Las luceras y lazos de Ishbiliya (Sevilla)

Sevilla, 21/II/2021

La noticia ha saltado a los medios de comunicación como un gran descubrimiento arqueológico: durante las obras de remodelación de un bar clásico en Sevilla, Giralda, en la calle Mateos Gago (antigua Borceguinería), muy cerca de la catedral actual, construida sobre la gran mezquita almohade, han salido a la luz restos de un hamán (baño) almohade del siglo XII, que se conserva bastante bien después de nueve siglos de presencia real en Sevilla. Según afirma el arqueólogo responsable de los trabajos de recuperación y consolidación, “Lo más importante es que hemos constatado que el baño estaba pintado por completo, de arriba abajo, y con una decoración geométrica de gran calidad. Los dibujos son en almagra [pigmento rojizo] sobre blanco y se han conservado grandes fragmentos en bóvedas y paredes. Este es el único baño islámico que nos ha llegado con una decoración integral, hasta ahora solo se conocían ejemplos con pinturas en los zócalos” (1).

Una de las características de este hamán es la profusión de luceras o claraboyas, ochenta y ocho,  por las que entraba la luz, destacando la forma estrellada de ocho puntas aunque también se encuentran otras cuatro formas más, sirviendo a la vez de respiraderos de cada sala. También de los lazos en almagra, las denominadas pinturas de lacería que no son frecuentes en este tipo de construcciones árabes. En este bar he estado disfrutando algunas veces de su concepto clásico de “lugar de encuentro amable” en Sevilla, de los que retrataba de forma extraordinaria Stefan Zweig en su visita a esta ciudad en la primavera de 1915. Lo que no sabía es que me he sentado bajo las cúpulas ocultas de la sala templada (conservando el nombre romano: tepidarium), la que está en la entrada principal, por la calle Mateos Gago, así como en la sala contigua que correspondía a la sala fría (frigidarium), quedando detrás de la barra antigua y de la cocina (antes de la remodelación actual), algunos vestigios de la sala caliente (caldarium)y la entrada real de los baños, que se hacía por la calle Don Remondo, salvando un gran desnivel hasta acceder a estas instalaciones almohades.

Cuando he contemplado las luceras de ocho puntas he recordado unas líneas de un libro con encanto, Azafrán (2), que me enseñaron a comprender la cultura árabe y lo que simbolizaban las mismas al encontrarse en múltiples objetos decorativos, resaltando sobre todo en los azulejos y luceras: “Repara en que hay una estrella central de ocho puntas, un octógono compuesto por dos cuadrados; el cuadrado es estable, prueba de ello es que las edificaciones tienen su base cuadrada. Representa, pues, la estabilidad tanto terrenal como cósmica y, la unión con otro en forma de octógono, la armonía en ambos planos. […] Ya esta perspectiva debe hacernos sospechar que nada carece de valor y que cumple su objetivo definido. Si trasladamos esta concepción de las cosas, por analogía, a la naturaleza, veremos que, si bien los animales son seres inferiores al hombre, no podríamos vivir sin ellos e igual pasa con los vegetales o con el agua. No hay nada en la naturaleza que no merezca ser respetado”.

Si se observan las pinturas, vemos lazos y, sobre todo, líneas que se cruzan y es probable que sea una sola línea interminable que rodea a las estrellas (las luceras), como indicando el camino a seguir en la vida. Otra vez vuelvo a mi antigua lectura y encuentro allí una explicación: “¿Quiere esto decir que se puede conseguir alcanzar un objetivo desde muy diversos puntos? ¿O que la verdad se esconde entre diferentes perspectivas? Muchos son los senderos”.

Dentro de unos días se abrirá de nuevo el bar Giralda que lucirá resplandeciente con este descubrimiento. Me llevaré allí dos libros: Azafrán, para interpretar bien el entorno almohade en Ishbiliya y el De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (3), de Stefan Zweig, en el que que dedican unas páginas a Sevilla. Uno y otro me permitirán adentrarme en un mundo que no debo olvidar porque de la cultura árabe sigo aprendiendo muchas cosas, entre ellas que, visitando de nuevo el hamán de Mateos Gago, necesitamos amar la Naturaleza por encima de muchas cosas y que aquí se puede ser feliz, tal y como lo entendió Zweig al poner su pie por primera vez en esta tierra tan cargada de historia, comprendiendo ahora la vanidad de esta ciudad, porque quien no la ha visto, no ha visto lo maravillosa que es. Zweig lo resumió de forma preciosa: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.

Agradezco hoy que las luceras y los lazos de este hamán de Ishbiliya, nos regalen este fragmento de su historia, para que en estos momentos tan difíciles podamos ser más felices interpretando su mensaje, su forma de construir y pintar la belleza de la vida, arrancando una sonrisa en el rostro de nuestras vidas.

(1) Las obras de un bar de Sevilla desvelan un baño islámico del siglo XII decorado en su totalidad | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

(2) García Marín, Juan Manuel. Azafrán. Barcelona: Roca editorial, 2005 (2ª ed.), p. 61.

(3) Zweig, Stefan. De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.