erradicar definitivamente el problema de la migración que se concentra ahora, concretamente, en las otras orillas desde las que provienen estos migrantes, territorios de muerte en vida, donde la mafia hace estragos a diario. Mientras no exista una acción comunitaria bien armada y en todos los frentes posibles, acción directa económica y social en los países de origen de los migrantes, acción conjunta y solidaria ante la acogida que se pueda producir en el tránsito hasta la solución final y legislación que respete ante todo los derechos humanos en todas y cada una de sus manifestaciones, siempre serán necesarios los símbolos de servicios públicos de rescate como el de este cayuco y solidaridad pública a través de ONG que recojan del mar a personas que necesitan ser atendidas en su desesperación humana, como lo simboliza esta semana el cayuco atendido por el SAR y por el Guardamar Talía, con el triste resultado que conocemos ya de forma detallada.

Una vez más necesito encontrarme, como Benedetti deseaba cuando ya era mayor, con el Después de cada rescate que lleve a cabo el barco de Salvamento Marítimo, frustrado parcialmente en este caso, o de cualquier ONG, mientras no se aborden los problemas migratorios de Europa, que continúan en plena pandemia, en una Cumbre Especial y Urgente del Después, como ya denuncié en agosto del año pasado“¿y qué dirá el Después / después de todo? / tengo la impresión de que sus brazos / empiezan a cerrarse / y es ahora mi muerte meridiana / la que en silencio está diciendo ven / pero yo me hago el sordo”. Es lo que pasa cuando conjugamos el verbo “callarse” ante cualquier injusticia por pequeña que sea, en silencios cómplices vergonzantes de un presente de indicativo muy triste: yo me callo, tú te callas, él se calla, nosotros nos callamos, vosotros os calláis, ellos se callan… Incluso cuando navegamos por el mar abierto de la vida y vemos que se cruzan con nosotros personas con miradas y peticiones de aliento para seguir viviendo. Como las de las 27 personas a bordo de este cayuco que ha sido noticia esta semana que, una vez más, será una noticia efímera, en un mundo efímero, que trata a la ética hacia los migrantes el mar como algo legal y escandalosamente efímero.

He necesitado 705 palabras para plantear algunas preguntas, en el gran teatro del mundo, que representa hoy, paradójicamente, el nombre de la Guardamar Talía, la musa del teatro griego. Entre las que podamos hacer todos, quizá podamos salir de determinados silencios cómplices y encontrar respuestas concretas a más de mil preguntas, cada uno en su aquí y ahora, para ayudar a estas personas migrantes que están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces creemos. Por ejemplo, cuando nos quieren vender unos pañuelos por la ventanilla del coche y quizás no las abrimos ni les decimos siquiera “buenos días, adiós o gracias”, algo más allá de la moneda que les podamos entregar incluso a cambio de nada. Los situamos, como al cayuco de la foto, a babor en nuestras vidas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de elconfidencial.com: Se eleva a 24 el número de fallecidos del cayuco remolcado a Los Cristianos (elconfidencial.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.