Buscan el alma de Andalucía…

Silencio, Producciones Singulares / La Niña del Silencio (antes La Niña de los Cupones)

Sevilla, 18/VI/2021

La vida regala a veces sorpresas positivas para seguir viviendo amablemente. Hoy me ha ocurrido así al leer una noticia que tiene que ver mucho con mi identidad andaluza, porque se demuestra algo en lo que suelo soñar a diario, la posibilidad de ser buscadores de alma en personas y en la cultura, en el arte: Dos cineastas buscan en secreto el alma andaluza. Los prestigiosos documentalistas estadounidenses Michael Dweck y Gregory Kershaw se fijan en el sur de España para su nuevo trabajo.  Estoy leyendo estos días, de nuevo, un libro apasionante de uno de mis maestros en literatura: Stefan Zweig, concretamente el dedicado a un viaje por España, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), con un homenaje especial a Sevilla, escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. En definitiva, el alma de Sevilla, de Andalucía.

Hace ciento dieciséis años, comenzaba el autor austriaco sus apuntes sobre esta sacrosanta ciudad con una expresión que probablemente mantenga todavía hoy su vigencia: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Y nos une a Salzburgo, a Mozart, declarando a ambas “ciudades gemelas”. Cuando avanza en este hermanamiento (que alguna vez habría que honrar), aborda una cuestión dolorosa en la historia de Sevilla: “La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz”. Principio de realidad andaluza, también, “estómagos hambrientos” según Zweig, que aún perdura por la pobreza severa debido a la falta de recursos y trabajo, que asola nuestro territorio y que deberíamos atender con urgencia institucional y de Estado, porque daña mucho el alma andaluza y resta felicidad a sus niños y niñas, mujeres y hombres que viven en Andalucía, siendo también parte de su alma.

María Ángeles Narváez, La Niña del Silencio (antes La Niña de los Cupones)

Quizá sea el alma de Sevilla descrita por Zweig, lo que los dos directores americanos han descubierto como parte del alma completa e inabarcable de Andalucía. Como se cita en el artículo, han venido a esta tierra “atraídos por la riqueza, la belleza y el carácter icónico de las tradiciones” de Andalucía. “También por la pasión con la que mantiene y preserva su cultura”. En su trayectoria profesional, ampliamente reconocida y premiada, ellos entienden que su proceso creativo se sale de la industria cinematográfica tradicional y yo diría que del mercado puro y duro, americano y mundial: “Hacemos películas sobre personas y lugares que nos enamoran. Nuestros proyectos suelen transformarse con el tiempo, de manera que pueden empezar en un punto y, conforme avanza el rodaje, convertirse en algo de mayor calado. Creemos que precisamente eso es lo que nos está ocurriendo en Andalucía”. Refuerzan estas ideas afirmando que “La pasión, el talento y la belleza que hemos encontrado en Andalucía va mucho más allá de lo que habíamos imaginado” […] “Queremos trasladar todo eso que hemos visto a una experiencia cinematográfica. Creemos que será una película que no se parecerá a nada que se haya hecho hasta ahora” porque “La cultura, el paisaje y nuestra interacción con los andaluces es algo muy profundo. La emoción es el punto de partida de nuestro trabajo y nuestra manera de hacer películas se centra en encontrar cómo compartir lo que sentimos con nuestros espectadores”.

Me ha parecido extraordinario conocer que hay un hilo conductor en sus películas: las comunidades capaces de preservar su identidad: “Eso sucede en aquellos lugares donde el conocimiento, la riqueza y la belleza de las tradiciones permanecen vivos en su día a día. Hay muchos sitios del mundo donde esa riqueza se está perdiendo en aras de la globalización de la cultura”. Todo en su forma de hacer cine es ética cinematográfica, que también existe, acompañada de estética porque consideran que es “una parte esencial en la narración de nuestras historias. En The Truffle Hunters [Los buscadores de trufa] no solíamos rodar más de una secuencia al día. Nos tomábamos nuestro tiempo componiendo el encuadre. Lo hacíamos de tal manera que las personas filmadas prosiguieran con sus vidas, como si nosotros no estuviéramos delante. No había nada preparado, sino que las secuencias tenían lugar después de esperar al momento preciso para colocar la cámara y dejar que grabase sin cortes durante horas. En el montaje, solo nos quedábamos con una pequeña parte de ese material, con esos momentos que parecían mágicos, misteriosos y que captaban una verdad única del momento que habíamos presenciado”.

Una experiencia en The Truffle Hunters, colocar una cámara en la cabeza de un perro para tomar secuencias múltiples en la actividad canina, podría llevarnos a plantearnos si van a hacer lo mismo poniendo una cámara en las manos de un bailaor: “Cada imagen de The Truffle Hunters está creada como si fuera una pintura, como una nueva página de un libro lleno de magia y encanto. Aquí en Andalucía nos hemos quedado embelesados con la pasión y la sensualidad de su cultura. Es una cultura de colores vivos, movimientos enérgicos y jovialidad. Todo eso nos ha inspirado para crear un nuevo estilo de película. Estamos convencidos de que vamos a sorprender al espectador”.

Mis palabras son de agradecimiento a estos directores por buscar en Andalucía lo que a veces los propios andaluces desprecian y olvidan: su alma multisecular. Zweig ya lo hizo también en la visita a esta ciudad en 1905, comenzando el viaje por su alma cultural e histórica: “Vamos primero en busca de la jovial barbería de Fígaro, suspirando por identificar, entre las numerosísimas casitas centelleantes, aquella en la que tuvo Don Juan esa encantadora y enrevesada aventura que nos relata Lord Byron en su poema. Aquí entona Fígaro sus cancioncillas, se oye a Carmen tararear sus habaneras, el arte ha repartido por estas calles sus símbolos más alegres, calles por las que ya trotó en su día el ingenioso hidalgo Don Quijote a lomos de su dócil Rocinante […] Sevilla no es el símbolo de España, pero sí su sonrisa”. ¡Qué hermosa definición de esta ciudad! Hizo un análisis de las mujeres en fiestas de primavera en Sevilla, que como las flores tienen algo así como su belleza efímera, deslumbrado por la gracia en la forma de bailar flamenco: “El baile es aquí lo que siempre ha de ser: un arte que surge de forma natural de la gracilidad del cuerpo, de sus movimientos, de sus gestos de deseo, de la excitación que produce el ritmo; no es un arte limitado al juego de piernas, sino que busca el placer y la alegría de ir trazando líneas, la flexibilidad y el cimbreo, un arte que trata de desarrollar todas las formas de belleza a que puede aspirar el cuerpo humano”. Finalizaba su semblanza recordando que, junto a este ambiente festivo, Sevilla, como sonrisa de España, esconde un pasado lleno de sobriedad y grandeza. Habla de forma breve de su Semana Santa y dedica unas palabras hermosas a la panorámica que ofrece la ciudad desde lo alto de la Giralda: “Al contemplar tamaña riqueza cromática se entiende bien que Velázquez y Murillo sean hijos de esta ciudad, pregoneros eternos de su belleza, de la misma manera que los dramas de Lope de Vega han dado testimonio de su historia, y los músicos han sabido expresar su jovialidad”.

Aplicado a Sevilla, pero extensible a Andalucía en general, Zweig reconocía que esta tierra ofrece muchas cosas: “el disfrute de una vida llena de colorido, el ritmo vivo que marca los acontecimientos y ese allegro que revela una felicidad profunda”. Como ejemplo del alma andaluza, que también existe, él comprendió también la vanidad de Sevilla, porque quien no la ha visto, no ha visto lo maravillosa que es y no es capaz de reprochársela porque: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”. Siglos que han permitido construir también una cultura en Andalucía, que ahora intentan descubrir como el alma de esta tierra dos afamados directores americanos, Michael Dweck y Gregory Kershaw.

Es lo que quería expresar hoy como agradecimiento sincero, personal y transferible a estos directores americanos. En esta tierra andaluza se puede ser feliz, porque tiene alma. Es lo que me ha ocurrido hoy también ante la soledad sonora de la página en blanco, porque podemos decirlo todo o nada, de todos los modos posibles, aunque lo verdaderamente fascinante es comprometerse todos los días en decir algo especial. La verdad interior es que aun nos queda la palabra, nunca inocente por cierto, porque hoy tiene a Andalucía en su alma.

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.