El Congreso de los Diputados debe blindar la Verdad y Dignidad de sus Palabras

Sevilla, 25/XI/2022

Lo vivido en los últimos días en el Congreso de los Diputados, sobre todo la descalificación machista y soez de la diputada de Vox, Carla Toscano, dirigida a la ministra Irene Montero, de Unidas Podemos, creo que ha sobrepasado todas las barreras de la dignidad humana. Insultos, descalificaciones, citas torticeras, manipulación de noticias hasta límites insoportables, lenguaje soez, odio en definitiva, protagonizado siempre por la derecha en todo su arco parlamentario, muestran un mal ejemplo que provoca una instantánea desafección política y, por tanto, el ocaso de la democracia que tantas veces he citado en este cuaderno digital, porque es una pre-ocupación, con guion, que me con-mueve (también con guion) a diario, para no caer en el conformismo maldito que lo atenaza todo, como si todo esto fuera cosa de los demás y no un asunto propio como ciudadano demócrata de base.

En este contexto, se ha publicado un libro aleccionador, un ensayo didáctico en definitiva, El Ministerio de la Verdad: Una biografía del 1984 de George Orwell, de Dorian Lynskey, que viene a poner bastantes cosas en su sitio en el momento actual a pesar de su distopía intrínseca. Su sinopsis oficial no deja lugar a duda alguna: “La fascinante obra 1984, de George Orwell, se ha convertido en un relato definitorio del mundo moderno. Su influencia cultural puede observarse en algunas de las creaciones más notables de los últimos setenta años, desde El cuento de la criada de Margaret Atwood hasta el hito televisivo Gran Hermano, mientras que ideas como «Policía del Pensamiento», «doblepensamiento» y «nuevalengua» están arraigadas en nuestro discurso. El Ministerio de la Verdad traza la vida de uno de los libros más influyentes del siglo XX y una obra que es cada vez más relevante en esta tumultuosa era de «noticias falsas» y «hechos alternativos». Dorian Lynskey investiga las influencias que confluyeron en la escritura de 1984, desde las experiencias de Orwell en la guerra civil española y en el Londres de la guerra hasta su fascinación por la ficción utópica y distópica. Lynskey explora el fenómeno en que se convirtió la novela cuando se publicó por primera vez, en 1949, y las formas cambiantes en que se ha leído desde entonces, revelando cómo la historia puede orientar a la ficción y cómo la ficción a su vez puede influir en la historia”.

El ocaso de la democracia tiene una misión muy próxima a la creación de un Ministerio de la Verdad, en términos orwellianos. La derecha cerril y la ultraderecha crean poco a poco a modo de gota malaya un “nuevo lenguaje”, equívoco casi siempre, para defender su supuesta Verdad con mayúscula, manipulando todo lo que toca, convirtiendo todo en el contrario que haga falta, sin escrúpulo alguno y utilizando la maquinaria orwelliana de la única verdad posible. Creo que se puede llegar a entender así ya que los tres lemas del Ministerio de la Verdad de Orwell, El lema del Ingsoc (acrónimo del “socialismo inglés” en la novela de Orwell), es decir, «La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza», se puede trasladar a cualquier partido totalitarista de corte ultraderechista, como hemos podido visualizar y escuchar estos días atrás en el Congreso de los Diputados de nuestro país. Triste experiencia que va más allá de una distopía con visos de realidad, porque también frecuentan un lema que me horroriza: “Quien controla el pasado controla el futuro”, es decir, no conviene en este país que se respete la memoria democrática, porque los guardianes de la Verdad son ellos, a través su propia policía del pensamiento político. Si hay que cambiar la verdad de la Historia se cambia, porque para eso está detrás la maquinaria del partido ultraderechista.

Lo que me ha acabado sorprendiendo al acercarme a esta publicación de Dorian Lynskey es la justificación de por qué tituló así su obra, El Ministerio de la Verdad, extraída de una entrevista muy interesante con el autor: “[…] Me cuenta que, de entre todos los títulos posibles, eligió el de El Ministerio de la Verdad «para llamar la atención sobre la idea de un asalto a la realidad objetiva, que es esencial para los autoritarios y que se ha acelerado enormemente con Internet. Añade que no le habría sorprendido al autor descubrir que el Gran Hermano no era un requisito, que los ciudadanos se las apañan solos con la desinformación”. El totalitarismo social y político está cerca y estamos avisados.

Visto lo visto estos días pasados en el Congreso de los Diputados, entro de nuevo en mi Clínica del Alma, mi biblioteca, para leer a  Marco Fabio Quintiliano, abogado y profesor de retórica, nacido en Calahorra en el siglo I d. C., porque es rotundo en su Instituciones oratorias (1): “Por lo común, el discurso manifiesta las costumbres y descubre los secretos del corazón, y no sin razón dejaron escrito los griegos que cada uno habla en público según la vida que tiene” (XI, 1), es decir, el orador será honrado si es creído o creíble, como manifiesta también en el mismo libro, en el capítulo IV, 2: “Nunca habla mejor el orador que cuando parece hablar con verdad”. Lo que de verdad me llama la atención en Quintiliano es la contundencia a la hora de unir oratoria con ética, tal y como lo demuestra de forma reiterada en su libro: “No separo el oficio de orador de la bondad moral” (II, 18),  “Porque no solamente digo que el que ha de ser orador es necesario que sea hombre de bien, sino que no lo puede ser sino el que lo sea. Porque en la realidad no se les ha de tener por hombres de razón a aquellos que habiéndose propuesto el camino de la virtud y el de la maldad, quieren más bien seguir el peor; ni por prudentes a aquellos que no previendo el éxito de las cosas, se exponen ellos mismos a las muy terribles penas que llevan consigo las leyes y que son inseparables de la mala conciencia. Y si no solamente los sabios, sino que también la gente vulgar ha creído siempre que ningún hombre malo hay que al mismo tiempo no sea necio, cosa clara es que ningún necio podrá jamás llegar a ser orador” (XII, 1).

El que quiera entender que entienda, pero necesitamos buena oratoria de hombres buenos y mujeres buenas en política, para acabar con los escándalos y sonrojos parlamentarios. Lo que puedo asegurar es que hay que blindar la Verdad en el Congreso de los Diputados y en el Senado para responder de la mejor forma posible y no desde un Ministerio de la Verdad no inocente, de la derecha cerril y ultraderecha, a la pregunta que deja entrever lo sucedido: ¿No será que no hablan bien algunos padres y algunas madres de la patria, porque no son buenas personas? En Quintiliano se puede encontrar alguna solución a esta realidad que nos asola.

(1) López Navia, Santiago A. (ed.), El arte de hablar bien y convencer. Platón, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, 1997. Madrid: Ediciones Temas de Hoy. Sobre la obra de Quintiliano, he utilizado la citada por el autor en su libro, Quintiliano, Instituciones oratorias, en la traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, editada en Madrid en 1916 por la Librería de Perlado y Páez, sucesores de Hernando, a la que se puede acceder online en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Sevilla, en la siguiente dirección: Instituciones oratorias – Universidad de Sevilla (us.es), con alguna corrección sintáctica para facilitar la comprensión del texto.

NOTA: la imagen del autor, en la fotocomposición mía junto a la portada del libro, se ha recuperado hoy de Dorian Lynskey – Better Known

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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