La mano de David

Miguel Ángel, David, mano derecha (detalle) – Original, izquierda – Copia resina, derecha / Fotocomposición de JA COBEÑA

Sevilla, 19/IV/2021

Cumplí el rito en mi última visita a David en la Galería de la Academia, en Florencia, una obra magna esculpida por Miguel Ángel y volviendo mi cabeza, mirándole fijamente, le prometí que volvería a visitarle. Lo hago hoy virtualmente al conocer el doble que se ha realizado en resina, recubierta con polvo de mármol blanco de Carrara y por medio de una impresión 3D, que ocupará un lugar especial en el pabellón italiano para la Expo de Dubai, que se celebrará desde el próximo 1 de octubre hasta marzo de 2022. Todas las imágenes son impresionantes vistas de cerca, pero me he vuelto a detener como hice también en la última visita de Florencia, en la de la mano derecha, por el simbolismo que tiene, dado que fue la que utilizó, según el relato bíblico, para lanzar con una honda una de las cinco piedras que llevaba, que impactaría finalmente en la frente de Goliat y le causaría la muerte.

La copia del nuevo David, una estatua de cinco metros y diecisiete centímetros, ha sido realizada por un equipo profesional de restauradores de Florencia, que han conseguido reproducir hasta el último detalle de la obra original, con la técnica vanguardista de la impresión 3D: “Lo recubrimos con dos milímetros de polvo de mármol de Carrara mezclado con cola para que tuviera la consistencia de arena húmeda y reproducir las venas, las puntas más rugosas, las más lisas, los defectos, los golpes de cincel, todo lo más fielmente posible al original y devolver la magia de la emoción que causa el David que todos conocemos”, explicó el restaurador florentino [Nicola Salvioli]” (1).

Precisamente ha sido la observación de la asombrosa red venosa del dorso de la mano derecha y toda la escultura en su conjunto, la que me ha llevado a la reflexión sobre este relato bíblico que hace unos años trató monográficamente el periodista y escritor británico Malcolm Gladwell, en una obra, David y Goliat. Desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes, un subtítulo programático y esperanzador que recuerdo ahora en algunas de sus reflexiones maestras: “David y Goliat es un libro sobre lo que ocurre cuando la gente normal se enfrenta a gigantes. Con «gigantes» me refiero a oponentes poderosos de todo tipo: ya sean ejércitos y guerreros imbatibles; ya sean la discapacidad, la desgracia o la opresión. Cada capítulo cuenta la historia de una persona concreta, famosa o desconocida, corriente o brillante, que se ha visto frente a un reto descomunal y ha tenido que reaccionar. ¿Hay que jugar de acuerdo con las reglas u obedecer a los instintos? ¿Se debe perseverar o cejar en el empeño? ¿Hay que devolver el golpe o perdonar?”.

Esa mano tan magníficamente esculpida por Miguel Ángel simboliza entre otras muchas posibilidades, las dos razones que explica Gladwell como hilo conductor de su obra: “A través de estas historias, quiero analizar dos ideas. La primera es que mucho de lo que consideramos más valioso en nuestro mundo proviene de esta clase de enfrentamientos desiguales, porque disputar cuando se tiene todo en contra genera grandeza y belleza. Y la segunda idea es que, una y otra vez, malinterpretamos esta clase de conflictos. Hacemos lecturas erróneas. Los comprendemos mal. Los gigantes no son como pensamos. Las mismas características que parecen dotarles de fuerza constituyen muchas veces sus puntos débiles. Y el hecho de ser el que en principio lleva las de perder puede transformar a la gente de modos que a menudo nos cuesta apreciar: puede abrir puertas; crear oportunidades; educar e ilustrar; y hacer factible lo que de otra manera sería impensable. Nos hacen falta mejores pautas para luchar contra gigantes, y no hay mejor lugar para comenzar este viaje que el épico duelo entre David y Goliat, hace tres mil años, en el valle de Ela”.

Hasta aquí las ideas que hoy he recordado a la perfección contemplando de nuevo al David de Miguel Ángel. La pandemia actual es Goliat frente al David de un mundo en crisis, que nos representa a cada uno de nosotros. Está siendo una lucha de desiguales, nos cogió por sorpresa, pero estamos logrando vencer a este Goliat llamado COVID-19, lo que nos lleva a reflexionar con Gladwell que esta lucha y la invención de las mejores vacunas, genera una disputa que cuando se tiene todo en contra genera también grandeza humana y resplandece la belleza de la vida.

La debilidad del coronavirus 19 se muestra desde el momento que el ser humano contraataca con las vacunas y a través de los laboratorios de la ciencia plantamos cara a un gigante capaz de todo, hasta de matar, como se ha demostrado con cifras espeluznantes. El relato bíblico de este enfrentamiento desigual (Samuel I, 16 y 17), centrado en la habilidad de la mano derecha de David, frente al personaje ciclópeo de nombre Goliat, nos permite recordar hoy lo que nuestros antepasados contaban oralmente a las generaciones que les seguían y que hoy intentamos comprender como mensaje subliminal. Pero lo más sorprendente lo encuentro no en la mano habilidosa de David frente a Goliat, sino en algo que, según el relato bíblico, Dios había planteado en su relación con las personas, porque no hay que fijarse en las apariencias ni en la gran estatura sino en el corazón de quien está enfrente. De esta forma, David, según nos cuenta la tradición oral, más allá de su combate con Goliat había sido elegido por Dios porque siendo una persona muy humilde sabía tocar la cítara y así calmaba a las personas que sufrían. Sobre todo, porque era “valeroso, buen guerrero, de palabra amena y de agradable presencia”. Un pastor con alma de rey pegado a la tierra.

Creo que fue lo que interioricé poco a poco en aquella primera visita inolvidable a David, en su casa actual de Florencia, en la Galería de la Academia, dando vueltas y vueltas para contemplar aquella proeza humana esculpida a golpes de cincel y donde creo que fui capaz de descubrir su mirada y el secreto de su impecable mano derecha, en la que se alojaba un objeto de la honda de fuste, del fustíbulo probablemente, que lanzaría la piedra que acabaría con el poder de Goliat. Toda una lección para la humanidad y un rayo de esperanza para los nadies, los que describió de forma espléndida Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. El problema es que Goliat sigue muy presente en nuestras vidas, por mucho tiempo que haya pasado y porque todavía no hemos aprendido la lección que quiso transmitirnos Miguel Ángel, cuando esculpió la aparente debilidad de la mano derecha de David, con una red venosa humana que sobrecoge y nos llega al corazón.

(1) El “gemelo” del David de Miguel Angel hecho con impresora 3D viaja a Dubai (eldiario.es)

NOTA: en la fotocomposición de cabecera, la imagen de la derecha se ha recuperado de https://ep01-epimg-net.cdn.ampproject.org/i/s/ep01.epimg.net/elpais/imagenes/2021/04/15/album/1618511486_294106_1618513532_album_normal.jpg

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