Preguntas de Mayo / 4. ¿Qué nos enseñan hoy las mariposas, abejas y hormigas?

 El alfabeto alado

Sevilla, 24/V/2021

¿Cuándo lee la mariposa lo que vuela escrito en sus alas?
¿Qué letras conoce la abeja para saber su itinerario?
¿Y con qué cifras va restando la hormiga sus soldados muertos?
¿Cómo se llaman los ciclones cuando no tienen movimiento?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LXVIII

Hoy quiero compartir algunas reflexiones sobre las preguntas de Neruda en su capítulo 48 (LXVIII), donde se acerca a la naturaleza para sorprendernos sobre la misión didáctica de mariposas, abejas y hormigas. Leyendo sus preguntas he recordado lo que puedo aportar en este aquí y ahora de la extraña nueva normalidad como respuestas, no las únicas por supuesto, a sus interrogantes existenciales, que pueden tener ahora todo su sentido. Comenzando por las mariposas, sé que lo que vuela escrito en sus alas son letras que componen el abecedario actual de la lengua española, curiosamente el español sustentado en sus raíces latinas. Como escribí hace años, “No, no me he confundido, no me refiero a lo más conocido, su lengua o a sus trajes multicolores, sino a las letras del alfabeto que ha descubierto en sus alas el fotógrafo noruego Kjell Sandved, a lo largo de su vida profesional. Resulta que poco a poco fue descubriendo que en las alas de las mariposas que vuelan sobre el globo terráqueo, figuran todas las letras del abecedario latino y los diez números arábigos. Sí, sí, sorprendente pero real como la vida misma.

Quien me alumbró este descubrimiento fue mi admirado escritor Manuel Rivas, en una columna sorprendente por su fondo y forma: El día de las mariposas, haciéndonos partícipes de sus sentimientos y emociones al leer el libro El alfabeto alado, de Mario Satz (1): “Mirando el microscopio, Kjell Sandved, naturalista y fotógrafo, descubrió la letra F en una de las alas de una mariposa nocturna tropical. Después de visitar muchos países y fotografiar miles de mariposas, consiguió completar el resto del alfabeto. En una Papilio de Nueva Guinea, de colores negro y amarillo, encontró la letra A. También en África, en la que llaman cola de golondrina, le apareció la C. Cómo no, la letra X la descubrió en México, estampada en verde iridiscente, en cada una de las cuatro alas de una mariposa nocturna”.

Libertad alada

Todo lo anterior me inspiró unas palabras trenzadas como libertad alada, porque si uno las imágenes, no las alas disecadas, de las mariposas de la especia Metálica, de la Selva peruana y de las Guayanas, la Satúrnida de Ghana, la Noctuida negra de Venezuela, la Tigre nocturna de Boston, la Marrón de Guatemala, la Papilio de Nueva Guinea y la Apolo de Suiza, conformo con ellas la palabra LIBERTAD, porque ordenadas como acrónimo, todas ellas, enumeradas por el orden que he expuesto, nos brindan la oportunidad de leer en sus alas esta palabra mágica, libertad, a la que aspiramos alcanzar cuidando con esmero las quimeras de la dignidad. He unido las dos Metálicas, con la L y la I en sus alas; la Satúrnida, mostrándome una B hermosa; la Noctuida, son la E bien trazada; la Tigre, con una R resplandeciente; la Marrón, dibujando una T de Tierra; la Papilio, mostrando una A de asombro y, finalmente, la Apolo, con una D de decisión para volar siempre en sueños posibles. Me he paseado en ellas por el mundo, volando de norte a sur y de este a oeste, en mi mapamundi imaginario de libertad, mostrándome siempre que es urgente no faltar al respeto de la madre naturaleza, en todas y cada una de sus manifestaciones.

Este planteamiento de la libertad alada, creo que puede ser una interesante respuesta a la pregunta de Neruda: ¿Cuándo lee la mariposa lo que vuela escrito en sus alas?, porque en un acto de generosidad extrema nos ofrece la gran oportunidad de que seamos nosotros los que leemos en sus alas la palabra libertad, una palabra maravillosa que ya sabemos que vuela en sus alas uniendo especies y países en una alianza perfecta. ¡Qué gran lección! Algo así como con tu quiero y me puedo, ¡vamos juntos compañeros!, porque entre todas forman millones de libertades en el mundo alado. Libertad alada, libertad. Naturaleza libre y alada, naturaleza. Alma alada y libre, solo alma.

La pregunta sobre la hormiga también puede tener hoy una respuesta acorde con su auténtica forma de estar en el mundo: ¿Y con qué cifras va restando la hormiga sus soldados muertos? Me ha sorprendido siempre el mundo de las hormigas desde la visión de la neurología y la sociología, por el interés que ha despertado siempre la investigación sobre su forma de ser y estar en el mundo, una especie animal que destaca sobre todo por su vida social y por su longevidad, realidades científicas sobre las que he escrito anteriormente en este cuaderno digital: “Precisamente, la longevidad es el resultado de que siendo tantas se organicen perfectamente, “viven como un grupo, trabajan para el grupo, colaboran, se protegen, se ayudan, hasta pueden fabricar medicamentos para evitar que ciertas bacterias se propaguen en el interior de una colonia. Es lo mismo que ha ocurrido con el ser humano”. Fascinante. Así, siglos y siglos, desde que unos africanos salieron a dar una vuelta por el mundo hace millones de años, al igual que las hormigas, que también viajaron y mucho. Hasta que la división del trabajo llegó a la sociedad humana, extrapolada de lo que ya venían haciendo hace millones de años las hormigas, tan pequeñas y laboriosas ellas. Y este descubrimiento trajo soluciones y problemas sociales, porque la unión hace la fuerza, en palabras de Keller: “Todo ello mejora enormemente la productividad, surgen las ciudades modernas y todo esto, unido a las mejoras en la sanidad y la higiene, dispara en muy poco tiempo la población mundial. En 1930 ya había unos 2.000 millones de personas en el mundo, y eso no es nada: hoy hay más de 7.000 millones, y ciudades con más de diez y veinte millones de personas. Como se suele decir, la unión hace la fuerza”.

La respuesta a la pregunta de Neruda no se hace esperar en esta incursión científica: Y surgen los conflictos, que ya tienen una base genética en las hormigas: “Existen rebeliones internas en las colonias y guerras entre hormigas, cuando combaten por un mismo espacio. Por ejemplo, esto se está dando con las especies invasoras que están llegando a Europa sobre todo de América Latina, y estas especies son muy agresivas y luchan contra las hormigas europeas. Y también hay una base genética para el conflicto”. Están preparadas para morir y saben que es un comportamiento asociado a su especie. Saben restar las bajas de sus soldados muertos.

Les hago una confesión final: tenemos hormigas para rato, porque a pesar de que intentemos imitarlas hasta la saciedad, cosa que no nos iría mal en principio, tenemos que asumir como la cigarra altiva que saben más que nosotros, porque saben hacer las cosas muy bien, porque cunde el ejemplo entre ellas del trabajo bien hecho. Además, parecen inmortales “como especie prácticamente sí que lo son, han sido capaces de sobrevivir a todo y lo seguirán haciendo”, según Lauren Keller, Presidente de la Sociedad Europea de Biología Evolutiva y el mejor amigo de las hormigas, conocido como monsieur fourmis (señor hormiga). Y sobrevivirán al ser humano, tan altivo él, porque siguiendo a Plauto el ser humano suele desconocer a los demás con frecuencia, cosa que no hacen las hormigas. Debería cundir su ejemplo hasta hacerse real esta nueva experiencia, es decir, poder gritar a los cuatro vientos: homo homini formica o lo que es lo mismo, las personas son como las hormigas para las mismas personas, porque trabajan, viven, se ilusionan y comparten todo con los demás, a diferencia de lo que aprendimos de Tomás Hobbes en su aserto “el hombre es un lobo para el hombre” (homo homini lupus). A pesar de las castas, por mera necesidad política, en el sentido más puro del término.

No me he olvidado tampoco de la pregunta sobre las abejas, las terceras en discordia o concordia, tanto monta monta tanto, ¿Qué letras conoce la abeja para saber su itinerario?, porque su inteligencia nos ha demostrado que conocen cuál es el mejor camino en su laboriosa vida. Lo conocí también a través de un excelente artículo de Manuel Rivas, La guerra de las abejas: “Maurice Maeterlinck oteó el peligro de un destino apocalíptico para el ser humano. Pero hoy tendría que escribir el envés catastrófico de esa civilización autora de una arquitectura natural más que admirable: “Ningún ser vivo, ni siquiera el hombre, ha realizado en su esfera lo que la abeja en la suya; y si una inteligencia ajena a nuestro globo viniese a pedir a la Tierra el objeto más perfecto de la lógica de la vida, habría que presentarle el humilde panal de miel”. Maeterlinck lo dijo en 1901, en su curiosa obra dedicada al mundo de las abejas [La vida de las abejas]. Mientras que digiero esta situación tan alarmante y silente, busco el símbolo del panal de miel para entender la lógica de la vida. Y leo a Machado, que sabía bastante de estos diminutos seres inteligentes, de los que hoy sabemos que saben qué es la nada: Anoche cuando dormía / soñé ¡bendita ilusión! / que una colmena tenía / dentro de mi corazón; / y las doradas abejas / iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel. Letras maravillosas para responder la pregunta de Neruda.

NOTA: la imagen de la palabra “LIBERTAD” es un montaje fotográfico de elaboración propia, sobre el alfabeto alado descubierto por el naturalista y fotógrafo noruego Kjell Sandved.

(1) Satz, Mario (2019). El alfabeto alado. Barcelona: Acantilado-Quaderns Crema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.