Los cómicos de la Feria

Somos pobres con iPhone, Netflix, Tinder y Glovo

Ana Iris Simón

Sevilla, 27/IV/2021

En el “discreto encanto de la burguesía” madrileña de mediados del siglo pasado, hablar de cómicos y feriantes era como hablar de la peste y de mala educación, porque se daba por hecho que no eran gentes de bien. Craso error que tuve que sufrir durante muchos años, sobre todo cuando se asociaba mi apellido a la gran actriz de finales del XIX y principios del XX, Carmen Cobeña, emparentada probablemente con nuestra familia, hecho genealógico que estoy estudiando en la actualidad: “¿qué quieres ser, cómico como ella?”, me preguntaron en alguna ocasión. De esta forma, cualquier sueño de hacer cosas diferentes al guion oficial establecido por el Régimen en el ámbito de la cultura, quedaba finiquitado para siempre. Las ferias…, ni verlas.

A mayor abundamiento, he recordado en este cuaderno digital una película de culto, inolvidable, El viaje a ninguna parte (1986), porque muchas veces la reproducimos, salvando lo que haya que salvar, como un guion de película sempiterno en el gran teatro del pequeño mundo de cada uno. Aquella hermosa película de Fernando Fernán-Gómez quiso mantener el mensaje de respeto a los cómicos de la legua, que viajaban siempre hacia una misión posible para el alma humana, aunque a veces fuera a ninguna parte de la sociedad de consumo: hacer felices a quienes los veían, sabiendo que venían de lejos, interpretando la vida y la muerte de la mejor forma que habían aprendido a hacerlo: viajando por esos caminos de Dios hacia el mejor destino humano: el corazón de las personas. Y con una dolorosa transición histórica de medios y público, del teatro al cine, como suele pasar en la vida de cada uno, de todos.

Feria, Ana Iris Simón / Círculo de Tiza

He recordado este viaje hacia la parte de los cómicos y su presencia en las ferias de los pueblos y ciudades, al conocer la publicación de una periodista manchega, Ana Iris Simón, nacida en Campo de Criptana, con un título que refleja el mundo de secreto de la vida, Feria, como si quisiera recordarnos cómo era la bella misión de aquellos feriantes que intentaban siempre hacer felices a los que acudían a ellas durante el tiempo que durara aquello. De esta forma, como su proyecto ferial era muy bueno, era dos veces bueno. La gran contradicción es que aquella forma de hacer felices a los demás en el mundo de las ferias ha ido desapareciendo poco a poco, aunque tengo que reconocer que el mejor viaje hacia ninguna parte que conozco es el que se desarrolla en la novela de origen y, después, en aquella hermosa película del mismo nombre. Quizá porque cualquier parecido de lo allí expuesto con la realidad no es pura coincidencia.

La sinopsis del libro son tres trazos extraordinarios para animar a que leamos este libro: “Ana Iris creció escuchando a sus abuelos el relato de dos mundos que se desvanecen. Unos, feriantes, quejándose de que cada vez tenían más trampas y menos perras, porque a medida que la vida se convertía en una feria —la de las vanidades—, la auténtica feria dejaba de tener sentido. Los otros abuelos, campesinos, le transmitieron el arraigo mágico de la tierra. Y fue ese abuelo el que la llevó un día a un almendro y le dijo que lo había plantado él, así que pa ella era su sombra” (1).

El texto se desarrolla en un contexto que la autora refleja muy bien utilizando un lenguaje llano y muy accesible para todos: “Feria es una oda salvaje a una España que ya no existe, que ya no es. La que cabía en la foto que llevaba su abuelo en la cartera con un gitano a un lado y al otro un Guardia Civil. Un relato deslenguado y directo de un tiempo no tan lejano en el que importaba más que los niños disfrutaran tirando petardos que el susto que se llevasen los perros. También es una advertencia de que la infancia rural, además de respirar aire puro, es conocer la ubicación del puticlub y reírse con el tonto del pueblo. Un repaso a las grietas de la modernidad y una invitación a volver a mirar lo sagrado del mundo: la tradición, la estirpe, el habla, el territorio. Y a no olvidar que lo único que nos sostiene es, al fin, la memoria”.

Finalmente, por hoy, un entrecomillado mágico que encierra la quintaesencia de su obra para volver inexorablemente a la tierra que nos vio nacer: “Tendré que llevarte al cerro de la Virgen y tendré que decirte que eso es La Mancha y que es de esa tierra naranja de donde venimos, que ese manto de esparto que no acaba nunca es lo que eres. Tendré que explicarte lo que es un Pueblo y sabrás que el nuestro está atravesado por tres realidades: la ausencia total de relieve, el Quijote y el viento. Tendré que recordarte que eres nieto de familia postal, bisnieto de campesinos y feriantes, tataranieto de carabinero exiliado y de quincallera, y que sientas entonces que eres heredero de una raza mítica”.

Con esta tríada literaria sobre Feria, no me queda otra que viajar hacia esta obra, sabiendo que voy a encontrar allí lo que de verdad nos sostiene: la memoria. Gracias Ana Iris Simón por regalarnos vida y a la editorial, Círculo de Tiza, por publicarla. No olvido quienes son en esta editorial, no inocente, ni por qué hacen lo que hacen: “En el mundo de los libros hay ejemplares singulares, libros sensibles, bien escritos, que llegan al corazón de quien se atreve a leerlos. Son textos que no entran en el circuito de las grandes editoriales. Se desestiman porque no interesan a la mayoría. Esos son los libros que deseamos compartir con quienes queráis formar parte de Círculo de Tiza. Un círculo de tiza es una órbita que podemos ampliar o reducir sencillamente, con solo el gesto de una mano. Pero es también una ficción y un juego que implica comunidad, intereses compartidos”. Todo ello, amparados por una cita preciosa de Bertolt Brecht: “¡Como nadie te quiere, tengo que quererte yo! (en El círculo de tiza caucasiano)”.

(1) Simón, Ana Iris (2021). Feria. Madrid: Círculo de Tiza.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.