Música de Mozart para soñar despiertos en Navidad

MOZART: SOÑAR DESPIERTOS – YouTube

Sevilla, 14/XII/2020

La navidad que vengo denunciando desde hace años, tan cerca de la interpretación de mercado y tan lejos de su esencia histórica, es la que Gabriel García Márquez describía en un artículo extraordinario publicado en el diario El Pais, en 1980, como un tiempo en el que por la irrupción del poder del mercado lo que se celebra realmente es “[…] la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones” y donde es probable que los niños del mundo, por la presencia omnímoda de Papá Noel, pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”. Ante la pandemia actual, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), tal y como aparece en la tapa de mi clave, Es por ello por lo que creo que podría ser una oportunidad, entre otras, para conocer a Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a frecuentar el futuro.

Confieso ahora una debilidad a la hora de componer esta lista de obras, playlist en términos actuales, creada especialmente para una persona muy querida y que ocupa un lugar preferente en mi mente y en mi corazón, que ahora comparto con la Noosfera, la malla pensante y libre de la humanidad. Hago esta declaración de principios habiendo elegido, mayoritariamente, movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués. Junto al Concentus Musicus Wien, nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por Harnoncourt para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Incorporo también una breve descripción del año y motivo de su composición para contextualizar cada obra en el mundo interior de Mozart. Espero que disfruten con su música de sueños en tiempos de coronavirus.

PLAYLIST: MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

  1. Andante de la Sinfonía número 1, en Si bemol mayor, KV 16: https://youtu.be/NrLnuYvoiy8, que Mozart escribió en su viaje iniciático a Londres, junto a su padre, cuando sólo tenía 8 años (Ver El niño Mozart, artículo de mi blog).  
  2. Andante de la Sinfonía número 25, en Sol menor, KV 183, compuesta con 17 años y bajo la influencia de Haydn, utilizando en esta ocasión cuerdas con sordina: https://youtu.be/eDfEmlLCjdw, dirigida por Harnoncourt e interpretada por la Orquesta Concentus Musicus Wien. Es una obra muy querida por Harnoncourt y que cita de forma continua en sus conversaciones y obras musicales.
  3. Andantino del Concierto para flauta y arpa, KV 299 – 2nd mov., dirigiendo Harnoncourt al Concentus Musicus Wien. Esta obra fue escrita en París, en 1778, cuando Mozart contaba con 22 años. Fue un encargo del Duque de Guines, embajador de Francia en Inglaterra, que nunca pagó al compositor.
  4. Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el Grammy de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Este Concierto fue muy controvertido porque hay disparidad de opiniones musicales sobre su origen, dado que Mozart lo compuso, también con 22 años, para oboe y no para flauta como en un principio se creyó, dada la aversión a este instrumento.
  5. Adagio de la Sonata para piano número 12, en Fa mayor, KV 332, conocida como La Parisina número 4, por haberse escrito durante su estancia en París cuando tenía 22 años y en una etapa muy prolífica en su vida: https://youtu.be/Im_JIgP3fJg, interpretada por la excelente pianista Maria João Pires.
  6. Andante de la Sinfonía Concertante in Mi mayor, KV 364, compuesta en 1779 en Salzburgo, de vuelta de su viaje a París, con 23 años: https://youtu.be/5VsO9Ce-7_I, interpretada por el que considero el mejor violinista de los últimos treinta años: Itzhak Perlman, junto a Pinchas Zukerman, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. Es maravilloso en este género Concertante, el diálogo que se establece entre los dos violines y la orquesta.
  7. Andante de la Sonata para 2 Pianos in Re mayor, KV 448, compuesta en Viena en 1781, con 25 años: https://youtu.be/ksUywh3vIgI interpretado por Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch. En su estreno, Mozart la tocó junto a Josepha Auerhammer, el 23 de noviembre de 1781.
  8. Andante del Concierto para piano y orquesta, número 21, en Do mayor, KV 467: https://youtu.be/df-eLzao63I, interpretado por la pianista Alicia de Larrocha, junto a la Orquesta Inglesa de Cámara y dirigido por Sir Colin Davis. Esta obra la finalizó Mozart en Viena, el 9 de marzo de 1785, cuando tenía 29 años. Fue una obra exaltada por Albert Einstein en su riguroso estudio sobre Mozart.
  9. Adagio del Concierto para piano, número 23, KV 488: https://youtu.be/vne1E6VH23s, interpretado al piano por Mitsuko Uchida, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Este concierto fue presentado por el autor en Viena, el 7 de abril de 1786, interpretado también por él en una Academia de Cuaresma de ese año, cuando tenía 30 años, con un éxito arrollador.
  10. Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

– Guía de audición completa del Concierto (sobre todo, atención al Adagio)

K.622 0:00 – Allegro 0:27 – Adagio 12:58 – Rondo (Allegro) 20:07

– Ver: https://joseantoniocobena.com/2019/06/15/memorias-de-mozart/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

España, el país más rico del mundo

Sevilla, 9/XII/2020

Soy consciente de que este país, tan descreído consigo mismo, ha pasado por alto la campaña publicitaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en su estrategia de Alimentos de España, en la que el cocinero José Andrés, hace una declaración de principios para todo el mundo, que le avalan para que pudiera ocupar en este país la cartera de Ministro de Asuntos Culinarios, como embajador plenipotenciario en el arte de cocinar: «Cuando llegué a Washington por primera vez, me preguntaron de dónde venía. Y yo les dije que del país más rico del mundo».

La campaña tiene el objetivo de que “el consumidor sienta la grandeza y la diversidad de nuestros productos, hacer que se sienta seducido con lo que contemos y con lo que vea. Una campaña que despierte sentimientos profundos tanto en el consumidor como en el resto de la cadena agroalimentaria y pesquera. Se ha contado con la presencia como prescriptor del chef JOSÉ ANDRÉS una persona comprometida, con un gran respeto por nuestra cocina y amor por nuestro producto y lleva como mensaje principal: EL PAÍS MÁS RICO DEL MUNDO. #AlimentosdEspaña”.

La locución del anuncio merece la pena escucharla con el detalle que merece. Junto a la primera frase citada anteriormente, José Andrés sigue explicando su frase rotunda: “Les conté que en mi país existen bosques minúsculos donde reside el secreto de nuestra longevidad [verduras y plantas digestivas]. Y que tiene árboles donde nace oro [olivos]. Oro líquido [aceite]. Que hay llanuras extensas de colores rojos y vetas blancas [jamón ibérico]. Volcanes de los que emanan los mejores aromas del mundo [guisos variados]. Que hay lugares de extrañas rocas, esencia del Mediterráneo [frutas variadas]. Y que hay millones de perlas que salen de la tierra [uvas]. Cuevas preciosas que se pueden comer con las manos [quesos]. Les dije que los bancos más importantes, los más ricos, están en el mar [pescado variado]. Y que en ellos hay criaturas marinas que son riquísimas [mariscos]. Les conté todo eso y desde ese día, nadie dudó que venía del país más rico del mundo”. Una gran lección de ciudadanía para la malla pensante de la humanidad, la Noosfera.

Las metáforas son obvias y el hilo conductor supone también una declaración de principios: «Se ha creado un concepto paraguas que recoge toda la fuerza que debe tener #AlimentosdEspaña, potenciando su significado y que conecta directamente al consumidor con todo nuestro tejido productivo: agricultura, ganadería y pesca. Con ello generaremos el deseo de valorar y consumir nuestros productos, confiriendo así una mirada positiva y orgullosa sobre nuestros alimentos, sobre la marca y su porqué: las campañas se focalizarán en la diversidad del territorio español, vinculando turismo y gastronomía con el origen de los alimentos, a la par que otorgando merecido protagonismo a los profesionales del sector como creadores de los alimentos: si España es ”El País Más Rico del Mundo”, lo es gracias a las personas que hacen posible “la gran despensa española”.

Todo lo anterior me ha recordado el empeño que deberíamos poner en reconocer la riqueza de nuestro país en todas las vertientes imaginables y lo que un día manifestó hace años el eminente cardiólogo español Valentín Fuster, también residente en Estados Unidos, porque en cierta ocasión, en una visita que hizo a España en 2013, dijo algo verdaderamente deslumbrante para nuestro país, tan amigo de pecados capitales y descrédito de lo propio, más que de lo ajeno y que necesita urgentemente transmitir positividad: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…”, si “algo” se hace bien, o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que no nos gusta de España y Andalucía, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona… Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en esta este país, el más rico del mundo. Necesitamos creer en ello, potenciarlo, expandirlo y comunicarlo a los cuatro vientos, empezando por nuestro entorno más cercano. Comenzando hoy a respetar el ejemplo de José Andrés, nuestro embajador culinario de alma solidaria.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sé lo que significa ser o sentirse “allegado”

Sevilla, 8/XII/2020

En estos días de coronavirus estamos escuchando y leyendo debates estériles sobre el término “allegado”, que se hizo oficial el pasado 2 de diciembre en la expresión «familiares o personas allegadas», fecha en la que se publicó el Acuerdo del Consejo Interterritorial de Sanidad por el que preveían medidas de salud pública frente a COVID-19 para la celebración de las fiestas navideñas. Creo que lo que se ha pretendido es dejar una puerta abierta para que se puedan sentar en la mesa de nochebuena, fin de año y Reyes, los “allegados” que cada familia tiene perfectamente identificados, pero que no son un asunto policial, en definitiva aquellas personas que son consideradas por quienes acogen o reciben “como de la familia”. La palabra desborda la definición del socorrido Diccionario de la lengua española, desde su primera acepción en mi apreciado Diccionario de Autoridades, que ya “acogió” en 1726 el lema desarrollándolo como sustantivo, singular y plural (atención a ese dato): “Usado como sustantivo masculino, y de ordinario en plural se toma por los parientes, amigos, parciales, o criados cercanos a las personas de sus amos” (RAE A 1726, pág. 221,1). El pueblo llano sabe bien de qué hablamos, en un país que ha necesitado durante tantos años acoger a “allegados” porque la vida individual era muy difícil para muchos y la familia era el único recurso que quedaba a veces para la condición de “allegados”. También lo hemos sabido en los años de la crisis económica iniciada en 2008 y, últimamente, durante el confinamiento. Y, obviamente, durante la dictadura, porque ser allegado era la única garantía para sobrevivir en la España que tenía helado el corazón. Sólo se puede contrastar esta última explicación preguntándolo a las personas mayores de nuestras casas, las que saben bien lo que dicen, sienten y han padecido esa realidad existencial.

Me ha llamado la atención que el diccionario recoge la palabra “parciales” asimilándola a “allegados”. Vuelvo a consultarlo en el de Autoridades y encuentro un sentido todavía más amplio al término en discusión: “Por extensión vale amigo, familiar y estrecho. También, se extiende el lema a “sociable, comunicable, y que trata afablemente con todos”. Ante esta extensa acepción creo que no hay duda alguna: allegado es aquella persona que es considerada como de la familia, aunque no sea pariente, sólo amiga de todos, con una amistad estrecha, sociable y comunicable. Lo demás, sólo corresponde ya al mundo afectivo, es decir, al de los sentimientos (estados afectivos duraderos) y emociones (estados afectivos pasajeros).

Quizá sea la palabra “estrecho” la que mejor se desarrolla en el diccionario de Autoridades de 1732, asimilada a “allegado”: “Vale también por alusión cercano, allegado, amigo, confidente y unido, ya sea por lazo de sangre, ya sea por intimidad y conformidad de voluntades y afectos: en fuerza de lo cual se dice, es pariente mío muy estrecho, son amigos muy estrechos”. Creo que estas múltiples acepciones de la palabra “allegados”, a lo largo de los siglos en nuestro país, han fijado, dado brillo y esplendor a una forma de entender la vida de afectos de una forma muy amplia más allá de la familia directa y asumiendo que cualquiera puede ser o sentirse allegado llegado un determinado momento. Quizá ahora, como el que nos ocupa y pre-ocupa (así, son guion) a todos.

Para terminar y acordándome de las personas y familias que menos tienen y han sido más golpeadas por el coronavirus en este país, sólo quiero hacer una referencia a una obra con el título de “Allegados”, que he conocido recientemente y que me ha aclarado qué significa ser “allegado” en tiempos difíciles. Su autor es el escritor, periodista y crítico de cine chileno Ernesto Garratt y en ella se narra una historia deslumbrante, dura y aleccionadora de una madre y un hijo adolescentes, que tienen perfectamente asumido qué significa en sus vidas ser “allegados”. En una crónica que he leído sobre esta obra, se explica muy bien qué significa ser allegado en un país como Chile: “La novela de Ernesto Garratt me golpeó. Sabía que iba a ser así, desde el título. Yo también fui cuando niño un allegado, alguien que no tiene casa, cuyo techo es la solidaridad caritativa de sus familiares más cercanos. Vivimos en la casa de mi tío Lucho en Macul por casi un año, cuando yo tenía 14 y mi prima Paloma 6. Esta condición, que aún hoy es más extendida de lo que queremos ver, afectó a mi familia durante la dictadura y hasta que se materializó el sueño de la casa propia. Yo también fui un adolescente en ese entonces, y por eso, Allegados me identificó directamente”.

Las personas que viven en entorno de pobreza o soledad, millones en este país, saben bien qué significa ser o sentirse “allegado o allegada” en tiempo de coronavirus. Sólo quiero recoger unas palabras del libro citado en el que en las primeras páginas (Libro Primero, 1988, un sábado cualquiera), se enmarca bien la condición existencial de ser y sentirse allegados en un mundo al revés, en el pensamiento y obra de un adolescente de 16 años:

Allegado.
Allegarse.
Yo me allego.
Tú no te allegas.
Mi mamá sí se allegas.
Nosotros nos allegamos.
Ellos nunca se allegan.
Ellos, ellos, me dan terror.
Ellos son los dueños.
Vosotros ¿os habéis allegado?

Al fin y al cabo, preguntas y reflexiones de quienes saben bien qué significa ser allegado, sin concesión a discusiones bizantinas sobre qué significa el vocablo, porque a veces viven lo contrario, no como allegados sino como alejados del mundo en el que les agradaría vivir algo tan sencillo como una vida propia y una navidad diferente.

Una cosa más y para despejar cualquier duda: si tuviera que extender un certificado de desplazamiento para un allegado mío, lo haría en una hoja en blanco, identificándome con los datos necesarios míos para una localización por parte de la autoridad competente, porque soy el que recibe y acoge, explicando que una persona o varias, en su calidad de allegados, bien identificadas, van a estar conmigo y con mi familia en los días de nochebuena, navidad, nochevieja, año nuevo y reyes [márquese lo que proceda], sin sobrepasar el número de diez personas, porque como allegados, son familiares, cercanos, estrechos, allegados, amigos, confidentes y unidos ya sea por lazo de sangre, ya sea por intimidad y conformidad de voluntades y afectos [elíjase lo que mejor los identifiquen]. Todo ello, cumpliendo la legislación vigente y por si fuera solicitado por alguna autoridad competente. Lo firmaría en Sevilla, en la fecha que proceda y se lo enviaría a mis allegados del alma. Por si acaso, no vaya a ser que siga in crescendo el debate sobra la palabra y al final no podamos sentar en nuestra mesa a los allegados, ahora alejados. Además, así, nos allegamos todos, conjugando un verbo, allegarse, que nos aclarará muchas dudas existenciales, si cuando llegue esta Navidad todavía persisten.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: «Allegados», de Ernesto Garratt: Buscando un hogar – Cine y Literatura

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Gitánjali Rao, niña del año

Sevilla, 7/XII/2020

Recibo con gran ilusión una noticia conmovedora: Gitánjali Rao, una niña de 15 años americana y de origen indio, ha sido nominada por la revista Time como Niña del Año, por sus trabajos de investigación llevados a cabo en Michigan desde bastantes años atrás. Rápidamente he recordado una obra leída en mi juventud, escrita por Rabindranath Tagore, que recupero inmediatamente en mi biblioteca del alma, con su nombre, Gitánjali, una colección de 103 poemas, perfectamente enlazados y con un hilo conductor: estoy aquí para cantarte canciones, atendiendo a la traducción de Gitánjali del bengalí: ofrenda de canciones.

Todos los medios de comunicación, a escala mundial, se han hecho eco de la noticia. Aquí, en España, se puede leer una detallada descripción biográfica de esta niña del año, para conocerla en su perfil más mediático, en la revista citada y que ha hecho el preciado reconocimiento. También se puede leer un artículo descriptivo sobre la vida de esta niña, en una revista del periódico El País, que recoge los hitos más interesantes de su ingeniosa investigación. Su corta vida está llena de reconocimientos y premios por sus descubrimientos científicos, entre los que se encuentran el de la científica más joven en América con tan sólo 11 años, por su invención de un instrumento para la detección del agua contaminada o su inclusión en la revista Forbes, en 2017, como una de las 30 jóvenes más influyentes del mundo, por debajo de los 30 años.

Es probable que el poema 15 de Gitánjali, simbolice su vida a través de su nombre, aunque tengamos que pensar por un momento lo necesario que es buscar un rincón de pensar para ofrecer canciones a un mundo que necesita oírlas y comprenderlas, para crecer en un mundo nuevo gracias a la capacidad científica de esta niña admirable que compone inventos con su alma bengalí, junto a millones de niñas anónimas de cada día, también en India, que viven en las más extrema pobreza y son imprescindibles, cada segundo, en la vida de sus familias, por su inteligencia creadora para seguir viviendo:

Estoy aquí para cantarte. Mi rinconcito está en este salón tuyo.

Nada tengo que hacer en este mundo tuyo; mi vida inútil no sabe más que saltar en melodías sin razón. Cuando en el oscuro templo de la medianoche dé la hora de adorarte en silencio, ¡mándame que te venga a cantar, maestro mío!

Cuando el arpa de oro esté afinada en el aire matutino, ¡hónrame tú ordenando mi presencia!  

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Sigo queriendo a la Constitución como para leerla cada noche (II)

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Sevilla, 6 de Diciembre de 2020, Día de la Constitución

La Constitución es como el noray para barcos que se amarran a él para asegurar su permanencia en el puerto con todas las garantías, sobre todo para protegerlos de oleajes procelosos como los de la vida misma. Es un símbolo que me emociona siempre y los observo en mis incursiones en puertos seguros cada vez que recalo en ellos con mi «Isla Desconocida» que, un día ya lejano, me regaló José Saramago en un cuento inolvidable.

Hoy, cuando se cumple el 42 aniversario de nuestra Constitución, vuelvo a utilizar las palabras que me quedan en mi persona de secreto y en la de todos, escritas el año pasado, también el anterior y… siempre, desde 1978, recordando este día tan especial para la convivencia de este país. La Constitución se aprobó por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto andaluz. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada noche, como mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. No la olvido en uno de los marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. El país, Cataluña, País Vasco y los brotes del nacionalismo en general, a lo que deben aspirar siempre es a ser asociaciones de personas libres articulada por la Constitución, una Asociación escrita y hecha en vista exclusiva del interés general.

NOTA: la imagen que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ciudadano Jesús

Enrique Irazoqui y Pier Paolo Pasolini, durante el rodaje de Il vangelo secondo Matteo / Domenico Notarangelo

Sevilla, 5/XII/2020

Hoy pongo a disposición de la Noosfera una nueva publicación, Ciudadano Jesús, una pequeña obra que, aunque breve y siguiendo el aserto de Baltasar Gracián, lo breve, si bueno, dos veces bueno, pretendo que también sea buena, en el buen sentido de la palabra «buena», porque ante la discutida Navidad que viene y que muchos pretenden «salvar», sólo reinterpreto a través de voces autorizadas la comprensión del niñodios y del ciudadano Jesús, según la palabra y obra de escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos, que siempre ha despertado un gran interés general, situación que me sigue sobrecogiendo en el momento actual de tanto desamparo existencial.

En tal sentido, adjunto el Prólogo completo del libro, como guía de lo que viene después, una recopilación de la Navidad anterior, la de 2019, a la que miro ahora por el espejo retrovisor de mi vida, la de la «antigua» normalidad.

PRÓLOGO

Las páginas que siguen, marcadas por la brevedad de una efeméride que se celebra anualmente, tienen este año un texto y contexto muy especiales, lastradas por una pandemia que no ha dejado nada igual que antes. Este año, en un tiempo de silencio, en el que vivo en la actualidad, he querido salir de él por un momento y recuperar a modo de termómetro vital los artículos que escribí en torno a la navidad del año 2019, hasta la fecha de cierre oficial de las fiestas que se celebra el 6 de enero, el día de Reyes, a modo de espejo retrovisor de cómo escribía en la “antigua normalidad” navideña. Fundamentalmente, por un motivo: la Navidad, este año, ya no será lo que era, aunque como aviso para navegantes esa es la gran preocupación del mercado, salvarla a toda costa, cuando lo que necesitamos es comprender que puede ser una gran oportunidad para pasar más tiempo en el rincón de pensar y actuar adecuadamente, de forma responsable, aunque sólo sea como homenaje al auténtico protagonista de la navidad: el ciudadano Jesús y su familia, a los que siempre retraté de la misma forma.

En plena pandemia, esta navidad no quiero que tenga mayúscula ni siquiera en su grafía ordinaria, sino que sea una navidad laica, con especial atención a la navidad de los nadies, los dueños de nada, excelentemente descritos por Eduardo Galeano y con especial relevancia ahora como consecuencia directa de la pandemia, interpretando su verdadero contenido, es decir, una historia que tiene muchos siglos de antigüedad en torno a la figura del nacimiento del ciudadano Jesús de Nazareth, que hilvanó un mensaje lleno de esperanza en su corta vida y recogido de forma espléndida, con un toque periodístico, por el joven Marcos, que lo hizo más cercano y humano para todos.

Hace treinta y seis años publiqué por estas fechas un artículo periodístico con el título de Ciudadano Jesús [1]. Lo he repasado cada Navidad desde aquella ocasión y me reafirmo en cada párrafo del mismo, porque no ha perdido su vigencia: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Decía Baltasar Gracián que “lo breve, si bueno, dos veces bueno”. Este pequeño libro se hace grande por su hilo conductor, que intenta reinterpretar en voces autorizadas la comprensión del niñodios y del ciudadano Jesús, para escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos y que siempre ha despertado un gran interés general que es lo que me entusiasma.

Espero que la lectura pausada de estas líneas sirva para algo bueno en un tiempo en el que necesitamos defender a toda costa el principio llamado esperanza, ante el poder omnímodo del mercado, que reviste de necesidad lo que solamente es consumo, incluso de un relato histórico que, como la rosa de Juan Ramón Jiménez, no deberíamos tocarlo en beneficio de todos. Sólo reinterpretarlo, para poder transformar el mundo que no nos gusta, volviendo a leer las “pequeñas memorias” de Saramago, buscando el final de la microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión recordando aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, incluso en la navidad de 2020.


[1] teatro-de-barrio-libro1.pdf (wordpress.com)

NOTA: la imagen de la portada del libro, utilizada en la cabecera de este post, está tomada durante el rodaje de la película de Pier Paolo Pasolini “Il vangelo secondo Matteo” (1964). Figuran en ella Enrique Irazoqui (izqda.), que interpretó el papel de Jesús y el director, Pier Paolo Pasolini (dcha.). Fue realizada por Domenico Notarangelo – (Opera propria, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=52221008).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Melena de campanas

Detalle de las campanas y sus melenas, de La Giralda de Sevilla

Sevilla, 30/XI/2020

Durante el tiempo de silencio en el que vivo actualmente y del que sólo saldré cuando deba decir algo más importante que lo sustituya, respetando el arte de callar, me he acercado a mi biblioteca, a la que llamo también clínica del alma, buscando a Antonio Machado y recordando su poema A un olmo seco (Campos de Castilla, CXV), escrito en Soria en la primavera de 1912,  en momentos personales muy delicados por la enfermedad reciente de Leonor, su compañera tan amada y necesaria en su vida, que fallecería el 1 de agosto de ese año. Es la razón de por qué, hoy, dejo de callar aunque sólo sea un momento.

En este poema, Machado refleja su dolor personal asimilándolo al del olmo seco, herido, en el que al contemplarlo atisba un rayo de esperanza en su vida:

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido
.

Añora la ausencia, junto a él, de álamos cantores que suelen albergar ruiseñores, como nos sucede en la vida ordinaria al sentir la lejanía de personas y situaciones portadoras de buenas noticias:

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Un olmo así o una persona afectada por el rayo de la vida y por la edad, tiene muchos destinos, del que destaco uno, precioso, que me ha llamado la atención. Me refiero al verso en el que Machado escribe sobre uno de los destinos de la madera del olmo derribado, propios de su época, al poder convertirse también en melena de campana (1):

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;

Es una expresión muy desconocida en la actualidad, pero que encierra un mensaje esperanzador. La melena o yugo, armazón de madera [de olmo] unido a la campana que sirve para voltearla, tiene un papel transcendental en los campanarios de nuestros pueblos y ciudades porque, gracias a sus “melenas”, las campanas puedan voltear y sonar por sus propios medios manuales o mecánicos. Me ha parecido una comparación que viene ahora como anillo al dedo, porque hace falta mucha resistencia física, psíquica y social para que nuestra vida voltee y suene como una campana, aferrados solamente a la quintaesencia de nuestras personas de secreto y a la ética que fundamenta nuestras vidas y todos los actos humanos.

Recordando la melena de la campana, Machado anota también en su cartera “la gracia de su rama verdecida”, la que ya observó en su primer verso. Y me recuerda hoy algo muy importante junto a un olmo seco o a nuestras almas dolidas y dolientes: nuestros corazones pueden esperar siempre que se haga la luz y la vida en nuestra particular existencia, porque son imprescindibles para seguir viviendo. Además, en tiempos de coronavirus y de silencio, las necesitamos desesperadamente, tal y como lo expresaba Machado en sus versos finales que hoy, al interrumpir el silencio, no olvido:

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

También, milagro del otoño y del próximo invierno, para volver a ser melena de campanas con la compañía de Machado, cuando ya en Baeza, en el Sur que siempre existió en su alma solitaria y poética, canta de nuevo a Leonor en el otoño de su existencia, en versos que inundan el alma de sana melancolía: Los caminitos blancos / se cruzan y se alejan, / buscando los dispersos caseríos / del valle y de la sierra. / Caminos de los campos… / ¡Ay, ya no puedo caminar con ella! (Caminos, CXVIII). Sobre todo, porque la esperanza del corazón nunca debe ser olvido.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Miradores de Sevilla | Sevilla City Centre

(1) Melena 6.f.: yugo de la campana (se introdujo por primera vez, como 6ª acepción, en el Suplemento del Diccionario de la lengua española (Usual), Decimonovena edición, Real Academia Española, Madrid: Espasa-Calpe, 1970. Yugo 2. m. Armazón de madera unida a la campana que sirve para voltearla (Diccionario de la lengua española, edición del Tricentenario, actualización 2020).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las librerías son un sector esencial

Sevilla, 27/XI/2020

Cuando se cierran librerías, también con motivo de la pandemia, a partir de las 18:00 horas, se pierden miles de posibilidades de encontrarse con la realidad de la página escrita, no en blanco, participar en miles de historias que enriquecen las propias, se desvanecen miles de posibilidades de decir “gracias, por encontrarte [al autor, al librero, a la librera]” y las miles de historias quedan en la memoria de secreto de cada lector, de cada lectora… lamiendo sus conciencias. Las librerías son esenciales porque son “portadoras de sueños”.

Lo expuesto anteriormente me lleva a sumarme, a modo de declaración de principios, a la plataforma digital change.org, que ha iniciado una campaña con el objetivo de que el Ministerio de Cultura declare a las librerías como sector esencial que presta servicios esenciales, entendiendo el adjetivo esencial como algo «que es importante y necesario, de tal forma que no se puede prescindir de ello» (RAE). Es verdad, porque creo que necesitamos leer como el comer, que acabaría siendo una locución propia del siglo XXI. ¿Cuáles son las razones esenciales que impulsan esta iniciativa?

Me he pronunciado muchas veces en este cuaderno digital sobre el papel esencial que desempeñan las librerías en nuestro país, aunque es más de bares que de librerías, porque todo hay que decirlo. Pero destaco sobre todo la imperiosa necesidad que tenemos en este tiempo de pandemia de tomar la lectura como una antesala de la vacunación masiva que el país necesita como el comer, porque se ha demostrado desgraciadamente que una gran mayoría de ciudadanos de nuestro país lee poco y es maleducada, no sólo en las formas, que también, sino sobre todo en el fondo de la esencia de cada persona que no lee, sola o en sociedad. 

Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, tenía tres grandes proyectos en su vida: distinguir el norte del sur, leer a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee.

La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

En un país de bares, como España, que no de librerías (vuelvo a repetirlo), la lectura no es una tarea habitual. La mercadotecnia se ha apropiado del aserto de Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, dando igual la calidad de lo breve. La mensajería instantánea, donde WhatsApp se ha convertido en un claro exponente de la brevedad, así como los tuits, se han apropiado de la lectura por excelencia en los micromundos personales y de redes sociales. En un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria. El libro entró hace ya muchos años en la maquinaria de la economía de mercado y así le va en muchos países.

Comenté en cierta ocasión en este cuaderno digital, que las librerías son casas de lectura, donde si encuentras una librera como Lola Larumbe [propietaria de la librería Rafael Alberti, en Madrid], tienes garantizadas sus dos pasiones: compartir la lectura y el placer de la amistad, porque el papel que desempeñan los libreros y libreras es también esencial. Es difícil encontrar ya libreros profesionales, porque lo que abunda y crecen como esporas son los vendedores de libros, que hoy atienden esta sección y mañana pueden pasar a otra sin que se sonroje nadie al respecto, salvando el principio mercantilista del todo vale si sabes vender. Pero vender libros es otra cosa. Así lo he entendido siempre y en el artículo que citaba en mi artículo se transmitía muy bien: “Si existiera una escuela para aprender a ser librero, Lola Larumbe debería ser su jefa de estudios. En ella se concentran todas aquellas virtudes que un buen librero debe conservar: disposición, amabilidad, conocimiento, sentido crítico, paciencia, inteligencia. Lola recomienda libros como el doctor receta medicamentos, con la exacta convicción de que lo que proponen a sus pacientes-clientes-lectores tiene la extraordinaria cualidad de salvar y animar vidas”. Si las librerías no son esenciales, pierden las virtudes de los libreros y libreras que las regentan y al final, las perdemos todos.

Ante la desolación de la pandemia, se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, asistiendo a las librerías como si fueran un rito sanador, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, según lo aprehendí hace ya unos años del gran escritor argentino Alberto Manguel: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (1).

NOTA: la imagen de la cabecera corresponde a una historia preciosa en estos tiempos difíciles que sucedió en 2015 en una librería de Sevilla, La casa tomada, porque una vez una persona tuvo el sueño de Guido Orefice: abrir una librería: “Un microrrelato de Mª José Barrios copiado a mano por Marta González para colocar en nuestra puerta, que seguro que hemos compartido por aquí más de una vez. Una foto improvisada de nuestro amigo Juan Antonio Hidalgo que desde hace una semana nos encontramos por todos lados, con miles de comentarios, “me gusta”, retuiteos y compartidos en redes sociales… y hoy nos topamos con esta noticia. No es la primera vez que el cuento se comparte en Internet, si bien es cierto que en esta ocasión ha tenido una repercusión sin igual. La única nota amarga, que no llega a empañar la alegría de las libreras, es que en la mayoría de los casos no se cita el nombre de la librería ni de la autora del microrrelato. Tampoco el cartel lo incluye, ya que su intención nunca fue la de llegar tan lejos, sino tan solo la de provocar la sonrisa de los clientes”.

(1) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

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Sobre Maradona, ¡disculpen mi ignorancia!

Sevilla, 26/XI/2020

Cuentan los sabios del lugar que en cierta ocasión preguntaron a Jorge Luis Borges qué opinaba acerca de Maradona, a lo que el escritor -argentino como él- respondió: ¡Disculpen mi ignorancia! Cuando se lo contaron al jugador, hizo una jugada verbal perfecta y le devolvió la ironía de origen preguntando en qué equipo de fútbol jugaba Borges. Al escritor, todo lo relacionado con el fútbol lo sacaba de sus casillas: “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la compraventa de jugadores en los mejores mercados del mundo. Me reafirmo en el aserto de que todo necio confunde valor y precio.

Tengo que reconocer que este deporte, junto a la música militar, nunca me supo levantar. Soy respetuoso con la vida y milagros del jugador y mucho más desde que se ha conocido la ausencia a su cielo particular. No me gustan los panegíricos sobre él, que ahora se prodigan por tierra, mar y aire, donde se envuelve con palabras elogiosas su enorme capacidad para hacer magia con el balón, aunque de su auténtico persona de secreto sepamos poco. Así ha sido, hasta que un día se cruzó determinada condición humana en su vida, con el sobrenombre de adicción en sus variadas versiones, convirtiendo su figura en una máscara que escondía su verdadera condición humana, a la que siempre respeto por su base existencial y dado que nada humano me es ajeno.

Volviendo a Borges, recuerdo ahora que escribió en 1967 un cuento junto a Adolfo Bioy Casares con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y de coronavirus. He vuelto a leer un fragmento del mismo: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Reconozco que soy un espectador ignorante. Ya lo decía Hans Magnus Enszerberger, cuando hablaba de la ciudadanía “ignorante y molesta”, al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque hace ya mucho tiempo que entré -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¿No te has enterado? ¡Ha muerto Maradona!

Soy consciente de que Maradona ya no está con nosotros, en medio de estadios vacíos y ligas imposibles. Percibimos en estas horas posteriores a su fallecimiento, el gran espectáculo de su fútbol en un mundo que ya no es lo que era, porque Maradona fue una ilusión colectiva cuando los estadios representaban un género dramático, donde unos ganaban y otros perdían, con gran dolor de Borges. Ahora, todo es diferente en la nueva normalidad, pero siempre nos quedarán los sueños mágicos de Maradona en la malla pensante de la humanidad.

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La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad (II)

Sevilla, 20/XI/2020

Si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra. Hoy es un día muy especial para nuestro país, que no olvido: el 45º aniversario del fallecimiento de Franco, el dictador de un país que tuvo helado el corazón, durante muchos años, en una de sus dos Españas. Como conocí bien lo ocurrido, vuelvo a publicar hoy las palabras que escribí hace dos años en este cuaderno digital, como pequeño homenaje a la memoria histórica de hombres y mujeres de este país que entregaron su vida durante la dictadura por la ansiada libertad para todos. Para que no se olvide y para lo que sirva, compartiéndolo en el club digital de las personas dignas, libres y buenas, en el buen sentido de la palabra «buenas», como lo aprendí en mis años jóvenes de Antonio Machado, un hombre bueno y ejemplo de lo que significa hoy día la dignidad del exilio interior, que también existe.

La Romanza de Salvador Bacarisse: música de fondo para un 20 de noviembre en libertad

Una romanza es una composición de aire tierno y sencillo, un aria que solo quiere transmitir sentimientos. Estos días estoy experimentando una emoción especial tocando en fase de aprendizaje la Romanza de Salvador Bacarisse, el segundo movimiento de su preciosa obra Concertino en La menor. Mis profesoras de piano y violín han hecho los arreglos necesarios porque la versión original de 1952 es para guitarra y orquesta. Creo que les ha quedado preciosa.

Navegando por la memoria, entre lo que somos, tenemos y hemos perdido, he recordado al pintor Joe Brainard porque encontró una fórmula maravillosa para navegar por ella, los Me acuerdo…”. Así es y hoy me he acordado de la persona que ha colgado en Youtube el vídeo de la cabecera de este post, cuando decía que “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Han pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando toco de forma incipiente la Romanza en sus dos versiones, para piano y violín, con fallos lógicos por mi parte en su ejecución y en este momento de aprendizaje, siento estas palabras como si fueran la letra de esta composición que representa el dolor de la España que ha tenido helado el corazón durante muchos años. No me importa repetir los compases una y otra vez porque es una forma de comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ellos. Ya la recordé el año pasado en este cuaderno digital, cuando dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Recientemente, he localizado un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de «La música en la Generación del 27» que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”. Me ha permitido conocer su obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Ha sido un hallazgo que me permitirá conocer a fondo a Bacarisse, en su vida y en su obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando comienzo hoy mi ensayo de violín, he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido…, en un día próximo de infeliz memoria. Para lo que sirva, compartiéndolo en el club de las personas dignas y libres.

Sevilla, 17/XI/2018

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