Ética y legalidad, efímeras, hacia los migrantes del mar

Sevilla, 18/III/2021

Ayer conocí la triste noticia del rescate por Salvamento Marítimo de una patera en alta mar, en la que viajaba una bebé de dos años, Nabody, natural de Mali, que en el momento que escribo estas palabras, transidas de dolor, permanece en estado crítico en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria, al que fue trasladada después de llegar al puerto de Arguineguín con una hipotermia severa, que la llevó a sufrir una parada cardiorrespiratoria. En esa patera viajaban junto a la niña, su madre, 28 mujeres, una de ellas embarazada, 14 hombres y nueve niños.

En este contexto, recuerdo que en el verano de 2018, un grafiti gigante fue dibujado por el artista francosuizo, Guillaume Legros, Saype, en la hierba de la Perla del Lago, una de las sedes de Naciones Unidas en Ginebra, como homenaje al personal y los voluntarios de las organizaciones humanitarias que rescatan a los inmigrantes en el Mediterráneo. Era una niña sentada que lanzaba un barquito de papel a las aguas del lago Leman, con un título esclarecedor: “Mensaje del futuro”. La representación era un símbolo de lo que todavía tenemos que asumir en favor de los migrantes que inundan el Mediterráneo y el Atlántico en busca de mejor vida. Ocupó 5.000 metros cuadrados de superficie, utilizándose pinturas biodegradables de pigmentos naturales de carbón pero resistente al agua. Fue una obra efímera porque desapareció en quince días. Todo un símbolo de arte efímero como la legalidad y la ética mundial ante la migración, que muchas veces son efímeras, a las que llamaba la atención este artista y a las que ya nos hemos acostumbrado como si fueran siempre de paso.

Recientemente, se ha divulgado la gran obra en torno a la solidaridad humana que inició en 2019 Saype, bajo el título “Más allá de los muros”, para trazar una cadena humana alrededor del mundo, pintando siempre manos gigantes entrelazadas sobre césped, barcazas en el mar o en la arena del desierto africano. La cultura se compromete, una vez más, con las ayudas a la migración. Como manifesté en 2019 con un rescate mediático del Open Arms (Brazos Abiertos), siempre hay un después de cada acción como la narrada al comienzo e estas líneas, en la clave que explicó espléndidamente Benedetti en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida (1): “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos”. Este tipo de acciones muestra ante el mundo, una vez más, la tragedia de la migración hacia Europa de miles de personas que huyen despavoridas de territorios donde la vida no vale nada.

Sigue faltando una política europea para afrontar y erradicar definitivamente el problema de la migración que se concentra en las otras orillas desde las que provienen estos migrantes, territorios de muerte en vida, donde la mafia hace estragos a diario. Mientras no exista una acción comunitaria bien armada y en todos los frentes posibles, acción directa económica y social en los países de origen de los migrantes, acción conjunta y solidaria ante la acogida que se pueda producir en el tránsito hasta la solución final y legislación que respete ante todo los derechos humanos en todas y cada una de sus manifestaciones, siempre serán necesarios los símbolos de solidaridad pública y a través de ONG que recojan del mar a personas que necesitan ser atendidas en su desesperación humana, como lo simboliza la última patera rescatada por Salvamento Marítimo en Canarias.

Una vez más y al conocer la noticia de la niña maliense, necesito encontrarme, como Benedetti deseaba cuando ya era mayor, con el Después de cada rescate que lleve a cabo el barco de Salvamento Marítimo, en este caso, o de cualquier ONG, mientras no se aborden los problemas migratorios de Europa, que continúan en plena pandemia, en una Cumbre Especial y Urgente del Después, como ya denuncié en agosto del año pasado: “¿y qué dirá el Después / después de todo? / tengo la impresión de que sus brazos / empiezan a cerrarse / y es ahora mi muerte meridiana / la que en silencio está diciendo ven / pero yo me hago el sordo”. Es lo que pasa cuando conjugamos el verbo “callarse” ante cualquier injusticia por pequeña que sea, en silencios cómplices vergonzantes de un presente de indicativo muy triste: yo me callo, tú te callas, él se calla, nosotros nos callamos, vosotros os calláis, ellos se callan… Incluso cuando navegamos por el mar abierto de la vida y vemos que se cruzan con nosotros personas con miradas y peticiones de aliento para seguir viviendo. Como las de las 53 personas a bordo de la patera rescatada en la noche del pasado martes, que solo es noticia efímera, en un mundo efímero, que trata a la ética hacia los migrantes el mar como algo legal y escandalosamente efímero. Hoy, pediría a Saype que pintara sólo un barco de papel y lo lanzara en todos los mares y océanos, sin excepción alguna, con un mensaje muy claro: “Mensaje de presente”. Para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.