Monumento dedicado a las víctimas del 11 de marzo de 2004. Madrid.
Hoy se cumple el 11º aniversario de la tragedia de Atocha. Reproduzco a continuación el post que escribí en 2007, recordando que la verdad de lo ocurrido sigue estando todavía allí y aquí, al dictarse la sentencia de aquél terrible atentado.
Dedicado hoy, una vez más, a los familiares de las víctimas y a las personas que confían siempre en la búsqueda de la verdad y la paz, en cualquier ámbito de la vida, siendo conscientes de que el yihadismo está todavía aquí.
Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: en una sentencia ejemplar, en un juicio modélico, en la muerte sin sentido, real, en quienes lucharon por devolver vida a quienes se les escapaba en segundos de terror, en las personas y organizaciones que quisieron saber siempre la verdad machadiana, es decir, aquella que se busca en común, guardándose cada una, cada uno, la propia; en el Estado de Derecho, en aquellas personas afectadas por el atentado, que todavía no comprenden nada del absurdo de las creencias en algunos responsables del más allá que –paradojas del destino- hacen la vida imposible a los del más acá; en los silencios de los dioses a favor de la inteligencia humana, y en la democracia que se construye con las pequeñas acciones y cosas del día a día).
Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: he decidido cuidarla porque he crecido en las contradicciones de un país lleno de oportunidades en los últimos treinta años, que está más cerca de las culturas desconcertadas que de la educación para la ciudadanía).
Cierto.
Cuando me he despertado esta mañana, una verdad incómoda estaba todavía allí.
La política es la lucha por la felicidad de todos. José Mujica
Hay momentos en la vida en los que se agradece seguir aprendiendo de personas imprescindibles, que necesitamos conocer para seguir viviendo con su espíritu y entrega a los demás. Sobran palabras, porque las de José Mujica, en el discurso de despedida de su pueblo, el pasado 27 de febrero, son las que se deben escuchar atentamente en este momento tan importante para el país, para Andalucía, como ejemplo a seguir: suenan más fuerte que el viento, porque tienen sentimiento, como decía Rafael Alberti en su canción 8 del Paraná:
Sentimiento, pensamiento.
Que se escuche el corazón
Más fuertemente que el viento.
Libre y solo el corazón,
Más que el viento.
El verso sin él no es nada.
Sólo verso.
Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en Andalucía, el próximo 22 de marzo.
Pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos les ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, son los que logran hacerlo. Piensa… y vota de forma diferente.
Fotograma de la película «Hoy comienza todo», de Bertrand Tavernier, ejemplo de cómo la educación para la ciudadanía es una marca indeleble en un Gobierno concreto y en las funcionarias y funcionarios que tienen que ejecutar sus leyes.
“¿Por qué no le dais a la gente libros sobre Dios?”. Por la misma razón por la que no le damos Otelo; son viejos; tratan sobre el Dios de hace cien años, no sobre el Dios de hoy. “Pero Dios no cambia”. Los hombres, sin embargo, sí.”
He escrito en bastantes ocasiones sobre el debate en torno a la dialéctica social respecto de la religión y la educación de la ciudadanía, desde la aprobación de esta controvertida asignatura hasta su desaparición legal en el año 2013. Han sido años de confrontación política, no tanto social, que ha terminado de la peor forma, es decir, firmando el Gobierno central el acta de defunción de una asignatura imprescindible a favor de una recuperación de la asignatura de religión controlada férreamente por la Conferencia Episcopal. Soy consciente de que como en tantos otros asuntos vitales de este país, pasará desapercibida esta publicación, pero en lo que pueda contribuir por mi parte para denunciar esta situación hasta que se derogue la LOMCE (Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa), voy a trabajar sin descanso como lo he demostrado a lo largo de ocho años, desde la publicación en este blog de una serie dedicada expresamente a defender los contenidos de una asignatura preciosa, urgente, necesaria e imprescindible para este país: Educación para la ciudadanía y los derechos humanos, hasta otros post más recientes: Réquiem por Educación para la Ciudadanía y una miniserie que llevaba por título Educación para la Ciudadanía: insustituible.
La legislación educativa en clave de la LOMCE defiende la transversalidad para educar a ciudadanos, sin necesidad de desarrollar una asignatura concreta, pero no es real en la enseñanza diaria porque depende de la subjetividad de quien la enseña y la desarrolla en múltiples contenidos, sin exigencias concretas ni aseguramiento de la calidad de contenidos ni su evaluación. Así lo ha manifestado recientemente José Antonio Marina, sobre el que comenté en este blog su visión convertida en un libro concreto que escribió en 2007 para educar a ciudadanos: “El filósofo José Antonio Marina, autor de varios manuales de la desaparecida Educación para la Ciudadanía, ve un “disparate” que sean alternativas y descarta que los alumnos puedan aprender valores como contenidos transversales “porque la práctica nos ha enseñado que luego nadie se responsabiliza de ellos”. Critica las aulas españolas frente a las francesas, donde el Gobierno decidió reforzar el aprendizaje de los valores republicanos tras el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdó. “En España, donde hay tal tolerancia a la corrupción, se han reblandecido unas convicciones éticas que deben volver a enseñarse”, dice” (1).
Seguiré defendiendo hasta la extenuación la recuperación de esta asignatura. Mantengo las palabras que cargadas de ilusión escribí en este blog en 2007, Educación para la educación en ciudadanía y derechos humanos, defendiendo su implantación, sin quitar ni un punto ni una coma de aquella reflexión seriada para que se comprendiera mejor el sentido último de educar para la ciudadanía responsable en el marco de los derechos humanos: “La paradoja surge entonces cuando tenemos la gran oportunidad de empezar a reforzar los traídos y llevados valores que tanto echamos de menos, y como reacción partidista (con perdón) se echan las campanas al vuelo en las iglesias y comunidades católicas de este país, en la iglesia oficial, en los coros de ángeles, arcángeles, serafines y querubines laicos, mediáticos, para alertar de las “trampas” de la Ley y de su asignatura maldita. Lamentable. He esperado escribir estas palabras –libertad sin ira, libertad- una vez leída la legislación que ampara los contenidos de “Educación para la ciudadanía” y las publicaciones a nivel europeo y mundial que avalan esta necesaria formación en valores ciudadanos. Y se podría comentar hasta la saciedad la “necesidad”, no azar, de introducir estos contenidos, básicos, elementales, éticos desde la acepción más pura del término (suelo firme, solería que permite vivir en comunidad y en paz consigo mismo), no neutrales en el progreso de una sociedad cambiante, imprescindibles, y “prudentes como serpientes y sencillos como palomas” en términos del evangelista Mateo”.
Libertad sin ira, libertad, para ser educadas y educados en valores ciudadanos y en el respeto a los derechos de las personas en diversidad, sin tener que entrar en el mercado de asignaturas-mercancía al tener que elegir una de ellas, equiparando la libre elección de religión a la libre elección de valores ciudadanos. Fundamentalmente, porque me gusta vivir mi vida, guardándome mi religión, mi miedo y mi ira, en libertad y con los demás. Sin más mentira, en paz, como cantaba Jarcha en la Transición imprescindible de este país, auténtico pilar de nuestra democracia actual.
No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.
Oliver Sacks, Mi propia vida
No todo depende del cristal por el que se contempla la vida. Somos deudores permanentes de la memoria, aunque Juan Ramón Jiménez recordara siempre el cristal amarillo de la casa de su infancia y escribiera un libro que incorpora este color en todas sus páginas, recordando la imagen de una cancela que dejaba pasar la luz por ese cristal pintando los objetos de su casa con ese color. Escribo estas palabras como un pequeño homenaje a Oliver Sacks, un neurólogo inglés del que he aprendido mucho a lo largo de mi vida. Ahora, nos entrega un mensaje sereno sobre su realidad vital, a los 81 años, cuando sabe que un cáncer le aproxima a una realidad insoslayable, porque todo tiene su tiempo, en un artículo sobrecogedor publicado en el New York Times con un título premonitorio: Mi propia vida (1).
He comentado el color porque la lectura de un libro suyo, La isla de los ciegos al color, me aproximó a su investigación de cómo los pacientes aprenden a vivir con su enfermedad, la acromatopsia, hasta alcanzar un mimetismo asombroso con ella, aunque sufren ceguera del color, porque no les permite agregar color a la óptica de sus vidas. Todo se ve siempre de color gris en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks. Creo que comprendí bien el trasfondo de su libro, cuando contemplé en una ocasión una foto en blanco y negro del fotógrafo Erich Lessing en pleno rodaje de la película “Sonrisas y lágrimas”: “La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guión que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral”.
Uno de sus últimos descubrimientos de senectud ha sido la memoria alojada en el cerebro de cada persona y sus manifestaciones a lo largo de la vida, que se enriquece con el paso de los años. Así lo ha dejado patente en un artículo extraordinario, Habla la memoria, que centra muy bien el poder real de la dialéctica permanente entre la memoria histórica y la narrativa. Más aún, si se deja hablar a la memoria, de su profundidad histórica, de lo que esconde (sin ser plenamente conscientes de ello) a través de la criptomnesia, que protege de forma sabia determinados olvidos: “Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones” […] “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con los ojos y los oídos de otros, entrar en la mente de los demás, asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda una cultura”. Cita a Holmes de forma muy gráfica para explicar el potencial de la memoria enriquecida con las experiencias de la vida, citando la cleptomanía literaria que sufría Coleridge: “sus autores alemanes le dieron apoyo y consuelo: en una metáfora que utiliza a menudo él mismo, [sus textos] se entrelazaron alrededor de ellos como la hiedra alrededor de un roble¨. Muchas veces, nos enredamos en personas y sucesos que encadenan historias que no nos pertenecen en realidad, pero que las llegamos a hacer nuestras.
Hay que dejar hablar a la memoria, que no es un ordenador al uso. Sus imperfecciones son nuestra seña de identidad humana, tal y como lo explicaba Oliver Sacks, porque la sana indiferencia a las fuentes “nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos dicen, lo que otros dicen y piensan escribir y pintar, tan intensa y ricamente como si fueran experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con otros ojos y oídos, para entrar en otras mentes, para asimilar el arte, la ciencia y la religión de todas las culturas, para celebrar y contribuir a la mente común, la mancomunidad general del conocimiento. Este tipo de intercambio y participación, esta comunión, no sería posible si todos nuestros conocimientos, nuestros recuerdos, estuvieran perfectamente marcados e identificados como privados, exclusivamente nuestros. La memoria es dialógica y surge no sólo de la experiencia directa, sino de la relación de muchas mentes”.
Algo así como la experiencia actual de la Noosfera, al unirse en una gran malla humana los cerebros pensantes del mundo en el que vivimos, entrelazando las memorias históricas y las narrativas de los internautas como «la hiedra rodea a un roble». Es justo decir que gracias también a la memoria de Oliver Sacks, que tantas veces nos ha acompañado para comprender mejor la ceguera al color con el que solemos contemplar nuestras vidas cuando se instalan en un gris perpetuo. La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás.
Propongo compartir lo que es mi empeño
Y el empeño de muchos que se afanan
Propongo, en fin tu entrega apasionada
Cual si fuera a cumplir mi último sueño
Pablo Milanés, Proposiciones
Necesitamos declarar las proposiciones decentes para avanzar en una sociedad más justa para todos. Escuchamos todos los días noticias que reflejan un mundo hecho polvo en búsqueda permanente de paz política e interior. Faltan proposiciones compartidas para aunar esfuerzos y voluntades a través del amor y el sufrimiento, como aquellos habitantes ejemplares de Santa María de Iquique.
Pablo Milanés lo sintetizó muy bien en una canción muy corta, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. No hacen falta ya muchas palabras para compartir este empeño de compartir ilusión por cambiar aquello que no nos hace felices, por mucho que el mercado se empeñe en convencernos que la felicidad es tener y no ser. Es más fácil estar atentos a disfrutar esta jornada, sin ir más lejos, inquietando el gusto de los demás a través de los sentidos, compartir mensajes que entusiasmen a los demás, sobre todo a los que están más cerca, lanzándonos por caminos y veredas anunciando que otro mundo es posible, porque la primavera llega siempre, de forma puntual, haciendo nuestro el crisol de esta morada.
Marcello: Concierto en Re m para oboe y orquesta. Lucas Macías (oboe). Camerata Aragón.
Ya le he dedicado en este blog palabras de respeto a su trayectoria como músico de fama mundial, en dos post que vuelvo a citar en homenaje a su excelente trabajo: Andalucía: una realidad positiva (II) y Gracias a Lucas Macías y… a Claudio Abbado. Lucas Macías ha vuelto a triunfar en su país, en un concierto de la Concertgebouw de Ámsterdam, en Madrid, el pasado 16 de febrero, tocando la Cuarta Sinfonía de Mahler. Un crítico muy apreciado por mí del diario El País, Juan Ángel Vela del Campo, no ha pasado por alto su papel en la interpretación de esta afamada orquesta que él considera divina, bajo la batuta de Mariss Jansons: “Jansons, con la Concertgebouw, se recreó más en la belleza en estado puro, en la búsqueda de la perfección. Su interpretación fue hipnótica, deslumbrante. Qué tercer movimiento, Ruhevoll, ay, de infarto. La orquesta estuvo impecable. El primer oboe fue el onubense Lucas Macías Navarro, destacado por el director en los saludos finales. No solamente vamos a hablar como ejemplo de los hermanos Gasol en el baloncesto estadounidense”.
Es importante que resaltemos los éxitos de Andalucía, no solo los que te agitan el alma todos los días. Lucas se merece que se publique a los cuatro vientos lo que él aprendió un día, siendo niño, en Valverde del Camino (Huelva), en un modesto conservatorio elemental que supo ofrecerle la acogida que necesitaba para llegar un día a ser reconocido como un intérprete genial, muy querido y respetado por grandes directores de talla internacional.
Gracias una vez más, Lucas, por ofrecernos la oportunidad de que se hable bien de Andalucía en España y a nivel mundial. Lo necesitamos con urgencia vital ante noticias que nos hielan el corazón casi todos los días, escuchándote ahora en la maravillosa interpretación que encabeza estas palabras, que nos permite comprender tu pasión por la música. También, con tu obra recientemente premiada con un “Grammy” de la Música Clásica, Oboe Concerto – Sinfonía Concertante – Mozart y Haydn, junto a Claudio Abbado y la orquesta “Mozart” de Bolonia.
Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son siempre de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia.
Nos debería preocupar la ausencia de liderazgo y de personas con carisma para ponerse al frente de casi todo, no digamos de la política. Estamos pagando una factura insoportable por la mediocridad política que nos rodea, en sus partidos y en los gobernantes actuales, con honrosas excepciones. La mediocridad engendra tibieza y nos cuentan nuestros antepasados que Dios lo tuvo claro hace ya centenares de años, tal y como no lo transmitió el Apocalipsis, en los versículos fáciles de recordar (número pi): conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca (Ap. 3, 14-16). Así de claro, sin tapujos.
Los mediocres están haciendo su agosto. Ahora su febrero. Se acercan fechas transcendentales para nuestra Comunidad Autónoma con motivo de las elecciones de marzo al Parlamento de Andalucía y hay que detectarlos porque son legión y están infiltrados en los partidos políticos. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad.
He leído una crónica de la 65ª edición de la Berlinale, en el diario El País, en la que se recoge una manifestación del director de cine chileno Patricio Guzmán, acerca de un documental realizado en 2010, Nostalgia de la luz, que ha tenido un recorrido tortuoso para su exhibición en España y en su televisión pública: “Siempre he tenido el sueño de hacer un filme sobre la falta de memoria de España. En especial, sobre el pacto de silencio que Felipe González inventó con el Ejército. Es un escándalo lo que pasó. La falta de memoria de España le ha quitado energía para jugar un rol importante en Europa. Sigue siendo un país secundario, cuando por elementos históricos y culturales debería estar en primera línea de la UE. Pero no sé dónde encontrar el dinero para ese proyecto. Y las televisiones no emiten documentales. Nostalgia de la luz fue cofinanciada por TVE hace cinco años y aún no lo han emitido… ni lo van a hacer”.
Estas palabras no me han dejado tranquilo. Patricio Guzmán ha presentado en la Berlinale un nuevo documental, El botón de nácar, que sigue completando un homenaje a la historia dolorosa y reciente de Chile, junto a Nostalgia de la luz, porque no quiere ocultar lo que ha pasado en su país. Tengo un tremendo respeto a la historia y por eso me duele como a él que ahora se quiera olvidar oficialmente la etapa dolorosa de la dictadura hasta que la Transición consolidó la democracia en España.
Y en España se falta al respeto de su memoria histórica en muchas ocasiones. Me indigna que ahora se quieran quitar del imaginario social, histórico y político de nuestro país, las palabras izquierda o derecha, cuando todo el mundo sabe qué se quiere decir con ellas. Falta hacer todavía un recorrido objetivo sobre el dolor de la izquierda española durante la dictadura (que tuve que vivir y sufrir), probablemente con la ayuda de Patricio Guzmán, aunque tengamos que utilizar medios de financiación popular como el crowdfunding, tal y como se financió en parte Nostalgia de la luz.
La sinopsis oficial de este documental simboliza la dualidad de la distancia “entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, aventureros, indígenas, mineros y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares”.
Nada más. Se trata también de la nostalgia de la dignidad que todavía algunas personas tenemos. Como la de Valentina, la hija de las estrellas, que “a pesar de ser hija de madre y padre desaparecidos, es el personaje más jubiloso de la película. Tiene una mirada serena que observa más lejos que nosotros. Sus abuelos la criaron y le enseñaron a observar el cielo. Desde que se dedica a la astronomía, ella supo que la materia de las estrellas es la misma materia de sus padres”.
Se acercan tiempos de campañas electorales. Si ya hemos reflexionado sobre ideologías, la no igualdad en las responsabilidades políticas y sobre la evaluación de los programas de acción política como marco de referencia para una legislatura, deseo abordar ahora el gasto de las campañas, que tienen un contexto público y privado de importancia extrema en tiempo de crisis, es más, ejemplarizante.
En primer lugar, por responsabilidad pública y privada. La política no gana siempre por tener un partido más dinero que otros, fundamentalmente por el respeto a las ideologías cuando son consecuentes y por la situación de contexto económico en el que se encuentra ahora la Comunidad. Sería irresponsable hacer una exhibición de medios en un tiempo revuelto por la traída y llevada crisis, por la corrupción y por el gasto público no controlado ni evaluado, cuando existen hoy alternativas de foros públicos y privados que con un gasto digno pueden albergar encuentros multitudinarios.
En segundo lugar, es el tiempo de utilizar de forma genérica las tecnologías de la información y comunicación, que supone un ahorro espectacular en el poder de convocatoria de las campañas de cada partido. Es una realidad social que el analfabetismo tecnológico se está alejando de Andalucía y solo un sector reducido de personas mayores que pertenecen a la generación atómica, no digital, podría verse más afectada, aunque siempre he pensado que todo abuelo o toda abuela siempre tiene nietos o nietas que les pueden explicar todo lo que ocurra en la etapa de campaña electoral en Andalucía, sin que se pierdan casi nada por carencia de medios.
En tercer lugar, porque la política tiene que recuperar espacios personales de encuentro, presenciales y virtuales, que se formen en la presentación en sociedad de la dignidad personal de los máximos representantes políticos que son candidatos a entrar en el gobierno de Andalucía, donde destaque sobre todo su ilusión por regenerar la vida política con efectos ejemplarizantes y escuchando a la ciudadanía, donde una vez más las tecnologías de la información y comunicación juegan un papel esencial y estelar en términos de transparencia cuando se presenten los programas. Si se hace así, el gasto en las campañas en estas elecciones que ya están detrás de la puerta, puede ser un revulsivo para los llamados a votar de forma responsable, porque se apreciará y mucho que el poderoso caballero don dinero, «que quebranta cualquier fuero», ya no es imprescindible para ganar votos. Fundamentalmente, porque la ciudadanía dejará de ser tratada como mercancía y porque la transparencia no es un portal web sino una actitud política que se mantiene en el tiempo y respeta a las personas en derechos y deberes políticos de participación ciudadana en el gobierno de la Comunidad. Ahora, en la presentación de los programas electorales.
Defiendo, sobre todo, la regeneración en los encuentros personales, en el boca a boca celular de la realidad social en la que se mueven las ideologías de las personas que van a ser candidatos y candidatas a presidir el gobierno andaluz, de sus programas, aunque todavía tengamos que contemplar listas cerradas por imperativo categórico legal. Una buena célula hace un tejido, un órgano y un sistema. Si se respeta esta cadena política digna y ética con ayuda de las TIC, estoy seguro que todo el mundo percibirá que la campaña electoral ha merecido la pena. Un político digno “es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente”. Así lo he escrito en este cuaderno al referirme a las personas dignas, porque creo en ellas, en cualquier sitio que ocupen en la sociedad actual.
Lo más caro es la dignidad política, por mucho que a algunos la desprecien. Si se une a la austeridad, el triunfo ético de la campaña estará asegurado. Esa es la cuestión, porque las campañas electorales nunca son inocentes.