Joan Margarit o la dignidad de no asustarnos de nuestro destino

Miguel Poveda canta a Joan Margarit – Telediario RTVE / 16/II/2021

Sevilla, 17/II/2021

No me gustan los panegíricos ni los efluvios cantores cuando una persona nos deja para siempre. Ayer falleció el poeta Joan Margarit, no conocido por mí como merece, pero le tengo un gran respeto a su vida y obra poética y arquitectónica, aunque no se sabe bien cual fue antes. Anoche, intenté seguir de cerca la letra de su poema No te veré más (1) que interpretó excelentemente el cantor Miguel Poveda, con el sentimiento que le caracteriza, como cierre de las noticias del día en el informativo de la noche de RTVE, la televisión pública que, una vez más, tuvo altura de miras en su edición y realización:

Es la piel violeta de una noche
Que dejamos pendiente.
Tu silencio suena como un saxo
De oro negro al fondo de los días sin ti.
Como jadea en tu pecho el contrabajo,
Y el flanco cálido de oscuridad
Que por siempre soñaré avanzando
Con mi mano lenta hacia ti.
Músicos en la penumbra, instrumentos de oro
En las bocas lilas: ya, la vida
Nunca más me devolverá lo que me he jugado
En tu cuerpo desnudo desde que fuiste una fiesta
Sólo queda, al piano, un negro ciego,
Nuestro amor.
Toca solo en este poniente de oscuridad
Y mi sueño se adormece en sus dedos.

Bellas palabras para un triste momento. Sólo recuerdo ahora las respuestas que dio en 2019 a Babelia, dos semanas después de recibir el prestigioso Premio Cervantes, porque sintetizaba muy bien su pensamiento y sentimiento, donde siguiendo a Rafael Alberti descubrí aquel día que escuchaba siempre al corazón, porque en esa dialéctica sabía que era más fuerte que el viento. Él dijo que lo que le hizo querer ser poeta fue el amor, porque “con 17 años me enamoré de una chica y le escribí el único poema mío que me sé de memoria (y el único que nunca he recitado ni recitaré en público). Que le hubiera gustado escribir, como poema ajeno, Un español habla de su tierra, de Luis Cernuda. Que le hubiera gustado ser Neruda, de joven, porque “me influyó tanto que, si me descuido, se me come y dejo de existir como poeta”. Sorprendentemente y ante la pregunta “De no haber tenido la arquitectura como oficio y la poesía como vocación, ¿qué habría sido usted?”, contestó de forma tajante: “¡Nada! Me temo que un vago, un mendigo o un aprovechado”. Confesó que utilizaría como autorretrato Les feuilles mortes, cantada por Yves Montand y que tarareó en ese momento: “Oh! je voudrais tant que tú te souviennes”. Pensaba que “todo lo social está sobrevalorado. Lo único que tiene verdadero valor es lo individual, lo personal, lo secreto”. Y también respondió a una pregunta, entre otras, que cobra hoy plena actualidad: “¿Una solución para el problema catalán? Tengo 81 años y ya no veré esa solución… Cuando dos discuten, tiene más culpa el que más poder tiene. Dicho esto, ni los políticos catalanes ni los españoles han hecho nada durante años para que pudiera solucionarse”.

Este retrato de Margarit me parece entrañable y esclarecedor. Seguiré leyendo con respeto su obra porque es el mejor homenaje que le puedo hacer a partir de ahora, sabiendo que no le veremos más pero que lo recordaremos siempre. Sobre todo por su concepto de la dignidad: “Por lo que a mí respecta, en este otro exilio que es, por su propia naturaleza, la etapa final larga o corta de la vida, siento que yo soy mi propio interlocutor. Ahora, ya no se está a tiempo de improvisar, debo haber hablado ya, desde hace mucho tiempo, con los sabios antiguos o modernos para que, efectivamente, y en muchas ocasiones a través de mis propios poemas, pueda reencontrarme conmigo mismo en el territorio de la dignidad. La dignidad de no asustarme de mi destino” (2).

(1) Margarit, Joan (2003). Poesía amorosa completa. Madrid: Hiperión.

(2) Joan Margarit, del epílogo a No estaba lejos, no era difícil, Visor libros, col. Palabra de honor, Madrid, 2011.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.