Es hora de cambiar y abandonar el martillo de oro

Sevilla, 4/V/2021

Recuerdo como si fuera ayer el día que descubrí la teoría del martillo de oro aportada a la psicología por Abraham Maslow (1908-1970) en su Libro de la ciencia. Un reconocimiento, publicado en 1966 (1), también definida como la teoría del “martillo de Maslow”. Lo expresaba de forma muy didáctica con un aserto muy conocido por experimentado, sobre todo en épocas de dictaduras férreas y de pensamiento único que tiemblan ante todo lo que se mueve: “Supongo que es tentador pensar que, si la única herramienta que tienes es un martillo, puedes tratar cualquier cosa como si fuera un clavo”. En tiempos de coronavirus, una recomendación plausible ha sido descubrir la necesidad imperiosa de cambiar la caja de herramientas psicológicas y éticas para abordar con ciertas garantías la “nueva normalidad”, constructo paradójico porque el mundo sigue estando mucho más al revés que nunca. Una nueva edición, actualizada, del famoso libro de Eduardo Galeano, homónimo, pero con dos palabras antecedentes, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, nos demostraría que seguir utilizando el martillo de oro para solucionar los problemas actuales, derivados de la gran hecatombe de la pandemia, ya no sirve para nada.

Maslow es muy conocido por su famosa teoría piramidal de las necesidades y motivaciones humanas, la pirámide de Maslow, teoría también muy controvertida en la sociedad actual por la nueva concepción de sus escalables niveles de motivación humana para cubrir las necesidades fisiológicas, de seguridad, sociales, de reconocimiento y autorrealización. Hoy, me interesa más ahondar en el texto y contexto de su famoso martillo dorado, porque la situación actual del mundo y sus circunstancias obliga a un giro copernicano en la utilización de herramientas conductuales para abordar esta nueva situación de normalidad anormal.

Desde el comienzo de la pandemia hemos estado escuchando a modo de aviso para navegantes, un nuevo constructo como si fuera el oráculo de Delfos: estamos instalados en la “nueva normalidad”. Desentrañar estas palabras sigue siendo un dilema necesario para que nos enfrentemos a él de la mejor forma posible. El problema surge cuando escudriñamos qué es lo normal en la vida y su derivada, la normalidad, en un mundo que se nos presenta lleno de incertidumbres y con un enemigo público número 1 llamado COVID-19, un clavo que ha necesitado un martillo de oro llamado vacuna y su correlato en cómo influye en nuestra forma de ser y estar en el mundo cuando ya tomamos conciencia de que estamos “vacunados” y nuestra vida nos permite seguir haciendo lo que hacíamos antes o no, visto lo visto. Es el momento estelar en el que recurrimos al célebre martillo de oro porque para empezar nos da seguridad, lo incorporo a mi kit de persona vacunada y a seguir haciendo lo mismo de antes… o no. Ahí está el dilema, porque el mundo cambia, porque todo ha cambiado y los clavos ya no son iguales sino que todos, absolutamente todos han cambiado su forma y tamaño.

Las mudanzas han sido una constante en mi vida, porque he aceptado siempre con buen talante que en la vida se producen variaciones del estado que tienen las cosas, “pasando a otro diferente en lo físico ú [sic] lo moral” (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734). Las he vuelto a revivir al leer una frase de un cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Es una frase que simboliza muy bien las múltiples veces que hacemos mudanza en el cerebro porque cambiamos o nos cambian la vida (el estado que tienen las cosas), muchas veces, a lo largo de la vida. Y el cerebro lo aguanta todo y…, lo guarda también a modo de caja de herramientas. Es una dialéctica permanente entre plasticidad cerebral y funcionamiento perfecto del hipocampo (como estructura que siempre está “de guardia” en el armario cerebral de la vida).

Suelo acudir siempre a la historia, la ciencia y a la filosofía para intentar buscar razones de la razón y del corazón con objeto de abordar de la mejor manera posible la “nueva normalidad”, un clavo ardiendo que se atisba con la nueva mudanza. También he localizado en mi memoria de hipocampo, esa estructura cerebral encargada de ordenar de la mejor forma posible la memoria personal e intransferible, una canción que salta como un resorte en mi cabeza cada vez que se habla de cambiar algo porque en el fondo esta palabra, cambio, es una constante en nuestras vidas desde que nacemos. Sobre todo, en la versión última del músico chileno Julio Numhauser, uno de los fundadores de mi querido grupo Quilapayún y autor de la letra y música de Todo cambia. Vivimos porque todo cambia en nuestra forma de ser y estar en el mundo. Gracias a los cambios diarios, segundo a segundo, en nuestro organismo, vivimos, estamos y somos. En definitiva, enfrentarnos al cambio en nuestra vida es el resultado de aunar conocimiento, habilidades y actitudes ante algo inexorable que tenemos que saber integrar a la mayor brevedad posible: todo cambia y que yo cambie no es extraño. El martillo de oro para golpear siempre el mismo clavo ya no sirve. La nueva normalidad es un muestrario de nuevos “clavos” metafóricos que hay que atender y desarrollar con ellos nuevas formas de utilizarlos en nuestra nueva vida ordinaria.

Por otra parte, estamos ante la nueva realidad de la geopolítica del coronavirus COVID-19, porque hay que recordar que ya nos hemos enfrentado históricamente a otros desastres similares en la historia mundial, lo que nos lleva a pensar que casi ocho mil millones de personas que hoy poblamos el planeta Tierra, con un crecimiento demostrado cada 0,38 segundos, tenemos que abordar la nueva normalidad e integrarla sin un manual claro de supervivencia mientras no ganemos esta batalla por vivir esa normalidad que, repito, siempre es cambiante si nos remitimos a la historia de la humanidad y a sus avances científicos. Tampoco disponemos, con la inmediatez deseada, de la caja de herramientas psicológicas para abordar estos cambios de la mejor forma posible. El principal problema está en nosotros, en identificar ese conjunto de conocimientos de qué es lo que va a cambiar o ya ha cambiado, la disciplina de adquirir nuevas formas de comportamiento ante los cambios de escenarios para vivir que se ordenen y, lo mejor de todo, educar la actitud para enfrentarnos a una nueva forma de ser y estar en el mundo. Ya no podemos ni debemos utilizar ese martillo de oro al que siempre hemos recurrido en momentos difíciles, como bálsamo de Fierabrás para solucionar nuestros problemas de todo tipo en tiempos complejos y difíciles.

Ante un clavo próximo de la vida que nos rodea, tampoco olvido lo que dijo en su momento Abraham Kaplan, en 1964, en su conocida “ley de la herramienta”: “Si le das a un niño un martillo, le parecerá que todo lo que encuentra necesita un golpe”. Pero ya hemos visto que no es eso y que tampoco un clavo difícilmente saca otro clavo. Entre nuevos martillos y nuevos clavos anda el juego de la “nueva normalidad”.

(1) Maslow, A. H. (1966). The Psychology of Science. An Reconnaisance. New York: Harper and Row.

(2) La imagen de Abraham Maslow se ha recuperado hoy de 75 frases de Abraham Maslow (y las necesidades humanas) (psicologiaymente.com). La fotocomposición con el texto es una elaboración personal.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hay que aprender a decir que no

Actuación en directo de Rozalén en el acto de entrega de los Premios CYGNUS de Cine Solidario y Valores. Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares – 21 de enero de 2021

Sevilla, 3/V/2021

Desde que finalizó la gala de los premios Goya de este año, he querido dedicar en este cuaderno digital unas palabras de homenaje y reconocimiento a una cantora diferente en el mercado musical actual, Rozalén, sabiendo que cantante es quien puede cantar y cantora quien debe hacerlo. Tiene una trayectoria impecable por aunar arte y cultura sin exclusión alguna, por su permanente preocupación en hacer llegar a una parte de la población afectada por la diversidad de sordera su voz y sus palabras con letras que penetran hasta el fondo del alma, ayudada por el lenguaje de signos que lo hacen todo más accesible. En sus conciertos suele estar acompañada por Beatriz Romero, técnica especialista en interpretación de la lengua de signos y guía de interpretación de personas sordociegas.

La cantora Rozalén recibió un Goya en la 35ª edición de los Premios Goya 2021, en la categoría de “Mejor Canción Original” con “Que No, Que No”, una cumbia que figura como tema principal de La boda de Rosa, película dirigida por Icíar Bollain y protagonizada por Candela Peña. La canción ha sido compuesta junto a la formación de música tropical mexicana La Sonora Santanera y como se declara en la sinopsis oficial de la misma, en la página web de Rozalén, la canción “suena a vida y color, a mestizaje y a satisfacción. La satisfacción de quien ha aprendido a amarse a sí mismo sin necesidad del reconocimiento de los demás. Es un tema con un elevado contenido autobiográfico que pudo haber nacido en el diván de la propia Rozalén. “Habla de mí”, reconoce sin tapujos. La letra encajó como un guante en el proyecto de Bollain. El mensaje consiste en poner límites. “No se puede decir que sí porque sí, es algo que tiene que salir del corazón, porque si no existe un compromiso lo que se da carece de valor”, explica la cantante y compositora: “Muchas veces decir que no, ponerse límites, es un gran primer paso”. Es, claramente, lo que le pasa al personaje de Candela Peña, protagonista de la película”.

Es muy importante conocer a fondo la letra de esta canción porque es un mensaje esperanzador para las personas singulares que necesitan luchar por su autoestima y respeto a sí mismos:

Llevo un tiempo que no descanso, que como poco, cuesta sonreír… He pasado por el aro y he hecho cosas que no me hacen feliz. Tengo la bandeja llena de peticiones, de mil favores, y absolutamente nadie pregunta por mí. Lo pienso y me enciendo un incienso, y despliego todo el arsenal de velas. Me paro, respiro, sonrío, me fío, descorcho una botella. Si elijo ser mi prioridad no es cuestión de egoísmo. El tiempo de calidad parte dedicado a uno mismo.

Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Quien bien me quiere lo va a comprender, yo no nací solo pa`complacer. Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo (Que no, que no…).

Me he vestido con ropa a la moda, me he puesto muy mona pa´gustarme a mí. He comprado un ramito de rosas y, nerviosa, me he pedido salir. Tengo la cabeza llena de mil razones que me aseguran que el amor más verdadero está más cerca de lo que creo. Ay, qué tontería, María, si te quedas sola pa´toda la vida, vistiendo los santos con cientos de gatos, llorando sin compañía. Si elijo ser mi prioridad no es cuestión de egoísmo. El tiempo de calidad parte dedicado a uno mismo.

Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Quien bien me quiere lo va a comprender, yo no nací solo pa`complacer. Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo.

Una vez escuchada la canción ganadora de un Goya este año, quiero dedicar también unas palabras finales a la explicación de la idea base del guion por parte de una productora de la película, Cristina Zumárraga, partiendo de un planteamiento atrevido que se comprende mejor al escuchar de fondo la canción de Rozalén: “La película la empezamos a desarrollar Icíar (Bollain) y yo hace varios años […] Era un tema que le inquietaba y le apetecía explorar a ella. Se enteró de que en Asia se estaban produciendo matrimonios de mujeres consigo mismas. Estuvo en un festival en Japón con una película anterior y decidió ir con la guionista Alicia Luna a investigar y a entrevistar a los responsables de una agencia que se dedicaba a organizar este tipo de bodas. El espíritu de estas bodas era diferente y obedece a la presión social que existe con las mujeres que no se casan. La idea es tener un gran día aunque no se casen con nadie, vestirse de novia, tener su ceremonia, su tarta, álbum de fotos… Tirando de ese hilo descubrió que también se estaban produciendo matrimonios de personas en solitario en Europa y Estados Unidos, aunque con un matiz diferente, porque aquí, en Occidente, funciona como un símbolo de que ante todo lo primero es quererse uno mismo y de que no hay que poner la felicidad de uno en manos de terceros. Hay que quererse y respetarse uno mismo para poder querer a otros. Con esa idea central se construyó el guion”.

Y si no me sale del corazón, voy a aprender a decir que no. Si quiero mejorar el mundo, primero voy a mimarme yo. Rozalén lo ha tenido muy claro: “No se puede decir que sí porque sí, es algo que tiene que salir del corazón, porque si no existe un compromiso lo que se da carece de valor”, aunque el sí o no de cada día quedará siempre en nuestra persona de secreto a pesar de todo, recordando al poeta ítalo-argentino Antonio Porchia cuando escribió brevemente sobre una duda existencial de nuestra autoestima que siempre resulta inquietante: «sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Nos queda el poder de la palabra

Fotograma de la película «El poder de la palabra»

Sevilla, 2/V/2021

Dedicado a mis «paisanos del alma» de la Comunidad de Madrid, en el último día de su campaña electoral, porque aquella tierra me permitió crecer desde mi niñez rediviva en un modo de pensar diferente, que me enseñó a hablar con un acento democrático especial que no olvido. Para que se entienda bien, viajando siempre en la amura de babor, la de la izquierda del barco imaginario de Saramago que nos descubrió en su cuento de «La isla desconocida».

En el mes de junio de 2010 escribí en este cuaderno digital un artículo sobre el poder de la palabra. Vuelvo a recordarlo hoy, íntegramente, porque me duele especialmente el descrédito que sufre la palabra en los momentos actuales, por la utilización espuria de la misma en todos los ámbitos de proyección posibles, siendo el bien más preciado del ser humano desde el momento en que sabemos por la ciencia que fuimos capaces de hablar para entendernos entre nosotros mismos y con la gente.

He crecido en la cultura solidaria de la lucha social para el beneficio del bien común y del interés general, fielmente aferrado a la palabra revolucionaria que transforma el desorden social, tal y como lo aprendí de determinadas ideologías y por una clase magistral de Blas de Otero. Antes, apoyado en una creencia religiosa, porque me dijeron que en el principio era la Palabra. Muchos años después, creyendo que nos queda su poder, porque aunque la historia y ahora la pandemia se hayan llevado muchas vidas por delante, el tiempo y todo lo que vamos abandonando poco a poco, incluso alzar la voz en nombre de los que menos tienen, sigo estando convencido y defendiendo con ardor guerrero, que nos queda la palabra. Además, si a veces sufrimos mucho por lo que está pasando políticamente en este país, a modo de un perfecto mundo al revés, sé que me queda la palabra.

Ahora, cuando veo la crispación en la campaña electoral de la Comunidad de Madrid, sigo abriendo mis labios como puedo y transcribiendo lo que me gustaría decir alto y claro a través de estas palabras, sintiendo más que nunca que, aplicando el principio de realidad, me sigue quedando la fuerza de la palabra. Porque todos no dicen ni decimos lo mismo y la palabra, al fin, para bien o para mal, nos delata. Lo sabemos porque la sabiduría popular nos ha transmitido, a lo largo de los siglos, que por la boca muere el pez. Aprendamos la lección.

Nos queda la palabra (FoxP2)

¡Primero que nada, quisiera pedirles disculpas, por la interrupción!

Así empezaban los vendedores ambulantes de los autobuses de Santiago de Chile, en los primeros años de este siglo, elevados a un pedestal humano, afortunadamente, a través de una película que siempre busqué desesperadamente: El poder de la palabra, en defensa de su trabajo digno cuando estaba a punto de desaparecer. Poco a poco, avanza la vida de cada una, de cada uno, vamos perdiendo ilusiones, pequeñas cosas, seres queridos, proyectos, salud, dinero en tiempos de crisis, el amor auténtico, y la realidad es que encuentro a muy pocas personas que valoren este recurso inagotable hasta que un día desaparece el control que tenemos sobre el mismo y que mientras vivimos nos puede devolver libertad humana: la palabra. Para una persona, como en mi caso, que tantas veces ha investigado por qué somos inteligentes, por qué hablamos, el asombro, del que hablaba Aristóteles que solo nos corresponde a los seres humanos, estriba en conocer cada día mejor el poder de la palabra.

¡Pero vengo a ofrecerles un estupendo producto para la sociedad en su conjunto!

Con estas maravillosas palabras de los vendedores en los autobuses chilenos, quiero hablarles de la palabra, un producto de la evolución humana que solo se encuentra en las personas, como resultado de un trabajo de relojería suiza en el cerebro, porque estamos programados para hablar, desde nuestra concepción. Así lo analicé en un post que escribí en este cuaderno, ¿Por qué hablan las personas?, el 13 de abril de 2008: “Sin lugar a dudas, entre otras razones entrelazadas entre sí, por culpa de FoxP2, el gen que, con un juego de palabras más o menos acertado, mejor se expresa. El cerebro vuelve a maravillarnos de nuevo hoy, a través del conocimiento científico del gen FoxP2, que me permite volver a centrar el foco de interés cerebral en la génesis y desarrollo de la habilidad del lenguaje humano, gracias a la expresión correcta y ordenada de este gen”. Y citaba también a Gary Marcus, “que está en los cielos de la investigación actual más solvente, mi autor de los últimos meses, por su interesante aportación a la investigación del cerebro desde la genética, con una reflexión impresionante: “lo que hace interesantes a los humanos no es el hecho de las palabras en sí mismas, sino poder aprender y crear nuevas palabras”. Y revolucionó el auditorio con una sentencia espectacular: el lenguaje es un parche similar a la columna vertebral, un mal diseño de la evolución para soportar el peso del cuerpo. Y lo que señalaba anteriormente como anécdota también es una preocupación para Marcus: el rol de la memoria en los procesos lingüísticos y del habla, sobre todo en los bebés y en la primera infancia, como presunta contaminante de estos maravillosos procesos, aunque el equipo fonador de la niña de Dikika (su pequeño hueso hioides) nos demuestre de forma terca que el punto alfa de la inteligencia que se expresa mediante el gen FoxP2 ya estaba allí”.

¡Se trata de un práctico y útil recurso indispensable para alcanzar la ansiada modernidad!

He forzado un poco la frase del vendedor habitual chileno, pero solo quiero dejar constancia del valor de la palabra, porque la realidad es que es de los pocos recursos que nos quedan en nuestros ecosistemas personales e intransferibles, para mucho tiempo, si sabemos cuidarlo. Algunos, como los Académicos de la Lengua, todos los días la limpian, la fijan y le dan esplendor. Otros, la pronuncian solo para ofender a sus seres más queridos o a los ciudadanos de calle. Los de aquí y allí la utilizan para alcanzar diálogos a veces imposibles. Pero todos y todas anhelamos pronunciarlas alguna vez en la vida para que sepan los demás que existimos y que vivimos desesperadamente. Queremos que nos escuchen los demás, aunque sea recomendable cuidar el arte de callar, cuando no tenemos casi nada que decir (Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. El Arte de callar, Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar). Y aunque anuncié la palabra como un práctico y útil recurso indispensable para alcanzar la ansiada modernidad, es verdad que podemos ser modernos gracias a que nuestros antepasados evolucionaron para que hoy tuviéramos este recurso maravilloso: “Todavía me sobrecoge el descubrimiento de Selam (paz), la niña de Dikika [1], al que dediqué un post específico, cuando se valoró la localización de su hueso hioides como un hallazgo trascendental para conocer el origen del lenguaje en el “equipo” de fonación pre-programado en los seres humanos, a diferencia de los chimpancés y macacos más próximos en nuestros antepasados (siempre se ha dicho -desde el punto de vista científico y hasta con cierto desdén- que los monos no hablan): “Y lo que me ha llamado la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, ha sido el hallazgo de un hueso, el hioides [Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe], que es el auténtico protagonista, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis”. Nunca sabremos si Selam, que cumpliría hoy tres mil millones, trescientos mil años, dijo alguna vez ¡mamá!, aunque su hueso hioides nos permite vislumbrar que sí habló”.

Por ello, siempre puedo repetir unas palabras que aprendí de Blas de Otero en el principio de los tiempos revueltos de nuestro país, antes de vivir en democracia, que tengo grabadas en mi cerebro para poder expresarlas en la actual crisis global y existencial de la ansiada modernidad que nos prometen determinados charlatanes de turno, que no aquellos vendedores chilenos:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

(Publicado el 5 de junio de 2010 y actualizado hoy con pequeñas modificaciones)

(1) Selam, la niña de Dikika – «El mundo sólo tiene interés hacia adelante…», Pierre Teilhard de Chardin (joseantoniocobena.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ganarás la luz con el dolor de tus ojos

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz, 1975)

Sevilla, 1/V/2021

Dedicado, en la celebración del Día Internacional del Trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de conseguir el pan con el sudor de la frente, para que comprendamos junto a León Felipe, de nuevo y con sus palabras llenas de exilio interior y físico, que una de sus razones laicas es que se puede ganar con el trabajo digno la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas. También lo dedico a todas las personas que siguen afectadas en su trabajo diario por la pandemia, que son millones. Las que la sufren, la atienden de mil formas y las que la controlan de la mejor forma posible. Por último, a los niños y niñas del mundo, pobres y nadies, que con su trabajo visten y distraen al primer mundo, por ejemplo, gracias al coltán de la telefonía móvil, que extraen siendo eso, niños, sin que puedan ver a su corta edad la luz de otro mundo posible.

Vuelvo a publicar, contextualizándolo en la realidad actual, las palabras que dediqué el año pasado a la celebración del día internacional del trabajo. Hoy, siguen teniendo el mismo valor, es más, no sólo hoy por ser fiesta laboral nacional, sino porque cada día que pasa en cada hoja de calendario personal o familiar, sin que tengamos que esperar a celebrar nada, sí debemos recordar con cierta amargura la situación de miles de personas y hogares españoles que siguen en el paro y con un horizonte muy complicado para encontrar trabajo y la dignidad asociada.

«Las palabras que siguen, en un poema desgarrador de León Felipe, El dolor, siguen teniendo hoy un sentido especial en el contexto de los efectos de la pandemia, por el dolor que ha llevado a las familias de las personas que han fallecido, sobre todo personas mayores que vivieron tiempos difíciles de la posguerra y que con su trabajo ayudaron a ganar la luz de la libertad con el dolor de sus ojos. También por los efectos en miles de personas que han sufrido la enfermedad y se han recuperado con secuelas. También por lo que ha supuesto la ardiente impaciencia ante los efectos benéficos de las vacunas que finalmente han llegado en beneficio de todos. Obviamente, por su alcance en miles de trabajadores, en este día tan especial, profesionales sanitarios y de servicios esenciales que nos han atendido de forma ejemplar. La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como recursos humanos, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.«

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo lleva dentro, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de México recuerda a León Felipe como símbolo del exilio español (eluniversal.com.mx)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ñ de Cobeña

Doodle de la letra Ñ, publicado por Google el pasado 23 de abril de 2021, con motivo de la celebración del Día del Idioma Español impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Sevilla, 30/IV/2021

A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: “¡Cuidado!” El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: “¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?” Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Gabriel García Márquez, en Botella al mar para el Dios de las palabras. Zacatecas (México), 7 de abril de 1997.

Se comentó el pasado 23 de abril, con motivo de la celebración del Día del Idioma Español junto al Día Internacional del Libro, porque tenemos una seña de identidad de nuestro idioma que nos hace peculiares, en este caso, por la grafía de la letra ñ: “Es la única letra que se originó en España y que a pesar de su excepcionalidad, ya que es muy poco frecuente y suele aparecer apenas 0,3 veces de cada 100 palabras, encierra con personalidad, tanto en su grafismo como en su pronunciación, una parte importante de la identidad cultural hispana en el mundo” (1). Mi apellido la lleva y es un motivo textual y contextual que estoy analizando en la actualidad sobre la genealogía de mi apellido, publicación que compartiré en su momento con la Noosfera.

Convivo -no sin dificultad a veces- con la letra eñe (Ñ) de mi apellido desde que nací y por su identidad autóctona en España. Se puede comprobar esta marca de idioma español y de territorio, con respeto a la cultura maya, acercándonos al cura que salvó a García Márquez porque era un señor [sic] cura, no un “sennor”. Siempre he querido conocer con detalle el origen de esta letra, un elemento autóctono del castellano según lo reconoció en el siglo XV un andaluz por cierto, el lebrijano Antonio Martínez de Cala y Xarava (Lebrija, Sevilla, 1441 – Alcalá de Henares, 5 de julio de 1522), más conocido como Elio Antonio de Nebrija, de Nebrixa o de Lebrija, al no tener precedente ni en griego, ni en latín, ni en árabe. En otras lenguas romances de este país, su sonido se representa mediante dígrafos: en catalán se hace con las letras NY, en portugués con NH, mientras que en gallego se usa la grafía del castellano Ñ, aunque en los últimos diez años existe una vacilación entre la grafía Ñ y la portuguesa NH. En otras lenguas románicas, como el francés o el italiano, es el dígrafo GN el que representa el mismo sonido.

Es la decimoquinta letra del alfabeto español, consonante nasal palatal sonora y su grafía actual procede de la consonante “n”: “La virgulilla que lleva en la parte superior tiene su origen en la escritura de los copistas medievales, que la emplearon desde el siglo XII como signo escrito sobre una letra y que significaba carácter repetido, es decir, ñ = nn, õ =oo. Dos siglos más tarde este uso quedó restringido para la letra N” como premonición de lo que García Márquez dijo en aquél contexto en el que contó su salvación mediante una palabra: “Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”.

La consolidación de la letra surgió en 1993 en España mediante un Real Decreto de 23 de abril, acogiéndose al Tratado de Maastricht de la UE, que admite excepciones de carácter cultural, por la propuesta que hizo la Comunidad Europea para eliminarla por razones estrictamente comerciales, uniéndola hasta que la muerte la separe, a las tecnologías de la información y comunicación, atendiendo al título de la citada disposición: Real Decreto 564/1993, de 16 de abril, sobre presencia de la letra “ñ” y demás caracteres específicos del idioma castellano en los teclados de determinados aparatos de funcionamiento mecánico, eléctrico o electrónico que se utilicen para la escritura. Esta medida se completó el 2 de octubre de 2007 a las 6 de la madrugada, con la iniciativa de Red.es, entidad del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio de España que tiene asignada en España la autoridad de registro de dominios, al posibilitar que la letra la “ñ” junto con las tildes o las diéresis pudieran formar parte del nombre de un dominio «.es», cumpliendo con la medida contemplada por Ley de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información.

Gabriel García Márquez intervino con su maestría escrita en la intromisión de la Comunidad Europea citada anteriormente: “Es escandaloso, por decir lo menos, que la Comunidad Económica Europea se haya atrevido a proponer a España la eliminación de la letra eñe de nuestro alfabeto, y peor aún, sólo por consideraciones de comodidad comercial. Los autores de semejante abuso y de tamaña arrogancia deberían saber que la eñe no es una antigualla arqueológica, sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas romances sigue expresándose todavía con dos letras. Por consiguiente, lo lógico no es que España tenga que renunciar a nada menos que a una de las letras de su propio nombre, sino que otras lenguas del paraíso europeo se modernicen con la adopción de la eñe».

Sobre la “eñe” nunca planteó García Márquez un problema especial, es más la defendió con ardor guerrero como hemos citado anteriormente, ni hizo preguntas especiales, aunque en 1997 estaba preocupado por una lengua extraordinaria rica pero que “desde hace tiempos no cabe en su pellejo”. Es más, planteó revisar la gramática y la ortografía compleja con ejemplos clarificadores que levantaron en su momento un gran revuelo: “[…] Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver, y ¿qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”. Menos mal que todo quedó en un amago del mercado y hoy podemos seguir utilizando esta letra sin problema alguno en España desde el 2 de octubre de 2007, junto con las tildes o diéresis, pudiendo formar parte del nombre de un dominio .es.

No ocurre esto con la “eñe”, según sus propias palabras, porque hubo un momento histórico en que se produjo un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás otras al expresar con la “ñ” un sonido que en otras lenguas necesitan dos. Incluso en la lógica interna de los teclados en español, tan presumidos ellos, cuando sin darnos cuenta escribimos dos enes juntas de la palabra “sennor” que sabe que se escribe con eñe y basta que pulsemos la tecla de retorno para sacarnos de un apuro ortográfico. Hagan la prueba. Aunque estoy de acuerdo con el Nobel colombiano en que sus preguntas son “al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras”. En concreto, a las que contienen la letra “eñe”, que cabe en el pellejo de España aunque Catalunya se empeñe en necesitar dos letras para sonar igual -¡por una vez y que se repita!- que cuando la citamos utilizando el castellano que nos ha unido durante tantos siglos, gracias a unos copistas medievales anónimos a los que engrandeció un andaluz, Nebrija, poniendo la letra eñe en su sitio para deleite de muchos. Mientras…, el dios maya de la eñe sigue vigilando esta letra para que no se pierda en un mar de lenguas.

En este breve análisis de la letra “Ñ”, hay que señalar (no “sennalar”) que aparece por primera vez en el grupo 1 de diccionarios de los siglos XV al XVIII, donde figura una obra atribuida a Francisco del Rosal, que se describe con el siguiente detalle y literalidad en el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE, ROS M 1611, Pag: 451s.): “Origen y etymología de todos los vocablos originales de la Lengua Castellana. Obra inédita de el Dr. Francisco de el Rosal, médico natual de Córdova, copiada y puesta en claro puntualmente del mismo manuscrito original, que está casi ilegible, e ilustrada con alguna[s] notas y varias adiciones por el P. Fr. Miguel Zorita de Jesús María, religioso augustino recoleto”. Este dato es de indudable interés porque habría que esperar hasta la edición de 1803 del Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, “reducido a un tomo para su más fácil uso”, para recoger el lema referido a la letra “eñe”:

Como decía anteriormente, la ñ es la decimoquinta letra del alfabeto español y la duodécima consonante, en un conjunto hermoso de 27 letras y 5 composiciones de dos letras (o dígrafos): ch / ll / gu / qu / rr. que me permiten componer palabras con alma. Más de 15.700 palabras en castellano la contienen y más de 350 comienzan por esa consonante con sonido nasal palatal. La intrahistoria de la letra “ñ” está situada cronológicamente en la Edad Media, según se recoge en el artículo citado anteriormente: “Ni la letra ni el sonido eñe existían en latín, pero a medida que este evolucionó y empezaron a surgir las lenguas románicas como el castellano, el francés o el italiano, apareció este sonido nasal palatal, que significa que el aire sale por nariz al pronunciarla y el dorso de la lengua se apoya contra el paladar, y que identificamos como eñe. En la Edad Media, los monjes eran los eruditos de la sociedad. Los monasterios eran los grandes centros de la sabiduría, donde ejercían de copistas y escribanos y tenían grandes bibliotecas. La teoría del origen de la letra ñ la sitúa la tradición en este momento histórico por la falta de pergaminos por su elevado coste y para ahorrar tiempo. Al parecer los monjes se vieron obligados a abreviar algunas letras duplicadas para encajar el mayor número de palabras en cada línea. De hecho, una de las primeras letras ñ de la historia la encontramos en un texto fechado en 1176. La explicación de esta teoría es que sobre la letra duplicada que no se suprimía se escribía un trazo horizontal, conocido en la actualidad como virgulilla (~) porque parecía una serpiente. Es decir, que lo que conocemos como la letra ñ es en realidad el resultado de la abreviatura de dos enes consecutivas: así, por ejemplo, de donna surgió doña”.

En 1869 es la primera vez que el Diccionario de la lengua castellana (RAE, 11ª edición) cita la virgulilla refiriéndose concretamente a la tilde de la “ñ”. Una pequeña varita sinuosa, que no serpiente, para ser respetuosos con la historia, que tiene una marcada identidad en este país. Mi apellido la muestra y estoy cada vez más cerca de conocer en qué momento de la Edad Media mis antepasados comenzaron a cambiar su apellido toponímico – eso es seguro- de Covenna a Cobeña. Esa es la cuestión. Estoy investigando ya el siglo XII y creo que estoy muy cerca. Les aseguro que es apasionante leer el Tumbo Menor de Castilla, un códice del siglo XIII que conserva la literalidad de un Acuerdo llevado a cabo en 1180 “cuando Cobeña entra en la historia escrita. Una tal doña Elvira, esposa de don Ramiro, acordó con el Abad don Fernando intercambiar la heredad que éste último tenía en Santa María de Tajadura (en Burgos) por la heredad que ella tenía en Cobeña, y que estaba valorada en cincuenta maravedís. Doña Elvira nombra a don Pedro Pérez de Ruenga su apoderado en el negocio” (2). Fundamentalmente, porque es probable que en este Acuerdo esté la clave de la doble “n” de Covenna, que después sería “Cobeña” para la posteridad. Apasionante la intrahistoria de la letra «Ñ» en mis antepasados que hace ya muchos siglos salieron de una sede castellana para trasladarse a Santander, Córdoba y Colombia para asentarse allí y llevar la toponimia de Cobeña a diversos territorios de este país e incluso allende los mares.

Antes se decía, “próximamente en este salón”. Ahora, “… en este blog”. Mientras, siguiendo atentamente el consejo de Gabriel García Márquez, el dios maya de la eñe sigue vigilando esta letra para que no se pierda en un mar de lenguas.

(1) La letra ‘ñ’, la identidad del español en el mundo | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

(2) http://iehco.eu/1180-cobena-entra-en-la-historia/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Una imagen para mil preguntas

El buque de Salvamento Marítimo, guardamar Talía, remolcando el cayuco en dirección al puerto de Los Cristianos (Tenerife) / EFE

Sevilla, 29/IV/2021

Desde anoche mantengo en mi mente la imagen del Guardamar Talía, una embarcación de Salvamento Marítimo remolcando a babor el cayuco descubierto en altamar el pasado lunes, con 24 cadáveres a bordo (22 adultos y dos menores), en el que viajaban 27 personas de origen subsahariano, de las cuales sólo tres pudieron ser rescatadas con vida por un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate (S.A.R.) y trasladadas a un hospital de Valverde en la isla de El Hierro (Canarias). 

Nunca mejor dicho, esa imagen vale más que mil palabras, aunque creo que vale también para hacernos más de mil preguntas en este mundo al revés de la migración, sobre la que tantas veces he escrito en este cuaderno digital de búsqueda de islas desconocidas. Hoy, cuando ya ha llegado al puerto de Los Cristianos, en Tenerife, vuelvo a hacerme más de mil preguntas, porque siguen faltando respuestas.

Lo he manifestado en estas páginas recientemente: Sigue faltando la respuesta veraz y contundente de una política europea para afrontar y erradicar definitivamente el problema de la migración que se concentra ahora, concretamente, en las otras orillas desde las que provienen estos migrantes, territorios de muerte en vida, donde la mafia hace estragos a diario. Mientras no exista una acción comunitaria bien armada y en todos los frentes posibles, acción directa económica y social en los países de origen de los migrantes, acción conjunta y solidaria ante la acogida que se pueda producir en el tránsito hasta la solución final y legislación que respete ante todo los derechos humanos en todas y cada una de sus manifestaciones, siempre serán necesarios los símbolos de servicios públicos de rescate como el de este cayuco y solidaridad pública a través de ONG que recojan del mar a personas que necesitan ser atendidas en su desesperación humana, como lo simboliza esta semana el cayuco atendido por el SAR y por el Guardamar Talía, con el triste resultado que conocemos ya de forma detallada.

Una vez más necesito encontrarme, como Benedetti deseaba cuando ya era mayor, con el Después de cada rescate que lleve a cabo el barco de Salvamento Marítimo, frustrado parcialmente en este caso, o de cualquier ONG, mientras no se aborden los problemas migratorios de Europa, que continúan en plena pandemia, en una Cumbre Especial y Urgente del Después, como ya denuncié en agosto del año pasado“¿y qué dirá el Después / después de todo? / tengo la impresión de que sus brazos / empiezan a cerrarse / y es ahora mi muerte meridiana / la que en silencio está diciendo ven / pero yo me hago el sordo”. Es lo que pasa cuando conjugamos el verbo “callarse” ante cualquier injusticia por pequeña que sea, en silencios cómplices vergonzantes de un presente de indicativo muy triste: yo me callo, tú te callas, él se calla, nosotros nos callamos, vosotros os calláis, ellos se callan… Incluso cuando navegamos por el mar abierto de la vida y vemos que se cruzan con nosotros personas con miradas y peticiones de aliento para seguir viviendo. Como las de las 27 personas a bordo de este cayuco que ha sido noticia esta semana que, una vez más, será una noticia efímera, en un mundo efímero, que trata a la ética hacia los migrantes el mar como algo legal y escandalosamente efímero.

He necesitado 705 palabras para plantear algunas preguntas, en el gran teatro del mundo, que representa hoy, paradójicamente, el nombre de la Guardamar Talía, la musa del teatro griego. Entre las que podamos hacer todos, quizá podamos salir de determinados silencios cómplices y encontrar respuestas concretas a más de mil preguntas, cada uno en su aquí y ahora, para ayudar a estas personas migrantes que están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces creemos. Por ejemplo, cuando nos quieren vender unos pañuelos por la ventanilla del coche y quizás no las abrimos ni les decimos siquiera “buenos días, adiós o gracias”, algo más allá de la moneda que les podamos entregar incluso a cambio de nada. Los situamos, como al cayuco de la foto, a babor en nuestras vidas.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de elconfidencial.com: Se eleva a 24 el número de fallecidos del cayuco remolcado a Los Cristianos (elconfidencial.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los cómicos de la Feria

Somos pobres con iPhone, Netflix, Tinder y Glovo

Ana Iris Simón

Sevilla, 27/IV/2021

En el “discreto encanto de la burguesía” madrileña de mediados del siglo pasado, hablar de cómicos y feriantes era como hablar de la peste y de mala educación, porque se daba por hecho que no eran gentes de bien. Craso error que tuve que sufrir durante muchos años, sobre todo cuando se asociaba mi apellido a la gran actriz de finales del XIX y principios del XX, Carmen Cobeña, emparentada probablemente con nuestra familia, hecho genealógico que estoy estudiando en la actualidad: “¿qué quieres ser, cómico como ella?”, me preguntaron en alguna ocasión. De esta forma, cualquier sueño de hacer cosas diferentes al guion oficial establecido por el Régimen en el ámbito de la cultura, quedaba finiquitado para siempre. Las ferias…, ni verlas.

A mayor abundamiento, he recordado en este cuaderno digital una película de culto, inolvidable, El viaje a ninguna parte (1986), porque muchas veces la reproducimos, salvando lo que haya que salvar, como un guion de película sempiterno en el gran teatro del pequeño mundo de cada uno. Aquella hermosa película de Fernando Fernán-Gómez quiso mantener el mensaje de respeto a los cómicos de la legua, que viajaban siempre hacia una misión posible para el alma humana, aunque a veces fuera a ninguna parte de la sociedad de consumo: hacer felices a quienes los veían, sabiendo que venían de lejos, interpretando la vida y la muerte de la mejor forma que habían aprendido a hacerlo: viajando por esos caminos de Dios hacia el mejor destino humano: el corazón de las personas. Y con una dolorosa transición histórica de medios y público, del teatro al cine, como suele pasar en la vida de cada uno, de todos.

Feria, Ana Iris Simón / Círculo de Tiza

He recordado este viaje hacia la parte de los cómicos y su presencia en las ferias de los pueblos y ciudades, al conocer la publicación de una periodista manchega, Ana Iris Simón, nacida en Campo de Criptana, con un título que refleja el mundo de secreto de la vida, Feria, como si quisiera recordarnos cómo era la bella misión de aquellos feriantes que intentaban siempre hacer felices a los que acudían a ellas durante el tiempo que durara aquello. De esta forma, como su proyecto ferial era muy bueno, era dos veces bueno. La gran contradicción es que aquella forma de hacer felices a los demás en el mundo de las ferias ha ido desapareciendo poco a poco, aunque tengo que reconocer que el mejor viaje hacia ninguna parte que conozco es el que se desarrolla en la novela de origen y, después, en aquella hermosa película del mismo nombre. Quizá porque cualquier parecido de lo allí expuesto con la realidad no es pura coincidencia.

La sinopsis del libro son tres trazos extraordinarios para animar a que leamos este libro: “Ana Iris creció escuchando a sus abuelos el relato de dos mundos que se desvanecen. Unos, feriantes, quejándose de que cada vez tenían más trampas y menos perras, porque a medida que la vida se convertía en una feria —la de las vanidades—, la auténtica feria dejaba de tener sentido. Los otros abuelos, campesinos, le transmitieron el arraigo mágico de la tierra. Y fue ese abuelo el que la llevó un día a un almendro y le dijo que lo había plantado él, así que pa ella era su sombra” (1).

El texto se desarrolla en un contexto que la autora refleja muy bien utilizando un lenguaje llano y muy accesible para todos: “Feria es una oda salvaje a una España que ya no existe, que ya no es. La que cabía en la foto que llevaba su abuelo en la cartera con un gitano a un lado y al otro un Guardia Civil. Un relato deslenguado y directo de un tiempo no tan lejano en el que importaba más que los niños disfrutaran tirando petardos que el susto que se llevasen los perros. También es una advertencia de que la infancia rural, además de respirar aire puro, es conocer la ubicación del puticlub y reírse con el tonto del pueblo. Un repaso a las grietas de la modernidad y una invitación a volver a mirar lo sagrado del mundo: la tradición, la estirpe, el habla, el territorio. Y a no olvidar que lo único que nos sostiene es, al fin, la memoria”.

Finalmente, por hoy, un entrecomillado mágico que encierra la quintaesencia de su obra para volver inexorablemente a la tierra que nos vio nacer: “Tendré que llevarte al cerro de la Virgen y tendré que decirte que eso es La Mancha y que es de esa tierra naranja de donde venimos, que ese manto de esparto que no acaba nunca es lo que eres. Tendré que explicarte lo que es un Pueblo y sabrás que el nuestro está atravesado por tres realidades: la ausencia total de relieve, el Quijote y el viento. Tendré que recordarte que eres nieto de familia postal, bisnieto de campesinos y feriantes, tataranieto de carabinero exiliado y de quincallera, y que sientas entonces que eres heredero de una raza mítica”.

Con esta tríada literaria sobre Feria, no me queda otra que viajar hacia esta obra, sabiendo que voy a encontrar allí lo que de verdad nos sostiene: la memoria. Gracias Ana Iris Simón por regalarnos vida y a la editorial, Círculo de Tiza, por publicarla. No olvido quienes son en esta editorial, no inocente, ni por qué hacen lo que hacen: “En el mundo de los libros hay ejemplares singulares, libros sensibles, bien escritos, que llegan al corazón de quien se atreve a leerlos. Son textos que no entran en el circuito de las grandes editoriales. Se desestiman porque no interesan a la mayoría. Esos son los libros que deseamos compartir con quienes queráis formar parte de Círculo de Tiza. Un círculo de tiza es una órbita que podemos ampliar o reducir sencillamente, con solo el gesto de una mano. Pero es también una ficción y un juego que implica comunidad, intereses compartidos”. Todo ello, amparados por una cita preciosa de Bertolt Brecht: “¡Como nadie te quiere, tengo que quererte yo! (en El círculo de tiza caucasiano)”.

(1) Simón, Ana Iris (2021). Feria. Madrid: Círculo de Tiza.

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Arte mural y rural en Andalucía

Caballo, de Sergio Romero, obra más votada del certamen de pinturas murales convocado por el Ayuntamiento de Villanueva de San Juan, Sevilla

Sevilla, 27/IV/2021

No es la primera vez que escribo en este cuaderno digital sobre el arte urbano reflejado en murales, porque hace unos años dediqué unas palabras al museo al aire libre de pinturas murales realizadas en el Polígono de San Pablo, en Sevilla, un barrio humilde que acogió en 2010 una iniciativa maravillosa, Arte para todos. Hoy, merecen nuestra atención cinco obras murales pintadas en un pequeño pueblo de la sierra sur de Sevilla, Villanueva de San Juan, en la que varios artistas, gracias a una interesante iniciativa cultural de su Ayuntamiento,  han dado vida a la intrahistoria de esta población de apenas 1.100 habitantes, que cada año se vacía en una proporción preocupante. Un museo al aire libre con una memoria histórica de gran interés social, en alta disponibilidad para verlo y comprenderlo desde sus aceras como le hubiera gustado hacerlo a la gran urbanista Jane Jacobs.

Son solo cinco obras pero que condensan diversas perspectivas de la vida diaria en este enclave rural, simbolizando una forma diferente de interpretar la vida a través de la cara de Juan, un rostro surcado de arrugas como si representara el mimetismo con la tierra arada durante tantos años por las personas mayores de Villanueva de San Juan, de Andalucía, de nuestro país; la de una abuela peinada con inmenso amor por su nieta desde un patio interior, realizada sobre la imagen de una mujer auténtica que guarda secretos rurales de incalculable valor; una cabeza de caballo de estilizada figura, que nos lleva la mano a nuestro pecho al observarlo con detalle; un bodegón con predominio del amarillo albero tan característico de esta tierra y, finalmente, un mural que a modo de collage de memoria histórica interpreta la larga historia que encierran las paredes de sus casas, oficios y trabajos ordinarios con un guiño especial al duro mundo del trabajo doméstico y rural de las mujeres, nunca bien reconocido por este país, a través de la dura tabla de lavar.

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Mural, Alberto Montes / Sergio Gambín

Pase y vean. Arte en estado puro, según manifiesta Alberto Montes, unos de los artistas participantes en esta brillante tarea artística, nacido en un pueblo próximo, Los Corrales, cuando diferencia el grafiti y el muralismo contemporáneo, porque este último -en el que trabaja últimamente- es un esfuerzo “por explorar y establecer un diálogo con el entorno en el que se ejecuta la obra, algo que va mucho más allá del ego de dejar una firma visible sobre la pared entre colores llamativos” (1). Impecable definición sobre estas obras de una belleza especial, sobre todo cuando hablamos de arte para todos, como el de la iniciativa, también en esta tierra, que llenó en 2010 de alegría y color unas calles de esta ciudad, Sevilla, territorio «en el que se puede ser feliz», en una expresión maravillosa de Stefan Zweig en una visita a esta tierra, en la que hoy podríamos sustituir su referencia a “ciudades” (Sevilla) por “pueblos” (Villanueva de San Juan), porque sería los mismo: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así” (2). Villanueva de San Juan, también.

Juan, Ángel Caballero Rioja (Xolaca)

Desde un patio interior, Virginia Bersabé

Amarillo albero, Marta Lapeña

(1) El arte ‘urbano’ también se hace rural (diariodesevilla.es)

(2) Stefan Zweig se enamoró de Sevilla – «El mundo sólo tiene interés hacia adelante…», Pierre Teilhard de Chardin (joseantoniocobena.com)

NOTA: las imágenes se han recuperado hoy de El arte ‘urbano’ también se hace rural (diariodesevilla.es)

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En tiempos de turbación se premian las mudanzas

Sevilla, 26/IV/2021

«Cuando me acerco a Nomadland, me considero el protagonista de la última estrofa de la canción [Nómadas] de Battiato, un forastero que busca el sentido de la vida, como un nómada impenitente en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo: «Forastero que buscas la dimensión insondable / la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino». Además, Ludovico Einaudi pone música a esta banda sonora tan especial de la película, que le agrega otra garantía de éxito y calidad más allá de los objetivos del mercado». Así lo expresaba el pasado 14 de abril cuando escribía sobre esta película que, finalmente, ha sido premiada con tres estatuillas en la gala de los Óscar, organizada por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de EE UU y celebrada hace unas horas en Los Ángeles, en su 93ª edición.

Se han cumplido todos los presagios y Nomadland ha sido premiada como mejor película, mejor dirección (Chloé Zhao) y mejor actriz protagonista, Frances McDormand. Un éxito en toda regla en un país tan controvertido y con un argumento alternativo en la realidad social americana.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, que pretendían hacer un homenaje a una actitud vital muy necesaria en la vida: el viaje eterno que hacemos a diario solamente por el simple hecho de haber nacido como «forasteros que buscamos el sentido de la vida, como nómadas impenitentes en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo». Ahora, por la pandemia. A pesar de que algunos hemos crecido con el consejo ignaciano grabado a fuego en nuestras vidas: «En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar» (Quinta Regla de la Primera Semana de los Ejercicios Espirituales).

Los nómadas buscamos siempre rincones de tranquilidad

Sevilla, 14/IV/2021, en el 90 aniversario de la proclamación de la Segunda República en este país, un día especial para los que amamos la “res publica”, la cosa pública, el interés general en beneficio de todos como ideología, nómadas redomados y, a veces, nadies, que hacemos un largo viaje en un mundo complejo y bastante desajustado, en medio de tumultos civilizados, entre claroscuros y la dura monotonía de los días que pasan, esperando siempre un nuevo despertar.

Así empezaba la canción de Franco Battiato, Nómadas (1987), que forma parte de la banda sonora de mi vida: Nómadas que buscan los ángulos de tranquilidad, / en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, / entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Lo he recordado al conocer la trayectoria última de una película multipremiada, Nomadland, recientemente estrenada en nuestro país, escrita y dirigida por Chloé Zhao (Pekín, 1982), con un guion basado en el libro País nómada. Supervivientes del siglo XXI (Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century) de Jessica Bruder, una historia que conmueve en tiempos en los que se nos aconseja, incluso prohíbe, hacer mudanzas. Battiato me susurraba a los oídos, en mis años jóvenes, algo transcendental en la vida de los nómadas de espíritu: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Con este estado de ánimo, me enfrento a la página en blanco en mi mente sobre el argumento de esta película, una historia sencilla de una mujer que abandona su pueblo para dirigirse con su furgoneta, de nombre Vanguardia, al oeste de Estados Unidos, en un viaje hacia ninguna parte o sí, hacia su persona de secreto. Franco Battiato lo cantaba así, como buen cantor, que no cantante (cantor es el que debe cantar y cantante el que puede, que no es lo mismo, como decía Facundo Cabral): Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento, / y me iré de la ciudad, esperando un nuevo despertar. / Los viajantes van en busca de hospitalidad, / en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad.

No debo ir al cine en estos momentos para verla en la gran pantalla, por prudencia benedictina, aunque por otra parte me entusiasma la idea de prepararme bien para conocer aspectos esenciales de la misma: argumento, personalidad de la directora y principales críticas. Cuando me acerco a Nomadland, me considero el protagonista de la última estrofa de la canción de Battiato, un forastero que busca el sentido de la vida, como un nómada impenitente en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo: Forastero que buscas la dimensión insondable / la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino. Además, Ludovico Einaudi pone música a esta banda sonora tan especial de la película, que le agrega otra garantía de éxito y calidad más allá de los objetivos del mercado.

La sinopsis del libro original sobre el que está basado el guion de la película es de una atracción indudable: “Desde los campos de remolacha de Dakota del Norte hasta los campamentos de National Forest de California y el programa CamperForce de Amazon en Texas, los empleadores han descubierto un nuevo grupo de mano de obra de bajo costo, compuesto principalmente por temporeros estadounidenses adultos. Al descubrir que el Seguro Social se queda corto y ahogados por las hipotecas, decenas de miles de estas víctimas invisibles de la Gran Recesión se han echado a la carretera en vehículos recreativos, remolques de viaje y furgonetas, formando una creciente comunidad de nómadas: migrantes trabajadores que se autodenominan workampers. En un vehículo de segunda mano que bautiza «Van Halen», Jessica Bruder sale a la carretera para conocer a estos sujetos más de cerca. Acompañando a su irreprimible protagonista Linda May y a otras personas en la limpieza de inodoros de un campamento, en el escaneo de productos en un almacén, en reuniones en el desierto y en el peligroso trabajo de la cosecha de remolacha, Bruder relata una historia convincente y reveladora sobre el oscuro vientre de la economía estadounidense, que presagia el precario futuro que puede esperarnos a muchos más. Pero, al mismo tiempo, celebra la excepcional capacidad de recuperación y creatividad de estos estadounidenses que han renunciado al arraigo ordinario para sobrevivir. Como Linda May, que sueña con encontrar tierras en las que construir su propia casa sostenible «Earthship», son personas que no han perdido la esperanza”.

Estoy convencido de que la película me encantará y me servirá en mi largo camino existencial, como el de Ulises hacia Ítaca, aunque hoy por hoy, Nomadland, sea sólo una isla desconocida en el archipiélago ético de mi vida. ¡Ah, se me olvidaba! Nos seguiremos viendo en este camino nómada, porque cualquier parecido de la película con la realidad existencial retratada por Jessica Bruder, Chloé Zhao, cantada por Battiato e inspirada musicalmente por Ludovico Einaudi, ya no será una pura coincidencia.

SPOTIFY PLAYLIST – Nomadland Score: Ludovico Einaudi

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25 de abril, una fecha que nos ayuda a proteger la libertad y la democracia

Sevilla, 25/IV/2021, día de san Marcos evangelista y 47º aniversario de la «revolución de los claveles» en Portugal / 00:20 h.

Dedicado de forma especial a nuestro hijo Marcos

Cada año me aproximo en este día a la página en blanco de este cuaderno digital como si fuera la primera vez. Para mí existen dos razones fundamentales para no olvidar su significante y significado, siendo la primera su carácter “santo”, la celebración de la festividad de san Marcos, aunque a mí me gusta hablar de él como el joven periodista que nos transmitió su visión de cómo era Jesús de Nazaret; la segunda, desde la perspectiva más laica posible, la del aniversario de la revolución de los claveles en Portugal, en 1974, a través de una canción que no olvido, Grándola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso, porque la transformación de aquella sociedad anquilosada e instalada en la dictadura fue verdadera y porque demostró que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones, aunando voluntades. Aquella canción sonó de una forma especial a a las 0.20 horas del día 25 de abril de 1974 en el programa radiofónico Limite,  como segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario en Portugal.

Esta fecha no es inocente en ambos casos, como ocurre siempre con las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el “tu quiero y mi puedo” que nos enseñó Mario Benedetti y que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. Nuestro hijo Marcos lleva ese nombre porque cuando nació tuvimos presente la interesante vida de su homónimo galileo, aquél amigo y admirador de Jesús de Nazaret, al que le gustaban sus detalles humanos de proximidad a las personas más necesitadas de todo, los nadies de su época, siempre dispuesto a atender a quien lo necesitara, aunque estuviera muy cansado y se durmiera sobre el cabezal del barco (así nos lo ha contado), considerando que su vida y obras eran una gran noticia para el mundo por su marcado interés general. Para mí, un excelente periodista, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Nos hacía ilusión contárselo a Marcos cuando lo pudiera comprender y así lo hicimos, para que siempre fuera portador de las mejores noticias de libertad y democracia a pesar de estar viviendo muchas veces en un mundo al revés.

Respecto de la revolución de los claveles, de la que tuve noticia en mis años jóvenes, concretamente el 25 de abril de 1974, tuve siempre muy claro el papel transcendental que jugó Jose Zeca Afonso, el cantor por excelencia de aquél levantamiento popular, porque debía hacerlo por su compromiso político. Me hice con su canción de forma un poco artesanal por imperativo del Régimen, pero Grándola, Vila Morena me ha acompañado siempre en mis revoluciones interiores, donde estuviera o viviese, que ha sido en muchos puntos cardinales del mundo. Desde entonces, la simbiosis de ambas realidades en torno al 25 de abril han sido una realidad constante. Marcos y la revolución de Zeca, junto al célebre cartel del niño con el fusil, el clavel en la boca del arma y las manos anónimas militares sujetándola como símbolo de paz para todos, que compré para un hijo imaginario en Roma, muy cerca de Rafael Alberti, en la Librería Rinascita, edificio emblemático de su casco antiguo, donde hoy vive gente adinerada por la contradicción del comunismo, situado en la calle de las tiendas artesanales oscuras (botteghe oscure) que tantas veces paseé en busca de la libertad no vigilada por la conciencia insolidaria.

La letra de aquella canción, Grándola, Vila Morena, que vuelve a sonar hoy en mi memoria de hipocampo, puede ser un perfecto guion para entender bien su significado a través de algunas de sus estrofas:

En cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad. Maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares. Marcos creció de la mano de soledades sonoras, porque la revolución silenciosa debe seguir adelante en el primer mundo. Sigue el cuadro del niño, el fusil y el clavel en su habitación de sueños y trabajo, como mensaje subliminal de que hay que estar cerca de quienes aportan a la sociedad amistad e igualdad, siempre con letra y música de fondo interpretada por Jose Zeca Afonso.

A la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad: estas palabras nos sirvieron para comprender a Marcos, su forma de ser, sus sueños, su auténtica personalidad, sabiendo que el compromiso de la encina es dar corazón porque moldea la vida. Su nombre fue un compromiso para el proyecto que más ha ordenado nuestra forma de ser y estar en el mundo, cuando solo tenía segundos de vida real, porque queríamos que él fuera siempre un programa de vida compartida en la cultura de Marcos, aquel cronista del siglo I después de Cristo que nos contó de forma admirable cosas de Jesús de Nazareth, tal y como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: «Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso» (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). Cosas de un ciudadano especial y tan humano que a veces le vencía el cansancio y se dormía apoyado en el cabezal del barco, como dije anteriormente, soñando que otro mundo era posible. Nos contó cosas de un ser que sigue dando que hablar a las multitudes que siguen creyendo en las revoluciones que permiten a cada persona ser feliz con sus proyectos particulares de vida sin estar mediatizados por el consumo de turno. 

El pueblo es quien más ordena, dice también la canción revolucionaria y siempre se lo hemos recordado a Marcos, tal y como nos lo transmitió aquél joven llamado Marcos, del siglo I que vivía en Galilea y Jose Zeca Afonso en su pequeño rincón de Grándola, bastante avanzado el siglo XX. No lo olvidamos en pleno siglo XXI, cuando la democracia sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos siglos.

Hoy, sigo pensando a estas alturas del siglo, en plena pandemia, que aquél chico tan atrevido, de nombre Marcos, nos dejó palabras escritas sobre la maledicencia y sus portavoces, pronunciadas por su amigo Jesús ante un pobre paralítico indefenso y porque a él lo consideraban un impostor, que leyéndolas de nuevo hoy las considero de un calado excepcional: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? (Marcos 2,8), para que no las olvidemos ni siquiera un momento. Aquella revolución que estaba viviendo Marcos y que le costó la vida a su amigo le sobrecogió y hoy nos viene muy bien recordarlo, cuando la democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.