Todo pasa y todo queda

Sevilla, 31/VII/2020

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Antonio Machado, Proverbios y Cantares (XXIX)

 

Finaliza Julio y agregamos días a una sensación que todos estamos experimentando en mayor o menor medida: llevamos un año complicado en la más alta extensión de la palabra y no sabemos cuánto camino nos queda por recorrer todavía en esta incertidumbre inquietante. Quizá nos puede ayudar en estos tiempos tan difíciles recordar a Antonio Machado, una vez más, en algunos de sus proverbios y cantares que, gracias a Serrat, los reconocemos agrupados a su libre albedrío: Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, / caminos sobre la mar (XLIV). Estos meses atrás han sido una oportunidad para enfrentarnos a nuestra persona de secreto, la única forma de pensar si este mundo del coronavirus y yo estamos obligatoriamente obligados a entendernos, quizás con la recomendación continua de Machado: Nunca perseguí la gloria, / ni dejar en la memoria / de los hombres mi canción; / yo amo los mundos sutiles, / ingrávidos y gentiles, / como pompas de jabón (I). Creo que no estamos en la posición de amor perdido a los mundos sutiles y esta pandemia nos ha enseñado a cuestionar muchos objetivos de vida, de tener frente a ser.

Me gusta verlos pintarse / de sol y grana, volar / bajo el cielo azul, temblar / súbitamente y quebrarse… / Nunca perseguí la gloria (I). Los llamados mundos sutiles o inútiles para muchos son los que verdaderamente tienen su sentido en estos momentos: ¿Dónde está la utilidad / de nuestras utilidades? / Volvamos a la verdad: / vanidad de vanidades (XXVII). Quizá sea la estrofa siguiente la que marca el camino a seguir de ahora en adelante y que no sea sólo una parte de una canción tarareada: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar (XXIX). Es verdad, porque deberíamos aprender de esta gran lección de la pandemia que hay caminos, autopistas de peaje caro en la vida, que nunca más deberíamos volver a transitar: Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino / sino estelas en la mar (XXIX).

El mejor festival de música de este verano debería llevar esta entradilla en los programas recuperados en los móviles, ya que hemos comenzado a darnos cuenta de que el papel puede ser transmisor también de virus, sobre todo el ideológico: Hace algún tiempo en ese lugar / donde hoy los bosques se visten de espinos / se oyó la voz de un poeta gritar / «Caminante no hay camino, / se hace camino al andar…».  Golpe a golpe, verso a verso, golpes en el alma como los que hemos recibido en estos días pasados y que no deberíamos olvidar en su parte amable de descubrimiento y creación interior.

Serrat, en su oficio de cantor que no cantante (decía Facundo Cabral que cantor es el que debe y cantante el que puede), introdujo en su letra unas palabras de reconocimiento a Machado, con una enseñanza muy dura: el compromiso vital e intelectual casi siempre pasa factura cuando lo entregas a los que menos tienen y para construir un mundo mejor para todos: Murió el poeta lejos del hogar. / Le cubre el polvo de un país vecino. / Al alejarse le vieron llorar. / Caminante no hay camino, se hace camino al andar…» . Golpe a golpe, verso a verso.

Si el coronavirus nos impide vivir con tranquilidad en el mundo que queremos, si la vida es compleja para protegernos de sus ataques, si la normalidad no es tal, sabemos qué es lo que tenemos que hacer a través de los últimos versos de la canción, escritos por Serrat: Cuando el jilguero no puede cantar. / Cuando el poeta es un peregrino, / cuando de nada nos sirve rezar. / «Caminante no hay camino, / se hace camino al andar…». Golpe a golpe, verso a verso.

Voy de mis asuntos a mi corazón ahora, a mi clínica del alma, mi biblioteca, para buscar un libro precioso que me aportó en su momento la mejor respuesta de una pregunta obligada al escribir estas líneas: Para qué la poesía, de Juan Cobos Wilkins, al que sabe que aprecio desde que nos conocimos en 1982, en Huelva, con el agradecimiento expreso por todo lo que aprendí de él y sigo conservando en mi memoria de hipocampo. El libro es un homenaje sentido del olvido, la incapacidad de comunicación y la metáfora como salvación, con el que consiguió el XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. En él se hacen muchas referencias a la vida: desvivir, revivir, convivir: conmorir con todo eso, lo de siempre, sobrevivir y vivir: eso invisible que le sucede a otros. Después, preguntas que preparan la respuesta de para qué la poesía, para justificar por qué el cerebro necesita poesía, cada día. Y la mejor respuesta, la vuelvo a encontrar al final de sus versos: para sanar, para vivir…, aunque ahora sea golpe a golpe, verso a verso.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sólo hablaré de su tilde

CABECERA DE BLOG

Sevilla, 30/VII/2020

La Real Academia de la Lengua Española se enzarza a veces en discusiones que pueden parecer bizantinas en su celo por fijar, brillar y dar esplendor a cada una de las palabras que conforman nuestro Diccionario. Ocurre desde hace diez años con la palabra “solo” que, con la que está cayendo, suena a debate cortesano en relación con el dilema de si debe llevar acento (tilde diacrítica) o no. Han corrido ríos de tinta en uno y otro sentido y autores afamados muy diversos se han atrincherado en la salvaguarda de mantener la tilde, contra viento y marea académica, cuando es adverbio.

En mi caso, soy un hombre con una tilde pegada a mi vida, en la letra “ñ” y tengo que reconocer que salvo por la complejidad de la fonética fuera de este país, nunca se ha discutido la conveniencia o no de su utilización. Quiero decir, que respeto la historia y permanencia de las tildes porque, entre otras muchas razones, la llevo puesta. En el caso que nos ocupa hoy, la palabra “solo”, siempre he sabido distinguir cuándo la lleva o no, sencillamente sabiendo diferenciar cuándo se utiliza como adverbio o adjetivo. Siempre he puesto la tilde en el caso de que fuera adverbio, nunca como adjetivo. Pero en la Ortografía de la lengua española, la Real Academia aborda esta cuestión en un apartado de técnica lingüística, La tilde diacrítica en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos, en el que se dice textualmente que la palabra solo, tanto cuando es adverbio como cuando es adjetivo “[…] son voces que  no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación”, acompañando esta manifestación rotunda con explicaciones de difícil comprensión, por lo menos para usuarios comunes del idioma.

Siempre he escrito la palabra sólo, con acento, cuando es adverbio. El título de este blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, reproduce lo que aprendí hace ya muchos años de las traducciones del francés seulement, que no tenía ese problema, porque quiero enfatizar que el mundo solamente tiene interés cuando avanza, no que “tiene interés cuando está solo”. Siempre lo he tenido muy claro y la verdad es que se ha creado un mar de confusiones desde hace diez años, en 2010, fecha en la que comenzó la polémica. Varios siglos atrás, el Diccionario de Autoridades, publicado en 1739, explicaba con la erudición característica de quienes justificaban el uso de las palabras de la época, que tilde es “La virgulita o nota que se pone sobre alguna letra, para significar abreviatura en la voz, o distinguirla de otras, o distinguir el acento”. Esta última acepción es la que nos ocupa hoy.

Con perdón, no soy capaz de quitar en mi memoria de secreto y de todos, en mi hipocampo, la grabación perfecta de la tilde en un aserto que también me ha acompañado siempre en una frase lapidaria: Sólo sé que no sé nada, porque no es que una persona tome conciencia de que está solo y de pronto se da cuenta de que no sabe nada, sino que tiene constancia en su vida de que no sabe nada de ella y que todo lo que la rodea no le ha enseñado nada. No quiero imaginarme la que formaría Platón, si le quitaran todas las tildes en griego cuando pronunció el contenido de esta frase en la Apología de Sócrates: Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo] ([…] ἀλλʼ οὗτος μὲν οἴεταί τι εἰδέναι οὐκ εἰδώς, ἐγὼ δέ, ὥσπερ οὖν οὐκ οἶδα, οὐδὲ οἴομαι).

Es que no es lo mismo. Lo dijo Cervantes hace ya muchos años: que “se cumpliera todo al pie de la letra, sin que falte tilde alguna”. Lo dice una persona como yo, a modo de érase un hombre a una tilde pegado y que, por cierto, sólo sabe que no sabe nada, sabiendo (eso sí) que el mundo sólo (con tilde) tiene interés hacia adelante.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Dignitas

ANTES DE TI MOZART

Sevilla, 29/VII/2020

El cine es un medio extraordinario para crear conciencia y tejido crítico social sobre muchos asuntos de la vida ordinaria. Cumple una función cultural y social muy importante. Anoche repusieron una película que se ha presentado siempre como una historia de amor (lo es), Antes de ti, que tiene un hilo conductor muy profundo: la eutanasia en su sentido más exquisito de amor y respeto a la vida digna. Está basada en un best seller de Jojo Moyes, que se ha tratado siempre como un film edulcorado, pero creo que es justo y necesario que se reconozca que aborda también un problema que no acabamos de asumir con normalidad absoluta: la elección de una muerte digna por parte del protagonista, un joven que es atropellado por una moto y queda tetrapléjico por una lesión medular, frustrando plenamente su vida personal y profesional.

En España tenemos una muestra cinematográfica que conmovió a muchos patios de butacas y salas de estar, no sé si de ser, no hace tantos años. Me refiero a la película “Mar adentro”, basada en un hecho real, la muerte asistida de Ramón Sampedro hace ya 22 años, derecho sobre el que ya había reflexionado previamente en su obra Cartas desde el infierno, en 1996, antes de elegir una buena muerte ante tanto sufrimiento personal: “No me guía otro interés que el de mostrar que la intolerancia del Estado y la religión son como una idea fija (…) Dejadme cruzar la línea, dejadme saltar”.

El 11 de febrero pasado sentí una emoción especial al conocer que el Congreso de los Diputados había “tomado en consideración” la proposición de ley para regular la eutanasia, con el siguiente resultado: 201 votos a favor, 140 votos en contra y 2 abstenciones y, por tanto, se comenzaba «a tramitar la ley orgánica de regulación de la eutanasia que presentó el Grupo Parlamentario Socialista [el 24 de enero de 2020]. Este es el primer paso del procedimiento legislativo, que continuará con la apertura del plazo para presentar enmiendas”, según recoge la nota de prensa del Congreso. Creo que ha sido un hecho memorable en este país, después de un recorrido tortuoso de esta proposición de ley, tal y como lo recordaba en mi post anterior dedicado a la eutanasia y publicado en este medio el 6 de abril de 2019. Desgraciadamente, el proceso del coronavirus ha ralentizado de nuevo su tramitación parlamentaria, pero de momento está blindado el procedimiento legal y en la fase de presentación de enmiendas al articulado en el seno de la Comisión de Justicia del Congreso.

Soy especialmente sensible a esta realidad humana que tanto sufrimiento supone a las personas y a sus familias. Tengo presentes hoy a miles de alumnas y alumnos a los que enseñé que la eutanasia era una buena opción humana, la mejor decisión cuando el hecho de vivir en estadios permanentes de sufrimiento y dolor, sin esperanza alguna, deja de tener sentido. Les hablaba de la ética de situación, como resquicio ético para estas situaciones, en un país en el que una gran parte de él tenía helado el corazón, jugándome el tipo porque los comisarios políticos del Régimen también asistían a clase camuflados: “Hago esta mención de mi intrahistoria porque en aquellos años descubrí que era imprescindible abordar la ética de situación como guía y camino para el discernimiento humano más digno, de la que me enamoré para siempre, frente al dogmatismo de la Iglesia Católica que hacía estragos en este país. Aquellas clases del Profesor Häring [del que fui alumno durante un Curso impartido por él] me abrieron los ojos definitivamente sobre la importancia de hacer uso de la libertad en momentos transcendentales de la existencia, tanto en la vida como en la muerte. Me lo explicaba Häring en las clases y en su humilde habitación del Alfonsianum en Roma, porque había prestado servicios en la aviación alemana de Hitler, como capellán y en Rusia, donde aprendió que tenía que atender siempre a cualquier ser humano aplicando la ética de situación, fuera amigo o enemigo, actitud que le acarreó serios disgustos y la separación final de aquellos servicios militares por ser considerado persona non grata para el ejército alemán. El problema radicaba en que había contemplado mucha muerte indigna en directo y había tenido que ayudar a morir alejado del dogma católico que había aprendido y enseñado en su proceso de evolución ética. Häring sufrió mucho por sus actitudes éticas hasta su fallecimiento, sobre todo por el trato recibido por la iglesia oficial, a la que recordó que cuando era citado en Roma para justificar su doctrina de libertades le recordaba algo tan grave como estar presente ante Hitler en un juicio sumarísimo. Häring me enseñó a defender la vida digna, en cualquier circunstancia, sin más limitación que la aplicación de la ética de situación en su defensa plena y con el amparo de la ley correspondiente” (1).

Estas reflexiones ya las he hecho anteriormente en este cuaderno digital, pero he considerado que debía rescatarlas hoy. Más pronto que tarde, ya no hará falta recurrir a la ética de situación vergonzante y oculta, porque la libre elección de morir dignamente estará regulada legalmente en este país, esperemos que a muy corto plazo. Literalmente, lo único que pretende esta ley es “legislar para respetar la autonomía y voluntad de poner fin a la vida de quien está en una situación de enfermedad grave e incurable, o de una enfermedad grave, crónica e invalidante, padeciendo un sufrimiento insoportable que no puede ser aliviado en condiciones que considere aceptables. Con ese fin, la ley regula y despenaliza la eutanasia en determinados supuestos, definidos claramente, y sujetos a garantías suficientes que salvaguarden la absoluta libertad de la decisión, descartando presión externa de cualquier índole» (2).

Ha sido un recorrido largo y lo verdaderamente lamentable es que no se ha llegado a tiempo para ayudar a miles de personas a morir dignamente por una elección personal que permite, como decía Sampedro, cruzar la línea de la intransigencia, saltar…, en un acto de libertad plena para elegir la mejor muerte, sobre todo, la más digna. Anoche, en un plano casi final de la película se podía leer el membrete de la carta que recibe el protagonista, Dignitas, porque había elegido una muerte digna. Dignitas es un grupo suizo “que ayuda y asiste a morir, con la asistencia de médicos y enfermeras calificados, a personas con enfermedad terminal y enfermedades graves físicas y mentales. Además proporciona el suicidio asistido para personas con plenas facultades mentales que deben someterse a un informe médico riguroso preparado por un psiquiatra, que establecerá la condición del paciente, aspectos todos ellos requeridos por la legislación y la Corte Federal de Suiza” (3).

Afortunadamente, cualquier parecido de la película de anoche con la realidad, ya no será en los próximos meses en nuestro país una pura coincidencia. Mientras, escucho con veneración una versión muy premiada del concierto para oboe y orquesta de Mozart (KV 314), bajo la dirección de Claudio Abbado y con la interpretación como solista de oboe del valverdeño Lucas Macías, recogido en su primer movimiento en planos especiales en la película, recordando cómo la pareja protagonista intenta con la música dar un sentido a sus vidas, porque es compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum). Una gran lección que no olvido.

(1) https://joseantoniocobena.com/2019/04/06/eutanasia-y-muerte-digna/

(2) Proposición de ley orgánica de regulación de la eutanasia, Exposición de motivos, p. 2.

(3) http://www.dignitas.ch/

 
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Mascarones y mascaronas de proa

MASCARONES DE PROA LIBRO

Sevilla, 28/VII/2020

Hoy hace un año que publiqué Mascarones de proa, un homenaje a la vida y obra de Pablo Neruda, como recopilación de la serie que escribí en julio de 2019 en torno a los juguetes más grandes y más queridos por el poeta. Vuelvo a entregarlo a la Noosfera, con objeto de facilitar de nuevo su lectura de forma homogénea y para que se pueda descargar libremente al ponerse a disposición universal y gratuita de quien lo quiera leer en el contexto de este verano y atendiendo al hilo conductor que expreso en el Prólogo:

«Un marinero en tierra ama el mar a su forma y manera porque no lo conoce bien. Eso no significa que no lo admire profundamente porque sé que las personas somos capaces de admirarnos de todas las cosas. También de los mascarones y mascaronas de proa y popa, como símbolos extraordinarios de determinadas embarcaciones antiguas, que daban brillo y esplendor a significantes de quienes surcaban los mares del mundo. Pablo Neruda amaba estas piezas marítimas, formando parte esencial de su casa en Isla Negra, en su amado Chile. Para él eran solo juguetes grandes.

Dicen los sabios del lugar y del tiempo marítimo que los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Volvamos a entrar en su casa de Isla Negra. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia.

Licencia de Creative Commons
Los mascarones de proa by José Antonio Cobeña Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.joseantoniocobena.com.

¿Por qué muchos jóvenes ningunean la COVID-19?

OCIO NOCTURNO

Ocio nocturno / RTVE 25/07/2020

Sevilla, 26/VII/2020

La verdad es que la respuesta no está en el viento, siguiendo a mi querido maestro de juventud Bob Dylan, sino en la realidad de lo que vemos a diario de norte a sur y de este a oeste del país. Centenares de jóvenes saltándose a la torera todas las medidas decretadas en relación con el coronavirus: distancia social, mascarillas y no sé de qué forma el lavado frecuente de manos. Es difícil entender el comportamiento de jóvenes de este país, en un rango de edad desde 16 a 30 años, que en relación con playas, ocio nocturno y celebraciones familiares, deportivas o de amigos, hacen ostentación de no importarles para nada las medidas decretadas aunque saben que los están grabando para la posteridad triste de este país que, desgraciadamente, es un presente muy preocupante del que podemos resultar víctimas muchas personas.

¿Por qué los jóvenes ningunean la COVID-19? La primera respuesta es una aclaración como punto de partida: no todos los jóvenes actúan así, pero si muchos, me atrevo a decir que miles repartidos por todo el país y a las pruebas de imágenes y datos de contagio me remito. Creo que la principal causa de esta actitud tan generalizada es de base educacional en el amplio espectro de la palabra, es decir, la recibida en sus casas, colegios públicos y privados, institutos y Universidades. También, la que corresponde a la sociedad en general. La educación se considera en muchos ámbitos una inutilidad total, porque de personas educadas no se ha hecho el mundo, dicen algunos, como si la educación fuera solo una actitud formal, que también lo es, sino el fondo en el que se sustentan todos los actos humanos, que llega a ser ética a modo de solería que vamos poniendo en nuestra vida sobre la que pisamos y justificamos todos los actos humanos responsables. La ausencia de valores, la explosión diaria del consumo en una economía alocada de mercado, el síndrome de la última versión que tantos estragos causa en la juventud porque de todo lo que tengo no tengo lo último de lo último y sin ello no soy nada, las influencias de los “influencers” que casi siempre es consumo puro y duro individual y, además, del caro, así como los estragos del paro juvenil y la corrupción pública y privada, unido todo ello al hastío y a la desafección política generalizada, son una mezcla explosiva de tener o intentar tener y no de ser, lo que justifica que para dos días que vamos a vivir vivamos solo el presente, en un “carpe diem” inverso, porque se entiende al revés de su significado, es decir, vivamos hoy pase lo que pase, porque el mañana no me importa nada. Vivir al día, a la intemperie de la vida, sin preocuparse de nadie y de nada, caiga quien caiga, porque a muchos jóvenes les da absolutamente igual, llámese abuelos, abuelas, personas mayores en general, familia, amigos, compañeros de trabajo, personal sanitario y de servicios que están en alta disponibilidad, incluso cuando esos miles de jóvenes provocadores de contagios se ponen a la cola de los PCR, con mucho miedo dentro del cuerpo, como si ellos no hubieran hecho o provocado nada.

La falta de responsabilidad es memorable en estos jóvenes alocados que ningunean el coronavirus. Siempre he defendido la responsabilidad con un neologismo forzado, respuestabilidad o capacidad de dar respuesta personal e intransferible a lo que está pasando mediante la conjunción de dos vocablos que la conforman: conocimiento y libertad. En primer lugar, Conocimiento, entendido como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. En segundo lugar, Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamo “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida decidiendo. Esa es una de las razones de por qué se equivocan los jóvenes, probablemente,  como personas que habitualmente tienen miedo a la libertad de seguir unas normas o no, por sí mismo o por el qué dirán los más próximos, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, aunque si somos solidarios con la vida propia y la de los demás descubrimos que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos.

Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso (engagement) o diversión (divertissement), en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta.

¿Qué hacer ante el ninguneo de los jóvenes al coronavirus? No hay bálsamos de Fierabrás para una cura de urgencia, sino la urgente necesidad de que los Gobiernos responsables, es decir, el Estado y las Comunidades Autónomas, en sus respectivos ámbitos de actuación, elaboren un Plan Urgente de Actuación, que pasa inexcusablemente por establecer unas pautas de actuación claras, concisas y contundentes para contener no al virus sino estas actitudes irresponsables de jóvenes de muy mala educación en su sentido más profundo, no en cuanto a las formas, que también, sino sobre todo a su fondo. Urgen campañas publicitarias de educación para la salud en tiempos de coronavirus, vigilancia epidemiológica visible, así como información pública diaria de evaluación y resultados fiables que refuercen las actitudes de los jóvenes que actúan adecuadamente y de forma responsable.

Si lo expuesto anteriormente se contemplara en los próximos Presupuestos Generales del Estado, es decir, primar el gasto público en Educación como Inversión, más que como Gasto en sentido puro y duro, como garantía de todos los derechos y deberes de salud pública, podremos pensar que en los próximos años la juventud de este país reflexionará más sobre los que están a su lado (o tienen menos) que en ellos mismos. Además de la vacuna que ya se ofertará a millones de personas de este país como si no hubiera pasado nada. La Vacuna contiene en periodos cronológicos concretos y siempre con sorpresas; la Educación sana en todas las formas de ser y estar en el mundo, porque es una garantía de por vida que no caduca sino que se mantiene viva a largo plazo. Cada joven que tome conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida en la conjunción perfecta de conocimiento más libertad, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones, en su manual de campaña personal contra el coronavirus: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos o peor tratados por la sociedad en un determinado momento político o social, como el actual de la pandemia, desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo público y privado que dignificar. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio privado del conocimiento y libertad personal, de lo que afortunadamente podemos presumir todos y que, afortunadamente, no está a disposición del mercado del día y de la noche. O sí, visto lo visto.

 

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Un mural que nos pregunta ¿qué ha ocurrido?

MURAL MADRID PACO ROCA

Sevilla, 25/VII/2020 – Actualizado a las 19:58

Ayer se inauguró en la estación Plaza de Castilla, del metro de Madrid,  un mural del ilustrador valenciano Paco Roca o cómo el mismo se denomina, dibujante ambulante, de 8 metros de largo y 1,90 metros de alto, como recuerdo sentido de las personas mayores que fallecieron durante el estado de alarma por la COVID-19 y para ofrecerles un homenaje simbólico de lo que significan en el aquí y ahora de nuestras vidas. Hoy se ha anunciado el galardón que ha recibido, el Premio Eisner 2020 de Estados Unidos “a la mejor edición de material internacional” por “The house”, la versión de su novela gráfica “La casa”, publicada por la editorial Astiberri en 2015 y que la editorial estadounidense Fantagraphics editó en castellano e inglés a finales de 2019. Los premios Eisner son algo así como los Óscar del Cómic. Mi enhorabuena por ello.

Está bien este tipo de reconocimientos artísticos porque la cultura ennoblece siempre el alma humana, pero también debería conducirnos a una reflexión objetiva, rigurosa y de respeto al comportamiento social y político en relación con la atención sociosanitaria a las personas mayores en todo el país, donde se ha podido comprobar que el nivel asistencial en este tiempo tan difícil ha dejado mucho que desear, dejándonos muchas preguntas sin respuesta. Cada palo debe aguantar su vela y tenemos que reconocer que las cosas no se han hecho bien, no de forma global, porque seríamos injustos al descalificar genéricamente la atención que se les ha prestado, pero sabiendo que su situación ha tenido tintes dramáticos en determinados lugares del país que merecen todavía un análisis para pedir las responsabilidades a las que hubiera lugar y sin distinción alguna de personas o autoridades directamente implicadas en lo ocurrido. El Estado está obligatoriamente obligado, por transparencia y dignidad pública, a dar las explicaciones necesarias, objetivas y veraces, para que se sepa a la mayor brevedad ética posible, la verdad de lo ocurrido con el fallecimiento por el coronavirus de las personas mayores en residencias asistenciales. Nada puede justificar el silencio, mucho menos si es cómplice.

MURAL MADRID2 PACO ROCA

Volviendo al mural, tengo que reconocer que Paco Roca trata con respeto a las personas mayores en su vida artística, habiéndolo demostrado de forma sobrada en su obra «Arrugas», donde abordó temas delicados, hasta ahora escasamente tratados en cómics, como son el Alzheimer y la demencia senil. Me ha llamado la atención la sinopsis en relación con “La casa”, la obra galardonada hoy con el premio Eisner, porque ilustra también el comportamiento familiar que se produce en muchas familias cuando mueren los progenitores, a través de los tres hermanos protagonistas, cuando vuelven un año después de la muerte de su padre a la casa familiar donde crecieron: «A lo largo de los años el dueño llena de recuerdos su casa, testigo mudo de su vida. Y aquél es también la fiel imagen de ella. Como las parejas que han convivido siempre juntas. Así, cuando su ocupante desaparece para siempre, el contenido de la casa se paraliza por el polvo esperando que alguna vez su dueño regrese. Los tres hermanos protagonistas de esta historia volverán un año después de la muerte de su padre a la casa familiar donde crecieron. Su intención es venderla, pero con cada trasto que tiran se enfrentan a los recuerdos. Temen estar deshaciéndose del pasado, del recuerdo de su padre, pero también del suyo propio. Se perciben en esta obra de Paco Roca ecos autobiográficos que surgen de una necesidad de contar una situación que ha tocado de cerca al autor».

Siempre recuerdo en las referencias a las personas mayores, a uno de mis maestros, el investigador Oliver Sacks, del que tanto he aprendido. En un artículo extraordinario escrito en 2015 a modo de testamento ético sobre la realidad de la vida, De mi propia vida, subrayo una frase que me sigue emocionando igual que el primer día que lo leí: “Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte” (1).

Las ideas anteriores se pueden y deben aplicar a los abuelos y abuelas que murieron durante la pandemia sin poder decirnos adiós. Como nos lo recuerdan todos los personajes del mural de Roca, que nos muestran en una secuencia alegre que cada ser humano es único e irrepetible, que traza su propio camino, que vive su propia vida y que merece siempre nuestro afecto y respeto en la trazabilidad de la existencia de cada uno, de cada una, sin que nada o nadie, sombras en definitiva, nos impidan decirnos adiós: Te marchaste sin decirnos adiós / Yo sé que tú no pudiste decirnos adiós / ¿No sabes tú que tampoco / nosotros hemos podido / decirte adiós? / Tiempos malditos y tristes / en los que hasta un triste adiós / hay sombras que lo prohíben (Rafael Alberti, Canción 55, Baladas y canciones del Paraná /1953-1954). Es verdad que cuando una persona muere es imposible reemplazarla. Así me lo recuerda siempre Oliver Sacks, aunque el mural de Roca me haga contemplar hoy la maravillosa realidad de que todos podemos vivir alegres y soñar despiertos incluso cuando nos decimos adiós.

(1) En el diario El País (2015, 20 de febrero), se puede leer la traducción del citado artículo original.

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La primera ópera de Mozart

BASTIEN ET BASTIENNE1

Bastien et Bastienne

Sevilla, 23/VII/2020

Siempre he estado muy cerca de La Flauta Mágica, la última ópera de Mozart, a la que he dedicado múltiples elogios en páginas de este cuaderno digital. Hoy, abordo un breve análisis de la que se considera la primera ópera escrita con tan solo doce años por el compositor austriaco, Bastien et Bastienne, un singspiel (1) que refleja la capacidad artística de Mozart, enamorado de París desde que viajó a esa ciudad por primera vez cuando solo tenía siete años, asombrando a la Corte con sus primeros minuetos y la composición de bellísimas sonatas para clavecín y violín.

En la ingente obra de Mozart no hay composición que se pueda considerar inocente. Él no componía por el mero placer de la composición musical sino que intentaba trasladar con la música la interpretación de su forma de aprehender la vida, sus más íntimas reflexiones. Por este motivo, detrás de cada composición siempre hay que comprender lo que Mozart nos quería transmitir. En el caso de las óperas, estoy muy de acuerdo con una reflexión de un gran conocedor de su obra, Arturo Reverter, cuando dice que “acercarse a la ópera de Mozart es asomarse al abismo del alma humana. Toda la sabiduría constructiva, la variedad de lenguajes, de formas y maneras tan hábilmente sintetizados terminan siempre por conducirnos a un mundo de sentimientos, de valores, de ideas, de afectos”.

He conocido recientemente, a través de la Fundación Juan March, que la Ópera de París ha puesto a disposición del público una versión en francés de Bastien und Bastienne, una pequeña ópera en formato singspiel, estrenada en Viena en septiembre de 1768, sobre un libreto de Friedrich Weiskern inspirado en una obra lírica de Jean-Jacques Rousseau, Le devin du village (El adivino de la aldea), estrenada en 1752 en París. Hay que resaltar que en ese tiempo alternó la composición de esta pequeña ópera con el encargo que le había hecho con anterioridad el emperador José II para que pusiera música a un libreto de Goldoni y que se conocería a través del tiempo como La finta semplice (La falsa ingenua), que se estrenó en Salzburgo el 1 de mayo de 1769.

He imaginado por unos momentos, con la obra de Rousseau delante, El adivino de la aldea, que Mozart comprendió muy bien el hilo conductor del original del filósofo y músico francés, donde la sencillez y el canto al amor es lo que su música debía representar, llevando al pentagrama palabras finales que pueden resonar hoy con toda su fuerza: En la ciudad, hay mucho más bullicio, / pero ¿también tanta alegría en sus fiestas? / Siempre felices, / siempre cantando, / belleza sin maquillaje, / placer sin artificio. / ¿Todos sus conciertos / valen lo mismo que nuestros bailes? / ¡Vamos, bailemos bajo los olmos! / ¡Animaros muchachas! / ¡Bailemos bajo los árboles! / ¡Galanes, tocad vuestras cornamusas!

Esta ópera me ha recordado permanentemente a La flauta mágica porque vuelve a bascular sobre un número masónico, el 3, de valor extraordinario para Mozart. En ambas óperas figuran recitativos a tres, Bastien, Bastienne, el adivino y las Damas, Tamino y Papageno, en La Flauta Mágica, como una primera declaración de intenciones después del episodio del cierre de la boca de Papageno con un candado, por haber mentido a Tamino y haberse atribuido la muerte de la serpiente que estaba cerca del príncipe: “¡Si todos los mentirosos tuviesen sus labios cerrados con candado, en lugar de odios, calumnias y mentiras, sólo habría amor y fraternidad!”. Creo que resaltar el poder de la verdad de ambos amores que tiene una actualidad extraordinaria como mensaje ante las noticias falsas y cotilleos políticos que tanto daño hacen.

La flauta mágica entregada a Tamino y el carillón de Papageno junto a su jaula de pájaros a la espalda, así como el amor intermediado de Bastien y Bastienne, son la expresión de la dialéctica humana que siempre quiso resaltar Mozart en sus obras, así como la suma importancia que tiene favorecer la fraternidad en el mundo, sobre todo cuando se supera la dialéctica de la pobreza y riqueza, nobleza y pueblo, los palacios y las casas humildes, resaltando el poder de los barrios. Más adelante, reconozco que siempre me fascina el dueto entre Pamina y Papageno en el que ambos comentan el motivo de su encuentro en el palacio de Sarastro, en el que intercambian sus deseos más legítimos de encontrar a personas a las que amar, como bien expresa Pamina: “Debemos disfrutar del amor. Vivimos solamente para el amor”. La tarea de salvar a Pamina se refuerza en los siguientes sucesos de la ópera, hasta llegar a sus escenas finales, en las que Tamino y Pamina se unen en su amor verdadero así como Papageno y su querida Papagena, que se comprende aún más cuando se escucha el dueto que lleva sus nombres.

Ver y escuchar hoy la versión francesa de Bastien et Bastienne, de la Ópera de París, compuesta por el adolescente Mozart, nos sumerge en un mundo diferente (58 minutos en un solo acto), con canciones preciosas en un entorno muy festivo, alegre y esperanzador, en las que destaca la calidad musical del compositor salzburgués. Pasen, vean y escuchen porque nos le defraudará en estos tiempos modernos tan difíciles.

 

(1) Singpiel: composición dramática y musical alemana de tono folclórico y popular en la que un texto dialogado se escenifica alternando con canciones, coros o piezas musicales extensas. No hay que confundirlo con opereta.

NOTA: para facilitar la comprensión de la obra, facilito el original del libreto de Le devin du village (El adivino de la aldea), de Jean-Jacques Rousseau, al que se puede acceder en la dirección siguiente: http://kareol.es/obras/adivino/acto1.htm, para comprender mejor el contexto de la obra.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La cultura recuerda a las víctimas de la COVID-19

UNA ABUELA BELLOWS

George Bellows, Una abuela, 1914

Sevilla, 22/VII/2020

La cultura nos ofrece unas oportunidades extraordinarias de interpretar la realidad en cualquiera de sus manifestaciones, dotándolas de alma. En esta ocasión lo he encontrado en una actividad que comenzó a desarrollar la semana pasada el Museo Thyssen bajo la denominación Anónimos. Canciones para un personaje desconocido. El ciclo “se centra en explorar aquellos personajes que contemplamos en numerosas obras de la colección y de los cuales no tenemos ningún relato biográfico. Personajes desconocidos, pero protagonistas en su tiempo, a los cuales queremos dedicar esta edición de AperitivosThyssen, creando un relato contemporáneo en torno a ellos con la complicidad de los músicos participantes en el ciclo. […] Cada músico o grupo invitado dialoga con uno de estos personajes huérfanos de historia, dotándoles de un relato vital, y homenajeándolos a través de su música”.

El sábado pasado se inauguró el ciclo con la intervención de dúo asturiano Elle Belga, que ofrecieron un homenaje a las víctimas de la Covid-19 inspirado por la obra Una abuela, pintada en 1914 por George Bellows, un pintor muy preocupado por el realismo social de su época. De acuerdo con la ficha técnica del cuadro “Al no querer identificar el retrato con un personaje, Bellows nos acerca a un arquetipo. Una mujer de cierta edad, con una gran dignidad y fortaleza interior, posa rígida mirando fijamente hacia el espectador. Bellows siempre se sintió interesado por las posibilidades expresivas de los personajes de edad madura y, como en otras pinturas, concentra su atención en el rostro y las manos de la figura”.

UNA ABUELA BELLOWS1

No estuve allí el sábado pasado para escuchar la palabra y la música de Elle Belga, hilvanadas por la mirada penetrante de una abuela, la de Bellows, figura que ha sido un arquetipo de las abuelas y abuelos que han fallecido durante el estado de alarma. El último disco de los artistas que intervinieron, Simetría, grabado aquí en el Sur, en El Puerto de Santa María, recoge 11 obras que, por sus títulos, podemos deducir que es una muestra de música atemporal pero sensible con todo lo que ocurre: Increíble amor, Amamos honradamente, Simetría, Seres invencibles, Cantar de siega, Niego, Manuel, El lagarto está llorando, Carmencita Roiz, Belleza insobornable y Llegarán. He elegido Increíble amor, porque simboliza lo que verdaderamente nos une en momentos especiales de la vida.

En estos momentos de nueva normalidad me ha parecido un acierto identificar la cultura con el respeto, a través del arte, de lo ocurrido durante el estado de alarma en nuestro país, que ha afectado de forma abrumadora a las personas mayores, anónimas en casi todos los casos. Se han unido la música y la pintura para mostrarnos una forma diferente de contemplar la vida y la muerte. Es su aportación digna y ética. Para que no se olvide el ejemplo porque lo único que se persigue es que cada músico o grupo invitado a estos encuentros dialogue con uno de los personajes huérfanos de historia, elegidos del fondo pictórico del Museo Thyssen, dotándoles de un relato vital, y homenajeándolos a través de su música. Nada más.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

 

 

 

 

Cosas de estío / y 10. Invencibles del siglo XXI

NELSON MANDELA

Sevilla, 21/VII/2020 / 2ª edición

El pasado sábado, 18 de julio, se celebró el Día Internacional de Nelson Mandela, que coincide con el día de su nacimiento en 1918, en Mvezo (Sudáfrica), evento al que hice referencia en el post que escribí el año 2018 y que cerraba la serie dedicada al estío. El tema que ha inspirado la celebración de este año, necesariamente virtual, ha sido “¡Movilízate, inspira el cambio!”. Con tal motivo, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha lanzado un mensaje al mundo del que resalto sus ideas fuerza porque son un necesario recuerdo de Mandela como persona imprescindible para el mundo actual:

1. Con el tema transversal de la celebración de este año, ¡Movilízate, inspira el cambio!, se destaca la importancia de trabajar juntos, desde los gobiernos a la ciudadanía, para construir un mundo pacífico, sostenible y equitativo.

2. Celebramos este día en un momento en que la pandemia del COVID-19 supone una amenaza para todas las personas, en todas partes y especialmente para quienes son más vulnerables.

3. El COVID-19 está poniendo en evidencia profundas desigualdades.

4. Necesitamos combatir esta pandemia de desigualdad mediante un contrato social nuevo para una era nueva.

5. Las Naciones Unidas celebrarán su 75º aniversario en este momento tan frágil, y en este marco reflexionamos sobre la vida y la labor de Nelson Mandela, quien encarnó los principales valores de las Naciones Unidas y se movilizó e inspiró el cambio.

6. Aunque pasó muchos años preso de conciencia, Madiba mantuvo su dignidad y la adhesión a sus ideales.

7. Que su ejemplo lleve a los gobiernos que tienen presos de este tipo a liberarlos.

8. En el siglo XXI no debería haber presos de conciencia.

9. Nelson Mandela nos recordó que “mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad profunda persistan en el mundo, ninguno de nosotros puede descansar de verdad”.

10. En este Día de Mandela, recordemos que podemos, y debemos, participar en la búsqueda de un futuro mejor en el que todas las personas vivan con dignidad, oportunidades y prosperidad en un planeta saludable.

Han pasado dos años desde que escribí unas palabras dedicadas a Mandela por su trayectoria vital tan digna y llena de ejemplaridad. Las he vuelto a leer y creo que mantienen su esencia y presencia en este momento actual de pandemia y necesaria ejemplaridad de los mandatarios mundiales. Un ejemplo que necesitamos rescatar del olvido en su Día, tan especial y necesario.

Cosas de estío / y 10. Invencibles del siglo XXI

Se está recordando especialmente en estos días de estío al presidente Mandela, Madiba. En tal sentido, he leído con atención el discurso que el expresidente Obama pronunció el pasado 17 de julio en Johannesburgo, con motivo de la celebración de la Conferencia Anual sobre Nelson Mandela, con un título sugerente: Seguid alzando la voz. Hay que leerlo detenidamente porque aporta ideas muy interesantes en un mundo convulso donde es imprescindible que identifiquemos a los invencibles de este siglo, aquellos en los que pensaba Mandela en su celda de castigo de Robben Island, leyendo el poema Invencible de William Ernest Henley. Solo recojo un fragmento de su discurso porque me parece muy representativo del mismo: “Nelson Mandela dedicó su vida a este largo camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad de oportunidades. Al principio luchó por este lugar, su país, para terminar con el Apartheid y garantizar la igualdad política, social y económica de los ciudadanos no blancos y sin derechos de Sudáfrica. Sin embargo, gracias a su sacrificio, su liderazgo infatigable y, sobre todo, a su ejemplo moral, Mandela y el movimiento que encabezaba cruzó fronteras. Su figura encarnó las aspiraciones universales de las personas más desfavorecidas. Les insufló esperanza y les hizo ver que era posible una transformación moral en la conducta de los seres humanos”.

Afortunadamente y en el contexto de estos actos conmemorativos, la televisión pública nos ofreció en la noche del domingo pasado una reposición de Invictus, una película que tuvo muy buena acogida de público en el año del estreno en España, 2010, cuyo hilo conductor era la figura de Nelson Mandela y su intervención visionaria en el equipo de rugby de Sudáfrica en la Copa Mundial de Rugby celebrada en 2005, en la ciudad de Johannesburgo. La película, al estilo Eastwood, fuerza en algunos momentos la obra escrita sobre la que se construyó el guion, una publicación de John Carlin, El factor humano, de la que se cambió un hecho fundamental. El papel que entrega el presidente Mandela al capitán del equipo sudafricano de rugby, François Piennaar, en un momento clave de la película, en la primera entrevista institucional con él, con el poema del poeta inglés citado anteriormente, William Ernest Henley titulado Invictus, no es el que utilizó el equipo realmente como mensaje conductor para fortalecer su inspiración triunfadora. La realidad es que Mandela le entregó un fragmento del discurso del presidente Theodore Roosevelt en su visita institucional a París el 23 de abril de 1910, conocido como El hombre en la Arena, que exactamente decía lo siguiente, tal y como figura en la página 7 del discurso real de 35 páginas:

No es el crítico quien cuenta,
ni el que señala con el dedo
al hombre fuerte cuando tropieza
o el que indica en qué cuestiones
quien hace las cosas podría haberlas hecho mejor.
El mérito recae exclusivamente
en el hombre que se halla en la arena,
aquel cuyo rostro está manchado
de polvo, sudor y sangre,
el que lucha con valentía,
el que se equivoca
y falla el golpe una y otra vez,
porque no hay esfuerzo
sin error y sin limitaciones.
El que cuenta es el que de hecho lucha
por llevar a cabo las acciones,
el que conoce los grandes entusiasmos,
las grandes devociones,
el que agota sus fuerzas
en defensa de una causa noble,
el que, si tiene suerte,
saborea el triunfo de los grandes logros
y si no la tiene y falla,
fracasa al menos atreviéndose al mayor riesgo,
de modo que nunca ocupará el lugar reservado
a esas almas frías y tímidas
que ignoran tanto la victoria como la derrota.

Me ha recordado este hecho lo que aprendí hace muchos años de Bertolt Brecht: hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles. También, lo que Obama dijo en su discurso refiriéndose al presidente Mandela, Madiba: “Les voy a decir lo que creo yo. Creo en la visión de Nelson Mandela. Creo en una visión que era también la de Gandhi, Martin Luther King y Abraham Lincoln. Creo en una idea de igualdad, justicia, libertad y democracia multirracial, construida sobre la premisa de que todas las personas son iguales y nuestro creador dio a todas unos derechos inalienables (vítores y aplausos). Y creo que un mundo regido por esos principios es posible y puede lograr más paz y más cooperación en busca del bien común. Eso es lo que creo”.

Las personas que citó, incluido Mandela, fueron imprescindibles en su momento y lo siguen siendo todavía hoy. Invencibles, en definitiva, tal y como lo pensaba Mandela en su corazón y a los que necesitamos identificar hoy día más que nunca, alzando todos la voz para desterrar los silencios cómplices de cualquier tipo, leyendo en voz alta el poema Invictus que tanto ayudó a Madiba:

Más allá de la noche que me envuelve,
negra como el abismo insondable,
agradezco a los dioses que pudieran existir
por mi alma inquebrantable.
En las azarosas garras de la circunstancia
no me he lamentado ni he llorado.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza esta ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el Horror de la sombra,
y sin embargo la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuan cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

THE END

Sevilla, 24/VII/2018

NOTA: la imagen del presidente Mandela se ha recuperado hoy de: https://www.nelsonmandela.org/news/entry/wearing-mandelas-values

Cosas de estío / 9. Biomímica y biomímicos

BIOMIMICO

Biomímico. Proyecto del artista mural Eric Okdec, en Sevilla / JA Cobeña

[…] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?

Stefan Zweig, en De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia

Sevilla, 20/VII/2020 / 2ª edición

Después del estado de alarma hemos recuperado las aceras de Sevilla, ciudad en la que Stefan Zweig decía que «se podía ser feliz». No lo niego, porque en esta ciudad se vive en la calle durante todo el año, disfrutándose mucho de ella. Después del confinamiento, volvemos a redescubrir el barrio y la ciudad en la que vivimos, la importancia de sus tiendas y aceras, su uso íntimo tal y como preconizaba la gran urbanista americana Jane Jacobs en una obra emblemática para la defensa del urbanismo humanista: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en la calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1).

En aquella mañana del estío de 2018 incorporé dos vocablos nuevos a mi diccionario personal e intransferible: biomímica y biomímicos, creados por el artista mural Erik Okdec, dejándonos una muestra de su arte aquí en Sevilla, en un barrio humilde, Polígono de San Pablo, que hoy día se puede visitar como un museo al aire libre incorporado a la oferta cultural de la ciudad, de sus aceras.

He manifestado recientemente que los barrios de Sevilla, de España, han vuelto a recuperar la alegría en sus calles. También, su biomímica, una forma de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza, que le pertenecen, para crear productos y procesos sostenibles en la «nueva normalidad». Una vez más, hago un sencillo homenaje a Jane Jacobs, una mujer extraordinaria, que solo quiso poner un grano de arena en su territorio americano para que las personas pudieran crecer con mejor calidad de vida. Aunque ahora, sigo pidiendo prestada a El Pali, un cantor de Sevilla ya fallecido y donde quiera que esté, alguna sevillana que pudiéramos ofrecerle en clave de canto a la posibilidad de ser en la ciudad, en sus aceras de siempre, sentados en sus aceras como si fuéramos eternos estudiantes de arte: Ya no pasan cigarreras / por la calle San Fernando / con flores en la cabeza / y los mantones bordaos. / ¡Ay, Sevilla de mi alma! / que lo estás perdiendo todo, / los niños en la plazuela / cuando jugaban al toro.

¿Por qué? Porque la magia de las ciudades y de sus barrios, en todo el país, viene siempre desde abajo, desde su historia pasada y presente, incluyendo biomímicos y biomímica, desde los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos, sobre todo haciendo un uso íntimo de las aceras, acompañado todo de una sucesión de miradas hacia las pinturas murales del Gran Museo de la Vida que es Sevilla, solo para encontrar una sonrisa en el rostro de su vida. Tal y como lo describió Stefan Zweig en esta ciudad, paseando por sus aceras, un día ya lejano.

(1) Jacobs, Jane (1961),  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

 

Cosas de estío / 9. Biomímica y biomímicos

Es lo que tiene ser alumno de la Facultad de la Calle, por estar matriculado en la Universidad de la Vida. Los albores de Sevilla ofrecen siempre regalos inesperados, como el de hoy, cuando en el paseo del amanecer claro y luminoso de esta ciudad he encontrado unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo, una obra esplendorosa del artista Eric Okdec: biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero el sentarse a sus pies como estudiantes. Así escrito, sin modificar palabra alguna. Junto a este lema tan sorprendente, otra acepción no menos aleccionadora: biomímica es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso.

Han sido dos lecciones que por breves han sido dos veces buenas, aprendidas curiosamente muy cerca de la calle Baltasar Gracián, el escritor que decía que «lo bueno, si breve, dos veces bueno». La biomímica debería ser una asignatura de obligada inclusión en la carrera que estudiamos a lo largo de la vida y en la Facultad de la Calle, adscrita a la Universidad de la Vida, en los tres mundos que tantas veces he estudiado en la Academia y en los que estamos instalados a diario: el mundo propio, el de nuestro alrededor y del de los demás, que dicho de forma petulante en alemán suenan extraordinariamente bien (eigenwelt, umwelt y mitwelt). Las dos definiciones son fantásticas si las analizamos con detenimiento. La primera, porque la cosa radica en no explotar los recursos de la naturaleza sin compasión alguna, sino aprender continuamente de ella “como estudiantes sempiternos”. Es lo que nos recuerda a diario el problema recurrente del cambio climático y de la Suciedad Plástica instaurada en la superficie y fondos de los océanos y mares que nos rodean. La segunda acepción, es reveladora de lo que podemos aprender de los diseños de la propia naturaleza, porque si lo hiciéramos podríamos vivir mejor, creando nuevos productos con diseños naturales prestados sin interés comercial alguno y, por tanto, más sostenibles.

A lo largo de doce años he incorporado páginas en este blog con este esquema biomímico aleccionador. Entresaco solo dos experiencias maravillosas de la Universidad de la Naturaleza que da sus clases en la calle. Una de ellas, es lo que llamo la inteligencia emergente, que tenemos todos por definición en esencia y potencia, por mucho que al capital le duela. Indudablemente, porque todos los seres humanos, mujeres y hombres, niñas y niños, tenemos el recurso natural principal: la inteligencia emergente como estructura que siempre anda preocupada por organizarse espontáneamente, adaptándose permanentemente mediante retroalimentación positiva a determinadas situaciones propicias o adversas, pero con un fin común, vivir conforme a un plan que permite resolver problemas con un objetivo muy claro: ser felices. Y la ciudad es un patrón excelente para cooperar en esta búsqueda legítima de felicidad. O de infelicidad, por el urbanismo adverso, en la dialéctica vivienda/murienda (perdón por el neologismo). Corren tiempos, además, en los que los especuladores escondidos en fondos buitres de todo tipo, se suben de nuevo a los barcos de los que se tiraron cuando huían miserablemente en desbandada, cuando en los tiempos tan cercanos y actuales de crisis olieron la biomímica porque ya no les salían las cuentas. Y aquí y ahora, en el escolástico hic et nunc, podemos dar rienda suelta a las tesis de las aceras inteligentes y sociales en las ciudades, las que amaba Jane Jacobs, porque cuando el dinero no corre, la inteligencia vuela. Emergente, por supuesto.

Emergente, porque se demuestra que lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (1). Biomimica en estado puro.

La segunda experiencia es la que ha llevado a cabo el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, en su descubrimiento paulatino del escenario auténtico del Génesis, que conocí cuando se iniciaba el proyecto en 2005, bajo el título de Génesis, que él mismo explica en profundidad: “¿Para qué [lo hago]? Para emular el ojo de Dios, pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Indudablemente, biomímica y biomímicos en estado puro, animándonos todos los días la naturaleza a sentarnos a sus pies, como estudiantes en las aceras de nuestras ciudades, de la Universidad de la Vida. Siempre nos valdrán sus diseños prestados para que podamos disfrutar de nuevos productos sin tener que recurrir de forma teledirigida a la economía de mercado, no inocente, por supuesto.

Sevilla, 23/VII/2018

NOTA: el mural, obra de Eric Okdeh, se encuentra en una zona de viviendas sociales del Polígono de San Pablo, en Sevilla. Su historia detallada y gráfica, que nace en 2010, se puede consultar en http://www.ericokdeh.com/biomimico/ . La fotografía es mía.

(1) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner-Fondo de Cultura Económica, pág. 90.